El Comercio
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Contra viento y marea.
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Jose Manuel Balbuena | 24-06-2017 | 13:51| 0

unknownNo podemos negar la evidencia: el proyecto que acaba de presentar el Ministerio de Fomento para el plan de vías es bueno. Muy bueno, diría yo. Tiene lo que se le había exigido e incluso más. La realización de la obra, por fin, ya no depende exclusivamente de la venta de los solares. El ministro del ramo, Iñigo de la Serna, se ha comprometido a realizar una inversión de 500 millones de euros. Si luego se vende el suelo liberado, mejor, baja el importe que cada administración debe aportar. Ahora bien, no tenemos por qué estar a expensas de los vaivenes del mercado inmobiliario. Además, y como guinda a este pastel, se retoma la ampliación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. Con paradas en el campus universitario y la Universidad Laboral. Algo que creíamos imposible, casi ciencia ficción, el Ministerio lo ha vuelto a poner encima de la mesa. Todo ello, con unos plazos marcados bien claros: dedica dos años para estudios y proyectos, mientras que en 2019 comenzaría la fase de adjudicaciones, dándose por concluida la actuación en 2023. Como digo, la nueva realidad que nos ha traído De la Serna supera todas las expectativas. Francamente, no sé ustedes, pero yo me siento como un niño con zapatos nuevos. Algo así como si en mitad del desierto encontrase agua fresca. Espero que de una vez por todas se acaben los debates estériles en esta ciudad. Esto es, si la intermodal tiene que ir en Moreda o en el entorno del Museo del Ferrocarril. Lo que apoya Fomento de manera inequívoca –pagando en solitario 140 millones de euros de la estación de cercanías- es esta última ubicación. Tema cerrado. Al Principado, como ha dicho el director general de Infraestructuras y Transportes, José María Pertierra, sigue sin convencerle el lugar. Sin embargo, va a tener que ceder. No le queda otra. Sería imperdonable que, ante esta lluvia de millones, desde Oviedo negasen la mayor. Que practicasen de nuevo esa política obstruccionista que tan bien se le ha dado hasta ahora. Lo que nos queda a todos, sin duda, es vigilar que el proyecto se cumpla. De eso, desgraciadamente, ya tenemos una experiencia amarga. Cuando en febrero de 2006 se presentó el plan Junquera aquello parecía «el no va más». Los dibujos nos salían por los ojos. Miren en lo que ha quedado. Una última cosa: la parte política también tiene que remar en la misma dirección. Acuerdos plenarios absurdos para volver a empezar de cero –como el que se forzó hace un mes en el Ayuntamiento- no tienen ningún sentido. Este es el plan, nuestro plan a partir de ya, y por él tenemos que luchar. Sacarlo adelante como sea, contra viento y marea.

 

