El Comercio
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«Sostenella».
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Jose Manuel Balbuena | 17-02-2018 | 06:47| 0

31895628-624x415Tal parece que el Ayuntamiento no aprende de sus errores. Me refiero, claro, a la renta social municipal y sus consecuencias. En comparecencia pública, la concejala de Bienestar Social, Eva Illán, volvió a mostrarse encantada con su evolución desde que se puso en marcha. Es más, la tildó de éxito porque ha sido la convocatoria de todas las ayudas que mayor demanda generó. Lógico, si se piensa que ha sido vendida a bombo y platillo como el maná. La prestación universal por antonomasia que va a permitir vivir sin el castigo divino de tener que trabajar. Recuerden que esta presencia de la edil ante los medios de comunicación, vino motivada por los sucesivos escándalos que se han ido conociendo. Un individuo compró electrodomésticos con la «tarjeta white» y luego se dedicó a revenderlos sin desembalar. Hecho, obviamente, no representativo de la mayoría de usuarios, pero que ha causado gran revuelo. Lo mismo que cuando se supo de las prácticas fraudulentas de tres comercios al prestarse a chanchullos. Pues bien, Illán volvió a repetir el mismo mantra que nos ha llevado hasta aquí: el Ayuntamiento quiere garantizar un «mínimo vital digno», aunque ahora su importe se reduzca a la mitad (3,2 millones de euros) luego se le van a incorporar remanentes de tesorería, y se va a buscar el consenso en sus bases para la nueva convocatoria. Vamos por partes. ¿De dónde sale ese nocivo discurso de que aquí tenemos que garantizar los ingresos de nadie? Si no lo hace la administración autonómica (véase los problemas del Principado para mantener el salario social por su crecimiento exponencial), ni tampoco el Estado, ¿cómo lo va a hacer este Consistorio mucho más limitado en sus recursos? Si se destina la mitad de la dotación anterior para su cobertura, pero luego en la práctica se le añade lo que sobre de otras partidas, ¿no estaremos en lo mismo? Es decir, no volveremos a encontrarnos al límite de la regla de gasto otra vez. Por cierto, la concejala de Hacienda, Ana Braña, volvió a admitir en el Pleno que la razón de este incumplimiento hay que buscarla en su creación. Y por lo último, lo del consenso entre los distintos grupos. Xixón Sí Puede (XSP), principal valedor de esta prestación básica, ya ha dicho literalmente que habrá que «pintar el dinero si no lo hay». Esto es, se niega a admitir que le rebajen ni un euro a su criatura. Digo más, ha bloqueado la modificación presupuestaria -junto con PSOE e IU- con el fin de ver cómo va a quedar en el futuro, una vez le sea aplicada la regla de gasto. Entonces, pregunto, ¿de qué hablamos? ¿De que un posible acuerdo pasa por subir siempre su importe como si fuese un suflé? Se equivoca el equipo de gobierno al mantener a la renta social como eje de toda su política. A eso se le llama «sostenella y no enmedalla».

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En el limbo.
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Jose Manuel Balbuena | 15-02-2018 | 05:33| 0

