El Comercio
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Autor: balbuena2222
Y de Venezuela, ¿qué?
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Jose Manuel Balbuena | 05-08-2017 | 7:21| 0

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A los pocos que soportan esta columna ya se lo había comentado en alguna ocasión: los plenos del Ayuntamiento parecen una ONU, eso sí, ideológica a más no poder. Siempre sale a la palestra una pomposa declaración institucional -propugnada por los mismos grupos, a la postre, Xixón Sí Puede e IU- y que nada tiene que ver con el ámbito municipal. En el último, incluso hubo dos: una, de apoyo a los pueblos indígenas y otra, pidiendo la anulación de un juicio celebrado en Marruecos contra activistas saharauis. Anteriormente, y tras haber levantado una gran polémica, se había aprobado el famoso boicot a Israel que tuvo que ser revocado a última hora. Ya saben, lo del partido de fútbol entre selecciones donde fuimos noticia de portada porque, de la noche a la mañana, éramos antisemitas. Que oigan, está muy bien si nuestros ediles no tienen otra cosa que hacer, pero así salen luego los plenos: largos, aburridos y en más de una ocasión completamente insufribles. Con todo, me sigue llamando la atención el terrible sesgo ideológico de esta Naciones Unidas que tenemos montada. Los apoyos repartidos van inevitablemente hacia el mismo lado: escorados a la izquierda. Apuntalando causas o países que se consideran afines. Lo demás, directamente, no existe. Tomen si no el ejemplo de Venezuela. El país lo está pasando fatal. Se encuentra luchando para que la negra noche de la dictadura no caiga sobre él. La colonia venezolana –unos mil en Asturias- incluso organizó un referéndum en la plaza del Instituto. Hace unos días sacaron las urnas a la calle para contrarrestar esa ignominiosa Asamblea Constituyente de su presidente, Nicolás Maduro. Sin embargo, desde el Ayuntamiento ni una palabra. Aunque el pueblo venezolano esté al borde del colapso total, las declaraciones de apoyo son para otros. Da igual que los vínculos de nuestra ciudad –y por ende del Principado- sean históricamente muy sólidos: unos 6.293 emigrantes asturianos y sus descendientes viven allí. En Gijón, sin duda, se ignora a Venezuela y el estado fallido en que se ha convertido. Algo que también pasó con México y el muro de Trump, pese a que en nuestra bahía se construyen barcos para allí por encargo. Como ven, en política todas las cosas son del color del cristal con el que se mira. En este caso, un vidrio deformado que ve la realidad según le interesa. Aquí tenemos debates sobre medio mundo, nos metemos de lleno en el activismo político sin venir a cuento, transformamos el Consistorio en una especie de Ministerio de Asuntos Exteriores… pero utilizando siempre el mismo carril de la calzada: el izquierdo.

 

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¿Lo sabes ya, Pedro?
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Jose Manuel Balbuena | 03-08-2017 | 6:56| 0

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Tal parece que no. Me refiero al concepto de nación. Si recuerdan, en uno de los momentos memorables de las primarias socialistas, Patxi López se dirigió en pleno debate a Pedro Sánchez de esta manera: ¿sabes lo que es una nación? El entonces aspirante y ahora secretario general respondió de forma difusa, como si se hubiese metido en mitad de la niebla. «Es un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía por razones culturales, históricas o lingüísticas», dijo. A lo que López remató explicando la historia 200 años atrás y sentando cátedra. Pues bien, o Sánchez sigue sin tener claro lo que es una nación, o no ha sabido trasladarlo a sus compañeros. Lo digo porque en cada uno de los congresos regionales del PSOE sale una cosa distinta. El 39º congreso federal dejó sentadas las bases sobre una supuesta plurinacionalidad. Sin embargo, en Valencia, Ximo Puig, apuesta por un federalismo asimétrico sin concesiones. Es decir, unas comunidades serían de primera –incluso más que ahora- y otras de segunda. Digo más, los socialistas valencianos cerraron su congreso con una inquietante declaración: el reconocimiento al «País Valenciano» como «sujeto político». Pregunto, siguiente paso, ¿será acaso la independencia? En Andalucía, Susana Díaz, es la única que se enfrenta frontalmente al modelo de Sánchez. Lo rechaza y apuesta por un «federalismo cooperativo» donde prime la igualdad. Teme que los privilegios de algunos territorios (léase Cataluña) se acaben imponiendo. En Baleares hablan de «miniestados isla», al modo y manera de la antigua Venecia. En Extremadura, Guillermo Fernández Vara, pasa de puntillas por el asunto y dice que «sólo es un concepto». En Cantabria, Castilla-La Mancha o La Rioja ni siquiera incluyen en sus textos esta resolución del máximo órgano socialista. ¿Sigo? Lo que está claro es que esta concesión al socialismo catalán –no se puede calificar de otra manera – va a salir cara. Por su lealtad -«¡Aguanta, resiste, líbranos de Rajoy!», gritaba el bailarín Miquel IcetaPedro Sánchez abrió un debate artificial con el consiguiente barullo. Justo en el peor momento, porque, bien es cierto, si algo necesita el PSOE en la actualidad es calma. Huir de los ídolos de barro y centrarse en lo que siempre fue: un partido de gobierno que tiene claro la idea de país. Sin embargo, está sucediendo todo lo contrario. Cada uno interpreta eso de la plurinacionalidad a su manera y según le interesa. Da la impresión de que no existe un único partido, sino 17 chocando entre sí como partículas atómicas. La vertebración territorial parece haber saltado por los aires. Y todo por recoger unos cuantos votos perdidos del nacionalismo.

