Urbanismo gijonés: un atolladero.

La anulación del Plan General de Ordenación (PGO) en Gijón se ha convertido en un problema de órdago para el equipo de gobierno de Foro. Las dos posibles opciones –parchear el PGO existente o crear uno nuevo- casi representan la espada o la pared. Veamos. Los constructores están de uñas ante la pretensión municipal de partir de cero. O sea, redactar un nuevo PGO para la ciudad sin tener en cuenta el existente. Dicen que esto llevaría mucho tiempo, además de crear una parálisis urbanística insoportable. Proponen, pues, que se subsanen los defectos señalados por la Justicia –la falta de información pública en El Muselín y Mina La Camocha- siguiendo adelante con lo que hay. Sin embargo, el PGO anulado para el Ayuntamiento y en vigor según los empresarios hasta que no se resuelva el recurso de casación; no es sólido. Es decir, nada impide que, una vez aportados los informes geológicos requeridos, alguno de los recursos pendientes (y son más de 40) vuelva a tumbarlo. Entonces, estaríamos de nuevo en la misma situación o incluso peor: ¿qué pasaría con las licencias concedidas hasta entonces? De hecho, cuando un plan acaba anulado es normal que el resto de las sentencias sigan en la misma línea. Dicho de otra forma: el PGO del 2011 no es en absoluto de fiar.

La segunda opción, que se redacte uno nuevo, se ha vuelto más complicada. Requiere, sin duda, de un amplio consenso político que ahora mismo no existe. Carmen Moriyón necesitaría un socio (o socios) de garantía para poder llevarlo a cabo. Y, viendo lo que pasó en el Pleno del viernes, no creo que los tenga. Allí, el Partido Popular se abstuvo sobre la suspensión del plan parcial de Cabueñes pese a estar de acuerdo en la Comisión de Urbanismo. En una marcha atrás increíble, los populares, que siempre habían arremetido contra el «Muro de Cabueñes», se aliaron con la oposición para dejar que siguiera adelante. En estas circunstancias, no cabe duda de que redactar un nuevo plan queda más en el aire que nunca. ¿Se puede fiar Foro del PP gijonés a la hora de negociar algo tan importante? Tan ardua y compleja tarea, ¿se puede afrontar sólo con 9 concejales y 5 del PP que son imprevisibles? Yo pienso que no y, claramente, lo ocurrido en el Pleno del viernes, es un varapalo para el equipo de gobierno. Deberá volver a pensar (y mucho) la estrategia para salir de este atolladero.

Severino: la FADE soy yo.

Severino García Vigón, todavía presidente de la FADE, explicó lo que está pasando en su organización con una simple comparación. «Es como si», decía Vigón, «los ministros de Rajoy decidiesen destituirle». Además, achacaba el revuelo sobre sus problemas fiscales –un presunto delito en las liquidaciones del IVA- a su condición de hombre público. Vamos, que eso le sucede a otro cualquiera y no pasa nada. Bien, efectivamente sería imposible que a Rajoy le destituyeran sus ministros y no al revés. Ahora bien, si todos –o la mitad como es este caso- se marcharan provocarían una crisis de gobierno de enormes proporciones. Tanto, que nada volvería ser igual y seguramente tendría que convocar elecciones. Porque, digo yo, los ministros –al igual que el comité ejecutivo de la FADE- no dejan de ser las personas de confianza del presidente. Sus opiniones tienen más valor y, entiendo, fueron puestos ahí precisamente por eso. Sin embargo, en la crisis de la FADE se están sustituyendo como si tal cosa. Pese a que el comité ejecutivo pidió la dimisión de García Vigón, éste en un principio se comprometió para luego dar marcha atrás. O sea, buscó los apoyos necesarios en la junta directiva para continuar. Y eso que, económicamente, se le había buscado una solución generosa: pagarle el resto del contrato. Dicho de otra manera: los pesos pesados empresariales han visto como les traicionaba rompiendo lo pactado. Ni más, ni menos.

