El Comercio
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Autor: balbuena2222
Hasta el infinito.
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Jose Manuel Balbuena | 31-10-2017 | 6:36| 0

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¿Por qué? Es lo que se anda preguntando el equipo de gobierno municipal. Por qué cada vez que presenta el presupuesto de una empresa o ente municipal, la oposición lo tumba sin mayores miramientos. Le ha pasado con el de la Empresa Municipal de Aguas y Centro Municipal de Empresas. A los cuales esta semana pueden añadirse todavía más rechazos, en una cadena que resulta dolorosa e incomprensible para los de Carmen Moriyón. Todo ello, junto con la no aprobación de las ordenanzas fiscales, arroja un panorama muy sombrío sobre las cuentas para el año que viene. Es más, a día de hoy podemos decir que estamos más cerca de una prórroga que de cualquier otra cosa. La clave en esta próxima negociación, según parece, se va a encontrar en el servicio de ayudas a domicilio. Una remunicipalización muy deseada por la izquierda, a la postre, Xixón Sí Puede (XSP) e IU, y que costaría, según informes de Intervención, sobre tres millones de euros de sobrecoste al Consistorio. Como ven, no es moco de pavo. La concejala de Hacienda, Ana Braña, dijo en estas mismas páginas que «ningún informe jurídico ni económico avala la municipalización de este servicio». Sin embargo, desde XSP les ha faltado tiempo para recalcar que ellos han presentado ya tres, apoyando que se dé el paso. Por informes –de un signo y el contrario- no parece que vaya a ser. Además, la formación morada quiere asegurar «la continuidad de la renta social municipal y el aumento de su dotación». Ahora ampliándola a quienes no tienen ningún ingreso o por debajo del mínimo. En fin, siempre les dije lo mismo sobre la prestación estrella de esta legislatura: nació para ir creciendo hasta el infinito y más allá. Sin límite alguno ejercicio tras ejercicio. Por tanto, el quid de este año en la negociación presupuestaria –al igual que el pasado- va a consistir en ver si Foro traga con las propuestas más onerosas de la izquierda. Es decir, si hace un Ayuntamiento todavía más volcado –y mira que ya lo está- hacia la ayuda social (el famoso «rescate ciudadano»), olvidándose de todo lo demás que conlleva una cuidad (infraestructuras, nuevos viales, etcétera). Un ente mastodóntico que ya no sólo se conforma con ser una máquina de subvenciones, sino que pretende tener en nómina a un ejército de funcionarios. Hoy el presupuesto viene condicionado por la situación de doscientas trabajadoras que prestan el servicio de ayuda a domicilio. Pero, y mañana, ¿qué? ¿Qué servicio debe también remunicipalizarse? ¿El de préstamo de bicicletas que es muy guay y está en declive? ¿El de conservación viaria? ¿El de mantenimiento de luminarias y semáforos? Lo dicho: hasta el infinito y más allá.

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Para niños.
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Jose Manuel Balbuena | 28-10-2017 | 8:14| 0

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Siempre mostré mis reticencias sobre los presupuestos participativos. Ya saben, esa nueva fórmula por la cual los ciudadanos deciden el destino de una parte de los recursos. A mí me parece que esto no deja en muy buen lugar a la política. Es decir, que la hace menor. Si uno vota a alguien es para que lo represente -escuche, por supuesto- y luego tome decisiones en consecuencia. Se entiende que los concejales tienen más capacidad y mejor información que cualquiera, más que nada porque se dedican a ello. Y si no es así, entonces la pregunta resulta obvia: para qué los queremos. La respuesta ciudadana a este sistema suele ser muy baja –apenas un 2% en esta ocasión- y mira que se intenta subir. A la puerta de la Feria de Muestras este año, y en pleno mes de agosto, me dieron un folleto invitándome a participar. Lo cogí con extrañeza porque, la mayoría de los que allí estaban, eran turistas que nada tenían que ver con la ciudad. O sea, les importaba un comino los presupuestos de Gijón y lo que hiciésemos con ellos. Campaña, por tanto, absurda y dinero tirado. Pues bien, la concejala de Bienestar Social y Participación Ciudadana, Eva Illán, nos dice que tenemos que estar contentos. Ha aumentado el número de votantes hasta alcanzar los 4.774 gijoneses y eso, en comparación con otros municipios donde no llegan ni al 1% del censo total, representa un éxito. Por ello, quizá quiere llevar este proceso hasta límites insospechados. Illán tiene pensado cuando menos algo sorprendente: partidas para la infancia donde niños entre 8 y 17 años puedan decidir también sobre el dinero. Como lo oyen. Imagínese, no sé, a un crío proponiendo que quiere unos columpios en el parque de enfrente de casa, o a uno más mayorcito que desea habilitar lugares para hacer botellón. Desde luego, si ya los presupuestos participativos tienen claroscuros importantes –las propuestas recibidas son un «qué hay de lo mío» constante- como para abrirlos a quienes no son legalmente ni mayores de edad. Este disparate, no lo podemos calificar de otra manera, está en estudio. Igual, espero que no, hasta se pone en marcha. Lo cual, vuelvo a repetir, nos llevaría a la conclusión de que la política es un juego de niños. Cualquiera, hasta un infante que debería preocuparse más por sus tareas escolares, la puede llevar a cabo. Es tan sencillo como ponerse delante del ordenador, hacer clic en el ratón y ponerse a gastar cinco millones de euros. La cantidad que este año se ha reservado. Además con bronca, porque, entre los vecinos y el área de Participación Ciudadana, no hay en absoluto buen rollo. Incluso han pedido a la Alcaldesa el cese de la concejala. Como ven, pocos y encima mal avenidos.

