El Comercio
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Teorías chungas.
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Jose Manuel Balbuena | 19-07-2016 | 10:04| 0

Espero que los magistrados de la Audiencia Nacional no tengan internet. Si me apuran, hasta que no lean El COMERCIO. Lo digo por el incidente de ejecución de sentencia –en lenguaje jurídico- sobre el que tienen que resolver. Verán, el pasado viernes supimos que tan alto tribunal abrió un resquicio para nuestra malograda depuradora Este. Esto es, aceptó debatir con pruebas los perjuicios medioambientales que supone para Gijón estar sin la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR). Como saben, una inversión de 36 millones de euros que se encuentra paralizada al declararse ilegal. Pues bien, si sostengo que es mejor que los magistrados de la Audiencia sean como monos chinos –al menos, que ni vean ni escuchen- es por las sucesivas declaraciones de la consejera de Medio Ambiente, Belén Fernández. La máxima responsable de que nuestro paraíso natural siga conservando tal nombre, ha hilado un discurso ecológico sobre la EDAR de lo más pletórico. Vamos, que es como para enmarcarlo. Siempre, al hecho de que estemos vertiendo las aguas fecales de 150.000 personas al mar sin ningún tipo de tratamiento, le ha restado importancia. Tiene claro que el Cantábrico puede con todo. Y el pasado día 30 de junio lo volvió a repetir en la propia Junta. Ante las preguntas del diputado de Podemos, Héctor Piernavieja, reiteró hasta la saciedad que nuestro mar posee una «capacidad autodepuradora» inmensa. O sea, que le puedes echar mierda a barullo –como es el caso- y no pasa nada. Para la responsable del medioambiente asturiano tal parece que la situación actual no sea tan grave. Recapitulemos: tenemos una planta depuradora parada «sine die», unos vertidos que salen al mar como nuestros cuerpos los arrojaron al mundo, y fugas probadas en los emisarios submarinos. Ideal del todo. Si espero que la ignorancia de los magistrados sobre la política asturiana sea supina, es porque lo que está en juego es una autorización para poner en marcha el sistema de pretratamiento. Mal menor y que sería un parche a todas luces. Los vecinos de El Pisón, a mala leche, dicen que van a pedir el testimonio de Belén Fernández ante la Audiencia. A ver cómo sostiene que la costa gijonesa está estupenda, los análisis del agua impecables y el verano va viento en popa. Si así lo hace, dirán entonces los magistrados que no ven ningún problema en seguir igual: con una EDAR muerta. Si no, a ver cómo explica estas teorías chungas que ha mantenido hasta ahora.

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Mimetismo yihadista.
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Jose Manuel Balbuena | 17-07-2016 | 08:04| 0

Veo la foto del autor de la masacre de Niza y me parece un tipo normal. Mohamed Lahouaiej Bouhlel, que así se llamaba, tenía 31 años, pelo corto y rasgos afilados. No esperen a alguien con barba larga, túnica hasta los tobillos o similar. Nada, absolutamente nada, nos haría sospechar de él. Vivía en el barrio de Le Rouret, una zona obrera del norte de Niza. En su apartamento, situado en el piso 12º, sólo hay desorden. Ningún símbolo religioso, banderas de grupos terroristas o simpatía alguna por extremistas. Sin embargo, el pasado 14 de julio cometió una auténtica matanza. Llegó en bicicleta hasta un camión que previamente había alquilado, y arrasó el paseo marítimo de Niza llevándose 84 vidas –junto con otras tantas pendientes de un hilo- a su paso. Imagínense, no sé, que esto mismo sucediera aquí. La noche de los Fuegos de Begoña en Gijón, o durante las fiestas de San Mateo en Oviedo. Sólo con pensarlo… Me pregunto qué es lo que le ha llevado a hacer semejante barbaridad. En principio, y según los servicios secretos franceses, no hay vínculo directo con el autodenominado Estado Islámico (ISIS en inglés). Pese a que este sanguinario grupo ha celebrado la barbarie y terminó reivindicándola casi dos días después. Los vecinos y familia de Lahouaiej aseguran que no era un hombre religioso. Más bien, todo lo contrario. Bebía alcohol con profusión, estaba en proceso de divorcio de su mujer por malos tratos, y la comunidad musulmana ni lo conocía. Vamos, que no pisaba una mezquita ni por asomo. No estamos, pues, ante un fundamentalista cualquiera: un «lobo solitario» que llaman los expertos. No parece que tuviese manuales con instrucciones detalladas a seguir, ni que gritase «Alá es grande» a la hora de cometer la atrocidad. Tal parece como si su motivo principal hubiese sido la frustración. Eso sí, ejecutada el más puro estilo yihadista. Quien sabe si este tipo, ante sus problemas personales, decidió vengarse del mundo la noche del jueves. Quien sabe si lo único que hizo fue copiar un «modus operandi», difundido mil veces en los videos y propaganda de ISIS. Entonces, la conclusión es clara: podemos ser objetivo de cualquiera por fanatismo o simple mimetismo. Y a los estados, ante este abanico de posibilidades, les es más difícil que nunca defendernos. Francia tiene 10.000 soldados en las calles y la propia ciudad de Niza posee protocolos contra ataques químicos o nucleares. Ahora bien, lo que nadie podía prever es que un simple camión pudiese organizar semejante carnicería.

