El Comercio
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Autor: balbuena2222
Contra viento y marea (II).
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Jose Manuel Balbuena | 27-06-2017 | 6:56| 0

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Podemos entender algunos recelos de la oposición sobre el nuevo plan de vías. Esto es, el proyecto que presentó el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, el pasado jueves en Gijón. El PSOE, por ejemplo, lo tildó de propaganda electoral pura y dura. Es decir, humo que nos han venido a vender de cara a las elecciones del 2019. Piensa que va a ser un bluf, una burbuja que se deshinchará con el tiempo, y no se va a realizar. Pues bien, es cierto que a estas alturas no podemos poner la mano en el fuego por nada. Es más, puede que todo esto quede en agua de borrajas. Experiencia sobre incumplimientos en nuestro levantamiento ferroviario la tenemos a mansalva. La mayoría, por cierto, con administraciones socialistas. Sin embargo, hay un hecho diferencial con respecto a la situación previa: se presentó un proyecto, plazos y financiación. O dicho de otra manera: hay algo tangible que antes no había. Porque hasta ahora, si recuerdan, ninguna de esas tres cosas fundamentales existía. Era imposible pedirle cuentas a Fomento puesto que el plan de vías se encontraba parado. Muerto y casi enterrado. Por tanto, a partir de ya, si el Ministerio incumple, pondremos el grito en el cielo con al menos un plan firmado (esperemos). A IU gastar en la ciudad 500 millones de euros en infraestructuras le parece una desmesura. Supongo que la añorada estación intermodal –según su visión- se arreglaría con un tendejón de chapa y el resto del dinero lo destinaría a la renta social municipal. Digo más, su portavoz, Aurelio Martín, dijo «es un verdadero despilfarro que no se ajusta a la austeridad que necesita la ciudad». Me entra una duda: igual después de esperar quince largos años, teníamos que haberle pedido al ministro que viniese con recortes. O igual no nos merecemos esta inversión y otras ciudades del resto de España sí (Granada, Bilbao, San Sebastián o Vigo). Xixón Sí Puede vio con satisfacción la prolongación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. A su entender, era mejor y más barato en superficie –todavía no sé por dónde lo pretendía incrustar- pero dan por buena la prolongación. Comparten también la desconfianza general y reclaman datos. Personalmente, me reitero en que es lo mejor que nos podía pasar. Algo que ni por asomo esperábamos. Hace años que esta ciudad no recibe una lluvia de millones de semejante calibre. Nos tendríamos que remontar tiempo atrás –desde la ampliación de El Musel- para encontrar una actuación similar. En la capital de las infraestructuras fallidas –una depuradora ilegal o una regasificadora utilizada para visitas escolares- nuestro plan de vías se pone en marcha. Luchemos por él contra viento y marea.

 

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Contra viento y marea.
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Jose Manuel Balbuena | 24-06-2017 | 7:34| 0

unknownNo podemos negar la evidencia: el proyecto que acaba de presentar el Ministerio de Fomento para el plan de vías es bueno. Muy bueno, diría yo. Tiene lo que se le había exigido e incluso más. La realización de la obra, por fin, ya no depende exclusivamente de la venta de los solares. El ministro del ramo, Iñigo de la Serna, se ha comprometido a realizar una inversión de 500 millones de euros. Si luego se vende el suelo liberado, mejor, baja el importe que cada administración debe aportar. Ahora bien, no tenemos por qué estar a expensas de los vaivenes del mercado inmobiliario. Además, y como guinda a este pastel, se retoma la ampliación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. Con paradas en el campus universitario y la Universidad Laboral. Algo que creíamos imposible, casi ciencia ficción, el Ministerio lo ha vuelto a poner encima de la mesa. Todo ello, con unos plazos marcados bien claros: dedica dos años para estudios y proyectos, mientras que en 2019 comenzaría la fase de adjudicaciones, dándose por concluida la actuación en 2023. Como digo, la nueva realidad que nos ha traído De la Serna supera todas las expectativas. Francamente, no sé ustedes, pero yo me siento como un niño con zapatos nuevos. Algo así como si en mitad del desierto encontrase agua fresca. Espero que de una vez por todas se acaben los debates estériles en esta ciudad. Esto es, si la intermodal tiene que ir en Moreda o en el entorno del Museo del Ferrocarril. Lo que apoya Fomento de manera inequívoca –pagando en solitario 140 millones de euros de la estación de cercanías- es esta última ubicación. Tema cerrado. Al Principado, como ha dicho el director general de Infraestructuras y Transportes, José María Pertierra, sigue sin convencerle el lugar. Sin embargo, va a tener que ceder. No le queda otra. Sería imperdonable que, ante esta lluvia de millones, desde Oviedo negasen la mayor. Que practicasen de nuevo esa política obstruccionista que tan bien se le ha dado hasta ahora. Lo que nos queda a todos, sin duda, es vigilar que el proyecto se cumpla. De eso, desgraciadamente, ya tenemos una experiencia amarga. Cuando en febrero de 2006 se presentó el plan Junquera aquello parecía «el no va más». Los dibujos nos salían por los ojos. Miren en lo que ha quedado. Una última cosa: la parte política también tiene que remar en la misma dirección. Acuerdos plenarios absurdos para volver a empezar de cero –como el que se forzó hace un mes en el Ayuntamiento- no tienen ningún sentido. Este es el plan, nuestro plan a partir de ya, y por él tenemos que luchar. Sacarlo adelante como sea, contra viento y marea.

