El Comercio
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Autor: balbuena2222
Cuernos y entelequias.
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Jose Manuel Balbuena | 17-08-2017 | 6:33| 0

Foto: DAMIAN ARIENZA, Gijon, Lunes 14 Agosto 2017 FIDMA , izquierda unida Asturias, Gaspar llamazares, ArguellesLo de Gaspar Llamazares con IU se parece mucho a una infidelidad de pareja. Y como todos sabemos, cuando eso pasa dentro de la vida conyugal, nada vuelve a ser igual. Ni la confianza, ni la convivencia, ni la relación en general. Todo ello, pese a que haya habido un perdón manifiesto por el medio, como es el caso. Llamazares creó e inscribió un partido a espaldas de la coalición. Su razón fue que se trataba de una mera una fórmula instrumental para salvaguardar el nombre de «Actúa», que así se llama la nueva formación, sin mayores consecuencias. Ahora bien, esto, como no podía ser de otra manera, no fue entendido así y sentó fatal dentro de sus propias filas. Es más, hubo muchas voces que exigieron de inmediato la dimisión del portavoz parlamentario. El coordinador regional de la formación, Ramón Argüelles, lidió con el desliz como pudo. Vamos, lo de pelillos a la mar. Incluso se dieron un paseo conjunto por la Feria Internacional de Muestras de Gijón, para escenificar que el affaire estaba superado por ambas partes. Sin embargo, la relación quedó muy tocada. Puede que en Asturias miren para otro lado, pero en Madrid no. Han tomado nota y hacen lo de: ni olvido, ni perdono. No hay día en que alguno de los dirigentes nacionales se refiera a Llamazares en tono hosco. Los dardos envenenados vienen uno tras otro, demostrando que existe una guerra abierta y sin concesiones. Empezó el coordinador federal, Alberto Garzón, diciendo que «iba a su bola». Le siguió el secretario de Organización federal, Ismael González, asegurando que «debe hacer lo acordado en la asamblea general». En resumen, que a nivel nacional no piensan poner el cuentakilómetros a cero, por mucho que aquí lo quieran. Entre tanto, en nuestro paraíso seguimos dándole vueltas a la famosa gran coalición de izquierdas: PSOE, IU y Podemos. Sin duda, una entelequia que se lleva barruntando durante toda la legislatura y que, cada vez, parece más irreal. Tanto, que ahora, con este terremoto dentro de IU y sus posteriores secuelas, se hace aún más difícil de creer. Ya nadie ve que pueda llevarse a cabo, salvo que sea por intereses propios. Los socialistas se encuentran inmersos en una campaña de primarias. Todos los candidatos venden esa supuesta imagen de unidad de la izquierda, de la cual, obviamente, ellos serían los líderes. También a IU le interesa difuminar sus problemas con un presunto pacto. En cambio, Podemos es el más tranquilo. Sabe de sobra que no necesita este apaño y, por eso, pone condiciones imposibles. A estas alturas, aunque todavía quede bastante legislatura por delante, casi todo el pescado está vendido.

 

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«Turistificación».
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Jose Manuel Balbuena | 15-08-2017 | 7:27| 0

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Es como se conoce ahora a la masificación de toda la vida. En estos días, Gijón está a tope. No cabe un alma más. ¿Me molesta? Sí, claro, como creo que a todo el mundo que vive aquí. Los bares que frecuento normalmente se encuentran abarrotados, las playas sin un centímetro libre y me muevo constantemente entre un colapso generalizado. El tráfico, sin ir más lejos, se vuelve denso como un cubo de aceite. En nuestra ciudad hay pocos atascos a lo largo del año, pero en estos días resulta imposible transitar en coche. De repente, se forma una recua de vehículos dando igual la calle, el barrio o la dirección a la que vayamos. En resumen, es un fastidio. Un incordio en toda regla. A nuestro Gijón del alma se le revientan las costuras con tanto visitante. Sin embargo, es algo ya habitual. Siempre ha sido así cada verano. En mayor o menor medida. Durante la crisis, bien es cierto, el número de turistas descendió de forma considerable, sin embargo, con la llegada de una cierta recuperación todo el mundo se ha ido de vacaciones. ¿Podemos hacer algo para combatir esta «Turistificación» que muchos denuncian? Yo diría que poco. En algunos sectores hablan de que las administraciones deben intervenir. Regular este tsunami que en determinados lugares se ha vuelto ya insoportable. Ahora bien, no explican cómo. Es decir, si quieren dejar a los operadores ya instalados (hoteles, casas de aldea, apartamentos, camping, etcétera) en régimen de semimonopolio, impidiendo la entrada de más competencia. ¡Cuidado! Estamos recogiendo lo que un día sembramos. El turismo siempre fue (y será) el recurso de los países pobres. Ningún país avanzado vive de él. Aquí quisimos hacerlo para paliar nuestro declive industrial –ya saben, «ven al paraíso»- y he aquí las consecuencias. Miles de personas buscan solaz al amparo de unas infraestructuras desbordadas. No tengo nada en contra del turismo. Faltaría. Soy un turista más cuando, como cada año y dentro de poco, me voy a dar un paseo por el mundo. No obstante, hay actitudes que me molestan. Hay personas que demuestran mucha prepotencia hacia los lugares donde veranean. Una especie de chulería insoportable y desprecio absoluto por lo autóctono. Les cuento una anécdota. El otro día me encontraba en una pequeña villa asturiana. Un individuo paró el coche en mitad de una calle del centro. Sin encomendarse a nadie, empezó a descargar los bártulos de la playa. Coches pitando, colas y cabreo generalizado. Un policía municipal se le acercó para recriminarle esa conducta y quizá mutarle por cabestro (encima, luego no lo hizo). Su respuesta fue de las que hacen época: «Oiga, que esto es un pueblo».