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Élites extractivas.
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Jose Manuel Balbuena | 22-06-2017 | 04:43| 0
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Sorprende lo que estamos conociendo sobre el funcionamiento del Montepío de la Minería. En el mismo, se dio la circunstancia de que presuntamente existió una trama de corrupción sin que, a tenor de los hechos, nadie en la institución se enterase (o quisiese enterar). José Antonio Postigo, según el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, hizo y deshizo a su antojo sin rendir cuentas. Durante sus ocho años como presidente fueron notorios los desmanes, no sólo en la construcción del geriátrico de Felechosa (obra culmen), sino también en el resto de un cuantioso patrimonio. Es más, por la UCO sabemos que hasta los contratos de limpieza estaban completamente amañados. La pareja de Postigo, junto con una socia que utilizó a modo de tapadera, creó una empresa con el objeto de hinchar las facturas por este servicio. Se cree que llegaron a ingresar unos 165.000 euros por una limpieza que nunca se realizó, en los complejos residenciales que posee la entidad en Los Alcázares (Murcia) y Almería. Dorina Bicher, que así se llama, entró de camarera, en un mes era jefa de equipo y en dos años directora del centro murciano. Modificaron su contrato y cotizaba a la Seguridad Social en el nivel de «ingenieros licenciados». Pregunto, ¿y a nadie le llamó la atención? ¿Había algún tipo de supervisión del Montepío –me refiero a una auditoría o similar- hacia la gestión del presidente? ¿A quién o quiénes debía someterse? Por lo visto, las respuestas son no y a nadie. Postigo era como señor feudal: en este castillo mando yo y mi corte. Supongo que –bajo el inmenso manto protector de José Ángel Fernández Villa– pensó que todo el monte era orégano. Es decir, si ya antes de la construcción del geriátrico, presuntamente, hacia lo que le daba la gana, no te cuento nada cuando le pusieron en sus manos 32,5 millones de euros. Muchos de ellos de dinero público a través de subvenciones. Entonces, claro, vino la madre de todas las corrupciones. La formación de una élite extractiva organizada que, como gusanos en una manzana, acabaron comiéndose lo que se les ponía por delante. La misma estaba formada por los señores del carbón, el asesor, arquitecto, aparejador, constructor… y así hasta un total de 16 investigados. De momento, porque el sumario de la Fiscalía Anticorrupción consta de 169.000 folios y crece como si le echaran levadura. No sabemos a dónde va a llegar. Ahora bien, lo que sí tenemos claro es que la dejación de funciones en la mutualidad minera fue clamorosa. Se dejó engañar. Hace unos días, aprobó personarse como acusación particular en el caso entre un clamor de indignación. A buenas horas.

 

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Política zombi.
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Jose Manuel Balbuena | 20-06-2017 | 04:24| 0
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Hace poco lo supimos por estas mismas páginas: doce empresas tienen dificultades con la línea eléctrica en el polígono de Lloreda. Esto es, la energía que reciben es suficiente para conectar, no sé, ordenadores, fotocopiadoras o impresoras; pero en ningún caso para llevar a cabo cualquier actividad industrial. Necesitan mucha más potencia. La compañía de suministro eléctrico argumenta que tiene que realizar una cuantiosa inversión. Construir lo que se llama una subestación. Naturalmente, ante esa elevada cantidad (de dos a tres millones de euros), exige algún tipo de garantía. Los que vendieron las parcelas (Sogepsa) se encuentran con respiración asistida. O sea, garantía que pueden aportar, cero. Por su parte, la Consejería de Industria ya se ha negado a tramitar un aval que podría solucionar el problema. Resumiendo: existe un grupo de empresas a quienes la inversión no le sirve para nada. Pese a haber gastado el dinero en las parcelas –se han vendido 42 de un tal de 162- no pueden poner en marcha su actividad. Pues bien, vengo sosteniendo desde hace tiempo que la Consejería de Industria es completamente inútil y debería cerrarse. Si acaso, sirve para certificar la muerte de las empresas y poca cosa más. Entonces sí, se echa las manos a la cabeza, llora como una plañidera y promete que luchará para que no vuelva a suceder. Sin embargo, a la hora de la verdad, esto es, cuando hay que tomar medidas para que las compañías realicen su labor de manera normal, no hace nada. Vean si no lo del polígono de Lloreda. La política industrial en nuestro paraíso natural es como un zombi: está muerta y de vez en cuando sale de la tumba a darse un paseo. Pruebas de ello las hemos tenido en nuestra ciudad, por desgracia, a mansalva. Suzuki, Tenneco, Gijón Fabril, Agalsa, ¿sigo? En todos estos casos, la actuación de la consejería, cuando se produjo, dejó mucho que desear. En la comunidad autónoma con mayor capacidad industrial de España, insisto, el Principado es un muerto viviente. Gijón y sus polígonos son buenos ejemplos. Los tenemos, sin ir más lejos, construidos sobre escorias y con un suelo que se hunde como si fuese Venecia. O una Zona de Actividades Logísticas e Industriales (ZALIA) con una parcela vendida, sin accesos –los acaban de licitar- y pendiente de que otro valiente (un temerario) se atreva a comprar. Ahora bien, que sepa a lo que se atiene. Nadie le va ayudar. Al más mínimo problema –una falta de suministro cualquiera- se las va a tener que apañar como pueda. Dijo una vez un ministro que la mejor política industrial es la que no existe. Pues, oigan, entonces aquí es cojonuda.

