El Comercio
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Tropezando con la misma piedra (o el «contrato» de integración valenciano).
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Jose Manuel Balbuena | 30-04-2008 | 08:15| 0

Parafraseando el antiguo y conocido aforismo diríamos que, el político, «es el único animal que tropieza dos veces con al misma piedra». Y lo hace, créanme, con gusto, con el deleite extremo de quien se dice, «que grandes cosas estoy haciendo». De poco vale que la sociedad diga que se está equivocando o le critique abiertamente. Normalmente, sigue erre que erre hasta que lo expulsan o le impiden llegar al poder. Mecanismo, por cierto, infalible a la hora de hacerse entender por parte de los ciudadanos. Creo que uno de los mayores errores que cometió el PP en su programa electoral fue plantear el famoso «contrato» de integración para emigrantes. Primero, porque nunca se supo muy bien qué fin tenía que cumplir (si el objetivo era integrar al colectivo, ¿hace falta firmar algo o cumplir una ley que vale para todos?) y segundo, por situar a la inmigración casi como un problema, cuando, realmente, esta es la visión que se tiene desde zonas como Madrid, pero no en el resto de España. Pues bien, egoístamente el PP debería de haber recapacitado puesto que, a todos luces, electoralmente hablando, la medida situó a toda la emigración (que también vota, recuerdo) en contra. Sin embargo, hete aquí que desde Valencia -a tenor de la redacción de una futura ley de Integración del Inmigrante- quieren resucitar la medida.

Y lo hacen recalcando ce por be todo aquello que en la campaña electoral fue criticado. Por ejemplo. Dicen que mediante el contrato se quiere « cumplir y respetar las costumbres y cultura valencianas», cosa que, hablando de términos tan amplios, resulta cuando menos elástico. Pero además, imagínense que esta medida se pone de moda y pasa a aplicarla cada uno como le dé la gana. Es decir, que exista un «contrato» de integración para Canarias, otro para Andalucía y uno nuevo quizá para Cataluña. En un colectivo con alto grado de movilidad laboral, ¿no les volveríamos acaso locos? ¿No acabarían siendo casi eruditos en la cuestión autonómica? En fin, vuelvo a repetir que, el político, a veces, «es un animal». Punto.

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Tocado y hundido en IU.
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Jose Manuel Balbuena | 28-04-2008 | 08:13| 0

La izquierda siempre entendió su manera de funcionamiento interna de manera más plural. Es decir, ha dejado históricamente más libertad de movimiento a sus organizaciones territoriales como forma de organización. Esto se nota sobre todo en las zonas más nacionalistas. Un PSC, por ejemplo, actúa con total independencia dentro del PSOE y no se corta para reclamar su cuota de poder a la hora de confeccionar un gobierno. Algo así parece suceder -a tenor de los buenos resultados cosechados y la presencia de algún ministro- con el partido en el País Vasco. La derecha, en cambio, se postula de otra manera. Casi de forma centralizada. No se me ocurría, verbigracia, que el Partido Popular asturiano pusiera ni la más mínima pega a una lista elaborada desde Madrid. Es más, tengo que ir a tomar un trago de agua porque se me seca la boca de la risa con sólo pensarlo. Ahora bien, el caso de IU es diferente. Mucho más dramático que en cualquiera de ambos casos. Se ha querido descentralizar tanto que, al final, como en el sinécdoque literario, no sabemos muy bien quién es la parte y quién el todo. Miren si no el caso de los sucedido en Hernani o Mondragón. En ambas localidades los representantes de Esquer Batua votaron en contra de los postulados de la dirección federal, promoviendo, pues, que ANV siguiera en las instituciones. Cuando el todavía coordinador general, Gaspar Llamazares, les dijo públicamente que estaban fuera del partido, ¿creen acaso que les preocupó? ¿Suplicaron o pidieron que ésta reconsiderase su actitud o fueron a darle algún tipo de explicación? Pues no, lo escucharon casi como quien oye llover, ya que, a todas luces, se consideran una organización diferente e independiente dentro de la propia Izquierda Unida.

Y es que, lo del federalismo sin cortapisas como forma de organización, la ha llevado a ser una especie de reino de taifas donde, la dirección central como vertebradota del todo el proyecto, es lo que menos cuenta. No existe, ni un hilo conductor lógico en sus discursos (en un sitio somos nacionalistas, en otros ecologistas, en otros internacionalistas), ni siquiera en su propia estructura como partido (cada uno puede hacer casi lo que le da la gana). Resultado de todo este esquema centrífugo: el estar al borde del abismo, en el propio filo de la desintegración política.

