El Comercio
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Seguirá siendo el rey.
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Jose Manuel Balbuena | 03-08-2017 | 05:24

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Tiene miga el «Estudio de rentabilidad del proyecto de penetración del ferrocarril en Gijón», elaborado por la consultora pública Ineco. En el mismo, se trata de averiguar la influencia que tendrá el metrotrén – ya saben, ese enorme agujero que cruza la ciudad y está lleno de agua- cuando se ponga en marcha. Según el mismo, el trasvase grande de pasajeros se producirá con los autobuses interurbanos, mientras que los urbanos y, sobre todo, el coche como medio de transporte, no se resentirán en tanta medida. Es más, en este último caso apenas pierde usuarios. Esto es, pese a que el nuevo Plan de Movilidad lo penaliza y le hace reptar por las calles llevándolo a circular a veinte por hora; los técnicos del Ministerio de Fomento dicen todo lo contrario: seguirá siendo el rey. Es cierto, no obstante, que el estudio se nos hace un poco antiguo: fue realizado antes de la crisis. Sin embargo, en opinión de los expertos todavía sigue muy vigente. Consideran que su metodología es correcta y que las cosas van a cambiar muy poco. Recapitulemos, pues, la información que nos da. El metrotrén –ese glorioso día en que lo veamos- tampoco va a darle la vuelta a nuestros hábitos de transporte de forma radical. Aproximadamente, la mitad de los desplazamientos van a seguir siendo en vehículo particular. En el Ayuntamiento, ratificado por el Foro de Movilidad, tienen prevista una ciudad en la que básicamente se expulsa al vehículo particular de la misma. Se le obliga a estacionar fuera mediante los llamados aparcamientos disuasorios, o se le baja dramáticamente la velocidad hasta igualarla casi con la del peatón. Pregunto, ¿no estamos quizá adoptando un modelo equivocado? ¿No estamos poniendo demasiadas a trabas al coche, a pesar de que va seguir siendo su uso mayoritario? Por último, en Fomento también nos dejan claro la rentabilidad de una infraestructura que costó 138 millones de euros: será negativa. No ven ni por asomo que algún día el coste se compense vía venta de billetes. Habla incluso de que dos décadas después –y funcionando a tope- tampoco estaría pagada la obra. Eso sí, manifiestan que tendría beneficios desde el punto de vista social, medioambiental o económico. En fin, entiendo que esto no es algo especialmente preocupante. De ninguna manera son rentables las líneas de AVE –salvo un par de ellas- y ahí están. Digo más, todo el mundo quiere tenerlas a la puerta de casa. Por ese lado, diría yo, la sorpresa sería casi lo contrario. Ahora bien, es mucho peor tener un túnel vacío y creando problemas –vamos a ver en qué acaba lo de haber dejado que se inundara- a que esté con trenes y sin rentabilidad.

 

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