El Comercio
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No queremos ser Tarento.
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Jose Manuel Balbuena | 12-12-2017 | 05:35| 0

29299429-624x415Ilva es la mayor siderurgia de Europa por tamaño. Se encuentra situada en Italia, más concretamente, en la ciudad de Tarento. En el mes de mayo Arcelor pujó por ella para adquirirla a sus antiguos propietarios, la familia Riva a la que el Gobierno le había arrebatado el control. Entre otras cosas, por llevarla al colapso financiero y medioambiental. De hecho, cuando sopla viento del norte en el barrio de Tamburi, donde se encuentra ubicado a escasos 250 metros el parque de minerales, el aire se vuelve irrespirable y si llueve el río baja rojo. Incluso los colegios tienen que cerrar por orden municipal ya que resulta imposible vivir. Arcelor ha aprobado un proyecto con medidas medioambientales para esta factoría por importe de 850 millones de euros. Para que se den una idea, diez veces más que el presentado para las plantas asturianas. La situación es tan límite que el Ministerio de Sanidad italiano ha cuantificado que hay entre un 20 y un 30% más de cánceres que en el resto de la provincia. Los habitantes ya no aguantan más y claman a gritos la renovación de unas instalaciones completamente obsoletas. Casi abandonadas a su suerte. Aquí, estamos encantados con que nuestra siderurgia haya presentado un plan de inversiones que asciende a 214 millones de euros. Fue anunciado el lunes de la semana pasada y su objetivo es reducir la contaminación a la mitad. Tanto en su faceta ambiental (calidad del aire), como acústica (ruido) e hídrica (agua) para las instalaciones de Gijón y Avilés. Algo que se venía pidiendo de forma urgente, puesto que, el tema de la contaminación industrial en nuestra ciudad, está a flor de piel. Fueron ya varios los episodios donde el gigante siderúrgico mundial no estuvo a la altura. Me refiero a comunicar de forma fehaciente y previa cualquier accidente en sus factorías con repercusión en la zona oeste. Es más, tuvo que ser nuestro Ayuntamiento, mediante la compra de una estación móvil de vigilancia de calidad del aire, quien levantó la voz de alarma. La situó en El Lauredal y, ¡oh sorpresa!, solamente durante el mes de octubre, superó en veinte días los niveles de partículas permitidos. Algo que descolocó de forma clara a los responsables del Principado: tan acostumbrados siempre a sostener que nunca pasaba nada. Era cuestión del tráfico intenso, decían. Sin embargo, como se demostró con la puesta en marcha del dispositivo móvil, vaya si está pasando. A día de hoy, la situación de Gijón dista mucho de ser tan dramática como en la ciudad italiana. Ahora bien, como no podemos llegar a esto ni por asomo, estaremos vigilantes para que el plan previsto se cumpla sin retrasos ni demoras. No queremos ser Tarento.

 

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Vértigo me da.
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Jose Manuel Balbuena | 09-12-2017 | 07:04| 1