 

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Despacito.
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Jose Manuel Balbuena | 17-06-2017 | 05:26| 0
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Es como van las infraestructuras en esta ciudad. A su ritmo y sin muchas prisas. El Ministerio de Fomento había dicho que presentaría el proyecto del plan de vías este mes de junio. Podía haberlo hecho en mayo, o quizá a mediados, pero no: lo más probable es que vaya a ser a finales. Cuando el calor aprieta y todo el mundo está en la playa. El ministro, Iñigo de la Serna, con esa planta de vendedor de grandes almacenes (sección de caballero), lo dijo hace unos días en León. Aseguró que el AVE llegará a nuestro paraíso natural en 2021 –¡albricias, tenemos fecha!- y que aparecerá por Gijón a lo largo de este mes. Toca, sin duda, concretar. Venir con algo debajo del brazo y no como la última vez. Es decir, De la Serna tiene que fijar el cómo y cuándo del plan de vías. Porque el dónde, esto es, la ubicación de la estación intermodal, debería de estar más que claro. O al menos, así está recogido en un acta de marzo del año pasado de la sociedad Gijón al Norte. Eso fue precisamente lo que recordó la alcaldesa, Carmen Moriyón y la presidenta de Foro, Cristina Coto. Ambas hicieron una defensa cerrada del entorno del Museo del Ferrocarril como el lugar elegido. Todo ello, pese a que el Pleno del Ayuntamiento a última hora y sin venir a cuento –con los votos de IU, PSOE y Xixón Sí Puede –dijo que no. Que debería volver a buscarse una nueva ubicación de consenso –quizá también con referéndum incluido- y darle más vueltas al tema. ¡Cómo si no se le hubiesen dado ya bastantes! Es más, los defensores de esta propuesta, o sea, de partir de cero otra vez, aseguran que lo importante no es la situación de la estación, sino la de sus paradas. Algo que no deja de ser lo que ahora se llama la posverdad: una verdad a medias. La estación principal de una ciudad es la referencia. El sol sobre el que gira la vida de la misma. A su alrededor, se montan todos los servicios (líneas de autobús, taxis, coches de alquiler, cafeterías, hoteles, etcétera). Díganme una sola urbe que no quiera que esté en el centro. Díganme una sola donde no añoren esto. De hecho, quienes han incumplido esta regla de oro, acabaron teniendo un apeadero de lujo. Guadalajara-Yebes, por ejemplo, costó once millones de euros y está en mitad de la nada. Resultado: sólo doscientos pasajeros la utilizan al día. Cuando aquí se cercenó la posibilidad de situarla en El Humedal, se cometió un error histórico. Era su sitio natural. Sin embargo, en una decisión todavía inexplicable a día de hoy, acabó llevándose a Moreda. Han pasado once años de aquello y seguimos exactamente igual. Ya se lo dije, en Gijón las cosas van como la canción: des-pa-cito.

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Moción imposible.
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Jose Manuel Balbuena | 17-06-2017 | 05:36| 0
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Uno. El hecho de que Mariano Rajoy se involucrase en el debate lo cambió todo. En sí, esta moción de censura ya era atípica. El tercer partido de la oposición planteándole un órdago al primero y todo ello, ojo, sin el protagonismo del segundo. El PSOE, como era de esperar, se quedó a verlas venir al no tener Pedro Sánchez escaño. Malos tiempos. Ahora bien, si en un principio desde el PP habían planteado la moción sin la presencia de Rajoy, pronto se vio que la estrategia era otra. Debatir y fajarse cuerpo a cuerpo tanto con Irene Montero como con Pablo Iglesias. Fue, digamos, el hecho más relevante de estas dos jornadas: el plasma se hizo carne. El presidente del Gobierno, bien es cierto, se defendió sin concesiones de ningún tipo. Lo hizo como él sabe, puesto que, a todas luces, es un buen parlamentario. Las envestidas sobre la corrupción –que hacían revolverse a los populares en sus escaños- fueron contrarrestadas con la posición ambigua de Iglesias respecto al referéndum en Cataluña. Resultó lo más destacado. Los rifirrafes entre ambos aliviaron el tedio, ya que, los discursos de Iglesias y Montero en el primer día, fueron demasiado largos. Más de cuatro horas y media de rollo no los aguanta nadie.