 

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Desmadre 2017.
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Jose Manuel Balbuena | 12-08-2017 | 7:51| 0

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Desconozco por qué pasa. O sea, en qué punto la libertad se entiende como libertinaje, la fiesta se convierte en una especie de desmadre y la situación se descontrola. El porqué, en definitiva, llega la violencia y el caos se instala en medio de una celebración cualquiera. Sin embargo, sucede una y otra vez. Seguro que vieron las imágenes del Xiringüelu en Pravia ofrecidas por EL COMERCIO digital. En ellas, una horda de gente se vuelve agresiva cerca de las tres de la mañana. El motivo: que habían cortado la música y venta de alcohol a las doce de la noche. Empezaron, ni más ni menos, que a aporrear la barra de un chiringuito de forma extrema. Con contundencia, a golpe limpio y exigiendo que se volviese a vender el agua de fuego. Los puñetazos tenían a los camareros asustados y desbordada a la seguridad privada. En esto, apareció el Séptimo de Caballería: una carga de la Guardia Civil sin contemplaciones. A empujones tuvieron que sacarlos de la carpa y más de uno acabó enfrentándose con la Benemérita. En este sentido, la peor parte nos la llevamos en Gijón. Está a punto de cumplirse un mes (14 de julio) de la brutal agresión que sufrió Germán: un muchacho que había salido a disfrutar de la noche después de trabajar. De hecho, todavía sigue inconsciente y con respiración mecánica. El chaval no acaba de recuperarse de semejante salvajada, mientras van incrementándose el número de detenidos o implicados. En este caso, un simple roce en un bar acabó en tragedia. Un grupo de jóvenes persiguió y apaleó a los amigos de Germán, llevándose él la peor parte. ¿Qué pasa? ¿Es que no sabemos disfrutar de las fiestas sin que haya bronca por medio? ¿Es que vamos a vivir este descontrol cada vez que se celebra algo? Desgraciadamente, en este verano casi no ha habido fiesta sin algún tipo de incidente. Y no ya sólo en las concentraciones multitudinarias como las piraguas en Ribadesella, El Carmín de La Pola o La Descarga en Cangas del Narcea; sino también en las verbenas de barrio. Los disturbios se producen incluso en estos eventos mucho más pequeños y controlables. En La Corredoria (Oviedo), por ejemplo, hubo otra paliza salvaje a una pareja. Como ven, el virus de la violencia –hasta de tipo sexual, lo cual es aún más preocupante- se va imponiendo poco a poco. Esa minoría que entiende la diversión en forma desfase, va ganando terreno a una inmensa mayoría que la quiere disfrutar de forma tranquila. Ojo, hago esta reflexión justo cuando acaba de empezar la parte principal de nuestros festejos de Begoña. ¡Qué nadie nos los estropeé! Tengamos, nunca mejor dicho, una Semana Grande en paz y sin disgustos.

http://www.elcomercio.es/asturias/toda-secuencia-boicot-barraca-5534381934001-20170807200818-vi.html

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Esa purga suave.
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Jose Manuel Balbuena | 10-08-2017 | 6:33| 0