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El sobrecoste infinito.
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Jose Manuel Balbuena | 16-07-2016 | 07:32| 0

El informe del Tribunal de Cuentas sobre la obra de la ampliación de El Musel es impactante. No voy a decir demoledor, porque eso ya lo fue otro: el de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude. Sin duda, origen de todo este proceso de revisión que está viviendo la mayor obra civil realizada en Asturias. La fiscalización del Tribunal de Cuentas deja clara dos cosas: una, que la infraestructura estaba mal planificada ya en su origen y dos, que su gestión fue una chapuza lamentable. Según el Tribunal, la obra de ampliación tenía un diseño defectuoso desde el principio. Es decir, se motivó la construcción de esta infraestructura en base a una expectativa de tráfico – y también de ingresos para la Autoridad Portuaria, claro- demasiado optimista. Tanto, que jamás se dio ni por asomo. Empezamos bien. Y a partir de ahí, esto es, cuando ya comenzó el trabajo en sí, el desmán fue absoluto. Una espiral continua de aumento en el gasto que nadie fue capaz de controlar. El precio de los materiales –pese a estar cerrado en contrato- subió un 76% más del inicialmente previsto. Siguió durante la ejecución -¿se acuerdan de aquellos temporales del Cantábrico, el tráfico de camiones, los pesajes, etcétera?- y hasta la asistencia técnica se vio afectada por semejante orgía: fue un 125% mayor de la inicialmente prevista. Resultado: lo que estaba adjudicado en 579,2 millones de euros ha acabado –ojo, que todavía hay una reclamación pendiente de la UTE Dique Torres- en 703. Consecuencia: la deuda cifrada a finales de 2014 por el Tribunal de Cuentas asciende a 465,7 millones de euros. Una losa, una auténtica piedra atada al cuello de El Musel, que le asfixia e impide si quiera moverse. Es más, como quiera que a partir de este año toca amortizar el préstamo del Banco Europeo de Inversiones, la situación financiera todavía irá a peor. Los intereses y la amortización se comerán los presuntos beneficios generados durante muchos años. Sin embargo, lo indignant es que esto estaba planeado ce por be. En el primer consejo de administración que realizó la UTE, se decía así de claro: querían ir negociando los sobrecostes y eso que ni siquiera habían comenzado. Algo parecido a lo que sucedió en el canal de Panamá, pero allí las autoridades no tragaron. En cambio aquí se dijo que sí a casi todo, hasta que la situación resultó insoportable. Se formó una bola de gasto de tan colosales dimensiones que, incluso, a día de hoy, no sabemos muy bien dónde acabará.

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Llegó la hora.
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Jose Manuel Balbuena | 14-07-2016 | 10:54| 1

