El Comercio
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Categoría: relaciones familiares
DESTINADOS A QUEDAR SOLOS

He  visto llorar amargamente a mucha gente al darse cuenta de que han quedado solos, después de haber desperdiciado alguna relación de pareja que se las prometía felices. Suelen ser personas egoístas, que fundamentalmente están pendientes de si mismos y solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, o con otras palabras, solo se dan cuando el otro lo pide a gritos o lo exige. Mientras tanto están a lo suyo predominantemente. No practican la capacidad de la empatía y de darse cuenta de la necesidad de apoyo, amor que el otro también tiene. Son capaces de absorber la energía que necesitan de sus seres queridos pero no dan a veces ni la hora. Mientras los seres queridos les siguen apoyando o sus parejas, no presenta problema el panorama. Este  empieza a complicarse para ellos cuando los otros, hartos de darse en vano, optan por retirarse de la escena y se olvidan y quieren deshacer  del egoísta. Es entonces cuando caen en la cuenta de su falta de cuidado, de compromiso y de respuesta justa y se vienen abajo, lamentando la ausencia producida. Suele ser tarde ya para recomponer la situación y para recomponerse porque están desentrenados en la entrega. Al egoísta no le queda más remedio, si se quiere salvar, que caer en la  cuenta de la predominancia de sus fuerzas centrípetas, cuando aún está a tiempo de dar y darse, pero  no en un arranque aislado sino con cierta asiduidad y compromiso. Es la mejor manera  de salvarse del fuego abrasador de la soledad que les espera. El único problema que existe es que son refractarios a los avisos o señales y consejos que se les suelen dar. Están tan a lo suyo que no reciben el ruido o la luz de las señales que no les interesan. Por eso les espera la soledad, aunque a ellos les parezca que siempre van a ser los protagonistas admirados de cualquier película. Es normal, la naturaleza, que es sabia y neutral al mismo tiempo, se encargará de darles el pago merecido. Y después,  a llorar y a sentir el crujido sus dientes.

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LOS SUEGROS NO SE ELIGEN

 

Podemos elegir la que será  nuestra pareja y no siempre acertamos. Pero sus padres vienen en el paquete sin poder elegirlos. Y por ello uno se expone a que el ajuste sea adecuado o inadecuado.

Si es adecuado, resultará bonito y agradable. Será un alivio y un descanso porque no habrá fricciones o serán muy escasas. Pero si no lo es, habrá que prepararse para que haya conflictos.

En esos casos si los suegros con los que uno se encuentra son comprensivos y no coartan la libertad de su hijo/a se podrá ir soportando la relación aunque no exista buen entendimiento entre nueras-yernos y suegros. Pero si, como suele ocurrir, la madre del consorte es intervencionista, rechaza y no digamos odia al yerno-nuera el sufrimiento será una constante. Suele ser un calvario porque la tensión generada permanente actúa sobre la relación de los casados o unidos como un agente altamente erosivo hasta terminar por destruir la relación y, si no la destruye, la envenena. ¿Por qué? Porque esa suegra o suegro pondrá en contra a su hijo/a con su actual pareja, lo que crea altas tensiones entre estos y la relación de los incompatibles se convierte en tormento.

En esos casos y en aquellos en los que la pareja es quien tira hacia sus padres, que al otro le molestan, se produce asi mismo una tensión constante.

Por eso, si se quiere que la elección de pareja no termine en desastre, en esos casos, dos tareas han de hacerse. Por parte de los suegros rechazados permanecer al margen de la relación de la pareja en lo posible. Dejarles que sean ellos los que vivan al menos felizmente y no entorpecer su relación. Y por parte de yerno o nuera no meter cizaña contra los suegros rechazados. Dejar que su pareja se relacione bien con ellos aunque el consorte no participe plenamente de la relación. Debe también por amor a su pareja aguantar y aceptar con cortesía a sus parientes políticos para no tensar la relación entre consorte y sus progenitores. Todos tenemos que aguantar en esta vida porque los vientos no siempre soplan a favor, qué más quisiéramos. Ya sé que en estos tiempos no se lleva aguantar, pero viene bien sopesar antes de formalizar la relación los inconvenientes que se avecinan y hablar con claridad del tema  y cuales serán las reglas de su juego para que no explote después la situación cuando sea tarde ya.

Si los dos que se han elegido se aman de verdad, se deben superar esas tensiones. Si no se aman o se aman poco, acabarán las relaciones familiares como el rosario de la aurora, más pronto que tarde. Y eso castiga las almas familiares.

 

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SOCIALMENTE HÁBILES

Antes solían llamarse así: habilidades sociales, y me gusta mucho el nombre, pero a raíz de que el concepto de inteligencia emocional haya irrumpido en el mercado con la fuerza que lo ha hecho lo de habilidades sociales se ha sustituido por el de inteligencia emocional.

