El Comercio
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Un laboratorio ciudadano.
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Jose Manuel Balbuena | 03-06-2017 | 12:24| 0
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Quizá por motivo de la realidad política que vivimos, o de esa masa amorfa que ahora se llama ciudadanía y que fue consultada, el Plan de Usos para el edificio de Tabacalera es vulgar. Ramplón como él solo. Es más, condena a una edificación singular –puede que la mejor de esta ciudad- a ser utilizada para cuestiones domésticas sin ningún lustre. Esto es, para que sea un centro social de barrio sin mayor gloria. Sólo le falta que en su interior albergue una churrería para pasar las tardes de invierno. ¿De verdad queremos hacer eso con una inversión de 4,5 millones de euros? ¿De verdad queremos que algo que podría ser un atractivo turístico acabe de esa manera? Porque, si lo recuerdan, este gobierno municipal y sus predecesores, siempre apostaron por la idea de un gran museo para Gijón. O sea, un espacio donde estuviese recogida la historia, colecciones de arte y todo lo relacionado con nuestras señas de identidad. Bien es cierto, porque en la actualidad los fondos se encuentran completamente dispersos o guardados en almacenes municipales. Sin embargo, se ha dado un giro copernicano abandonando dicha concepción. El motivo: que este bodrio presentado es «un fiel reflejo de la configuración de la actual Corporación» (Carmen Moriyón dixit), además de que así lo ha dictaminado una consulta popular donde se pidió opinión a 1.100 personas. Que, claro, con la visión global que caracteriza a este tipo de procesos participativos, apostaron por el famoso «¿qué hay de lo mío?». Les importó más convertirlo en un llamado «espacio creativo abierto», que en un referente para quienes nos visiten. Hay más. No contentos con esto, con que el plan se parece como un huevo a una castaña a la propuesta original, el grupo municipal de Xixón Sí Puede dice que va a presentar el suyo propio. Nos avanza que propone que tan histórico inmueble se dedique a ser un laboratorio ciudadano de innovación social. ¿Qué demonios es eso? Pues no lo sé. Según parece, la idea viene de Madrid y pretende que la ciudanía (siempre lo mismo) se involucre y vaya a hacer allí lo que le venga en gana. En fin, lo único que digo es que vamos a perder una oportunidad de oro. Me parece que estamos reviviendo un poco lo que pasó con La Laboral en su día: ante la falta de ideas y el gran espacio a rellenar, se montó una especie de batiburrillo que al final naufragó. Miren si no a Laboral Centro de Arte y Creación Industrial que ha acabado siendo un bluf. Vuelvo a insistir. ¿De verdad este Plan de Usos es lo mejor que se nos ocurre para la antigua fábrica de Tabacos de Cimavilla? Yo creo que no.

