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Agua, consumo y subidas.
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Jose Manuel Balbuena | 22-04-2017 | 08:23| 0

Por el director general de Calidad Ambiental, Manuel Gutiérrez, supimos que el Principado barrunta una subida en el precio del agua. Más concretamente, a través del Impuesto sobre Afecciones Ambientales del Uso del Agua (antiguo canon de saneamiento) que ya pagamos y que experimentó, por cierto, un fuerte incremento no hace muchos años. Recuerden que incluso hasta hubo lío porque se quería cobrar a quienes no estaban enganchados a una red de abastecimiento. Pues bien, como suele pasar en estos casos, no falla, va a venir disfrazado como medida de protección medioambiental. Es decir, para evitar el derroche que supuestamente estamos cometiendo cada día. Según Gutiérrez, «persiste el concepto de que es un recurso ilimitado y gratuito». No sé, a mí me parece que ni lo uno ni lo otro. Todos tenemos la conciencia suficiente sobre la importancia del líquido elemento y de gratis, nada: bien lo sabemos cuando llega la factura cada dos meses. Sin embargo, tal parece que la clave para subir un tributo sin coste político esté en demonizar al consumidor. Crear una mala conciencia para así, de esta manera sibilina, hacerle ver que debe pagar más a la fuerza. En Gijón ya tenemos una cuota de servicio del Ayuntamiento, unos metros cúbicos fijos que te cobran (aunque el grifo esté cerrado) y una notable discriminación de tarifas si el consumo es elevado. Por tanto, ¿a qué viene que el Gobierno asturiano quiera de nuevo subirnos otra vez su impuesto? ¿A qué está muy preocupado porque en nuestro paraíso natural llueve menos cada día? ¿A qué el abastecimiento, según la Administración, es «difícil y caro» por nuestra dispersión y complicada orografía? Nada de eso. De lo que estamos hablando es de gravar el consumo para sacarnos más cuartos, de una subida impositiva en toda regla que nos resulte imposible evitar. ¿O alguien es capaz de vivir sin agua? Incluso, en el colmo de la osadía, nos reprochan que los recibos no reflejan «ni de lejos el precio real». Claro, como en todos los servicios básicos. ¿O por una matrícula de la universidad se paga lo que cuesta? ¿O el billete del autobús en nuestra ciudad traslada su coste contable? En este contexto, cuando se empiezan a abrir de nuevo las puertas del infierno fiscal, Xixón Sí Puede (XSP) nos invita a consumir más agua del grifo. Así lo ha defendido en el último Pleno. Según XSP, deberíamos promocionarla y ve en ello un recurso turístico. En fin, no tengan duda de que llegarán multitudes de todos los rincones del planeta para saborearla. El único problema que le veo es que, a este paso, con tantos impuestos sobre ella, va a salirle al turista más barato la mineral embotellada.

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Avales: día uno.
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Jose Manuel Balbuena | 20-04-2017 | 04:29| 0