soterramiento-u4022192491f-624x416el-comercio-elcomercioSegún pudimos saber por estas mismas páginas, desde el ministerio de Fomento no ven con malos ojos el soterramiento completo hasta La Calzada. Una vieja reivindicación que, como todo el plan de vías, nunca encontraba respuesta desde Madrid. De hecho, en los últimos diseños antes de la llegada del actual ministro, Iñigo de la Serna, el planteamiento era casi bochornoso: seguíamos con la ciudad partida en dos. Sin embargo, con el nuevo titular ha cambiado la situación. En una ocasión ya dijimos que este ministro, bien es cierto, parecía un rey mago. Nos ha traído lo que hemos pedido y más. Por ejemplo, aceptó prolongar el túnel del metrotrén hasta Cabueñes con un coste añadido de 313 millones asumido íntegramente por Fomento. Algo impensable y que era prácticamente una quimera. Pues bien, el soterramiento completo, a diferencia del proyecto que se barajaba, significa incrementar el gasto de 36 millones de euros a 95. Todo ello, basándose en cambiar la losa prevista que recubriría las líneas ferroviarias, por una obra realizada con tuneladora y como dios manda. A eso le tendríamos que sumar las partidas de inversión ya anunciadas: 403 millones de euros para las obras pendientes, 313 en Cabueñes y ahora esta ambiciosa transformación urbana de la zona oeste. Con lo cual, el resultado final de la actuación si se lleva a cabo tal y como se plantea en el documento que se pretende firmar antes de final de año, sería espectacular: 775 millones de euros para nuestro Gijón del alma, contando también con la parte alícuota del Principado y Ayuntamiento. Sí, lo han leído bien. Más de lo que costó la obra de ampliación de El Musel con sobrecostes incluidos. De la Serna siempre ha dicho que el levantamiento ferroviario gijonés era de justicia. Tantos años de espera –quince desde que se firmó el convenio de colaboración hoy vigente (2002)- iban a tener una generosa respuesta por parte del ministerio. Hace poco unos 7.000 extremeños estuvieron en Madrid manifestándose. Su reivindicación era «¡tren digno ya!», en referencia a que se tardan seis horas en recorrer los 400 kilómetros de Badajoz a Madrid. Adivinen lo que les dijo Iñigo. Exacto, que era también de justicia que Extremadura tuviera unas comunicaciones del siglo XXI, prometiendo «la mayor inversión de la historia». Pregunto, ¿de verdad hay dinero para tanto? ¿De verdad se pueden llevar a cabo infraestructuras que estaban casi abandonas de sopetón? ¿De verdad se puede realizar este plan de vías en Gijón, poner en el mapa ferroviario a Extremadura, tener contentos a los catalanes, finalizar el AVE asturiano y ejecutar 506 millones de euros en Cantabria con el mismo fin? Vértigo me da.

 

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Todo está por ver.
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Jose Manuel Balbuena | 07-12-2017 | 06:50| 0

imagesEs muy posible que las encuestas se equivoquen en las elecciones catalanas del 21 de diciembre. No es la primera vez que esto ocurre cuando hay movimientos importantes de fondo y alta participación. Recordemos que la demoscopia nunca detectó, por ejemplo, la fuerte irrupción de Podemos en el panorama nacional. En los comicios para el Parlamento Europeo de 2014, donde fue su presentación en sociedad, le daban un único diputado o ninguno. Al final, entraron con tanta fuerza que obtuvieron cinco y a partir de ahí comenzó su carrera para «tomar el cielo por asalto». Lo mismo podríamos decir del voto oculto: al PP en las Generales siempre le vaticinaron menos de que lo que sacó. Pues bien, pongámonos en el caso catalán. Con una intervención del Estado por el medio y los sentimientos de una Declaración Unilateral de Independencia fallida a flor de piel. Con una participación que se prevé, ojo, cercana al 90%. Hecho insólito en democracia que se da pocas veces, puesto que la media se encuentra entre el 60 y 70% como mucho. A partir de ahí, cuando aparece gente que nunca iba a votar, que estaba, por decirlo de otra forma, fuera del sistema, se hace muy difícil pronosticar lo que puede pasar. Tenemos, eso sí, tendencias significativas tal y como nos muestra la última encuesta del CIS. Así, el bloque independentista, aunque mengua con respecto a las elecciones de 2015, sigue fuerte. La dureza del sentimiento patriótico forjado durante treinta y nueve años en el más puro acero, está fuera de duda. De hecho, lo del independentismo es casi una fe. Aguantan de todo. Desde que les engañen con una república que duró horas, hasta que su «President» salga disparado por la frontera eludiendo la acción de la Justicia. Sin embargo, también tienen dudas. Buena prueba de ello es que no consiguen alcanzar la mayoría en el «Parlament», como hasta ahora. Por el otro lado, Ciudadanos es la fuerza emergente. Le ha conseguido comer el espacio al PP que parece ser penalizado por las vacilaciones -no por la aplicación, a mi juicio- a la hora de poner en marcha el 155. Parte del electorado ve como más firme la posición del partido naranja y, quizá por eso, los populares obtienen un muy mal resultado. Tampoco este bloque, por supuesto, consigue alcanzar la mayoría. Queda, pues, la duda de lo que hará Catalunya en Comú Podem, a la postre, el partido de Ada Colau y Pablo Iglesias. Coalición que baja en la encuesta del CIS, posiblemente por la indefinición en la que siempre se mueve, pero que puede resultar clave el día después. De su decisión dependerá que gobiernen unos u otros, que se deje enterrado el «Procés» o no. Como digo, todo está por ver.