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La fatiga del carbón.
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Jose Manuel Balbuena | 01-06-2017 | 06:54| 0
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A los señores del carbón se les derrumba su mundo. El que un día construyeron –con el beneplácito y consentimiento de muchos- donde todo era gloria y poder. ¡Ay, con lo que fuimos!, pensarán. Ahora, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil anda tras ellos como perro de presa. Registra domicilios e incluso ha mandado a alguno a dormir en el calabozo. Todo ello, por la construcción de esa catedral para la tercera edad financiada con los fondos mineros: el macrogeriátrico del Montepío del Minería en Felechosa (concejo de Aller). A los pies del puerto de San Isidro, montaron una residencia de tomo y lomo. Un edificio monumental que tenía difícil justificación. Su capacidad era inmensa para la presunta demanda que debía atender y con unas instalaciones de lujo. No repararon en gastos. Barra libre. Tanto, que quizá sea el geriátrico más caro de Europa: 32,5 millones de euros se emplearon en levantarlo. Eso sí, a su particular manera. Es decir, con sobrecostes por doquier, subvenciones a tutiplén y adjudicándolo a una empresa local que, de aquélla, tenía cuatro o cinco empleados. Pero, por si eso fuera poco, una vez acabado restaba por colocar a la familia. Ya saben, los señores del carbón vivían con la misma filosofía que en la película «El Padrino» de Francis Ford Coppola: la familia, siempre la familia. El hijo de José Ángel Fernández Villa, Rolando Fernández, fue nombrado a dedo gerente y le hicieron un contrato blindado por 80.000 euros. La hija de José Antonio Postigo –el segundo de a bordo- estaba en el área administrativa. Otros, en cambio, acabaron en la empresa que realizó las obras y así sucesivamente. Nada se dejaba al azar y de ahí, presuntamente, de esa vaca que daba tanta leche, mamaron arquitectos, asesores y un montón de investigados. Para su desgraciada, tanto él como Postigo, pensaron que eran inmunes a la Justicia. Superiores al resto de los mortales. Incluso podían acudir a una amnistía fiscal y nadie les iba a investigar. Craso error. Un triste día de octubre de 2012 cruzaron la plaza de la Escandalera en Oviedo con sendos maletines. Villa llevaba 1,2 millones en efectivo y Postigo 360.000 euros. Ahí empezó todo. El declive y la cuesta abajo. Al ex líder sindical más minero del mundo, el SOMA le reclama también más de 431.000 euros por apropiación indebida. Su sindicato le acusa de quedarse con fondos. Más luego esto. Que la UCO, ya ven, está empeñada en demostrar que ese dinero no procedía del bar de sus padres en Tuilla. Con lo fácil que era antes y lo complicado que se ha vuelto. Dicen que Villa ha perdido facultades, la memoria y el raciocinio. Sin duda, la fatiga del carbón.

 

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Presupuestos participativos.
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Jose Manuel Balbuena | 30-05-2017 | 04:38| 0

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A mí no me gustan los presupuestos participativos. Ya saben, esa nueva forma de gastar el dinero público que ha traído los tiempos políticos que vivimos. Se trata de que la ciudadanía –término muy de moda- decida en qué se invierten los recursos del Consistorio. Al menos, hasta cinco millones de euros que le han asignado en esta segunda edición de los mismos. En la primera quedó clara una cosa: el ciudadano de a pie no tiene una visión completa de lo que es una ciudad. Y me explico. Siempre acaba pidiendo el arreglo del bache que tiene enfrente de casa, la acera mal pavimentada que utiliza a diario, o el paso de peatones que necesita para cruzar la calle. Es decir, una especie de «¿qué hay de lo mío?» constante. Una suerte de visión unilateral de lo que debe ser nuestro Gijón del alma, olvidándose del todo y centrándose sólo en la parte que a cada uno más le interesa. Si me apuran, esta concepción de la política –que trabaja en contra de sí misma, entiendo- la hace incluso menor y prescindible. Si resulta que yo, gijonés corriente y moliente, le tengo que decir a nuestro Ayuntamiento dónde debe invertir, entonces, ¿para qué sirve? Si nuestros representantes se limitan a tomar nota de lo que se nos ocurre a cada uno, entonces, vuelvo a insistir, ¿para qué sirven? ¿No son ellos quienes deben tener la perspectiva de un modelo global y justo para cada barrio? ¿No son ellos los que deben repartir equitativamente los recursos municipales en función de las necesidades? Porque esa es otra: resulta que quienes utilizan estas fórmulas son siempre los mismos. Esto es, los que están al loro en los presupuestos participativos sacan tajada, y los que no (la mayoría) se quedan a dos velas. Dicho de otra manera: una parte de esa ciudadanía impone su criterio al resto. En los del año pasado la participación resultó completamente decepcionante. Ni un uno por ciento de los gijoneses se implicó. Todo ello, pese a la machacona y persistente campaña publicitaria que se puso en marcha para lograr involucrar a la gente. Algo, por cierto, que se repite este año con mayor insistencia si cabe. Pues bien, para que vean hasta dónde pueden llegar las cosas, les cuento lo que está pasando en Oviedo. Están utilizando este mismo concepto –con gran ahínco ideológico, claro- encontrándose problemas similares: el tripartito no se pone de acuerdo ni siquiera en la formulación de las bases. IU, uno de los socios, pide que el debate sobre presupuestos «se lleve a las calles y plazas». Vamos, que los jubilados, en vez de ir a ver obras como toda la vida, compren calculadoras y se dediquen a echar números. Por favor…

