El Comercio
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Autor: balbuena2222
El bluf.
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Jose Manuel Balbuena | 15-10-2016 | 10:53| 0

Tal parece que el Principado actúa con la Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA) como Hitler durante los últimos días en su bunker: moviendo tropas imaginarias. Es como si, pese a que está constado que el proyecto en la actualidad está fracasado, se persistiese en el error. Ahora resulta que resucita un enlace que creíamos olvidado: el que conecta con la AS-II, la antigua carretera de Oviedo. Todo ello, cuando el único en ciernes todavía no está ni mucho menos resuelto: el de La Peñoña (AS-19). Conexión más que problemática puesto que se cometió un error de diseño muy grave. Nadie previó que por su trazado pasaban unas tuberías que era necesario desviar. Resultado: un retraso de más de dos años, aumento de presupuesto y tener que volver a licitarlo. Sin embargo, como digo, es como si al Gobierno asturiano esto no le importase. Como si, pese a tener un polígono vacío y en el que pocos confían, siguiese con sus ideas «grandonas» sobre unas parcelas que nadie compra. Otro ejemplo. Los nuevos planes urbanísticos mantienen que la ZALIA cuadriplique su tamaño actual. Entiende que su superficie final estará en torno a las 413 hectáreas, con tres fases de ampliación más sobre lo ya ejecutado. En lo existente –sobre 113 hectáreas- sólo hay una parcela vendida. Ahora bien, el Principado sigue flotando entre las nubes y cree que la demanda de suelo industrial va a crecer cual suflé. Por eso, supongo, entiende que la ZALIA debe extenderse hasta el infinito y más allá. Ojo, incluyendo también la construcción de una estación intermodal para trenes y camiones. Con un estudio para su realización pagado por la Unión Europea, pero que no participará ni con un euro en su desarrollo. Hace poco sabíamos que Bruselas califica a la zona logística como desmedida y sin muchas expectativas a corto plazo. Por ello, posterga cualquier ayuda hasta más allá de 2030. Entonces, pregunto, ¿y quién paga toda esta fiesta? Si el Ayuntamiento de Gijón ha dicho que no pondrá un euro más, el de Avilés y las propias autoridades portuarias ya lo habían hecho anteriormente, ¿de dónde va a salir la pasta? ¿Acaso será la ZALIA un pozo sin fondo para todos los asturianos? De momento, lo que podemos afirmar sin reparos es que es un bluf. Una infraestructura faraónica que pretendía comerse el mundo –hasta un millón de metros cuadrados iba a tener- y a la que la crisis ha puesto en su sitio. Los tres o cuatro que siguen esta columna ya lo saben: personalmente, la considero como un proyecto fallido. Algo que difícilmente tiene ya remedio.

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La «tierra del mal menor».
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Jose Manuel Balbuena | 13-10-2016 | 1:30| 0

Poco a poco el PSOE se va adentrando en la «tierra del mal menor». Un lugar, así identificado por Javier Fernández, en el cual se pierde lo menos posible. Es, sin duda, un territorio frío, inhóspito y casi cruel. Donde la disidencia interna es muy fuerte y los ataques externos también. Recordemos que la gestora que rige a los socialistas siempre apostó –de manera cabal, no me cansaré de repetirlo- por llevar al partido hacia una abstención que permita un Gobierno del PP. Sin embargo, esa larga marcha hacia el «mal menor» está siendo convulsa. Cada vez que se produce una asamblea o debate surge la discrepancia. Algunos, como el PSC, han dicho bien a las claras que seguirán manteniendo el no a Rajoy; pese a que el Comité Federal diga otra cosa en cuanto se pronuncie. Será, no lo duden, todo un espectáculo ver cómo el PSOE se resquebraja en el Parlamento. Además, retransmitido con máxima audiencia probablemente durante el último fin de semana de este mes. Pero, por si fuera poco, los ataques externos también le llueven. Principalmente, los provenientes de Podemos que cree haber olido un cadáver político a distancia. Juan Carlos Monedero, el conocido politólogo, dejó en su visita a Gijón varias perlas en ese sentido. Había venido para presentar una iniciativa de la formación morada, ahora bien, eso fue lo de menos, lo importante estuvo en sus embestidas descarnadas contra los socialistas. Dijo cosas como que Fernández y los barones habían perpetrado un «golpe de estado», y que consideraba muy difícil pactar con el actual PSOE. Claro, él prefería a Pedro Sánchez: a la postre, mucho más dócil y que siempre quiso parecerse a Podemos. Y a fe -como se está viendo- que casi lo consigue. Monedero, a su vez, piensa que el socialismo «está en los últimos cinco minutos de la película» y que «no tiene líderes ni ideología». Vamos, que está políticamente muerto. Desde luego, al profesor de la Complutense eso de interferir en los procesos internos de otros partidos le va. Arenga a sus fieles presagiando un derrumbe socialista en toda regla, sin considerar para nada los 137 años de su historia. A él, como a Podemos en general, lo que le interesa es el barullo, la rebelión de las bases contra sus dirigentes. Al río revuelto siempre le van a sacar provecho tal y como pasó con IU. Monedero lo sabe y por eso renueva sus soflamas incendiarias contra el bipartidismo: PSOE y PP son lo mismo. En fin, volvamos al principio. Como ven, el camino hacia la «tierra del mal menor» está lleno de trampas y peligros. No obstante, créanme, es el mejor lugar al que dirigir un PSOE herido, que no muerto.

