El Comercio
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Categoría: familia
“ME HABEIS JODIDO LA VIDA!”

 

 

 

 

A los casi treinta años después de haber estudiado la carrera que le gustaba y donde le gustaba, pero haber fracasado en realizar su proyecto final, después de varios intentos quedó por completo  frustrado y le dio por encerrarse en casa soltando por la boca un solo comentario: “Me habeis jodido la vida, en reproche a sus padres. Ellos que no tení­an precisamente exceso de dinero y habí­an hecho un esfuerzo sobrehumano con tal de satisfacer a su hijo en sus expectativas, se encontraron de pronto con ese comentario y la ansiedad les inundó su mente, su cuerpo y su hogar desde esa fecha No entendieron el contenido de aquella dura expresión, fruto de la frustración de su retoño y les pareció injusto. No es nada nuevo. Suele ocurrir con gran frecuencia que hijos que se sienten frustrados al no conseguir sus objetivos y si les salen mal las cosas, reaccionan reprochando a sus padres su fracaso personal sin pararse a pensar bien si lo que dicen es justo o es injusto. El caso es tirar balones fuera, echar la responsabilidad sobre quien se ha comportado con buena intención y mejor voluntad y quedarse tan panchos. No es solo en el ámbito familiar donde se da este tipo de reacciones. Es extensible a otros escenarios. El caso es echar la culpa a los de fuera como si los demás fuesen los únicos responsables de que las cosas vayan mal. En el caso de esos padres es fácil dejarse angustiar por la culpa, aunque hayan procedido con la mejor intención, como mejor pudieron y entendieron. Dos cosas se me ocurren ante casos así: que los padres suelen actuar como mejor saben o creen que deben actuar y por tanto no deberín permitir que la culpa les invada, aunque nadie les pueda quitar parte del sufrimiento. Y respecto a los hijos o a los culpabilizadores sería bueno reprimir ese impulso y no descargar injustamente las frustaciones contra quien no tiene culpa, porque no procedió con ánimo de causar dañoalguno. Sería deseable controlar los impulsos que atacan sin piedad a los demás, medir nuestras palabras en vez de vomitarlas y no pensar que la culpa es siempre ajena, como si el  mundo estuviese ocupado por gentes que hacen daño sin pararse a pensar las consecuencias. Un poco de comprensión no viene mal antes de soltar palabras que, como una piedra suelta, no pueden tener vuelta.

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NAVIDADES FIESTAS ¿FAMILIARES?

Tienen sus pros y contras esto de las fiestas y celebraciones y encuentros navideños. El afán de cumplir con la tradición de hacer de estas fiestas unos eventos familiares hace que se fuerce a  familias enteras a compartir mesa y mantel  lo que no siempre suele resultar positivo, porque si hay desavenencias o tensiones estas celebraciones pueden acentuarlas en lugar de vivirlas en armonía. Ser o no ser invitado puede percibirse como falta de tacto, discriminación o hacer de menos, sobre todo si los celos, la envidia o algún resentimiento enturbian ya las relaciones familiares. Alguno puede sentirse discriminado y crear con ello un conflicto si no es invitado. Pero también puede ocurrir que a un miembro de la familia le caiga mal el compañero o compañera del hermano/a y se pongan obstáculos para que no asista creando con ello un problema añadido que repercutirá en el clima hostil o enrarecido que exista durante la comida o la cena. Es difícil contentar a todo el mundo y por lo mismo, por motivos triviales, pueden saltar las chispas, cuando no había necesidad de ello. Si todo va bien,  ningún problema, pero si hay tensiones a veces es mejor no insistir en juntar a toda la familia. Todo esto es complicado, porque se haga lo que se haga, puede ser mal interpretado por alguna de las partes y contaminar la cena de tensión y acabar porque se nos indigeste ya sea el pavo o el conejo, el cordero, el besugo o el salmón marinado. Si se puede, conviene advertir a las partes o alguna de las partes de que hagan un  esfuerzo de evitar encontronazos y hacer del ágape un momento lo más civilizado y si puede ser satisfactorio. Y en todo caso, si vemos que se van a producir enfrentamientos, lo mejor será evitarlos, evitando juntarse por juntarse por muy apetecible que sean esos encuentros. No hay una solución general para todos los casos, porque cada cual somos distintos, pero, por sentido común, lo que habrá que buscar es la mejor solución, entre otras cosas porque ya que en esas comidas o cenas se suele gastar más dinero, al menos que sea lo que se dice muy bien aprovechado. De todas formas, habrá problemas en muchas familias, que no en todas. Ustedes coincidirán conmigo.

