El Comercio
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Autor: balbuena2222
Filosofía cholista.
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Jose Manuel Balbuena | 27-05-2017 | 7:46| 0

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Hay que recurrir al fútbol para explicar lo que está pasando con nuestra autopista del mar. Verán, desde que la naviera concesionaria (Ldlines) abandonó la línea en su día, todo fue dar tumbos. Hablamos de septiembre de 2104. En principio, se iba a retomar la conexión en pocas semanas. Era cuestión sólo de encontrar otra compañía, porque, según Puertos del Estado, Ldlines había venido para apropiarse de las subvenciones. Sin embargo, fueron pasando los meses y nadie aparecía. Es más, muchas empresas –como las pizarras de León, por ejemplo- se mostraban desesperadas porque su salida natural a través de El Musel se veía cercenada. Entonces apareció Transportes Riva. Una naviera asturiana que desde el primer momento no ofreció ninguna garantía de solvencia. Es más, en que pudiera llevar adelante su plan no confiaba absolutamente nadie. Ni la Autoridad Portuaria, ni Puertos del Estado, ni mucho menos los bancos que finalmente le denegaron la financiación. Se estuvo, dicho de otra manera, mareando la perdiz y perdiendo el tiempo con este proyecto. Cada vez que le preguntaban a José Llorca, presidente del ente portuario estatal, sobre el tema; daba falsas esperanzas esperando el derrumbe del castillo de naipes que se había montado. Pues bien, hete aquí que ahora las cosas son muy distintas. Llorca se ha puesto las pilas. Me refiero a que se está buscando una compañía sólida como se debió hacer desde el principio. Es decir, contratando una consultora especializada –«Shipping Business Consultants», se llama- que venda al mundo la autopista del mar entre Gijón y Nantes. Una asistencia técnica como Dios manda que mueve el culo y tiene conocimientos. Y fíjense, ha sido aplicar sólo eso -ganas, trabajo y sapiencia- para que aparezcan nada más ni nada menos que quince navieras. De ellas, hay dos muy interesadas que incluso ya han visitado nuestro puerto. El presidente de Puertos del Estado dice que, a mediados de junio, vamos ya a tener quizá una solución. Es decir, que con todas las reservas podemos afirmar que estamos en el buen camino. Más que probablemente, volveremos a tener una nueva conexión con Saint Nazaire. La pregunta que me hago es por qué hemos tenido que esperar casi tres años para esto. O sea, a que se ponga toda la carne en el asador para sacar adelante la autopista, mientras que la rival de Vigo crecía como las flores en primavera. Vuelvo al principio. Lo que ha pasado sólo se puede explicar con el fútbol. «Si se cree y se trabaja, se puede», dice Diego Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid. Auténtica filosofía cholista que no habíamos visto hasta ahora.

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¡Qué tremendo error!
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Jose Manuel Balbuena | 25-05-2017 | 6:13| 0

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Con todos mis respetos hacia la militancia socialista, creo que han escogido al peor secretario general posible. No es que los otros dos fuesen como para tirar cohetes, pero, al menos, de ninguna manera representaban la ruptura que pretende hacer Pedro Sánchez. Una especie de limpieza, de reseteado de ordenador, en un partido histórico y que no está para sueños utópicos. Quizá, no sé, ahí esté el meollo de la cuestión: la militancia se creyó al cien por cien sus postulados populistas. Unos cantos de sirena donde les prometió la luna –ahora el PSOE volverá a ser de los militantes- y veremos cómo los cumple. Porque, si ustedes recuerdan, lo que ha hecho siempre el nuevo secretario general es consultar a las bases en función de lo que más le convenía. Con preguntas trampa y poniendo sus intereses por encima de todo. Cuando el pacto con Ciudadanos hizo un referéndum en unos términos que daba risa: «¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista?». En fin, díganme quién se va a negar. Lo mismo que en el Comité Federal que lo defenestró: propugnaba una consulta exprés para hacerle un bypass al órgano de dirección. El bello Pedro habla de la soberanía de los militantes. Sin direcciones férreas y rindiendo cuentas siempre a las bases. Pero, no se engañen, eso es la teoría, porque en la práctica se parecerá poco. ¿Es acaso Podemos un partido asambleario? Hasta cierto punto. Pablo Iglesias, en cuanto ve que el resultado no va a ser el deseado, amenaza con marcharse. Retuerce la voluntad de la militancia para que coincida con la de su círculo de hierro: los cuatro que mandan. Pues ése es el PSOE que quiere construir Sánchez y no otro. Una especie de Podemos donde las apariencias nunca van a coincidir con la realidad. Adriana Lastra, su capitana asturiana, ya lo dejó bien claro en una entrevista hace pocos días: los barones tienen pedir disculpas. Generosidad en la victoria, por lo visto, cero. Al enemigo, ni agua. ¡Qué error, qué tremendo error!, han cometido a mi juicio. Se me asemeja a lo que pasó en Francia o Inglaterra. Las bases se entregaron a candidatos populistas radicales –Benoît Hamon o Jeremy Corbyn– y el desastre electoral estuvo servido. Tanto, que en el país galo ya se habla casi de la desaparición del socialismo. Pedro Sánchez, de cara a las urnas, es un candidato quemado. Ha intentado por dos veces llegar a la Moncloa con resultados cada vez peores. ¿Es que eso no cuenta? ¿Es que no se mira más allá de las 188.000 personas que tenían derecho a voto el domingo? ¿Es que la cuestión consiste sólo en mirarse al ombligo y no a más de cinco millones de votantes?