 

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Filosofía cholista.
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Jose Manuel Balbuena | 27-05-2017 | 05:48| 0
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Hay que recurrir al fútbol para explicar lo que está pasando con nuestra autopista del mar. Verán, desde que la naviera concesionaria (Ldlines) abandonó la línea en su día, todo fue dar tumbos. Hablamos de septiembre de 2104. En principio, se iba a retomar la conexión en pocas semanas. Era cuestión sólo de encontrar otra compañía, porque, según Puertos del Estado, Ldlines había venido para apropiarse de las subvenciones. Sin embargo, fueron pasando los meses y nadie aparecía. Es más, muchas empresas –como las pizarras de León, por ejemplo- se mostraban desesperadas porque su salida natural a través de El Musel se veía cercenada. Entonces apareció Transportes Riva. Una naviera asturiana que desde el primer momento no ofreció ninguna garantía de solvencia. Es más, en que pudiera llevar adelante su plan no confiaba absolutamente nadie. Ni la Autoridad Portuaria, ni Puertos del Estado, ni mucho menos los bancos que finalmente le denegaron la financiación. Se estuvo, dicho de otra manera, mareando la perdiz y perdiendo el tiempo con este proyecto. Cada vez que le preguntaban a José Llorca, presidente del ente portuario estatal, sobre el tema; daba falsas esperanzas esperando el derrumbe del castillo de naipes que se había montado. Pues bien, hete aquí que ahora las cosas son muy distintas. Llorca se ha puesto las pilas. Me refiero a que se está buscando una compañía sólida como se debió hacer desde el principio. Es decir, contratando una consultora especializada –«Shipping Business Consultants», se llama- que venda al mundo la autopista del mar entre Gijón y Nantes. Una asistencia técnica como Dios manda que mueve el culo y tiene conocimientos. Y fíjense, ha sido aplicar sólo eso -ganas, trabajo y sapiencia- para que aparezcan nada más ni nada menos que quince navieras. De ellas, hay dos muy interesadas que incluso ya han visitado nuestro puerto. El presidente de Puertos del Estado dice que, a mediados de junio, vamos ya a tener quizá una solución. Es decir, que con todas las reservas podemos afirmar que estamos en el buen camino. Más que probablemente, volveremos a tener una nueva conexión con Saint Nazaire. La pregunta que me hago es por qué hemos tenido que esperar casi tres años para esto. O sea, a que se ponga toda la carne en el asador para sacar adelante la autopista, mientras que la rival de Vigo crecía como las flores en primavera. Vuelvo al principio. Lo que ha pasado sólo se puede explicar con el fútbol. «Si se cree y se trabaja, se puede», dice Diego Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid. Auténtica filosofía cholista que no habíamos visto hasta ahora.

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¡Qué tremendo error!
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Jose Manuel Balbuena | 27-05-2017 | 06:03| 0