A mí me parece que la patronal ha cometido varios errores. Uno de ellos, quizá el principal, es hacer el cargo de presidente casi vitalicio. Más o menos, como si fuera un funcionario generosamente remunerado al que, ahora, sin duda, es muy difícil relevar. Los 12.000 euros mensuales que se le pagan a Vigón, , en unas circunstancias difíciles para sus empresas, también pesan a la hora de continuar. El enroque, el permanecer contra viento y marea; tiene su fundamento en una persona que ha hecho de la presidencia su profesión. En definitiva, como el político que se agarra a su escaño ya que no sabe hacer otra cosa. Algo, obviamente, sumamente criticado desde la patronal. La labor de García Vigón al frente de los empresarios ha sido valiosa y debe reconocérsele. Pero, obviamente, todo tiene principio y fin. Los mandatos, como conclusión, deberían de estar siempre limitados en el tiempo. Si no, acaba dándose la máxima del absolutismo. En este caso: la FADE soy yo.

Moriyón 2.0

Dentro de pocos días, el 11 de junio, se cumplirán dos años de la llegada al poder de Foro Asturias en Gijón. Ciertamente, convirtiendo la ciudad –una vez perdido el gobierno del Principado- en el principal bastión de su política. Vamos, en el santo y seña dentro del partido de Álvarez-Cascos. Al frente del mismo, una cirujana de profesión, comenzó su andadura suscitando muchas dudas. Lógico, si tenemos en cuenta la peripecia que la llevó a ser alcaldesa. Por aquel entonces, FAC era un partido creado a marchas forzadas. Tanto, que su lista gijonesa fue confeccionada mediante una especie de “Operación Triunfo” política: a base de entrevistas entre sus militantes con un jurado de tres personas. El método –increíble a todas luces- resultó de lo más peculiar pero tenía una justificación: buena parte de los integrantes de Foro no se conocían, es decir, nunca habían trabajado juntos. Así, de la noche a la mañana Carmen Moriyón se convertía en cabeza de lista. Y su campaña electoral, la verdad, fue bastante normalita por no decir tirando a mala. Sin embargo, el ansia de los gijoneses por un cambio después de 30 años de socialismo la llevó a los 9 concejales. Eso, unido al desplome del Partido Popular -5 concejales- permitió que llegase a ser la primera edil del ayuntamiento más poblado de Asturias. Si quieren verlo de otra manera: una especie de cuento de la Cenicienta donde, una persona anónima para la vida pública, acaba ostentando tan alto cargo.

De aquella fase inicial –quizá más cándida y sin saber muy bien dónde se metía- poco queda. Carmen Moriyón se ha hecho mucho más coriácea, ha aprendido el oficio de la política y lo pone en práctica.  Ataca a la yugular de la oposición cuando hace falta y, sin duda, no titubea a la hora de tomar decisiones. Eso sí, sigue teniendo ese punto de frescura en el cual residía su encanto. No se la ve, ni mucho menos, como una política profesional amarrada al sillón. La figura de la Alcaldesa entiendo que ha crecido durante estos dos años, para desgracia de la oposición. Digo más, algunos hablan incluso de «Moriyonismo» (qué palabra tan fea) en contraposición con el «Casquismo». En fin, yo creo que el gobierno de Foro Asturias en la ciudad se ha afianzado. Con errores, claro, pero también gracias a una cierta madurez en sus miembros que no existía al principio. Hoy el equipo de gobierno es más fuerte y, en cambio, en la oposición sucede todo lo contrario. El principal partido del Ayuntamiento, el socialista, acusó demasiado el golpe electoral. Además, los devaneos de su líder, Santiago Martínez Argüelles, como consejero de Liberbank le han hecho mucho daño. Por su parte, los populares han vivido una auténtica convulsión. Desde la dimisión de varios concejales, hasta la destitución fulminante de su presidenta, Pilar Fernández Pardo, y la creación de una gestora. En resumen, la Moriyón 2.0 es una versión renovada, más potente y que sigue adquiriendo valor cada día que pasa. Así, la verdad, va a ser muy difícil arrebatarle la alcaldía. Pero, obviamente, queda todavía la mitad del mandato.