torrent-kxod-u50969017219pd-624x385rcAsí está la situación política en Cataluña: parada como un reloj que no funciona. Yo diría que casi muerta. Completamente bloqueada por los independentistas y sus guerras internas. La última -en un empecinamiento increíble por nombrar presidente al prófugo Carles Puigdemont– ha enfrentado de forma contundente a Junts per Catalunya (JxCat) y Esquerra Republicana (ERC). El presidente del Parlament, Roger Torrent, se ha negado a tramitar una reforma de la Ley de Presidencia de la Generalitat. O lo que es igual: cambiar la normativa legal para que Puigdemont sea investido a distancia. Una treta que Roger, claro, no quiso realizar por una sencilla razón: inmediatamente sería tumbada por el Tribunal Constitucional, por no hablar de las consecuencias judiciales que traería. Recuerden que el propio Constitucional advirtió a los miembros de la Mesa de la Cámara de sus responsabilidades personales a la hora de realizar actos ilegales. Además, lógicamente, de que agravaría la situación de los encarcelados. Porque, no lo olviden, en esta batalla continua del independentismo contra el Estado quien pone los presos es ERC, mientras que otros buscan chalé de lujo por Bruselas. Sin embargo, Torrent tampoco quiso dar su brazo a torcer. Es decir, sigue manteniendo al de Girona como su único candidato posible. De hecho, de forma paralela anunciaba que llevará al Tribunal Europeo de Derechos Humanos la impugnación de la investidura de Puigdemont. Acción que podríamos calificar de meramente testimonial, ya que, a la vista está, es prácticamente imposible que le den la razón. Nadie dentro de la Unión Europea apoya a los soberanistas y mucho menos la Justicia. En cualquier caso, tampoco es que este postureo vaya a servir para mucho: JxCat ha dicho que rompe relaciones con ERC, echándole en cara que quiere poner en marcha su plan. Esto es, tener doble presidencia: una simbólica en Bruselas y otra efectiva en la Generalitat. Y así seguimos, oigan. Dando vueltas porque los plazos no corren. Desde que el presidente del Parlament suspendiese la sesión de investidura el pasado 30 de enero, el tiempo ha quedado congelado. Para los letrados no se ha puesto en marcha el reloj electoral y esto va para largo. Rajoy tiene ganas de quitarse la aplicación del artículo 155 de encima y los independentistas de marear la perdiz. Felices de permanecer en este limbo y no tener que gobernar, que eso sí que trae problemas. Todo lo contrario que mantener este enredo permanente que parece no acabar nunca, mientras la economía sigue cayendo en picado. Las empresas continúan marchándose, el paro subiendo y las consecuencias del «procés» ya parecen irrecuperables. Según un estudio del BBVA Research, Cataluña crecerá siete décimas menos de lo previsto en 2018. Suma y sigue.

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Pregunte usted mañana.
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Jose Manuel Balbuena | 13-02-2018 | 06:36| 0

31683070-624x415Tiene toda la pinta de que va a tener lugar un bloqueo en toda regla. El Ayuntamiento quiere sacar adelante una modificación presupuestaria por importe de 16,5 millones de euros para contrarrestar los efectos de la prórroga. Esto es, financiar inversiones para que no se paralicen o queden a medias. No es la primera vez que esto sucede. Más bien, representa el instrumento habitual que se ha utilizado durante esta legislatura, ante la falta de aprobación de los presupuestos municipales. Sin embargo, hay algo ahora que cambia sustancialmente: el incumplimiento de la regla de gasto, lo que obliga al equipo de gobierno a elaborar un plan económico-financiero con objeto de llevar a cabo ajustes. La oposición dice que sin conocerlo -o al menos, sus líneas básicas- no piensa dar su beneplácito a la modificación. Quieren saber, a fin de cuentas, dónde se va recortar y en qué cuantía. De hecho, en la Comisión de Hacienda previa al Pleno, votaron en su contra PSOE e IU, mientras que Xixón Sí Puede, PP y Ciudadanos se abstuvieron. En resumen, no va a ser tan fácil como en otras ocasiones tirar para adelante y salir del charco. El discurso de un Consistorio parado parece que ya no hace tanta mella entre los ediles. La oposición ha adquirido una cierta insensibilidad al ver lo que se nos viene encima: una reducción de gastos -sobre todo sociales, claro, donde más se le fue la mano al Ayuntamiento- con objeto de cumplir la norma legal. Están, por así decirlo, mosqueados y casi les da igual las consecuencias de aplazar la decisión hasta abril o mayo cuando el Ayuntamiento tenga que presentar el plan. La concejala de Hacienda, Ana Braña, hacía una valoración de lo que puede suceder si la susodicha modificación en forma de crédito bancario no se aprueba ahora. Desde aplazar el proyecto de escuela infantil de Contrueces, pasando por la pasarela de Nuevo Roces o la cubierta de la pista del colegio Honesto Batalón. Además, obras como la rehabilitación del edificio de Tabacalera se quedarían sin fondos y tendrían que detenerse. En definitiva, un auténtico desastre. Un panorama desolador donde nuestra política fragmentada y guerrillera dejaría a la ciudad en modo «stand by». Con mucha gente esperando por el dinero municipal –como las comunidades de vecinos por las ayudas a fachadas, o las asociaciones que sobreviven gracias a las subvenciones- y sin más respuesta que el «pregunte usted mañana». Un Gijón que puede permanecer así, no sólo este año, sino también el que viene porque es electoral. Sin mayores perspectivas de futuro que no sea llegar a los comicios de mayo de 2019, aunque sea arrastrándose. Créanme cuando les digo que esto se nos va a hacer largo. Muy largo, diría yo.