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Con todos mis respetos hacia la militancia socialista, creo que han escogido al peor secretario general posible. No es que los otros dos fuesen como para tirar cohetes, pero, al menos, de ninguna manera representaban la ruptura que pretende hacer Pedro Sánchez. Una especie de limpieza, de reseteado de ordenador, en un partido histórico y que no está para sueños utópicos. Quizá, no sé, ahí esté el meollo de la cuestión: la militancia se creyó al cien por cien sus postulados populistas. Unos cantos de sirena donde les prometió la luna –ahora el PSOE volverá a ser de los militantes- y veremos cómo los cumple. Porque, si ustedes recuerdan, lo que ha hecho siempre el nuevo secretario general es consultar a las bases en función de lo que más le convenía. Con preguntas trampa y poniendo sus intereses por encima de todo. Cuando el pacto con Ciudadanos hizo un referéndum en unos términos que daba risa: «¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista?». En fin, díganme quién se va a negar. Lo mismo que en el Comité Federal que lo defenestró: propugnaba una consulta exprés para hacerle un bypass al órgano de dirección. El bello Pedro habla de la soberanía de los militantes. Sin direcciones férreas y rindiendo cuentas siempre a las bases. Pero, no se engañen, eso es la teoría, porque en la práctica se parecerá poco. ¿Es acaso Podemos un partido asambleario? Hasta cierto punto. Pablo Iglesias, en cuanto ve que el resultado no va a ser el deseado, amenaza con marcharse. Retuerce la voluntad de la militancia para que coincida con la de su círculo de hierro: los cuatro que mandan. Pues ése es el PSOE que quiere construir Sánchez y no otro. Una especie de Podemos donde las apariencias nunca van a coincidir con la realidad. Adriana Lastra, su capitana asturiana, ya lo dejó bien claro en una entrevista hace pocos días: los barones tienen pedir disculpas. Generosidad en la victoria, por lo visto, cero. Al enemigo, ni agua. ¡Qué error, qué tremendo error!, han cometido a mi juicio. Se me asemeja a lo que pasó en Francia o Inglaterra. Las bases se entregaron a candidatos populistas radicales –Benoît Hamon o Jeremy Corbyn– y el desastre electoral estuvo servido. Tanto, que en el país galo ya se habla casi de la desaparición del socialismo. Pedro Sánchez, de cara a las urnas, es un candidato quemado. Ha intentado por dos veces llegar a la Moncloa con resultados cada vez peores. ¿Es que eso no cuenta? ¿Es que no se mira más allá de las 188.000 personas que tenían derecho a voto el domingo? ¿Es que la cuestión consiste sólo en mirarse al ombligo y no a más de cinco millones de votantes?

 

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Contaminación ideológica.
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Jose Manuel Balbuena | 23-05-2017 | 05:21| 1
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En nuestro Gijón del alma todo es política. Los nuevos tiempos –con un Consistorio tan fragmentado- es lo que tienen. Nada se escapa a su enrevesado y retorcido influjo. Ya sea para llegar a un acuerdo cualquiera, en la concesión de las medallas de la ciudad o en asuntos que no deberían tener mayor discusión. Lo último: la programación del Teatro Jovellanos. Verán, Xixón Sí Puede (XSP) votó en contra del programa del segundo semestre. Más que nada, porque Arturo Fernández –el conocido actor gijonés- va a representar su obra durante seis días seguidos. Todo un exceso, por lo visto, para XSP. Su concejal, Orlando Fernández, con la retórica propia de este grupo, lo expresaba así: «Se está privatizando el ocio y disfrute. Hay que socializar la cultura». Llegando incluso a acusar a Foro de utilizar Divertia –la empresa municipal que se encarga de la gestión- para la «cultura de amiguetes». Arturo Fernández viene a Gijón sin ningún fijo. Gana lo que saque en taquilla. A la ciudad no le cuesta ni un euro, según aclara el concejal de Festejos, Jesús Martínez Salvador. Guste o no –personalmente, tampoco soy un fan- hay que reconocer que sus obras siempre atraen a un público fiel. El actor tiene un tirón indudable. Me atrevo a pronosticar incluso que llenará el teatro durante ese tiempo. Entonces, ¿cuál es el problema? Si no cuesta y encima vende, ¿por qué ese rechazo a que se atreva –por su cuenta y riesgo, insisto- con seis días en el Jovellanos? No lo duden, aquí de lo que estamos hablando es de un rechazo ideológico en toda regla. Fernández, como es de sobra conocido, está en las antípodas políticas de Podemos. Ya lo ha manifestado más de una vez sin ningún tapujo. Por eso, claro está, se le estigmatiza. Porque, vamos a ver, si es capaz de llenar repetidamente, ¿no es acaso el mismo argumento que se utiliza para defender a la Semana Negra? ¿No se dice exactamente eso, que trae mucha gente, cuando se reclama un incremento del 75% en la subvención municipal como este año? ¡Uy, pero con la Iglesia hemos topado! El evento negro es del mismo signo político y Arturo Fernández del contrario. El manoseado concepto de la cultura para algunos, como escribía Ramón de Campoamor, es según el color del cristal con el que se mira. Nada es verdad ni nada mentira. Si es de los míos lo que haga falta, ahora bien, al enemigo ni agua. Les contaba al principio que el ambiente político durante esta legislatura está siendo irrespirable. Hay una contaminación ideológica en toda regla. Mucho mayor incluso que la ambiental. Y ya es decir…

