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Teoría de la nada.
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Jose Manuel Balbuena | 19-01-2016 | 18:37| 0

El plan de vías vuelve a estar parado. Ésa es la única certeza que tenemos hasta ahora sobre todo el proyecto. Bajo la apariencia de que se están haciendo estudios técnicos, la realidad es que en Madrid lo tienen en stand-by. No quieren darle un empujón porque todo el mundo está en funciones. El Ministerio de Fomento, la Ministra y hasta los propios funcionarios encargados del tema. En absoluto tienen pensado dar un paso más allá por una sencilla razón: existen serias dudas sobre si mañana  estarán en el cargo. Ante estas circunstancias, todo es un mar de incertidumbre. ¿Vale lo hablado hasta la fecha sobre situar la estación intermodal a la altura del Museo de Ferrocarril o no? ¿Se tiene intención de seguir por este camino o volveremos al plan redactado en 2008? Nadie lo sabe. Yo creo que ni el propio Ministerio. El Ayuntamiento está más solo que nunca a la hora de dar la batalla para sacarlo adelante. Ni le van a ayudar desde Fomento a impulsarlo, ni mucho menos desde Oviedo. Los primeros, obviamente, porque están pendientes de otros asuntos de mucho más calado. Tal y como está de revuelta la política nacional, como para pedirles que se preocupen por el levantamiento ferroviario en Gijón. Bastante tienen en Madrid, digo, con formar ejecutivo y que éste aguante los importantes desafíos que tiene por delante. Y la postura del Gobierno asturiano es aún peor: no apoyan de ninguna manera que la intermodal salga de Moreda tal y como estaba planeado. Ante este panorama, sólo queda esperar. Ver qué sucede con el nuevo gobierno central que se forme y obrar en consecuencia. En cualquier caso, estamos hablando de más tiempo, nuevos retrasos y quizá empezar todo de nuevo otra vez. Un poco desesperante, ¿no? Van a salir al mercado las parcelas del solar y no sabemos qué hacer si se venden. No existe el proyecto necesario para que el dinero se aplique a una obra determinada. La versión del plan de vías actual es tan frágil que un simple soplido la derriba. Incluso, fíjense, algo sencillo como la urbanización del «solarón» no acaba de inaugurarse. Iba a ser para principios de enero y, en fin, estamos a mediados sin que desaparezcan las vallas que lo rodean. Se le puso nombre rápido, eso sí, «Jardines del Tren de la libertad», pero no podemos hacer otra cosa que mirarlo desde fuera. Curioso, ¿no?

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Incongruencias.
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Jose Manuel Balbuena | 16-01-2016 | 08:20| 2

Durante esta legislatura se producirán hechos inexplicables. Decisiones que se escapan a la razón. Si ya en la pasada tuvieron lugar ententes difíciles de visualizar –un presupuesto pactado entre PP e IU en Oviedo, por ejemplo- ahora muchos más. Es lo que tiene esta política revuelta a más no poder que nos ha traído las urnas. Vean si no. El portavoz del grupo municipal del PSOE, José María Pérez, pedía esta misma semana elaborar un nuevo presupuesto. Aún no se ha secado la tinta del decreto de prórroga firmado por la Alcaldesa, y los socialistas ya quieren ponerse a redactar otro. A buenas horas. Dice Pérez que «cerrar un acuerdo amplio no sería muy difícil». ¡Qué va! Sólo se aprobaron gran parte de las 71 enmiendas presentadas durante la negociación del anterior y nadie, salvo el PP, votó a favor. Es más, siempre pareció que las ideologías prevalecían sobre cualquier otra cosa. Hiciese lo que hiciese el Gobierno municipal su presupuesto estaba sentenciado. Ahora, díganme, por qué la situación es diferente apenas un mes después. Por qué nuestros ediles van a pactar ahora de buena gana y antes no. Por qué va a bajar del cielo -como si fuese el Espíritu Santo- el consenso y va a imbuir a toda la Corporación. En fin… Pero hay una segunda parte: lo que pasó en el Parlamento asturiano. El PSOE vio como el presupuesto del Principado no se aprobó por las enmiendas a la totalidad, entre otros, de Podemos. Ni siquiera se llegó a debatir ya que fue previamente retirado por el gobierno de Javier Fernández. A los socialistas les pareció fatal que Podemos –como aquí el PSOE, insisto- propusiese días después volver a redactar uno nuevo. Fernando Lastra, el portavoz socialista en la Junta, les acusó de actuar de manera «tramposa» y que «distorsiona la realidad». Como ven, la política es del color del cristal con el que se mira. Aquí se hace una cosa y apenas a 30 kilómetros la contraria. Las consecuencias de una prórroga presupuestaria están bien claras: 76 entidades vecinales, sindicales, culturales o deportivas se quedan sin convenio como pudimos leer en estas mismas páginas. Un total de 3,7 millones de euros se encuentran sin asignación y cualquier gestión de recursos va a acabar ralentizada. Los conjuros para sacar adelante la prórroga por parte de los grupos municipales han sido constantes. Según dicen, van a tratar de manejar la situación con agilidad para que los problemas sean menores. ¿De verdad? No me lo creo.