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El bálsamo de Fierabrás.
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Jose Manuel Balbuena | 10-02-2018 | 06:50| 0

ana-brana-moriyon-kyag-u50913781786jcd-624x385el-comercioAl igual que en el hilarante diálogo de la película Airbag, hay que tener muy claro que «el concepto es el concepto». Digo esto por lo que está sucediendo con la renta social municipal, después de que el Ayuntamiento admitiera que ha incumplido la regla de gasto el año pasado. Lo que se traduce en que hay que formular un plan económico-financiero de cara a este ejercicio y el que viene. O dicho de forma: toca apretarse el cinturón, se mire por donde se mire. Nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, admitió sin ambages que una de las razones del incumplimiento había sido la creación de esta renta básica. Polvareda general. Lío monumental porque -en apenas un año de existencia – ya se han adquirido unos compromisos muy serios. Con los beneficiarios, sin ir más lejos, porque no fue una ayuda recortada lo que se les vendió. Más bien, se la revistió como una prestación universal a la que iban a poder acogerse, siempre que no fueran a mejor fortuna. Recuerden cuando se aseguraba con orgullo que nadie en el jardín del Edén de Gijón iba a vivir con menos de 600 euros al mes. Por tanto, si se habla de un presupuesto «más limitado» -tal y como aboga Moriyón como solución ante la imposibilidad de mantener los seis millones de euros anuales con la que se había dotado- ya estamos variando el concepto por el que fue creada. Pregunto, si se va a tratar como una subvención cualquiera, ¿para qué entonces tanta parafernalia? A los comerciantes, otro de los grupos afectados por este recorte inminente, también les ha sentado como un tiro. Los usuarios de las «tarjetas white» -ya saben, ese sistema con el que se compra una determinada lista de artículos- llevan gastados 1.487.804 euros desde agosto en sus establecimientos. Recibidos, claro está, con sumo agrado y regocijo general. Es más, incluso hay quienes la defienden porque la consideran un «acicate de la economía local». Es decir, tirar del presupuesto -la vaca de la que todos quieren leche- es el mágico bálsamo de Fierabrás que va a recuperar al pequeño comercio. Curioso, ¿no? Es como si cuando uno tiene hambre, empieza por comerse su propio brazo. Al final, acabará devorándose a sí mismo. El problema de la renta social municipal es que nunca se debió crear. El Ayuntamiento ya había dado de sobra el «do de pecho» en lo que se refiere al gasto social, al asumir competencias que correspondían a otras administraciones. Sin embargo, se quiso rizar el rizo. Dar cobertura a las demandas de dos grupos (Xixón Sí Puede e IU) para conseguir su favor en la aprobación de unas cuentas para 2017, y miren cómo nos encontramos ahora. Sin presupuesto -porque este año el peaje había subido hasta incrementar la plantilla municipal con las trabajadoras de ayuda a domicilio- y sin dinero. De cine, oigan.

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Y lloverán dragones.
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Jose Manuel Balbuena | 08-02-2018 | 05:28| 0