 

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La rebelión de las bases.
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Jose Manuel Balbuena | 23-05-2017 | 05:22| 0

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Los militantes del PSOE le han pegado una patada al aparato. No les voy a decir en qué parte, pero se la pueden suponer. Pedro Sánchez es el nuevo secretario general socialista. Lo ha hecho contra todo y contra todos. Pocas veces, en política se ha dado un caso como el suyo. Después del convulso Comité Federal de octubre del año pasado, el bello Pedro, parecía estar más que defenestrado. Un secretario general que había dimitido (lo empujaron a dimitir) entre graves acusaciones de intento de pucherazo, discusiones y un guirigay impresionante. Tras dos derrotas electorales -las peores en la historia del socialismo- y a punto de ser «sorpassado» por Podemos. Sin embargo, hoy estamos hablando de que la militancia le ha apoyado sin condiciones. Se ha entregado a él. En la mayoría de las agrupaciones, además, con un número de votos muy superior al de los avales recogidos. Había, pues, un sufragio oculto hacia la candidatura de Sánchez. La derrota de Susana Díaz, en cambio, ha sido sin paliativos. Dolorosa y de las que dejan huella. La andaluza entró en estas primarias sin ganas, arrastrada por los compromisos y sin convicción propia. Sólo reaccionó en cuanto vio la exigua diferencia que le sacó a su rival en la lucha por los avales. Es más, hasta presentó a pocos días del domingo electoral el programa, bien es cierto, cogido con alfileres. Todo ello, una campaña apresurada y una candidata sacada con gancho de su reino andalusí, ha dado como resultado un batacazo impresionante: Pedro Sánchez le ha sacado más de diez puntos. Su discurso populista -os voy a devolver el partido, le repetía a las bases en cada mitin- ha calado muy hondo. La rabia de que siga gobernando la derecha en España le ha llevado en volandas de nuevo hasta Ferraz. El odio, tanto a las oligarquías del propio partido como al PP de Mariano Rajoy, le ha devuelto la Secretaria General. Patxi López, por su parte, ha acabado con un porcentaje decoroso. Algo más de los avales que pudo recoger. Una pena lo del vasco, pero en esta guerra ya había dos ejércitos bien diferenciados. No cabía una tercera vía. Muchas cosas van a cambiar en la política española. La primera, sin duda, la relación del PSOE con el Gobierno que no va a ser la misma. El nuevo secretario general ya avisó de que haría lo que fuese necesario para desalojar a los populares del poder. Su «no es no» volverá a resonar con fuerza otra vez en el Congreso. Espero equivocarme, pero creo que dentro de poco tiempo los españoles volveremos a pasar por las urnas. El bloqueo en toda regla está servido.