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Antonio Trevín lo explicó de forma lacónica: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó». Se refería a su sustitución como portavoz de la Comisión de Interior en el Congreso. Un puesto de relevancia –donde un parlamentario puede brillar como el sol- y que le fue arrebatado en cuanto Pedro Sánchez tomó mando en plaza. Es más, sus continuos choques con la ahora todopoderosa portavoz del Grupo Socialista, Margarita Robles, ya venían de atrás. Siendo Robles diputada había pedido explicaciones a Trevín de forma airada, ante el voto en contra de la Ley de Precursores de Explosivos. El ex presidente del Principado se lo tomó mal. Dijo que era la primera vez que había sufrido una desautorización pública por parte de un compañero. Así, como es lógico, resultaba muy difícil que pudiera continuar. Luego vino lo del «gallinero». Esto es, mandarlo a las últimas filas del Hemiciclo donde iba a estar acompañado por otros «susanistas» represaliados. En una red social comentaba la jugada con fina ironía: «Está justito al lado de la puerta de salida a la entreplanta, tapado convenientemente con columnas y altillos». Finalmente, fue lo que sucedió: Antonio Trevín anunció que se iba en septiembre. Dice que en el actual PSOE se ha perdido la «fraternidad entre los militantes» y ha ganado terreno la «confrontación». Lo hace con un cierto tono de amargura. Sabedor de que en esta nueva etapa no tiene sitio. Que es objeto, como otros, de una purga suave que se está llevando a cabo desde la dirección. En política, las grandes palabras de los vencedores no suelen venir acompañadas por los hechos. Quien toma el poder habla de integración, de que el partido es de todos, de que aquí no sobra nadie, blablablá. Lo mismo que hizo Pedro Sánchez en su vuelta a la secretaría general. Sin embargo, no es verdad. Contó, eso sí, con Patxi López –incluyéndolo en la Ejecutiva- porque en ningún momento le supuso una amenaza; en cambio, ha ido sistemáticamente a por las cabezas relevantes que apoyaron la candidatura opositora. Vean si no. Los «sanchistas» están poniendo candidatos alternativos en los congresos regionales. Nada de consenso. Algunas veces le sale bien y otras no tanto: ejemplo, Valencia con Ximo Puig. Eduardo Madina, quizá también cansado de sus derrotas personales, anunció que lo dejaba y se iba al ámbito privado. A su ex amigo, Antonio Hernando, no hizo falta echarlo, sino que se marchó él solito de la portavocía parlamentaria ante lo que se venía encima. Micaela Navarro, ex presidenta del partido, dicen que va a ser la siguiente. Más claro, el agua: Sánchez no paga a quien considera traidores.

 

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Placeres desconocidos.
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Jose Manuel Balbuena | 08-08-2017 | 6:05| 0

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A mí tampoco me gusta el resultado final. Me refiero a la rehabilitación que está llevándose a cabo en la calle Marqués de San Estaban. No me parece que recupere en absoluto el «espíritu parisino» de tan singular vía, tal y como ofertaba en su día el proyecto ganador. Es más, la veo pobre a más no poder. Verán, en diciembre de 2013 un diseño denominado «Unknown pleasures» (placeres desconocidos) consiguió una puntuación muy superior a los otros doce que se presentaron. Sus creadores destacaban que se quería simular la rue Rivolí de París como gran eje comercial. A partir de ahí vinieron mil y un avatares todos contrarios: un retraso de dos años en el comienzo de los trabajos o la rescisión del primer contrato de adjudicación. Pues bien, como digo, el final de obra que se atisba nada tiene que ver con las fabulosas infografías presentadas. Ni el suelo (completamente vulgar y lleno ya de chicles pegados), ni las famosas costillas (unas láminas rojas insulsas adosadas al techo), ni el aspecto general (mediocre) de una actuación que se acerca casi al millón de euros. Incluso la Junta de Gobierno va a aprobar un modificado del proyecto incrementando su coste en 83.000 euros. El motivo es la escasa iluminación, porque, fíjense, ni siquiera las luces originales planteadas cumplían con la normativa vigente. Hay que cambiarlas para que este desastre no quede encima –igual era casi mejor- medio a oscuras. Así y todo, lo que vamos a tener para nada consigue recuperar esa tan cacareada «majestuosidad parisina» que se pretendía. Personalmente, pienso que se ha perdido una ocasión de oro para hacer las cosas bien. Cuando el Ayuntamiento se pone a remodelar una calle tan especial –con las consiguientes quejas de vecinos y comerciantes- es para obtener una mejora sustancial. Y la pregunta obvia es, ¿se puede hablar de un antes y un después tras esta magra rehabilitación? ¿Podemos afirmar que se ha regenerado de forma clara el entorno de Marqués de San Esteban? Yo diría que no. Que más bien estamos hablando de un lavado de cara y no de una reforma que marque época. Si algo se le achacaba al porticado de tan conocida vía es que estaba viejo. Sucio y dando un aspecto completamente gris a la zona. Esto, es verdad, se ha corregido en buena parte mediante esta actuación. Ahora la piedra de los soportales luce limpia, aunque todavía con alguna pintada, pero seguimos teniendo lo de siempre. Nadie puede hablar, a estas alturas, de que su acabado vaya a ser noble, tal y como se decía en el tristemente ya famoso «Unknow pleasures». Insisto: ¡qué pena, qué oportunidad completamente desperdiciada!

 

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