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Categoría: depresión
EL PODER DE LA ACTITUD POSITIVA

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el poder del pensamiento o actitud positiva y negativa. Quien esté acostumbrado a leer sobre esto quizás no descubra nada nuevo al volver a leer sobre ello pero sirve de recordatorio, toda ve<, que abrumados por los contratiempos que nos visitan, tendemos fácilmente a ver el lado negativo y olvidarnos de la fuerza y conveniencia de mantener una actitud positiva. El que alimenta una actitud positiva tiende a esperar resultados positivos incluso en situaciones problemáticas, mientras que quien cultiva una actitud negativa tiende no solo a esperar resultados negativos sino que los busca en cierto modo o los atrae, es lo que se conoce como profecía autocumplida.

Para los que tienden a tener una actitud negativa voy a dar unas pistas que nunca vienen mal.

 

1.- Hay que cambiar los pensamientos negativos por los positivos y esto se hace , primero, teniendo conciencia, de que se tienen, por lo que hacer una lista de ellos ayuda. Una vez identificados conviene identificar cuales son los opuestos y hacer un importante esfuerzo por sustituirlos. Hay también que monitorizar los esfuerzos y el progreso y se nota este si ves que catastrofizas o te preocupas menos que antes.

 

2.- Ser activo y llevar a cabo actividades placenteras sabiendo que este ejercicio conlleva más bienestar y por tanto disminuye la depresión y la ansiedad.

 

3.- Vivir el momento o el dia a dia que es tanto como decir no dejarse llevar de la anticipación o futuros males que incluso no se producirán en un altísimo porcentaje.

 

4.- Recordarse uno a si mismo que la depresión no dura siempre, que termina, que tiene su tiempo limitado, que es temporal en una palabra. Que nunca llovió que no parase, como dice el refrán. Esto es verdad si uno no se abandona al desaliento sino que trata de responsabilizarse de llevar a cabo conductas de autocuidado y de promover el bienestar físico y emocional.

 

5.- Echar a la papelera el sentimiento de culpa que el lo que más energía emocional consume e impide que la persona avance.

 

6.- Hay que aceptar que podemos aprender siempre, incluso de los errores y por tanto no flagelarse si los cometemos.

 

En fin, son estas algunas formas y pistas para abandonar el transitado camino de la actitud negativa y aprender a cambiar el registro. La mente es la facultad más potente que tenemos y por ello hay que ponerla a trabajar.

Como cuando esto publico es domingo, a algunos les vendrá bien porque los domingos, sobre todo por la tarde, suele ser momento propicio para dejarse llevar de los pensamientos negativos. Para algunos.

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DEPRESIÓN: LAS IDEAS CLARAS

 

Si tienes tres minutos atrévete a emplearlos en la lectura de lo que sigue. Si no te convence solo habrás perdido tres minutos que, si vives ochenta o más años, no son nada.

Muchos se han interesado por lo que digo en el reportaje sobre la depresión que ha salido este domingo 4 de junio en El Pais y para el que me entrevistaron pero solo sacaron partes sueltas. Por ello voy a extenderme algo más, sin ser pesado ni por supuesto exhaustivo, para que quede claro a los lectores y fans este asunto que a tanta gente afecta en algún momento de sus vidas.

El tema no es sencillo y por tanto no quiero crear expectativas de fácil solución aunque voy a tratar de aportar algunas ideas para ayudar a los lectores interesados en este asunto. No puedo ser muy breve ni tampoco extenderme para no aburrir. A ver si lo consigo.

La depresión no es una enfermedad, amigos, sino un trastorno emocional, un estado consistente en sentirse desganado, desmotivado, triste, sin ilusión con inapetencia para disfrutar de actividades de las que se venía disfrutando y todo ello tiene que durar días o semanas por lo menos, ya que si hablamos de momentos, todo el mundo pasa por momentos breves o fugaces de bajón y por tanto esto no se puede llamar una depresión. Sencillamente uno se siente durante un tiempo bajo de ánimos y tiende a dejar de hacer actividades y tareas que hasta que la depresión se presentó, las realizaba o con ganas o sin mucho esfuerzo. Al mismo tiempo su mente se puebla o inunda con pensamientos negativos sobre el asunto o asuntos que más le preocupan o sobre la vida en general.