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CARIÑOS QUE MATAN


He vuelto del paseo matutino acongojado, más bien triste y en cierta medida conmovido. Me ha contado una madre, llorando, lo triste que se siente al ver cómo el marido  maltrata de palabra diariamente al hijo, a su único hijo, ahora con casi treinta años, en paro y teniendo que vivir en casa de los padres por falta de dinero para pagarse un piso y vivir de forma independiente. No soporta esa madre el tono despectivo y humillante que el padre utiliza contra su propio hijo. Quizás porque su padre tiene más de cincuenta no alcanza a entender que el hijo esté en otro registro. Al parecer el padre no soporta que el hijo se levante bien entrado ya el dia y ande mañana tarde y noche colgado de su movil. A mis años, suele decir a su mujer, yo era más responsable. El caso es             que el chaval se ha comportado bien en el trabajo que hace meses tenía pero el padre lo tiene eso olvidado. Lo que acude a su mente es que su hijo es un vago indecente y asi lo hace saber, no importa que haya gente. Asi que el chico, este chico porque otros bien se rebelan, anda como encogido y con miedo a su padre, con la autoestima baja, por los suelos y deseando no verle aunque tiene que verlo por las tardes de vuelta del trabajo. Es natural que los padres deseen que sean sus hijos personas responsables y maduros y cumplan como deben sus quehaceres y sus obligaciones. Y les deben reñir de vez en cuando si los hijos no cumplen, pero cebarse en ellos con comentarios despectivos e hirientes nacidos de la frustración lo que consigue es que la comunicación se deteriore, si no rompe, que el ambiente familiar se enrarezca y y que la pareja se coloque en riesgo de ruptura. Una cosa es que los padres se molesten si el hijo no cumple como debe y otra echar por la boca frases tan negativas que dejen a esos hijos hundidos, con afán de venganza o ganas de perderlos de vista. Eso sí que es una catástrofe.

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FAMILIARES POLÍTICOS Y SUS IMPLICACIONES

 

Si tienes la mala suerte de no ser aceptada/o por tus familiares políticos desde el primer momento bien porque no les sigues la corriente, porque no les agrada tu estilo, posición o estado o por cualquier otra razón, te habrá caído una pesada losa encima, sobre todo, si tu pareja no es capaz de poner las cosas claras e impedir que te invadan, impongan o utilicen.

Será siempre difícil conseguir un  equilibrio apropiado  para mantener unas relaciones civilizadas, al tiempo que mantener la independencia de ellos, tan necesaria en esos casos.

En esa situación lo peor que te puede ocurrir es que tu pareja justifique a su familia, se ponga de su parte y no entienda que lo más importante es estar a tu lado para construir vuestra familia o proyecto conjunto. Malo que vea con buenos ojos ese intervencionismo o el desprecio o que no se  atreva a situar los límites donde les corresponde a unos y otros.

Si tu pareja no te entiende, vete considerando y esperando que la relación vuestra termine más pronto que tarde, plagada de tensiones. Y si entiende que no debe haber por parte de su familia un intento de demolición de la pareja y no pone remedio, el final será igualmente desastroso.

Dado que la tendencia al boicot por parte de ellos será permanente, debes estar alerta procurando respetar que tu pareja mantenga unas buenas relaciones con los suyos, a lo que tiene derecho,  pero haciendo que  entienda que si eres rechazado no es posible llevar unas relaciones cordiales a partir de ese instante. Ceder tácticamente por tu parte será lo procedente para no deteriorar las relaciones de pareja, pero nunca ceder por sistema, porque la consecuencia es la amargura y el envenenamiento del carácter, además del estrés a que estaréis sujetos ambos.

En esos casos lo mejor es mantener unas relaciones espaciadas, cada cual en su casa, procurando evitar el mayor número de conflictos posible, lo que será difícil o quizás imposible en muchos casos.

Los familiares políticos no se escogen. Vienen en el paquete. Por eso hay que ser muy hábiles cuando los que te tocan no te gustan o no les gustas tu. Muy hábiles para no acabar con lo que más te interesa, que es, sobre todo, tu pareja.

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FAMILIARES POLÍTICOS Y SUS IMPLICACIONES

 

Si tienes la mala suerte de no ser aceptada/o por tus familiares políticos desde el primer momento bien porque no les sigues la corriente, porque no les agrada tu estilo, posición o estado o por cualquier otra razón, te habrá caído una pesada losa encima, sobre todo, si tu pareja no es capaz de poner las cosas claras e impedir que te invadan, impongan o utilicen.

Será siempre difícil conseguir un  equilibrio apropiado  para mantener unas relaciones civilizadas, al tiempo que mantener la independencia de ellos, tan necesaria en esos casos.

En esa situación lo peor que te puede ocurrir es que tu pareja justifique a su familia, se ponga de su parte y no entienda que lo más importante es estar a tu lado para construir vuestra familia o proyecto conjunto. Malo que vea con buenos ojos ese intervencionismo o el desprecio o que no se  atreva a situar los límites donde les corresponde a unos y otros.

Si tu pareja no te entiende, vete considerando y esperando que la relación vuestra termine más pronto que tarde, plagada de tensiones. Y si entiende que no debe haber por parte de su familia un intento de demolición de la pareja y no pone remedio, el final será igualmente desastroso.

Dado que la tendencia al boicot por parte de ellos será permanente, debes estar alerta procurando respetar que tu pareja mantenga unas buenas relaciones con los suyos, a lo que tiene derecho,  pero haciendo que  entienda que si eres rechazado no es posible llevar unas relaciones cordiales a partir de ese instante. Ceder tácticamente por tu parte será lo procedente para no deteriorar las relaciones de pareja, pero nunca ceder por sistema, porque la consecuencia es la amargura y el envenenamiento del carácter, además del estrés a que estaréis sujetos ambos.

En esos casos lo mejor es mantener unas relaciones espaciadas, cada cual en su casa, procurando evitar el mayor número de tensiones posibles, lo que será difícil o quizás imposible en muchos casos.

Los familiares políticos no se escogen. Vienen en el paquete. Por eso hay que ser muy hábiles cuando los que te tocan no te gustan o no les gustas tu. Muy hábiles para no acabar con lo que más te interesa, que es, sobre todo, tu pareja.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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