 

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Entre elecciones y el martirio.
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Jose Manuel Balbuena | 26-10-2017 | 6:38| 0

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En estos días se está discutiendo sobre si la convocatoria de unas elecciones anticipadas debe parar el artículo 155. Esto es, la aplicación del precepto constitucional que el Gobierno aprobó el sábado en Consejo de Ministros. Unos dicen que el vidrioso Carles Puigdemont, en un nuevo juego de trile, lo haría para así evitar la intervención de la autonomía. O sea, estaríamos hablando de un último recurso «in extremis» para salvar el autogobierno y su pellejo político. Sin embargo, otras corrientes del independentismo quieren directamente el martirio. Proclamar sin pudor la desobediencia civil y la lucha callejera. Una declaración unilateral de independencia (DUI) en el Pleno que hoy se celebra en el Parlament y a la batalla. De barricada en barricada hasta construir una república socialista, tal y como pretenden los antisistema de la CUP. Pues bien, a mi juicio el 155 se debe aplicar con todas las consecuencias pase lo que pase. Es decir, tanto si Puigdemont convoca elecciones como si, con mucho más motivo, se llega a declarar la famosa DUI. Miren ustedes, el Estado tiene la obligación de permanecer en Cataluña para hacerse fuerte. Un entramado como el que ha montado el secesionismo no se desmonta de un día para otro. Han sido demasiados años de laxitud en las leyes, de concesiones y prebendas al nacionalismo radical como para pensar que las urnas lo arreglan todo. Independientemente de su resultado, que eso ya es casi es un tema menor. Desde luego, lo que está en juego es la propia viabilidad del sistema. Que Cataluña no se convierta en una economía fallida. La política de tierra quemada que se practica ahora es a lo que la aboca. Más de 1.400 empresas han abandonado la comunidad y dicen que es para no volver. Se temen lo peor: que tras un paréntesis electoral y la consiguiente formación del Parlamento, las cosas sigan exactamente igual. Que nada cambie y, por tanto, vuelvan las presiones, amenazas y el ambiente enrarecido en la calle. Así está claro que nadie puede trabajar. Los empresarios necesitan otro caldo de cultivo que este independentismo, bravucón y montaraz, no les puede dar. Resulta obvio, por tanto, que la labor del Estado para restablecer la normalidad debe prolongarse más allá del corto plazo. Pensar que una fractura de este tipo se soluciona de una forma tan sencilla (convocando comicios ahora o en seis meses como tienen acordado PP, PSOE y Ciudadanos), sería completamente iluso por nuestra parte. Dudar a estas horas sobre la forma de aplicar la Constitución –con retroceso y marcha atrás- sólo envalentona a quienes quieren destruirla. Entiendo que unas elecciones son un medio y no un fin.

 

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Un año en rojo.
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Jose Manuel Balbuena | 24-10-2017 | 6:37| 0