 

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Élites extractivas.
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Jose Manuel Balbuena | 22-06-2017 | 6:25| 0

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Sorprende lo que estamos conociendo sobre el funcionamiento del Montepío de la Minería. En el mismo, se dio la circunstancia de que presuntamente existió una trama de corrupción sin que, a tenor de los hechos, nadie en la institución se enterase (o quisiese enterar). José Antonio Postigo, según el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, hizo y deshizo a su antojo sin rendir cuentas. Durante sus ocho años como presidente fueron notorios los desmanes, no sólo en la construcción del geriátrico de Felechosa (obra culmen), sino también en el resto de un cuantioso patrimonio. Es más, por la UCO sabemos que hasta los contratos de limpieza estaban completamente amañados. La pareja de Postigo, junto con una socia que utilizó a modo de tapadera, creó una empresa con el objeto de hinchar las facturas por este servicio. Se cree que llegaron a ingresar unos 165.000 euros por una limpieza que nunca se realizó, en los complejos residenciales que posee la entidad en Los Alcázares (Murcia) y Almería. Dorina Bicher, que así se llama, entró de camarera, en un mes era jefa de equipo y en dos años directora del centro murciano. Modificaron su contrato y cotizaba a la Seguridad Social en el nivel de «ingenieros licenciados». Pregunto, ¿y a nadie le llamó la atención? ¿Había algún tipo de supervisión del Montepío –me refiero a una auditoría o similar- hacia la gestión del presidente? ¿A quién o quiénes debía someterse? Por lo visto, las respuestas son no y a nadie. Postigo era como señor feudal: en este castillo mando yo y mi corte. Supongo que –bajo el inmenso manto protector de José Ángel Fernández Villa– pensó que todo el monte era orégano. Es decir, si ya antes de la construcción del geriátrico, presuntamente, hacia lo que le daba la gana, no te cuento nada cuando le pusieron en sus manos 32,5 millones de euros. Muchos de ellos de dinero público a través de subvenciones. Entonces, claro, vino la madre de todas las corrupciones. La formación de una élite extractiva organizada que, como gusanos en una manzana, acabaron comiéndose lo que se les ponía por delante. La misma estaba formada por los señores del carbón, el asesor, arquitecto, aparejador, constructor… y así hasta un total de 16 investigados. De momento, porque el sumario de la Fiscalía Anticorrupción consta de 169.000 folios y crece como si le echaran levadura. No sabemos a dónde va a llegar. Ahora bien, lo que sí tenemos claro es que la dejación de funciones en la mutualidad minera fue clamorosa. Se dejó engañar. Hace unos días, aprobó personarse como acusación particular en el caso entre un clamor de indignación. A buenas horas.

 

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Política zombi.
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Jose Manuel Balbuena | 20-06-2017 | 6:21| 0

