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Fecha: febrero, 2017
Por el forro.
Jose Manuel Balbuena 28-02-2017 | 11:34 | 0

Es curioso lo del pacto por infraestructuras. Más que nada, porque tal parece que está hecho para tenernos entretenidos mientras todo sigue igual. Me refiero al documento -«Infraestructuras de comunicación del Estado que Asturias necesita. Alianza social y política»- auspiciado desde el Principado. En el mismo, se detallan una serie de obras urgentes que debe realizar el Gobierno central en nuestro paraíso natural. Algunas (o casi todas) reivindicaciones históricas que nunca han encontrado respuesta desde Madrid. Sin embargo, por lo visto, se pretende ahora darle un formato solemne buscando el apoyo de diecisiete organizaciones (Cámaras de Comercio, sindicatos, transportistas, etcétera) al que podrían sumarse tranquilamente otras cien o doscientas. Pregunto, ¿quién no va a estar de acuerdo con que se acaben de una puñetera vez los túneles de Pajares? ¿O con que llegue el AVE a Asturias? ¿Es acaso esto cuestión de deseos? Como digo, difícilmente nadie va a dejar de adherirse a esta especie de carta a los reyes magos. Ahora bien, el problema está en nosotros mismos. No tenemos que buscar los demonios fuera, porque los tenemos muy cerca. Vean si no las reivindicaciones para Gijón. El documento pide al Estado un segundo acceso a la ZALIA desde la «Y» (A-66) a la altura de San Andrés de los Tacones. Bien, yo me imagino al voluntarioso ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, partiéndose la caja. Llorando de risa cuando le exijan dinero para una infraestructura fallida. Dirá el hombre, con toda la razón, que esto es un proyecto del Gobierno asturiano que ha salido mal y que no le endosen el muerto. Si no, díganme por qué se han borrado ya el Ayuntamiento de Avilés y la propia autoridad portuaria, se ha vendido una única parcela y el acceso previsto hubo que repetirlo ante los graves errores en su diseño. A la fuerza se tiene que pasar la petición por el forro. Vamos con otra: el plan de vías. El Principado, como tonto, pide el impulso pero en función, claro, de su situación. Es decir, a que la estación intermodal  acabe ubicada en Moreda. Cosa que, como parece ya decidido, no va a ser así: tanto Ayuntamiento como Fomento la quieren a la altura del Museo del Ferrocarril. Lo único que ha encontrado el ministro en su reciente visita a la ciudad ha sido desunión. Es decir, que la consejería de Infraestructuras asturiana tira en una dirección y los demás en otra. Con estos mimbres, la verdad, pedirle empuje a De la Serna es bastante complicado. Seguramente pensará, que lo primero es que nos pongamos de acuerdo para empezar a hablar. Otra petición, no lo duden,  que se va a pasar por el forro.

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Sobre políticos y funcionarios.
Jose Manuel Balbuena 25-02-2017 | 10:26 | 0

Sostengo que un gobierno tiene que tener capacidad ejecutiva. Es decir, que debe poder tomar decisiones y llevarlas a cabo según sus ideas. Lo contrario, digámoslo así, no es gobernar, sino languidecer viendo pasar el tiempo. En este sentido, dentro de sus atribuciones también está el nombrar (o destituir)  a aquellos cargos de confianza que marca la ley. Comento todo esto porque aquí, en nuestro Gijón del alma, cada vez que a un funcionario lo relevan de sus funciones se arma una buena. El último caso, de sobra conocido, el del jefe de los servicios técnicos de Urbanismo, Javier Domingo. El gobierno de Foro entendió que no estaba llevando bien su departamento y lo cesó, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no va a poder hacerlo si así lo considera? Algunos ven en esto un ataque a los funcionarios municipales en toda regla. Una especie de guerra larvada entre gobierno y trabajadores de la función pública. Recordemos que a cualquier funcionario al que cesan de su puesto simplemente se le reubica en otro, en ningún caso se va a la calle como ocurriría dentro de la empresa privada. Repito, si un cargo municipal de libre designación el ejecutivo de turno considera que no está llevando las cosas a su gusto, ¿por qué no va a destituirlo? ¿Tiene acaso que tener también ese puesto de por vida? ¿Quiénes son entonces los que mandan en el Consistorio: políticos o funcionarios? Sin duda, yo apuesto porque deben ser los primeros. A ellos les corresponde llevar la iniciativa, puesto que para eso les votamos. Tan malo es que los políticos invadan el terreno de los funcionarios como al revés. Sin embargo, como digo, en nuestro trozo de paraíso natural parece que esto no está tan claro. Recuerden que cuando se destituyó a la secretaria municipal, Dora Alonso, sucedió un tanto de lo mismo. Le llovieron las críticas a Foro porque era una ignominia que se la relevase, casi una afrenta a la autonomía municipal pese a que fue nombrada por otro gobierno de diferente color político. Una de las grandes tragedias de Foro durante estos años –casi desde su primera legislatura- es que tiene las manos bastante atadas. La configuración actual del Ayuntamiento –con cinco grupos políticos hostigándolo constantemente- hace que le recorten mucho poder. Tanto, que en alguna ocasión ha tenido que ir a los tribunales para aclarar sus competencias. Por tanto, si para una atribución que está de sobra tipificada –poder nombrar o cesar puestos de confianza- encima se la ponen en solfa, pregunto, ¿qué le queda?

