El Comercio
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Tabacalera.
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Jose Manuel Balbuena | 30-01-2018 | 05:32

tabacalera-gijon-u402351122x0c-u508279481071l-624x385el-comercio-elcomercioEs curioso lo que está pasando con tan singular edificio. La rehabilitación de mayor calado, sin duda, que se está llevando a cabo por parte del Ayuntamiento. A los problemas técnicos (las obras llevan retrasos por el continuo hallazgo de restos arqueológicos), hay que sumar que todavía no existe un plan de usos definido (es decir, no se sabe qué hacer con tanto espacio). De lo primero, de cómo se ha tenido que variar el calendario de la obra, da buena prueba la definición que dio la directora general de Coordinación de Infraestructuras, María López de Castro, calificándola de «pozo de la historia». Es más, durante el presente mes de enero se han encontrado nuevos restos en las excavaciones. Eso hace que el plazo programado para terminar las obras de consolidación (quince meses desde mayo 2016) se haya quedado corto, así como el presupuesto inicial de 4,8 millones de euros. Sin embargo, lo más preocupante es la segunda parte. Esto es, no saber todavía qué hacer en su interior. Hace pocos días diversos colectivos vinculados a Cimavilla proponían la creación de una cooperativa cultural. O sea, un centro polivalente con gestión público-privada donde tuviesen cabida diversas actividades culturales. Desde las particulares de ciudadanos, pasando por el albergue para las charangas de carnaval, locales de ensayo, asociaciones de vecinos o empresas del ámbito de la cultura. En definitiva, un batiburrillo que haría que semejante contenido no diera sentido al continente. O dicho de otra forma: gastarse 19,6 millones de euros para acabar siendo un centro municipal más, la verdad, no deja de ser una paradoja. El inmueble de la antigua fábrica de tabacos por historia y singularidad, para mí, sería el mejor de los museos posibles de Gijón. Una exposición viva y progresiva de la historia de la ciudad hasta nuestros días. Incluidos, claro está, los fondos del Museo Casa Natal de Jovellanos que no pueden seguir ahí por las deficiencias que presenta. Ahora bien, esto no se quiso llevar a cabo porque los nuevos tiempos políticos que corren son así. Parece que conservar nuestras señas de identidad no es tan importante, como ponerlo al servicio de la ciudadanía aunque sea de una forma vaga e imprecisa. Incluso, fíjense, se habló de que tan noble construcción acabase siendo un «laboratorio ciudadano». Más concretamente, un centro de «innovación social» tal y como lo definieron desde Xixón Sí Puede. El caso es que las obras avanzan -aunque sea con dificultades- pero las ideas para su utilización resultan hasta peregrinas. Tenemos claro cómo va a ser el edificio, pero no para qué va a servir semejante inversión. Desde luego, si al final, lo vamos a utilizar para que sea un difuso «espacio creativo abierto», más que un referente para quienes nos visitan… aviados vamos.

@balbuenajm

Últimos Comentarios

albertoperez 30-12-2017 | 18:44 en:
La gloria del empeño.
albertoperez 10-12-2017 | 10:17 en:
Vértigo me da.

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