El Comercio
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Autor: balbuena2222
Y que lo veamos.
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Jose Manuel Balbuena | 11-11-2017 | 7:25| 0

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Ayer fue presentado en sociedad el proyecto de ampliación y reforma del Hospital de Cabueñes. No es la primera vez. Ya en enero del 2015, el anterior consejero de Sanidad, Francisco Blanco, lo había intentado a su manera. Es decir, de forma más modesta y dejando múltiples incógnitas por despejar. De hecho, la oposición se cebó en sus críticas tildándolo más de «proyecto imaginario» que otra cosa. Propaganda electoral de cara a los comicios a celebrar ese mismo año. Pues bien, decía entonces Blanco que la licitación iba a tener lugar pocos meses después. Sin embargo, han tenido que pasar más de dos años -sí, las cosas en nuestro paraíso natural funcionan de esta manera- para que se haya hecho realidad. En concreto, fue licitado en febrero de 2017 por 693.595 euros. El nuevo consejero del ramo, Francisco del Busto, como digo, lo presentó con todo lujo de detalles a los ayuntamientos y con gran parte de la cúpula sanitaria asturiana presente. Una ampliación y reforma, no podemos negarlo, muy ambiciosa. Al final de las dos fases que se quieren llevar a cabo, prácticamente tendríamos un hospital de paquete. Edificio de nueva planta, remodelación completa de su interior y mejores servicios acordes con el siglo que vivimos. Además, pasaríamos a duplicar casi la superficie actual, cien nuevas camas y, tecnológicamente hablando, nuestro vetusto Cabueñes estaría a la última. Dice Del Busto, como ejemplo, que los cirujanos desde la mesa de operaciones tendrán acceso directo al historial clínico del paciente. Como ven, muy guapo todo. Sólo con ver las infografías que se reproducen en estas mismas páginas, uno acaba enamorándose del nuevo complejo. Dejando atrás como una imagen del pasado ese hospital desbordado, obsoleto e incómodo que esta ciudad está pidiendo a gritos que se renueve. Eso, según el consejero, comenzará a verse hacia finales de 2018. Fecha en la que se pretenden comenzar las obras con una inversión prevista de 38 millones de euros. Ahora bien, si nos guiamos por las del otro gran centro sanitario de nuestra comunidad -me refiero al Hospital Central Universitario de Asturias (HUCA), claro- será más. Bastante más y con plazos de ejecución mucho más amplios. Para que se den una idea, el HUCA se acabó con un sobrecoste de 90,1 millones de euros. Un incremento cercano al 45% del importe final de su adjudicación. En fin, disfrutemos del momento. De ver cómo una de las grandes obras pendientes en Gijón, gracias a Dios, va tomando poco a poco cuerpo. Al menos, en lo que a la primera fase se refiere, porque la segunda, ojo, no tiene ni fecha establecida y es mucho más compleja.

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¿Cuándo es el momento?
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Jose Manuel Balbuena | 09-11-2017 | 6:28| 0

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El debate sobre la oficialidad del asturiano tiene algo de cíclico. Se produce casi cada legislatura. Unas veces salta a la palestra por una cosa y otras por otra. Esta vez, ha sido el giro copernicano del PSOE en su XXXII congreso quien lo impulsó. De hecho, la aprobación de un dictamen favorable a la cooficialidad causó gran revuelo en las filas socialistas. Era una auténtica novedad, puesto que, si bien entre las bases la llingua está bien vista, nunca ha sucedido lo mismo con la cúpula gobernante. Sin embargo, los nuevos aires que corren en la FSA le han dado la vuelta a la tortilla. Ahora mantienen una postura favorable hacia cooficialidad y eso ha sido cogido al vuelo por otros. Me refiero a Podemos e IU que hacen de ello ya su bandera. Una comisión parlamentaria creada al efecto –y presidida por IU- propone a la Junta General declararlo oficial. A eso hemos de sumar el presumible pronunciamiento favorable del Ayuntamiento de Gijón, propugnado también por ambos grupos. Junto con Oviedo que, por su parte, también aboga por una reforma del estatuto. Ahora bien, quien lo tiene en su mano, me refiero al grupo parlamentario socialista, está callado. Como dicen, a verlas venir. Javier Fernández considera que la oficialidad no toca. Como excusa pone que no lo lleva en su programa electoral. Con lo cual, nos vamos a encontrar con lo mismo de siempre: tanto nadar para morir a la orilla. Igual que ha sucedido en otras muchas ocasiones. Se calienta el sector proclive a la cooficialidad, unos cuantos grupos políticos la piden y, al final, nada. Seguimos en lo mismo. Escuchando los sobados argumentos en su contra. Que si va a ser obligatorio (¿es algo malo acaso aprender la lengua donde naces?), que si va a ser muy caro (y todo el dinero tirado en infraestructuras fallidas, ¿no?), que si va a «catalanizar» Asturias (¡toma ya! Resulta que el bable de repente nos va a volver independentistas. Por favor…). Personalmente, siempre me he mostrado favorable a que el asturiano sea oficial. En absoluto me asusta y lo afrontaría con toda la normalidad del mundo. No veo por ninguna parte los dragones y el cielo negro que algunos pintan. Es más, si no es de esta manera, un bien tan preciado y precioso como nuestra llingua, acabará desapareciendo. Algo así como unos zapatos metidos en el armario: la falta de uso acaba echándolos a perder. Pese a ello, como el gato escaldado del agua calienta huye, tampoco me hago muchas ilusiones. Entiendo que, aunque dicen que estamos más cerca que nunca de conseguirlo, no va a ser de esta vez. Lo considero realmente difícil. Tendremos que escuchar de nuevo, y si no al tiempo, lo de… no es el momento. Nunca es el momento.

