El Comercio
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Huele a prórroga.
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Jose Manuel Balbuena | hace 20 horas| 0

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O mucho me equivoco, o volveremos a tener prórroga presupuestaria en 2018. Todo parece indicar que va a ser así, aunque a nadie nos guste. El gobierno municipal llevó un varapalo de órdago cuando no le aprobaron las ordenanzas fiscales. Esto es, los ingresos para el año que viene. La oposición en bloque dijo nones. Unos y otros acumularon motivos para dejar sólo a Foro. PSOE, PP y Ciudadanos, por ejemplo, votaron en contra. Mientras que Xixón Sí Puede (XSP) e IU se abstuvieron, básicamente porque no lograron llevar a cabo sus propuestas más contundentes. Entre ellas, el IBI diferenciado: subir a más del doble lo que pagan los inmuebles con un valor catastral superior al millón de euros. En fin, ya saben cuál es la filosofía para estos asuntos: al rico y al gorrión… perdigón. Pues bien, nos encontramos ante la tesitura de que los ingresos, en el mejor de los casos, van a ser los mismos. Permanecerán congelados a la fuerza los principales precios públicos y tributos. Nada de cobrar más por tasas, ni por los cajeros, ni a los bienes con características especiales (embalses, presas o saltos de agua). Con lo cual, cuadrar un presupuesto con este severo condicionante –y sabiendo que se está al límite de la regla de gasto que impone la ley- resulta harto difícil. Nadie en la oposición va a quedar contento con el borrador que se presente. Grupos como XSP e IU –que aprobaron las actuales cuentas con su abstención- no van a estar conformes en absoluto. Para ellos, un presupuesto municipal siempre tiene que ser expansivo. Crecer en gasto social hasta el infinito y sin mirar nada más. Un riego constante de dinero público a ciertas capas de la población. Y si no, a las pruebas me remito. Si en 2017 lo tenemos es gracias a que se puso en marcha la renta social municipal: ese Leviatán que se comerá todos los recursos del Ayuntamiento en un tiempo récord. Digamos, pues, que los únicos presupuestos que vamos a tener en toda esta legislatura –porque 2019 ya es año electoral y nadie se va a mojar- dejarán una hipoteca considerable para el resto de ejercicios. Casi mejor que ni hubieran existido. Por tanto, ya me dirán que nos ha aportado este Consistorio tan fragmentado y plural. El cacareado diálogo y pacto entre las fuerzas políticas se ha quedado en nada. Diluido como el azúcar en el café. La realidad bien lo demuestra: de cuatro acuerdos presupuestarios posibles, tendremos uno. A lo sumo, y estoy en la improbable hipótesis de que al final en 2018 se haga realidad, dos. Así es muy complicado dar por buena la gestión de una legislatura. Más bien, diría que hemos estado perdiendo el tiempo.

 

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«Help Catalonia».
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Jose Manuel Balbuena | 19-10-2017 | 04:40| 1