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Ciudad menguante.
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Jose Manuel Balbuena | 13-01-2016 | 15:45| 1

Somos cada vez menos y más viejos. Yo diría que esto es un hecho casi irreversible. Gijón perdió el año pasado 1.812 habitantes. En términos porcentuales, el 0,65% de la población situándonos en 276.473 personas. El colchón que representaba la inmigración para mitigar este proceso se ha perdido. En enero de 2015 había un 9,2% de extranjeros menos, yéndose la gran mayoría por la falta de trabajo y expectativas. El declive demográfico es constante y tiene consecuencias. Más que nada, que no se rejuvenece la población. Una sociedad envejecida hace que la ciudad sea cada vez menos dinámica. En Gijón (y Asturias) hay más geriátricos que guarderías. Más gimnasios que empresas dedicadas a los servicios informáticos. Más sendas para caminar que nuevas líneas de transporte. Una población que no trabaja consume menos por una sencilla razón: ya lo ha consumido previamente. Tampoco se hipoteca porque siente que no le queda tiempo para la amortización. Y no compra bienes –un coche, por ejemplo- porque ha dejado de utilizarlos. En Asturias (y Gijón) se dan los tres jinetes del apocalipsis demográfico: baja natalidad, tendencia fuerte al envejecimiento y saldos migratorios negativos. ¿Se puede parar esto? No, en todo caso contrarrestarlo. Utilizando, sin duda, el mejor método que existe para aumentar el censo: el empleo. El Gijón de los años sesenta –en pleno desarrollismo- crecía a base de recibir población de otros lugares. La creación de Ensidesa, como punto culminante de la industrialización, contribuyó a ello de manera decisiva. Personalmente, no creo mucho en las políticas para aumentar población que se hacen a base de dinero. Esto es, proporcionando ayudas por hijo. Supongo que la inmensa mayoría de la gente no toma esa decisión porque la administración de turno le subvencione. En cambio, si la pareja se encuentra en un entorno laboral estable, no lo duden, acabará por aumentar la familia. En este sentido, la crisis económica tampoco ha ayudado mucho. Ha hecho que no sólo se hayan marchado los inmigrantes, sino que también las decisiones sobre incrementar la natalidad se retrasen. En resumen, yo quiero que mi ciudad se mueva y trabaje. Que se despierte por la mañana y no sea para ir a pasear por El Muro. Que coja el autobús para ir a trabajar y no al parque más cercano. Gijón necesita población joven de forma urgente o se irá apagando.

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Sociedad civil.
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Jose Manuel Balbuena | 09-01-2016 | 12:51| 1