Por mucho que lo intente el PSOE, no lo va a poder evitar: al final, tiene que decidir. Tendrá a la fuerza que abstenerse si no quiere llevarnos directamente a las urnas. Cosa que se veía venir incluso antes de las elecciones de junio. Algo que debería estar más que previsto, pero que le ha vuelto a pillar con el paso cambiado y sin estrategia. Unos barones dicen una cosa, mientras que otros sostienen la contraria. Hacen un Comité Federal para unificar posturas, pero al día siguiente cada uno va por su lado. Pedro Sánchez, alias el desaparecido, no parece querer involucrarse en todo este proceso. Desde el pasado 26-J no le hemos vuelto a ver, excepto, claro está, para acudir a la reunión del sábado y en el día de ayer. Los otros partidos, en cambio, reaccionan. La táctica del PP está clara: rodear a los socialistas para que tengan que apoyar a Mariano Rajoy de una u otra forma. Intentar tejer una tela de araña donde el PSOE quede atrapado por una negativa que, en principio, es para las dos sesiones de investidura. La trampa saducea propuesta por los populares sería: o gobierno de Rajoy, o unas terceras elecciones. Siempre, obviamente, culpándoles de esa supuesta –y profundamente dañina, diría yo- nueva convocatoria electoral. Pablo Iglesias, por su parte, no para de meter cizaña. Al ver grietas en la (no) estrategia de los socialistas, intenta colar sus maldades. Quiere promover un pacto imposible empezando a unir partidos. Vuelve, al igual que en el Macbeth de Shakespeare, a decirle a Sánchez aquello de «Tú serás Rey». Y lo malo es que este canto de sirena, esta especie de anzuelo lanzado desde Podemos, acaba calando en determinados sectores. Ciudadanos, por fin, ha encontrado su postura. Han pasado de un veto a Rajoy, a dar por sentado que facilitarían la gobernabilidad mediante la abstención. En todo caso, la fórmula de la formación naranja resulta razonable: un gobierno del PP en minoría con apoyos puntuales para sacar adelante la legislatura. Sin duda, mejor eso que nada. El PSOE, pues, no puede escapar a su destino. Tiene que decidir de forma pragmática qué va a hacer. Alargar plazos tampoco le favorece demasiado. El partido se desgasta en opiniones contrarias, luchas de poder y divisiones territoriales. Lo suyo es empezar a ejercer como líder de la oposición cuanto antes. Ahora bien, entiendo que para algunos no sea nada sencillo: abstenerse en la formación de un gobierno de la derecha, es un sapo difícil de tragar. Da munición a sus enemigos políticos. Sin embargo, parafraseando a Enrique IV de Francia, «España bien vale una abstención».

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La liturgia.
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Jose Manuel Balbuena | 12-07-2016 | 11:15| 0

Yo no creo en la concertación social. La considero un mecanismo anticuado, obsoleto y que, de ninguna manera, da solución a los problemas económicos que presenta un territorio. Y buena prueba de ello ha sido la crisis. Pese a que se siguieron firmando acuerdos de concertación social a tutiplén por el Principado, el desempleo no paró de crecer. Pese a que se anunciaron inversiones millonarias -siempre sobre el papel y nunca en la realidad- la economía no se recuperó por mor de estos convenios firmados con los agentes sociales. Fueron otros factores exógenos a cualquier tipo de pacto –por ejemplo, la bajada del petróleo o la macroeconomía nacional- los que contribuyeron a esta tibia recuperación que estamos experimentando. Sin embargo, cual liturgia eclesiástica parece que nuevamente se vuelve a repetir. Ahora, es Gijón quien confía en este sistema fracasado para, supuestamente, recibir impulso. Son 158 millones de euros los que se pretenden poner encima de la mesa de cara a dinamizar la ciudad. Exactamente 54 millones más que su predecesor anterior, «Gijón Impulsa». Acuerdo del cual no sabemos muy bien su repercusión efectiva. Sí, porque una de las características de este producto –cien por cien creado y desarrollado en Asturias- es que no posee mecanismos de control. Los millones caen –como quien lanza maíz a las gallinas- sin que nadie sepa exactamente si al final genera empleo estable o no, o si el PIB crece gracias a su influjo. La concertación social se hace porque es una tradición –una inercia, diría yo- sin que ninguno de los intervinientes la evalúe. En esta edición – que según parece terminará llamándose «Gijón crece»- incluso se va más allá. Para engordar la cifra final, se mete la inversión a desarrollar en Tabacalera como espacio de apoyo a la industria creativa y cultural; así como las ayudas a rehabilitaciones de fachadas y barrios degradados. Un «totum revolutum» fenomenal en el que cabe casi cualquier cosa. Ya me dirán si no cómo piensan impulsar la economía, basándose en las propias subvenciones que el Ayuntamiento concede. El caso es que ya lo tenemos ahí. «Gijón crece» -o cómo finalmente se llame- verá la luz el próximo jueves, previo remate de flecos pendientes que tendrá lugar hoy. Eso sí, nos vamos a enterar de sobra porque están previstos 2,6 millones de euros para su difusión y publicidad. La concertación social nos aturdirá con su fanfarria (y nula efectividad) durante los próximos cuatro años.