15082661694290A estas alturas lo deberíamos de tener claro: la Generalitat no va a dar un paso atrás. El Govern jamás volverá a la legalidad –tal y como le pide el Gobierno español- porque ya se encuentra sumido en la independencia. Abducido por una (no) declaración de la misma y a la espera de hacerlo de manera formal. Sus acciones y gestos no dejan lugar a dudas. El lunes deberían de haber respondido a una pregunta muy sencilla que les hacía Mariano Rajoy: señor Puigdemont, ¿ha declarado usted o no la independencia para Cataluña? Sin embargo, lo que hizo Carles fue salirse por la tangente. Pedir dos meses para un diálogo que a cualquiera se le antoja imposible, mientras nos aburría con una perorata sobre la libertad y democracia. Vamos a ver, ¿qué se va a dialogar con quien se ha saltado todas las leyes? ¿Con quién siempre está con añagazas y enredos en una burla constante? Porque, no lo duden, la estrategia ahora mismo del independentismo está en la movilización. Sacar a los fieles a la calle para así intentar obtener un reconocimiento internacional que se les muestra esquivo. De hecho, si lo hubieran tenido (o lo tuvieran en un futuro) el President no tardaría un segundo en salir al balcón para proclamar la república. Ahora bien, como de momento, nadie les apoya ni por asomo, optan por dilatarlo todo para ganar tiempo. Trasladando la imagen de un Estado represor de las libertades, en contraposición a un independentismo bueno y tolerante. Fíjense si no en las manifestaciones de apoyo a los líderes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. Predominan los mensajes y la parafernalia propagandista montada para los medios extranjeros. «Help Catalonia», «Save Europe» o «¿Where is Europe?»; son algunos de los lemas con video incluido. Todos ellos en inglés, que para eso no hay reparo lingüístico alguno. Además, tergiversando hechos y contando mentiras: quien encarceló a los líderes de ANC y Òmnium no fue ningún Gobierno, sino una jueza por su conducta delictiva el 20 de septiembre. Imagínense que lo hubiésemos hecho usted o yo. Que hubiésemos alentado –megáfono en mano- a la turba para que impidiese a la Justicia hacer un registro. Que exhortásemos a destrozar dos coches de la Guardia Civil, como forma de amedrentamiento. ¿No estaríamos acaso también en la cárcel? ¿Por qué Jordi Sánchez y Jordi Cuixart –que así se llaman los presuntos «presos políticos»- son diferentes a nosotros? ¿Era de verdad eso –cuando no podían ni salir de la Consejería de Economía- una «manifestación pacífica»? Al Estado no le queda más remedio que recorrer el camino del 155. Ponerlo en marcha definitivamente y sin mayor dilación. Se acabaron los plazos y la paciencia de muchos españoles.

 

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Calamidad total.
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Jose Manuel Balbuena | 17-10-2017 | 04:36| 0

28438799-kdgb-624x832el-comercioPocas veces a una inversión de 138 millones de euros se la deja de la mano de Dios. Me refiero, claro está, al túnel del metrotrén inundado y casi abierto al público. Sí, porque tal y como conocimos por EL COMERCIO el acceso a las profundidades de Gijón es prácticamente libre. Dos débiles trampillas, situadas en Viesques y el «solarón», permiten entrar en un mundo oscuro y peligroso situado 20 metros bajo tierra. O lo que es lo mismo: un edificio de seis pisos al revés. También supimos que los más jóvenes lo utilizan como diversión en una de esas modas estúpidas. Se llama «urbex» o exploración urbana y consiste en adentrarse en los lugares más peligrosos de la ciudad. Sititos en los que cualquiera con dos de dedos de frente ni pisaría. En el metrotrén, lo tuvieron de lo más fácil. Un simple candado custodia las entradas y los muchachos, cómo no, sacaron fotos a raudales. Supongo que para colgarlas luego en las redes sociales y presumir. Así los pueden ver con sus linternas bajando por andamios llenos de orín, o paseando por una tubería que al mínimo traspiés les haría caer al agua. Por no hablar de las lanchas playeras con las que navegaban como si fuese un canal de remo. Todo ello, sin contar que, según los expertos, la acumulación de gases nocivos puede hacer que el paseo resulte mortal. Convertir esa supuesta aventura en una tragedia de órdago. Desde luego, la situación del túnel es insostenible. Imagínense, no sé, que en el techo de la regasificadora –por mencionar otra infraestructura sin uso- se llevasen a cabo «botellones». ¿No pondríamos acaso el grito en el cielo? ¿No exigiríamos que hubiese la vigilancia necesaria para que esto no sucediese? Pues en el metrotrén nos encontramos ante una situación similar bajo la indiferencia del Ministerio de Fomento. En diciembre del año pasado, cuando Xixón Sí Puede aportó fotos de su estado actual, hasta los topes de agua, la respuesta que dio fue sorprendente. Dijeron, más o menos, que era la manera más adecuada de conservarlo evitando así los costes de bombeo. Sin embargo, ante una reciente petición urgente del Ayuntamiento para su vaciado, ahora nos cuentan que hay que hacerlo con cautela. Es decir, que de tanto tiempo bajo el agua (tres años) se corre el peligro de hundimientos. Lo llaman subsidencias del terreno y dicen que la extracción se debe hacer de forma controlada. Como ven, la dejadez y el abandono total se acaban pagando tarde o temprano. Lo único que nos faltaba ya es tener que lamentar víctimas mortales, por algo que tiene un remedio claro. Señores de Fomento: cierren bien los accesos e inicien las obras previas para su puesta en funcionamiento. Punto.

