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Categoría: contratiempos
EL TABÚ DEL SUICIDIO

No es un tema tabú propiamente dicho pero cuesta escribir y leer sobre el suicidio. Me creo en la obligación moral de divulgar algo este asunto, aunque el espacio no de para extenderse como lo pediría el caso, pero algo puede ayudar a la comprensión de esta conducta que es probablemente la más impactante para la familia y allegados de cuantas puede realizar una persona. El impulso suicida y las conductas suicidas constituyen la respuesta de una persona cuando sus mecanismos de afrontamiento de la vida han fallado y se encuentran en un estado de desesperación muy avanzado.

El intento de suicidio es a veces una forma de llamar la atención sobre su grave malestar psicológico y otras simplemente un intento fallido. Casi siempre va unido a un estado de depresión intensa y a la sensación de sufrimiento que un estado de desesperación y desesperanza implica y al que se ha llegado por diversas razones.

Si queremos detectar el grado de probabilidad de que un potencial suicida se encuentra de atentar contra si mismo, podemos recurrir a algunos signos que lo indican, así como algunos factores de riesgo que lo hacen más probable. A saber:

Si ha habido intentos anteriores, si ha comunicado su intención directa o indirectamente y si hay antecedentes familiares.

En cuanto a los factores se encuentran el estar separado, viudo o divorciado o vivir solo y sin apoyo social. Estar en paro indefinido o haber tenido un cambio brusco e importante en su estatus profesional. Haber tenido o tener un estado grave de depresión por distintas razones, sufrir esquizofrenia, alcoholismo, síndrome bipolar o trastorno límite de la personalidad. Tener alucinaciones auditivas que le empujen a quitarse la vida. Haber sufrido una pérdida reciente de un ser muy querido. Un estado de estrés crónico o asociado a cambios importantes recientes (emocionales, financieros, etc.).

Tener escasa habilidad para hacer frente a la vida y sus implicaciones. Un estado de aislamiento exagerado y prolongado. Un rasgo de impulsividad o rigidez mental.

Sufrir insomnio crónico o dolor crónico o una enfermedad progresiva.

Aunque alguno de estos factores podría ser suficiente, por si mismo en contados casos, para desencadenar la conducta suicida, para no crear alarma innecesaria, no conviene tomarlos individualmente y por separado sino agrupados, aunque no se de todo el conjunto de los citados.

Al abordar al potencial suicida conviene hacerlo de una forma calmada, serena y cuidadosa estableciendo una actitud que conduzca a obtener la información necesaria y a asegurarse de transmitirle nuestro deseo de hablar con él para entender lo que está sucediendo en su vida y que le ha llevado al intento de suicidio. Si uno no sabe hacerlo se le puede ofrecer ayuda profesional con muchas delicadeza y tacto.

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EL PODER DE LA ACTITUD POSITIVA

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el poder del pensamiento o actitud positiva y negativa. Quien esté acostumbrado a leer sobre esto quizás no descubra nada nuevo al volver a leer sobre ello pero sirve de recordatorio, toda ve<, que abrumados por los contratiempos que nos visitan, tendemos fácilmente a ver el lado negativo y olvidarnos de la fuerza y conveniencia de mantener una actitud positiva. El que alimenta una actitud positiva tiende a esperar resultados positivos incluso en situaciones problemáticas, mientras que quien cultiva una actitud negativa tiende no solo a esperar resultados negativos sino que los busca en cierto modo o los atrae, es lo que se conoce como profecía autocumplida.

Para los que tienden a tener una actitud negativa voy a dar unas pistas que nunca vienen mal.

 

1.- Hay que cambiar los pensamientos negativos por los positivos y esto se hace , primero, teniendo conciencia, de que se tienen, por lo que hacer una lista de ellos ayuda. Una vez identificados conviene identificar cuales son los opuestos y hacer un importante esfuerzo por sustituirlos. Hay también que monitorizar los esfuerzos y el progreso y se nota este si ves que catastrofizas o te preocupas menos que antes.

 

2.- Ser activo y llevar a cabo actividades placenteras sabiendo que este ejercicio conlleva más bienestar y por tanto disminuye la depresión y la ansiedad.

 

3.- Vivir el momento o el dia a dia que es tanto como decir no dejarse llevar de la anticipación o futuros males que incluso no se producirán en un altísimo porcentaje.

 

4.- Recordarse uno a si mismo que la depresión no dura siempre, que termina, que tiene su tiempo limitado, que es temporal en una palabra. Que nunca llovió que no parase, como dice el refrán. Esto es verdad si uno no se abandona al desaliento sino que trata de responsabilizarse de llevar a cabo conductas de autocuidado y de promover el bienestar físico y emocional.

 

5.- Echar a la papelera el sentimiento de culpa que el lo que más energía emocional consume e impide que la persona avance.

 

6.- Hay que aceptar que podemos aprender siempre, incluso de los errores y por tanto no flagelarse si los cometemos.

 

En fin, son estas algunas formas y pistas para abandonar el transitado camino de la actitud negativa y aprender a cambiar el registro. La mente es la facultad más potente que tenemos y por ello hay que ponerla a trabajar.

Como cuando esto publico es domingo, a algunos les vendrá bien porque los domingos, sobre todo por la tarde, suele ser momento propicio para dejarse llevar de los pensamientos negativos. Para algunos.

