ADICCIÓN Y CARCELES

 

 

 

 

 

 

          Todos los días en los Estados Unidos, se ponen en libertad más de 31.000 criminales recalcitrantes que han cometido delitos menores y son devueltos de nuevo a sus comunidades. En menos de un año casi el 80% de estos hombres y mujeres habrán cometido diez o veinte crímenes más antes que se les detenga de nuevo y sean devueltos a las cárceles. Las cifras hablan por si solas.  Este elevado porcentaje de reincidencia es una burla a los actuales métodos de orientación y rehabilitación, lo que demuestra que en cuanto a las intenciones y propósitos, en realidad no existe la rehabilitación de los presos. Un informe publicado por el Consejo Nacional Sobre El Crimen y La Delincuencia en los Estados Unidos esta de acuerdo en afirmar que “Hay pocas pruebas de que los programas institucionales o los esfuerzos no institucionales por rehabilitar delincuentes representan alguna diferencia apreciable.”

          La conexión entre el abuso de drogas y el crimen es bien conocida,  se pueden mencionar a grandes rasgos 3 tipos de delitos que relacionan directamente al fármaco-dependiente:

                    

                     1ro. El de la posesión ó venta de drogas (Jíbaros).

                     2do. Los directamente relacionados con el consumo.

                             (Ej: El robo de dinero para consumir)

                     3ro.  Los relacionados con el estilo de vida, que predispone al                             

                             fármaco-dependiente a realizar alguna actividad ilegal.

                             (Ej: La asociación con otros delincuentes ó con mercados ilícitos.)

 

          En el 2003, casi 6.9 millones de personas se vieron involucradas en el sistema penal estadounidense,  incluyendo 4.8 millones que estaban bajo supervisión por suspensión del pedimento a prueba (“Probation”), o por libertad condicional (“Parole”); en su encuesta de 1997,  La oficina de Estadísticas de Justicia (BJS, siglas en ingles), encontró que el 70% de los prisioneros estadales  y el 65% de los prisioneros federales eran asiduos consumidores de drogas (fármaco-dependientes), antes de entrar a prisión, otro estudio; (Karberg & James, 2005), demostró que el 67% de la población carcelaria femenina y el 58% de la población carcelaria masculina, cumplía con los criterios de dependencia de alcohol y drogas. A nivel juvenil las cifras según estudios no son menos alentadoras, en el 2000, en el  momento de ser arrestados el  52% de los varones y el 46% de las niñas resultaron positivas en las pruebas para detectar uso de drogas (Toxicológicos), esto según  el Instituto Nacional de Justicia (USA).

          Si giramos la brújula y nos vamos a Europa, nos encontramos, que en España, en un estudio reciente (a principios del 2006), donde estuvo involucrado la UNAD (unión de asociaciones y entidades de atención al drogodependiente), el cual titulan “La Situación De Las Personas Con Problemas De Drogodependencia En Prisión”, dadas las entrevistas a los internos, especialistas y funcionarios de prisión, allí no solo se concluyo que de los 60.000 reclusos, entre  70% y el 80% eran fármaco-dependientes,  sino que determinaron que no se estaban haciendo uso suficiente de las alternativas a prisión de tipo terapéuticos existente en la legislación Española específicamente en el articulo 25.2 de la Constitución Española; este estudio estuvo patrocinado por el “Plan nacional Sobre Drogas y La Dirección de Instituciones penitenciarias”, entre sus principales conclusiones nos tropezamos con que “La cárcel no solo se convierte en un destino para muchas personas drogodependientes, sino en una gran barrera para superar su adicción”, no es posible trabajar con los fármaco-dependientes en prisión ni mucho menos obtener resultados, cuando no se tienen ni los recursos, ni los instrumentos necesarios, sean materiales, sociales ó jurídicos, concluye la UNAD. Vale la pena mencionar que según estudios recientes en Estados Unidos, por cada dólar que se invierte en programas para tratar al fármaco-dependiente, hay una reducción de costos de entre 4 y 7 dólares, por delitos relacionados con las drogas.