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¿Solucionan algo las primarias?
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Jose Manuel Balbuena | 25-04-2008 | 12:20| 0

Vamos a comenzar por el final, o sea, por lo que para mí sería la respuesta: no. Y me explico. Las primarias son un mecanismo que siempre se da en tiempos de crisis dentro de los partidos, es decir, cuando no existe un liderazgo. A nadie se le ocurre, por ejemplo, que para las próximas elecciones en el PSOE se planteen unas primarias. Su candidato está de sobra claro: se llama Zapatero. Sin embargo, cuando esto no es así, cuando toda la organización está sumida en un mar de dudas, busca esta solución de emergencia. Y se hace básicamente para tener a la militancia contenta puesto que, a todas luces, si luego el experimento sale mal, el aparato del partido les dice: lo elegisteis vosotros.

Miren ustedes. Yo puestos a aplicar un mecanismo de democracia interna directo considero mucho más lógico que éste se use en la búsqueda del Presidente o Secretario General, que de un candidato electoral. El sistema de compromisarios, como ahora se está dando el PP, se ve que está viciado de raíz. Utiliza la figura del tonto útil (tú vas y votas lo que yo te digo) como sistema de alimentación. Por tanto, ¿qué mayor grado de democracia puede haber que elegir mediante primarias a quien debe dirigir tu organización? Sin embargo, en ese parche llamado primarias que utilizan los partidos cuando les da la gana, esto nunca se da. Buscan que se elija al candidato a unas elecciones porque resulta más vistoso. Y luego, claro, vienen los problemas. Recuerden el episodio entre Borrell y Almunia que tuvo lugar en el PSOE y que, sin duda, volverá a repetirse entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre si al final uno es Presidente y la otra gana las primarias. Los liderazgos, pues, deben buscarse en los congresos que para eso están. Eso sí, como antes decía, unos congresos limpios donde cada uno vaya con lo que piense y no con lo que le impongan. De ahí, de un congreso donde había cuatro candidatos y encima no era el favorito, salió un tal José Luís Rodríguez Zapatero y miren adonde llegó. Los partidos, vuelvo a insistir, se regeneran en los congresos y quien salga elegido debe de asumir también el rol de representar al partido en unas elecciones. Lo otro, la llamada bicefalia, créanme, sólo da barullos y problemas.

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La Semana Negra.
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Jose Manuel Balbuena | 24-04-2008 | 19:46| 0

Reconozco que hace años que dejó de gustarme el evento. Casi a la mitad de sus más o menos veintitantos años de existencia. Fue cuando se convirtió en un tótem, en algo que tenía que ser aceptado sí o sí por una ciudad que, según sus dirigentes, debería de estar agradecida porque era todo un lujo que su organización estuviese aquí. Sin embargo, a mí me parece que la estética se ha vuelto cada vez más kitsch. Los temas que nos proponen año tras año son recurrentes y fuera de tono (la novela negra se mezcla con elefantes de un circo, o reconstrucciones en cartón-piedra de la pirámide de Keops, o magos que sacan conejos de la chistera). Las ideas que deberían de alguna forma renovarla no existen, su organización es ya casi funcionarial y repite tópicos sobados hasta la saciedad (multicultural, fiesta y cultura, blablablá). Cuando una vez se me ocurrió denunciar esto en una columna, su director me llamó directamente aldeano. Claro, tengan en cuenta que la pátina que lleva el certamen es precisamente ésa: yo soy la cultura. Si te atreves a criticarlo porque consideras que tiene más de bocadillo grasiento de calamares que de otra cosa, ya eres un infame. Ni se te ocurra. Es, como decía, algo que tiene tal grado de impunidad que, haga lo que haga, diga lo que diga, disfruta de bula para casi todo.