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La matraca.
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Jose Manuel Balbuena | 05-12-2017 | 05:40| 0

jose-maria-perez-ardura-u402351122x7g-u502789484727jg-624x385el-comercio-elcomercioA las primeras de cambio, ya han aflorado las diferencias entre los socialistas gijoneses. Me refiero, claro está, a la postura del PSOE local con respecto a una hipotética moción de censura contra el gobierno de Foro. Figura recurrente, sin duda, que es como una suerte de matraca: se repite de forma cansina como si fuera un mantra, para luego acabar en nada. Una amenaza cíclica que se plantea cada dos por tres, pero sin ningún resultado práctico. Esta vez, ha sido el nuevo secretario general de la Agrupación Socialista de Gijón, Iván Fernández Ardura, quien la ha sacado a la palestra. Quizá ingenuamente -por ser nuevo, digo yo- aseguró que mantenía una «actitud abierta» para hablar con Xixón Sí Puede (XSP) e IU. Es más, dijo que defender la alcaldía para el PSOE «no sería una línea roja». Algo que, al grupo municipal, con José María Pérez a la cabeza, le sentó como un tiro faltándoles tiempo para recriminarle al recién elegido dos cosas. Primera, que él y el resto de concejales no sabían nada de esa presunta oferta de negociación. Y segundo, que cualquier decisión al respecto tenía que ser debatida con la militancia, como Pérez y los suyos habían hecho con anterioridad. Pues bien, con las aguas revueltas y para no incrementar más la mar de fondo, Ardura aclara (o desdice) sus palabras. Ahora sostiene que «lo lógico y normal» sería un candidato socialista, poniéndolo, esta vez sí, como condición. Manifestando, además, que no ha habido ningún tipo de conversación al respeto, así como que cualquier acuerdo pasaría a la fuerza por la «aprobación de nuestros afiliados». Marca de la casa ineludible en esta nueva etapa. Pese a ello, pese a la rectificación a posteriori, no parece que éste sea el mejor comienzo para una relación entre la Agrupación y su representación municipal. En realidad, tiene razón José María Pérez en una cosa: si la cuestión está en entregar la alcaldía a pesar de ser el grupo más votado, Carmen Moriyón no estaría en el cargo. Lo hubiese dejado hace mucho porque ahí, precisamente ahí, estuvo siempre el meollo de la cuestión. En eso y en que XSP, por supuesto, se manifiesta contrario a tener que ser corresponsable del excelso pasado de gobierno socialista en esta ciudad. Sin embargo, Ardura pareció seguir los pasos del secretario general de la FSA, Adrián Barbón. También dijo lo mismo durante la campaña de primarias y obtuvo idéntico resultado: recelos por parte de los ediles. Por tanto, y dado que restan 18 meses de legislatura, vale más no menear el asunto. Dar por agotado el sobado discurso de la unión de la izquierda, para ir centrándose en unos comicios que están a la vuelta de la esquina.

 

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O municipal, o nada.
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Jose Manuel Balbuena | 02-12-2017 | 08:53| 1