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El engendro.
Jose Manuel Balbuena 23-02-2017 | 11:52 | 0

Tengo clara una cosa: de ganar Pedro Sánchez en las primarias, el PSOE dejará de ser lo que es. Pasará a ser otro completamente distinto al que conocemos. Se puede leer bien a las claras en el documento -«Por una nueva socialdemocracia», se llama- que presentó el pasado lunes en Madrid. En el mismo, no sólo cuestiona la unidad del Estado abogando por un concepto difuso de plurinacionalidad, sino que apuesta por un nuevo sistema organizativo. Habla de que el partido está «burocratizado y decaído, con unos afiliados tratados como súbditos a los que se les pide que callen y obedezcan». O que la militancia pasará a ser «la columna vertebral». O establece «la obligatoriedad de consultar a la militancia los acuerdos de gobierno». Además, ajusta cuentas para que no le vuelva a suceder lo mismo: las comisiones gestoras no deberán prolongar su mandato más allá de 90 días. La verdad, si esto no es Podemos se le parece demasiado. Si esto no es dinamitar la estructura de una formación política con 138 años de historia, que venga Dios y lo vea. El presidente de Aragón, Javier Lambán, ha acusado a Sánchez de ofrecer «una versión absolutamente roja y radicalizada». Incluso algunos advierten de que su modelo podría destruir al partido. Sin embargo, esta concepción dura y populista -¿qué es el populismo? Populismo eres tú, querido Pedro- llena teatros allí por donde va. La militancia parece estar embelesada con el discurso del galán, mientras éste no para de incurrir en contradicciones. Si recuerdan, cuando vino por La Felguera siendo secretario general (en marzo de 2015) dejó a todo el mundo boquiabierto con lo de «la planta de Hunosa». ¿Qué demonios quería decir? Ni él mismo lo sabía. Ahora bien, se partió el pecho en defensa de la minería. En el documento que va ser su guía habla de eliminar los combustibles fósiles (el carbón, claro), apostando claramente por las energías renovables. Como ven, tampoco es que necesite mucho Sánchez para cambiar de principios. Dice a cada uno lo que quiere escuchar en cada momento. Si ha detectado el cabreo de la militancia, montará toda su estrategia en función de ello. Quiere ser el rebelde, el que se enfrenta a quienes tienen «secuestrado» al partido, siendo su divina misión devolver el PSOE a sus afiliados. Que no se engañe nadie. En el caso de vencer, hará una purga de órdago. Se vengará de todos aquellos que el día uno de octubre del año pasado le destituyeron. Abrirá una guerra civil y acabará formando un engendro político junto con Podemos. Una especie de «totum revolutum»  reaccionario cuya forma de hacer política es el «no es no».

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Varapalo a la plusvalía.
Jose Manuel Balbuena 21-02-2017 | 1:05 | 0