El PSOE encara la recta final de este particular vía crucis que están siendo sus primarias. Una vez presentadas las tres candidaturas a la secretaría general, viene la recogida de avales que empieza hoy. Un proceso importante y que cada candidato afronta a su manera. Es decir, según le vaya en la feria. Para Susana Díaz es el momento de darlo todo e intentar hacer una exhibición de fuerza. Presentar los máximos avales posibles porque, bien es cierto, quiere darle el primer hachazo a Pedro Sánchez. Éste lo sabe y por eso, obviamente, también va a echar el resto. No olvidemos que en las anteriores primarias de 2014 la recogida de avales anticipó el resultado final. El «bello Pedro» se impuso en esta primera batalla a Eduardo Madina y lo dejó K.O. Sin embargo, ahora no lo va a tener tan fácil. Desde luego, los 14.389 que en su día obtuvo en Andalucía dudo mucho que los pueda repetir. Patxi López, por su parte, dice que no quiere entrar en esa guerra. Normal, es quien más tiene que perder. Sabe de sobra que no va a lograr reunir (ni de lejos) tantos como sus adversarios y, por eso, como en la fábula de la zorra y las uvas, asegura que no son para nada importantes. Ahora bien, lo cierto es que sí. Quien avala a un candidato –aunque luego tenga plena libertad para votar a otro- le está otorgando su confianza. O sea, es muy probable –por no decir a ciencia cierta- que al final lo acabe votando. Digamos, pues, que quien consiga más va a tener mayor fidelidad acumulada entre la militancia. Además, lógicamente, de llevar el desánimo a sus rivales. Es más, me atrevo a pronosticar que después de esta fase veremos movimientos. Me refiero, por ejemplo, a que la candidatura de López, si el resultado es muy apabullante en su contra, dé un paso atrás. El censo provisional, ojo, se fijó en 187.360 militantes. El definitivo –aunque parezca increíble- no se conocerá hasta el día 28 de este mes. En su particular travesía del desierto los socialistas han perdido 11.241 militantes con respecto al último. Cada candidatura necesitará el aval del 5% de los afiliados, o lo que es lo mismo, el respaldo de 9.368 militantes. Susana Díaz y Pedro Sánchez tienen relativamente fácil alcanzar ese número, en cambio, para Patxi López va a resultar una auténtica lucha por la supervivencia. Andará muy justo si no tiene que, como se está rumoreando, recibir algún préstamo de los demás. En la financiación de la campaña –un termómetro mucho menor- quedó a años luz del resto. Sánchez consiguió 137.000 euros, Díaz 100.000 y López apenas 22.000. Ya tienen una pista.

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Debates de chigre.
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Jose Manuel Balbuena | 18-04-2017 | 13:50| 1

Dos señoras inician una conversación en la cola de un supermercado. «No hago otra cosa que darle vueltas: la variante de Pajares, ¿deberían montarla con una catenaria de 25.000 voltios o una de 3.000? ¿A ti qué te parece?», dice la Señora Uno. «Ay, mujer», responde la Señora Dos, «no hay que tener dudas: casi todas las locomotoras son monotensión. Mira que compraron cien Bombardier de la serie 253 y si no habría que tirarlas a la basura». Uno: «Me dejas más tranquila, en mi casa no se habla de otro tema». Dos: «En la mía igual y mi hijo está recibiendo un curso a distancia de Ingeniería de Caminos para ponerse al día». A su vez, la Asociación de Pescadores del río LLibardón hizo una solemne declaración. «A nosotros lo que nos gusta», dijo su presidente, «es el “triple hilo”. Consideramos que es la mejor solución una vez analizados los 80.000 folios de documentación técnica del Ministerio de Fomento». El Santón de La Riera –conocido visionario del Oriente- ha hecho una profecía: «veo», comenzó a susurrar con los ojos en blanco, «el intercambiador en Pola de Lena. ¡Por Dios, qué no lo monten a la entrada de los túneles!». Pues bien, no contentos con esto, es decir, con que el debate sobre la alta velocidad asturiana esté a nivel de chigre (no ya de calle), el Ayuntamiento de Gijón, ¡faltaría más!, se quiere pronunciar. Lo hará en el Pleno de esta semana y yo, inocentemente, me pregunto para qué. Resulta que en el Parlamento asturiano están representados los mismos grupos políticos. Ni uno más, ni uno menos. Con idénticos actores, repito, corresponde a la Junta zanjar esta eterna discusión y fijar una postura. Sin embargo, tal parece que esto no fuese suficiente y que, para entretenerse, entiendo, nuestros ediles desean pelearse por lo que está más que trillado. Pregunto, ¿de verdad hace falta una postura oficial del Consistorio? ¿Es que acaso hay que trasladar el debate sobre la alta velocidad a cada concejo asturiano? ¿Es que no es suficiente con el aluvión de opiniones que tenemos cada día? ¿Se puede aportar desde nuestra ciudad algo que no conozcamos ya? En fin, como nuestro Ayuntamiento está acostumbrado a arreglar el mundo –Israel y Palestina, por ejemplo- también tiene que entrar al trapo del AVE. Asturias debe ser el único lugar en la tierra donde la llegada de un ferrocarril del siglo XXI genera más controversia que su falta. Somos así, tenemos que discutirlo todo hasta la extenuación –aunque sean cuestiones técnicas- y el número de expertos por metro cuadrado adquiere proporciones bíblicas. Por supuesto, en Gijón no íbamos a ser menos.