          Reflexionando un poco sobre estos datos,  podemos afirmar que en Venezuela donde existe un atraso de “décadas” en la cuestión carcelaria, que podríamos describir en hacinamientos, cárceles exageradamente súper pobladas, retardos procesales, mala alimentación, penales llenos de ocio,  la corrupción en las instituciones y personas encargadas del resguardo y protección en las cárceles, la inexistencia de políticas de atención al fármaco-dependiente dentro del sistema penal venezolano, etc, para hablar con un poco más de precisión revisamos un estudio realizado por la facultad de Medicina de la U.C.V,(Universidad Central de Venezuela), el cual titularon “DETECCIÓN DE DROGAS DE ABUSO EN CENTROS PENITENCIARIOS VENEZOLANOS” , que se dio a conocer en julio del 2003 a través de la revista de dicha facultad; la investigación estuvo centrada en 3 penales venezolanos, En el Centro Penitenciario de Occidente, en el estado Lara; la Penitenciaria General de Venezuela, en el estado Guarico y el Internado Judicial de Monagas, en el Estado Monagas, quedando representada así la zona occidental, central y oriental del país; Allí se tomaron muestras de orina, y se hicieron entrevistas a un numero determinado de internos, donde quedo demostrado científicamente que más del 50% de las muestras dio positivo a la búsqueda de Marihuana y Cocaína, no es de extrañarnos pues, entre las conclusiones de dicho estudio coordinado por los profesores Díaz tremaria y A. Posada, leemos  “La estancia en las cárceles no cambia el patrón de consumo y en muchos casos, es factor de inicio en el consumo”, es importante acotar que casi todos los sujetos entrevistado negaron el consumo, (característica de la enfermedad).

          La situación de “alarma” en nuestro país se podría multiplicar con respecto a la situación que hemos observado en los sistemas estadounidenses y españoles. Es necesario y con carácter de urgencia desarrollar planes a nivel institucional y no institucional para atender la problemática del fármaco-dependiente dentro del sistema judicial-penal venezolano, también es vital legislar en la materia para adecuar las leyes de manera que facilite y comprometa  a las instituciones competentes, estamos convencidos de que con una política acertada que permita ofrecerle al recluso, la oportunidad de que identifique la enfermedad que padece, que con la aplicación de un programa de recuperación y la sola voluntad, de él,  sobre la aplicación del programa puede ser suficiente para vivir una vida totalmente diferente, que le facilite el difícil tránsito hacia la reinserción social, así podríamos  empezar a dar pasos hacia la disminución de los delitos, dentro y fuera de las cárceles venezolanas. No hay que hacer estudios muy profundos para determinar que si a un adicto se le brinda la ayuda desde que esta recluido en prisión, él la acepta, y empieza un proceso recuperación, al llegar el momento, de que el sistema lo devuelva  de nuevo a la sociedad, éste tendrá una nueva  concepción de enfrentar la vida y las maneras de resolver los problemas “normales” de subsistencia de cualquier persona dentro de una sociedad, es decir se “disminuye la posibilidad de que sea a través del delito que se gane la vida”.  

          Adentrándonos un poco más en la realidad del adicto en prisión, nos podemos encontrar con que cuando se cierra una reja para individuo por primera vez, privándolo de su libertad, comienzan una serie de vivencias que marcan un hito, en el que hay un antes y después en su vida. Es un mundo nuevo, con sus normas, códigos, lenguaje y estructuras de poder, que exige un esfuerzo de adaptación muy grande en un momento en donde reina la confusión. Se sabe que detrás de las rejas existe una ley implacable, que podríamos determinar como la primitiva “LEY DEL TALION”; las jerarquías entre los reclusos se impone por el tipo de delito, siendo los que entran por robo a mano armada los que marcan la pauta, también tienen mucho poder los que manejan el trafico de drogas, y tienen capacidad económica para comprar lo que se le antoje, sobre todo en las prisiones venezolanas, donde se pueden encontrar prisioneros con cualquier variedad de armas, celulares, televisores, etc; si el “nuevo” no es conocido y no se dan referencias de él, se le hacen pruebas, tales como quitarle sus pertenencias a ver que grado de resistencia opone, los débiles son tratados con desprecio, los que tiene un nivel cultural y sobre todo social mas elevado, en muchos casos, las familias tienen que cubrir las necesidades de varios internos del pabellón (los que dominan), para obtener protección, indudablemente la situación de encarcelamiento devuelve al hombre ó la mujer una situación primaria de dependencia absoluta. Para la mente enferma de un adicto puede ser el hallazgo de una situación temida y deseado a la vez, momentos de fuertes vivencias de indefensión que se entrelazan con las de alta peligrosidad.