La buena educación.

Hace tiempo que en la universidad se perdió la buena educación. No la de calidad, que seguramente; sino ésa que ni siquiera se aprende en las aulas. Cada vez que alguien relevante –político o personaje público de cualquier condición- la pisa se produce un lío. Rosa Díez lo experimentó en carne propia cuando, después de intentar dar una conferencia en La Complutense, tuvo que salir escoltada. A Carrillo, en la Autónoma, le ocurrió lo mismo ante una turbamulta que le llamaba asesino. El ex ministro Josep Piqué y Aznar con su famoso dedo índice en Oviedo, fueron también objeto de la «tolerancia» de algunos. La consecuencia, lógica por otra parte, es que casi nadie del mundo político quiere ir. Más que nada, para no salir escaldados. Los universitarios del siglo XXI prefieren la bronca, a respetar las ideas de los demás. No se limitan a ignorar o no acudir a la charla de turno, sino que el objetivo es reventarla. Se mire a la izquierda o derecha. Mal vamos si, en un país donde tanto se invoca la democracia, la élite de su formación va por ese camino.

Y ayer, sin duda, tuvimos un episodio más. El ministro de Educación, José Ignacio Wert, se quedó con un palmo de narices ante algunos premios Fin de Carrera. Una docena se negó a saludar a las autoridades, dejando, en cierta manera, un mal sabor de boca a todo el mundo. El hecho, para mí, no tendría mayor transcendencia salvo por una cosa: se trataba de un acto donde los protagonistas eran los propios universitarios. Hoy la noticia en los medios de comunicación, no es que 129 jóvenes han sido los más brillantes en sus disciplinas, sino la cara de circunstancias del Ministro. Las legitimas protestas, como es lógico, deberían de haber estado en la calle o el salón de actos; pero nunca en la entrega en sí. Algunos de los premiados recogieron su diploma, no sé, como a quien le entregan publicidad por la calle. Tal parecía que fuesen a arrojarlo directamente a la papelera. Otro, efectivamente, saludó por cortesía, pero luego se dirigió a un auditorio entregado reclamando voz en grito «Una educación libre para todos». Al que le tocó dar el discurso protocolario, como se le ocurrió agradecer el apoyo de las autoridades, tuvo que escuchar desde el público: «Dilo en tu nombre». En fin, yo creo que se puede protestar de otra forma. Seguramente, una sonora pitada al ministro Wert por su Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa hubiera estado mejor. Así, por lo menos, no se quedaría uno con la impresión de que en la universidad se han perdido completamente las formas.

Diez años más de metrotrén.

Yo siempre vi al metrotrén como un regalo: el que hizo un ministro asturiano a su ciudad. Si recuerdan, la idea de Francisco Álvarez-Cascos fue acogida con gran sorpresa y escepticismo. Vamos, que nadie esperaba que de la noche a la mañana Gijón tuviese circulando trenes por sus entrañas. En cierta manera, la proposición fue tan inaudita que cogió con el pie cambiado. Surgieron un montón de trazados alternativos en numerosos debates ciudadanos, mientras que algunos aseguraban que los edificios se iban a caer. Había quien planteaba trenes lanzadera para comunicar a los pasajeros con El Humedal, mientras que otros pedían con insistencia su llegada al Hospital de Cabueñes. El problema, como a quien le regalan un móvil de última generación, es que el proyecto nunca se supo manejar. Los ritmos entre administraciones eran tan diferentes que Fomento se apresuró en acabar el túnel, pero el resto de la obra continuaba inmóvil. Yo diría casi que a verlas venir. Nadie tenía claro lo de la estación intermodal (dónde, cuándo y de qué manera se iba a hacer), o lo de las paradas (cuántas), o cómo se iba a financiar (sistema público, privado o mixto). En resumen, la historia del metrotrén no ha sido más que una decepción constante. Si en aquellos tiempos de bonanza se hubieran hecho las cosas de otra manera, ahora tendríamos un soterramiento ferroviario. Sin embargo, el síndrome asturiano -el que alarga las infraestructuras hasta la eternidad- llegó y ya nada va a ser lo que fue. Fomento plantea ahora una versión recortada de 1,2 kilómetros, una parada en plaza Europa y que la estación provisional pase a ser definitiva. Eso sin poner ni un solo euro, porque el dinero tiene que salir de la venta de solares en un mercado inmobiliario hundido. ¿Cuándo se empezó a joder el metrotrén? Cuando los rifirrafes políticos, la falta de liderazgo y desidia en general se adueñaron por completo del proyecto. ¿Tiene arreglo? Sí, pero habrá que esperar diez años más.