 

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Seguirá siendo el rey.
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Jose Manuel Balbuena | 01-08-2017 | 6:38| 0

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Tiene miga el «Estudio de rentabilidad del proyecto de penetración del ferrocarril en Gijón», elaborado por la consultora pública Ineco. En el mismo, se trata de averiguar la influencia que tendrá el metrotrén – ya saben, ese enorme agujero que cruza la ciudad y está lleno de agua- cuando se ponga en marcha. Según el mismo, el trasvase grande de pasajeros se producirá con los autobuses interurbanos, mientras que los urbanos y, sobre todo, el coche como medio de transporte, no se resentirán en tanta medida. Es más, en este último caso apenas pierde usuarios. Esto es, pese a que el nuevo Plan de Movilidad lo penaliza y le hace reptar por las calles llevándolo a circular a veinte por hora; los técnicos del Ministerio de Fomento dicen todo lo contrario: seguirá siendo el rey. Es cierto, no obstante, que el estudio se nos hace un poco antiguo: fue realizado antes de la crisis. Sin embargo, en opinión de los expertos todavía sigue muy vigente. Consideran que su metodología es correcta y que las cosas van a cambiar muy poco. Recapitulemos, pues, la información que nos da. El metrotrén –ese glorioso día en que lo veamos- tampoco va a darle la vuelta a nuestros hábitos de transporte de forma radical. Aproximadamente, la mitad de los desplazamientos van a seguir siendo en vehículo particular. En el Ayuntamiento, ratificado por el Foro de Movilidad, tienen prevista una ciudad en la que básicamente se expulsa al vehículo particular de la misma. Se le obliga a estacionar fuera mediante los llamados aparcamientos disuasorios, o se le baja dramáticamente la velocidad hasta igualarla casi con la del peatón. Pregunto, ¿no estamos quizá adoptando un modelo equivocado? ¿No estamos poniendo demasiadas a trabas al coche, a pesar de que va seguir siendo su uso mayoritario? Por último, en Fomento también nos dejan claro la rentabilidad de una infraestructura que costó 138 millones de euros: será negativa. No ven ni por asomo que algún día el coste se compense vía venta de billetes. Habla incluso de que dos décadas después –y funcionando a tope- tampoco estaría pagada la obra. Eso sí, manifiestan que tendría beneficios desde el punto de vista social, medioambiental o económico. En fin, entiendo que esto no es algo especialmente preocupante. De ninguna manera son rentables las líneas de AVE –salvo un par de ellas- y ahí están. Digo más, todo el mundo quiere tenerlas a la puerta de casa. Por ese lado, diría yo, la sorpresa sería casi lo contrario. Ahora bien, es mucho peor tener un túnel vacío y creando problemas –vamos a ver en qué acaba lo de haber dejado que se inundara- a que esté con trenes y sin rentabilidad.

 

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Tres en raya.
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Jose Manuel Balbuena | 29-07-2017 | 7:13| 0

