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Categoría: matrimonio
8 CONSEJOS PARA LOS QUE VAN A VIVIR EN PAREJA, SE CASEN O NO

Antes de decidirse a vivir en pareja sea o no casados, conviene fijar y acordar de antemano las reglas de juego, que regirán la relación, porque eso reduce, aunque no impide, muchos enfrenamientos de futuro. He aquí unas de las más importantes.

 

1.- Cómo repartir las tareas domésticas (limpieza, cocina, orden, compras, recibos, etc.) fijando quien como y donde las hará. Cuanta más concreción, mejor.

2.- Acordar cómo se repartirá el tiempo libre: qué parte la van a disfrutar juntos y de cuanto tiempo dispondrá cada uno a su antojo para hacer las actividades que desee. De esa forma no habrá intromisiones  ni mal entendidos.

3.- Fijar los términos económicos: si harán un fondo común con todos los ingresos o parte, cuanto pondrá cada uno, si habrá una cuenta común o dos, etc.  Así y todo habrá discusiones.

4.- Cómo serán las relaciones con los padres políticos y los propios padres y como le parece a cada uno que deberían ser. Esto es muy importante porque siempre surgen reticencias y suspicacias.

5.- Acordar si se proponen los dos o no intentar tener hijos y cuando, porque si es solo uno y el otro no tiene ese proyecto afectará mucho a la relación.

6.- Cómo se van a plantear la educación de los hijos, si los tienen. Así y todo habrá desacuerdo.

7.- Cómo es el estilo de comunicación de cada uno y cómo desea cada uno que sea la comunicación en la pareja, no solo respecto a los asuntos profesionales y domésticos sino respecto a los asuntos personales.

8.- Cómo harán para respetar los gustos, aficiones y hobbies de cada uno para ajustar la relación.

La mayor parte de las parejas se embarca en la vida en común sin haberse sentado a comentar y acordar estos puntos y luego…pasa lo que pasa.

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SER INFIEL

 

 

Ser infiel a la persona amada es probablemente es acto más doloroso que existe en las parejas por cuanto lo que indica es que la persona en ese tiempo o instante nos importa un carajo. Es probablemente  el mayor ataque  a la autoestima de la víctima  porque le estamos dando a entender que en ese tiempo o durante ese acto queda completamente relegada en nuestro corazón y nuestra atención y cariño. Es en definitiva una traición al compromiso que se supone hemos adquirido con la persona que decimos que amamos pero que en realidad no amamos como ella se merece sino como a nosotros nos conviene. Y como además suele ir acompañado de silencios y mentiras la ofensa es mayor aún, porque estamos cometiendo una injusticia. Ser infiel a la pareja es subordinarla a otros intereses que no son los adecuados. Es ponerla en un segundo plano y es una puñalada  por la espalda. Que si somos humanos, que si la carne es débil, que si un resbalón no significa nada, que fue una cana al aire y otras expresiones no dejan de mostrar sino la intención de minimizar el acto, pero el acto en si mismo, es una ofensa, que deja malherida en muchísimos casos la confianza mutua. Que total fue un descuido o un calentón, a veces nos decimos. Cierto, pero eso no quita importancia y  gravedad a la traición. Aunque la relación se reanude no se puede evitar que quede la herida mal cerrada y su recuerdo acompañe al sujeto traicionado.  Que si esto en estos tiempos es normal, que si hay muchos estímulos que nos llevan a ello y que junto al aburrimiento o la rutina es natural caer en la tentación.  Sí, pero se mire por donde se mire desde el punto de vista ético no deja de ser una ofensa y un desprecio, además de una bofetada en plena cara. Una cosa es que sea un hecho real en nuestra sociedad, una tendencia o una práctica al uso y otra que no deje de ser un ataque frontal a la confianza en la pareja. Se la puede adornar, justificar o pueden explicarse las causas del desliz, pero no deja de ser una deslealtad hacia nuestra pareja.

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¿SEPARARSE O SEGUIR?