Nota: el metrotrén nació en el 2003 y, según fuentes tan poco fiables como el Ministerio, se acabará en 2020; ¿alguien se lo cree?

Canción triste de Cudillero.

A mí me parece bien –con matices- la sentencia del Tribunal Constitucional sobre lo de Cudillero. Esto es, anular que un señor que no estaba en la lista electoral, Ignacio Fernández, acabe siendo alcalde. Vamos, de haber seguido esa situación la democracia estaría subvertida hasta límites insospechados. Y más, teniendo en cuenta cómo se produjo. Tras la renuncia de Francisco González por pasar a ser diputado regional, uno tras otro de los siguientes en la candidatura fueron dimitiendo. Alegando motivos de presión por un blog anónimo y circunstancias extraordinarias. La realidad es que la Federación Socialista Asturiana había presionado, junto con el propio González, para darle la alcaldía a quien ellos querían. Semejante artimaña –que no hace más que poner al servicio del partido la voluntad popular- se hizo en base a un precepto de la Ley Electoral pensado para casos de terrorismo. Es decir, que pueda llegar a ser alcalde de un municipio alguien que no entró en una lista, cuando nadie se atreve por amenazas serias. Sin embargo, la FSA y González hicieron dimitir uno tras otro a los concejales hasta llegar al deseado. Episodio, sin duda, poco gratificante y que no pasará a la historia como el mejor ejemplo democrático a seguir.

¿Y ahora qué? Bueno, pues la cosa tiene sus bemoles. Si los concejales que renunciaron en su día ahora aceptan, quedará aún más patente la burla. Si no lo hacen y vuelven a negarse, entonces, Cudillero, quedará sin alcalde puesto que la oposición (Foro y PP) carece de mayoría absoluta. Además, el Secretario está de baja, el suplente de vacaciones y la Intervención vacante. Un cuadro de desgobierno que, para mí, sólo se puede solucionar mediante una gestora. Digo más, la única forma de restituir la confianza ciudadana –si aún es posible- sería a través de unas nuevas elecciones. Sólo con nuevos comicios se restablecería la voluntad democrática en Cudillero. El discurso que exhiben ahora los socialistas –somos el partido elegido y tenemos que seguir gobernando- ha quedado invalidado por sus triquiñuelas. La FSA metió la pata hasta atrás en Cudillero y los ciudadanos deben nuevamente decidir.

Sobre la sentencia del Constitucional, como dije, hay algo que no me cuadra. Salvo para un magistrado, el TC considera que Fernández no puede ser alcalde pero sí concejal. La verdad, curioso ¿no? O sea, dice que se necesita un plus para ser alcalde pero no en el caso de concejal. En fin, entiendo que esto choca directamente con otra sentencia del TC referente a la llamada Ley de Grandes Ciudades. Allí, el alto tribunal se manifestó en contra de que miembros no electos formen parte de la Junta de Gobierno. El caso afectó en Gijón a Avelino García –concejal no adscrito de Foro- que tuvo que dimitir. En resumen, parece que Ignacio Fernández se puede quedar en el ayuntamiento de Cudillero, pero no el resto de personas que adquirieron la condición de la misma manera. Cudillero entrará en los códigos de Derecho Administrativo como un caso a estudiar.

La gran mentira.