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Agotados de esperar.
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Jose Manuel Balbuena | 11-04-2017 | 04:38| 0

En apenas unos días el Ministerio de Fomento ha dado un giro copernicano a su argumentación. El jueves, de forma sorprendente, justificaba su falta de dotación presupuestaria para el plan de vías en los desacuerdos. Es decir, que como Principado y Ayuntamiento no se ponían de acuerdo en la ubicación de la futura estación intermodal, era imposible obtener financiación para el proyecto. Chorrada de tomo y lomo puesto que, a todas luces, el lugar -en las cercanías del Museo del Ferrocarril- ya estaba decido y aprobado por el propio ministerio en un consejo de administración de Gijón al Norte. El sábado, en cambio, se reafirmaba en la ubicación e incluso dijo que «tendrá la aportación que necesite». Es más, se llegó a expresar en estos términos: «Que nadie tenga dudas de que el proyecto de Gijón se va a terminar». Pues, oigan, yo sí las tengo y muchas. Cada vez más y me parece que por sobradas razones. Lo que está haciendo Fomento con el plan de vías es marear la perdiz. Darle vueltas y más vueltas sin que nadie entienda la deriva que está tomando. Dice que es necesario el famoso estudio económico-financiero para llevarlo adelante. Muy bien y cuando esté, ¿qué? Si no tenemos dinero previsto, ¿hay que esperar acaso otro año más para conseguirlo? Si no hay ni un solo euro consignado en los Presupuestos Generales del Estado, ¿qué vamos a hacer con el famoso estudio: mirar para él? Si el compromiso con la ciudad es sólido como asegura, ¿por qué no se le reservaron fondos, como en el caso de Granada o Santander, con una partida plurianual? Miren ustedes, cada vez estoy más convencido de que Gijón es el pariente pobre de la integración ferroviaria en España. Se está buscando la manera de reducirla al mínimo, y reconvertirla hacia una solución «low cost» que en nada se va a parecer a lo que estamos esperando. Todo son excusas o medias verdades. Según Fomento, el proyecto «Se encontraba en una situación inviable y ahora estamos reconduciéndola». Perfecto, ¿y cuánto les lleva? Porque, que yo sepa, el Gobierno de Mariano Rajoy está desde 2011 en el poder. ¿Acaso no han tenido tiempo desde entonces? ¿Por qué Ana Pastor, la anterior titular de la cartera, venía por aquí única y exclusivamente en tiempo electoral? ¿Por qué si veíamos algo, muy poco, era cuando se acercaban las urnas? Los bandazos del Ministerio en nuestro eterno plan de vías (con este Ejecutivo y anteriores) han sido constantes. Desde la solución chusca de Pastor haciendo definitiva la estación provisional de Sanz Crespo, hasta un quimérico plan público-privado del ministro socialista, José Blanco. Sin duda, estamos agotados de esperar.

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Milongas.
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Jose Manuel Balbuena | 10-04-2017 | 05:50| 0