          Planteamos atacar el problema del adicto en prisión con el modelo “Bio-Psico-Socio-Espiritual”, abordarlo integralmente desde todo los flancos, para ir abonando el terreno para  su regreso a la sociedad, pensamos enfocar la acción en aquellos penados que relativamente estén por salir, les falten meses o incluso hasta un año; pero sin pecar de ser excluyentes, brindándole la ayuda a todo el que la solicite, y se identifique con nuestros planteamientos. Se debe estructurar un programa adaptado a la realidad del preso, donde pueden encajar perfectamente, charlas,  reuniones de Narcóticos Anónimos, consultas psiquiátricas y psicológicas,  el programa ambulatorio de la Fundación José Félix Ribas y de Hogares Crea con las modificaciones que haya que realizar; el trabajo con la familia no debe pasar desapercibido siendo esta, un punto de apoyo importante en el proceso de recuperación de un adicto. En resumidas cuentas creemos que se puede “fabricar” una especie de “holding” terapéutico dirigido especialmente al adicto recluido en prisión. De acuerdo sea el caso y previo estudio legal, se puede plantear la posibilidad de que el individuo termine de saldar su deuda con la sociedad en una comunidad terapéutica. En pocas palabras, hay mucho que hacer en pro de la salud del adicto e indirectamente por el bienestar de la sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ADICCIÓN: EGOCENTRISMO & ESPIRITUALIDAD

ADICCIÓN:
EGOCENTRISMO & ESPIRITUALIDAD

La adicción es una enfermedad crónica, con un sin fin de características que en su conjunto desarman la personalidad del individuo, podríamos decir que es una de las patologías más complejas que puede llegar a comprometer seriamente el desenvolvimiento de una persona dentro de su entorno social, léase, familia, trabajo, sociedad en general. “Al observar con lupa” la personalidad de un adicto, nos encontramos con uno de los rasgos que acentúan más el comportamiento degenerativo del individuo, y no es otro que la parte espiritual, durante el tiempo de adicción “activa” el individuo va desarrollando un deterioro de su espiritualidad a consecuencia de un elevado egocentrismo. El adicto comienza a creer que el mundo gira a su alrededor , son sus deseos y demandas los únicos dignos de consideración, la mente egocéntrica de un adicto cree que es capaz de conseguir todo lo que quiere si la dejan actuar a su antojo, ese engaño de autosuficiencia total solo puede florecer a gran escala en la mente enfermiza de un adicto, una estructura de pensamiento de este tipo no puede concebir nada más grande ni más importante que ella misma, son victimas de un agobiante engreimiento, la única razón que motiva a una mente con esta patología a tratar con los demás es el egoísmo, si, de querer lo que se quiere en el momento que se quiere, y nada más; es una obsesión con él mismo que esta arraigada en el mismísimo terreno de su vida. Cuando un adicto decide parar su consumo, y empezar un proceso de recuperación se va a encontrar con un “espejo” que le hará ver de que el mundo no gira a su alrededor, muchos están convencidos de que sus sentimientos, deseos y necesidades son de suma importancia para todo el mundo, es de entender, son años creyendo que es la única forma de vivir; mientras el adicto insista en ser el centro del universo, mas se llenara de insatisfacciones.
Es urgente revertir esta concepción de vida, como ya mencionamos hace falta mucho más que simplemente le mera abstinencia, es vital abocarse a desarrollar y practicar principios espirituales, es lo único que podrá con la mente egocéntrica; en primer lugar permitirse creer en que algo superior a él mismo puede guiar su vida, es simple solamente se plantea es que en el individuo se de, el génesis de la “fe”, que el crea en algo superior, en un dios, tal cual como lo conciba. Seguidamente la práctica continúa de principios espirituales, y los resumimos en tres, honestidad, buena voluntad y receptividad; con la determinación de caminar agarrado de la mano de estos principios no quedara espacio en la mente para pensamientos egocéntricos. Estamos en la puerta de una solución que liberará al individuo de ese bloqueo que no le permite ver la existencia del prójimo. Cuando se comienza a percibir que se puede servir a los demás y no solo a él mismo, que en vez de pensar lo que se puede sacar de una situación, se empieza a pensar en el bienestar de los demás, cuando se enfrenta una situación que implique una decisión moral, y se aprende a parar, recordar principios y actuar adecuadamente, se están cambiando patrones de pensamientos poniendo en práctica la buena voluntad que mencionamos anteriormente, “haciendo lo correcto por el motivo correcto”. Es un trabajo difícil, continuo, implica cambios de pensamientos, esto es sencillamente poner en acción la intención de recuperarse.