 

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El Rey Mago.
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Jose Manuel Balbuena | 14-10-2017 | 05:30| 0

28228416-kcae-624x442el-comercioConvendrán conmigo en lo siguiente. Si el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, hace todo lo que promete para Gijón, habrá que levantarle una estatua. Por lo menos, al lado de la de Pelayo y con un tamaño similar. Su última aportación es aceptar la ampliación del soterramiento ferroviario hasta La Calzada. Es decir, sumarle 36 millones de euros al plan de vías que se está redactando. Todo ello, sin demasiada discusión por el medio. Sin negarse a nada de lo que hasta el momento se ha planteado. No sé, después de tantos años de vagar por el desierto, De la Serna, tal parece para nosotros el bíblico Moisés. El que llevará al pueblo de Gijón hacia una rica y abundante tierra prometida. Un paraíso donde esta ciudad tendrá, por fin, unas infraestructuras de transporte del siglo XXI. Fíjense si no. La llegada del ministro revolucionó un proyecto abonado al fracaso. Fomento no dudó en aceptar pagar la estación intermodal de su bolsillo, ni en moverla hacia un lugar más razonable. Tampoco en que el túnel del metrotrén se ampliase hasta el hospital de Cabueñes, o vaciarlo dentro de poco del agua que actualmente lo inunda. De la nada más absoluta con su antecesora, Ana Pastor, se pasó a asumir sin pestañear una inversión de, ojo, 621,50 millones de euros. Dividida de la siguiente forma: 271,84 millones dentro del convenio que se va a firmar, 313,66 para reactivar el metrotrén y 36 ahora con el soterramiento desde La Calzada. ¡Guau! Si a eso le sumamos lo que las otras administraciones intervinientes -Ayuntamiento y Principado- tienen que aportar (65,84 millones de euros cada una), la cifra final da vértigo: el proyecto del plan de vías se irá a los 753,18 millones. Coste superior incluso a la ampliación de El Musel y sin subvenciones europeas de por medio. La mayor obra civil con diferencia que se va a ejecutar en nuestro paraíso natural. Como digo, lo que sorprende es que el ministro ha desbloqueado más de quince años perdidos en tiempo récord. Es como si nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, hubiese mandado una carta a los Reyes Magos con respuesta inmediata. Después de tanto tiempo de espera, debates estériles, frustración ciudadana a raudales y olvido desde Madrid; todo va tan bien que hasta uno se mosquea y le entran dudas: ¿será verdad o sólo un sueño más que quedará en nada? ¿Veremos esa lluvia de millones sobre nuestras cabezas? ¿Tendremos, de una puñetera vez, la estación de autobuses y trenes que merecemos? Si es así -tal y como es nuestro anhelo- habrá que cambiar la cabalgata de Reyes para siempre. Tendrá que ser: Iñigo, Gaspar y Baltasar. El Rey Mago llegado de Santander.

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Por fin.
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Jose Manuel Balbuena | 12-10-2017 | 04:42| 0

