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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

A rebufo.

downloadAl igual que en el Hamlet de Shakespeare, Carles Puigdemont fue príncipe de Dinamarca aunque sólo por dos días. Llegó en loor de multitud el lunes y se fue el martes por la tarde. Eso sí, dejó tras de sí un reguero de hechos insólitos difíciles de calificar. Desde sembrar dudas sobre la democracia española (franquista, según él), pasando por besar la bandera sin ningún problema (grabado y difundido en las redes sociales), para acabar reclamando poder volver a Cataluña con garantías. Es decir, sin que la Justicia haga su trabajo y lo lleve ante un tribunal. Cosa que, desde luego, el de Girona pretende a toda costa. O sea, ser reelegido presidente de la Generalitat y con ello borrar sus presuntos delitos como si fuese el disco duro de un ordenador. El caso es que el avatar que mora por Bruselas formó una buena. A su llegada al aeropuerto de Copenhague había decenas de cámaras esperándole. En la universidad -como admitió la profesora danesa que le dio una réplica brillante- llenó el aula con alumnos que no suelen ir a clase. Ávidos de ver a un personaje más propio del romanticismo que del siglo en el que vivimos: el único político de la Unión Europea que se dice perseguido por sus ideas. Mientras tanto, la Mesa del Parlament en casa sigue haciendo su trabajo. O lo que es lo mismo: jugar al gato y el ratón con el Estado. Primero, proponiendo como candidato a Puigdemont pese a que no puede serlo por prófugo y segundo, yendo a visitarlo a la capital belga sin ningún reparo. Todo ello, habiendo dejado antes congelada la decisión de permitir el voto delegado, por miedo a que Tribunal Constitucional invalide la sesión de investidura. En resumen, tal parece que estamos en un punto y seguido de la anterior legislatura. Fíjense que hasta en este delirio absoluto, se habla de cómo va a cruzar la frontera Carles para hacerse presente. Si en el maletero de un coche, con peluca y barba postiza o en ultraligero, como señaló el inefable ministro del Interior, José Ignacio Zoido, en un programa de televisión. La cosa, créanme, tiene bemoles. Supuestamente el Gobierno va a reforzar la seguridad en busca de que el huido no entre en España a escondidas, cuando, digo yo, que los servicios secretos de un país sirven para algo. Por ejemplo, para tener vigilado al ex president las veinticuatro horas del día. Sin embargo, ni se habla de otro tema, ni existen más cuestiones sobre la mesa. Todo está bloqueado por la eterna y crónica crisis catalana, llevando siempre la iniciativa los independentistas. El choque con el Gobierno central va a ser continuo por una sencilla razón: son protagonistas, se llevan toda la atención mediática y encima estamos a su rebufo.

@balbuenajm

Temas

Cataluña, independencia, independentismo, Puigdemont, Torrent

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla

enero 2018
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