Basta de tomarnos el pelo, de andar con rodeos, de no hacer absolutamente nada. Todo eso y mucho más se me ocurre decirle al Ministerio de Fomento por lo de nuestro plan de vías: no lo ha dotado ni con un euro en los Presupuestos Generales del Estado (PGE). La excusa, ahora, parece ser, es que no hay un consenso a la hora de redactar el proyecto. Es decir, que las conocidas discrepancias entre Ayuntamiento y Principado –la principal: dónde va ir ubicada la estación intermodal- tienen la culpa de la falta de consignación presupuestaria. Pero, vamos a ver, ¿no estaba claro de que iba a ir a la altura del Museo del Ferrocarril? ¿Ana Pastor (la anterior titular) no apoyaba esta solución y sobre eso se iba a redactar el famoso estudio económico-financiero? Que yo sepa, en la sociedad Gijón al Norte son tres socios y dos están por una localización, ¿es acaso imposible persuadir al tercero? ¿No estamos hablando quizá de una nueva milonga con la que justificarse? De verdad, que hay comparaciones odiosas. En estas mismas páginas, se podía leer recientemente cómo van otros planes ferroviarios. En Santander –sí, donde era alcalde el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna- van a tener disponibles 49,7 millones de euros. ¡oh milagro! En la ciudad donde residía no parece que haya que buscar ningún tipo de acuerdo. Se hace y punto. En Granada, ojo, están reflejados 525 millones de euros hasta el año 2025. Allí la sociedad civil -¡qué envidia!- sacó a la calle a 8.000 personas en la última manifestación en contra de los incumplimientos. Quizá, no sé, en esto también radique la diferencia. Aquí montamos una protesta chusca (casi de cuatro pelagatos) en marzo de 2015, en la cual había más políticos que ciudadanos. En las capitales vascas la integración ferroviaria se va a hacer a la velocidad del AVE: ya verán cómo el PNV va a vender su apoyo a los PGE. Y en Zamora, Barcelona, Valencia o Vigo tampoco están parados. «Nos mean y dicen que llueve», eso es lo que nos traslada Fomento. Nos cuentan algo así como: si no os ponéis de acuerdo entre vosotros, ¿qué voy a hacer yo? ¡Vaya cara! Más dura que todo el hormigón con el que se rellenó El Musel. La responsabilidad de la culpa, por lo visto, la tenemos nosotros. Si todo fuese armonía entre las administraciones el plan de vías estaría redactado y con dinero. Tururú. A otro perro con ese hueso. Además, no contentos con esto, nos aseguran que el túnel del metrotrén (137 millones de euros se llevan ya gastados) está mejor inundado para su mantenimiento. Casi que lo dejen en formol como el cadáver que es. Lo dicho: «Nos mean y dicen que llueve».

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Compromiso cero.
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Jose Manuel Balbuena | 07-04-2017 | 05:52| 0

Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) se parecen cada vez más a los del Principado: se cuadran a base de bajadas en la inversión. No hay que profundizar mucho para verlo: llevan una reducción del 11,6% en infraestructuras con respecto al año pasado. De hecho, el Ministro de Economía y Hacienda, Cristóbal Montoro, no paró de resaltar durante su presentación la alta repercusión que tiene el llamado gasto social. O sea, se apunta a la moda de los nuevos tiempos. Aproximadamente, cinco de cada diez euros (el 56% para ser exactos) van destinados a estas partidas. Llevan camino los PGE, sin duda, de acabar como en Asturias donde ya vamos por los seis y subiendo. Así, claro, no queda margen para ninguna otra cosa. O dicho de otra forma: si el gasto corriente no se quiere tocar porque tiene coste político, la inversión cae y volverá de nuevo a ser el pariente pobre en futuros proyectos. Pues bien, en esta tesitura, el Ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, nos ha intentado vender la moto. Esto es, hacernos creer que las cuentas de su departamento son mejores cuando, en realidad, es todo lo contrario. El muy pillín utilizó la retórica en su desglose con objeto de realizar un trampantojo. Comparó las cifras de lo ejecutado el pasado ejercicio con un Gobierno en funciones, para de esta manera montar una ilusión óptica: se gasta más. Nada de eso. Se mire por donde se mire estamos peor. En Asturias, sin ir más lejos, la cifra cae por debajo de la de 1999. Es decir, se le vuelve a dar una vuelta de tuerca con respecto a 2016 (97,35 millones de euros menos) y está bajo mínimos. Prácticamente, se reservan partidas cicateras para el ferrocarril –eso sí, para el corredor mediterráneo hay 715 millones de euros- y poca cosa más. Incluso hay olvidos, digámoslo así, llamativos y que duelen. Me refiero, por ejemplo, al plan de vías de Gijón. Una obra largamente añorada por la ciudad –lleva esperando por ella la friolera de quince años- y que De la Serna vino a visitar personalmente. Sin embargo, los cero euros con la que la ha dotado es prueba inequívoca de lo que tiene pensado hacer: nada. En la semana donde algunos se tiran de los pelos por la llegada de la alta velocidad a Lena –sí, es la única comunidad donde esto se convierte en tragedia- nos acaban de dar un baño de realidad. Una cosa son las palabras y otra los hechos. Nuestras infraestructuras van al ralentí y están pendientes de un hilo. Cualquier contrariedad –una mínima contracción económica- las volverá a parar. El compromiso del Gobierno central con Asturias es escaso y se ha vuelto a demostrar.