En Gijón (y Asturias) falta sociedad civil y sobra política. Ese contrapoder tan importante en cualquier democracia que se precie y que está por encima de los partidos, simplemente en nuestro paraíso natural no existe. O, por lo menos, se la echa mucho en falta. Digo esto a tenor de cómo se está haciendo política en los últimos tiempos. Sin ideas, sin avances y a base de trincheras ideológicas que paralizan las instituciones. No tenemos presupuestos, ni propuestas, ni tampoco acción de gobierno porque todo se basa en la política del no. Esto es, oponerse ferozmente a cualquier medida que se tome. Es ahí donde esa sociedad civil –que nos representa a usted o a mí- debería actuar. Y el año pasado tuvimos un buen ejemplo. Una de las protestas más importantes de los últimos años obtuvo escaso eco ciudadano. Se trataba de dar un toque de atención sobre la gran obra pendiente de nuestra ciudad: el levantamiento ferroviario (plan de vías) que lleva ya más de 13 años dando vueltas sin avances significativos. Un gran solar vacío en mitad de la ciudad que, hasta hace poco, sólo era un nido de ratas. Una estación intermodal –tanto de autobuses como de trenes- que ahora mismo no se la ve venir. Todo ello, aderezado con un metrotrén –túnel de casi 4 kilómetros de longitud- que costó  por encima de 100 millones de euros y nunca se ha utilizado. Lleva ahí parado desde 2007. Pues bien, con todo había motivos más que de sobra para concentrarse en El Humedal. Para decir basta ya. Sin embargo, no fue así. Apenas mil personas acudieron a aquella manifestación. Hubo bastantes más figurantes este año participando en la Cabalgata de Reyes. En León, para que nos demos una idea, salieron en su día 7.000 personas a protestar por su estación en fondo de saco. Dato tomado de la policía local, porque, según los organizadores, fueron más de 20.000 los que llenaron las calles. Todo un éxito. Aquí, en cambio, ni siquiera se cubrió el empedrado de la Plaza Mayor. También, esa falta de respuesta tiene otra lectura: la escasa influencia en el tejido social de las asociaciones de vecinos. En principio, eran ellas quienes llevaban la voz cantante en este asunto. Son ellas quienes deben representar al gijonés de a pie y, a la vista está, el resultado fue paupérrimo. Puede que a estas alturas necesiten una renovación. No pueden estar concebidas como un entretenimiento para un grupo de personas después de acabar su vida laboral. En otras palabras: un pasatiempo de jubilados. Deberían ser la sociedad civil de Gijón y no lo son.

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El atolladero.
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Jose Manuel Balbuena | 07-01-2016 | 15:22| 0

Decía Chesterton que lo malo no es ya sólo cuando pierdes el camino, sino también el mapa. Es el caso de los tiempos que vivimos en nuestro paraíso natural. Tenemos una prórroga presupuestaria que, lejos de ser una maldición, representa más o menos lo  mismo que si se hubiesen aprobado la cuentas presentadas. Cualquier atisbo de hacer política desde el Gobierno asturiano con dicha herramienta es una pura quimera. El presupuesto se redacta para cuadrar tres conceptos: sanidad, educación y gasto social. Lo demás, es secundario. Es más, durante todos estos años la constante ha sido siempre la misma: rebajar la inversión con objeto de sostener la trilogía antes señalada. Así y todo, fíjense, como el cálculo de los ingresos ha sido siempre premeditadamente optimista, esto ha dado como resultado una abultada deuda: acabamos el año por encima de los 3.800 millones de euros. Cantidad, no lo duden, que tendremos que amortizar pagando más impuestos. Todo ello, debido a que se produce un déficit importante a la hora de financiar el gasto corriente. Partida, claro está, que en absoluto se quiere reestructurar. Sería mentar la bicha. Como consecuencia, gobernar la economía asturiana es de lo más sencillo: simplemente, no se hace. Ni se estimula la inversión, ni el crecimiento, ni una recuperación de la crisis. Más que presidente del Principado tendríamos que votar a un gerente. Un tecnócrata que se dedicase a cuadrar los números en función al siguiente mandato: asegurar los 2.840 millones de euros que cuesta sostener el sistema social. No esperen ninguna estrategia, ruta a seguir, ni nada parecido. La política económica asturiana se nutre del día a día. De pagar la factura de lo social y punto. Este panorama, para mí desolador, ha ido a peor desde las elecciones de mayo del año pasado. La fragmentación parlamentaria, lejos de traer el mapa que decía Chesterton, ha ahondado en este concepto de «economía de lo social» (así gustan llamarlo). En 2016 entramos en prórroga porque, a el grupo clave para poder aprobar el presupuesto, o sea, Podemos, los recursos planteados no le parecían suficientes. Y, ojo, estamos hablando de que se llevaban el 69% del monto total. Refugiados en ese concepto difuso del «rescate ciudadano», tal parece que cualquier cuantía que se ponga a disposición no vaya a bastar. En economía se enseña que las necesidades siempre son infinitas, mientras que los recursos no. Llevamos tiempo saltándonos ese principio y, por eso, nos encontramos en este auténtico atolladero.

