El Comercio
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Autor: balbuena2222
Por un desarrollo rápido.
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Jose Manuel Balbuena | 25-07-2017 | 6:34| 0

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El debate sobre el uso de los antiguos terrenos de Naval Gijón –hoy sede de la Semana Negra- no da para más. Me refiero a que resulta ya casi eterno. En principio, el nuevo Plan General de Ordenación (PGO) los consagra a mantener una industria limpia, a modo y manera del Parque Científico y Tecnológico. La semana pasada, tanto IU como Xixón Sí Puede, volvieron a sacar a la luz el tema. Para ellos, debería destinarse un mínimo del 80% a ese tipo de suelo que llaman productivo. Es decir, se excluiría el uso residencial conservando, eso sí, el hotelero. Sin embargo, la asociación de vecinos de Poniente tiene una visión distinta. Se decantan por la construcción de edificios y proponen incluso que la ciudadanía (término de moda) elija. La cuestión estaría entre un parque empresarial como el de Cabueñes, o un uso mixto que incluiría espacios verdes, viviendas, hoteles y empresas. Pues bien, lo cierto es que esa zona del Natahoyo representa toda una cicatriz dentro de la trama urbana de la ciudad. Ahí conviven los restos del conocido astillero, junto con casas de planta baja (algunas abandonadas) e industria pesada como la de “El Tallerón”. En principio, digamos que su distribución y aspecto no es el mejor. Más bien, necesita una remodelación urgente que lo incluya en la fachada marítima y le dé aspecto de barrio formal con todos sus equipamientos. Cosa que, a mi modo de ver, sin duda, se conseguiría antes permitiendo la edificación de viviendas. Recordemos que lo de la industria limpia vino a consecuencia del cierre de Naval de Gijón. En cierta manera, se pretendía evitar la especulación para que la lucha obrera que allí tuvo lugar mantuviese su sentido. Además, claro, de que había una cierta esperanza de retorno de la activad. Ahora bien, el tiempo ha pasado (ocho años) y nuestra bahía conserva la fabricación naval de forma privada. Apostar por este tipo de desarrollo en la zona, desde luego, representa retrasar su urbanización. No olvidemos que las bolsas de suelo –sean del tipo que sean- tienen también sus limitaciones en función de la demanda (vean si no la ZALIA). El Ayuntamiento se encuentra en la tesitura de adquirir a la Seguridad Social la finca “La Formigosa” en Somió. Todo ello, para ampliar el Parque Científico en unos 90.000 metros cuadrados. Esto es, las empresas tecnológicas se van a concentrar por sinergias en dicho espacio, y sería absurdo pensar que se puede crear un nuevo polo en Poniente. Llevaría décadas y probablemente no se acabase consolidando. Lo suyo, vuelvo a repetir, es no castigar más al barrio permitiéndole una rehabilitación normal en el menor tiempo posible.

 

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Valores equivocados.
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Jose Manuel Balbuena | 22-07-2017 | 7:27| 0

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Desde luego, no está siendo un verano tranquilo. Me refiero a los episodios de violencia y agresiones sexuales que están teniendo lugar en nuestra ciudad. El más conocido quizá sea el de Germán: el joven apaleado brutalmente en Fomento y que todavía está luchando por su vida. Sin embargo, hay más. Durante la noche de San Juan una chica fue increpada por un grupo de hombres. Tras marcharse la asaltaron en su barrio, donde supuestamente la siguieron, produciéndose una violación grupal. Hay tres detenidos. En Castiello una niña estaba en la verbena de San Pedro y un desalmado la sometió a tocamientos. En la Semana Negra otra adolescente sufrió una agresión similar: el sátiro también se encuentra detenido. A esto hay que sumar otros casos –porque el virus de la violencia no es exclusivo de Gijón- en el resto de Asturias: en Oviedo una pareja fue brutalmente golpeada en las fiestas de La Corredoria y en Tapia hubo un apuñalamiento. Me pregunto, ¿qué pasa? ¿Es que acaso una minoría no sabe divertirse sin liarla? ¿Es que quizá hemos perdido ciertos valores? La Federación de Concejos urge a utilizar cámaras en la calle. A montar, digámoslo así, una especie de «Gran Hermano». Consideran que la videovigilancia tiene un efecto disuasorio y garantiza más la seguridad. En principio, podría ser una medida, claro, pero tenemos que ir a la raíz del problema. Estamos construyendo una sociedad donde todo son derechos y ninguna obligación. El «yo hago lo que me da la gana» junto con el alcohol o drogas tiene muy malas consecuencias. Hace un tiempo recriminé a un mozalbete el estar orinando delante de la puerta de mi oficina. Me contestó de malos modos y en seguida acudieron sus amigos al rescate. Lo que ahora se denomina «la manada». Me vi, pues, en la siguiente tesitura: o le dejaba mear a gusto, o acababa en el hospital. Fíjense en las edades de los presuntos implicados en esta ola de violencia gratuita que estamos sufriendo. Los dos últimos detenidos por la salvajada de Poniente tienen 20 y 22 años, mientras que los que están en la cárcel son chavales de 19 y 20. Nos encontramos, por tanto, ante gente muy joven cuyos valores son esos: salir a buscar bronca bajo los efectos de todo tipo de sustancias. ¿De verdad es esta la sociedad que queremos construir? ¿De verdad es eso pasárselo bien? Yo pienso que no. Que la inmensa mayoría de la juventud entiende la diversión de otra manera. Ahora bien, debemos insistir en que la libertad no es lo mismo que el libertinaje. La fiesta no significa desmadre y no todo vale cuando se sale de movida. Y si alguno lo entiende así, obviamente, habrá que recordárselo con contundencia.