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Un cuadro de Dalí. Eso es lo que fue la presunta Declaración Unilateral de Independencia (DUI) que Carles Puigdemont proclamó y suspendió al mismo tiempo. Surrealismo en estado puro. El genio de Cadaqués vuelto a sacar de la tumba por segunda vez. Ocho segundos de gloria para luego caer en la depresión más absoluta. Un Pleno que comenzó una hora más tarde –y todo el mundo esperando- porque los de la CUP (los que mandan) estaban de uñas. Puigdemont les había informado de la farsa a perpetrar y se subían por las paredes. Querían todo lo contrario: salir del Parlament con una república catalana hecha y a quemar las calles. Sin embargo, nada de eso pasó. La (no) DUI fue un chasco total. Una decepción mayúscula para las tropas independentistas que estaban esperándola como agua de mayo. Un ridículo espantoso ante los medios internacionales, a los que se intentaba seducir a toda costa. Incluso hablando en diferentes idiomas (sobre todo inglés) en el templo del catalanismo. El «procés» está muerto. Ya nadie confía en él. El independentismo echa humo ante el Govern y pide que esta «secesión en diferido» se haga rápido. Nada de esperar meses. Que la independencia llegue, como si fuese el Espíritu Santo, y baje sobre sus cabezas. Para eso, para intentar aliviar tanta frustración, se firmó el documento más inútil en la historia de la democracia: la constitución de un «estado soberano» cuyo valor equivale a un euro de plomo. Declarando de facto, esta vez sí, una república imaginaria igual que la de Platón. El catalán corriente no puede más: está harto y asustado. Prolongar esta agonía «sine die», este sufrimiento infinito, es cruel. Ver como las empresas van desfilando una tras otra fuera de Cataluña, inhumano. Así no se puede vivir. Espera que el Estado les salve de esta locura decadente y le toca a Mariano Rajoy actuar. Librar a Cataluña (y España) de semejante vergüenza. Ya no caben más excusas: una comunidad autónoma se ha pasado todas las leyes por el forro y toca cumplirlas. ¿Negociar? ¿Se puede negociar cuando hay una DUI pendiente de aplicación? ¿Acaso no es dar oxígeno a este independentismo montaraz? ¿Mediación? ¿Qué hay que mediar con un Govern que engaña hasta los suyos? ¿Con unos tipos que están conspirando constantemente y sólo saben hacer trampas? Toca, repito, que el Estado de derecho actúe con todo su poder. La activación del 155 por el Gobierno es el primer paso. Por fin, vemos que se toma la iniciativa. Por fin, no estamos esperando a ver qué nuevo golpe nos llega desde Cataluña. Por fin, vemos la luz al final del túnel para acabar con esta pesadilla. Puigdemont y los suyos están políticamente muertos. Ojalá no descansen en paz.

 

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Más madera.
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Jose Manuel Balbuena | 10-10-2017 | 04:33| 0

28279020-624x416Aunque nuestro Ayuntamiento no sea «sensu stricto» de esos llamados «del cambio», muchas de las políticas llevadas a cabo se parecen demasiado. Oviedo pertenece a dicha categoría ideológica de forma plena: el gobierno está formado por un tripartito de PSOE, Somos Oviedo e IU. Ahora bien, en nuestro Gijón del alma gobierna Foro en minoría y muy condicionado por un Consistorio hostil: dominado por la izquierda de cabo a rabo. Sin embargo, las políticas municipales de ambas ciudades llevan caminos paralelos. Muy similares en cuanto a que se copian desde ambos lados. En Oviedo, sin ir más lejos, ponen en marcha el IBI diferenciado –ya saben, el denominado «IBI para ricos»- y aquí se intenta hacer exactamente lo mismo. Sólo el voto contrario de los socialistas a última hora lo impidió. En Gijón, tenemos la renta social municipal y, a treinta kilómetros dirección sur, dicen que la van a implantar también. De momento, no tienen muy claro cómo, pero la intención es poner en funcionamiento esta prestación básica a toda costa. Es más, hasta me sorprende que no lo hayan hecho ya. En la capital remunicipalizan servicios como el de la recaudación de impuestos, y aquí se va a llevar a Pleno un debate similar con la zona azul. Sí, porque desde Xixón Sí Puede (XSP) han preguntado por su gestión. En la actualidad, en manos de la Empresa Mixta de Tráfico de Gijón donde el Consistorio posee un 40% del capital, siendo el resto privado. XSP pide que se haga un estudio sobre el coste que tendría que dicho servicio fuese completamente público. Es decir, que la ORA, como comúnmente se la llama, pasase a depender totalmente del Ayuntamiento. Algo que, como digo, hicieron en la capital con los servicios de recaudación de tributos por las bravas. Eliminaron a la empresa que estaba llevando a cabo su cobro y causaron un importante caos. Aquí, de momento, se pone en la picota lo del aparcamiento regulado, pero, quién sabe, igual se revisan otros equipamientos de la ciudad. Por ejemplo, el de préstamo de las bicicletas públicas que no para de caer, o la explotación del acuario. Ambos con gestión privada y que, a lo mejor, también se quieren municipalizar. De hecho, el servicio de ayuda a domicilio es otra buena muestra del camino que se pretende recorrer. Se encuentra pendiente del acuerdo de una comisión creada al efecto, mientras encima de la mesa hay un informe que dice que el sobrecoste sería de tres millones de euros. Como ven, el melón está abierto. No descartemos que antes del final de legislatura se intente hacer al Ayuntamiento aún más grande. Con más funcionarios y cebando la bomba de lo público a tope. Más madera…