 

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Nuestro querido jabalí.
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Jose Manuel Balbuena | 04-04-2017 | 04:41| 0

Domingo por la mañana en un parque de Nuevo Roces. Todo el mundo disfruta de un día soleado. Mucha gente pasea, hace deporte y los propietarios de perros juegan tirándoles la pelota. De repente, y como si fuese parte de una película de terror, un jabalí aparece de entre unos matorrales. Es un macho grande y la toma con una perra a la que manda al veterinario. Su dueño, estupefacto, acierta a hacer únicamente lo que el instinto le manda: para defenderla, la emprendió a patadas contra el suido que acabó huyendo. Ahora bien, la historia hubiera cambiado y mucho si, en vez de una mascota, el agredido hubiese sido una persona, no vamos a decir ya un niño. Madrugada del 20 marzo. Otro jabalí pasea tranquilamente por las calles de nuestra ciudad. La policía empieza a recibir llamadas avisando de que «un cerdo negro» anda por el barrio de Nuevo Gijón. Viandantes asustados refugiándose en los portales, sorpresa general y desconcierto. Afortunadamente, dada la hora y el día laborable, la cosa no llega a mayores. Después de perseguirlo durante más de media hora, lo acorralan y abaten a tiros en un parque de la avenida de Schultz. A todo eso hay que añadir los numerosos incidentes, casi semanales, que se producen en las carreteras del concejo. No hace falta, ni mucho menos, adentrase en pistas forestales remotas para verlos: simplemente, con ir al Infanzón, la Providencia o Castiello de Bernueces uno ya se los cruza. Pues bien, dado que el número de suidos va en aumento y se adentran cada vez más en la ciudad, bueno sería recordar las palabras del director general de Recursos Naturales del Principado: «Debemos aprender a convivir con el jabalí». Es decir, ponga uno en su vida. Por lo visto, tenemos que acostumbrarnos a que, como si fuesen gatos callejeros, estén a pocos metros hurgando en la basura, paseen tranquilamente por nuestras calles o los atropellemos de vez en cuando. Esa es toda la política que desde el Gobierno asturiano consideran necesaria. El mundo rural, siempre tan sabio, ya había advertido hace años de lo que iba a pasar. Existía una superpoblación de estos animales que arrasaba con todo a su paso, mientras que el control necesario se había eliminado por dejadez. Desgraciadamente, no les hicimos caso. Consideramos que eso eran historias de los que viven en el pueblo, mientras que los urbanitas nos creíamos a salvo de dicha plaga. Sin embargo, con el problema encima, nos damos cuenta de que la profecía se ha cumplido: ya están aquí. En apenas quince días dos casos de lo más relevante. Pregunto, ¿a qué tenemos que esperar? ¿A qué haya una desgraciada quizá?