Segundo. Podemos se dedicó a hacer política. Exhibió su lado más institucional. Si alguien pensaba que los chicos del 15-M se iban a decantar por el espectáculo, se equivocó cien por cien. Lucieron de largo en el Congreso. No hubo –como ocurrió en la Asamblea de Madrid- ni insultos, ni gritos, ni nada que se le parezca. Todo muy correcto y controlado. Iglesias –ese hombre de las mil caras- no se dedicó a darse besos con nadie, ni a arengar a su público aunque le gritasen desde la tribuna, ¡Pablo presidente! Es lo que tocaba. Con chaqueta –ni la corbata era excesiva- y a comportarse bien como niños de colegio de pago. Otro día, sin duda, se volverá a la algarada. A la manifestación casi diaria. Según convenga, claro.

Y tercero. La moción de censura en sí, como instrumento para el cambio de gobierno, carecía completamente de interés. Nadie habló del programa del candidato, o de las medidas que pondría en marcha de salir elegido. Resultaba completamente irrelevante. Al igual que en una película de serie B, se sabía ya de sobra el final antes de empezar. Podemos hizo este ejercicio para exhibirse, reivindicarse como principal partido de la oposición ante la debilidad socialista. Incluso Pablo Iglesias les pidió con humildad –una falsa humildad- su apoyo. ¿Les salió bien? Yo diría que sí. Que hasta puede que hayan pasado el examen con nota. Sin embargo, queda todavía mucha legislatura por delante. Puede que demasiada como para perder ahora esta oportunidad. El cuándo en política también es importante.

 

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Un impulso.
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Jose Manuel Balbuena | 13-06-2017 | 04:27| 0
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En el ecuador del mandato de Carmen Moriyón todo gira en torno a lo social. No hay grandes proyectos, ni magníficas ideas, ni nada que se le parezca. Se vive, simplemente, el día a día. Eso sí, con gran intensidad. Resulta casi un ejercicio de supervivencia política renovado cada veinticuatro horas. La situación –seis grupos en el Consistorio- es lo que tiene. Cualquier iniciativa del equipo de gobierno municipal debe pasar por ese tamiz. Duro, seco y que hace pasar malos tragos. Lo vimos hace poco con el Plan de Usos del edificio de Tabacalera. La alcaldesa lo presentó sin entusiasmo, indicando de antemano que no era su plan. Foro, al igual que gobiernos anteriores, pretendía realizar el gran museo de Gijón; sin embargo, en aras al consenso y poder llevar a cabo la rehabilitación, cedió. Resultado: vamos a tener una suerte de centro municipal corriente y moliente en un inmueble histórico. Justificado, bien es cierto, porque así lo quiere la ciudadanía. En los nuevos tiempos, todo se hace en base a este difuso concepto introducido por la izquierda. Y si no, cuando surge cualquier duda, se recurre a la consulta como forma de resolución de conflictos. Sucede con los presupuestos participativos, cómo se regula el tráfico (los veinte kilómetros por hora de límite de velocidad), o si Gijón va a tener corridas de toros. Porque la política en sí, el oficio de saber qué es bueno para la ciudad aunque sea a contracorriente, el de tener una visión global por encima de las particulares, ha dejado de existir. Como digo, esta es una legislatura donde nuestros gobernantes renunciaron a su ideología. Ojo, no la oposición, porque, tanto Xixón Sí Puede como IU, la aplican ce por be a cada instante. En cambio, Foro deja constantemente de lado sus principios, los de un partido de centro-derecha, con el fin de llegar a acuerdos. De hecho, la renta social municipal es eso: una concesión «sine qua non» a los ideales de la izquierda. Cambiando el empleo como eje vertebrador, por la subvención o ayuda correspondiente. Consecuencias: unos servicios sociales desbordados y los planes de empleo municipales sin cubrir. Digamos que en nuestro Gijón del alma, en cierta manera, hemos renunciado a hacer cosas. Reasfaltamos calles en vez de remodelarlas, no construimos sino que rehabilitamos, y la gestión (no el gobierno) está por encima de todo. Cobrar y pagar, debe y haber contable. Hoy hace dos años de la reelección de Camen Moriyón como primera edil y esta ciudad, a mi juicio, necesita un impulso. No sólo dentro, sino también desde afuera. Vean lo que está pendiente: el plan de vías, la depuradora, la autopista del mar, la Zalia…