Llegado a este punto habrá que sacar la siguiente conclusión: la alta velocidad ha sido una gran mentira. Sobre todo, añadiría yo, en el caso asturiano. Pero, vamos a analizarla en su integridad. El AVE español nació, creció y se desarrolló bajo instancias políticas. Las líneas, los trazados e inversiones necesarias siempre estuvieron a criterio del político de turno, y no de los técnicos como ocurrió en el resto de Europa. Así, el primen tren de alta velocidad en España fue el que unía Madrid con Sevilla en 1992. ¿Por qué? Bien sencillo: gobernaba Felipe González y dijo que era parte de la deuda histórica  con Andalucía. O si quieren verlo de otra forma: es que era andaluz y punto. A partir de ahí, se desarrollaron todos los demás corredores. Bueno, todos… menos el del Noroeste en el cual se encuentra nuestro paraíso natural. Los datos, a día de hoy, son demoledores. Para que una línea de AVE sea rentable se necesitan 8 millones de pasajeros anuales, en estos momentos ninguna se acerca. La que más,  Madrid-Barcelona, apenas llega a los 7. De hecho, es la única que interesa a la iniciativa privada cuando se liberalice el sector. Las demás, que se las coma el Estado. José Bono se empeñó en hacer una línea de AVE por Albacete: tuvo que ser suspendida ya que tenía, ojo, 15 pasajeros al día. De las 25 nuevas terminales de alta velocidad que existen, 7 tienen menos tráfico que un apeadero regional. Simplemente, fueron construidas en tierra de nadie: en Guadalajara (82.000 habitantes) está a 8 kilómetros de la capital ligada a un proyecto inmobiliario fantasma (Ciudad de Valdeluz). Cuando José Blanco se reunió con el Secretario de Transporte de los Estados Unidos -el equivalente a nuestro ministro de Fomento- sucedió algo muy curioso. Blanco comenzó a enseñarle un mapa lleno de rayas que representaban futuras líneas de alta velocidad. El estadounidense, pasmado de asombró, le espetó: ustedes son ricos. Y es que cada kilómetro del AVE cuesta 100.000 euros anuales mantenerlo, el doble si se trata de túneles. ¡Imagínense los 25 de la Variante de Pajares!

A los asturianos todo esto nos suena a cuento chino. No hemos visto un tren de alta velocidad más que por televisión, y probablemente llegará el hombre a Marte antes de que esto ocurra. Como siempre, ni supimos aprovechar la épocas de vacas gordas –cuando se hacían kilómetros de AVE como churros- pero sufrimos la de flacas con total crueldad. Ahora, desde el Ministerio nos hablan de filtraciones, laderas que se derrumban y problemas técnicos; paparruchas, lo que no hay es un euro ni voluntad política de llevar a cabo la alta velocidad asturiana. Si así fuera, estaría terminado (o a punto) el tramo entre León y La Robla, o el de Lena hasta Gijón. Y nada de eso se ha producido, o se va a producir en los próximos años. A cambio, vamos a tener un solo túnel y, el otro, en fin, ya veremos después de gastar 3.200 millones de euros. A nadie le interesa que el AVE entre en Asturias a medio plazo, porque antes está el gallego apoyado a muerte desde instancias políticas. Durante muchos años -quizá toda la vida- la alta velocidad asturiana acabará en León. Eso, aunque no se diga, sí es la gran verdad sobre el AVE en nuestra comunidad.

Líder de los decepcionados.