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Comprar humo.
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Jose Manuel Balbuena | 01-04-2017 | 08:30| 0

Ya se ha puesto en marcha la operación «salvar a la Semana Negra». Consiste en justificar todo lo injustificable y camuflar lo que es evidente. Pelillos a la mar para una organización que fue acumulando deuda desde 2011 – como si fuese una bola de nieve: cada vez más grande- y que ahora pretende que se la paguemos entre todos. Es más, poco le importa a sus acérrimos defensores que el evento no esté al corriente con Hacienda, como hacen religiosamente miles de empresas en esta ciudad, o deje pufos por doquier a sus proveedores: lo fundamental es que le liberen los cien mil  euros de subvención del año pasado para salir del paso. Esto es, cobrar para evitar el embargo del fisco y el resto que se apañe mediante un aumento del 75% en la ayuda de los próximos ejercicios. Para ello, digo, tampoco vacilan en hacer comparaciones odias: Semana Negra versus Sporting. Según las plañideras negras, la repercusión para Gijón entre club y certamen poco menos que están a la par. Es decir, que a esta ciudad se la conoce más, no porque su equipo milite en una de las mejores ligas del mundo, sino por un festival de norias y puestos de fritangas. Me parto. Suena casi a chiste. No contentos con esto, los incansables apóstoles de la Semana Negra, van aún más lejos: quieren que compremos la marca. O sea, que paguemos quizá los dos millones de euros en que fue peritada tiempo atrás. Cifra, por otra parte, delirante y que no sabemos muy bien de dónde sale. Porque, vamos a ver, ¿qué sería lo que se adquiere en este caso? ¿Un nombre con repercusión internacional, una seña de identidad, una especie de faro cultural que deslumbra cuando se enciende? ¿O quizá un equipo gestor perfecto que funciona como un reloj suizo? Nada de eso. Tan estupenda y rentable es la gestión que hasta ocultó una deuda de cerca de trescientos mil euros. Por favor, que no nos tomen el pelo. Comprar la marca de la Semana Negra (o azul, o verde) es comprar puro humo. El PSOE lo propuso con un único fin: como excusa para salvar a su criatura del abismo. En fin, menudo papelón el que está realizando la izquierda municipal con su parque temático. No dudan en hacer lo que sea con tal de que la nave no se vaya al fondo. ¿Ustedes creen que actuarían igual si cualquier otro evento gijonés estuviese en esta tesitura? ¿Ustedes creen que propondrían «lecturas flexibles» del convenio firmado para cobrar rápido una subvención? El filósofo Fernando Savater se refiere a esto, cuando existe una clara y vergonzosa doble vara medir, como «la moral del pedo»: los míos no huelen.

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Queremos ser independientes.
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Jose Manuel Balbuena | 30-03-2017 | 04:43| 0

Pues, oigan, Asturias debería pedir la independencia del Estado . Visto lo visto, sería la solución óptima a nuestros eternos problemas de comunicación. No lo duden: se acabaría de un plumazo la variante de Pajares y todas las obras que nos quedan. Ni rescisión de contratos por parte de las constructoras, ni vías de agua en los túneles, ni ancho ibérico en vez de internacional. Alta Velocidad hasta Gijón y Avilés con trazado de paquete. También esos «pequeños inconvenientes» de la red de cercanías: trenes de baja velocidad que espantan a los viajeros y ni siquiera aparecen por la estación. Tendríamos acabada la autovía hacia el Suroccidente en un pispás y, por qué no, hasta un AVE del Cantábrico de punta a punta. Todo eso y quizá mucho más, nos lo daría Madrid sin despeinarnos. Sí, hay que propugnar un referéndum de autodeterminación, unas leyes de desconexión y buscarnos un grupo antisistema que entre en el Parlamento haciendo escraches por doquier. Que nuestros políticos sean juzgados ante el Tribunal Supremo por pasarse la legalidad por el forro, mientras una cohorte de turiferarios les acompaña hasta la puerta voz en grito. ¿Qué eso sería como Cataluña? Claro, es el modelo que debemos seguir sin mayor dilación, ¿o no ven qué rentable sale? ¿Acaso no ha ido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a presentar un plan de infraestructuras de 4.200 millones de euros en cuatro años? ¿Acaso el ministro de Economía, Luis de Guindos, no dudó en desviar su avión para ir a pagar los pufos pendientes? Sin embargo, en nuestro paraíso natural lo hacemos de otra forma: le mandamos una carta a Rajoy –ni burofax, no vaya a ser que se asuste- y punto. Juntamos a un grupo de organizaciones de lo más variopinto (sociedad civil, lo llaman), algunos grupos políticos (que no todos, ni mucho menos), le damos el pomposo barniz de documento sobre las infraestructuras pendientes y…  ya está. A esperar otra década para que nos hagan caso. ¿Qué creen que va a hacer el presidente del Gobierno cuando lea la misiva? Pasársela por donde acaba la espalda. ¡Qué no, Javier Fernández, que la solución pasa por la escisión! Haz un discurso llorón y pertinaz como el «orbayu»: España nos roba. Di que nos iría mucho mejor si fuésemos europeos en vez de españoles. Monta embajadas, da conferencias por el mundo sobre la base de lo atrasado que es este país, asusta a las empresas para que se vayan corriendo y lo conseguirás. No te desgastes con ese discurso tuyo de solidaridad y unidad, haz todo lo contrario y verás qué bien te va. Roma sí paga a traidores.

