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Pura rutina.
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Jose Manuel Balbuena | 01-10-2016 | 09:38| 0

La vida sigue igual como dice la canción. Tras el debate sobre el estado del municipio, podemos asegurar que todo es aburrimiento dentro de nuestro Consistorio. Pura y dura rutina. El equipo de gobierno municipal, con ocho ediles disponibles, hace labor de gestión (cobros y pagos) pero no política: esas luces largas que se necesitan para que tengamos proyectos, estrategias e ideas. Siempre está a expensas de lo que quiera la oposición. Ahora, y como nueva piedra de toque, tiene el difícil reto de sacar adelante un presupuesto para el siguiente ejercicio. Dado que el actual está prorrogado, sería un desastre que volviese a suceder. Sin embargo, no se extrañen. En estos momentos, es lo más probable. Mucho hablar de acuerdos, de diálogo, consenso y blablablá; pero a la hora de verdad siempre se impone la obstrucción. El «no» rotundo de una oposición a la que le viene de perlas el escenario actual: que cada vez que Foro necesite dinero pase por el Pleno. Nada de acuerdos por un año puesto que es mejor el corto plazo. El día a día –sin mayores complicaciones- es lo que mola. Por su parte, la oposición relevante –me refiero a PSOE, IU y Xixón Sí Puede (XSP)- sigue en busca del Santo Grial. Aurelio Martín, cual caballero Perceval, anda errante por esos mundos de la izquierda persiguiendo la unidad frente a la derecha de Foro. Este entente, sagrada alianza o como le queramos llamar parece que no se ve por ningún lado. Y aunque Martín lo volvió a repetir en el Pleno del miércoles, cayó en saco roto. XSP demostró que va por libre. Eso de unirse por la ideología es de otros tiempos. Ahora lo que se lleva son las prebendas, es decir, las que consigue del gobierno municipal cada dos por tres. Por tanto, no se extrañen que haya pasado el verano y sigamos con los mismos problemas. Algunos, bien es cierto, heredados y cuya solución no se dilucida sólo en el ámbito municipal. ¿Tuvo el turismo en Gijón una estación de tren digna donde ser recibido? No, como desde hace ya 14 años. Tiempo transcurrido desde que se firmó el plan de vías (2002). ¿Y de autobús? Tampoco, seguimos utilizando un apeadero privado. ¿Acaso se solucionó el tema de la depuradora? Ni mucho menos. La situación es incluso peor: emitimos al mundo submarino mierda por doquier. A esto, yo diría que los gijoneses nos hemos acabado acostumbrado. No esperamos nada –ni nada pedimos- porque estamos igual que nuestros políticos: sumidos en el tedio más absoluto. La sociedad civil en nuestra ciudad está muerta.

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¿Por qué no te rindes?
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Jose Manuel Balbuena | 29-09-2016 | 11:42| 0

Ha estallado la guerra civil en el PSOE. Todo ello, porque su secretario general, Pedro Sánchez, así lo ha querido. Lejos de asumir unos resultados inaceptables –pura historia la que está haciendo llevándolo hacia el abismo- el bello Pedro maniobró de forma torticera. Retorció fechas para proponer unas primarias exprés de forma que nadie se pudiera presentar, y luego montó un congreso extraordinario justo cuando se podría estar a las  puertas de una campaña electoral. Esgrime un discurso falso y manipulador donde sus críticos, quienes pretenden facilitar la gobernabilidad del país, no dejan de ser «subalternos del PP». Coletilla mal intencionada que trata de ganarse a la militancia más fiel y reaccionaria. Yo no veo por ninguna parte que seis de los siete presidentes autonómicos socialistas sean ni de lejos del PP. Más bien, la verdad, me parecen mucho más sensatos que el propio Sánchez. Desde un primer momento, le advirtieron de que el lugar del PSOE era la oposición tras el 26-J. Atacar a un presumible gobierno popular débil y que debe enfrentarse a problemas de órdago (cuadrar el déficit, por ejemplo). Sin embargo, el secretario general profundizó en su «no es no» hasta límites insospechados. Jamás intentó ni si quiera escuchar a Mariano Rajoy. Y el resultado, como ven, no puede ser más negativo. Ha situado a su partido entre lo malo y lo peor. Lo malo sería que, después de esto, el PP vuelva a gobernar porque su «Gobierno del cambio» es una quimera imposible. Mientras que lo peor, sin duda, es que de haber unas terceras (y no deseadas) elecciones; muchos votantes culparían al PSOE de las mismas. La debacle, en este caso, estaría más que servida. Además, su estrategia de supervivencia ha quemado a los socialistas por completo. Hay dirigentes, como el presidente de la Junta de Extremadura, que no dudan en advertir de que llegarían incluso a marcharse si pacta con los independentistas. Felipe González, por su parte, dice directamente que le engañó. Cosas que en conjunto han traído consigo un hecho insólito: que 17 miembros de la Ejecutiva hayan dimitido. Él sólo ha creado una de las peores crisis en la historia del socialismo español. El PSOE se va a ver abocado a nombrar una gestora y entrar en un tsunami interno que no sabemos muy bien cómo acabará. En principio, la dimisión de más de la mitad de la Ejecutiva tendría que hacer caer a Sánchez. Ahora bien, el todavía secretario general en absoluto se da por destituido y se atrinchera. ¿Por qué no te rindes, Pedro? Es la pregunta que en estos momentos todos nos hacemos.

