El Comercio
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Autor: balbuena2222
Vientos de cambio
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Jose Manuel Balbuena | 06-07-2017 | 6:13| 0

primarias-fsa

Como si fuese la secuela de una película de éxito, vuelven las primarias al PSOE. Esta vez, a través de los congresos regionales. Aquí, en nuestro paraíso natural, dos sectores se enfrentan abiertamente sin tapujos. Por un lado, los partidarios de Pedro Sánchez que disfrutan de sus días de gloria y por otro, los que apoyaron a Susana Díaz. Estos últimos, claro está, con la moral más bien baja. Sus respectivos candidatos también se amoldan perfectamente a los cánones que hemos visto hasta ahora. Adrián Barbón, el alcalde de Laviana, representará al todopoderoso «sanchismo» y por su lado, José María Pérez, el edil gijonés, a lo que se ha denominado el «javierismo». En referencia, obviamente, al presidente del Principado, Javier Fernández, que juega un papel muy importante –aunque esté retirándose de la vida política- en todo este asunto. Pues bien, puestas encima de la mesa las cartas podríamos hablar de suspense, interés, igualdad y lo que se vivió en las primarias originales. Las que enfrentaron a tres candidaturas a nivel estatal. Sin embargo, no va a ser así. Éstas son mucho más paniaguadas. Carecen de tanta emoción y ya se sabe de antemano casi el resultado. Existe la referencia previa de la victoria de Pedro Sánchez y eso lo cambia todo. Tanto, que ahora mismo el candidato oficial, José María Pérez, es el que parte con desventaja. La ola (casi tsunami) que hizo triunfar al bello Pedro también arrasó en Asturias. Ganó a la presidenta andaluza en casa del presidente de la Gestora con todas las de la ley. El 53% de los militantes apoyaron a Sánchez, frente al 39% a Susana Díaz. La cosa, a la vista está, quedó bastante sentenciada desde hace tiempo. Es de suponer, pues, que la tendencia continúe. Que los militantes socialistas en Asturias –esa reserva espiritual del PSOE- sigan el mismo camino de renovación hasta las últimas consecuencias. Es decir, que Barbón salga elegido con amplia mayoría y transforme el aparato de la FSA a las nuevas circunstancias políticas. Y a partir de ahí, es donde empiezan los problemas. Habrá un secretario general de una facción y un gobierno de otra. Esto es, la sintonía entre ambos a priori no parece que vaya a ser la mejor posible. Hasta dónde influirá el partido en las decisiones del Ejecutivo para lo que resta de legislatura, a día de hoy, es una incógnita. La cohabitación entre ambos puede ser fácil o no, depende. Lo normal es que haya un pacto de no agresión hasta elecciones y luego ya veremos. Será el ganador de este congreso quién impondrá candidato y lista de cara a 2019. Vientos fuertes de cambio empiezan a soplar en la FSA.

 

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Cambio de cromos.
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Jose Manuel Balbuena | 04-07-2017 | 6:19| 0

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Hace poco el presidente del Principado, Javier Fernández, envió una carta a los dirigentes de Podemos e IU. En la misma, reiteraba su oferta para sentarse a negociar «una alternativa progresista, social y de futuro». Hasta ahí, digamos, normal. Fernández pretende allanar el camino que le queda. Llevar lo mejor posible este calvario, con desavenencias y choques continuos en el Parlamento, para así tener un final feliz (o casi). No es la primera vez que esto sucede –en los presupuestos pasa un tanto de lo mismo- siempre con idéntico resultado: los pactos entre la izquierda a día de hoy parecen imposibles. Las diferencias, salvo con IU, insalvables. Pues bien, lo sorprendente viene en la segunda parte de esta misiva. Esto es, cuando pone a Gijón como materia de intercambio en esa supuesta negociación. Ofrece «recuperar un gobierno progresista» para esta ciudad, aunque no sabemos muy bien cómo. Es decir, de qué manera salvaría los obstáculos que hasta el momento ha sido imposible superar. Si recuerdan, lo de un gobierno municipal de izquierda para Gijón es algo ya casi cansino. Un mantra pertinaz como una lluvia fina. La suma de IU, Xixón Sí Puede (XSP) y PSOE daría, claro está, el Consistorio a los tres partidos. Sin embargo, el acuerdo que posibilitaría este cambio se muestra lejano. Muy lejano, diría yo. Mociones de censura virtuales, nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, las sufre cada dos por tres. Ahora bien, ese supuesto tripartito que llevaría el cielo a la izquierda, bien es cierto, nunca estuvo cerca. Es más, en un artículo publicado el pasado domingo en estas mismas páginas, el portavoz de XSP en el Ayuntamiento, Mario del Fueyo, lo dejaba claro. Decía que las circunstancias políticas para llegar a un pacto no habían variado ni los más mínimo: siguen considerando a los socialistas responsables de muchos de los males de esta ciudad y, por tanto, no quieren hacerse corresponsables. Entonces, pregunto, ¿qué ha llevado a Javier Fernández a formular esta propuesta? ¿Es quizá un intento a la desesperada de salvar a un gobierno asturiano acosado por las reprobaciones y dimisiones de consejeros? ¿Qué cree que se puede hacer que no se haya intentado ya? Además, existe otro matiz: el lugar en el que deja a la agrupación local. Después de la rectificación del nuevo consejero de Infraestructuras, Fernando Lastra, aceptando el nuevo plan de vías; tal parece que esto añade leña al fuego. Ningunea de forma descarada al socialismo gijonés sacándolo al mercado. Seguimos gobernando en Oviedo sin mayores complicaciones y a cambio entregamos la alcaldía. Cambio de cromos en toda regla.