Sea lo que fuere lo cierto es que este tipo de habilidades es tan importante  para desenvolverse en los ámbitos laborales y sociales como los conocimientos técnicos y en algunos casos aún más, pues puedes saber mucho o dominar un tema, pero si no sabes relacionarte bien te quedas con tus conocimientos y no avanzas.

Si todo repercute, como diría Lao-tsé, en el mundo social todo lo que hacemos y decimos y cómo lo decimos  puede tener una repercusión extraordinaria.

Nuestro comportamiento es funcional, es decir estamos en función de aquellos con quienes tratamos y ellos en función de nosotros y por tanto hay que tener mucho tacto para evitar consecuencias a veces funestas que se vuelven contra nosotros.

Todos somos una caja de resonancia emocional y el eco que produce en nosotros o en los demás lo que se dice y hace tiene repercusiones favorables o desfavorables en función de cómo se encuentre el interlocutor, cómo nos encontremos nosotros y cómo nos expresemos.

El momento, el lugar, la situación, el contenido y las formas y tonos de voz y el método elegido deberían ajustarse al interlocutor.

Si lo que predomina es nuestro estado emocional y a partir de él actuamos sin más, podemos encontrarnos con sorpresas.

Dado que actualmente, debido al alto estrés en que vivimos, los nervios y la suspicacia están a flor de piel, la inteligencia emocional pide que cuidemos esa repercusión, si se nos antoja negativa o adversa.

Piénsese que los efectos no se derivan siempre de inmediato y por ello nos pueden explotar en pleno rostro al cabo de algún tiempo, dejándonos perplejos, pues no encontramos explicación a esa reacción del otro cuando realmente la tiene, pero que fue incubada un cierto tiempo.

La habilidad social consiste en adaptarse al  momento, a la persona, a su estado y situación y así ese ajuste producirá buenos efectos. Pero se impone un cierto autocontrol. Sobre todo recordando aquello de “palabra y piedra suelta, no tienen vuelta”.

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DE SUEGRAS Y NUERAS. OTRA VEZ.

 

Como tengas la mala suerte de haber elegido una pareja para quien su madre esperaba otra mujer, prepárate  a sufrir las consecuencias de la crítica, el rechazo, la descalificación o incluso el desprecio de tu suegra. Sobre todo si la suegra es dominante y le gustan las incursiones en el territorio de su hijo. Hay madres cuyo sentido de la propiedad es tan acentuado que consideran que sus hijos les pertenecen y tienen que decidir por ellos, aunque ya estén emancipados, casados y con hijos. Si el hijo (porque suele ser más un hijo el manejado por la madre) no se atreve a frenarla  de las intromisiones en su vida de pareja, se expone ver arruinada su vida de pareja. La constatación es que estas parejas acaban en desastre. Si la nuera se enfrenta y protesta o se rebela, se constituye en una clara y abierta enemiga y si se calla  se expone a quedar anulada, dominada, coartada en su libertad y manejada y si el hijo calla también, frente al intervencionismo de su madre, esta encontrará vía libre para seguir minando la relación hasta que muera. Todo porque a esa madre le desagrada la elección que el hijo hizo como pareja o  porque se cree con derecho a seguir manejando los hilos de su vástago y de la familia que ha elegido. Mi experiencia es que suele ser el varón quien no se atreve  a plantar cara  a la madre y hacer que esta respete su elección, su territorio y sus acciones familiares. Esas suegras dominadoras son una amenaza de efectos siempre devastadores. Por tanto como es difícil que ellas se presten a cambiar por si mismas, en parte porque no tienen conciencia de los efectos adversos que tiene su actuación y en parte porque, aunque la tengan, no la quieren cambiar, quien tiene que intervenir para frenar ese intervencionismo sería preferiblemente el hijo para reducir las tensiones entre suegros y nuera, pero si este no interviene, debe hacerlo la nuera para poner las cosas en su sitio. De no hacerlo el matrimonio o la pareja acaban en divorcio y hasta entonces en guerra permanente y constante conflicto.  Los hijos tienen legítimo derecho a equivocarse y a su propia fiesta parda frente a la dependencia que esas madres quieren propiciar, a veces, que todo hay que decirlo, porque están aburridas y eso les entretiene. Digamos en justicia que esas madres no tienen el total de la culpa. El hijo es responsable también de alimentar la dependencia de esas madres. Hablo de parejas heterosexuales pero me imagino que en las homosexuales no será del todo diferente. Y ya me pongo el casco para protegerme de las pedradas que me lleguen, aunque estoy dispuesto a matizar si me interpelan.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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