ALGO SOBRE LA RECAIDA

ALGO SOBRE LA RECAIDA

 

 

 

Como se menciona anteriormente, muchos individuos después de pasar largos periodos de tiempo en comunidades terapéuticas ó sometidos a cualquier programa para tratar la fármaco-dependencia, se olvidan de estos, no quieren saber más nada sobre programa alguno, otros disfrazan la actitud con querer recuperar el tiempo perdido en la adicción activa, sin embargo sabemos que se están volviendo a manipular; la enfermedad no tiene descanso, ella macabramente esta atenta a cualquier descuido del individuo, para reaparecer, pero eso sí mas fortalecida que antes. Haber conseguido trabajo de nuevo, ser “acepados” por la sociedad, estar de nuevo unidos con la familia, no significa que la vida de un adicto puede ser controlada por este con éxito; aceptabilidad social no es sinónimo de estar completamente recuperados, mientras el adicto no acepte que la enfermedad va a estar dentro de el para toda la vida, y que siempre debe estar alerta, mientras no cambie completamente su vieja forma de pensar, mientras no desarrolle y fortalezca su espiritualidad,  se estarán sentando las bases para una recaída. Muchas personas creen que recuperarse consiste en lograr una abstinencia, “pues no, eso solo es la punta del iceberg“, la recaída no debe ser considerada como un signo de fracaso total y los largos periodos de abstinencia como un éxito completo, creemos que esta concepción es demasiado superficial. Cuando un individuo lleva un tiempo abstinente, participando activamente en un proceso, una recaída puede ser la experiencia desagradable, que demuestre que algo en su proceso no anda bien, nada los obliga a recaer, nunca es un accidente, debe originar una observación detallada de su interno; todos los adictos son básicamente iguales, pero se diferencian en el grado de enfermedad y el ritmo de recuperación; durante la adicción activa la mayoría de los adictos viven en otro mundo, viven una constante dualidad,  perciben su realidad y su conciencia personal por gotas, le llegan “chispazos” de quienes son, podríamos citar a stevenson cuando nos habla del Dr. Jekyll y Mr. Hyde; de igual manera sucede durante la abstinencia y el proceso de recuperación; la vida puede volverse monótona y sin sentido, aburrida, viven rodeados de viejos fantasmas, es posible que el adicto se canse de repetir nuevas ideas, de las nuevas actividades aún sabiendo que si las abandona volverá a los viejos hábitos que lo llevaron al fracaso en diferentes aspectos de su vida; Generalmente estas épocas son las de mayor crecimiento para el individuo, la mente y el cuerpo parece que van a ceder, pero es posible que las fuerzas dinámicas del cambio ó de una autentica transformación estén actuando profundamente en el individuo para generar las respuestas que cambien las motivaciones internas y transformen integralmente la conducta y la vida de un adicto.

El objetivo sin duda alguna es la recuperación no la mera abstinencia física, requiere esfuerzo, hora tras hora, día tras día, no hay forma de sembrar nuevas ideas en mentes cerradas, se deben abrir de algún modo; es importante que el adicto reconozca a 2 enemigos que lo acechan, la apatía y la postergación, la resistencia al cambio mencionada anteriormente es un muro prácticamente indestructible, se necesita un ataque gigantesco, para derrumbarlo, y así originar una modificación de la conducta teniendo la oportunidad de ver la vida de otra forma, una recaída puede socavar las bases de ese muro y su posterior demolición.