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Nos la cuelan.
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Jose Manuel Balbuena | 28-03-2017 | 08:55| 1

Fíjense de lo que nos enteramos: la Semana Negra hace contabilidad creativa. Ese tipo cuentas en las cuales, aunque los gastos sean superiores a los ingresos, siempre se obtienen beneficios. Al menos, eso se desprende del análisis del ejercicio 2016, donde según sus creadores existen 18.672 euros de superávit, mientras que para la Intervención municipal las pérdidas son de 9.002 euros. Asimismo, acumula un déficit de años anteriores por importe de 206.754 euros, el cual, por cierto, no aparece reflejado correctamente. Debido a eso, sufre varios embargos de Hacienda y deudas con proveedores (más de 200.000 euros), ya que el evento no puede cumplir con sus obligaciones. Para mí, el hecho grave es que esto ya se sabía. En 2015 nuestro Ayuntamiento ingresó 40.707 euros directamente al fisco por las cantidades pendientes. Estamos, pues, ante un caso claro de intentar colarnos la deuda por la puerta de atrás. Los tres grupos de la izquierda (PSOE, IU y Xixón Sí Puede) lo urdieron a través de enmiendas al presupuesto y, al no poder hacerlo, obtuvieron la promesa de Foro de realizarlo vía modificación presupuestaria. Esto es, la subvención pasaría de 100.000 a 175.000 euros, ojo, un 75 por ciento más, y tan felices. Todo ello, para salvar a nuestro particular «Parque temático para niños trotskistas» (Paco Ignacio Taibo II dixit). Lo indignante, vuelvo a repetir, es que se quiere mutualizar el pufo a oscuras. Un apaño entre los organizadores y sus grupos municipales afines que ahora, al hacerse público, claman nuestra ayuda. ¿Ustedes creen que a cualquier otro certamen le concederían semejantes prebendas? Es decir, darle y aumentarle las subvenciones cuando se sabe que tiene deudas impagadas con entidades públicas. ¿Ustedes creen que a cualquier festival le subirían de esa manera la cuantía para enjuagar su déficit? No. Lo primero sería ver ese plan de vialidad que de repente (¡oh milagro!) aparece y recortar gastos (una semana entera llegaron a estar los escritores con gastos pagados). ¿Ustedes creen que la única opción que se presenta es cuadrar este desaguisado vía erario público? Sí, porque algunos piensan que la Semana Negra es una concejalía más. Una entidad municipal que cobra de forma privada. O sea, el suelo –a coste cero- lo trocea e ingresa por su arrendamiento, mientras que los gastos se los sufragamos con cargo a nuestros bolsillos. Sólo queda la segunda parte: justificarlo. Decir que la cultura hay que apoyarla, que esta ciudad se hunde sin el certamen, que lo comparemos con el coste de la publicidad en la camiseta del Sporting… Chorradas. Lo único cierto es que quieren que paguemos la mala gestión y el despilfarro.

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