 

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Telonero electoral.
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Jose Manuel Balbuena | 20-07-2017 | 7:51| 0

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El pasado lunes se reunieron Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Previamente, estrecharon relaciones en junio rompiendo una dinámica de falta de sintonía. Más que nada, porque Sánchez había dejado de ser Secretario General por las bravas. Pues bien, estaba cantado que se iba a producir un nuevo encuentro de manera inmediata. La apuesta clara de este PSOE está en acercarse lo máximo posible a Podemos. Tratar, como en más de una ocasión dijo el bello Pedro, de seducir a sus votantes para que vuelvan a recalar en las filas socialistas. Tampoco es que la reunión diese para mucho. Se hicieron una foto conjunta –los dos con camisa azul y dándose palmaditas en la espalda- y poca cosa más. Coinciden, claro, en su rechazo al Gobierno de Mariano Rajoy. Vamos, su objetivo prioritario es echarlo de Moncloa a toda cosa, aunque difieran de forma sustancial en los tiempos a emplear. Mientras que los de la formación morada apuestan por otra moción de censura con premura, en el partido socialista son más cautos. De hecho, llegaron al acuerdo de formar una «mesa de colaboración parlamentaria» que apenas ha durado 12 horas. Me explico. Con dicho instrumento de coordinación ambas formaciones formarían un frente común en el Congreso. Es decir, presentarían mociones conjuntas y se informarían respectivamente para intentar desgastar al PP. Sin embargo, digo, apenas pasadas unas horas los de Podemos ya han presentado una iniciativa propia sin avisar. Una proposición de ley sobre el trabajo de los becarios que ha sentado mal en el PSOE. No sé, supongo que Pedro Sánchez tendrá bien calculado a dónde piensa llegar con esta táctica. Esto es, si este giro a lo profundo de la izquierda que pretende dar a su partido merece la pena o no. Seguramente, como él bien dice, consiga arañar algún voto que se ha escapado por ese lado. Ahora bien, pienso que va a perder mucho más por el centro. Querámoslo o no es el votante de ese espacio político –un caladero, por cierto, mucho más amplio- quien lleva al gobierno. Lo ha hecho con el PP y PSOE cada vez que han ocupado el poder. La estrategia de Sánchez, a mi entender, sirve para ser segundo. El mejor segundo, sin duda. Asegura que no habrá «sorpasso» por parte de Pablo Iglesias, pero de eso a gobernar hay un trecho. Tan largo que en Unidos Podemos no lo han conseguido superar, a pesar de fagocitar a IU con esa intención. Si es lo que quiere este PSOE, estupendo, va a ser eternamente el primer partido de la oposición. Eso sí, a costa de que su votante pierda la ilusión porque cree que debe aspirar a algo mejor. El partido que más ha gobernado España no puede ser simplemente un telonero electoral.

 

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Nunca más.
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Jose Manuel Balbuena | 18-07-2017 | 6:24| 0