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¿Un nuevo proyecto?
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Jose Manuel Balbuena | 10-06-2017 | 05:20| 0
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Tal y como parece, será otro verano más. Me refiero a que nuestro trozo de paraíso natural seguirá emitiendo vertidos sin ninguna depuración al mar. Susto, miedo y vuelta a lo que vivimos hace un año. Si recuerdan, una mancha de origen natural –algas en descomposición- puso en órbita a todo el mundo. Creíamos que el desastre ecológico ya estaba aquí. ¿Se ha hecho algo desde entonces? ¿Se ha hecho algo desde que la Audiencia Nacional paralizase la puesta en marcha de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de la zona Este por ser ilegal? Más bien, va a ser que no. Se estaba pendiente de su legalización mediante un nuevo estudio de impacto ambiental, pero ni siquiera eso se hizo bien. Tuvo que licitarse dos veces: en la primera, ninguna empresa pujó para redactarlo y ahora hay hasta diez ofertas donde elegir. Más retrasos todavía. Sin embargo, lo realmente sorprendente fue lo de esta semana. A una pregunta de Unidos Podemos en el Congreso, el Ministerio de Medio Ambiente, formuló el siguiente enigma: «La solución contemplada a más corto plazo es la puesta en funcionamiento del pretratamiento de la EDAR en Gijón. Si no fuera posible, se plantea desarrollar un nuevo proyecto». Vamos a ver. Hace más de un año esto ya se propuso con vehemencia por parte de Xixón Sí Puede (XSP). Es más, ante la posibilidad de que la Audiencia Nacional lo denegase, se dio la solución de desmontar los viejos equipos de pretratamiento ubicados en la antigua «Plantona» y utilizarlos. Dijeron que no, que era una tontería: tirar el dinero. Por lo visto, igual no lo era tanto. Medio Ambiente sigue esperando (eternamente) a que la Justicia actúe o diga algo. «Tempus fugit». Pero lo mejor, sin duda, viene en la segunda parte de la respuesta: lo de «se plantea desarrollar un nuevo proyecto». ¿Y eso? ¿A qué se refiere el ministerio de Isabel García Tejerina con lo del nuevo proyecto? ¿Vamos a partir de cero y tirar a la basura 36 millones de euros que costó la instalación? Entonces, señora Tejerina, ¿cuál es el plan (si existe) y los plazos para encontrar una salida? Porque, sin duda, la situación es grave a más no poder: el Estado se enfrenta a una multa de 46 millones de euros (19.000 al día el próximo año), no tenemos ni por asomo una sola bandera azul en nuestras playas y los gijoneses nadamos en la mierda. A todo esto, la misteriosa respuesta del Ministerio deja bien a las claras que está apagado o fuera de cobertura. Se encuentra a verlas venir. El edil de XSP, David Alonso, dijo que él «recomendaría pensárselo a quien quisiese bañarse en la costa Este». Yo también. Querido turista, venga a chapotear en nuestro paraíso fecal.