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El fondo inmobiliario.
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Jose Manuel Balbuena | 27-09-2016 | 11:26| 0

Resulta claro que nuestro Consistorio es el principal agente inmobiliario de la ciudad. Dicho de otra forma: quien adquiere o pone en uso todos los edificios nobles que van quedando. Me refiero a que, de momento, tiene la antigua fábrica de tabacos de Cimadevilla (en rehabilitación por 4,8 millones de euros), la Escuela de Comercio (reforma de 3,4 millones), y una nueva adquisición en ciernes: Quinta La Vega en Jove (1,3 millones). Esta última, si quieren, la más curiosa de todas. El equipo de gobierno se empeñó en comprarla a la Autoridad Portuaria para, dicen, que pueda ser de uso público. Esto es, que se abran los jardines y sea un centro de industrias limpias. Objeto, sin duda, difuso y que no sabemos muy bien qué representa. Además, considera que va a ser un elemento dinamizador de la zona Oeste. Es decir, una especie de motor de barrios castigados, tanto por la contaminación, como por la desindustrialización que sufrieron en la década de los ochenta y noventa. Pues bien, yo entiendo que lo más necesario para esa parte de Gijón es otra cosa bien distinta: un pozo de tormentas.  De poco vale tener un edificio tan singular si después, en cuanto vienen lluvias fuertes y pleamar, el barrio de La Calzada acaba inundado por completo. Sin embargo, lo más chocante son las pegas que le pone Puertos del Estado a la operación. Los burócratas de Madrid quieren un informe jurídico porque tienen dudas sobre el procedimiento que se quiere utilizar. O sea, que ser adjudicado de forma directa al Ayuntamiento, en su opinión, puede no ser legal. Hay que sacarlo a subasta para que otros compradores –en cuatro años no se interesó nadie- pujen en feroz competencia. Algo que me suena igual que lo que está pasando con la sede histórica del Puerto en El Muelle. Está en venta, nadie tiene intención de comprarla ni por asomo, y a un inversor que desea alquilarla para un hotel de cinco estrellas le ponen todas las trabas del mundo. Magnífica forma de gestionar el patrimonio. Toda una lección. Aparece un comprador para Quinta La Vega –el único posible, la verdad- y encima quieren marearlo. Según se escucha, el profundo fondo inmobiliario municipal incluso debería aumentar. Incluiría, por ejemplo, los antiguos juzgados de la calle Pendres Pando (edificio sin uso y del Principado), o la Casa Sindical de Sanz Crespo (en mal estado). Dicho lo cual, no sabemos muy bien hasta dónde debería llegar la capacidad de compra de inmuebles –y sobre todo mantenimiento- del Ayuntamiento en nuestro Gijón del alma.

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El runrún.
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Jose Manuel Balbuena | 24-09-2016 | 05:51| 0

