El Comercio
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Autor: balbuena2222
El jamón y el hueso.
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Jose Manuel Balbuena | 12-09-2017 | 7:37| 0

thumbEstá claro lo que va a suceder. Me refiero al varapalo que le van a dar –ya lo verán- a las ordenanzas fiscales que hoy se presentan. Dicho de otro modo: los impuestos municipales que vamos a tener de cara al año que viene. La oposición –sobre todo Xixón Sí Puede (XSP) e IU- ha exigido continuamente al equipo de gobierno que incurra en más gasto. Los nuevos tiempos políticos es lo que tienen: ponen en un brete a Carmen Moriyón y los suyos hasta llevar al límite el endeudamiento. Si querían un presupuesto para este ejercicio, sin ir más lejos, tenían que poner en marcha a la fuerza la renta social municipal. Una partida estructural de al menos 7,7 millones de euros (y subiendo) que es necesario metabolizar. Esto es, asimilar que ha llegado para quedarse. Sin embargo, cuando toca elevar la imposición local –para que los números cuadren, más que nada- nadie lo apoya. Buen ejemplo es la subida media propuesta del 5% por el uso de servicios e instalaciones en el Patronato Deportivo. Foro se quedó sólo en sus pretensiones, mientras que el resto de la oposición la rechazaba de pleno. Igual que pasará con el resto de incrementos que se intenten llevar a cabo, porque lo fácil en este caso es ordeñar la vaca. Tirar de la deuda hasta llegar a incumplir la regla de gasto que impone Hacienda. Con unas partidas, en la mayoría de los casos, que van a ser difíciles de controlar. ¿O acaso va a ser flor de un día la renta básica que se ha puesto en marcha? ¿O acaso se van a dejar de conceder la pléyade de subvenciones que permiten sobrevivir a múltiples sectores económicos en nuestra ciudad? El problema, como digo, es que la oposición quiere llevar a cabo la cuadratura del círculo. Que se siga manteniendo (e incrementado) este nivel de cobertura social sin que suban los impuestos. De hecho, a lo máximo que pueden aspirar nuestros gobernantes para intentar paliar esta sangría, es a inventarse nuevos tributos. Eso sí, siempre que sean del agrado de los socios virtuales (XSP e IU), ya que si no tampoco pasarán el tamiz. Cosas como cobrar por el uso del espacio público a los bancos, compañías telefónicas o energéticas. Fórmulas, en definitiva, de nuevo cuño y que no sabemos cómo saldrán. Igual se recauda mucho, o bastante menos de lo esperado. En resumen, que resulta complicado meterse en semejante orgía de gasto y luego no querer subir la imposición a los ciudadanos. Sabiendo todos de sobra el porqué: eso duele al bolsillo y, aunque parezcan todavía lejos, las elecciones están ahí. Mejor comer el jamón (regar bien la ciudad con dinero público) y dejar a otros el hueso.

 

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Reciclaje futurista.
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Jose Manuel Balbuena | 26-08-2017 | 8:19| 0

contenedores-reciclaje-colores-asturiasTiene razón nuestro Ayuntamiento cuando dice que no reciclamos. O por lo menos, en cuantía suficiente. Según la Unión Europea tendríamos que estar al 50% de nuestros residuos antes del 2020, y en la actualidad apenas llegamos a la mitad. Queda, pues, un largo camino por delante. Dicen que la solución se encuentra en el tratamiento individualizado. Es decir, si yo reciclo más que mi vecino: o bien pago menos, o a él le sancionan. Que esto, por lo visto, es también objeto de debate y hay opiniones para todos los gustos. En los próximos cinco años se van a instalar contenedores inteligentes. O sea, que intentarán saber lo que cada uno arroja a ellos mediante bolsas con código de barras, apertura con la tarjeta ciudadana o incluso cámaras de vigilancia. Pregunto, ¿una especie de «Gran Hermano» de la porquería? Lo que faltaba. Hasta, según el presidente de Emulsa, Esteban Aparicio, se podría estudiar la recogida neumática. Un tubo que saldría de las casas y llevaría los residuos directamente hasta la planta de tratamiento. ¡Vaya! Aunque la segunda parte de «Blade Runner», la mítica película de ciencia ficción, se va a estrenar en octubre; parece que en Gijón ya tenemos un anticipo. Pienso que todo esto está muy bien. Me parece estupendo que contribuyamos en función de nuestros actos. Ahora bien, el sistema actual no está montado así y costará mucho cambiarlo. Pagamos la factura de recogida y tratamiento de basura con la del agua. En la mayoría de las ocasiones con la cuota de comunidad, porque no existe la posibilidad de medición por cada piso. Por tanto, quizá tendríamos que empezar por ahí: individualizar los consumos. Dejar de incrustarlos en un recibo comunitario y que nos llegue a cada cual el importe correspondiente. Con eso, seguro, conseguiríamos una mayor concienciación, al igual que sucedería con el dispendio de agua. Una vez hecho, pasaríamos a la segunda fase: ver el reciclaje. Sin duda, una cuestión difícil se mire por donde se mire. Saber a ciencia cierta lo que arrojamos al contenedor se me antoja complicado, salvo que un inspector municipal venga a vivir con nosotros. No obstante, lo que sí pueden dar por seguro es que la tasa de basura subirá (y mucho). Desde el Principado no paran de hacer comparaciones odiosas. Dicen que en San Sebastián los residentes pagan 130,10 euros al año, mientras que en Asturias la ciudad más cara no pasa de 79,50. Nos están preparando para un incremento de órdago. Cogersa –el consorcio asturiano de recogida y gestión- cobrará más a los ayuntamientos y estos al ciudadano. En resumen, que de forma selectiva o no, con reciclaje «Blade Runner» o sin él; agárrense que vienen curvas.