 

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El Titanic logístico.
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Jose Manuel Balbuena | 01-07-2017 | 7:32| 0

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La Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA) se encuentra en la UVI. Mantenida con respiración asistida por el Principado y sin más familia ni amigos que la apoyen. En dos meses, si no encuentra una solución, entrará en concurso de acreedores. El motivo: tiene que hacer frente a dos demandas judiciales desfavorables por parte de propietarios expropiados. En un caso por importe de 780.000 euros y en otro de 800.000. Total: 1,58 millones que debe sacarse de la manga a corto plazo. Todo ello, bien es cierto, con el importante hándicap de que el proyecto se encuentra medio moribundo. Casi zombi, diría yo. Es un muerto viviente que pide cada dos por tres que le den de comer (y mucho). La ZALIA como tal no genera ingresos: ha vendido una sola parcela en toda su historia. Sin embargo, tiene gastos constantes debido a los créditos vigentes (casi 105 millones de deuda) y, claro, encima hay que construirle viales para que se comunique con el mundo. La situación no puede ser más dramática. De ser una empresa privada, obviamente, su quiebra estaría garantizada. Es más, lo realmente preocupante es que, como hojas que caen de los árboles, las administraciones le han ido dando la espalda sucesivamente. El Ayuntamiento de Avilés y las entidades portuarias dijeron hace tiempo que no pondrían un solo euro más, aunque ahora le ofrezcan ayuda. El de Gijón ya se encuentra al límite. En el Principado, incluso, la Consejería de Hacienda le deniega una autorización para un nuevo crédito por importe de 1,58 millones de euros. Las autoridades portuarias asturianas quieren comprarle las parcelas –para salir al rescate de este Titanic logístico- pero desde Madrid vetan la operación. ¿Hay alguien que de verdad crea en la ZALIA? A estas alturas, ¿no es más una infraestructura fallida que otra cosa? Si en el polígono de Lloreda restan todavía 120 parcelas por vender pese a los esfuerzos para su comercialización, ¿tiene acaso la ZALIA algún futuro? ¿Va a venir una especie de tsunami inversor que compre más de cien hectáreas de terreno industrial de sopetón? ¿Es creíble que vaya a tener una estación intermodal como nos venden –tendría narices que la tuviese antes que Gijón- y unas comunicaciones de alta capacidad? La solución a día de hoy no es fácil. Pasa por negociar con los propietarios expropiados un aplazamiento, o bien poner otra vez capital encima de la mesa. Complicado en ambos casos. Personalmente, pienso que hay que empezar a valorar una tercera vía: abandonar el proyecto. Cegar ese pozo sin fondo que no para de comerse dinero público. Retirase y dar por perdida la inversión antes de que la deuda vaya a más. Y, sin duda, irá.

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Déjà vu.
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Jose Manuel Balbuena | 29-06-2017 | 7:37| 0