Menos para instalarse. Como saben este año -por mor de una sentencia judicial- tiene que trasladarse a Poniente y, luego, según parece, se llevará hasta el campus universitario (lugar más adecuado, sin duda). Y es que, lo malo de la Semana Negra no es le ruido que produce, sino todo lo que trae con ella. Se levantan auténticos campamentos nómadas a su alrededor que, ni reúnen las condiciones mínimas higiénico-sanitarias, ni se pueden permitir de ninguna forma por la propia seguridad de las personas que durante diez días allí conviven. Es más, si no fuese que, como su máximo dirigente señaló, es un lugar «fuera de las leyes tradicionales» supongo que las autoridades actuarían con contundencia. Y buena prueba de lo que digo es que, cuando se señala una ubicación, los vecinos de la zona se ponen en guardia. Casi de uñas. Saben perfectamente lo que se les viene encima. Poniente ya se ha asegurado de que la organización de este año será provisional y, ya lo verán, Viesques, por proximidad a las futuras ediciones, pedirá garantías en cuanto a su comportamiento con el barrio. Pues bien, ya es hora de que se vayan tomando medidas para hacer de la Semana Negra un evento más digno no sólo en las formas, sino también en el fondo.

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El Estado y yo.
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Jose Manuel Balbuena | 21-04-2008 | 06:39| 0

El Estado es bueno. Debe mantenerse.
Pero debe mantenerse a raya.


Soy de los que piensa que un gobierno responsable debe fomentar las capacidades del individuo, es decir, tiene que transmitirle la idea de que en esta vida todo se consigue con esfuerzo. Así, el «no te preocupes ya lo hago yo por ti» es un discurso perverso que al final, normalmente, suele volverse en contra de quien lo planteó. En nuestra sociedad hay quienes piensan que, la misión del Estado, debe ser proteger al individuo «desde la cuna hasta la sepultura» como lo haría una buena madre. Esto es, el «Estado-Madre» debe cuidar de sus hijos y que, éstos, lógicamente, sufran lo mínimo posible independientemente de que tengan más o menos capacidades o recursos para poder desarrollarlos. Esta idea, muy presente en nuestras sociedades, repito, hace que se lleve hasta extremos inimaginables el concepto de ayuda en forma de subvención y que, a la más mínima, se ponga en práctica. Ahora nos ayudan al nacer (3.000 euros en nuestro caso), cuando compramos un ordenador (véase la subvención del Principado), cuando decidimos irnos de alquiler o comprar una vivienda (más de 1.000 peticiones al día recibe el Ministerio para solicitar los 210 euros), cuando no la podemos pagar (hasta algún ayuntamiento se ha atrevido a instrumentar un subsidio), cuando queremos alargar el plazo para nuestra comodidad (nueva medida), cuando…

Me inspira todo este discurso vital una medida del plan anticrisis que ha propuesto el Gobierno. Se trata de pagar la mudanza y el traslado en general a todos aquéllos que tengan que incurrir en dichos gastos por haber perdido su puesto de trabajo. Es decir, que no sólo tendrían derecho a una renta por desempleo como es lógico, sino que también, ese Estado benefactor del que antes les hablaba, correrá con todos los gatos correspondientes a la movilidad geográfica superior a 100 kilómetros. En resumidas cuentas, que si estoy trabajando en Llanes y tengo que irme hasta Avilés, por ejemplo, pues me pagarían, según los datos facilitados por el Ejecutivo, insisto, los gastos de viaje, alojamiento y guardería. Curioso cuando menos, ¿no?

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Los fichajes estrella.
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Jose Manuel Balbuena | 17-04-2008 | 18:11| 0

Según se cuenta parece que Manuel Pizarro, fichaje estrella del Partido Popular para las pasadas elecciones, pretende renunciar a su escaño. Está harto, por lo visto, de que lo minusvaloren puesto que, su puesto natural, esto es, la portavocía económica, ha sido ocupado por Cristóbal Montoro. Al bueno de Pizarro le quedan, pues, dos opciones. Primera, ser un diputado gris de esos que aprietan el botón cuando se lo mandan o segunda, marcharse para la empresa privada donde, sin duda, se encuentra más cómodo. Todo indica que hará lo segundo y se marchará de la vida pública con un bagaje pobre porque no ha hecho nada y frustrante, pues se siente traicionado por quien lo fichó, a la postre, Mariano Rajoy.

Y es que lo de los fichajes estrella en política suele salir más veces mal que bien. Le pasó a Aznar quien, para enfrentarse a Bono en unas autonómicas de Castilla-La Mancha, fichó al hijo del ex presidente Suárez con un resultado parecido: acabó dejando el cargo y despotricando contra quien lo puso. Le pasó a González quien, en una de sus legislaturas, le dio por fichar al juez Baltasar Garzón que, como no podía ser de otra manera, terminó por abandonar la política bastante desencantado. Y es que, repito, los que militamos alguna vez en un partido sabemos de sobra que la política tiene siempre dos caras. Una interior de cara a tus militantes, y otra exterior que se relaciona más bien con la percepción de los votantes. Tan importante es la una como la otra y, normalmente, la fórmula del éxito, viene dada cuando ambas se combinan. Nadie cree que un político que no sea apoyado dentro de su propio partido -aunque gane elecciones y lo quiera mucho la gente- tenga mucho futuro. Ejemplos de esos los tenemos a doquier, piensen si no en el propio caso de Gallardón que gana comicios pero pierde congresos.

