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Categoría: felicidad
¿HAY QUE SER FELICES EN NAVIDAD?

 

Me veo moralmente obligado a escribir en estas fechas sobre la soledad que mucha gente experimenta y que le produce una tremenda ansiedad, depresión  y tristeza. El mito que se ha ido edificando es que en las Navidades todas las familias se  deben reunir en amor y compañía y disfrutar unos de otros regado todo ello con cava y salpicadas con hermosos regalos. Es cierto, amigos, pero no totalmente ni muchísimo menos, antes muy al contrario hay familias que parece que aprovechan esas fechas para alimentar el conflicto al coincidir en cenas o en comidas, unos porque los padres se empeñan en juntarlos contra su voluntad y otros porque aprovechan para sacar los trapos sucios al verse todos juntos. No es oro todo lo que reluce, aunque en efecto sería muy deseable poder disfrutar de la familia al menos en esas fechas. En la medida en que ese mito lo tengan presente las personas que están solas o tienen la familia alejada  o en las que las relaciones están deterioradas parece que es una tragedia no juntarse, sobre todo la noche de Nochebuena y se sienten deprimidos al compararse con los demás, que supuestamente son felices. Viven también la ausencia de sus seres queridos como una maldición y mala suerte. A todos ellos les recomendaría que decidiesen amortiguar su pena desmitificando mentalmente las fechas y despojándolas de tan trascendente significado, dejando de compararse y tratando de vivirlas de la mejor manera como si de otras fechas neutras se tratase. Si focalizan su atención en la ausencia o la carencia de bienes y de afectos, ciertamente tal negatividad les minará esas fechas. Si desvían la atención y viven de la mejor manera dentro de su situación y posibilidades no digo que no sufran, porque hay muchos estímulos que recuerdan el mito, pero su dolor se verá reducido. La depresión y la tristeza son estados emocionales que tienen relación directa con el estado mental en que nos encontremos, con el foco donde colocamos nuestra atención y conciencia. Todo el sufrimiento no podrán evitarlo pero si reducirlo en buena parte. Lo suyo es vivir la vida que uno tiene y le ha tocado en cada momento de la mejor manera dentro de lo posible y de uno depende en gran medida sufrir de manera indecible o sufrir solo lo imprescindible. ¿Que es difícil? Lo sé, por experiencia, ya que perdí a mi madre la víspera de una Nochebuena, pero es posible, amigos. Recuerdo una vez más lo de Epicteto: “Lo importante no es lo que nos sucede sino la actitud que tomemos ante ello”.

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EL “EXCEDENTE POSITIVO”

 

Si quieres y te propones establecer y consolidar un nuevo hábito en tu vida tendrás que dedicarle mucho tiempo a la mentalización pero sobre todo a la práctica masiva y constante de las conductas de ese nuevo hábito. De lo contrario, no vale con arranques que duran unas horas o unos días. Los arranques emocionales son efímeros si no van acompañados de una determinación de ser constantes y perseverar en el nuevo trabajo de establecimiento y mantenimiento del nuevo hábito. Por ejemplo, si eres muy nervioso y agitado, muy ansioso y quieres vivir un poco más tranquilo y relajado tendrás que dedicar parte de tu tiempo a hacer relajación casi a diario durante un tiempo, a practicar yoga o tai-chi, a hacer algo de ejercicio o cosas parecidas durante un tiempo de dos o tres meses por lo  menos. Si ese nuevo hábito o cualquier otro lo practicas con mucha asiduidad lograrás tener un “excedente positivo” de serenidad y tranquilidad que te ha de servir no sólo para cuando te encuentres atacado de los nervios sino para cualquier situación, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es decir, que ese excedente garantiza una generalización o extensión a otras situaciones aunque no lo hubieses pretendido. Todos los aprendizajes tienden a generalizarse o extenderse y esto es una excelente noticia porque supone un beneficio conseguido indirectamente aunque no sea directa y conscientemente perseguido. Por tanto, ya lo sabes, si eres un gastizo y te pones a ahorrar tendrás un “excedente positivo” que podrás luego usar no solo para comprarte un coche sino para otras varias cosas. Ese dinero es transversal a cualquier gasto o inversión. Si tiendes a dejar las cosas para luego y te pones a llevar al dia tus asuntos más importantes  tendrás un “excedente positivo” para cuando de nuevo te de la tentación de ir dejando las cosasa atrasadas. Y así con cualquier habilidad que te propongas aprender en todas las áreas de la vida. ¿No te animas? Te esperan momentos de resistencia pero también de disfrute de un cambio conseguido.