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Recordemos la historia. Gijón perdió en septiembre de 2014 su autopista del mar con Nantes. Dijimos adiós al último barco pese a que la línea se había inaugurado con toda la fanfarria –ministros de Fomento españoles y franceses incluidos- apenas cuatro años antes. La naviera concesionaria (Ldlines) adujo que la explotación no era rentable y se fue por las buenas. Eso sí, previamente había cobrado las cuantiosas subvenciones europeas (30 millones de euros) puestas a su disposición. A partir de ahí, la nada. Asegurar que se iba a volver a poner en marcha a los pocos meses, cuando en realidad no había ni siquiera un proyecto fiable encima de la mesa. Así fuimos dando tumbos hasta que… Puertos del Estado se puso las pilas. Esto es, se tomó en serio lo de buscar una compañía para reanudar el servicio y empezó a moverse. En mayo de este año contrató a una consultora especializada –«Shipping Business Consultants», se llama- para vender las bondades de nuestra autopista al mundo. Y claro, cuando se cree y se trabaja llegan los resultados: parece ser que la naviera mediterránea Balearia está muy interesada en reanudar la conexión con Saint Nazaire por ferry. Es más, incluso hay un compromiso por parte de las tres administraciones –estatal, autonómica y local- para incentivar su reapertura. Es decir, mientras la subvención europea serviría para reformar el barco y realizar algunas infraestructuras, las pérdidas de explotación iniciales estarían sufragadas por Puertos del Estado, Gobierno asturiano y Ayuntamiento al alimón. Desconocemos, bien es cierto, en qué cuantía y durante cuánto tiempo. Sin embargo, este trabajo conjunto es algo que no habíamos visto hasta ahora. Esta sintonía, esta forma de apoyar a nuestra conexión marítima sin fisuras, da buena prueba de que, al menos, en el Principado, se respira un ambiente muy diferente con respecto a Gijón. El consejero de Infraestructuras, Fernando Lastra, ha traído consigo otro talante y se nota. Dicho esto, que tenemos tres en raya, es necesario no cometer los mismos errores que la primera vez. O sea, que la naviera se comprometa de verdad y no sólo por el dinero público. Ignoro qué tipo de garantías se exigirán, ni cómo se va subsidiar a la compañía; ahora bien, sería frustrante volver a vivir la experiencia anterior. Muchas empresas quedaron literalmente tiradas –las pizarras de León, por ejemplo- por la suspensión del servicio. La imagen de El Musel –y por ende de la ciudad- quedó por los suelos. Por eso, porque el gato escaldado del agua caliente huye, entiendo que lo más importante es la solidez del proyecto y no las ayudas. Al fin y al cabo, el dinero siempre se acaba.

 

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Rajoy y el espectáculo.
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Jose Manuel Balbuena | 27-07-2017 | 6:49| 0

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La comparecencia de Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional levantó mucha expectación. Digo más, toda la del mundo. El número de medios de comunicación por metro cuadrado fue infinito. Cámaras, reporteros, fotógrafos y seguridad por doquier. Al fin y al cabo, no todos los días acude a los tribunales un presidente de Gobierno, aunque sea en calidad de testigo. Pues bien, en tan alta instancia se juzga lo que podríamos denominar el origen del «caso Gürtel»: la campaña electoral de 2003 en dos municipios madrileños, Majadahonda y Pozuelo. Ahí, presuntamente, fue donde nació la conocida trama de corrupción que ha traído por la calle de la amargura al Partido Popular. Rajoy era en aquel momento secretario general y, por tanto, orgánicamente, no dependía de él la financiación del partido. Así lo habían manifestado también sus antecesores en el cargo: Francisco Álvarez Cascos, Javier Arenas o Ángel Acebes. De ese hilo, pues, poco se podía tirar, pese a que fue interrogado hasta en siete ocasiones sobre el tema. Su labor, repitió hasta la saciedad, era política y no económica. Sin embargo, lo interesante estaba en las preguntas que le iban a hacer desde las acusaciones particulares. A la postre, sobre lo que ha traído consigo el lodazal de la Gürtel. Esto es, la presunta caja B del partido, los sobresueldos en negro, las relaciones con su líder, Francisco Correa, etcétera. El Presidente estuvo sereno. Respondió a las preguntas con soltura gracias al guion que llevaba preparado de antemano, pero se le notaba incómodo. En absoluto dio sensación de nerviosismo, a pesar de que en algunos momentos se mostró tenso. Eso sí, contestó con cierta chanza -a la gallega dijo él- a alguna pregunta chorra por parte de los letrados y, en general, fue el presidente del tribunal quien atajó las cuestiones incómodas. Recuerden: «sensu stricto» ayer no se juzgaba a la trama en su conjunto. Resumiendo, el gran espectáculo que se montó no ha servido para nada. En la Gürtel -diez años después- casi todo el pescado está vendido. Poco más, se puede aportar -y menos cuando hay que atenerse a una disciplina procesal- que no hayamos escuchado ya. Una última cuestión es cómo va influir electoralmente en el PP este juicio. Es decir, si le costará votos. Para mí, los grandes pecados en materia de corrupción fueron expiados por los populares en los comicios previos. De hecho, han ido perdiendo la mayoría absoluta hasta llegar a la situación actual: a merced de un Parlamento en gran parte hostil. ¿Puede recibir aún mayor castigo? Es posible, aunque creo que bastante improbable. Sus rivales, véase el PSOE, también pasan por su propio calvario.

 

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