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¿Es Gijón un lugar violento o peligroso? Sin lugar a dudas, no. Se puede pasear o salir de copas con toda tranquilidad. Hay incidentes aislados –excesos etílicos, desmanes o vandalismo- como en cualquier otra ciudad. Ahora bien, podemos decir sin temor a equivocarnos que este trozo de paraíso natural es completamente pacífico. Los hechos acontecidos en la madrugada del pasado viernes en Marqués de San Esteban –ya saben, la brutal agresión sufrida por un joven que lo mantiene en coma- han generado honda preocupación en la sociedad. Un grupo, que al parecer se hace denominar «la manada», actúa de esa forma violenta de manera repetida. Esto es, buscan a sus víctimas –por lo general, chavales de su misma edad o similar- y se dedican a aporrearlos hasta cansarse. El alcohol ingerido y probablemente algo más hacen efecto. Resultado: esta vez, utilizaron una baldosa de una calle en obras para mandar a un chico de 24 años al hospital. Mañana, de seguir este tipo de violencia creciendo, puede que tengamos que lamentarnos por quizá algo peor. Soy de los que se levantan pronto. O sea, casi cuando amanece salgo a hacer un poco de deporte. Es cuando me encuentro a lo que yo llamo derrelictos: restos humanos que el mar profundo y oscuro de la noche va dejando por ahí. Los veo con los ojos como platos, el pulso acelerado y siguiendo todavía la fiesta apenas a unos metros del local correspondiente. A veces su actitud es desafiante, en demasiadas ocasiones metiéndose con quién pasa a su lado. Especialmente sucede esto en Poniente: lugar habitual y de moda del ocio nocturno desde hace años. Para nada, bien es cierto, resulta habitual la violencia en esta zona, sin embargo, ocurre. En determinadas condiciones basta una simple chispa para que se produzca un incendio. Hoy le ha tocado a Germán –un muchacho que salió simplemente a pasárselo bien- pero mañana le puede suceder a otro. De hecho, desde el trágico suceso se han dado a conocer más casos. Hubo agresiones gratuitas que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera fueron denunciadas. El modus operandi siempre es el mismo: un grupo la emprende contra otro –lo espera, lo incita, lo acorrala- sin venir a cuento. Es probablemente el lado más salvaje de nuestra ciudad. El que a nadie le gusta que exista. En verano –debido a la aglomeración de gente y fiestas- es cuando se vuelve más virulento. Los mastuerzos campan a sus anchas armando todo tipo de desaguisados. Aunque Gijón, insisto, en absoluto es un lugar peligroso, no conviene olvidar que esta delincuencia también nos afecta. Hay que perseguirla con dureza para que esto no vuelva a suceder nunca más.

 

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A reptar.
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Jose Manuel Balbuena | 15-07-2017 | 7:01| 0

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En el Foro de Movilidad de Gijón, compuesto por 78 entidades, apuestan por una velocidad circulatoria general de 20 kilómetros por hora. Para ser más exactos, se repartiría en dos zonas: en el centro, sería ésa y en el resto, a 30. Digamos que los 50 kilómetros por hora que hasta ahora conocíamos quedarían reducidos a algunos viales determinados. Casi una anécdota dentro del mapa circulatorio. En la zona antes mencionada –los barrios de Laviada, centro, La Arena y parte de El Llano- se combinarían ambos límites de vértigo. Es decir, habrá calles de 20 y otras de 30. La diferencia, en realidad, no sabemos muy bien en qué consiste. Esto es, si por ir 10 kilómetros por hora más despacio los vehículos se controlan mejor, contaminan menos, causan menos accidentes, no hacen ruido o cosas así. Digo más, tan mínima variación intuyo que no servirá para mucho: muy pocos coches –ni les cuento ya las motos- podrán mantener ese ritmo cansino durante un tiempo prolongado. Entonces, pregunto, ¿cómo se va a controlar todo esto? ¿Acaso la policía de tráfico es capaz de discernir 10 kilómetros por hora de más en un vehículo cuando pasa por una calle? ¿Se van a instalar quizás una red de radares de alta tecnología? No sé, el caso es que lo de los 20 por hora parece que se va colando poco a poco en nuestras vidas. Si recuerdan, la idea partió del proyecto de Plan de Movilidad que fue presentado por el gobierno municipal en mayo. En el mismo, la gran idea central en que se inspiraba estaba precisamente en eso: en expulsar a toda costa de Gijón al coche particular. Yo diría que el plan es un manual anticoche con todas las de la ley.  En el conjunto de medidas propuesto, ni una sola hace mención a mejorar la circulación en nuestra ciudad. Por cierto, cada día peor. Más bien, se dedica a todo lo contrario: a hacerle la vida imposible a cualquier vehículo que no sea público. Al principio, digo, como la polémica fue grande se reculó. Se dijo que sólo era un borrador y quedaba todo por discutir. Ahora bien, por lo que estamos viendo -confirmado por la postura tomada desde el Foro de la Movilidad- se va a acabar imponiendo contra viento y marea. Nuestra ciudad a medio plazo será un lugar hostil para el coche privado. Le invitará a quedarse a la entrada –para eso están los llamados aparcamientos disuasorios- o a reptar por sus vías. De hecho, los insufribles atascos que hemos sufrido esta semana -¿a quién se le ocurrió asfaltar Marqués de San Esteban con la Semana Negra al lado?- son sólo un aperitivo. En un futuro muy próximo, el uso de su medio de transporte particular estará poco menos que perseguido.

 

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