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La parte canalla.
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Jose Manuel Balbuena | 02-01-2016 | 12:21| 1

La obra de adecuación provisional del solar del plan de vías ha resultado sencilla en cuanto a su ejecución. Césped, unos bancos, farolas y abrir algún paso más de conexión con Poniente. Más fácil, digo, imposible. Ahora los gijoneses, por fin, podrán disfrutar de una zona que estaba echada a perder: prácticamente, una selva donde había hasta ratas (sí, que las vi pasar delante de mí más de una vez). Cuando lean esto –o a los pocos días- probablemente ya estará abierta para el solaz. Únicamente, se estaba esperando por el asentamiento de la hierba plantada. Sin embargo, la duda que me asalta es por qué algo tan simple no se hizo antes. Es decir, por qué hubo que llegar a los extremos de tener un vertedero urbano en el centro de la ciudad. ¿Fue acaso un tema de dinero? En absoluto, las cantidades para esta actuación –simple como el mecanismo de un botijo, repito- ya estaban consignadas en la sociedad Gijón al Norte desde hacía tiempo. Casi desde agosto de 2014 cuando se firmó un convenio para la adecuación. Además, tampoco representó un desembolso excesivo: sobre unos 450.000 euros. Entonces, ¿cuál fue el problema? Pues, simplemente, lo que muchas veces les digo: esa parte canalla de la política. La obra no se quiso ejecutar antes para que no coincidiese con las elecciones municipales de mayo del año pasado. La cuestión era que nadie –en concreto, el Ayuntamiento, claro está- sacase rédito político del tema. Por eso, tuvimos que esperar y ver cómo un escaparate de la ciudad acababa consumido por la maleza. Y queda aún una segunda parte. Actualmente, situarse en el paso entre Sanz Crespo y Mariano Moré es como estar en dos mundos diferentes. Uno, la civilización con un parque de nuevo cuño y su correspondiente pradera; el otro, una zona donde se podría rodar un programa del aventurero «Frank de la jungla». Una especie de selva urbana –similar a la que había antes en El Humedal- que tiene visos de convertirse en foco de insalubridad. Con el agravante, por más inri, de que ahí va a ir en principio la  intermodal. Esto es, la parte del «solarón» que queda por urbanizar es donde están ubicadas las grandes infraestructuras del proyecto: estación de tren, autobús, aparcamientos… Por tanto, es más que previsible que su adecuación tenga incluso un periodo de espera mucho más largo. Ya ven, podemos celebrar que hemos eliminado una inmundicia y todavía nos toca lidiar con otra.

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Danos terremoto.
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Jose Manuel Balbuena | 26-12-2015 | 10:11| 1

Tomo el título prestado de mi admirado Fernando Savater. El filosofo contaba hace poco una divertida anécdota que le sucedió a su amigo, el escritor leonés Andrés Trapiello. Se encontraba éste por Arequipa (Perú) visitando el hermoso convento de Santa Catalina. Allí, quedó impresionado por la austeridad con que vivían las monjas de clausura. Prácticamente, de espaldas al mundo. La emoción le vino aún mayor, cuando, en una de las celdas, pudo leer la siguiente frase impresa en la pared: «Danos terremoto». Pensó que esas pobres mujeres, no sólo se conformaban con la penuria bajo la cual vivían, sino que también pedían el castigo divino de un terremoto. Alguien le advirtió de que se había borrado la tilde de la ene, y por tanto, donde ponía «danos», en realidad quería decir «daños». Todo ello, como aviso de los múltiples seísmos que tenían lugar en la zona. Pues bien, yo creo que en esta etapa política que estamos viviendo podemos sentirnos como las monjas de clausura del Perú: bajo todas las penalidades imaginables. Los diputados del Parlamento asturiano, no es ya que ni siquiera se pongan de acuerdo para sacar adelante un presupuesto, sino que acaban enfrentados como si estuviesen en un chigre. Se pudo ver este mismo miércoles en la Junta. Los diputados de Podemos fueron acusados por los del PSOE de falta de respeto, sacarle fotos a Javier Fernández e, incluso, de tutearle. Lejos de pedir perdón por el bochornoso espectáculo, la cosa fue aún a más en  los pasillos. Llegó a tal punto que uno de los parlamentarios de Podemos, Andrés Ron Vilanova, cogió del brazo a Gaspar Llamazares pidiéndole éste que le soltase. Como digo, penoso. En Gijón, la ciudad se va a quedar sin presupuestos municipales para el año que viene. La oposición formada por PSOE, IU y Xixón Sí Puede los tumbó a las primeras de cambio. No hubo por el medio grandes negociaciones, alianzas o acuerdos. Dicho de otra manera: la sentencia a las cuentas municipales estaba dictada de antemano. Yo pregunto, ¿se puede seguir así toda la legislatura? Lo que haga (o intente) el gobierno de Foro, ¿no parece acaso que va a ser bloqueado continuamente? Si esta tortuosa forma de hacer política continúa, ¿podemos esperar los gijoneses que nos llegue algo positivo desde el Consistorio? Si la oposición sigue en esta misma línea y logra  ponerse de acuerdo, ¿no cabe que asistamos quizá a una moción de censura a mitad de mandato? Señor: danos terremoto.