 

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La vieja Asturias.
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Jose Manuel Balbuena | 08-06-2017 | 07:39| 0
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Ahora se llevan las manos a la cabeza. Están escandalizados ante las informaciones que aparecen, se rasgan las vestiduras y se dan golpes en el pecho. Dicen al unísono sin reparos: ¡qué sinvergüenzas! Sin embargo, la vieja Asturias era así y lo sabían de sobra. Un lugar donde los sindicatos mandaban sobre la política. Uno donde se elegían a políticos en las urnas y eran utilizados como correa de transmisión de las centrales sindicales. Ponían y quitaban diputados, presidentes asturianos o directores de la antigua caja de ahorros. Nuestro paraíso natural estaba poblado de monos chinos, ya saben, esos que ni ven, ni escuchan, ni hablan. A tenor de las investigaciones de la Unidad Central Operativa de la Guardia (UCO) por la «Operación Hulla», el «modus operandi» de los señores del carbón era obsceno. Tosco a más no poder. Presuntamente se citaban en un bar para repartirse la mordida correspondiente, colocaban a sus familiares sin ningún pudor y no utilizaban ni siquiera tarjetas de crédito. ¿Para qué? Según la OCU habrían acumulado, sólo con los negocios de José Ángel Fernández Villa y José Antonio Postigo, en torno a los 2,3 millones de euros en efectivo. Dinero que utilizaban –o distribuían entre la familia- para gastos corrientes en su vida diaria. «Happy life» total hasta que… llegó la amnistía fiscal del año 2012. Entonces comenzó su perdición. Su ex asesor fiscal les aconsejó que se acogieran (que no pasa nada) y cayeron en el pozo más profundo. Porque de no ser por este tremendo error, no lo duden, hubieran seguido exactamente igual. Disfrutando de una cómoda jubilación y comprando a mansalva con moneda negra. Vuelvo a insistir. Nadie vio nada, nadie escuchó nada, nadie dijo nada. Pese a que los chanchullos estaban a la vista, no hay ni un solo testigo directo. Aquí no esperen a ningún Émile Zola escribiendo un «Yo acuso». Ni a alguien que aporte una sola prueba fehaciente. Todo esto se supo gracias a que la UCO comenzó a investigar la fortuna oculta de los señores del carbón. Ni siquiera el Montepío de la Minera –a quien presuntamente estafaron con saña- había puesto previamente una denuncia por tan ruinosa gestión. Por lo visto, resultaba completamente normal lo que estaba sucediendo. La vieja Asturias, ay, era descarada. Se creía vacunada y completamente inmune. Sacaba billetes de 500 euros para pagar un agua mineral y todo el mundo miraba hacia otro lado. Esto pudo pasar, claro, con la convivencia de una sociedad que les volvía a dar el poder una y otra vez. «No hay mayor ciego que el que no quiere ver», dice el refrán. Fiel reflejo, sin duda, de esta parte de nuestra historia más reciente.

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El pez y la caña.
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Jose Manuel Balbuena | 06-06-2017 | 04:28| 1
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Los responsables del Ayuntamiento difícilmente se lo podían explicar. La semana pasada había pruebas de selección para los planes de empleo municipales. Esto es, estaban convocadas 1.032 personas que se habían inscrito previamente superando los requisitos, y sólo se presentaron 238. O sea, el 23,6 por ciento de los que optaban a estas plazas. Incluso algunas quedaron vacías y no se pudo formar si quiera una bolsa de trabajo. Desconcertados, la concejala de Hacienda, Ana Braña, y el director general de Empleo, Pelayo Barcia, lo achacaron a la mejora en la situación económica y que, posiblemente, la gente había escogido examinarse en otras ciudades. Ahora bien, no lo tenían en absoluto claro. Nunca había sucedido un fenómeno similar: normalmente, la relación entre inscritos y presentados suele ser bastante superior al cincuenta por ciento. A los pocos días, se abrió el plazo para solicitar la renta social municipal. Ya saben, esa prestación estrella que han traído estos nuevos tiempos políticos y que nos han vendido como el nuevo maná. Lleno total. Sólo durante las primeras horas se recibieron 366 solicitudes. A estas alturas, el número de solicitantes supera con creces el millar esperándose aún muchos más. Las oficinas ciudadanas que informan y tramitan dicha ayuda se ven desbordadas. En la mayoría de los casos, acaban enviándose gente de un centro a otro. Todo ello, pese a que hay de plazo hasta el 31 de julio para esta convocatoria. Intervención General ya ha avisado de que el incremento de fondos para esta renta básica (hasta el infinito y más allá), compromete seriamente la liquidez de la Fundación Municipal de Servicios Sociales. Se huele lo peor: que al igual que le está sucediendo al salario social del Principado, acabe siendo una bola de nieve cada vez más grande. Sin duda, la comparación entre la aceptación de los planes de empleo y la renta da que pensar. Uno ya pone en solfa si en esta ciudad vale o no aquello del refrán chino: dale a un hombre un pez y comerá una vez, dale una caña y comerá siempre. Es decir, no tenemos claro si algunos prefieren el pez o la caña. La acogida de una y otra convocatoria no parece causal. Es como si se esperase más del Ayuntamiento una ayuda lo más dilatada posible en el tiempo, que optar a un empleo aunque sea temporal. Seguramente, los responsables políticos de la renta social se sentirán felices por esta abrumadora acogida. Yo no: intuyo que en esta ciudad no tenemos futuro. Si vamos cambiando la mentalidad del trabajo por la de la subvención, mal vamos. Si todo lo que le podemos ofrecer a un gijonés son prestaciones y no una ocupación, mal vamos.

