El Comercio
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Placeres desconocidos.
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Jose Manuel Balbuena | 08-08-2017 | 04:05

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A mí tampoco me gusta el resultado final. Me refiero a la rehabilitación que está llevándose a cabo en la calle Marqués de San Estaban. No me parece que recupere en absoluto el «espíritu parisino» de tan singular vía, tal y como ofertaba en su día el proyecto ganador. Es más, la veo pobre a más no poder. Verán, en diciembre de 2013 un diseño denominado «Unknown pleasures» (placeres desconocidos) consiguió una puntuación muy superior a los otros doce que se presentaron. Sus creadores destacaban que se quería simular la rue Rivolí de París como gran eje comercial. A partir de ahí vinieron mil y un avatares todos contrarios: un retraso de dos años en el comienzo de los trabajos o la rescisión del primer contrato de adjudicación. Pues bien, como digo, el final de obra que se atisba nada tiene que ver con las fabulosas infografías presentadas. Ni el suelo (completamente vulgar y lleno ya de chicles pegados), ni las famosas costillas (unas láminas rojas insulsas adosadas al techo), ni el aspecto general (mediocre) de una actuación que se acerca casi al millón de euros. Incluso la Junta de Gobierno va a aprobar un modificado del proyecto incrementando su coste en 83.000 euros. El motivo es la escasa iluminación, porque, fíjense, ni siquiera las luces originales planteadas cumplían con la normativa vigente. Hay que cambiarlas para que este desastre no quede encima –igual era casi mejor- medio a oscuras. Así y todo, lo que vamos a tener para nada consigue recuperar esa tan cacareada «majestuosidad parisina» que se pretendía. Personalmente, pienso que se ha perdido una ocasión de oro para hacer las cosas bien. Cuando el Ayuntamiento se pone a remodelar una calle tan especial –con las consiguientes quejas de vecinos y comerciantes- es para obtener una mejora sustancial. Y la pregunta obvia es, ¿se puede hablar de un antes y un después tras esta magra rehabilitación? ¿Podemos afirmar que se ha regenerado de forma clara el entorno de Marqués de San Esteban? Yo diría que no. Que más bien estamos hablando de un lavado de cara y no de una reforma que marque época. Si algo se le achacaba al porticado de tan conocida vía es que estaba viejo. Sucio y dando un aspecto completamente gris a la zona. Esto, es verdad, se ha corregido en buena parte mediante esta actuación. Ahora la piedra de los soportales luce limpia, aunque todavía con alguna pintada, pero seguimos teniendo lo de siempre. Nadie puede hablar, a estas alturas, de que su acabado vaya a ser noble, tal y como se decía en el tristemente ya famoso «Unknow pleasures». Insisto: ¡qué pena, qué oportunidad completamente desperdiciada!

 

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