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Tal parece que esta situación política ya la hubiésemos vivido antes. Me refiero a las sucesivas reuniones entre grupos políticos que, con la llega de Pedro Sánchez a la secretaria general del PSOE, se están produciendo. Es como volver al periodo previo entre elecciones: si recuerdan, entre diciembre del 2015 y junio de 2016 los partidos no hacían otra cosa. Era una auténtica fiebre por intentar llegar a pactos, formar gobiernos y coaliciones. Pues bien, el fuego ahora lo ha abierto el secretario general socialista y Pablo Iglesias. Un encuentro que no se producía desde el 30 de marzo del año pasado. Todo ello, bajo el nuevo rumbo que Sánchez quiere imprimirle al PSOE. O sea, acercarse al espacio político de Podemos lo más posible. Tal es así que, horas después de la entrevista, declaró sentirse muy cercano al votante morado. Es más, ambos pactaron una llamada «agenda común» sobre diferentes asuntos, con cinco grupos de trabajo: rescate a los jóvenes, relaciones laborales, políticas de igualdad, pensiones y desbloqueo de iniciativas parlamentarias. Temas fáciles, sin mayores complicaciones, con los que crear ese forraje ideológico del que se alimenta el populismo. Una especie de preparación estratégica conjunta para lo que va a venir: la oposición frontal y absoluta al Gobierno de Mariano Rajoy. De eso, claro, no cabe ni la menor duda. Ya saben, el «no es no» es marca registrada. Casi una patente. Ese mismo día, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, almorzaba con el presidente del Gobierno. En la mesa estaban temas como negociar el techo de gasto y los presupuestos para 2018. Una contraprogramación no buscada –según dicen- a ese presunto bloque que los grupos de izquierda pretenden formar. De la comida, también salió otro equipo negociador pero esta vez con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. El objetivo es valorar la posibilidad de una rebaja en el IRPF, como desean los de Albert. Por último, Sánchez se ha reunido con Rivera. El incansable Pedro quiere volver a intentar cuadrar el círculo: juntar a Podemos y Ciudadanos de cara a formar un gobierno por él presidido. Algo que ya hizo y salió mal. De hecho, no consiguió ni el voto de Iglesias como candidato a la presidencia, cosa que le ha reprochado mil veces. Esta vez, el resultado va a ser similar. En el partido naranja no están, ni mucho menos, por la labor de hacer un frente común en contra el PP. Sería incongruente sentarse a negociar las cuentas y luego hacer una política frontal de oposición. Lo dicho: estamos viviendo un ?Déjà vu? en toda regla. Una especie de ardor por el pacto, eso sí, sin urnas en el horizonte. ¿O quizás sí?

 

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Contra viento y marea (II).
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Jose Manuel Balbuena | 27-06-2017 | 6:56| 0

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Podemos entender algunos recelos de la oposición sobre el nuevo plan de vías. Esto es, el proyecto que presentó el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, el pasado jueves en Gijón. El PSOE, por ejemplo, lo tildó de propaganda electoral pura y dura. Es decir, humo que nos han venido a vender de cara a las elecciones del 2019. Piensa que va a ser un bluf, una burbuja que se deshinchará con el tiempo, y no se va a realizar. Pues bien, es cierto que a estas alturas no podemos poner la mano en el fuego por nada. Es más, puede que todo esto quede en agua de borrajas. Experiencia sobre incumplimientos en nuestro levantamiento ferroviario la tenemos a mansalva. La mayoría, por cierto, con administraciones socialistas. Sin embargo, hay un hecho diferencial con respecto a la situación previa: se presentó un proyecto, plazos y financiación. O dicho de otra manera: hay algo tangible que antes no había. Porque hasta ahora, si recuerdan, ninguna de esas tres cosas fundamentales existía. Era imposible pedirle cuentas a Fomento puesto que el plan de vías se encontraba parado. Muerto y casi enterrado. Por tanto, a partir de ya, si el Ministerio incumple, pondremos el grito en el cielo con al menos un plan firmado (esperemos). A IU gastar en la ciudad 500 millones de euros en infraestructuras le parece una desmesura. Supongo que la añorada estación intermodal –según su visión- se arreglaría con un tendejón de chapa y el resto del dinero lo destinaría a la renta social municipal. Digo más, su portavoz, Aurelio Martín, dijo «es un verdadero despilfarro que no se ajusta a la austeridad que necesita la ciudad». Me entra una duda: igual después de esperar quince largos años, teníamos que haberle pedido al ministro que viniese con recortes. O igual no nos merecemos esta inversión y otras ciudades del resto de España sí (Granada, Bilbao, San Sebastián o Vigo). Xixón Sí Puede vio con satisfacción la prolongación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. A su entender, era mejor y más barato en superficie –todavía no sé por dónde lo pretendía incrustar- pero dan por buena la prolongación. Comparten también la desconfianza general y reclaman datos. Personalmente, me reitero en que es lo mejor que nos podía pasar. Algo que ni por asomo esperábamos. Hace años que esta ciudad no recibe una lluvia de millones de semejante calibre. Nos tendríamos que remontar tiempo atrás –desde la ampliación de El Musel- para encontrar una actuación similar. En la capital de las infraestructuras fallidas –una depuradora ilegal o una regasificadora utilizada para visitas escolares- nuestro plan de vías se pone en marcha. Luchemos por él contra viento y marea.

 

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