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ATRAPADOS

 

¿Qué hace usted si de pronto se encuentra en medio de una tormenta de nieve y queda atrapado en su coche? No salir del coche por supuesto y esperar a que pase la tormenta y si cae mucha nieve esperar a que vengan refuerzos que le ayuden a abandonar el lugar, además de verse obligado a esperar el tiempo necesario. Es lo normal. Pero ¿qué haría usted si su bloqueo o atrapamiento es emocional y se encuentra con que las relaciones de pareja no van para adelante sino que se siente bloqueado? Hay quien opta por dejar pasar el tiempo a ver si se le aclaran los sentimientos o el otro u otra facilita la labor de aclaración y toma de decisiones. Hay quien por miedo a no hacer daño a la pareja opta por seguir consumiéndose en su propio jugo. Hay quien  hace lo mismo por el temor a equivocarse o porque hay por medio un hijo y prefieren dejar pasar el tiempo hasta que el hijo crezca para que no sufra tan pequeño las consecuencias de la separación. Hay quien se bloquea porque la culpa y la pena por el sufrimiento que suponga separarse  se apodera de él. Hay quien sencillamente no es capaz de decidirse porque no tiene clara ninguna de las dos opciones. En fin, hay mil razones de por qué dos personas que viven en pareja pueden optar por no dar el paso delante de acabar con una relación que se ve que ni es satisfactoria ni lleva camino de serlo en el futuro sino muy al contrario apunta un mayor deterioro con el paso del tiempo. Sea de ello lo que fuere lo cierto es que, si está muy claro que el cariño se ha apagado y la excitación también, hay que optar por liquidar la sociedad o el acuerdo y empezar nueva vida para que, aunque por ese solo hecho la ilusión no se recupere de inmediato, sea posible recuperarla a corto o medio plazo. Si hay indicadores evidentes de que la relación no funciona satisfactoriamente, mejor no andarse con rodeos y optar por romper la relación porque, aunque inmediatamente lleve consigo sufrimiento, a medio plazo es más reconfortante porque deja a los dos libres de comenzar  una nueva relación. Si uno es viejo ya quizás no le compense dar el paso pero en gente más joven parece que es lo procedente, si uno no quiere exponerse a ir  apagando sus ganas de vivir y de hacer cosas. La perspectiva del apagamiento en todos los sentidos es una losa que no se debe permitir que a uno  le aplaste. Por tanto a veces hay que ser valientes y atreverse a firmar el finiquito de lo que ya está acabado. De todos modos hay quien opta por seguir, a pesar de todo, lo que es digno de respeto.

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RECUPERAR LA ESPERANZA

Ahora que los dioses han muerto para un gran número de seres humanos y que la ética y la justicia van camino de  convertirse en souvenirs de la historia, ahí tenemos al ser humano despistado, angustiado, desasosegado debido a que le han robado los postes de referencia y apagado los faros que  le orientaban en su navegación por las procelosas aguas del océano de su accidentada existencia. Ahora camina dando tumbos, sin saber dónde está el norte de su vida pero necesitado al mismo tiempo de trascender su devenir diario. Por eso no hay que extrañarse de que muchos no puedan soportar la pérdida del sentido de su  existencia e intenten resucitar otros dioses escondidos en lo esotérico, en el misterio y en cosas accesorias. Agradece que el progreso científico  y técnico le ofrezca ayuda inestimable pero siente que ese progreso no le puede ofrecer todo lo que él necesita para sentirse bien  y sosegado. Es un progreso al fin y al cabo sin alma y no puede constituirse en lo que de todo el sentido a su existencia, por mucho que le ayude. Es preciso resucitar la justicia, la moral y la ética porque ellas sí que son suficientes para dar esperanza y sentido a la existencia humana. La justicia está vituperada y acorralada por la corrupción y por algunos de quienes, por oficio, tienen que defenderla y la ética y moral están atacadas por el sálvese quien pueda. Todas ellas necesitan ser restauradas  porque en ello nos va la vida a todos, los corruptos, los inmorales y los que aún viven con decencia. No son imprescindibles los dioses, sean ellos cuales fueren y adopten la forma que deseen. Basta con la defensa a ultranza de la justicia y de la moralidad y de la ética para recuperar la confianza en los seres humanos y recobrar el sentido de nuestra marcha existencial.  En esta tarea debemos colaborar todos pero especialmente los que ostentan la responsabilidad de dirigir las instituciones políticas, civiles, religiosas y mediáticas. Ellos son los principales responsables de dar ejemplo y de hacer que todos los poderes se alineen en ese  gran proyecto. Ahora que las guerras son pasadas, no podemos dejar al ser humano indefenso, inseguro, perdido, desazonado  y angustiado. Hay que colaborar todos, cada cual a su modo y manera en el restablecimiento de las antiguas virtudes, que, aunque bastante olvidadas, siguen siendo vigentes en la necesidad de defenderlas y aplicarlas. Hay que recuperar, una vez más, las enseñanzas de los sabios antiguos, que siempre han servido de verdaderos guías de esta humanidad a veces tan cainita y otras tantas despistada. No hay que desesperarse, amigos. En cuanto que una nueva corriente defienda y restablezca la justicia y en cuanto que la moralidad y la ética vuelvan a orientar nuestro quehacer diario, volveremos a sentir que merece la pena vivir y confiar en los seres humanos. Ahora, en esta época convulsa es cuando más se necesita. Estamos todos invitados pero specialmente los cabezas del grupo para empezar a dar ejemplo.