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Incontinencia.
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Jose Manuel Balbuena | 07-11-2017 | 6:39| 0

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Jamás pensé que nuestro Ayuntamiento iba a tener que analizar una cesta de la compra. Es decir, en qué se gastan el dinero algunos gijoneses. Sin embargo, sucede con los beneficiarios de la renta social municipal. Sí, esa prestación que trata de ser universal y espléndida con una filosofía bien clara: no te preocupes, ya lo hago yo por ti. El informe sobre la utilización de las «tarjetas white», ya saben, esas tarjetas bancarias prepago con lo que pueden ir a los comercios y adquirir una serie de productos, depara datos interesantes. Resulta que lo más demandado son los electrodomésticos. Estos suman un total de 74.711 euros desde que se implementó el sistema en agosto. Mientras que la ropa le sigue con 51.177 y el calzado con 26.357 euros. Llama la atención, no obstante, que en medicamentos sólo se hayan gastado 830 euros y 522 en productos ortopédicos. Así mismo que la ropa deportiva goza sin duda de tirón: 32.607 euros se han invertido por parte de los usuarios en este concepto. Pues bien, sorprende que la Fundación Municipal de Servicios Sociales, por si tuviera poco con analizar las 3.867 solicitudes presentadas en la primera convocatoria, también tenga que revisar las compras efectuadas. Hacer una especie de «Big Data» (análisis de datos) para saber en qué invierten su ayuda los beneficiarios. Componer un catálogo, como si fuese el de un centro comercial en Navidad, para indicarles a qué pueden acceder o no. Eso sí, siempre para ir ampliándolo progresivamente porque, como saben, las necesidades para esta renta básica son infinitas, mientras que los recursos municipales no. Se pueden estirar los fondos de su dotación –ya hay una segunda convocatoria con 4,3 millones de euros más encima de la mesa- en una tendencia que va a ser exponencial. Incluso, desde Xixón Sí Puede, plantean ampliar ese listado de artículos con ordenadores o acceso a internet. El caso es que sólo en dos meses, ojo, se han trillado 222.696 euros para 238 beneficiarios. Esto viene a dar una media de 2.118 euros para cada solicitud que se concede. Hay aprobadas 1.331 ayudas por parte de la Fundación y bastante más del doble por analizar. La pregunta, pues, resulta obvia, ¿de verdad alguien piensa que esto es sostenible? ¿Pueden los servicios sociales del Ayuntamiento hacer un control exhaustivo sobre lo que se compra con la tarjeta? ¿No parece este sistema inmenso, inabarcable y que desbordará la capacidad a corto plazo? De hecho, en esta segunda convocatoria el grado de detalle de los artículos es máximo. Hasta se ha aprobado incluir en la lista productos farmacéuticos para la incontinencia. Exacto: de lo que sufre también la renta social municipal.

 

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El polígono del plumero.
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Jose Manuel Balbuena | 04-11-2017 | 8:16| 0