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Hace poco lo supimos por estas mismas páginas: doce empresas tienen dificultades con la línea eléctrica en el polígono de Lloreda. Esto es, la energía que reciben es suficiente para conectar, no sé, ordenadores, fotocopiadoras o impresoras; pero en ningún caso para llevar a cabo cualquier actividad industrial. Necesitan mucha más potencia. La compañía de suministro eléctrico argumenta que tiene que realizar una cuantiosa inversión. Construir lo que se llama una subestación. Naturalmente, ante esa elevada cantidad (de dos a tres millones de euros), exige algún tipo de garantía. Los que vendieron las parcelas (Sogepsa) se encuentran con respiración asistida. O sea, garantía que pueden aportar, cero. Por su parte, la Consejería de Industria ya se ha negado a tramitar un aval que podría solucionar el problema. Resumiendo: existe un grupo de empresas a quienes la inversión no le sirve para nada. Pese a haber gastado el dinero en las parcelas –se han vendido 42 de un tal de 162- no pueden poner en marcha su actividad. Pues bien, vengo sosteniendo desde hace tiempo que la Consejería de Industria es completamente inútil y debería cerrarse. Si acaso, sirve para certificar la muerte de las empresas y poca cosa más. Entonces sí, se echa las manos a la cabeza, llora como una plañidera y promete que luchará para que no vuelva a suceder. Sin embargo, a la hora de la verdad, esto es, cuando hay que tomar medidas para que las compañías realicen su labor de manera normal, no hace nada. Vean si no lo del polígono de Lloreda. La política industrial en nuestro paraíso natural es como un zombi: está muerta y de vez en cuando sale de la tumba a darse un paseo. Pruebas de ello las hemos tenido en nuestra ciudad, por desgracia, a mansalva. Suzuki, Tenneco, Gijón Fabril, Agalsa, ¿sigo? En todos estos casos, la actuación de la consejería, cuando se produjo, dejó mucho que desear. En la comunidad autónoma con mayor capacidad industrial de España, insisto, el Principado es un muerto viviente. Gijón y sus polígonos son buenos ejemplos. Los tenemos, sin ir más lejos, construidos sobre escorias y con un suelo que se hunde como si fuese Venecia. O una Zona de Actividades Logísticas e Industriales (ZALIA) con una parcela vendida, sin accesos –los acaban de licitar- y pendiente de que otro valiente (un temerario) se atreva a comprar. Ahora bien, que sepa a lo que se atiene. Nadie le va ayudar. Al más mínimo problema –una falta de suministro cualquiera- se las va a tener que apañar como pueda. Dijo una vez un ministro que la mejor política industrial es la que no existe. Pues, oigan, entonces aquí es cojonuda.

 

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Despacito.
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Jose Manuel Balbuena | 17-06-2017 | 7:23| 0

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Es como van las infraestructuras en esta ciudad. A su ritmo y sin muchas prisas. El Ministerio de Fomento había dicho que presentaría el proyecto del plan de vías este mes de junio. Podía haberlo hecho en mayo, o quizá a mediados, pero no: lo más probable es que vaya a ser a finales. Cuando el calor aprieta y todo el mundo está en la playa. El ministro, Iñigo de la Serna, con esa planta de vendedor de grandes almacenes (sección de caballero), lo dijo hace unos días en León. Aseguró que el AVE llegará a nuestro paraíso natural en 2021 –¡albricias, tenemos fecha!- y que aparecerá por Gijón a lo largo de este mes. Toca, sin duda, concretar. Venir con algo debajo del brazo y no como la última vez. Es decir, De la Serna tiene que fijar el cómo y cuándo del plan de vías. Porque el dónde, esto es, la ubicación de la estación intermodal, debería de estar más que claro. O al menos, así está recogido en un acta de marzo del año pasado de la sociedad Gijón al Norte. Eso fue precisamente lo que recordó la alcaldesa, Carmen Moriyón y la presidenta de Foro, Cristina Coto. Ambas hicieron una defensa cerrada del entorno del Museo del Ferrocarril como el lugar elegido. Todo ello, pese a que el Pleno del Ayuntamiento a última hora y sin venir a cuento –con los votos de IU, PSOE y Xixón Sí Puede –dijo que no. Que debería volver a buscarse una nueva ubicación de consenso –quizá también con referéndum incluido- y darle más vueltas al tema. ¡Cómo si no se le hubiesen dado ya bastantes! Es más, los defensores de esta propuesta, o sea, de partir de cero otra vez, aseguran que lo importante no es la situación de la estación, sino la de sus paradas. Algo que no deja de ser lo que ahora se llama la posverdad: una verdad a medias. La estación principal de una ciudad es la referencia. El sol sobre el que gira la vida de la misma. A su alrededor, se montan todos los servicios (líneas de autobús, taxis, coches de alquiler, cafeterías, hoteles, etcétera). Díganme una sola urbe que no quiera que esté en el centro. Díganme una sola donde no añoren esto. De hecho, quienes han incumplido esta regla de oro, acabaron teniendo un apeadero de lujo. Guadalajara-Yebes, por ejemplo, costó once millones de euros y está en mitad de la nada. Resultado: sólo doscientos pasajeros la utilizan al día. Cuando aquí se cercenó la posibilidad de situarla en El Humedal, se cometió un error histórico. Era su sitio natural. Sin embargo, en una decisión todavía inexplicable a día de hoy, acabó llevándose a Moreda. Han pasado once años de aquello y seguimos exactamente igual. Ya se lo dije, en Gijón las cosas van como la canción: des-pa-cito.

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