imagen-quay-29679572-kqzd-624x416el-comercioNuestro Ayuntamiento está de compras inmobiliarias. O al menos, eso parece. Hace poco supimos por estas mismas páginas que tenía en el punto de mira la sede histórica de la Autoridad Portuaria, inmueble noble donde los haya situado en la calle Claudio Alvargonzález. La oferta se situaría en torno a los 2,9 millones de euros, tras el intento fallido de venta desde hace cinco años y por 3,5 millones. Es más, ahí se barajó la posibilidad de que se instalase un establecimiento hotelero de lujo y hasta hubo un inversor interesado en ello. Ahora bien, se frustró ante la reiterada negativa de Puertos del Estado a negociar precio y condiciones. Resultado: se encuentra tirado y sin uso desde 2012. Viendo las gaviotas pasar. Cosa que, por lo visto, el equipo de gobierno quiere solucionar centralizando allí diversos servicios. Anteriormente, se había adquirido también al mismo vendedor Quinta La Vega: construcción decimonónica formada por edificio principal, caballerizas y jardines. La compraventa se firmó por 1,3 millones de euros, a lo que hay que sumar, de momento, 429.000 euros en reformas. Todo ello, para albergar empresas de las denominadas «economía verde y azul», o sea, vinculadas al mar. Pues bien, a la vista de esto, podemos llegar a la conclusión de que cualquier inmueble importante en esta ciudad: o acaba siendo público, o no es nada. Vean si no. La antigua Escuela de Comercio albergó una escuela de negocios privada. Tras su fracaso tuvo que ser el Ayuntamiento quien la reformara para diversas actividades, porque nadie se interesó en explotar tan magnánima construcción. Al antiguo edificio judicial sito en la calle Decano Prendes Pando, le pasa un tanto de lo mismo. Es propiedad del Principado y no se lo pueden colocar a nadie. Nota: igual pica el Ayuntamiento, especialista en aligerar «activos ociosos» de los demás. La Casa Sindical también fue objeto de interés por parte de «inversiones inmobiliarias municipales», pero al final se desestimó. La sede de la Policía local irá en una nueva y flamante edificación, completamente opuesta a la destartalada propiedad estatal. Y como guinda del pastel, las parcelas del plan de vías no encuentran comprador ni a tiros. Resumiendo: la iniciativa privada no se ve en Gijón ni por asomo. Ya me dirán, si lo suyo, lo más conveniente, es que en la sede portuaria hubiese ese hotel cinco estrellas, en Quinta La Vega una fundación privada, por ejemplo, o en los antiguos juzgados, no sé, las oficinas de una compañía multinacional. Sin embargo, nada de eso sucede. La inversión ni aparece por esta ciudad. O dicho de otra forma: como no lo compre el Ayuntamiento… ahí queda.

 

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Habas contadas.
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Jose Manuel Balbuena | 30-11-2017 | 05:52| 0

29746818-624x401Decir que el presupuesto que ha presentado el Gobierno del Principado es eminentemente social, sería una redundancia. Una obviedad en toda regla. Todos los planteados hasta la fecha, desde que llegó la crisis en 2008, vienen siéndolo sin discusión alguna. Se limitan a mantener el sistema en funcionamiento y poca cosa más. Me refiero, claro, a la sanidad, educación y bienestar social que son el meollo de la cuestión. Los ejes sobre los cuales gira el sistema autonómico asturiano. La salud, en las cuentas para el año que viene, se lleva el 38% del total. Se destinan a ella 1.709 millones de euros con un incremento de 30 millones sobre el ejercicio actual. Sumadas las tres partidas consideradas sociales representan el 66% del total de gasto. A partir de ahí ya me dirán qué más se puede hacer. Imagínense que en cualquier hogar dos de cada tres euros que entran, están comprometidos de antemano antes de empezar el mes. El margen que quedaría es corto, demasiado estrecho como para pensar que se pueden llevar a cabo otras cosas. Por ejemplo, no sé, renovar ese viejo sofá del salón al que se le saltan los muelles. Por ello y en consecuencia, lo que llama también la atención es el alto crecimiento en el pago de la deuda (casi 100 millones más en amortizaciones e intereses). Sube hasta los 643 millones de euros en 2018 y si me apuran, seguro, acabará duplicando a la inversión productiva. Es lógico pensar que, si los ingresos se mantienen estables y el gasto estructural no para de crecer, sea así. De hecho, su importe es superior al dinero disponible de la mayoría de las consejerías. En concreto, la «consejería de la deuda» sería la tercera en volumen dentro del esquema de distribución de recursos. Exactamente igual que el salario social cuya cuantía va a ser de 120 millones de euros anuales y subiendo. Está previsto un incremento de 15 millones, para que unas 1.500 familias más se integren en el sistema. Volvemos a lo mismo. Según los técnicos, aproximadamente unas 45.000 personas están vinculadas a él en nuestro paraíso natural. Sería con diferencia un concejo medio tirando a grande. Para que se den una idea, con mayor población incluso que Mieres. Pues bien, así y todo, constando que este proyecto no puede ser más social, todavía se pretende darle una vuelta de tuerca. Los tiros en la negociación tanto con IU como con Podemos vienen por ahí. Sumar más gasto fijo y, por tanto, mayor deuda, puesto que no se espera ninguna explosión económica que dispare los ingresos del Principado. Es más, si me apuran podemos ir a menos dentro del nuevo sistema de financiación estatal que está por negociar. Habas contadas y punto.