 

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Deconstruyendo Barcelona.
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Jose Manuel Balbuena | 24-08-2017 | 8:22| 0

Olmo Calvo. 19/08/2017 Barcelona. Catalunya La Rambla despues del ataque terrorista del dia 17.Uno. Hoy se cumple una semana de los atentados en La Rambla de Barcelona y Cambrils. Un shock para toda la sociedad que volvió a vivir, querámoslo o no, aquellos aciagos días del 11M en Madrid. Un grupo de muchachos –el mayor con 37 años- decidió cometer sobre la marcha el segundo mayor acto terrorista en España. La pregunta que nos hacemos todos es por qué. Es decir, por qué gente tan joven decide súbitamente cambiar y volverse terroristas peligrosos. Máquinas de matar que cambiaron de objetivo, puesto que el principal les falló: pretendían realizar una masacre con unos explosivos que terminaron volando la casa donde los preparaban. La teoría predominante es que se radicalizaron de forma súbita. En pocos meses pasaron de ser chicos integrados a fanáticos del Islam. La verdad, sin embargo, es que se nos escapa este proceso. Mucha gente se vuelve integrista de una determinada religión, pero no le da por cometer semejante atrocidad. Visten de una manera, comen de otra, dejan de relacionarse con sus antiguos amigos, se pasan el día rezando… El macabro mecanismo por el cual una persona se convierte en un «soldado de Alá», bien es cierto, no lo conocemos.

Dos. Además, en el caso de la cédula de Ripoll, no se trataba de uno o dos individuos, sino de un grupo mucho más numeroso (doce). No fue un «lobo solitario» como hasta ahora, sino una verdadera manada. El Imán que falleció en la casa de Alcanar, presunto instigador de todo este adoctrinamiento, según los investigadores, hizo un extraordinario y perverso trabajo. Comerles la cabeza uno a uno, sin dudas, sin que no se planteasen por qué tenían que inmolarse, sin que le contasen a nadie sus planes. Le debió resultar arduo y complicado. No creo que fuese una cuestión rápida, sino que tuvo que llevarle más tiempo a la fuerza. Ahora bien, lo consiguió. Penetró en sus cerebros aún núbiles para inculcarles veneno. El resultado, por desgracia, ya lo conocemos todos.

Y Tres. Como en cualquier tipo de atentado, siempre sobrevuela la pregunta de si se pudo evitar. O dicho de otra forma: ¿qué falló en la seguridad para que se produjese? A posteriori todos nos preguntamos por qué un juez –pese a que lo había solicitado el Ministerio del Interior- no expulsó al tenebroso Imán del país, o por qué a nadie le extrañó la acumulación de bombonas de butano (más de cien) en una casa, o por qué los servicios de inteligencia no tenían controlada una cédula tan activa. Cuestiones, claro, fáciles de plantear ahora y difíciles de llevar a cabo en la práctica. Si un grupo de fanáticos decide llevar a cabo semejante locura, resulta muy complicado pararles. Con lo que me quedo es que, siete después del 17A, fueron abatidos o están en la cárcel. Sin más.

 

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Cuadrar el círculo.
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Jose Manuel Balbuena | 22-08-2017 | 7:50| 0