pp-oficialidad-asturiano-kpli-624x385el-comercioDesmedida, desaforada, fuera de lugar… son algunos de los calificativos que se me ocurren ante la campaña orquestada por el PP regional en contra de la cooficialidad del asturiano. Más que nada, porque en la sociedad no existe un debate tan feroz, sino que se intenta crear de forma interesada en busca de unos cuantos votos. En esta legislatura, como es de sobra conocido, no se va a llevar a cabo ni mucho menos. El PSOE -principal aval político de la llingua ante su cambio de postura en el último congreso- ya ha dicho por activa y pasiva que no toca. Javier Fernández le dio carpetazo de forma simple y sencilla al argumentar que no estaba en su programa electoral. Además, lógicamente, de que no es partidario y nunca va a mover un dedo en este sentido. Es más, iniciativas como la propugnada por IU y Podemos en el Parlamento para comenzar los trámites esta misma legislatura, han entrado en vía muerta por el rechazo de la mayoría. Ciudadanos y PP se oponen, mientras que el PSOE se abstiene y Foro no lo apoya. Entonces, ¿de qué hablamos? ¿De una amenaza inminente que «invade la vida de las familias», según Mercedes Fernández, o de algo que es más que probable que no suceda ni en la actualidad, ni en el futuro? ¿De una catástrofe que nos acecha y viene encima como si fuese una plaga, o de promover una división artificial entre partidarios y detractores que no viene a cuento? Sin embargo, la batería de argumentos rancios -los mismos de siempre- han vuelto a salir a la palestra. Yo diría que desempolvados tras sacarlos del armario. ¿Cuál de los «bables» se va a oficializar?, dicen de los amigos del asturiano como si no existe una Academia -al igual que la española- que lo normaliza. O como si todos los idiomas fuesen uniformes y monolíticos, esto es, como si se hablase el mismo castellano aquí que en Zaragoza o Sevilla. También nos cuentan lo caro que va a salir la cooficialidad. Oigan, en Gijón existe una regasificadora -380 millones de euros que todos pagamos vía recibo- que se ha usado sólo para visitas escolares. Ahora bien, lo mejor que he escuchado es asegurar que se va a marchar la gente de Asturias. Formando casi caravanas al igual que quien huye ante un ataque nuclear. El problema de la emigración, de verdad, ¿va a ser el asturiano o la falta de trabajo y oportunidades, meollo de la cuestión en este declive demográfico y social que vivimos? Hasta Mercedes Fernández sostiene que «sería un obstáculo para nuestras empresas». Pregunto, ¿acaso no lo es más una política de segunda división como la que tenemos? ¿O el no tener presupuesto, por ejemplo? Sí, seguro que con el bable caerán sobre nosotros maldiciones bíblicas y lloverán dragones lanzando bocanadas de fuego y hielo. Por favor…

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¿Para qué?
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Jose Manuel Balbuena | 06-02-2018 | 05:36| 0

31585542-624x415Verán, me resulta curioso cómo se quiere construir ahora un área metropolitana en Asturias. Ya saben, esa agrupación de concejos en la zona centro -entre ellos Gijón- a los cuales el Principado quiere dotarlos de infraestructuras y ritmos comunes. Como es conocido, la cosa empezó mal. La primera propuesta de retomar esta idea -para nada nueva- fue bajo la tutela de la anterior consejera de Infraestructuras, Belén Fernández. Reunió a un grupo de alcaldes para sacarse la foto -casi todos de su propio partido- y ahí acabó todo. No hubo más. Las formas no gustaron en absoluto porque pretendía, según sus críticos, anular la autonomía municipal. Sin embargo, el actual consejero, Fernando Lastra, lo quiere hacer al revés: vertebrándolo de abajo a arriba. Esto es, empezar con seis concejos a los que se le uniría, por convencimiento y de forma voluntaria, el resto. No obstante, pienso que de una manera u otra la propuesta se encuentra viciada de raíz. Es decir, adolece de un liderazgo fuerte que empuje al resto. En el área metropolitana de Bilbao este municipio es el que aglutina y tira de los demás. El «gran Bilbao», como así se llama, está formado por urbes de menor tamaño y jerarquía. Aquí, ninguna de las tres ciudades que comprenden el eje central, o sea, Gijón, Oviedo y Avilés, puede representar semejante papel. Es imposible que alguna domine sobre la otra. ¿Somos quizá demasiado localistas? Francamente, no lo creo. El problema en el País Vasco sería igual si esa área metropolitana la quisiesen hacer entre el propio Bilbao, San Sebastián y Vitoria. Nuestras dimensiones hacen que apenas haya treinta kilómetros entre las principales ciudades, mientras que en Euskadi las distancias son mucho mayores y hacen imposible su integración física. Si no, estarían igual que nosotros. Entonces, ¿quién debería representar en nuestro caso ese papel de locomotora? Si ninguna duda, el Principado. Ahora bien, lo que nos encontramos es que no lo quiere ejercer; o en su caso, lo va a hacer de forma timorata y sin molestar a nadie. Se limita a reunir a representantes de los concejos en Pola de Siero para otorgarles el poder. Para decirles que, a base de crear comisiones de trabajo (la mejor fórmula para no hacer nada), vamos a diseñar la «gran ciudad Astur». ¿Con el mismo urbanismo, por ejemplo? Pues no, porque ninguno de los municipios va a ceder su principal competencia. ¿Con un sistema de transportes avanzado? Vamos a ver, pero si en Gijón tenemos todo por hacer: un plan de vías y una estación intermodal. ¿Para captar subvenciones europeas? Ah, eso sí. La eterna cantinela de Asturias. Que nos den dinero para luego invertirlo mal. Recuerden lo que pasó con la lluvia de millones de los fondos mineros, sin ir más lejos. Me pregunto, pues, ¿para qué queremos un área metropolitana? ¿Qué es lo que nos va a aportar?