Habrá que acostumbrarse a lo que va a pasar de forma cíclica. Desde que los resultados electorales fueron tan dispersos (seis grupos municipales), en Gijón se habla regularmente de una moción de censura. Protagonizada, claro está, por la izquierda que tiene mayoría de ediles en el Consistorio. Salió a colación en  la toma de posesión como alcaldesa de Carmen Moriyón, al primer año de su mandato y ahora, con el debate sobre el estado de municipio en ciernes, se vuelve a repetir. Todo ello, basándose en la creencia errónea de que PSOE, IU y, sobre todo, Xixón Sí Puede (XSP), son grupos homogéneos. Es decir, que reina la harmonía entre ellos y tienen un programa común a desarrollar. Nada más lejos de la realidad. Puede que sea el caso del tándem IU-PSOE, y de hecho, sería como volver a reeditar el pacto de gobierno que durante tantos años protagonizaron. Sin embargo, a este dúo le hace falta un socio para formar tripartito: Xixón Sí Puede. El grupo afín a Podemos ha demostrado de manera reiterada que sus relaciones con los socialistas no son buenas. Tampoco tan malas como a nivel del Principado, pero en absoluto están a partir un piñón. Más que nada, porque XSP es bastante crítico con su etapa de gestión. Digamos que tanto PSOE como IU quieren atraerlo por gravedad como si fuera un planeta, y la formación morada se les resiste. Esta vez, desde la filas de IU se han dirigido por carta a ambos partidos llamando a formar un «gobierno a la valenciana». Dicen que en Gijón se está produciendo una anomalía democrática, ya que, si la izquierda tiene mayoría, urge que se ponga de acuerdo casi por mandato divino. Yo pregunto, ¿es normal que IU apruebe unos presupuestos con el PP? Pues sucedió en el Ayuntamiento de Oviedo la pasada legislatura. ¿Es normal que el PP apoye al PSOE en sus cuentas? Pues sucedió en el Parlamento asturiano. Por tanto, que nos hablen de buscar normalidad cuando las fronteras ideológicas están rebasadas resulta absurdo. A XSP, sin duda, le ha ido muy bien con Foro. Los de Mario Suárez del Fueyo han conseguido múltiples prebendas -algunas levantando ampollas- del partido gobernante. No creo que con el PSOE e IU les hubiese sucedido igual. Es más, probablemente los rifirrafes y desencuentros hubiesen sido mucho mayores. XSP se ha asentado en la política municipal con mayor moderación de la esperada. Incluso con aciertos –son líderes en la búsqueda de soluciones a nuestra falta de saneamiento- bastante notables. Entonces, digo, si algo va bien, ¿por qué cambiarlo?

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Tipo duro.
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Jose Manuel Balbuena | 22-09-2016 | 11:00| 0

A Pedro Sánchez hay que reconocerle su tenacidad ante las adversidades. Más que nada, porque desde que llegó a secretario general del PSOE no ha hecho otra cosa que afrontarlas. Recuerden que se impuso en unas primarias donde no representaba ni por asomo al sector oficial, puesto que el elegido era Eduardo Madina. Tras las elecciones de diciembre del año pasado, muchos, de forma interna, le reprocharon los malos resultados. Bajar a 90 diputados era algo increíble y le echaban en cara no haber podido ganar a un PP acuciado por la corrupción. Sin embargo, Sánchez soportó no sólo eso, sino también el empuje de Podemos. Llegó a los comicios de junio de este año únicamente con arañazos, cuando más de uno aseguraba que se iba a dejar la piel. Incluso se permitió el lujo de considerarse casi como presidente del Gobierno, merced al pacto que suscribió con Ciudadanos. En las elecciones del 26-J, todo este proceso se volvió a repetir de manera mucho más intensa: le llovieron las críticas durante la campaña. Las encuestas mostraban un descalabro de órdago de los socialistas y la palabra «sorpasso» se puso de moda. Todas y cada una de las predicciones publicadas daban que Podemos iba a adelantar -bien en votos, o bien en escaños- a los socialistas. Nada de eso sucedió. Volvió a tener unos resultados pésimos –una constante durante su mandato- pero ahí sigue. Aguantando contra viento y marea. Esta vez, ante quienes dicen que tiene que abstenerse para permitir un ejecutivo de Mariano Rajoy. No me extraña, pues, que Sánchez haya adquirido una cierta piel de cocodrilo. Que cuando de cara a las elecciones gallegas y vascas la demoscopia se le muestra desfavorable –según los últimos sondeos las confluencias de Podemos le van a «sorpassar»-, se lo tome con tranquilidad porque esa situación ya la ha vivido antes. Para mí, a Pedro Sánchez le faltan dos cosas para ser un líder creíble: discurso y personalidad. Díganme una sola idea suya fuera de los tópicos de siempre. No existe. Díganme si está tocado por los dioses para tener algo que en política es fundamental: el carisma. Resulta obvio que no. Ahora bien, las cosas como son: es un tipo duro. Los que creen que este lunes postelectoral se derrumbará como un castillo de naipes, pienso que están equivocados. A Sánchez no va a ser tan fácil echarlo. Está acostumbrándose a resistir. Y quien resiste, ya saben, triunfa.