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Muéstrame un líder.
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Jose Manuel Balbuena | 28-11-2017 | 05:33| 0
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El socialismo local ya tiene secretario general: Iván Fernández Ardura. Se ha impuesto en una votación muy ajustada al otro candidato, José Ramón García, «Monchu». Tanto es así que apenas hubo 27 votos de diferencia entre ambos. 399 consiguió el primero, frente a 372 el segundo. Todo ello con una participación alta (59%) de los militantes en la XIII Asamblea Municipal. Algo que demuestra, sin duda, que había mucho interés dentro de las bases por aclarar las cosas. La actual fórmula de gestión de la agrupación –una gestora regía sus destinos desde la dimisión de Santiago Martínez Argüelles- estaba agotada. Ya no daba más de sí. La militancia quería expresarse y lo hizo el pasado el pasado domingo con la convicción de cambiar el partido. De volver, como dijo Fernández Ardura en su discurso, a ser de nuevo «el partido de Gijón». Sin embargo, las cosas han cambiado totalmente desde aquellos tiempos de oro. Lo primero, claro está, el liderazgo. El PSOE local ya no tiene líderes. Es decir, no existe un Vicente Álvarez-Areces ni una Paz Felgueroso que arrastraban votos y con ello lograban victorias electorales. El esquema para estos tiempos se basa en liderazgos blandos y dúctiles. Vean si no cómo ambos candidatos apelaron constantemente a la participación de la militancia en la toma de decisiones. En este PSOE ya no hay quién marque el rumbo y muestre capacidad de convicción, sino que esto se deja a las bases. Lo que yo llamo usar el comodín del público. Cualquier decisión, sea dentro del grupo municipal en el Ayuntamiento o a nivel interno, va a tener que pasar a la fuerza por el tamiz de la consulta. Eso es lo que propugna y promete Pedro Sánchez, Adrián Barbón y, faltaría, Iván Fernández Ardura como remedo de ambos. Asimismo, la situación política no es la misma ni mucho menos. El actual Consistorio está formado por seis grupos. El futuro en 2019 es muy posible que también. Los socialistas gobernaron durante años mediante pactos y en armonía con IU. A día hoy, esto sería difícil por no decir imposible. La irrupción de Xixón Sí Puede –pese a que suenen otra vez los cantos de sirena para la unidad de la izquierda- lo impide. No está ni mucho menos por la labor. El «partido de Gijón», como pretende Fernández Ardura, ya no es uno, sino que son muchos. Dispersos, diferentes y que chocan entre sí. Por tanto, no le va a resultar nada fácil al nuevo secretario recuperar ese esplendor perdido que tanto añora. Y más, vuelvo al primer argumento, cuando no se ve a nadie con capacidad de arrastre. De liderar un proyecto ante un electorado atomizado y en ocasiones confuso. Epílogo: muéstrame un líder y te daré una victoria.