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Réplicas.
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Jose Manuel Balbuena | 11-10-2016 | 6:40| 0

Después de un terremoto de la magnitud que asoló al PSOE llegan las réplicas. Algunas incluso de mayor escala que el propio seísmo vivido dentro del Comité Federal. Es lo que está pasando a nivel autonómico y local. Por el Principado, dice Gaspar Llamazares que revisará su acuerdo con los socialistas si éstos se abstienen en Madrid. Condena, pues, a los asturianos a la ingobernabilidad por cuestiones ideológicas. Algo completamente injusto y a todas luces desmedido. Nuestro paraíso natural puede acabar completamente paralizado – aún más de lo que está- por espiar las culpas de un socialismo que «gira a la derecha», según Llamazares. En Oviedo, los socios del tripartito ya le dijeron al PSOE que su presunto apoyo a Mariano Rajoy no les gustaba. En ningún caso, hablaron de ruptura ni nada similar. Ahora bien, tampoco lo necesitan. Casi siempre están a la gresca. En la actualidad, se encuentran peleados por la reordenación del área de Santullano. Gijón, por su parte, tuvo su correspondiente réplica el domingo pasado. En una acalorada asamblea hubo división de opiniones. A un lado están los partidarios de seguir con el «no es no» hasta a sus últimas consecuencias, y al otro los de una abstención técnica que facilite un Gobierno del PP. Entre los primeros, militantes tan destacados como María Luisa Carcedo o el ex consejero Faustino Blanco. De los segundos, Francisco Villaverde o el propio ex alcalde y senador, Vicente Álvarez Areces. Todo ello, para dejar constancia del mal que está afectando ahora mismo al PSOE: la desafección de la bases con sus dirigentes. El distanciamiento que se ha producido hasta considerarlos casi como rivales. Algo que ya se vio bien a la claras en el convulso Comité Federal que destituyó a Pedro Sánchez, y que se repite cada vez que se produce un contacto con la militancia. Entiendo que el socialismo debe de hacer una labor pedagógica urgente. Más que nada, para recordar que el partido tiene unos órganos –dimanantes de la democracia interna- que deben ser respetados. Tal parece como si a sus bases ya no les sirviese otra cosa que la consulta continua: ora para un pacto de gobierno (como hizo Sánchez en el acuerdo con Ciudadanos), ora para determinar una posición ante el debate de investidura (como quieren sus partidarios). De hecho, en la densa asamblea local se intentó sin éxito votar una postura para trasladarla al Comité Federal. No se sabe muy bien quién hubiese ganado. Es posible incluso que el no a Rajoy e ir a las terceras elecciones, pese a que Javier Fernández defiende de forma sensata lo contrario. El virus de la acracia está inoculado. Fernández lo ha llamado la «podemización» del PSOE.

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Chorradas.
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Jose Manuel Balbuena | 08-10-2016 | 11:55| 0