La depresión presenta distintos grados, yendo desde lo más grave que es la total indefensión y perder el sentido de la vida y rondar el suicidio, hasta un bajo estado anímico y de impotencia que puede durar semanas o meses.

Lo interesante en todo caso es saber de dónde procede y qué se puede hacer para irlo superando.

La depresión es un estado al que se llega (no del que se parte) después de soportar largo tiempo un estado de tensión nerviosa, tensión vital y emocional (resalto la palabra tensión), como consecuencia de tener que afrontar contratiempos, dificultades, obstáculos y reveses que hemos tenido que sufrir en una época determinada, ya sean estos factores de tipo familiar, emocional, económicos, laborales, profesionales o de cualquier otra índole. Es una desembocadura en lugar de un punto de partida.

Esa tensión, estrés o ansiedad, que vienen a ser sinónimos, sostenidas en el tiempo, va produciendo un desgaste personal o incluso agotamiento y como consecuencia de ello se desemboca en la depresión.

Según esto la forma de atacar este trastorno, si queremos que no se cronifique, sería tratando de rebajar esa tensión que es tanto como decir atacar la causa inmediata. ¿Que cómo se ataca directamente? Reduciendo la tensión y esto se trabaja por distintos caminos o métodos: sometiéndose a un programa de relajación diaria durante un tiempo más o menos prolongado pero nunca menor de unas seis semanas. Todo lo que relaje al paciente es adecuado hacerlo, ya sea ejercicio físico, ya sea tiempo de relajación diaria por diferentes métodos (relajación progresiva, relajación autógena, yoga, taichí, etc, etc.) pero diario durante al menos ese tiempo indicado. Si la cantidad y calidad de sueño están afectadas conviene al mismo tiempo ayudarse con productos que lo faciliten, me refiero a los fármacos, pues si el sueño no mejora no podrá mejorar el deprimido, ya que el cerebro descansa sobre todo con el sueño.

Aquí procede hablar de los ansiolíticos que, supuestamente, ayudarían a reducir esa tensión. No estoy de acuerdo en someter a los pacientes a largos periodos de ingesta de ansiolíticos sencillamente porque no resuelven el problema. Si acaso un tiempo breve y para acompañar los referidos métodos de relajación y conseguir relajar el cuerpo durante el sueño. Poco más.

Todo este ataque DIRECTO a la tensión y/o ansiedad/estrés ayuda, pues alivia al CUERPO que es el que soporta la tensión.

Quedarían dos vias INDIRECTAS de atacar la tensión, a saber: atacando los factores externos y los internos (nuestro perfil o forma de tomarnos la vida) que es lo que determina cómo nos tomamos las cosas o afrontamos los factores externos.

Entre los factores externos más frecuentes están los relacionados con la falta de salud, los problemas familiares y de pareja, los problemas laborales, profesionales y económicos. La mayor parte de estos factores no suele estar bajo nuestro control y por tanto nuestra actuación es reducida, aunque siempre se puede hacer algo.

El factor más importante interno e INDIRECTO que hemos de trabajar para rebajar la tensión en la que vivimos es modificar nuestro estilo personal. Tienen que reducir su exceso los siguientes estilos personales: los excesivamente responsables, complacientes, entregados, cumplidores, trabajadores, los que abarcan más de lo que pueden o se sobrecargan de trabajo, los que van siempre acelerados por la vida, los que no pueden parar quietos y tienen que estar siempre haciendo algo, los que se preocupan demasiado, los obsesivos, los miedosos, los inhibidos con gran falta de asertividad, todos estos son candidatos a que la tensión les pase una elevada factura con el tiempo.

Estos cambios personales suelen necesitar la ayuda de profesionales de la psicología, porque es el aspecto más complicado del cambio, aunque hay personas que tienen un alto sentido común y fortaleza y son capaces de modular los cambios que tienen que hacer en su forma de vivir y tomarse la vida.