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Dentro de poco se inicia el curso político. Con ello, vendrá también una cita importante: comenzar a negociar los presupuestos de 2018. Punto culminante anual de esta convulsa legislatura. Momento en el cual la política enrevesada que vivimos se muestra en todo su esplendor. En 2016 estuvimos con unos prorrogados: los partidos no se pusieron de acuerdo. En 2017, en cambio, sí los tenemos gracias a las concesiones de Foro. La principal: la renta social municipal. Una medida muy añorada por la izquierda (Xixón Sí Puede e IU) que se ha hecho realidad este año. A eso hay que unir una política de gasto generosa, que no ha dudado en subvencionar todo lo que se movía en esta ciudad. El reto, por tanto, estará en asumir una nueva (y creciente) partida estructural, sin tocar demasiado el bolsillo ciudadano. De hecho, Carmen Moriyón, en una entrevista en estas mismas páginas, ya avisaba de que subirán las tasas (lo que pagamos por ciertos servicios) y se estudia la creación de un nuevo impuesto para los bancos, compañías telefónicas o energéticas por el uso del espacio público. Algo que, bien es cierto, nunca se sabe cómo saldrá. Miren si no lo que recaudó el Principado con su impuesto sobre los depósitos bancarios, antes de que fuera desactivado por el Tribunal Constitucional. Vamos a ver, pues, cómo encaja el equipo de gobierno un gasto expansivo -la renta básica implantada lleva ya 3.867 solicitudes- sin subir, por ejemplo, el IBI (la famosa contribución). Tributo fundamental dentro de las finanzas locales y que duele cuando se toca. Además, debemos tener en cuenta que otro pilar tributario también se tambalea: el impuesto de plusvalía municipal. Ya saben, lo que pagamos al Ayuntamiento cada vez que transmitimos un inmueble. La plusvalía –como se la conoce- no está pasando por sus mejores momentos. Se encuentra discutida a más no poder por ser injusta: siempre se acaba pagando, a pesar de que su objeto es gravar el incremento de valor del bien. Da igual si la venta del piso, para quitárselo de encima, generó pérdidas porque te la van a cobrar. De ahí, la pléyade de sentencias que obligan a lo obvio: sólo se puede aplicar en caso de beneficios. Pero, si quieren más, tenemos una última cosa: la regla de gasto que impone Hacienda. Espada de Damocles que pende sobre las cuentas municipales. Línea roja que resulta imposible traspasar. Nuestra Alcaldesa ya manifestó en más de una ocasión su preocupación por el tema. El Ayuntamiento se encuentra al límite. A punto de sobrepasarla, si no lo ha hecho ya. O genera más ingresos o se la saltará con creces. Lo dicho: a ver cómo se cuadra el círculo.

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La chorrada del verano.
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Jose Manuel Balbuena | 19-08-2017 | 6:05| 0

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Aunque todavía queda estación por delante, yo daría ya el premio a la chorrada del verano. Las fotos de una socorrista gijonesa enseñando glúteo se hicieron, como llaman ahora, virales. Fueron recorriendo como la pólvora las redes sociales –algo habitual para este tipo de cosas- donde acabaron convirtiéndose en un auténtico vertedero. Cometarios sexistas, imágenes compartidas y la ficción creada de que el salvamento de Gijón era poco menos que «Los vigilantes de la playa». Ya saben, esa famosa serie televisiva en la que unos tipos cachas lucían palmito por los arenales de Santa Mónica (California), aunque luego nadasen menos que una gallina. Pero, como estamos en verano, la tontería viaja a la velocidad de la luz. Las fotos y el consiguiente revuelo que se armó traspasaron incluso fronteras. Diarios italianos o ingleses se hicieron eco de la noticia del «sexy bañador» de nuestro salvamento. Digo más, lejos de amainar semejante sandez generada por el estío colectivo, hasta la política se metió en ella. Primero, fue IU quien salió a denunciar el «acoso machista organizado» que sufren las socorristas de nuestro trozo de paraíso natural. Su coordinador general en Asturias, Ramón Argüelles, dijo en rueda de prensa: «Creemos que el Instituto Asturiano de la Mujer debe tomar medidas inmediatas para proteger a las mujeres». ¡Toma! Luego, vino aquello de que el Ayuntamiento había dado instrucciones sobre su vestimenta. No sé, como si las playas de Gijón fuesen una discoteca pija. Y ya, en el culmen del despropósito, hasta la propia alcaldesa, Carmen Moriyón, tuvo que salir a la palestra para desmentir que se recomendase vestir de alguna manera. Mientras, instalados ya en plena gilipollez estival, fuimos olvidando las cosas realmente importantes acerca de nuestro equipo de salvamento. Por ejemplo, que seguramente volverán a poner otro año más el ramo de laurel en la playa: símbolo de que no ha habido ningún ahogado, en una temporada particularmente aciaga a nivel nacional. O que su trabajo cada vez es más difícil. En estas mismas páginas se podía leer la falta absoluta de respeto que sufren por parte los bañistas. Pese a que están ahí para salvar vidas, la gente los desprecia con cosas como: «Os dan un silbato y ya os creéis algo». O bien. «¿Qué sabrás tú, chaval? No tenéis ni idea». O: «Que sepas que me voy a bañar aunque haya bandera roja». Acoso –éste de verdad- que padecen a diario y que ningún político sale a denunciar. Sin embargo, por lo visto, con lo que nos vamos a quedar es con las nalgas de las socorristas. En fin, lo dicho: ya tenemos chorrada del verano 2017. El año que viene, sin duda, más.

 

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