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No somos menores.
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Jose Manuel Balbuena | 09-07-2016 | 07:51| 1

Vivimos tiempos donde la dictadura de lo políticamente correcto campa a sus anchas. A uno ya no le dan la oportunidad de elegir, sino que lo hacen por él. A ustedes o a mí las cosas nos vienen dadas. Ni siquiera tenemos derecho a tomar una postura, porque ésta se decide de antemano. Digo esto por la suspensión del concierto del cantante Francisco. Como saben, el artista colgó en las redes sociales –auténticas sentinas de la sociedad donde muchos chapotean- insultos impresentables hacia la vicepresidenta de la Comunidad Valenciana, Mónica Oltra. Pues bien, le faltó tiempo a nuestro Consistorio para ponerse en guardia. Es decir, para plantearse la supresión del vínculo contractual entre  cantante y Ayuntamiento vía alquiler del Teatro Jovellanos.  Y el resultado final es de sobra conocido: Divertia, la sociedad municipal que gestiona los eventos, decidió ayer cancelar el concierto que iba a tener lugar el viernes que viene. Bajo el eufemismo de evitar posibles “desórdenes públicos”, lo que hubo fue un veto en toda regla por parte de lo políticamente correcto. Francisco no da el recital previsto en el Jovellanos porque sus declaraciones –insisto, más desafortunadas imposibles- son consideradas machistas. A este paso cualquiera que actúe aquí va a tener que pasar a la fuerza el nuevo filtro autoimpuesto. Veremos a ver a quién le toca el año que viene. Al ciudadano no se le da la oportunidad de ir o no a un espectáculo en señal de rechazo, sino que se hace lo que presuntamente más le conviene. A este paso, digo, nos vamos a acabar metiendo en silogismos de imposible resolución. El futbolista del Barcelona, Leo Messi, ha defraudado a Hacienda. Así lo ha dicho un magistrado esta misma semana. Pregunto, ¿se le va a impedir pisar El Molinón cuando venga con su equipo? ¿No es también muy reprobable y socialmente mal visto –más en un personaje de esta relevancia- el evadir impuestos de forma millonaria? Creo que con la suspensión del concierto de Francisco no se hace ningún favor a Gijón. En cierta manera, se está coartando la libertad de los gijoneses para expresar su opinión, que de ninguna manera tiene porque ser violenta o similar. Quien quiera censurar la actitud de Francisco siempre tiene la oportunidad de no ir a su concierto y punto. Lo  mismo que cambiar de canal en televisión cuando una opinión no gusta, o pasar página en este periódico si esta columna le resulta repulsiva. Sin embargo, tal parece que en esta ciudad es el Consistorio quien va a realizar esta función por nosotros. En fin, ni que fuéramos menores.

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Ser normales.
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Jose Manuel Balbuena | 07-07-2016 | 11:24| 2

Así lo ha dicho Pablo Iglesias: Podemos pretende afrontar un proceso de «normalización» como partido. Gráficamente, «pasar de ser un ejército de partisanos a uno regular» en palabras del propio Iglesias. Su número dos, Iñigo Errejón, apuntaló la idea diciendo que el partido pasará a ser diferente: «menos sexy y más predecible». Sin duda, todo un viaje que no sabemos muy bien cómo acabará. Ya lo ha manifestado el propio secretario general de forma muy clara: «En cuatro años ganamos o nos podemos dar una hostia de proporciones bíblicas». Pues bien, entiendo que este giro copernicano sólo pretende una cosa: ganarse al electorado de centro-izquierda. Algo que con la suma de IU al proyecto consideran que han perdido. El problema está en que esto puede ser mal entendido en muchos sectores del partido. Podemos nació al calor del 15-M: un movimiento contestatario con la política tradicional y que pretendía acabar con ella. Lo que dicen ahora los profesores de La Complutense a sus bases es que esta idea primigenia se acabó. Que con la actual estructura y tras el 26-J han tocado techo. Que de seguir por ese camino acabarán convirtiéndose en un partido de oposición eterno, cuando no en una fuerza menguante que nunca aspira a gobernar. Algo que siempre habían achacado a IU: el «pitufo gruñón» (Iglesias dixit) sin ambición alguna por La Moncloa. La cúpula de Podemos piensa que este cambio es necesario, ya que, en su forma actual, da miedo a ciertos sectores del electorado. Argumento principal que han esgrimido para explicar el millón de votos perdido en las elecciones. Consideran que tiene ganar peso por el centro, aunque sea a base de perderlo por la izquierda. No hace falta ser un adivino para ver que vienen tiempos convulsos en Podemos. Tratar de ser una fuerza tradicional –con todo lo que ello conlleva: órganos de dirección fuertes y ejecutivos, menos asamblearismo, menos referéndum, etcétera- le puede sentar como un tiro. Un proceso de transformación interna muy doloroso y que no sabemos a dónde llevará: a tener una estructura más férrea y disciplinada, o a romperse en mil pedazos. La tendencia natural de Podemos hacia la división es innegable. De hecho, como ya sucedió en la corta legislatura de diciembre, fue poner el pie en el Congreso y varios de sus grupos querían independizarse. Por tanto, los riesgos latentes de llevar a cabo esta estrategia son más que evidentes. O dicho de otra forma: lo que se puede ganar por un lado (el votante más moderado), igual se acaba perdiendo por el otro (el más reaccionario).