 

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Un laboratorio ciudadano.
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Jose Manuel Balbuena | 03-06-2017 | 12:24| 0
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Quizá por motivo de la realidad política que vivimos, o de esa masa amorfa que ahora se llama ciudadanía y que fue consultada, el Plan de Usos para el edificio de Tabacalera es vulgar. Ramplón como él solo. Es más, condena a una edificación singular –puede que la mejor de esta ciudad- a ser utilizada para cuestiones domésticas sin ningún lustre. Esto es, para que sea un centro social de barrio sin mayor gloria. Sólo le falta que en su interior albergue una churrería para pasar las tardes de invierno. ¿De verdad queremos hacer eso con una inversión de 4,5 millones de euros? ¿De verdad queremos que algo que podría ser un atractivo turístico acabe de esa manera? Porque, si lo recuerdan, este gobierno municipal y sus predecesores, siempre apostaron por la idea de un gran museo para Gijón. O sea, un espacio donde estuviese recogida la historia, colecciones de arte y todo lo relacionado con nuestras señas de identidad. Bien es cierto, porque en la actualidad los fondos se encuentran completamente dispersos o guardados en almacenes municipales. Sin embargo, se ha dado un giro copernicano abandonando dicha concepción. El motivo: que este bodrio presentado es «un fiel reflejo de la configuración de la actual Corporación» (Carmen Moriyón dixit), además de que así lo ha dictaminado una consulta popular donde se pidió opinión a 1.100 personas. Que, claro, con la visión global que caracteriza a este tipo de procesos participativos, apostaron por el famoso «¿qué hay de lo mío?». Les importó más convertirlo en un llamado «espacio creativo abierto», que en un referente para quienes nos visiten. Hay más. No contentos con esto, con que el plan se parece como un huevo a una castaña a la propuesta original, el grupo municipal de Xixón Sí Puede dice que va a presentar el suyo propio. Nos avanza que propone que tan histórico inmueble se dedique a ser un laboratorio ciudadano de innovación social. ¿Qué demonios es eso? Pues no lo sé. Según parece, la idea viene de Madrid y pretende que la ciudanía (siempre lo mismo) se involucre y vaya a hacer allí lo que le venga en gana. En fin, lo único que digo es que vamos a perder una oportunidad de oro. Me parece que estamos reviviendo un poco lo que pasó con La Laboral en su día: ante la falta de ideas y el gran espacio a rellenar, se montó una especie de batiburrillo que al final naufragó. Miren si no a Laboral Centro de Arte y Creación Industrial que ha acabado siendo un bluf. Vuelvo a insistir. ¿De verdad este Plan de Usos es lo mejor que se nos ocurre para la antigua fábrica de Tabacos de Cimavilla? Yo creo que no.

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