No es la primera vez que la palabras de José María Aznar son interpretadas en clave  de vuelta. De hecho, dijo en  más de una ocasión que casi se lo pensaba a diario. Y ayer, en una entrevista televisiva, lo volvió a repetir. A preguntas de la periodista sobre su retorno, dijo literalmente “Cumpliré con mi responsabilidad, con mi conciencia, con mi partido y con mi país con todas las consecuencias”. Lo cual, para mí, debe ser interpretado como todo un toque de atención hacia Mariano Rajoy. Digo más, durante toda la noche estuvo poniendo en solfa la política que está realizando el Gobierno. Desde la subida de impuestos , a no cumplir con el programa electoral, o esa cierta falta de liderazgo. Así, para Aznar se está castigando en demasía a las clases medias, o lo que es igual: maltratando a su propio electorado. Insisto, lo que vimos no fue la escenificación de un regreso, sino más bien un aviso a navegantes. Aznar quiso decir claramente a Rajoy algo tan sencillo como esto: por aquí no vamos bien. La vuelta del ex presidente representaría toda una convulsión dentro del Partido Popular. No veo incluso dónde se le podría encajar. Disputarle el liderazgo a Rajoy sería como abrir una auténtica guerra civil en las filas populares. Vamos, una división entre dos líderes que, normalmente, suele acabar muy mal en las urnas. De hecho, creo que por responsabilidad Aznar nunca haría eso. Sin embargo, que no lo gusta cómo está gobernando Rajoy es más que evidente y aprovechó la ocasión para mandar el mensaje.

Además, hay otras cosa: la época de Aznar está siendo objeto de revisión. Un día sí y otro también, nos levantamos con asuntos de la Gürtel, los sueldos extra o el tráfico de sobres con dinero. En definitiva, temas que están incluso bajo tutela judicial y que, en caso de que volviera, le salpicarían directamente. Sus enemigos –que son muchos- no tardarían ni un minuto en hacer sangre con ellos. Entiendo que Aznar, en muchas cosas, es bastante mejor que Rajoy. Tiene el carisma necesario para, con sólo unas palabras, ser protagonista de todas las portadas de hoy. Ahora bien, las segundas partes en política nunca suelen ser buenas.  Probablemente, de estar gobernando en estos momentos el ex presidente también estaría (como Rajoy) triturado por la crisis. La actual no tiene nada que ver con la del 93, que presume de haber vencido.

Master del Universo.

Hay quien critica al juez Elpidio (vaya nombre) por encarcelar a Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid. Algunos dicen que una fianza de 2,5 millones de euros, era demasiado poco para un señor tan poderoso económicamente. Efectivamente, sólo tardó 24 horas en reunirla. También sobre lo farragoso e inaudito de su auto: «En medio de una tempestad, no existe barco que, a todas luces, tenga que aguantar ni, ante la presencia de un tsunami, existe mejor o peor tumbona para pasar la tarde tomando el sol». ¿Lo han entendido? Yo tampoco. Sin embargo, entrar en disquisiciones es «peccata minuta». El que un «Amo del Universo» se vea por fin entre rejas me parece absolutamente justo. Digo más, si quieren verlo así, es hasta anómalo el que le hayan imputado por esos presuntos delitos: lo de la compra de un banco en Florida o el préstamo a Díaz Ferrán. Respecto a esto último, probablemente, cumpliendo órdenes políticas. Hay más, mucho más, por lo que debería pagar. Entre otras cosas, la compra ruinosa de la Torre Foster a Repsol por 815 millones de euros, 4.000 millones en participaciones empresariales fallidas o los grandes préstamos no cobrados como a Martinsa-Fadesa. Así y todo, el que al menos un presidente de las antiguas cajas esté acojonado da cierto placer. Seguro que Blesa no ha dormido como, por ejemplo, los poseedores de preferentes -3.000 millones de euros- que en 2009 cayeron en su trampa. A mí lo de estos gestores de pacotilla me parece un escándalo de órdago. Eran, en la mayoría de las ocasiones, personajes sin formación financiera que aupados desde instancias políticas, jugaban con el dinero ajeno como si fuese el del Monopoly. Auténticos déspotas que hacían lo que querían, siempre y cuando fuesen sumisos con el político de turno. Moltó, el ex de Caja Castilla La Mancha, dejó un agujero que superó los 3.000 millones de euros: se ha llevado una multa de 155.000 euros –calderilla- y 5 años de inhabilitación. Modesto Crespo, el de Caja de Ahorros del Mediterráneo, era gerente en un concesionario de coches y su gestión ha costado 7.000 millones de euros. Si esto no es impunidad, que venga Dios y lo vea. Si a estos señores no se les hace pasar ni 24 horas en prisión, es que el sistema apesta.