Para muchos terapeutas y familiares, las recaídas de los individuos en recuperación les generan frustraciones, pero para los adictos es una realidad, puede suceder y sucede; la experiencia demuestra que aquellos que no trabajan intensamente su proceso pueden recaer.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ADICCIÓN, UN ENFOQUE INTEGRAL

ADICCIÓN, UN ENFOQUE INTEGRAL

 

 

 

        Probablemente existen tantas definiciones de adicción o fármaco dependencia basadas en la investigación al igual que en la experiencia personal, como formas de pensar. No es de extrañar, pues, que haya muchas áreas de honesto desacuerdo en las definiciones que se ven a diario. Algunas basadas en observaciones y hechos conocidos,  parecen corresponder mejor a algunos grupos que a otros. Es vital para el individuo ponerse de acuerdo y buscar coincidencias, nosotros creemos que es  una enfermedad que con lleva a un  comportamiento desviado de la conducta humana, refleja un bloqueo en el desarrollo social, educacional, económico y familiar, por lo que compromete a la persona en su totalidad.

          Nos hemos nutrido de la experiencias en primer lugar  de individuos en proceso de recuperación,  también de la experiencia del Complejo científico terapéutico internacional para el tratamiento del alcoholismo y las fármaco dependencias ubicado en la provincia de Holguín en Cuba, así mismo de Hogares Crea con  mas de 10 comunidades terapéuticas en Venezuela y presencia en Colombia y Puerto Rico, de la Fundación José Félix Ribas organismo adscrito al ministerio de salud de  la Republica Bolivariana de Venezuela, de la confraternidad de Narcóticos Anónimos que data del año 1953 con presencia en los 5 continentes en mas de 100 países, de los planteamientos propuestos por la OPS y la OMS a la comunidad internacional en las publicaciones: Temas de salud mental en la comunidad de la OPS, Respuestas a la droga y alcohol en la comunidad de la OMS; y salud mental base, publicación auspiciada por la OPS, PNUD, UNOPS Y PRODERE.

       

            “Puede que hayas notado que la sociedad va rápidamente del mal en peor, La inflación, la escasez de crudos, e incluso la guerra proyectan oscuras sombras sobre el mundo. Y los más serio de todo es que la droga, tanto las medicas como las callejeras, han inhabilitado a una gran parte de aquellos que podrían haber resuelto esto, incluyendo a los políticos, e incluso, han paralizado a la generación venidera.

L. Ronald Hubbard.

 

 

 

 

 

 

           Nuestra identificación de Fármaco dependiente incluye al individuo en el cual su vida es controlada por cualquier sustancia que altera la mente y cambia el estado de ánimo. Esta es una enfermedad crónica y progresiva, la vida del individuo gira de una u otra forma en torno a las drogas, como obtenerlas, como conseguirlas y el modo de conseguir mas, viven para consumirlas y las consumen para vivir, es una enfermedad que los arrastra invariablemente a los mismos lugares: Cárceles, Hospitales y hasta la Muerte. El individuo no elige ser adicto, solo padece esta enfermedad con manifestaciones antisociales que dificultan su detección, diagnostico y tratamiento; el adicto es egoísta, ego centrista, rencoroso,  hostil, manipulador, mentiroso y se aísla con frecuencia del mundo exterior. El adicto es incapaz de tratar con la vida tal cual es, debido a su incapacidad para aceptar responsabilidades, se crea sus propios problemas, las funciones mentales y emocionales mas elevadas, como la conciencia y la capacidad de amar, están seriamente afectadas por el consumo de drogas, el arte de vivir en muchos casos se reduce a un nivel animal. Hemos observado a individuos que pasan años tratando de ponerse de acuerdo con su enfermedad, sustituyen una drogas por otras, cambian de residencia, se casan, se divorcian, etc; el adicto desarrolla un modo de ver las cosas que siempre le permite seguir consumiendo sin preocuparse de su propio bienestar y mucho menos el de los demás; pero la experiencia demuestra que es imposible consumir con éxito, por ser una enfermedad progresiva y degenerativa tarde o temprano el individuo es derrotado por las drogas. En general podemos decir que la enfermedad afecta al individuo de 3 formas: mentalmente , le crea una obsesión con la idea de consumir; físicamente, desarrolla una compulsión que lo hace seguir consumiendo, independientemente de las consecuencias; espiritualmente, en el transcurso de la enfermedad se vuelve totalmente ego céntrico, hundiendo al individuo en un profundo vació espiritual, uno de los aspectos mas resaltantes de esta enfermedad es la capacidad de negación que desarrolla el individuo, a pesar de tener una vida destrozada, de anteponer el consumo al bienestar de la familia, parejas o hijos, es común escuchar a un adicto decir: “puedo controlarlo ó todo esta bien” …….