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La burbuja del subsidio.
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Jose Manuel Balbuena | 03-02-2018 | 06:37| 0

31575283-624x415Sí, la burbuja del subsidio -a la rica subvención- ha terminado por estallar. El Ayuntamiento de Gijón incumplió la regla de gasto durante el pasado ejercicio. Eso se desprende de los datos provisionales de ejecución presupuestaria presentados ante el Ministerio de Hacienda. Hay que proponer un plan financiero para corregir la desviación de cara a este año y el que viene. O dicho de otra forma: después de tanto dispendio en gasto social, lo que toca es austeridad. Ahora bien, el problema creado no tiene fácil solución. Tengan en cuenta que en nuestra ciudad ocurre lo siguiente: las subvenciones se convierten en subsidios. Esto es, lo que tenía que ser provisional -como apoyo a determinadas situaciones de emergencia- se acaba convirtiendo en permanente. Así le ha pasado, por ejemplo, a las ayudas para las fachadas. En cualquier otro lugar, se atendería a los casos más graves, esto es, a las de aquellos más humildes que no pueden pagarse una rehabilitación. Sin embargo, aquí se entró a todo: desde fachadas de lujo en El Muro, a las más recatadas de Jove. Resultado: están suspendidas porque el sistema colapsó. Lo mismo que va a suceder con las ayudas al alquiler. Da igual que en la actualidad sea más barata la vivienda y la situación económica haya mejorado sustancialmente, siguen subiendo como la espuma. Recordemos: uno de cada cuatro alquileres en nuestra ciudad se encuentran bajo su tutela. Pero la reina de esta cultura del «no te preocupes, ya lo hago yo por ti», no obstante, fue la renta social municipal. Un ayuda básica -pretendía que todos los gijoneses tuviésemos un mínimo garantizado de 600 euros mensuales- que tenía vocación de permanecer y ser un auténtico maná. Es más, ante las expectativas que se crearon, ya hay casi 5.000 solicitudes en las dos convocatorias que se realizaron en 2017. Ahora, Carmen Moriyón, viendo la imposibilidad de su mantenimiento en el tiempo se retracta y dice que «Éramos partidarios de hacer algo excepcional, puntual y transitorio». No es cierto. Asumió como propia la medida electoral propugnada por Xixón Sí Puede e IU y hasta se mostró orgullosa de ella. Pues bien, se ha equivocado señora alcaldesa. La renta social municipal en poco tiempo ha acabado comiéndose los recursos y el incumplimiento (5,5 millones de euros) coincide prácticamente con el presupuesto asignado a la misma. ¿Y ahora qué? ¿Qué vamos a hacer con esos beneficiarios que esperan su continuidad? ¿Va a ser flor de un año lo de las famosas «tarjetas white», ya saben, el sistema de gasto a través de los comercios locales? ¿No era esta la medida estrella que incluso se iba a exportar a otros municipios? El Gijón dopado con subsidios a tutiplén -que como los deportistas tramposos obtiene resultados artificiales- toca a su fin. No se puede sostener más. No será -bien lo saben los tres o cuatro que leen esta columna- porque no lo hayamos dicho aquí hasta la saciedad.