Y para que nos demos cuenta de cómo estaba montado el negocio, fíjense en la compra del City National Bank of Florida. Caja Madrid no tenía ninguna experiencia internacional. Solamente una pequeña inversión en un banco mejicano –Hipotecaria Su Casita- que quebró. Con este bagaje, y sin encomendarse a nadie, desembolsa 1.100 millones de euros para meterse en el mercado estadounidense, incluyendo un fastuoso palacete que costó 10,5 millones. Llevada la operación al consejo de Caja Madrid la aprobó con el sí de los tontos: eran allegados a políticos y sindicalistas que lo único que conocían del sistema financiero era su cajero automático. Resultado: ahora se está vendiendo el banco por 500 millones de euros. El resto, nos lo tendremos que comer entre todos.

Nota final: que se vaya aplicando Rodrigo Rato lo de «Cuando las barbas de tu vecino…».

Dualidad cierta.

Es cierto que tenemos un mercado laboral dual. Es decir, que a los contratos indefinidos se les trata de distinta forma que a los eventuales. Eso, como es lógico, ha traído consigo toda una forma de ver el mundo. Fíjense si no en lo siguiente. Cuando vas a pedir un préstamo -¡Oh, aquellos tiempos!- lo primero que te miran es la nómina. Si eres fijo no tienes problema, en cambio, a los contratos temporales, les puede pasar dos cosas: o que le denieguen directamente la solicitud, o que le exijan un fiador aunque tenga, no sé, 40 años de trabajo a sus espaldas. Quiero decir que, esa manera de ver al trabajador en función del tipo de contrato, forma ya parte intrínseca de nuestra cultura. Antes hablé de un préstamo bancario, pero lo mismo podría suceder con un alquiler, una compra a plazos o cualquier otra operación de crédito. Ni contar, por supuesto, cuando de lo que se habla es de conservar el puesto de trabajo. Desde que comenzó la crisis han sido 40.000 contratos temporales los rescindidos en Asturias, por más o menos 30.000 fijos. Dicho en otras palabras: quien disfruta de un contrato fijo puede considerar que tiene algo, mientras que el temporal no.

La propuesta del comisario europeo de Empleo, László Ándor, de crear un contrato único ha levando polvareda. Según el mandamás europeo, acabar con la dualidad contrato temporal-indefinido relajaría las elevadas tasas de desempleo. Francamente, no lo creo. Desgraciadamente, el paro tiene raíces mucho más profundas –una economía hundida y el consecuente cierre masivo de empresas- como para pensar que se soluciona cambiando contratos. Sin embargo, a mí me resulta curioso las reacciones que ha suscitado. Para el Gobierno, la propuesta del Comisario es anticonstitucional. La pregunta obvia es, ¿y por qué? Entiendo que la fórmula teórica propuesta (contrato con indemnización en función de la antigüedad), viola tanto en su caso la Carta Magna como la reforma laboral. Para los empresarios son necesarios muchos tipos en función de los diferentes sectores. Pregunto, ¿hasta más de 40 que hay en la actualidad? Los sindicatos dicen que sería atentar contra los derechos del trabajador. Bien, no creo que piensen igual los miles y miles de eventuales que, cuando van a pasar a fijos, tienen que sufrir triquiñuelas empresariales para seguir en el mismo estado. Entiendo que, en muchas ocasiones, la labor sindical defiende más a quien tiene empleo y fijo; que a quien está en el paro o con contratos temporales pendientes de un hilo. En fin, yo pienso que esta recomendación debería de valorarse más. Ese cambio de cultura en el mundo laboral hacia el contrato indefinido, es algo que se ha hecho ya en Dinamarca. Allí, tienen un tipo único para todo el mundo: ni fijos, ni temporales. El resultado es la conocida como «flexiseguridad danesa»: un mercado laboral flexible y seguro a la vez.

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