 

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Será por dinero.
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Jose Manuel Balbuena | 07-10-2017 | 05:07| 0

imagesLa concejala de IU, Ana Castaño, lo dejaba claro: nuestro Ayuntamiento va a tener un problema de financiación en poco tiempo. Mientras los ingresos han bajado un 7,11% (la vaca ya no da más leche), los gastos han aumentado en un 3,11% (subvencionarlo todo es lo que tiene). Sostiene que a este ritmo resulta imposible poder mantener los servicios existentes ni, por supuesto, crear más. Entiende, pues, que se debe pensar en buscar nuevas fuentes de financiación. Tanto IU como Xixón Sí Puede (XSP) propusieron para ello subir hasta el infinito y más allá el llamado IBI diferenciado: gravar con saña a los inmuebles cuyo valor catastral superase el millón de euros. Los más afectados resultaban ser centros comerciales y el propio Consistorio por las cocheras de EMTUSA. Resultado: si se hubiese puesto en marcha, al pequeño comercio que alberga estos grandes supermercados, le subirían los arrendamientos en la misma proporción: más del doble. Como ven, una medida ideal para favorecer el empleo y la economía local. Menos mal que el PSOE, en ataque de cordura a última hora, dio marcha atrás. Nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, promete «seguir bajando gasto corriente y deuda». Pregunto, ¿cómo? Si lo que se ha hecho año tras año es justo lo contrario, es decir, aumentar las partidas estructurales, ¿de qué manera piensa seguir bajando ese gasto corriente? ¿Consumiendo menos material de oficina quizá? Porque, ya me dirán, si la medida estrella de esta legislatura, la famosa renta social municipal, se ha implantado con todas las de la ley, ¿acaso alguien cree que su cuantía se va a estabilizar o dejar de crecer? ¿Acaso se va a dejar tiradas a las 3.867 personas que de momento la han solicitado? Además, lo de rebajar la deuda a la vez parece casi la cuadratura del círculo. Primero, porque eso produce urticaria en la izquierda que siempre ha considerado que era regalar dinero a los bancos. Y segundo, no va haber recursos. Se los va tragar todos el famoso «rescate ciudadano» puesto en marcha de facto por IU y XSP. En este Gijón subvencionado, donde nuestro Ayuntamiento es el gran motor de la economía con sus ayudas, ¿en quién se piensa a la hora de rebajar el gasto? ¿En las rehabilitaciones de edificios para que se hundan las constructoras? ¿En los que disfrutan de las ayudas energéticas para que pasen frío cuando llega el invierno? ¿En los que se les paga una parte de la renta para que se queden sin techo? Dice Moriyón que sus ediles van a tener que «rendir al 120%». Cierto, tendrán que hacer auténtica magia para lograr que la oposición apruebe las ordenanzas fiscales. La de Harry Potter como poco.