 

 

 

ENFERMEDAD QUE TIENE  CURA

 

 

 

         . La recuperación de una persona fármaco dependiente es siempre responsabilidad del individuo, de la familia y de la sociedad. Es importante aceptar al fármaco dependiente como un enfermo, lo fundamental en un proceso de recuperación es que no exista una división sano-enfermo, sino una relación entre el que recibe la ayuda y el que la brinda, con una integración permanente.  Indudablemente la adicción es una enfermedad con manifestaciones diversas, genera trastornos en la conducta del individuo y fractura la personalidad de una manera tan variada, que podríamos decir que cada adicto puede presentar una patología a nivel psicológico distinta. Esta enfermedad tan perjudicial para el individuo, la familia y la sociedad no tiene cura conocida; si aunque suene drástico no le conocemos un antídoto, aunque hay muchísimas instituciones y programas a nivel mundial que tratan con la problemática; cada día aumentan en numero las personas en todo el mundo que son “infectados” por esta creación diabólica que es la droga; inclusive es alarmante que según los estudios realizados, en los últimos 10 años, ha bajado la edad de inicio en el consumo de drogas, de 14 años, ahora nuestros niños se están iniciando en el macabro mundo de la adicción  a lo 11 años aproximadamente.

         Nosotros estamos convencidos de que a pesar de no tener cura esta enfermedad, se puede lograr que el individuo pare el consumo y pueda empezar un proceso de recuperación, deteniendo la enfermedad. Entendemos que no hay estudio, escrito u oral, de algo tan personal e individual como la recuperación que pueda complacer a todos completamente.       

         Actualmente existen una gran variedad de programas  para tratar al fármaco dependiente, tratamientos en comunidades terapéuticas donde se interna al individuo y se somete a la abstinencia aislado de su medio de consumo natural, en un régimen controlado por actividades dirigidas por profesionales en el área, allí pueden pasar meses e incluso años, dependiendo de la evolución del paciente; también podemos encontrar tratamientos donde el individuo pasa parte del día en la comunidad terapéutica

Y la otra parte en su medio natural ó pernoctan en la comunidad y pasan el día en la cotidianidad; de igual manera existen programas completamente ambulatorios, donde la persona asiste a reuniones diarias o periódicas para tratar la problemática. Pero si revisamos estadísticamente hablando la cantidad de adictos “curados” ó la cantidad de adictos que han vuelto a consumir después de someterse a un programa ó tratamiento, nos encontraríamos con un numero realmente alarmante, si profundizamos un poco mas coincidiríamos en que la mayoría de las recaídas se debe a que la persona al culminar el proceso de tratamiento se separa completamente de todo lo que tenga que ver con un programa de recuperación de adictos, es decir prácticamente se olvida de que alguna vez consumió drogas. Lo que se plantea es  abordar la problemática como “una enfermedad que no tiene cura”, pero que se puede detener al lograr una abstinencia y empezar el proceso de recuperación, siempre y cuando el individuo voluntariamente y honestamente acepte que tiene una enfermedad llamada adicción; que la recuperación no tiene tiempo definido, es un proceso para toda la vida; creemos en lo valioso de un adicto que ayuda  a otro, quien mas para conocer y entender el drama que vive un fármaco dependiente que alguien que lo ha vivido en carne propia;  abordar el problema desde un modelo “bio-psico-socio-espiritual”, donde entran a jugar un papel muy importante los psicólogos, los psiquiatras, neurólogos, el trabajador social, en fin un conjunto de profesionales en el área que atiendan integralmente este modelo; creemos que el individuo debe estar en contacto permanente con los problemas “normales” de las vida, es decir no creemos en aislamientos donde la persona pierde contacto con la realidad de su vida; hacerle entender al individuo que no es parte del problema sino de la solución, al adicto no es responsable de su enfermedad, pero si puede tener la responsabilidad de recuperarse; no podemos olvidarnos de la parte espiritual, el cual por la naturaleza de esta enfermedad y el elevado ego centrismo que desarrolla el adicto, aparta todo lo que tenga que ver con creencia alguna, no pretendemos crear un programa religioso pero si espiritual, donde el individuo desarrolle principios como tales como la honestidad, la buena voluntad, la receptividad, respetando lo que pueda llegar a creer el individuo, “lo que sea que este allí”, pero hacerle ver que es vital creer en algo superior a el mismo, no se habla de otra cosa sino de desarrollar la “fe”;  Sabemos que no puede haber rigidez en un programa de recuperación de adictos, debido a lo complejo de esta enfermedad y lo diverso de sus manifestaciones, a esto se le debe tratar de manera individual, en un marco de actividades grupales facilitando el intercambio de experiencias, ejercitando la retro-alimentación, “el pasado de un adicto no tiene que convertirse en el futuro de otro”.