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Según parece, el Ayuntamiento tiene pensado impulsar dos grandes polos empresariales en nuestra ciudad. Serían en el entorno del astillero de Naval Gijón en la zona del Natahoyo, y en los terrenos de la antigua mina de La Camocha. El primero destinado a desarrollar proyectos vinculados con el mar (lo que se llama la «economía azul»), y el segundo dedicado al sector agroalimentario (denominado la «economía verde»). Desde el Centro Municipal de Empresas se va diseñar la estrategia más adecuada para cada caso, contratando el próximo año un estudio de competitividad al efecto. Asimismo, la primera fase de la ampliación del Parque Tecnológico se hará en 2020. Todo ello, una vez aprobado el nuevo Plan General de Ordenación (PGO) y la consiguiente compra de la finca «La Formigosa» a la Tesorería de la Seguridad Social. Pues bien, si las cosas salen bien –lo cual deseamos fervientemente- tendremos economía verde y azul, junto con más empresas tecnológicas. Sin embargo, el quid de la cuestión es que, el más oneroso de nuestros proyectos, el que supuestamente iba a ser el motor de Gijón y por ende Asturias, se ha quedado en nada. Es más, yo lo daría por completamente fallido y sin posibilidad alguna de sacarlo adelante. Me refiero, claro, a la famosa Zona de Actividades Logísticas e Industriales (ZALIA) de San Andrés de los Tacones. Más conocida en la actualidad como el polígono de los plumeros de la Pampa, dada la gran cantidad de plantas de dicha especie invasora que por allí crecen. De hecho, es prácticamente para lo único que sirve puesto que desde su creación se ha vendido una única parcela. El resto, pese a contar con una estructura de comercialización que cuesta lo suyo, no las han querido nadie. Ni siquiera El Musel que vio cómo desde Madrid frenaban una orden para la compra de dos parcelas, por un importe total de 1,1 millones de euros. Algo más parecido, la verdad, a una operación de rescate, que a la confianza que pueda tener el Puerto en la ZALIA. Este año el presupuesto municipal –si se aprueba- contempla una partida de 1,6 millones para hacer frente al pufo de la zona logística. A lo que habrá que seguir añadiendo más dinero ejercicio tras ejercicio, en lo que parece un pozo sin fondo. Un enfermo crónico, casi desahuciado, que no da ningún signo de recuperación. Mientras tanto, sigamos pensando en polos empresariales llenos de verde, azul o rosa. En retrasar el desarrollo de barrios como El Natahoyo -al impedir su construcción residencial en el PGO- creando allí una suerte de industria limpia que a saber cuándo y cómo se hará. El problema, el verdadero problema, lo seguimos teniendo con la ZALIA: un agujero negro que se traga lo que le echen.

 

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Una auténtica liberación.
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Jose Manuel Balbuena | 02-11-2017 | 6:33| 0

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Un soplido, eso es lo que le ha bastado al Estado para desmontar a esa todopoderosa república catalana, que el procés decía haber construido. Proclamada el viernes 27 de octubre, en una sesión parlamentaria delirante con voto secreto incluido, ya sospechábamos al día siguiente que algo iba mal. No había ni grandes manifestaciones en la calle, ni disturbios, ni siquiera resistencia civil. Lo opuesto a los pronósticos de quienes se mostraban reacios a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El presidente de esta república fantasma, Carles Puigdemont, se había ido corriendo a Girona. Sí, a las fiestas de su ciudad para dejarse ver en un restaurante. No sé, imagínense que el día de la independencia, un mandatario cualquiera, se va de excursión por la montaña. Alucinante, ¿no? Pues bien, por si fuera poco, ese personaje grotesco en que se ha convertido Puigdemont, el primer lunes de la república soberana se marcha por la frontera. A escondidas y de tapadillo coge un avión en Marsella, llega a Bruselas y monta una surrealista rueda de prensa. En ella, dice que en España no hay garantías para él -«déficit democrático» lo llama- y que volverá cuando las tenga. Asimismo, se lleva consigo lo que le queda de su Govern –siete ex consejeros de los cuales dos han vuelto a Barcelona- y empieza a mover tropas imaginarias, igual que Hitler en sus últimos días en el búnker de Berlín. Asegura que representa a una Generalitat en el exilio y pide a los funcionarios que resistan, que cuiden de las instituciones catalanas para que no sean demolidas. Los mismos funcionarios que, tranquila y pacíficamente, se han puesto a las órdenes del Gobierno central sin mayores problemas. Ya ven, el esperpento y la imagen del nacionalismo catalán no puede haber caído más bajo. Ahora mismo, lo único que tienen para agarrarse y no ser un ejército en desbandada son las elecciones. Esas que, según los apóstoles en contra del 155, quedarían deslegitimadas porque no se iban a presentar. Ni lo han dudado. Un partido como Esquerra, por ejemplo, jamás podría soportar estar fuera de las instituciones. Por motivos económicos –hace mucho frío fuera del Parlament- y porque, además, seguramente, va a ser quien las gane. Hasta la reaccionaria CUP ni se plantea faltar a la cita. ¡Qué poco hemos confiado en la fuerza de nuestro Estado de Derecho! ¡Cuán sobrevalorado hemos tenido al independentismo! Repito: no ha hecho falta ni fuerzas de seguridad ni nada parecido. Simplemente, la mayoría de catalanes han acogido la aplicación de la Constitución como una auténtica liberación. La llegada de una vacuna para restañar las heridas causadas durante años por el secesionismo. Esas que sangran –cerca de 1.900 empresas se han ido ya- y que de verdad preocupan.

 

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