 

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Y vinieron a por mí.
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Jose Manuel Balbuena | 05-10-2017 | 12:50| 1

15070588339208Uno tiene la impresión de que el Estado está siendo expulsado de Cataluña. De manera feroz y sin ninguna contemplación. A las bravas y de muy malas maneras. Con formas y actuaciones que recuerdan épocas oscuras de la historia. En la madrugada del pasado lunes, policía y Guardia Civil sufrieron un acoso insoportable. Incluso vestidos de paisano eran rodeados por la turbamulta independentista que los insultaba e intimidaba sin parar. A eso se unió como, ante la presión de los ayuntamientos, tenían que desalojar algunos hoteles que estaban ocupando. El miedo de los dueños y las amenazas de las autoridades dieron como resultado imágenes impactantes: fuerzas de seguridad con las maletas en la mano, mientras esto era celebrado como una victoria. El problema de esta, no sé, “Noche de los cristales rotos”, es que hoy les pasa a ellos, pero, ¿y mañana a quién?  ¿No acosará también este independentismo fanático a los jueces que declararon el 1-O ilegal? ¿No les pasará eso mismo a notarios, registradores, funcionarios y toda la administración del Estado? ¿No serán miles de ciudadanos los represaliados? ¿No será purgado todo aquello que huela simplemente a español? Porque, tal parece, que la famosa república catalana estuviese funcionando y con una revolución en marcha. Una toma del palacio de invierno en toda regla. Vean si no. Se monta una huelga general dirigida desde el Govern casi sin servicios mínimos. Si no puedes moverte porque el transporte público está parado y las autopistas cortadas con la complacencia de los Mossos, ¿cómo no vas a secundarla a la fuerza? Se paga igual a los funcionarios de la Generalitat vayan o no a trabajar. Pregunto, ¿qué valiente va a acercarse a la oficina para que lo vapuleen si cobra igual? Si la propia policía exhorta a los comercios a no abrir, en vez de proteger sus derechos, ¿quién se va atrever a hacer lo contrario? A esto se suma el escrache permanente que sufren los grupos políticos de la oposición, periodistas, familias… Las sedes del PP y Ciudadanos, por ejemplo, salen a uno diario. Como digo, si este es el país que pueden ofrecer sus gobernantes a los catalanes, aviados van. No les arriendo la ganancia. Se van a encontrar de frente con un muro: el que van a levantar separando Cataluña en dos mitades. Una, la mía, buena y que tiene todos los derechos. Y la otra, la que quieren que desaparezca y se vaya. «Cuando buscaron comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron sindicalistas, no protesté. Cuando llegaron a por los judíos, no dije nada. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había ya nadie más», poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller.

 

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Desbordados.
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Jose Manuel Balbuena | 03-10-2017 | 04:25| 1

imagen-rsm-u40235112292b-u40910810899qcg-624x385el-comercio-elcomercioEstamos viendo como, poco a poco, la renta social municipal se está convirtiendo en un auténtico tsunami para nuestro Ayuntamiento. Fundamentalmente debido a que el número de beneficiarios –y las prestaciones que se les quiere ofrecer- van a subir hasta el infinito. Es más, en la segunda convocatoria se prevén fricciones entre quienes la impulsaron, a la postre, Xixón Sí Puede (XSP) e IU, y el gobierno de Foro que la puso en marcha. Algo que estaba cantado porque esta renta básica fue concebida como si fuese el maná. Cualquiera, por el hecho de vivir en Gijón, ya tiene derecho a ella sin mayores complicaciones. Fíjense si no. Se han presentado 3.867 solicitudes en esta primera convocatoria. De las mismas, apenas se llevan valoradas un tercio y está comprometido la mitad del presupuesto. Esto quiere decir que mucha gente, al final del proceso, tendrá una prestación aprobada pero sin dinero. Con lo cual, van a tener que esperar a la segunda. Donde, ya lo verán, sucederá un tanto de lo mismo. Una avalancha de peticiones y unos fondos -7,8 millones de euros en total- que acabarán siendo escasos de todas todas. No contentos con eso, desde XSP, quieren aún más. Es decir, que se amplíe también a personas que no tienen ningún tipo de ingreso. Algo que en la actualidad no está contemplado por una sencilla razón: es lo que cubre el salario social que ofrece el Principado. Además, también pretenden que haya una revisión del catálogo de productos a los que se puede acceder. Incluyendo cosas tan curiosas como ordenadores o conexiones a internet. Algo, sin duda, que no es absolutamente necesario para vivir. O en su caso, es posible conseguirlo gratis de alguna manera. Sin embargo, como la concepción de la renta social municipal es así –te voy a subvencionar desde la cuna hasta la sepultura- seguramente se acabe implementando. Y la próxima, porque la medida social estrella del Ayuntamiento ha llegado para crecer y multiplicarse, quizá también algún viaje. Al fin y al cabo, ¿por qué no van a tener derecho sus beneficiarios a unas vacaciones pagadas? Ya se lo advertimos desde esta columna sin lectores: la renta social municipal desbordará la capacidad de las arcas municipales. Quiere emular al salario social del Principado –de hecho, tuvieron que hacer filigranas jurídicas para su encaje legal- y resulta completamente inabarcable. El amplio abanico de ayudas que se ofertaba era suficientemente extenso sin necesidad de meterse en berenjenales. Ahora bien, por cuestiones ideológicas y prácticas –quienes mandan en el Consistorio así lo exigieron- se llevó a cabo y he aquí las consecuencias.