 

 

Cuando el amor de una pareja y su atracción mutua han declinado seriamente parece que lo procedente es dar por finalizado el contrato de convivencia y seguir cada cual con su vida por otros derroteros. Si el amor ya no existe, aunque sea solo por una parte y la atracción tampoco ¿qué sentido tiene continuar así con ese horizonte sombrío de varios años por delante? Pero la lógica no siempre acaba por imponerse pues los sentimientos, que no suelen llevarse con la lógica, mandan mucho y las condiciones del contexto también se imponen muchas veces con imparable fuerza. Por tanto la cosa no es tan fácil y se impone tener en consideración varios factores, como la edad o la situación familiar, entre otros. Tratándose de personas jóvenes la separación parece lo más aconsejable o procedente, teniendo tanta vida por delante, aunque, así y todo, muchos optan por seguir viviendo bajo el mismo techo, aunque en distintos lechos, porque creen que  conviene a los hijos o porque uno de los dos tiene miedo a la separación y tiende a aferrarse a un clavo ardiendo o porque la situación económica que les espera puede ser complicada, caso de separarse. Sin embargo cuando se trata de personas de edad avanzada puede ser muy arriesgado para ambos separarse y por eso muchos optan por seguir a pesar de que no les reporte muchas satisfacciones. En ese caso lo que procede es sentarse seriamente a acordar  la convivencia de la forma más civilizada y correcta posible, con el mínimo daño posible. Los dos deben valorar, decidir y acordar las condiciones para que la vida juntos no constituya un puro desangrado cotidiano. No es fácil hablar de ese espinoso tema pero siempre será mejor que esconder la cabeza bajo el ala mientras continúa el deterioro.

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UN ESPACIO PARA CADA CUAL

 

Eso de mantener el término medio lo llevamos mal los seres humanos y en la relación de pareja no es muy distinto. En cuanto que dos personas se casan suelen darse dos extremos: o de pronto comparten un espacio común excesivo perdiendo totalmente su libertad anterior o, en el otro extremo,  es tan grande el espacio personal de cada uno que el común queda reducido a la mínima expresión con las negativas consecuencias que conlleva en ambos casos. Los primeros son ese tipo de parejas que hacen todo juntos y a casi todos sitios van juntos y no cabe que cada uno de los dos tenga su propio espacio personal para disfrutarlo como le venga en gana. Los segundos son esas parejas liberales en las que cada cual sigue teniendo sus amigos y con ellos comparten tiempo libre y cada cual va muy por libre en menoscabo de la vida en común. El espacio personal viene a ser algo cuasi sagrado para ellos. En el primer caso pueden aguantar así unos años, pero más tarde o más temprano se cansan de estar juntos todo el tiempo y  acaban aburriéndose de verse las caras todo el tiempo. En el segundo caso tampoco suele durar mucho el matrimonio porque se desatiende el espacio común sacrificado en aras de  la libertad individual. Son dos extremos  y, como tales, pecan de exagerados.   Lo lógico es reservar un espacio considerable para compartir juntos las actividades familiares, pero reservar un espacio para que cada cual lo emplee como prefiera. Y si no lo emplean, al menos saben que pueden disponer de él, caso de apetecerles.  Esto es lógico en realidad porque cada cual tiene sus gustos personales y aficiones que no tienen por qué coincidir con las que tiene el otro, pero no pasa nada. Me refiero al tiempo libre que pueda tener la pareja, si lo tiene. Esto debería aclararse antes de dar el paso del matrimonio, para no dar lugar después a serios malentendidos y evitar  muchos conflictos. Las cosas hay que hablarlas y evitar después innecesarias colisiones. En conclusión, lo mejor es un espacio común compartido pero también uno personal del que uno pueda disponer a su gusto. El grado de uno y otro depende de las parejas, pero evitar los dos extremos parece una medida sabia.

 

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ATRAPADOS

 