Viene muy bien, esto para los familiares y amigos, ayudar al paciente a descargarle de cargas cuando se ve abrumado.

Todo lo dicho hasta aquí son vías indirectas de atacar la depresión, porque estaríamos atacando su origen. La práctica habitual de atacar la depresión es tomando antidepresivos, algo con lo que no estoy de acuerdo profesionalmente, aunque respeto lo que otros hagan. Directamente hay que ir haciendo lo que buenamente se pueda para no pasar el dia en la cama, totalmente inactivo, encerrado o aislado, sin querer ver a nadie. Aunque no es la solución, es parte de la solución esforzarse poco a poco, realizando actividades progresivas de normalización de vida. Dejarse hundir, aunque es lógico, es una buena via para prolongar la depresión, la indefensión, la tristeza y la muerte psíquica lenta. Esto da para un libro pero no quiero ser pesado.

Confío en haber contribuído un poquito a entender y abordar este estado de ánimo tan destructivo de nuestra ilusión y ganas de vivir.

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MALDITA DEPRESIÓN

Si nunca ha estado uno deprimido casi imposible entender a quien atraviesa por ese duro trance.

Quien atraviesa por ese demoledor estado siente que la tristeza le invade, la desmotivación para realizar sus tareas habituales disminuye, su desgana preside sus horas y sus días, el descuido, en los casos más graves, va colonizando su actividad, y la apatía actúa como muro de contención contra la normalización de su vida personal.

No todos los casos son iguales ni igualmente graves, pero el común denominador con distintos niveles son las reacciones referidas.

El caso es que la dificultad para disfrutar del día a día es un hecho palpable y quizás la queja más frecuente.

La depresión, contra lo que se puede suponer en ciertos casos, no es un estado adherido a los genes, un estado emocional al que ten sientes abocado. No, más bien es el resultado final de un proceso más o menos largo de ir aguantando,  soportando un estado de tensión emocional al tener que afrontar dificultades, contratiempos, adversidades y reveses, debido a diferentes razones y factores. Cuando la mente se satura y se pierde esperanza en superar esa tensión acumulada es cuando la depresión hace acto de presencia. Antes de aparecer ha venido precedido de una lucha interior o exterior contra los “elementos” y uno se siente exahusto y agotado.

Por eso, quien desee superar ese malestar incomprensible para los que no lo han padecido, deberá combatir su tensión, su ansiedad a base de relajar su cuerpo, de descansar, de dormir lo que sea suficiente para cada uno, y de aprender a ver los contratiempos como una oportunidad para superarse y superarlos. Deberá intentar poquito a poco la normalización de sus conductas y tareas más elementales, como la higiene, la realización de tareas domésticas y personales básicas, el cuidado personal y la actividad física. La realización de esas conductas, resistente al comienzo, consigue hacer sentirse algo mejor lo que redunda a su vez en realimentar la normalización de vida.

Optar por meterse en la cama y aislarse, si bien al comienzo es esperable, no debe consentírselo uno mismo, si aspira a superar ese desventurado socavón. Luchar contra los pensamientos negativos forma parte también del repertorio, aunque se antoja más difícil. Volveré sobre ese aspecto  en otra entrega.

Pero no se puede salir de la apatía obedeciendo a la desgana y la tristeza. Hay que llevarles la contraria aunque sea poco a poco.

¿La medicación es necesaria? Menos de lo que se acostumbra. Puede ser necesaria pero esperar que los antidepresivos por si solos resuelvan el problema es de una ingenuidad más que elevada.

 

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TANTO REMAR PARA ACABAR A LA ORILLA

Se sentía deprimida, sin fuerzas y sin ganas, triste según pasaba el tiempo y sin ánimo para la lucha cotidiana. No entendía bien el por qué de su animo bajo, ella que siempre había sido muy activa y luchadora. Ahora no se reconocía al faltarle las fuerzas y el arranque. Se sentía deprimida y al no aceptar su estado deseaba en sus adentros superar esa etapa.