 

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El (no) referéndum.
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Jose Manuel Balbuena | 02-10-2017 | 05:44| 0

15068912412692De la jornada de ayer en Cataluña se puede hablar de cualquier cosa, menos de un referéndum democrático con algún tipo de garantía. Un viso mínimo de credibilidad al que pueda seguir agarrándose el «process». El 1-O empezó mal. Los Mossos d’Escuadra tenían la orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de impedir la votación por ilegal. Efectivamente, los muchachos del mayor Trapero se presentaron en los colegios, hablaron con sus moradores, recibieron alguna que otra rosa y… se fueron a desayunar. No hicieron el más mínimo intento por hacer cumplir la legalidad. Miraron para otro lado y, con ello, lógicamente, obligaron a las fuerzas de seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil) a emplearse a fondo. En algunas ocasiones, sobrepasadas por una turbamulta perfectamente organizada. Militancia pura y dura del independentismo dispuesta a todo con tal de poner sus urnas. Ese sacrosanto símbolo de este nuevo nacionalismo por el cual se puede hacer cualquier cosa: ¡hasta saltarse la Constitución a la torera! Daba igual si no había papeletas o sobres, ni sistema informático, ni hora de apertura o cierre, de si había que votar en la calle, de si se decretaba un «censo universal» incumpliendo la propia ley del Govern, de si se podía votar varias veces sin ningún control, de si esas urnas eran como recipientes para la ropa sucia; cualquier trapacería se daba por buena con tal de simular que se efectuaba un ejercicio democrático ante el mundo. Porque, de lo que se trataba era precisamente de eso: de armar ruido, mucho ruido para que resonase lo más lejos posible. Una algarada en toda regla entre los que decían defender la democracia y un Estado opresor. Teniendo como objetivo final, no lo duden, la declaración unilateral de independencia esa misma noche electoral. Sin esperar ni siquiera al lunes. Una votación ganada por una abrumadora mayoría y que demostraría que el pueblo catalán quiere a toda costa la secesión. Sin embargo, nada de eso podemos decir. El día de ayer fue triste en general. Nadie ha ganado con este disparate mayúsculo. España, quizá, sale tocada porque las imágenes de violencia siempre penalizan, pero también Cataluña. Con unos dirigentes así no creo que lleguen demasiado lejos. Más bien, lo único que conseguirán son mayores dosis de frustración. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo dijo en un discurso casi institucional «Hicimos lo que teníamos que hacer, actuando con la ley y solo con la ley». Pregunto, ¿quién seguiría confiando en nuestro Estado de derecho si no se hubiese impedido semejante farsa? ¿Acaso las leyes se respetarían igual consintiendo este referéndum ilegal?

 

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