Pues bien, lo que les falta a los fichas estrella es precisamente eso, militancia de base. Conocer a su propio partido por dentro y saber cuáles son los movimientos telúricos que en él se dan. Esto es, las ambiciones, los intríngulis, las peculiaridades que cada organización tiene dentro de sí. Normalmente, desde la militancia, a los fichajes estrella se les mira mal (ojo, no ocurre así con el electorado que a veces los puede considerar semidioses). Muchos piensan que se han saltado demasiados pasos para llegar a lo más alto y, suscitan, por tanto, recelos, envidias y muchas otras cosas inherentes a la propia condición humana. El resultado, en fin, ya lo ven, se van por donde han venido dejando un amargo sabor de boca.

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Michelines inmobiliarios.
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Jose Manuel Balbuena | 15-04-2008 | 18:41| 0

Verán, gran parte de mis conversaciones profesionales transcurren de la siguiente manera:

– Sí, buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

– Buenos días, estoy pensando en comprar un piso pero, ¿cree usted que bajarán los precios?

– Hombre, pues, la verdad es que ya están bajando porque no suben. Si la inflación está en el 4,6% y los precios se encuentran estancados, es que están bajando en esa proporción.

– Ya, pero, ¿caerán en picado?

Bien, más o menos esto fue lo que le pasó al Ministro Solbes por Washington. Acudió a una reunión del FMI y, al final, el organismo que controla la economía mundial, no paró de preguntarle por el estallido de la burbuja inmobiliaria española (recuerden que éste pronosticó una bajada en los precios de al menos un 20%). El Vicepresidente, lógicamente, se apresuró a hablar de términos como aterrizaje suave y cosas así, porque, querámoslo o no, un hundimiento de los precios inmobiliarios traería consecuencias fatales para nuestra economía. Casi sería un cataclismo al cual difícilmente todos los agentes participantes (familias, banca, el propio sector…) se podrían sustraer. Porque, si lo piensan bien, si el tema de precios inmobiliarios estaba hinchado y con unas subidas para nada acordes con el nivel de renta y la propia lógica del mercado, tampoco ahora es bueno que se hundan. Sería, por decirlo de otra forma, como si alguien al que le sobran unos michelines pasa directamente a la anorexia más absoluta. O sea, corre peligro de muerte.

Y es que, en nuestra economía, una de los principales formas de ahorro para el ciudadano es un piso. Se compra para vivir, claro está, pero también como medida de progreso porque, al cabo de cierto tiempo y con las plusvalías obtenidas, suele optarse a uno mejor. Pero, es más, si necesitamos liquidez por cualquier circunstancia en forma de préstamo, ahí está nuestro piso para conseguirla. Por tanto, si se hunden los precios no conseguiremos ni lo uno ni lo otro y, en cierta manera, sería algo así como tener una economía inflacionista a la argentina: nuestros ahorros, desgraciadamente, valdrían cada vez menos. En fin, que hace bien el Ministro de Economía en alejar los fantasmas de un posible hundimiento de precios en el sector, puesto que, en definitiva, en un país donde el sentido de la propiedad está tan acusado, el patrimonio inmobiliario es uno de nuestros principales pilares económicos.

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Gobierno habemus: un análisis.
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Jose Manuel Balbuena | 12-04-2008 | 15:18| 0

La verdad, me parecen bastante baratos esos análisis que se limitan a decir si un nuevo gobierno es continuista o no. Todos, en una segunda etapa como ésta, tienden a dejar lo que ha funcionado bien y son sus pilares, mientras que introducen caras nuevas o mantienen a los que entraron en una remodelación posterior. Así, visto de esta forma, hay ciertas cosas que tienen, a mí modo de ver, cierta lógica y otras que no. Hay, por decirlo de otra manera, cosas que se pueden entender y otras que cuesta más. En fin, se las cuento todas para que ustedes juzgen.

Cosas que entiendo.