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El área metro…¿qué?
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Jose Manuel Balbuena | 05-07-2016 | 11:54| 0

El área metropolitana que quiere poner en marcha el Gobierno asturiano se basa en una cosa: los transportes de cercanías. Sostiene el proyecto que con una buena red interconectada, el que 29 municipios funcionen al unísono sería relativamente sencillo. Una maquinaria global – que se sustenta en una supuesta intermodalidad- capaz de mover a miles de personas sin tener que utilizar el coche. Sin embargo, como a toda idea que está mal cosida le están fallando hasta los hilvanes. La semana pasada fue caótica para Renfe ancho métrico (antigua Feve). Resultaron cancelados –sin previo aviso- más de 150 trenes. Sólo el miércoles se suprimieron de sopetón 40 y el sábado sobre unos 14. La indignación de los viajeros que se podía leer en estas mismas páginas era suprema. Contaban cómo se encontraban en un apeadero cualquiera –sin ni siquiera servicio de megafonía- y el tren no llegaba. Los dejaba literalmente tirados sin que nadie les apercibiera de antemano. Es alucinante pensar que sobre este servicio, sin duda, tercermundista, se pueda construir toda un área metropolitana. Sólo en las ensoñaciones del Gobierno asturiano puede encajar una idea así. El Ministerio de Fomento, titular de la competencia, anunció un plan de inversiones para relanzar las cercanías. Son 1.257,7 millones de euros de inversión en tres años que incluye un servicio wi-fi en los trenes: por cierto, pijada total cuando ves que ni son capaces de llegar a su destino. El problema es que todo eso se quedó en nada. Humo electoral. A día de hoy el ancho métrico asturiano es un auténtico desastre. Y sobre él, no se puede construir absolutamente nada. La consejera de Fomento, Belén Fernández, en una de sus teorías chuscas, propuso hace poco bajar la velocidad en autovías a 90 kilómetros por hora. Sostiene que «Hay que combatir por todos los medios la actual situación predominante del vehículo privado». Sí, vale, ¿y por qué lo sustituimos? ¿Por una red ferroviaria caduca, obsoleta y que encima te deja en el anden? Si se quiere reducir el uso del coche, no sé, entre Gijón y Oviedo, ¿se va a hacer acaso con una estación –la de Sanz Crespo- alejada del centro y que tiene un servicio lamentable? A mí me parece que queremos empezar la casa por el tejado. Hablar de un área metropolitana cuando tenemos medios de transporte públicos casi del siglo XIX, no tiene absolutamente ningún sentido. Bien haría el Gobierno asturiano en presionar a Fomento para conseguir una red de cercanías digna. Y a partir de ahí, hablamos…

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Tutela de hierro.
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Jose Manuel Balbuena | 02-07-2016 | 09:04| 0