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La ZALIA ha muerto.
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Jose Manuel Balbuena | 20-09-2016 | 09:57| 0

Imagínense que alguien quiere comprar  terreno en la Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA) para invertir. Que pregunta cómo será en un futuro y le hablan de enlaces que no existen, un hervidero de empresas (sólo se ha vendido una parcela hasta ahora), y un espacio que pretende ser el referente del norte de España. Pese a que no ve nada de eso –sólo unas calles, farolas y hierba a mansalva- al final confía y adquiere metros. Esperando, más que nada, que las ayudas europeas cambien semejante panorama desolador. Que, por ejemplo, exista una estación intermodal cuyo estudio fue financiado por la Unión Europea; y que los fondos comunitarios también participen sufragando el coste de su construcción que aproximadamente es de 33 millones de euros. Pues bien, el hipotético empresario –los reales, créanme, no pican- se hubiese llevado un chasco de órdago. El domingo pudimos leer en estas mismas páginas que Bruselas no confía en la ZALIA. La considera un proyecto desmedido y sin muchas expectativas de desarrollo a corto plazo. Todo un gigante con pies de barro. Trata a El Musel como un puerto de «segunda división» -en comparación con el del Bilbao que está en primera- y posterga cualquier tipo de ayuda para el desarrollo de sus infraestructuras hasta 2030. Cosa, naturalmente, que afecta de lleno a nuestra zona logística. Porque, sin duda, la falta de subvenciones europeas es la puntilla al proyecto. Lo deja a la altura de un polígono vacío cualquiera sin desarrollar. Algo que ni por asomo, claro está, pretendía ser la ZALIA. No sé, supongo que ya es hora de replantearse todo lo referente a la zona de actividades logísticas de San Andrés de los Tacones. El actual modelo, basado en «grandonismos» innecesarios, no tiene el apoyo de nadie. Ni siquiera de sus propios socios que evidencian grietas. El Ayuntamiento de Gijón ha dicho que no pondrá un euro más. El de Avilés y las propias autoridades portuarias lo habían hecho anteriormente. Europa le da la espalda. ¿Quién queda entonces? Sólo el Principado. El Gobierno asturiano es el único que cree en ella a regañadientes. Y así, por supuesto, no se puede seguir. Es obvio que se ha fracasado y sólo hay dos soluciones: o persistir en el error, o darlo por terminado. Perdonen que sea tan directo pero me apunto a lo segundo. Para mí, la ZALIA ha muerto y sólo queda enterrarla de manera digna. Descanse en paz.

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Tomadura de pelo.
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Jose Manuel Balbuena | 17-09-2016 | 10:52| 0

En esto del saneamiento gijonés es rascar un poco y aparecer algo. Me refiero a un error de bulto, una negligencia flagrante y cosas así. El pasado jueves se reunieron los representantes de Ministerio de Medio Ambiente con el Principado y Ayuntamiento. Encuentro del que se esperaba mucho, porque, tanto a nivel regional como local, parece que hay plena sintonía. O sea, que se va de la mano (por fin) a la hora de exigir una solución rápida a la paralización que sufre la depuradora Este. Sin embargo, todo acabó en chasco. Lo único que hicieron desde el ministerio fue tirar balones fuera. Cuando se les habló de volver al status quo anterior, es decir, a que se vuelvan a instalar los filtros de desengrasado y desarenado en «La Plantona», la respuesta no pudo ser más chusca. «Su efecto es mínimo en la depuración de aguas residuales», dijeron con total soltura. A lo que añadieron, «su función es marginal». Todo ello, entendemos, para no tener que rascarse los bolsillos y pagar el parche (entre 1,4 y 2,4 millones de euros) propuesto por los técnicos de las otras dos administraciones. En resumen, que da la impresión de que «La Plantona» -instalación que entró en funcionamiento en 1996- nunca sirvió para nada. Porque, vamos a ver, si el nivel de depuración en la actualidad es prácticamente el mismo que cuando funcionaba, ¿qué demonios hacía la planta de pretratamiento? ¿O es que llevamos más años de los que creíamos vertiendo directamente materia fecal al mar? Si lo único que se pide es que una depuración –aunque sea mínima- vuelva a ponerse en marcha y no quieren, ¿cuál es entonces el plan que nos ofrece el ministerio? ¿Esperar otros 25 años –tiempo que llevamos languideciendo por un saneamiento para Gijón- a que nos den una solución? No sé, desde Madrid se confía plenamente en una decisión judicial favorable. A que, por obra y gracia de una suerte de milagro, se convierta el agua en vino: una Estación Depuradora de Aguas Residuales que es ilegal se vuelva legal. Ahora bien, y si no, ¿qué? ¿Qué hacemos? Según la consejera de Fomento, Belén Fernández, estamos emitiendo sin tratar los residuos de una población de 90.000 personas; no de 150.000 tal y como se había dicho. Lo matizó hace poco para, supongo, minimizar el problema. En fin, menos mal. Representa todo un alivio. Sólo tenemos sin depurar el equivalente a Mieres  y Siero juntos.