Renovar a Maria Teresa de la Vega, Pedro Solbes, Moratinos o Rubalcaba es desde todo punto de vista normal. Salvo este último y el propio Ministro de Economía, todos los nombres anteriores podríamos catalogarlos como abanderados de la “generación Zapatero”, esto es, llegaron al poder junto con el Presidente y comparten plenamente su estilo. Decía que, tanto Solbes como Rubalcaba, no pertenecen propiamente a dicha generación puesto que ya vienen de anteriores, pero, bien, creo que ambos se han amoldado a la era de ZP y, además, están lo suficientemente curtidos para puestos, sin duda, de mucha responsabilidad y difíciles de llevar.

Y aquí, siguiendo la teoría anterior, es decir, la de respetar los pilares de una primera etapa de Gobierno, sí resulta sorprendente el relevo de Jesús Caldera. Fue, sin duda, uno de los grandes portavoces de la primera etapa y, además, de gran afinidad personal e ideológica con el Presidente, por tanto, el prescindir ahora de su persona sólo puede tener una razón: darle una misión más importante que realizar quizá dentro del propio partido. No sé, en unos meses lo veremos.

Cosas que no entiendo.

Parto de la base que los ministerios ya no son lo que eran. Es decir, que muchas de sus competencias han sido asumidas por las autonomías, las cuales, ávidas de las mismas, tienden a ocupar gran parte de su espacio. Por ejemplo, un Ministerio de Sanidad antes controlaba a miles de trabajadores y hospitales por todo el país. Ahora, con la descentralización, ya no. Prácticamente se encuentra al rebufo de las consejerías autonómicas que son quienes llevan el peso del sector. Pues bien, en este sentido crear dos nuevos ministerios, el de la Innovación y la Igualdad, sí me parece un cierto riesgo puesto que su contenido es cuando menos dudoso. Ya pasó, como se pudo comprobar, que el de Vivienda resultó de lo más conflictivo, puesto que, su primera titular, María Antonia Trujillo, llenó titulares de prensa con sus ocurrencias. Por tanto, el crear ministerios para temas específicos y no para grandes líneas generales no tiene mucho sentido (Innovación y Desarrollo, por ejemplo, podría entrar perfectamente dentro de Industria), pero, en fin, el tiempo lo dirá.

Y si hablamos propiamente de nombres que, a mi juicio, serían discutibles, podemos ir nombrándolos uno por uno. Creo que es un error renovar a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, porque su gestión anterior fue más que dudosa y controvertida (recuerden todos los episodios del AVE). Lo de Carme Chacón a Defensa pienso que tiende a buscar más un efecto mediático que otra cosa, ya que, su puesto, sin duda, debería de ser el Ministerio de Vivienda que para eso estuvo apenas unos meses ocupándolo. A Miguel Sebastián le correspondía un ministerio por haberse tragado el sapo de la alcaldía madrileña, y éste ha sido el de Industria. Total, si recuerdan, nadie que ha pasado por allí (Montilla o Joan Clos) sabía mucho del tema y, aunque, Sebastián tenga más enjundia, lo que a él le apetecería realmente, o sea, Economía, no pude ser. Por tanto, ¿qué más da tener otro ministro de Industria al que no le interese nada el tema? Resumiendo: que les daremos los 90 días de gracia y, a partir de ellos, estaremos al acecho en Retorcida Realidad.

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Sesión (a prueba) de investidura.
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Jose Manuel Balbuena | 09-04-2008 | 10:41| 0

En términos boxísticos, el debate que ayer tuvo lugar en la sesión de investidura, sería nulo. Es decir, no existiría ni vencedor ni vencido porque fue una revivificación absoluta de toda la campaña que hace poco ha tenido lugar. Los argumentos: los mismos. Las formas: similares. El resultado: más o menos parecido al que ya habíamos visto con anterioridad. Por tanto, valorar si el Presidente en funciones estuvo mejor que Rajoy o viceversa no tiene mucho sentido, puesto que, al fin y al cabo, se limitaron a decirse lo que ya habíamos escuchado hasta la saciedad. Juzgar ahora si esta legislatura va a tener un tono distinto a la anterior, o sea, menos crispada y con grandes acuerdos por parte de nuestros principales partidos, es demasiado arriesgado. Desde luego, no van a comenzar a la gresca como acabaron la legislatura anterior, sería, cuando menos, muy difícil de mantener. Sin embargo, todo indica que vamos hacia una fotocopia de los pasados cuatro años. Tendremos, probablemente, mucho de economía, algo de ETA y quizá, un debate territorial intercalado. En definitiva, con los mismos actores e igual escenario, ¿cómo va a cambiar la trama de la obra?