 

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Contaminación ideológica.
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Jose Manuel Balbuena | 23-05-2017 | 6:35| 0

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En nuestro Gijón del alma todo es política. Los nuevos tiempos –con un Consistorio tan fragmentado- es lo que tienen. Nada se escapa a su enrevesado y retorcido influjo. Ya sea para llegar a un acuerdo cualquiera, en la concesión de las medallas de la ciudad o en asuntos que no deberían tener mayor discusión. Lo último: la programación del Teatro Jovellanos. Verán, Xixón Sí Puede (XSP) votó en contra del programa del segundo semestre. Más que nada, porque Arturo Fernández –el conocido actor gijonés- va a representar su obra durante seis días seguidos. Todo un exceso, por lo visto, para XSP. Su concejal, Orlando Fernández, con la retórica propia de este grupo, lo expresaba así: «Se está privatizando el ocio y disfrute. Hay que socializar la cultura». Llegando incluso a acusar a Foro de utilizar Divertia –la empresa municipal que se encarga de la gestión- para la «cultura de amiguetes». Arturo Fernández viene a Gijón sin ningún fijo. Gana lo que saque en taquilla. A la ciudad no le cuesta ni un euro, según aclara el concejal de Festejos, Jesús Martínez Salvador. Guste o no –personalmente, tampoco soy un fan- hay que reconocer que sus obras siempre atraen a un público fiel. El actor tiene un tirón indudable. Me atrevo a pronosticar incluso que llenará el teatro durante ese tiempo. Entonces, ¿cuál es el problema? Si no cuesta y encima vende, ¿por qué ese rechazo a que se atreva –por su cuenta y riesgo, insisto- con seis días en el Jovellanos? No lo duden, aquí de lo que estamos hablando es de un rechazo ideológico en toda regla. Fernández, como es de sobra conocido, está en las antípodas políticas de Podemos. Ya lo ha manifestado más de una vez sin ningún tapujo. Por eso, claro está, se le estigmatiza. Porque, vamos a ver, si es capaz de llenar repetidamente, ¿no es acaso el mismo argumento que se utiliza para defender a la Semana Negra? ¿No se dice exactamente eso, que trae mucha gente, cuando se reclama un incremento del 75% en la subvención municipal como este año? ¡Uy, pero con la Iglesia hemos topado! El evento negro es del mismo signo político y Arturo Fernández del contrario. El manoseado concepto de la cultura para algunos, como escribía Ramón de Campoamor, es según el color del cristal con el que se mira. Nada es verdad ni nada mentira. Si es de los míos lo que haga falta, ahora bien, al enemigo ni agua. Les contaba al principio que el ambiente político durante esta legislatura está siendo irrespirable. Hay una contaminación ideológica en toda regla. Mucho mayor incluso que la ambiental. Y ya es decir…

 

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La rebelión de las bases.
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Jose Manuel Balbuena | 22-05-2017 | 7:41| 0