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AHORA QUE YO LOS NECESITO

 

Toda su vida ha tenido agallas y fuerza para resolver cuantos problemas se le han ido presentando pero ahora se encuentra sin fuerzas, sin ganas, sin ilusión para seguir luchando. Toda su vida dedicada a los demás intensamente, sin regatear esfuerzos, en la medida en que  su tiempo se lo permitía y ahora se encuentra decepcionada al constatar la ausencia de respuesta en reciprocidad por parte de la gente y de los suyos. Está pasando por un momento delicado de salud psicológica, por un momento de depresión y de tristeza así como de malestar físico y observa con dolor y con sorpresa que cada cual está en su guerra particular, muy ocupado, y ninguno se ha percatado de su necesidad de que le atiendan algo y al menos le pregunten cómo se encuentra o si necesita algún tipo de ayuda. Tiene que seguir buscándola para ella misma, pero ahora bastante agotada y escasa de motivación y de ganas. No supo darse cuenta de que no lo hizo bien al acostumbrar a todo el mundo a estar a su servicio las veinticuatro horas y resolverles todo, sin pedir para si de vez en cuando  una respuesta o sin poner a prueba la generosidad de los otros para ver hasta qué punto los demás estaban solamente a lo suyo  o debían aprender a estar atentos a su benefactora. No lo supo hacer y ahora es tarde ya, ya no tiene remedio. El remedio para ella está en saber qué hacer para no hundirse en la pena de la constatación de no verse compensada, en el dolor de la decepción que supone ver que ella estuvo siempre para todos y cuando lo necesita por primera
vez en su vida, los demás están a lo suyo, sobre todo. Si eso te ocurre a los setenta y cinco es más doloroso aún, porque, al ser viejo, hay menos atractivo en ayudarte, para qué vamos a engañarnos. La conclusión es que no puede uno volcarse sistemáticamente y esperar  que los demás nos respondan. Hay que volcarse pero pedir también ayuda aunque solo sea para comprobar si los demás se mueven o se olvidan de ti, en cuyo caso debes dosificar tu ayuda para evitar la sensación de decepción demoledora. Está
bien ayudar pero no permanentemente. Esos que se vuelcan tanto han de saber vender favores y pedirlos también, sin esperar a que los demás caigan en la cuenta.

 

 

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ENTRE DOS AGUAS

No quisiera estar en su piel, sinceramente, pero tener pareja oficialmente y simultanearla con otra debe  ser y es un tormento, aunque tenga su excitación en algunos instantes. Hay un tipo de personas que cuando llevan un tiempo casados, aunque  reconocen que su pareja les merece la pena, de pronto se sienten atraídos por otra persona y, sin abandonar pareja “oficial” viven una vida paralela. Unos reconocen que de pronto sienten que la vida se les escapa y con ella la posibilidad de tener aventuras y vivencias que, pasado algún tiempo, ya no podrán vivirlas por su avanzada edad. Otros reconocen que
se aburren en cuanto que se atan a una sola y necesitan marcha y se lanzan sin pensarlo dos veces. Como se sienten mal, culpables por una parte e infelices al tiempo cuando están con su pareja oficial, a veces tienen que recurrir a algún profesional pra aclararse y buscar solución a la gran desazón que sienten les invade. La verdad es que, autoengañándose, buscan hallar la cuadratura del
círculo porque quieren seguir comiendo en los dos platos sin que les haga daño tal comida. Cuando un hombre o una mujer opta por simultanear dos relaciones, una que les ofrece estabilidad, seguridad, cariño y buena imagen entre la vecindad y la familia y la otra que les ofrece diversión, excitación, novedad y atractivo y salir de la rutina, cuando esto ocurre se puede decir que ya están
condenados, si persisten queriendo luchar en los dos frentes. Están condenados desde el mismo momento en que se empeñan en mantener esas dos relaciones. Condenados porque es imposible vivir por largo tiempo tranquilos y felices. No hay felicidad porque viven entre dos fuerzas igualmente potentes de diferente signo. Una la fuerza de la culpa y la lealtad y otra la fuerza de la sexualidad y la excitación que da la libertad de elegir la novedad excitante. No se dan cuenta de que si quieren vivir centrados tienen que optar por una via y automáticamente renunciar a la otra, mental y físicamente con todas las consecuencias. No se puede servir satisfactoriamente a dos “señores” en esta sociedad, pues más pronto que tarde las dos parejas le plantearán decidirse y optar por una de ellas. Si esos inconformistas quieren vivir sin que les consuma el fuego de la duda, de la culpa, del desasosiego y del choque entre su sexualidad y su cabeza tienen que optar por una via, aunque corran el riesgo de equivocarse, y tienen que tachar de su agenda y de su mente la opción desestimada. Sí, de su mente, pues si abandonan una pero siguen pensando en ella, renuevan su condena cada vez que lo piensan. Y acaban sucumbiendo de nuevo.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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