Ahora bien, lo que sí me sorprendió es como fue recibido el discurso del líder de la oposición. Incluso, horas antes, desde su propio partido algunos decían, «A ver como está Mariano». Haciendo -de lo que debería ser un debate más para alguien tan curtido como Rajoy- una especie de examen interno para el futuro congreso que tendrá lugar en junio. No sé, si yo fuese el Presidente del PP estaría molesto. Que me analicen en el primer discurso de la legislatura como si fuese un novel, la verdad, no debe ser plato de gusto. Este tipo de análisis, digo yo, debería de estar para gente nueva en el cargo como Soraya Sáenz de Santamaría. Porque, claro, que te pongan en el disparadero aunque sigas siendo el líder del PP, resulta cuando menos incómodo. Y es que ayer, por lo visto, se estaba jugando algo más que un simple debate con el candidato socialista. Se estaba, en buena manera, abriendo un proceso de desgaste y lucha dentro del partido que tendrá como colofón la presentación o no de una candidatura alternativa al susodicho congreso. Mirando, en definitiva, los posibles fallos de Rajoy para hacer así un runrún, una especie de comidilla que sirva como caldo de cultivo para algo más. En fin, que, como dice el refrán, no hay peor cuña que la del mismo palo.

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Cosas que no se entienden.
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Jose Manuel Balbuena | 07-04-2008 | 11:59| 0

No me deja de sorprender -en relación con la resolución de la huelga de Justicia que ayer tuvo lugar- uno de los acuerdos a los cuales se llegó. Habla, literalmente, de que «los funcionarios se comprometerán a aprender informática». Sí, como lo oyen. Es decir, que, por lo visto, existían algunos que se resistían a ello en pleno siglo XXI. O sea, que consideraban, digo yo, que todavía se podían llevar la ingente cantidad de casos que tienen pendientes de tramitar, no sé, con un lápiz y una libreta en blanco. En fin, considero que muchas cosas tienen que cambiar en esta administración que se muestra como una de las más rancias pese a la importancia de los asuntos que trata. Pensar hoy en día que cualquier trabajador se puede sustraer a los nuevos tiempos que corren como si las cosas no fuesen con él, me parece absurdo. Trasladar todo esto al ámbito privado resultaría del todo impensable. Al que se negase a llevar una gestión informatizada de cualquier área de una empresa, podría perfectamente apuntarse al servicio de desempleo correspondiente porque no le darían ni una oportunidad pero, bien, en la administración, por lo visto, todo es posible.


Tampoco es muy normal la reacción de los sindicatos. Los que firmaron un, para mí, más que generoso acuerdo, fueron increpados y vituperados. Algunos, según pudimos ver por televisión, tuvieron que montarse en el coche bajo una lluvia de insultos. Otros, en cambio, no se atrevieron si quiera a firmarlo y plantean para hoy un referéndum entres sus bases porque sólo consiguieron, ojo al dato, el 95% del total de sus reivindicaciones (190 euros sobre la petición de 200 de subida). Vuelvo a lo mismo: si cuando se negocian las mayoría de los convenios se obtuviese de la respectiva patronal tal nivel de generosidad, yo creo que muchos harían a sus representantes un monumento a la puerta del centro de trabajo. Además, perdónenme que haga la pregunta pero es obvia, ¿qué clase de representatividad pueden arrogarse algunos sindicatos si son incapaces de firmar acuerdos para los trabajadores sin consultarlos? ¿Cómo pueden sentarse a una mesa si ni siquiera están seguros de que lo que acuerden será aprobado por sus bases? Rocambolesco, sin duda, el final de esta huelga.


Si al Ministerio todo este lío le valió para darse cuenta de que las descentralizaciones hay que llevarlas a cabo de una vez y no a trozos, bienvenido sea. Se han encontrado con un problema que hubiesen podido evitar si, efectivamente, la Justicia se encontrase completamente en manos de las autonomías como sucede en casi todos los lugares. Como les decía en el anterior comentario, esta España asimétrica que estamos creando donde unos van a una velocidad y otros a otra, tiene buena parte de la culpa.

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Últimos Comentarios

albertoperez 10-12-2017 | 10:17 en:
Vértigo me da.

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