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El que espera.
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Jose Manuel Balbuena | 15-09-2016 | 11:22| 0

Estamos parados. Completamente inmóviles esperando el resultado de las elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre. Según parece, el día después será cuando se resolverá este nudo gordiano que padecemos. Las consecuencias políticas de las mismas –a juicio de los sesudos estrategas- aclararán el panorama y, por fin, tendremos Gobierno. O eso dicen. El PP quiere que el PSOE se la pegué en ambos comicios. Que a Pedro Sánchez no le quede más remedio que aceptar la abstención, justo antes de que su partido lo eche por obtener, de nuevo, unos pésimos resultados. En cambio, Sánchez juega a todo lo contrario: que los populares no consigan sus objetivos. Sobre todo, en Galicia donde una hipotética falta de mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo, daría paso a una coalición liderada por los socialistas. Quizá, digo yo, ensayo previo al Gobierno que quiere poner en práctica para el resto del país. Ciudadanos, por su parte, no pinta nada. Va con lo justo para entrar en ambos parlamentos, si es que lo consigue. Y Podemos, como es de sobra conocido, está incrustado entre una pléyade de formaciones. De todas ellas nada se puede esperar, porque es imposible que acaten cualquier posible negociación a nivel nacional. En resumen, que el lunes 26, ya lo verán, todo serán excusas. Es probable que nada cambie tan drásticamente como algunos pretenden, y se repita la misma cantinela de siempre. Esa que utiliza casi todo el mundo para justificarse ante unas elecciones autonómicas: no se puede extrapolar el voto a unas generales. Y vuelta a empezar. Otra vez en la noria. Eso sí, ahora con la nave política mucho mas desvencijada por el paso del tiempo. Los meses transcurridos en este interregno van haciendo mella. Trozos de cada partido se caen por el camino. A quien más, sin duda, al PP, que ya tiene un problema serio con la senadora Rita Barberá. A la exalcaldesa  le acaban de abrir una investigación en el Tribunal Supremo. Sin embargo, reacciona marchándose del partido, pero sin abandonar el escaño. O lo que es igual: continuará siendo un dolor de muelas durante lo que queda de legislatura. La  imagen de Barberá (Rita es mucha Rita) en el Grupo Mixto abrirá los telediarios. Albert Rivera dijo que exigía su dimisión como parte del pacto suscrito con los populares. Vale, pero el susodicho acuerdo, ¿no estaba ya prescrito el mismo día en que fracasó la investidura de Mariano Rajoy? ¿No lo proclamó así Ciudadanos a los cuatro vientos? Interpretamos, pues, que los pactos con la formación naranja se pueden utilizar o no a conveniencia de los firmantes. El que espera, créanme, desespera.

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Problema global.
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Jose Manuel Balbuena | 13-09-2016 | 11:19| 0