 

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El «puestín».
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Jose Manuel Balbuena | 25-11-2017 | 17:32| 0
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Resulta curioso cómo las reivindicaciones de un colectivo pueden condicionar la vida municipal. Si me apuran, hasta dejar a esta ciudad sin presupuestos. Me refiero a la remunicipalizción del servicio de ayuda a domicilio, algo de lo que Xixón Sí Puede (XSP) ha hecho bandera. Es más, lo ha puesto como condición «sine qua non» para poder llegar a un acuerdo de cara a aprobar las cuentas del año que viene. Y pese a que la Alcaldesa, Carmen Moriyón, ha presentado hasta cinco informes en contra, la formación morada sigue erre que erre queriendo que la plantilla de doscientas trabajadoras pase a formar parte del Ayuntamiento. Ya sea por la vía directa, o bien, creando una nueva empresa «ad hoc» para ello. Sí, porque la última propuesta de XSP es eso: diseñar un nuevo ente de ayuda a domicilio. Organizado de arriba abajo para este propósito y sin reparar en nada. Incluidos sueldos, coches eléctricos, ordenadores, etcétera. Todo ello, según la concejala Nuria Rodríguez que hizo las veces de presentadora del proyecto, supondría un coste de 4,3 millones de euros. Más barato en teoría, por supuesto, que los 4,5 millones que cuesta realizar de manera indirecta el servicio a través de la iniciativa privada. Pues bien, ante esto hay varias consideraciones. La primera, sin duda, que el papel todo lo aguanta. Es muy sencillo sentarse delante de un ordenador y empezar a calcular costes que nunca se cumplirán. Por ejemplo, el de los salarios de las trabajadoras que, seguro, al siguiente año pedirán equipararse con los convenios vigentes del resto de funcionarios. También, claro, que no es política de recibo crear nuevas empresas municipales cada vez que algún colectivo laboral se ponga a reivindicar mejoras. Por esa regla de tres, tendríamos que hacer lo mismo con los trabajadores del aparcamiento regulado, los que llevan el mantenimiento lumínico o semafórico, los de conservación vial y así sucesivamente. Acabando, en resumen, con un Ayuntamiento mastodóntico y con tantas empresas a su cargo que sería completamente inabarcable. Una especie de Titanic local que iría directo hacia el iceberg. Por eso, porque crear una especie de ejército de semifuncionarios no es la solución, desde esta columna vemos muy acertada la rotunda negativa del equipo de gobierno a iniciar tan tortuoso camino. Una cosa es mejorar las condiciones de las auxiliares de ayuda a domicilio, vía pliego de condiciones cuando se renueve la concesión, y otra muy distinta integrarlas en la nómina municipal por la puerta de atrás. Algo, sin duda, que acabaría sucediendo tarde o temprano. No olviden que éste es el sueño laboral de todo buen asturiano: un «puestín» en la Administración.

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Indiferencia.
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Jose Manuel Balbuena | 23-11-2017 | 05:12| 0
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Mientras el Gobierno de Javier Fernández se afana por sacar adelante un presupuesto para el año que viene, a la calle no le importa lo más mínimo. El tema ni está en las tertulias de café, ni en las conversaciones de ascensor, ni a los ciudadanos les preocupa en absoluto. Saben de sobra que la maquinaria administrativa va a seguir funcionando igual con cuentas aprobadas o sin ellas. Dicho de otra forma: la sanidad o educación, partidas clave para cualquier habitante de nuestro paraíso natural, seguirán ahí presentes y vivas durante todo 2018. Con prórroga o sin ella. A nuestros gobernantes, como es lógico, el devenir de las negociaciones puede que les quite el sueño, sin embargo, al asturiano de a pie, no. Seguirá yendo al médico de igual manera y sus hijos tendrán el colegio garantizado pase lo que pase. Podríamos decir que no le exigen –no esperan, casi diría yo- mucho más al Principado. Ni grandes proyectos, ni nuevas carreteras, ni algo que les cambie sustancialmente la vida. Simplemente, que cumpla sus compromisos en materia sanitaria, educativa y social. Es la parte gruesa del presupuesto y el resto son migajas. De hecho, lo que está discutiendo el PSOE con Podemos e IU es precisamente eso: materias sociales. La formación morada quiere la gratuidad de la educación de cero a tres años, doblar (ojo) el parque de viviendas públicas y un aumento en la plantilla sanitaria (mil nuevos puestos). IU, por su parte, está en la misma línea. Quiere llevar a cabo iniciativas sobre la pobreza energética y atención a las familias. En definitiva, lo que Unidos Podemos –la coalición vigente entre ambos grupos a nivel estatal- denomina pomposamente el «rescate ciudadano» que parece no tener fin. Según parece, se va a estar rescatando asturianos, como si fuese un equipo de emergencias ante una catástrofe, ejercicio tras ejercicio. Es, insisto, lo que está sobre la mesa antes de que el anteproyecto entre la Cámara y se vote, más o menos, hacia el 29 de diciembre. Lo demás –políticas de empleo, creación de empresas o industria, por ejemplo- no importa demasiado. Que nadie espere algo por ese lado ya que aquí, en nuestra comunidad, sólo se vive el día a día. La máxima preocupación consiste en pagar una plantilla de funcionarios que siga atendiendo a una población envejecida y punto. La prórroga, en definitiva, lo único que haría sería complicarle la vida al Ejecutivo al tener que rendir cuentas de forma continua ante el Parlamento, pero nada más. La sanidad o educación siempre van a encontrar apoyo para que aumenten sus partidas. Nadie se va a oponer y la vida sigue igual. Con presupuesto o sin él.