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“WAIT AND SEE”

 

Este refrán inglés me salvó de tres días de intensa angustia en Inglaterra cuando pasaba en mi juventud un mes de julio perfeccionando mi pobre inglés de entonces.

“Espera y ya veremos” era la traducción de aquella frase que mi casera me dijo, cuando una llamada de mi padre me había anunciado un viernes por la mañana que a mi madre le habían descubierto un cáncer fulminante y estaba hospitalizada, pero cuya muerte yo casi daba por supuesto en ese instante por el tono usado por mi padre. Nada más conocer la noticia lo primero que me vino a la cabeza era mi madre había fallecido de repente y mi padre no quería alarmarme estando lejos y sabiendo que mi billete de vuelta era para el lunes siguiente (entonces no era posible como ahora coger sobre la marcha el mismo dia un vuelo barato). El caso es que yo me convencí, sin total fundamento, (moriría cinco años después) de que aquello era la peor noticia que me podían dar y la creí como si de una realidad irreversible se tratase. Una intensa preocupación se apoderó de mi hasta el punto de que mi casera, al notarme lloroso y como ausente me preguntó qué me pasaba. Al explicarle la llamada y mi angustia me dijo: Miguel, “espera y ya veremos”, decimos los ingleses antes de que la preocupación nos invada. Y me dijo también otro refrán que me ayudó: nunca te preocupes hasta que el hecho de preocuparte te preocupe. Y la verdad es que me las frases me ayudaron y comprendí que yo me estaba empeñando en atravesar un puente antes de llegar a él.

Cuando algo amenazante nos preocupa y absorbe nuestra atención tendemos, unos más que otros, a convencernos de su verdad y la vivimos como si fuese realidad palpable desde ese instante.   Si nadie nos ayuda el futuro negativo se hace para nosotros presente y nos empapa y nos abruma. En virtud de la física cuántica si creemos que algo es verdad desde ese momento en que está presente en nuestra conciencia es lo que existe, esa es la realidad, porque sencillamente existe en nuestra conciencia. Por eso es necesario procurar no crear acontecimientos antes de que estos sucedan y puedan ser eficientemente constatados.

Preocuparse o anticipar sucesos negativos es algo habitual, pero desde el punto de vista lógico no tiene consistencia. Es más. Todos tenemos experiencia de que la mayor parte de los acontecimientos que nos han preocupado nunca se han cumplido o no se han confirmado como habíamos temido. En base a esa experiencia y en base al sufrimiento que habremos de evitarnos conviene frenar nuestra tendencia a dramatizar o hacerlo, en todo caso, cuando estemos en el drama. Si anticipamos y no se cumple lo previsto hemos perdido un tiempo precioso, que podríamos haber empleado en sacar jugo a nuestro dia a dia hasta ver qué pasaba. Esperar y ver lo que sucede es lo correcto y luego hacerles frente a los eventos cuando tengan lugar. Esperar es de sabios y prudentes además de pragmáticos. A mi me sirvió para aguantar bien hasta el vuelo de regreso y para ver que mi madre no había fallecido ni estaba punto de hacerlo. Espera y ya veremos…

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¡ES UNA GUERRA, AMIGOS!

 

No puede haber armisticio ni negociación. Solo cabe o vencer o ser vencidos. Es imposible porque se trata de una guerra permanente. No es pesimismo, sino realismo puro.

Por un lado estamos nosotros, los humanos, tú y yo en cuanto seres humanos. Este es uno de los bandos. En el de enfrente están los contratiempos y las adversidades que cuando menos lo pensamos aparecen, nos sorprenden al paso del camino, acechados o que se les ve venir. Son el enemigo.

Y con este enemigo no caben ni componendas, ni negociación ni pactos. Imposible. Se trata de un dilema, de que o ganamos esa guerra o seremos vencidos.

Tampoco es solución esconder la cabeza o hacernos los despistados, dejarlas pasar porque se imponen delante de nuestra vista y si pretendemos no verlas nos pasan la factura. No hay remedio.

Adoptan varias formas, se presentan cuando menos lo esperas y en cualquiera de las áreas de la vida, desde la salud, el trabajo, la economía, la familia, la pareja, las relaciones, todas, todas las áreas esconden obstáculos y contratiempos varios.

Quien opta por buscar ayuda para defenderse hará muy bien, si encuentra, pues los refuerzos son siempre bienvenidos pero lo más interesante es curtirse en las batallas diarias y adquirir fuerza, la fuerza y la moral que dan la victoria sobre ellas.

Perder esta visión bélica de lo que constituye la existencia es un acto de ingenuidad y de ignorancia.

No se puede bajar la guardia, aunque tampoco es necesario vivir en estado permanente de  neurótica alerta, como si no tuviésemos momentos de descanso. Quien ataca aumenta las probabilidades de victoria.

Por tanto, es bueno recordar, que con los contratiempos no se puede negociar o pactar. O te impones o ganan.

Cierto es que podemos siempre sacar, caso de ser vencidos alguna conclusión o moraleja que nos puede servir para rearmarnos ante los muchos de ellos, que a lo largo de la existencia nos esperan.

Eres de los que se arrugan o refugian en el fornido “primo de Zumosol” que te saque las castañas del fuego?

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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