          Alvin Toffler en su libro El shok del futuro, nos habla de la resistencia al cambio que experimenta el individuo, y nos lo expone como algo innato; esa seria una explicación a porque la mayoría de los adictos se resisten a un proceso de recuperación, al encontrarse con algo que interfiere con su consumo;  es infinita la capacidad de manipular que posee el adicto, podemos ver a un individuo que inicia un proceso de recuperación, convencido de que todavía puede seguir consumiendo sin sufrir las consecuencias; la adicción y el síndrome de abstinencia distorsionan el pensamiento racional, el individuo tiende a buscar diferencias que lo separen del proceso de recuperación en vez de procurar identificarse con el mismo, niegan la evidencia de la enfermedad y se descalifican para recuperarse. Estamos convencidos de que lo único que puede abrir la posibilidad de recuperación de un adicto, es que reconozca “HONESTAMENTE” que padece una enfermedad y que su vida la dominan las drogas; a partir  de ese momento puede empezar el proceso que detenga la enfermedad, a través de una abstinencia completa de todo tipo de drogas; podemos afirmar que una de las herramientas mas poderosas de un adicto en proceso de recuperación es una honestidad rigurosa, practicarla para alguien con esta patología es sumamente difícil, pero es la única manera de minimizar el pensamiento enfermizo de un adicto, se conoce de individuos que aún manteniendo un largo periodo de abstinencia, se les dificulta engranar dentro de la sociedad, viven en un constante “choque” con su entorno, y no hay otra explicación que su falta de honradez y una actitud engañosa con ellos mismos; se plantea un enfoque donde el individuo cuanto antes se enfrente a los problemas de su vida cotidiana, así de rápido pasara a ser una persona productiva, en cualquier otro programa a la larga tendrá que valerse por si mismo y afrontar la vida tal cual, así que ¿por qué no desde el principio?; la recuperación de un adicto no se produce de un día para otro, es un proceso largo, prácticamente hablamos de que es para toda la vida; el adicto poco a poco se va conociendo, sus defectos y sus virtudes, va aprendiendo a aceptarse, y progresivamente aceptara a su entorno, hasta aceptar al mundo tal cual es, así el adicto empezara a funcionar como un ser humano útil.

 

‘La adicción es como un tigre, que cuando no lo alimentas duerme, pero sigue creciendo, dormido pero creciendo, y la primera dosis lo despierta, y su fiereza es mayor que cuando se durmió aquella vez, y su fuerza arrasa tu vida. Sé que debo mantenerlo dormido y también sé que siempre estará dentro de mí. Si lo despierto con cualquier sustancia, se apodera de mí y se consume. Ya no puedo domarlo’.

 

Jorge Brown, muerto de sobredosis a los 33 años, pidió a su familia que, cuando él no estuviera, hiciera algo con sus escritos. El resultado es ‘El silencio hecho palabra’, un estremecedor testimonio sobre su vida y su imparable autodestrucción que ve la luz con la esperanza de servir de ayuda a otras personas