 

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Vía muerta.
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Jose Manuel Balbuena | 21-11-2017 | 05:43| 0
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El portavoz de la juta de gobierno, Fernando Couto, considera determinante la postura que tome el PSOE para que esta ciudad tenga presupuestos. Lo hace después de constatar que su aliado del año pasado, Xixón Sí Puede (XSP), esta vez no lo va a ser. La formación morada no está dispuesta –a tenor de los hechos y mensajes emitidos- a aprobarle unas cuentas a Foro. Razones externas (la dura exigencia de municipalizar el servicio de ayuda a domicilio) e internas (el descontento de las bases con el apoyo que se dio) hacen que resulte prácticamente imposible. Por eso, Couto señala al socialismo local como quien debería de dar la cara en este momento. Esto es, sentarse a negociar para que Gijón, más que probablemente, no acabe con sólo unos presupuestos aprobados de cuatro posibles. Pues bien, José María Pérez, el portavoz del grupo municipal, aceptó el reto. Eso sí, haciendo tantas recriminaciones por anticipado que ya nos da una idea de cuál va a ser el resultado final. Una, que Carmen Moriyón no es en absoluto de fiar. Según Pérez, «sistemáticamente incumple sus acuerdos de Pleno, pese a votar a favor de muchos». Y la otra, que se sienten segundo plato en la mesa. Es decir, que sólo se han fijado en ellos una vez que XSP ha sido descartado para el diálogo. Así y todo, aceptan trasladarle sus propuestas que, faltaría, son de máximos. O sea, que exigirían un esfuerzo ímprobo por parte de Foro en caso de tener que llevarlas a cabo. Plantean ni más ni menos que un importe económico de 50,2 millones de euros, lo cual representa casi un 25 por ciento del monto presupuestario total. Además, incluyen una reorganización de distintas áreas con ceses incluidos. En concreto, el del director general de Empleo, Pelayo Barcia, porque, según Pérez, la Alcaldesa no se va atrever a destituir a las concejalas Aña Braña y Eva Illán. Cosa que, por lo visto, también sería de su agrado. Como ven, entenderse no va a ser fácil. Por un lado, los socialistas pretenden una reasignación de los recursos a medida y, por otro, cambiar determinados puestos señalando con el dedo quién debe marcharse. Está claro que, si no cambian las condiciones, el acuerdo a explorar parece una vía muerta. Máxime si tenemos en cuenta las circunstancias en las que se encuentra el PSOE. Inmensos en plena campaña electoral para renovar a su ejecutiva local. Algo que también influye y mucho. De hecho, creo que es determinante. Ningún secretario general gijonés recién elegido quiere encontrarse con un pacto presupuestario de este tipo. Eso lo sabe el grupo municipal y por eso actúa de esa manera: exigiendo imposibles.

 

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Últimos Comentarios

albertoperez 10-12-2017 | 10:17 en:
Vértigo me da.

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