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Adiós Carles y hasta nunca.
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Jose Manuel Balbuena | 01-02-2018 | 05:30| 0

puigdemont-kqkh-u50840683446ccd-624x385rcComo todas las decisiones que se quedan a medio camino, la de Roger Torrent, presidente del Parlament, no contentó a nadie. En el bloque constitucional -si bien agradó el aplazamiento del pleno de investidura- tampoco gustó que se mantuviera como candidato a Carles Puigdemont. Eje del mal, príncipe de toda esta parálisis y sin dios que vive la política catalana. A los constitucionalistas -valorando que se respete la legalidad impuesta por el Tribunal Constitucional- no les resultó especialmente atractivo el empecinamiento por investir al prófugo. Con cualquier otro candidato sin causas penales pendientes la normalidad institucional (si algo normal queda en Cataluña), volvería. Ahora bien, donde resultó especialmente dolorosa fue dentro del independentismo. Ha provocado, como no podía ser de otra manera, un cisma de órdago. Al propio Carles le sentó como un tiro porque él pretende seguir tensando la cuerda y salvar su situación personal. Incluso dijo que no había otro candidato alternativo posible. O yo, o la nada. Saltándose, claro está, todo lo que Junts per Catalunya (a quien tiene secuestrado) y Esquerra Republicana pudiesen decidir. Es más, en un émulo de la toma del Palacio de Invierno, algunos de sus radicales fanatizados empezaron a gritar «o investís al president, o tomamos el Parlament». Hecho que causó conflicto con los Mossos, porque, ya ven, no sólo la malvada policía española da palos. El caso es que la postura tomada por Torrent también tiene algo de personal. Resulta obvio que el recién elegido tiene miedo a la cárcel. Es decir, acabar como Junqueras y compañía habiendo aterrizado apenas en el cargo. En esta marcha atrás ha pesado el bagaje anterior y las consecuencias de saltarse las leyes. El Constitucional lo dejó muy claro: si no se acataba su resolución habría sanciones penales. A Puigdemont le resulta especialmente sencillo mover piezas desde su retiro dorado, sin embargo, quienes sufren las consecuencias son los que están aquí. Que se lo digan al preso más famoso de la prisión de Estremera, privado de libertad provisional por su fuga. Aplazar el problema que representa Puigdemont para Cataluña no lo soluciona. Está, como él mismo admite al verse abandonado, acabado. El president del Parlament no puede mantener su candidatura contra viento y marea. Es completamente imposible. Al final, tendrá que ceder porque no le va a quedar más remedio. Este limbo creado no se puede prolongar mucho más allá: el secesionismo no creo que esté contento con seguir intervenidos. En sus manos está acabar con él. Es tan sencillo como que otro ocupe su lugar. Lo demás, es prologar esta sangría económica y social «sine die». Adiós Carles y hasta nunca.

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Tabacalera.
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Jose Manuel Balbuena | 30-01-2018 | 05:32| 0

tabacalera-gijon-u402351122x0c-u508279481071l-624x385el-comercio-elcomercioEs curioso lo que está pasando con tan singular edificio. La rehabilitación de mayor calado, sin duda, que se está llevando a cabo por parte del Ayuntamiento. A los problemas técnicos (las obras llevan retrasos por el continuo hallazgo de restos arqueológicos), hay que sumar que todavía no existe un plan de usos definido (es decir, no se sabe qué hacer con tanto espacio). De lo primero, de cómo se ha tenido que variar el calendario de la obra, da buena prueba la definición que dio la directora general de Coordinación de Infraestructuras, María López de Castro, calificándola de «pozo de la historia». Es más, durante el presente mes de enero se han encontrado nuevos restos en las excavaciones. Eso hace que el plazo programado para terminar las obras de consolidación (quince meses desde mayo 2016) se haya quedado corto, así como el presupuesto inicial de 4,8 millones de euros. Sin embargo, lo más preocupante es la segunda parte. Esto es, no saber todavía qué hacer en su interior. Hace pocos días diversos colectivos vinculados a Cimavilla proponían la creación de una cooperativa cultural. O sea, un centro polivalente con gestión público-privada donde tuviesen cabida diversas actividades culturales. Desde las particulares de ciudadanos, pasando por el albergue para las charangas de carnaval, locales de ensayo, asociaciones de vecinos o empresas del ámbito de la cultura. En definitiva, un batiburrillo que haría que semejante contenido no diera sentido al continente. O dicho de otra forma: gastarse 19,6 millones de euros para acabar siendo un centro municipal más, la verdad, no deja de ser una paradoja. El inmueble de la antigua fábrica de tabacos por historia y singularidad, para mí, sería el mejor de los museos posibles de Gijón. Una exposición viva y progresiva de la historia de la ciudad hasta nuestros días. Incluidos, claro está, los fondos del Museo Casa Natal de Jovellanos que no pueden seguir ahí por las deficiencias que presenta. Ahora bien, esto no se quiso llevar a cabo porque los nuevos tiempos políticos que corren son así. Parece que conservar nuestras señas de identidad no es tan importante, como ponerlo al servicio de la ciudadanía aunque sea de una forma vaga e imprecisa. Incluso, fíjense, se habló de que tan noble construcción acabase siendo un «laboratorio ciudadano». Más concretamente, un centro de «innovación social» tal y como lo definieron desde Xixón Sí Puede. El caso es que las obras avanzan -aunque sea con dificultades- pero las ideas para su utilización resultan hasta peregrinas. Tenemos claro cómo va a ser el edificio, pero no para qué va a servir semejante inversión. Desde luego, si al final, lo vamos a utilizar para que sea un difuso «espacio creativo abierto», más que un referente para quienes nos visitan… aviados vamos.