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«Sorpasso» consumado.
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Jose Manuel Balbuena | 24-12-2015 | 09:22| 2

Sí, ya sé que de unas elecciones generales no se pueden trasladar resultados hacia las municipales. Que en estos comicios se vota una cosa y en los otros de forma muy diferente. Que sacar conclusiones sería como pintar a brocha gorda: vamos a dejar de captar los detalles. Así y todo, hay tendencias que se muestran claras. Se repiten una y otra vez hasta hacerse casi estructurales. Es el caso, por ejemplo, del PSOE en Gijón. Son las segundas generales en las que sigue perdiendo votos. En concreto, obtuvo 36.275 votos frente a los 48.626 de las anteriores. Su máximo estuvo en 2008 con 82.478 votos y, ahora, fíjense, ha perdido el 56% de los sufragios. Casi nada. Para más inri, ha visto como un partido (Podemos) le ha relegado a ser la tercera fuerza en el municipio. Algo, sin duda, insólito. Los de Pablo Iglesias le han sacado 2.871 votos. «Sorpasso» consumado. La otrora ciudad emblema del socialismo asturiano ya no lo es tanto. El sentido del voto ha cambiado y, si el PSOE no quiere seguir por este declive, necesita hacer algo de forma urgente. Quedarse con los brazos cruzados -o mantener ese cierto conformismo en el que parece moverse- le llevará a pegarse otro batacazo. Por su parte, la coalición PP-Foro ha perdido el 42% de votos respecto a la suma de ambas formaciones por separado en 2011. Eso, si pensamos en términos brutos, representa un mal resultado. Sin embargo, mirándolo desde el punto de vista neto, es decir, qué hubiera pasado de presentarse otra vez cada uno por su lado, no lo es en absoluto. De hecho, les ha permitido ser la primera fuerza política en la ciudad sacándole 6.649 votos a la segunda, o sea, Podemos. Atreviéndonos a hacer política ficción, va a ser difícil que en 2019 no se planteen de nuevo volver a repetir la experiencia. Con todas las dificultades, resquemores y posiciones en contra que queramos; pero, a la postre, juntos se ha demostrado que son más fuertes. Dividir su espacio electoral les hace daño. Por último, a IU le fue mal. Ser la quinta fuerza del concejo es algo que nunca había pasado. Siempre estuvieron moviéndose en el tercer lugar y, esta vez, incluso, son adelantados por los denominados partidos emergentes: Podemos y Ciudadanos. Es más, los primeros le han sacado, ojo, 25.600 votos; mientras que la formación naranja les ha sobrepasado en 11.890. Digamos que IU en la actualidad, se encuentra bajo mínimos. Como se dice en política: en el suelo electoral.