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La biblia anticoche.
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Jose Manuel Balbuena | 23-05-2017 | 05:24| 0
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Sí, soy un pecador. Un criminal ecológico. Lo peor de lo peor. Necesito ir a trabajar utilizando un motor y ruedas. En concreto, las de mi moto. Aunque a veces, lo reconozco, también en coche. No queda muy bien decirle a un señor de setenta años: ¡hala, coja la bicicleta que nos vamos a hacer gestiones! Fustíguenme señores del Ayuntamiento, díganme que estoy contribuyendo a que Gijón sea un lugar insoportable. Que lo bueno, según su teoría, sería convertirnos en una especie de mundo feliz -a la manera del libro de Aldous Huxley- donde nos moviésemos siempre a pie. Donde nadie nunca tuviese prisa y los automóviles quedasen en el recuerdo. Pero eso, la verdad, no es más que ciencia ficción. Lo único cierto es que, a los tres o cuatro que todavía trabajamos en esta ciudad, desde el Consistorio no paran de pegarnos patadas en el culo. Lo digo porque el Plan de Movilidad de Gijón 2018-2024 es lo que hace de forma preferente: ser la biblia anticoche. Todo un rosario de medidas para desincentivar su uso, cuando, en la práctica, la mayoría de gijoneses ni lo coge salvo que no le quede otra. Es más, no sé de dónde sale esa leyenda urbana amplificada de que algunos lo utilizan hasta para ir a comprar el pan. He probado estos días a realizar el recorrido desde Laviada a La Arena a veinte kilómetros por hora. Según este documento, es lo que se piensa hacer en estos barrios -junto con el Centro- para disuadir al vehículo particular. ¡Qué agonía, por Dios! Lo primero que me pregunté es, teniendo en cuenta que la limitación a treinta kilómetros por hora ya es mayoritaria en esas zonas, por qué hay que bajarlo a veinte. Por qué no a diez, cinco o incluso, como le gustaría a más de uno, que hubiese que empujar el coche con el motor apagado. ¿Se contamina más acaso por un incremento en la velocidad de diez kilómetros por hora? ¿Existe algún riesgo quizá mayor? Entiendo que no y lo único que se pretende es chinchar. Tocar las narices. En el plan, al que todavía le queda pasar el filtro de 78 entidades que integran el Foro de Movilidad, no he visto ni una sola mención a los que trabajamos (especie en extinción, sin duda). Podían decir, por ejemplo, que se eliminarán los atascos que se forman en las glorietas de Viesques o El Llano. Básicamente, formados por personas que entran o salen de la ciudad por ese motivo. ¡Qué se fastidien! Que vayan en esa red ferroviaria de cercanías obsoleta y retrógrada. Que utilicen nuestra estupenda estación de autobuses que se les cae encima. Total, aquí lo importante es que no haya ni un automóvil más por Gijón. Capital, por lo visto, de los que odian al vehículo particular.

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La unidad deseada.
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Jose Manuel Balbuena | 18-05-2017 | 04:34| 0
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Ruptura, escisión, división, posturas irreconciliables… Es lo que se escucha sobre qué pasará con el PSOE a partir del día veintiuno. Esto es, tal parece que se prepara un cataclismo en toda regla una vez se produzca la elección del secretario general. Todo ello, según esas mismas voces, como consecuencia de unas primarias tan reñidas como las que están en marcha. Un proceso descarnado donde los socialistas, bien es cierto, no se han dejado nada en el tintero. Sin embargo, a mi entender, nada de eso va a suceder. El proceso de primarias al que le quedan sólo unos días ha sido muy duro y difícil. De eso, no cabe ninguna duda. Ha habido tensiones fuertes expuestas a la opinión pública sin tapujos. Fíjense si no en los saludos entre los candidatos, sus caras, o los reproches mutuos en el debate del pasado lunes. ¿Tuvieron acaso algo de artificial? ¿Hubo algo de eso que se llama «postureo»? Susana Díaz y Pedro Sánchez no se soportan. Javier Fernández, por su parte, tampoco traga a Sánchez: observen si no el gélido saludo con el que le recibió. Y, por supuesto, no fue una percepción subjetiva expuesta a interpretación, sino un hecho real que pudimos ver bien a las claras. El PSOE se mostró tal y como está. Sin disimulos ni fingimientos de ningún tipo. ¿Es eso malo? Para algunos, desde luego que sí. Son de la teoría de que los trapos sucios se lavan en casa. Ahora bien, yo lo entiendo al revés. Que estas primarias están siendo sumamente positivas. Diría que casi ejemplares y un modelo a seguir por otras formaciones. Al final, servirán como una buena base con la que comenzar a construir un partido ganador. Susana Díaz, durante el debate, dijo que el PSOE está «malito». ¡Qué va! Es mucho más y lo sabe: está ante la mayor crisis quizá de su historia. ¿Qué podía hacer el partido para afrontarla? ¿Enrocarse en sí mismo y cerrar las puertas para que nada se pudiera ver? ¿Montar conciliábulos en los que elegir una nueva dirección? Sin duda, se optó por la mejor solución posible: dejar que las diferencias salieran a la luz y fueran visibles. Hacer una catarsis colectiva donde se arrojaran las cosas a la cara. De manera pública, sí, y sin nada que esconder. Muchos creen que una vez elegido el secretario general, se afilarán los cuchillos. Es decir, habrá purgas y la mitad del socialismo, aproximadamente, marginará a la otra mitad. No lo creo. Poco a poco el ganador irá concretando apoyos. Muchos se pasarán a su bando y con el tiempo esta guerra quedará olvidada. Tarde o temprano, estoy seguro, se alcanzará la tan deseada unidad del día después.