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Los militantes del PSOE le han pegado una patada al aparato. No les voy a decir en qué parte, pero se la pueden suponer. Pedro Sánchez es el nuevo secretario general socialista. Lo ha hecho contra todo y contra todos. Pocas veces, en política se ha dado un caso como el suyo. Después del convulso Comité Federal de octubre del año pasado, el bello Pedro, parecía estar más que defenestrado. Un secretario general que había dimitido (lo empujaron a dimitir) entre graves acusaciones de intento de pucherazo, discusiones y un guirigay impresionante. Tras dos derrotas electorales -las peores en la historia del socialismo- y a punto de ser «sorpassado» por Podemos. Sin embargo, hoy estamos hablando de que la militancia le ha apoyado sin condiciones. Se ha entregado a él. En la mayoría de las agrupaciones, además, con un número de votos muy superior al de los avales recogidos. Había, pues, un sufragio oculto hacia la candidatura de Sánchez. La derrota de Susana Díaz, en cambio, ha sido sin paliativos. Dolorosa y de las que dejan huella. La andaluza entró en estas primarias sin ganas, arrastrada por los compromisos y sin convicción propia. Sólo reaccionó en cuanto vio la exigua diferencia que le sacó a su rival en la lucha por los avales. Es más, hasta presentó a pocos días del domingo electoral el programa, bien es cierto, cogido con alfileres. Todo ello, una campaña apresurada y una candidata sacada con gancho de su reino andalusí, ha dado como resultado un batacazo impresionante: Pedro Sánchez le ha sacado más de diez puntos. Su discurso populista -os voy a devolver el partido, le repetía a las bases en cada mitin- ha calado muy hondo. La rabia de que siga gobernando la derecha en España le ha llevado en volandas de nuevo hasta Ferraz. El odio, tanto a las oligarquías del propio partido como al PP de Mariano Rajoy, le ha devuelto la Secretaria General. Patxi López, por su parte, ha acabado con un porcentaje decoroso. Algo más de los avales que pudo recoger. Una pena lo del vasco, pero en esta guerra ya había dos ejércitos bien diferenciados. No cabía una tercera vía. Muchas cosas van a cambiar en la política española. La primera, sin duda, la relación del PSOE con el Gobierno que no va a ser la misma. El nuevo secretario general ya avisó de que haría lo que fuese necesario para desalojar a los populares del poder. Su «no es no» volverá a resonar con fuerza otra vez en el Congreso. Espero equivocarme, pero creo que dentro de poco tiempo los españoles volveremos a pasar por las urnas. El bloqueo en toda regla está servido.

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La biblia anticoche.
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Jose Manuel Balbuena | 20-05-2017 | 7:32| 0

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Sí, soy un pecador. Un criminal ecológico. Lo peor de lo peor. Necesito ir a trabajar utilizando un motor y ruedas. En concreto, las de mi moto. Aunque a veces, lo reconozco, también en coche. No queda muy bien decirle a un señor de setenta años: ¡hala, coja la bicicleta que nos vamos a hacer gestiones! Fustíguenme señores del Ayuntamiento, díganme que estoy contribuyendo a que Gijón sea un lugar insoportable. Que lo bueno, según su teoría, sería convertirnos en una especie de mundo feliz -a la manera del libro de Aldous Huxley- donde nos moviésemos siempre a pie. Donde nadie nunca tuviese prisa y los automóviles quedasen en el recuerdo. Pero eso, la verdad, no es más que ciencia ficción. Lo único cierto es que, a los tres o cuatro que todavía trabajamos en esta ciudad, desde el Consistorio no paran de pegarnos patadas en el culo. Lo digo porque el Plan de Movilidad de Gijón 2018-2024 es lo que hace de forma preferente: ser la biblia anticoche. Todo un rosario de medidas para desincentivar su uso, cuando, en la práctica, la mayoría de gijoneses ni lo coge salvo que no le quede otra. Es más, no sé de dónde sale esa leyenda urbana amplificada de que algunos lo utilizan hasta para ir a comprar el pan. He probado estos días a realizar el recorrido desde Laviada a La Arena a veinte kilómetros por hora. Según este documento, es lo que se piensa hacer en estos barrios -junto con el Centro- para disuadir al vehículo particular. ¡Qué agonía, por Dios! Lo primero que me pregunté es, teniendo en cuenta que la limitación a treinta kilómetros por hora ya es mayoritaria en esas zonas, por qué hay que bajarlo a veinte. Por qué no a diez, cinco o incluso, como le gustaría a más de uno, que hubiese que empujar el coche con el motor apagado. ¿Se contamina más acaso por un incremento en la velocidad de diez kilómetros por hora? ¿Existe algún riesgo quizá mayor? Entiendo que no y lo único que se pretende es chinchar. Tocar las narices. En el plan, al que todavía le queda pasar el filtro de 78 entidades que integran el Foro de Movilidad, no he visto ni una sola mención a los que trabajamos (especie en extinción, sin duda). Podían decir, por ejemplo, que se eliminarán los atascos que se forman en las glorietas de Viesques o El Llano. Básicamente, formados por personas que entran o salen de la ciudad por ese motivo. ¡Qué se fastidien! Que vayan en esa red ferroviaria de cercanías obsoleta y retrógrada. Que utilicen nuestra estupenda estación de autobuses que se les cae encima. Total, aquí lo importante es que no haya ni un automóvil más por Gijón. Capital, por lo visto, de los que odian al vehículo particular.

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