Puertos del Estado controla El Musel como acreedor que es. Digo más, lo hace sin cortarse un pelo. Está presente en todas y cada una de las decisiones que se intentan tomar desde Gijón, y no tiene ninguna duda a la hora de bloquear la presunta autonomía portuaria. Fíjense si no lo que sucedió el pasado jueves. En el consejo de administración que se celebró, el represente del Ministerio de Fomento, enfrió completamente las tres propuestas realizadas desde la propia Autoridad Portuaria. A la postre: el rescate de la rula, la refinanciación de la deuda y, sobre todo, la construcción de un hotel de lujo en nuestra ciudad. Esto último, lo de alquilar la antigua sede del Puerto para convertirla en un cinco estrellas, sin duda, es lo más llamativo. Como saben, el edificio del Muelle lleva tiempo vendiéndose. En concreto, más de un año sin que nadie se interese por él. La oferta de una cadena hotelera para explotarlo mediante una fórmula de alquiler a 50 años, no parece que encaje en los planes de Fomento. Más bien, lo que quieren desde Madrid es pasta. Dinero contante y sonante con el que reducir la abultada deuda. El problema, insisto, está en que no hay compradores a la vista. En Gijón lo que sobran son edificios de postín y lo que falta es inversión. Ahí tienen, por ejemplo, la antigua sede judicial de la calle Decano Prendes Pando. Si alguno de ustedes tiene disponibles 10,2 millones de euros, puede adquirir el inmueble en pleno centro. Oportunidad única que nadie parece querer aprovechar. Incluso hasta le han rebajado el precio -se empezaron pidiendo 11,3 millones-, pero, así y todo, el Principado sigue sin recibir ni una sola oferta. Exactamente igual que los juzgados de Donato Argüelles que ahora se valoran en poco más de 900.000 euros. Y sobre las parcelas del plan vías, mejor ni hablamos: salieron por 70 millones -y eso que supuestamente eran un caramelo- pero ahí están. Pregunto, ¿por qué Puertos del Estado desdeña la oportunidad de sacarle una rentabilidad a un edificio que se está deteriorando? Si estamos viendo que las grandes operaciones inmobiliarias están paradas, ¿por qué desperdiciar esta ocasión –excelente para nuestros intereses turísticos- a la espera de que el mercado recupere el dinamismo perdido? Al fin y al cabo, es la misma estrategia que utilizaron numerosos particulares con los inmuebles que no lograron vender: alquilarlos a la espera de tiempos mejores. En fin, no sé si esto se ve así a quinientos kilómetros de distancia. Desde aquí, por lo menos, está muy claro.

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Sobre pactos y apareamientos.
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Jose Manuel Balbuena | 30-06-2016 | 17:42| 4

Contradicciones. Eso es lo que hemos visto hasta ahora desde el 26-J. Discursos confusos que un día dicen una cosa y al siguiente la contraria. Mucho ruido y pocas conclusiones. Albert Rivera sostiene que él nunca ha vetado a Mariano Rajoy, pero al mismo tiempo señala que la formación de un hipotético gobierno no podría estar presidido por él. Pregunto, ¿cómo se llama entonces a eso? La lista de proscritos más reciente por parte de Ciudadanos incluye al ministro de Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, y al de Hacienda, Cristóbal Montoro. Anteriormente, le había tocado el turno a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Una vez más, creo, se vuelven a equivocar los del partido naranja. Sus más de tres millones de votantes esperan de ellos precisamente eso: que formen gobierno con el PP e incluso hasta que participen. Lo contrario, pasar directamente a la oposición, sería condenar al partido a la nada. A la irrelevancia más absoluta. El papel de oposición, después de estos comicios, ya parece habérselo adjudicado el PSOE de antemano. Luis Garicano, el responsable de economía en Ciudadanos, sería un estupendo ministro. El diputado de Nueva Canaria, Pedro Quevedo, dijo que apoyaría la investidura de Rajoy con su abstención. El partido coaligado al PSOE manifestaba así su voluntad de evitar un bloqueo. Su voto puede ser decisivo en un presunto pacto de investidura entre varias fuerzas: a la postre, Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y la susodicha formación. Ahora bien,  en menos de veinticuatro horas y vía twitter, ya se ha desdicho por completo de sus palabras. Ni se va a abstener ni, por supuesto, votar a favor. Unidos Podemos está noqueado. No tiene fuerza (ni ganas) para entrar en una política pactos al margen del PP. ¿Qué me pasa doctor?, es lo que se están preguntando sin encontrar respuestas. Y por último, los socialistas no quieren líos. Evitan el desgaste de una negociación a toda costa. Sin duda, no van a apoyar un gobierno del PP y se muestran favorables a liderar la oposición sin más. Xabier Arzalluz, el ex presidente del PNV, decía que el llegar a pactos en política tiene muchas similitudes con los rituales de apareamiento. Es decir, en ellos los animales –y humanos, si me apuran- siempre muestran actitudes agresivas e incluso hasta se rechazan mutuamente. Sin embargo, al final todo el mundo se quiere aparear. ¿Tendrán los cuatro grandes partidos instinto de supervivencia y terminarán aperándose? He aquí la pregunta clave para evitar unas terceras elecciones.

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