¿Qué hace usted si de pronto se encuentra en medio de una tormenta de nieve y queda atrapado en su coche? No salir del coche por supuesto y esperar a que pase la tormenta y si cae mucha nieve esperar a que vengan refuerzos que le ayuden a abandonar el lugar, además de verse obligado a esperar el tiempo necesario. Es lo normal. Pero ¿qué haría usted si su bloqueo o atrapamiento es emocional y se encuentra con que las relaciones de pareja no van para adelante sino que se siente bloqueado? Hay quien opta por dejar pasar el tiempo a ver si se le aclaran los sentimientos o el otro u otra facilita la labor de aclaración y toma de decisiones. Hay quien por miedo a no hacer daño a la pareja opta por seguir consumiéndose en su propio jugo. Hay quien  hace lo mismo por el temor a equivocarse o porque hay por medio un hijo y prefieren dejar pasar el tiempo hasta que el hijo crezca para que no sufra tan pequeño las consecuencias de la separación. Hay quien se bloquea porque la culpa y la pena por el sufrimiento que suponga separarse  se apodera de él. Hay quien sencillamente no es capaz de decidirse porque no tiene clara ninguna de las dos opciones. En fin, hay mil razones de por qué dos personas que viven en pareja pueden optar por no dar el paso delante de acabar con una relación que se ve que ni es satisfactoria ni lleva camino de serlo en el futuro sino muy al contrario apunta un mayor deterioro con el paso del tiempo. Sea de ello lo que fuere lo cierto es que, si está muy claro que el cariño se ha apagado y la excitación también, hay que optar por liquidar la sociedad o el acuerdo y empezar nueva vida para que, aunque por ese solo hecho la ilusión no se recupere de inmediato, sea posible recuperarla a corto o medio plazo. Si hay indicadores evidentes de que la relación no funciona satisfactoriamente, mejor no andarse con rodeos y optar por romper la relación porque, aunque inmediatamente lleve consigo sufrimiento, a medio plazo es más reconfortante porque deja a los dos libres de comenzar  una nueva relación. Si uno es viejo ya quizás no le compense dar el paso pero en gente más joven parece que es lo procedente, si uno no quiere exponerse a ir  apagando sus ganas de vivir y de hacer cosas. La perspectiva del apagamiento en todos los sentidos es una losa que no se debe permitir que a uno  le aplaste. Por tanto a veces hay que ser valientes y atreverse a firmar el finiquito de lo que ya está acabado. De todos modos hay quien opta por seguir, a pesar de todo, lo que es digno de respeto.

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ENTRE DOS AGUAS

No quisiera estar en su piel, sinceramente, pero tener pareja oficialmente y simultanearla con otra debe  ser y es un tormento, aunque tenga su excitación en algunos instantes. Hay un tipo de personas que cuando llevan un tiempo casados, aunque  reconocen que su pareja les merece la pena, de pronto se sienten atraídos por otra persona y, sin abandonar pareja “oficial” viven una vida paralela. Unos reconocen que de pronto sienten que la vida se les escapa y con ella la posibilidad de tener aventuras y vivencias que, pasado algún tiempo, ya no podrán vivirlas por su avanzada edad. Otros reconocen que
se aburren en cuanto que se atan a una sola y necesitan marcha y se lanzan sin pensarlo dos veces. Como se sienten mal, culpables por una parte e infelices al tiempo cuando están con su pareja oficial, a veces tienen que recurrir a algún profesional pra aclararse y buscar solución a la gran desazón que sienten les invade. La verdad es que, autoengañándose, buscan hallar la cuadratura del
círculo porque quieren seguir comiendo en los dos platos sin que les haga daño tal comida. Cuando un hombre o una mujer opta por simultanear dos relaciones, una que les ofrece estabilidad, seguridad, cariño y buena imagen entre la vecindad y la familia y la otra que les ofrece diversión, excitación, novedad y atractivo y salir de la rutina, cuando esto ocurre se puede decir que ya están
condenados, si persisten queriendo luchar en los dos frentes. Están condenados desde el mismo momento en que se empeñan en mantener esas dos relaciones. Condenados porque es imposible vivir por largo tiempo tranquilos y felices. No hay felicidad porque viven entre dos fuerzas igualmente potentes de diferente signo. Una la fuerza de la culpa y la lealtad y otra la fuerza de la sexualidad y la excitación que da la libertad de elegir la novedad excitante. No se dan cuenta de que si quieren vivir centrados tienen que optar por una via y automáticamente renunciar a la otra, mental y físicamente con todas las consecuencias. No se puede servir satisfactoriamente a dos “señores” en esta sociedad, pues más pronto que tarde las dos parejas le plantearán decidirse y optar por una de ellas. Si esos inconformistas quieren vivir sin que les consuma el fuego de la duda, de la culpa, del desasosiego y del choque entre su sexualidad y su cabeza tienen que optar por una via, aunque corran el riesgo de equivocarse, y tienen que tachar de su agenda y de su mente la opción desestimada. Sí, de su mente, pues si abandonan una pero siguen pensando en ella, renuevan su condena cada vez que lo piensan. Y acaban sucumbiendo de nuevo.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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