 

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Mal cocinado.
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Jose Manuel Balbuena | 16-05-2017 | 04:37| 0
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La renta social municipal nace bajo el signo del barullo constante. Infinitas complicaciones que ha tenido que sortear para incrustarse, aunque sea a calzador, en el amplio y extenso catálogo de ayudas ya existente. Eso es así, lógicamente, porque políticamente interesa. Forma parte fundamental del programa de Xixón Sí Puede (XSP) e IU y tenía que materializarse a toda costa. Aunque fuese incompatible con otro tipo de percepciones -el salario el social, por ejemplo- había que buscarle acomodo a la fuerza. De hecho, las prestaciones que ofrece son dos: por un lado, un complemento de ingresos hasta garantizar que nadie va a cobrar por debajo de los 665 euros mensuales; y por otro, las famosas «tarjetas white». Esto es, una tarjeta bancaria que te permite realizar compras en los comercios de la ciudad dentro de un catálogo de productos seleccionados. Entre los cuales, ojo, como aviso a navegantes, hubo que aclarar que no se incluían restaurantes, gimnasios o agencias de viaje. Es más, hasta el nombre de la convocatoria ha tenido que ser inventado para evitar problemas: «Ayudas económicas complementarias para personas con bajos niveles de ingresos». En la junta rectora de la Fundación Municipal de Servicios Sociales del pasado viernes, donde fue aprobada, incluso se rozó el esperpento. Grupos como el PP acabaron desquiciados. Los populares habían dicho que la renta municipal era un engendro. Su concejal, Pablo González, así lo había manifestado. El día antes, sin embargo, sostuvo que la apoyarían. ¡Oh sorpresa! Por lo visto, repentinamente había dejado de ser lo que tanto habían vilipendiado. Luego, a la hora de la verdad, votaron en contra. Volvía, pues, a ser un engendro. ¿Alguien lo entiende? Yo tampoco. Asimismo, el PSOE dudó y acabó absteniéndose, mientras que Ciudadanos estuvo en contra desde un primer momento. Todo ello, con un aroma de improvisación y premura innegable. Es decir, que esto se ha hecho de prisa y corriendo. Sin calcular demasiado las repercusiones y sus consecuencias. Resumiendo, han hecho un plato mal cocinado y a medio acabar. Fíjense que, tal y como pudieron leer en estas mismas páginas, el dinero destinado sólo va a cubrir el 60% de la demanda potencial. El resto de los que la soliciten -que serán muchos, por cierto- se las tendrán que apañar como puedan. Si acaban frustrados, sin duda, será su problema. Lo importante es que ya tenemos una renta social municipal. Menos ambiciosa de lo que querían XSP e IU, pero igual de efectiva de cara a la propaganda. Eso sí, será una prestación que, como si fuese un barco sin timón, no sabemos muy bien a dónde nos llevará.

 

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