La depresión, amigos, no es una enfermedad, una lesión que tiene el sujeto paciente, una fallo en su cerebro, por mucho que le digan, y lo suelen decir, que les falta algo de una sustancia conocida como serotonina. Qué bien queda y qué fácil es decirlo y creerlo. Y ya está. Le aplicamos unos antidepresivos y esos medicamentos le aumentarán la producción de esa sustancia y  ¡bingo! la depresión desaparece en poco tiempo. No, señores, no amigos, la depresión no es una enfermedad o una lesión en los neurotransmisores. Es un estado fisico-psicológico al que se llega después de un proceso más o menos prolongado de desgaste, de agotamiento de las defensas, de tensión vital, de tensión muscular, de ansiedad y de estrés, producido a su vez por distintos factores, a veces agrupados en el tiempo. Suele ser resultado de un tiempo de desgaste donde el sueño y descanso son escasos, estando por debajo de las necesidades del sujeto. Es una desembocadura, un punto de llegada, una orilla a la que se llega después de remar hasta agotarse, un estado que ya estaba previsto, sin saberlo el sujeto. No se puede pedir a los fármacos lo que no pueden dar y a veces incluso lo complican. No se puede pedir que un manzano de peras. Nadie cae en la depresión sin haber padecido antes un estado de desgaste, de erosión de las fuerzas por estar peleando en varios frentes, siendo los frentes no solo los externos de problemas que nos sobrevienen sino de nuestro perfil o forma de ser, pensar y comportarnos. Si es una consecuencia hay que atacar no solo el estado depresivo sino también y al tiempo el estado de tensión o estrés que padecemos. Si no se atacan las causas al mismo tiempo no puede mejorarse. Por eso hay que ayudar a las personas a conocerse y conocer qué les afecta para tomarlo de otro modo, para que los impactos exteriores e internos no produzcan el desgaste tan serio que producen. Hay que tratar la depresión pero también la ansiedad y el estrés que están detrás. No puede superarse una depresión sin aprender a estar algo más relajado, dormir algo mejor, menos sobrecargado y sin dejar de abusar de nuestras fuerzas.

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PARA LOS DEPRIMIDOS

 

Hay que desterrar la idea de que la depresión es un trastorno que nace de alguna disfunción en nuestro cerebro, que tiene un origen biológico consistente en algún desorden en nuestros neurotransmisores o en nuestras conexiones cerebrales, como quien tiene un ictus o cosa parecida. A ello ha contribuido, sin duda, la administración sistemática de tanto antidepresivo ofertado por las multinacionales farmacéuticas, que bien que se han lucrado y se lucran de ello a pesar de que en los últimos treinta años no han sido capaces de hacer ningún avance en la invención de nuevos fármacos útiles. Y no han sido capaces y además están abandonando este campo, porque la depresión no es en realidad un desorden biológico que da lugar a la tristeza, la desgana, la desmotivacion, la dejadez, el retiro de las actividades interesantes para uno, el pesimismo, la expectativa negativa y un largo etc. sino un estado de ánimo por el que atraviesa el paciente, después de haber pasado por un tiempo más o menos plagado de contratiempos, adversidades o eventos estresantes que ha superado la capacidad de resistencia del cuerpo y el sujeto se ha agotado. Por ello la depresión es más la desembocadura que el origen.

Al tratarla hay que tratar dos cosas, la ansiedad que sigue persistiendo mientras hay depresión y por tanto la mantiene y la depresión misma, intentando esforzarse en realizar actividades  o conductas,  si no placenteras, sí útiles e interesantes para recuperar la gracia y las ganas de recuperar la normalidad lo antes posible.

El paciente ha de tener claro que su recuperación no se deberá solo a la medicación ni a que las cosas cambien por casualidad sino que él es protagonista de su propio reverdecimiento emocional y conductual. Mejor con ayuda pero, si no, debe intentar salir a base de sus fuerzas y su voluntad de remontar el bache.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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