El Comercio
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Categoría: progreso
NO ME QUIERO MORIR

No puedo reprimir la alegría que sentí la ante víspera de Reyes. Cómo ha cambiado la vida para mejor desde que yo era un renacuajo! Cuánta prosperidad y cuantas satisfacciones desde entonces! Qué diferencia de los Reyes que un dia me echaron un acordeón, de cartón y papel con tan sólo tres teclas, cuando apenas tenía cinco años, con los Reyes que incluso niños pobres de hoy dia tienen la suerte de tener, aunque se los regalen en una ONG. Pero no solo eso. Recibí varios wasaps de amigos muy lejanos que me felicitaban y en el mismo momento a miles de kilómetros yo podía responderles, mientras tomaba un café sentado en un local viendo pasar la gente. Paseé por Gijón, mi ciudad,  llena de escaparates atractivos, de modernas mercancías, de productos textiles que nos hacen ser guapos, de alimentos cuidados y sabrosos, de restaurantes, vinaterías y bares donde puede uno  degustar sabrosos alimentos y bebidas.  Llegué a casa y apretando un botón se encendió una calefacción que inundaba mi casa de calor, frente aquellos braseros que sólo permitían calentarme las piernas sentado a la mesa camilla, mientras el resto de la casa estaba congelada. Hice  la cena en una vitrocerámica, en cuestion de minutos, sin tener que encender  el fuego y esperar largo rato a poder cocinarla. Y calenté el café con leche en un microondas, que ni por asomo podía pensarse en su existencia hace cincuenta años. Me senté a la mesa de trabajo, encendí el portátil y me puse a escribir sin preocuparme de tener que borrar con una goma o tachar un error y tener que empezar una hoja nueva por la misma razón, pudiendo volver atrás en el texto e intercalar una idea que me venía de pronto a la cabeza, sin tener que alterar para nada la página. Le dí a un botón y una impresora me copió al instante el texto redactado. Abrí Internet y publiqué en mi blog el artículo simplemente desde mi mesa sin tener que desplazarme al periódico o tener que meterlo en un sobre y esperar un dia o dos a que llegase a la redacción y que otro empleado tuviese que volver a escribirlo. Vi las noticias del mundo en vivo y en directo en la pantalla del televisor, mientras cenaba y tomaba de postre un melón de otra parte del mundo donde ahora es verano, melón que en no hace mucho tiempo era imposible comerlo en estas fechas en España. Reservé dos entradas para un concierto desde mi mesa sin tener que esperar a la puerta de teatro ni pagar con dinero en efectivo. No sigo, porque sería imposible terminar la retahila. Por todo esto, que es bastante, y otras muchas cosas no me quiero morir, amigos. Qué envidia tengo de aquellos que vivirán dentro de cincuenta o cien años. ¡Cómo será la vida! No puedo imaginarlo. ¡Qué delicia, sobre todo después de haber pasado calamidades y estreches, carencias, reveses y pobreza, como viví! Gracias a ello ahora puedo valorar la enorme diferencia. Tengo que morirme, lo sé, pero permitidme que diga que me gustaría vivir doscientos años, eso sí, como los vivo ahora…..

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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