El Tribunal Constitucional ha anulado el impuesto de plusvalía municipal. Ya saben, ese tributo, molesto, caro e injusto que grava las transmisiones de los bienes inmuebles. Además, lo ha hecho con una lógica aplastante. La plusvalía en la práctica se paga siempre al cambiar un inmueble de titularidad, independientemente de si, efectivamente, existe alguna ganancia en ello. Quiero decir que si el bien en cuestión ha generado pérdidas al vendedor el resultado va a ser exactamente el mismo: a ingresar. Por tanto, lo que se pregunta el Constitucional es qué sentido tiene un impuesto donde, dicho de otra manera, se acaba pagando pese a que en su seno está el concepto mercantil de beneficio. La razón del mismo es la presunta revalorización del valor del suelo por la acción urbanizadora de los ayuntamientos. Sin embargo, como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria (finales de 2007) muchos propietarios obtuvieron pérdidas cuando se vieron forzados a deshacerse del patrimonio. Esto es, vendían el bien –comprado a precio de pleno «boom»- y no sólo ni cubrían la hipoteca, sino que además tenían que pagar al ayuntamiento de turno. Algo, la verdad, completamente insólito que sigue el “modus operandi” de un casino: la casa siempre gana. Porque, vamos a ver, si el impuesto de plusvalía municipal no reconoce las pérdidas en las transmisiones inmobiliarias, ¿de qué estamos hablando entonces? ¿De un segundo Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) que penaliza también la propiedad? Al cabo de los años, la plusvalía municipal ha ido adquiriendo  importancia en los presupuestos. Sin ir más lejos, en nuestra ciudad es el segundo en recaudación, sólo superado por el IBI, y para el presente ejercicio está previsto ingresar 16,5 millones de euros. Un piso medio, con un valor del suelo no muy elevado y el máximo de pertenencia en poder del dueño (20 años), acabará pagando cerca de los 3.000 euros cuando cambie de manos. El doble si estamos hablando de zonas céntricas. Por tanto, no cabe otra que rediseñar el impuesto de plusvalía ya que ha quedado tocado de muerte. Es decir, o bien se reconoce que se pueden generar minusvalías (algo técnicamente bastante difícil), o bien una fórmula completamente nueva que sea más justa (quizá ligada al Impuesto de la Renta). En cualquier caso, este fallo del Constitucional cambiará su forma para siempre. De no hacerlo, los ayuntamientos se van a enfrentar a una catarata de demandas judiciales. Cada vez que se venda un inmueble y su dueño pueda demostrar pérdidas…¡zas!, contencioso a la vista.

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Algo extraño.
Jose Manuel Balbuena 18-02-2017 | 10:10 | 0

Del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía –el más importante en nuestro país- se cuenta la siguiente anécdota. Una limpiadora entró en una sala completamente vacía. Vio un montón de papeles tirados a modo de rastrojos en una esquina y dijo: ¡qué guarra es la gente!. Inmediatamente, como corresponde,  se puso a barrerlos y dejarlo todo como los chorros del oro. Al cabo de unas horas, en el museo se armó un buen revuelo: había desaparecido la obra de un artista conceptual muy reputado. Laboral Centro de Arte y Creación Industrial nació hace ahora casi diez años. Sin duda, fue una apuesta arriesgada por parte del Gobierno asturiano presidido entonces por Vicente Álvarez Areces. Su construcción y puesta en marcha era la pieza fundamental de lo que se denominó Laboral Ciudad de la Cultura. Ahora bien, si ustedes preguntan a los gijoneses qué se hace allí no sabrían responder. Apenas les sonará ni el nombre. En esta década, Laboral Centro de Arte ha pasado completamente desapercibido para esta ciudad. Jamás ha formado parte de ella. Más bien, tal parece que haya sido el juguete de una minoría que pagamos todos. Me llama la atención, por ejemplo, una de las actividades organizadas el año pasado. Se trata de un «concierto ciclotímbrico para tres intérpretes, bicicletas y cosas». Se preguntarán, ¿y qué demonios es eso? Pues se lo explico: hacer música con piezas de bicicleta. En su estreno mundial, así reza pomposamente en la publicidad, aseguran que «no es necesario acudir de etiqueta pero sí se recomienda bicicleta». Como verán, esto de la vanguardia tiene su punto aunque sea difícil de encontrar. En la actualidad, el equipamiento cultural está en un brete porque ha decidido cerrar tres días a la semana, o sea, tres meses al año. Cosa que algunos interpretan como el principio del fin. Es decir, que Laboral Centro de Arte se apaga como una vela que se queda sin mecha. En realidad, no creo que Gijón -y por ende Asturias- lo vaya a notar lo más mínimo. El experimento ha salido mal. La inversión cultural fallida. Ni siquiera sus promotores, el Principado, confían en su futuro puesto que le han recortado más de la mitad la subvención. De 1,28 millones se han pasado a apenas 600.000 euros, mientras que los patrocinios privados le han dado la espalda. Algunos piden que el Ayuntamiento aporte más recursos. Yo diría que ni se les ocurra. Eso de sufragar a las élites es difícil de explicar. Más bien, entiendo que su suerte está echada y acabará cerrando definitivamente. Una pena, pero es así: Laboral Centro de Arte nunca ha dejado de ser algo extraño.

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Últimos Comentarios

kika47_1390494074313 31-03-2017 | 21:30 en:
Nos la cuelan.
kika47_1390494074313 26-03-2017 | 09:43 en:
¡Vaya semanita!

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