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Sensación de ingobernabilidad.
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Jose Manuel Balbuena | 21-12-2015 | 07:29| 1

Se esperaban unas elecciones con cambios, pero han sido mucho mayores de lo esperado. Incluso con ciertas sorpresas. Como conclusión, podemos decir que la izquierda –entendida como las suma del PSOE más Podemos- ha recuperado mucho terreno frente al centro-derecha. Los socialistas, dado el funesto resultado que le pronosticaban todas las encuestas, han aguantado el tirón con  bastante solvencia. Pedro Sánchez puede respirar tranquilo. Es cierto que su voto baja a mínimos históricos, pero, en definitiva, no podemos hablar en ningún caso de descalabro como casi se esperaba. Alivio, sin duda, en la sede de Ferraz. Podemos cumplió con lo que tanto pregonaba: la remontada. Sus expectativas durante la campaña han ido creciendo hasta conseguir un buen resultado. Los de Pablo Iglesias tienen motivos para estar contentos. En provincias tan importantes como Madrid, hasta han superado al PSOE con creces. En cambio, el PP ha ganado las elecciones en número de escaños, pero no deja de ser una victoria pírrica. Amarga diría yo. Se ha dejado por el camino  63 diputados, aunque sea el partido más votado con diferencia en España. Digamos que lo malo para los populares es volver a formar gobierno: prácticamente imposible. Le ha fallado el posible socio que representaba Ciudadanos. El PP tiene muy difícil de nuevo la investidura de Mariano Rajoy: sus posibles combinaciones con otras formaciones más o menos afines se quedan lejos de los 176 diputados. En cierta manera, varapalo. Lo mismo que Ciudadanos. Albert Rivera se quedó a distancia de lo que la demoscopia le otorgaba. La campaña para el partido naranja se le ha hecho al final bastante larga. Quizá demasiado, y por eso es el partido que más ha quedado por debajo de sus expectativas en el 20-D. Por otra parte, IU no puede formar grupo parlamentario propio al no llegar a los 3 diputados, mientras que UPyD desaparece. En resumen, lo que hemos vivido durante la noche electoral es la formación de un Parlamento de lo más complicado. Hablamos que para elegir Presidente de Gobierno se tienen que poner de acuerdo cuatro partidos o más. La sensación que a uno le queda es que la política española se ha vuelto un poco como la italiana. O sea, que la ingobernabilidad –entendida como una legislatura corta y convulsa, para tener después que volver a las urnas dentro de poco- es lo que más va a predominar.

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Esperábamos más.
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Jose Manuel Balbuena | 19-12-2015 | 10:00| 0

Tiene razón la oposición municipal cuando dice que la reunión de ayer de la sociedad Gijón al Norte fue electoralista. Lo suscribo totalmente. Exactamente lo mismo que este otro anuncio: a unos días de ir a las urnas se licita por parte del Ministerio de Fomento el tramo entre Lloreda y Veriña de los accesos al Musel. Obra muy esperada y que podía haberse realizado mucho antes. Si nos ponemos estrictos, todo lo que se hace durante una campaña electoral tiene que ser visto a la fuerza desde ese punto de vista. De hecho, el propio PSOE, partido que se opone frontalmente al proyecto del plan de vías, hizo exactamente lo mismo que critica. En una rueda de prensa previa a esta reunión, la consejera de Fomento, Belén Fernández, despotricó todo lo que quiso y más sobre la nueva propuesta de Fomento y Ayuntamiento. La puso a parir. Vamos, que sólo le faltó decir que era un mojón: un montón de mierda. Según su versión, mover la intermodal desde Moreda a las inmediaciones del Museo del Ferrocarril, va a representar para la ciudad algo peor que  todas las plagas bíblicas sobre Egipto juntas. Tan feroz ataque, pregunto, ¿no se entiende si no es en base a que estamos inmersos en una campaña electoral? ¿No es acaso también electoralismo puro y duro? Ustedes mismos. Dicho esto, de la reunión en sí esperábamos más. Mucho más, diría yo. Por lo menos, que se hubiese aprobado ya el nuevo diseño de la zona, además, claro está, de certificar que la intermodal va a ir a la altura del Museo del Ferrocarril. Por contra, el Consejo de Administración de ayer sólo sirvió para ratificar la continuidad de los estudios técnicos. Demasiado poco porque se tenía que haber conseguido un avance mucho mayor. Ahora, esa nave llamada plan de vías de Gijón queda a merced de los vientos que soplen desde Madrid. El nuevo gobierno que salga el 20-D puede hacer básicamente tres cosas. Una, seguir el camino emprendido; dos, volver al plan antiguo; y tres, no hacer nada. Probablemente, esto último, créanme, es lo que tiene más posibilidades de ocurrir. Lo de ayer me deja con un cierto regusto amargo. Se había avanzado bastante en la dirección correcta –buscar una mayor centralidad para la futura estación- pero no ha sido suficiente.

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