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Hoy se celebra el debate sobre el estado del municipio. Ya saben, un Pleno en el que se analiza la gestión del gobierno municipal durante su último año. Vamos a revisarla. En el haber, Carmen Moriyón y su equipo pueden presumir de desbloquear el plan de vías. La llegada del nuevo ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, junto con el cambio en la consejería de Infraestructuras del Principado, con Fernando Lastra al frente, dieron un resultado muy positivo. Se avanzó en la confección de un proyecto con el que comenzar de nuevo. Hasta entonces, sin duda, la nada presidía nuestro eterno levantamiento ferroviario. Ahora, sin embargo, tenemos plan, plazos y aportaciones a realizar por parte de las administraciones. Como digo, un logro de nuestros gobernantes que pusieron su empeño en ello. Asimismo, el PGO está en marcha. No todo lo rápido que quisiéramos, pero, al fin al cabo, va dando los pasos necesarios. Con desbloqueos también importantes como el desarrollo urbanístico de la Ería del Piles, aunque, bien es cierto, sin una empresa que lo ponga en marcha. Hasta ahí, digamos, los éxitos que en materia de infraestructuras son importantes. Veamos lo contrario: el debe del equipo de gobierno. Gijón ha evolucionado económicamente para mal. Quiero decir que es como si para este Ayuntamiento, el crear puestos de trabajo no fuese más importante que dar subvenciones a tutiplén. Por tanto, tenemos una pléyade de las últimas y más bien poco de lo primero. En nuestra ciudad el concepto de ayuda es tan inmenso, tan excelso diría yo, que cubre básicamente todos los órdenes de la vida de un individuo. Casi desde la cuna hasta la sepultura. Es tal el gasto estructural que se lleva a cabo –para nada acorde con la capacidad económica posible- que se está ya a punto del desborde. Imposible de mantener a todas luces. La famosa renta social municipal, claro, es el último ejemplo. Pero, tengan en cuenta, que en Gijón además se subvencionan muchas más cosas. Desde las fachadas (independientemente de la capacidad económica del propietario), la accesibilidad de los portales (lo mismo: no se discrimina por renta), tejados, gastos de luz o gas individuales, arrendamientos de viviendas, etcétera. Por tanto, la influencia del Consistorio en la vida diaria es enorme. La mayor empresa –en capacidad y número de empleados- prácticamente del concejo. El motor que si un día baja el ritmo –porque el sistema de ayudas a granel no puede ser infinito- hundirá a muchos sectores del que dependen. En resumen, podemos decir que cada día en nuestra ciudad amanece en rojo, como el famoso lunes de los incendios. Nunca mejor dicho, porque la influencia de Xixón Sí Puede e IU en la política municipal es inmensa.

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Huele a prórroga.
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Jose Manuel Balbuena | 21-10-2017 | 6:37| 0

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O mucho me equivoco, o volveremos a tener prórroga presupuestaria en 2018. Todo parece indicar que va a ser así, aunque a nadie nos guste. El gobierno municipal llevó un varapalo de órdago cuando no le aprobaron las ordenanzas fiscales. Esto es, los ingresos para el año que viene. La oposición en bloque dijo nones. Unos y otros acumularon motivos para dejar sólo a Foro. PSOE, PP y Ciudadanos, por ejemplo, votaron en contra. Mientras que Xixón Sí Puede (XSP) e IU se abstuvieron, básicamente porque no lograron llevar a cabo sus propuestas más contundentes. Entre ellas, el IBI diferenciado: subir a más del doble lo que pagan los inmuebles con un valor catastral superior al millón de euros. En fin, ya saben cuál es la filosofía para estos asuntos: al rico y al gorrión… perdigón. Pues bien, nos encontramos ante la tesitura de que los ingresos, en el mejor de los casos, van a ser los mismos. Permanecerán congelados a la fuerza los principales precios públicos y tributos. Nada de cobrar más por tasas, ni por los cajeros, ni a los bienes con características especiales (embalses, presas o saltos de agua). Con lo cual, cuadrar un presupuesto con este severo condicionante –y sabiendo que se está al límite de la regla de gasto que impone la ley- resulta harto difícil. Nadie en la oposición va a quedar contento con el borrador que se presente. Grupos como XSP e IU –que aprobaron las actuales cuentas con su abstención- no van a estar conformes en absoluto. Para ellos, un presupuesto municipal siempre tiene que ser expansivo. Crecer en gasto social hasta el infinito y sin mirar nada más. Un riego constante de dinero público a ciertas capas de la población. Y si no, a las pruebas me remito. Si en 2017 lo tenemos es gracias a que se puso en marcha la renta social municipal: ese Leviatán que se comerá todos los recursos del Ayuntamiento en un tiempo récord. Digamos, pues, que los únicos presupuestos que vamos a tener en toda esta legislatura –porque 2019 ya es año electoral y nadie se va a mojar- dejarán una hipoteca considerable para el resto de ejercicios. Casi mejor que ni hubieran existido. Por tanto, ya me dirán que nos ha aportado este Consistorio tan fragmentado y plural. El cacareado diálogo y pacto entre las fuerzas políticas se ha quedado en nada. Diluido como el azúcar en el café. La realidad bien lo demuestra: de cuatro acuerdos presupuestarios posibles, tendremos uno. A lo sumo, y estoy en la improbable hipótesis de que al final en 2018 se haga realidad, dos. Así es muy complicado dar por buena la gestión de una legislatura. Más bien, diría que hemos estado perdiendo el tiempo.

 

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