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¿Hasta dónde?
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Jose Manuel Balbuena | 27-01-2018 | 06:10| 0

30077524-624x416Esta semana supimos que las ayudas al alquiler se encuentran atascadas. O sea, que el Ayuntamiento está tardando en tramitarlas y, por tanto, sus beneficiarios sufren las consecuencias al no poder pagar la renta. Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) hay más de diez desahucios pendientes en la ciudad, debido a que «lo que antes se hacía en 20 días, ahora se tarda entre cuatro y seis meses». Algo parecido, recuerden, a lo que está sucediendo con las subvenciones municipales a las fachadas. El sistema colapsó y, en la actualidad, se encuentran suspendidas a la espera de elaborar nuevas bases. Eso sí, hay una diferencia muy notable: en las del alquiler hablamos de personas, no de ladrillos. Pues bien, estas ayudas tienen un recorrido muy largo en nuestra ciudad. Se pusieron en marcha con un Gobierno socialista en el Consistorio, siendo socio IU a quién se le dio el control a través de la Empresa Municipal de Vivienda (Emvisa). Desde entonces, y mira que ha llovido, no han parado de crecer. Tanto en beneficiarios, como en casuística o plazo. Se supone que las mismas fueron creadas para paliar una necesidad muy concreta: el precio de la vivienda estaba por las nubes y su acceso era imposible para una parte importante de la población. Sin embargo, estalló la burbuja, los precios se desinflaron y la subvenciones a las rentas no dejaron, como digo, de subir como si le echasen levadura. El año pasado, sin ir más lejos, Emvisa duplicó el número de beneficiarios de una línea de urgencia que había creado en 2016. Esto es, se trataba de una ampliación por dos años para aquellas personas que habían agotado el plazo convencional. Seguro que dicho plan, ya lo verán, volverá a crecer este ejercicio porque alarga de facto el tiempo de amparo. Conclusión: cada vez que se alquila un piso en Gijón se pide (casi exige) la correspondiente subvención y, por eso, uno de cada cuatro gijoneses que vive de alquiler la disfruta. De hecho, los más demandados -buscados como si fuesen oro- son aquellos inmuebles cuya renta máxima no supera los 450 euros mensuales. Es decir, el límite establecido para su concesión. Lo que supuestamente era temporal -para aliviar unas condiciones de mercado complicadas y una crisis económica flagrante- se ha acabado convirtiendo en definitivo. Incluso, tal y como está admitido por Emvisa, producen un efecto llamada. Hay personas que fijan su residencia en Gijón porque quieren optar a ellas. Su importe presupuestario es ya bastante considerable: está alrededor de los cuatro millones de euros anuales. Teniendo en cuenta además que, normalmente, a mitad del ejercicio, hay que modificarlo para poder cubrir el número de solicitudes. En definitiva, que su dinámica es tan aplastante como una bola de nieve. Y la pregunta obvia es, ¿hasta dónde se va a llegar?

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