La noticia saltaba ayer: a una conocida empresa gijonesa de diseño gráfico e impresión digital le instan a retirar un cartel. El Instituto Asturiano de la Mujer considera que «contiene un símbolo de la discriminación sexista: las características físicas de la mujer». Se lo describo. Una muchacha de espaldas, con ropa  deportiva blanca y glúteos de gimnasio, sujeta un aro. Evidentemente, el tono bronceado de la piel y sus buenas proporciones llaman la atención. Digo yo que para eso lo hacen. El sentido de cualquier publicidad del mundo está precisamente en esto: que uno se pare a mirarla. De hecho, hemos visto cientos de veces a modelos masculinos y femeninos en ropa interior formando parte del paisaje urbano. La verdad, a veces con  imágenes mucho más impactantes que la de la joven en cuestión. El póster, de grandes dimensiones, se encuentra situado en el barrio de El Carmen. Yo, personalmente, lo conozco ahí de toda la vida. ¿Cometí el delito de mirar a la chica? Sí, claro. Ahora bien, el objeto del mismo no es la modelo, sino que la empresa puede hacer reproducciones de ese tamaño y calidad. El Principado, a través de su ente, les ha mandado una carta donde dice que su publicidad «utiliza el cuerpo de la mujer como mero objeto impactante para atraer la atención de hombres y mujeres». Volvemos a lo mismo. ¿Qué publicidad del mundo no lo hace? ¿Qué es un modelo (masculino o femenino) si no alguien que llama la atención por sus características físicas? No contentos con esta chorrada, los del Instituto, van con una segunda. Según los guardianes o guardianas de la pulcritud sexista se representa a la moza «definida bajo el prima de la mirada masculina». Pregunto, ¿hubiesen respondido igual si el modelo fuese un hombre musculado y atlético en calzoncillos? ¿Hubiesen considerado también la foto «sexista y vejatoria»? Ah, ¿pero pensaban que no había una tercer chorrada? Pues sí. La infracción cometida es que «la modelo es joven, perfecta y con características inalcanzables para la mayoría de la población femenina». Miren ustedes, siempre quise parecerme a los maniquís de las tiendas de ropa: esbeltos y delgados. En cambio, soy bajito y regordete. No entro en sus tallas ni de coña. Sin embargo, nunca se me ocurrió pedir que los retiraran de los escaparates porque eran una mala influencia. La empresa del cartel asegura que no va a quitar la fotografía. Tiene mi total apoyo. Lleva veinte años en ese mismo escaparate sin ofender a nadie, hasta que una queja ciudadana pretende cargárselo. A este paso, va a haber que cogérsela con papel de fumar.

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Un fuego abrasador.
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Jose Manuel Balbuena | 06-10-2016 | 1:53| 0

A mí me sorprende la distancia que muestra la militancia del PSOE con sus llamados barones. Es más, en el aquelarre del pasado sábado tal parecían el enemigo a batir. Una especie de casta superior que ha terminado prostituyendo al socialismo, cuando, en realidad, los siete presidentes autonómicos son su único activo visible. ¿Qué sería del PSOE sin el gobierno de Andalucía? ¿O el de Extremadura? ¿O la reserva espiritual asturiana? ¿O el gobierno de Valencia puesto de ejemplo mil veces? Esa especie de pureza ideológica fue secuestrada por el ya ex secretario general, Pedro Sánchez, para su propósito de continuar «ad eternum» en el cargo. El «no es no» a Mariano Rajoy representó la bandera que muchos arbolaron de forma airada en el Comité Federal, para ir en contra de unos dirigentes considerados casi como parte de la derecha. Todo ello, pese a que unos nuevos comicios serían quizá desastrosos. Por eso, cuando los partidarios de Sánchez piden que se consulte a las bases sobre la decisión a tomar, saben de sobra que lo tienen ganado. La militancia le dirá siempre no al PP cueste lo que cueste. Así, y como efecto colateral, Sánchez se presentaría de nuevo en las primarias y sería reelegido candidato en loor de multitud. Ahora bien, con el riesgo evidente de acabar batiendo todos los record de caída electoral. Entiendo que el socialismo español se encuentra en un momento clave para su futuro. Tome la decisión que tome tendrá consecuencias. Se mueve entre exhibir una ruptura interna en la sesión de investidura –algunos ya han asegurado que se saltarán la disciplina de voto- o bien que Podemos le acabe «sorpassando» en diciembre. Hay que elegir a la fuerza lo menos malo. Y aquí es donde me entran dudas, ¿tiene la militancia las luces largas necesarias para tomar una decisión que no vaya en contra del futuro? ¿No está acaso cegada por el fuego abrasador –el que Javier Fernández dice que les consume- de una guerra sin cuartel? ¿Se han calibrado bien los efectos de no ser ya el principal partido de la oposición? Lo más sensato que he escuchado hasta ahora ha venido de estos «perversos barones». Son partidarios de sacar el barco del temporal, repararlo y ponerlo a navegar de nuevo en aguas más calmadas. Todo muy lógico y de manual cuando un partido entra en una crisis de semejantes dimensiones. Sin embargo, es como si el suicidio colectivo imperase en esta etapa del PSOE. Como si no hubiese un mañana más allá de bloquear un presunto gobierno popular. En fin…

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