Vamos a ver si lo entendí. Según se pudo leer en estas mismas páginas, el emisario submarino de Peñarrubia no se sabe exactamente por dónde discurre. Recordemos que fue entregado en 2006 y su misión consiste en enviar las aguas residuales –en la actualidad sin ningún tratamiento- mar adentro. Se creía que estaba soterrado, pero no: la tubería está a merced de las olas que en diez años lo han acabado llevando de acá para allá. Y se preguntarán, ¿cómo es posible esto? ¿Cómo puede ser que una de las piezas del saneamiento de la costa Este –ahora, insisto, la única- se encuentre en este estado? Pues bien, la respuesta es sencilla: porque todo lo que tiene que ver con el tratamiento de aguas residuales en Gijón es un auténtico desastre. Es más, según demostró un vídeo de Xixón Sí Puede al principio del verano, encima está roto. Hay varias fisuras a lo largo de sus 2,5 kilómetros de longitud. A todo esto, tenemos que sumar la situación de parálisis «sine die» en la que se encuentra la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR), junto con el desmantelamiento de la planta de pretratamiento (la «Plantona») y sus filtros. Resultado final: cataclismo total. Así, no me extraña en absoluto que cualquier mancha de residuos naturales –como ocurrió hace una semana- acabe causando alarma entre las administraciones responsables. Las tres –Ministerio de Medio Ambiente, Principado y Ayuntamiento- saben de sobra que no tienen defensa posible ante un posible desastre ecológico. El dedo acusador las señalaría de pleno. No han hecho los deberes en cuanto a la depuración de aguas en nuestra ciudad. Por eso, la reunión que tuvo lugar ayer era importante. Es la primera vez desde que empezó este desaguisado, que las tres van a intentar aunar fuerzas. Han entendido (o eso esperamos) que no se trata de tirarse piedras entre ellas. El Principado, por fin, parece que va a liderar ante Madrid la búsqueda de una solución urgente. Se va a intentar poner en marcha un parche como mal menor: volver al pretratamiento de la «Plantona» para reaundar el desengrasado y desarenado. Sí, porque esto no es sólo un problema de Gijón, sino de toda Asturias. Nuestra falta de depuración es capaz de arruinar –como quedó demostrado con las playas de Villaviciosa- cualquier arenal asturiano por alejado que esté. Los vertidos carecen de fronteras y, si no actuamos pronto, cualquier día lo que fue un susto acabará convirtiéndose en una pesadilla.

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Criticar por criticar.
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Jose Manuel Balbuena | 10-09-2016 | 08:54| 0

La verdad, a mí sólo me parece mal el nombre. Lo de llamar «Gijón Central Park» al evento que estos días se está celebrando en el parque de Isabel la Católica. Tal es así, que es como si quisiésemos sobar hasta la extenuación la tontería de compararnos con tan conocido espacio neoyorquino. Miren ustedes, a los solares del plan de vías (el «solarón») también escuché que se le denominaba de esa manera. O, por lo menos, los que pretenden su uso definitivo como zona verde quieren reivindicarlo como el «Central Park» gijonés. Pues bien, entonces, ¿cuántos tenemos? ¿Al menos dos o serán más? El pequeño trozo verde que tengo cerca de casa y donde defecan los perros, ¿también lo puedo llamar «Central Park»? Pregunto: ¿es que acaso no hay suficientes nombres aquí que tenemos que buscarlos fuera? ¿Es que no vale el propio del parque más antiguo de nuestra ciudad? Por lo demás, la fiesta en sí me parece de lo más correcta. Yo no sé por qué hay tantas críticas al emplazamiento cuando la celebración es de lo más light. Eso de que sufre el entorno, de que las aves se estresan y cosas similares lo veo como una auténtica tontería. Salvo que queramos que el parque de Isabel la Católica sea una reliquia del pasado, este tipo de festivales bien organizados representa un acierto. Una zona verde urbana es para usarla y no sólo para mirar. Desde luego, yo no escuchaba estas quejas cuando tenía lugar ahí la Semana Negra. Evento agresivo a más no poder con el parque, la fauna y quien se pusiese por delante. El número de visitantes era infinitamente superior, las atracciones rugían con mucha más fuerza (no sólo un carrusel con sonido mínimo), y la fiesta acababa a las tantas de la madrugada. Sin embargo, los gobernantes de entonces –ahora en la oposición- nunca se plantearon el mudarla a otro sitio. Tuvo que ser una sentencia judicial –por una demanda de los edificios cercanos- quien acabó con el apocalipsis anual que sufría el ecosistema urbano. Si no, seguro, todavía tendría lugar con la anuencia de muchos que ahora critican esto de «Gijón Central Park». Un festival de ocio, por lo que puede ver, de lo más tranquilo y familiar. Sin chiringuitos estridentes y una zona de conciertos reducida, casi de juguete. No sé, en este Gijón del alma que tenemos siempre nos parece mal algo. Cuando no es el festival aéreo, son los toros, los mercadillos veraniegos, los campeonatos de «food trucks», los conciertos… ¿Se va a poder organizar algo que nos parezca bien a todos? Yo creo que no.

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