El Comercio
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Hasta el infinito.
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Jose Manuel Balbuena | 31-10-2017 | 05:37| 0
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¿Por qué? Es lo que se anda preguntando el equipo de gobierno municipal. Por qué cada vez que presenta el presupuesto de una empresa o ente municipal, la oposición lo tumba sin mayores miramientos. Le ha pasado con el de la Empresa Municipal de Aguas y Centro Municipal de Empresas. A los cuales esta semana pueden añadirse todavía más rechazos, en una cadena que resulta dolorosa e incomprensible para los de Carmen Moriyón. Todo ello, junto con la no aprobación de las ordenanzas fiscales, arroja un panorama muy sombrío sobre las cuentas para el año que viene. Es más, a día de hoy podemos decir que estamos más cerca de una prórroga que de cualquier otra cosa. La clave en esta próxima negociación, según parece, se va a encontrar en el servicio de ayudas a domicilio. Una remunicipalización muy deseada por la izquierda, a la postre, Xixón Sí Puede (XSP) e IU, y que costaría, según informes de Intervención, sobre tres millones de euros de sobrecoste al Consistorio. Como ven, no es moco de pavo. La concejala de Hacienda, Ana Braña, dijo en estas mismas páginas que «ningún informe jurídico ni económico avala la municipalización de este servicio». Sin embargo, desde XSP les ha faltado tiempo para recalcar que ellos han presentado ya tres, apoyando que se dé el paso. Por informes –de un signo y el contrario- no parece que vaya a ser. Además, la formación morada quiere asegurar «la continuidad de la renta social municipal y el aumento de su dotación». Ahora ampliándola a quienes no tienen ningún ingreso o por debajo del mínimo. En fin, siempre les dije lo mismo sobre la prestación estrella de esta legislatura: nació para ir creciendo hasta el infinito y más allá. Sin límite alguno ejercicio tras ejercicio. Por tanto, el quid de este año en la negociación presupuestaria –al igual que el pasado- va a consistir en ver si Foro traga con las propuestas más onerosas de la izquierda. Es decir, si hace un Ayuntamiento todavía más volcado –y mira que ya lo está- hacia la ayuda social (el famoso «rescate ciudadano»), olvidándose de todo lo demás que conlleva una cuidad (infraestructuras, nuevos viales, etcétera). Un ente mastodóntico que ya no sólo se conforma con ser una máquina de subvenciones, sino que pretende tener en nómina a un ejército de funcionarios. Hoy el presupuesto viene condicionado por la situación de doscientas trabajadoras que prestan el servicio de ayuda a domicilio. Pero, y mañana, ¿qué? ¿Qué servicio debe también remunicipalizarse? ¿El de préstamo de bicicletas que es muy guay y está en declive? ¿El de conservación viaria? ¿El de mantenimiento de luminarias y semáforos? Lo dicho: hasta el infinito y más allá.

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Para niños.
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Jose Manuel Balbuena | 28-10-2017 | 06:14| 0
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Siempre mostré mis reticencias sobre los presupuestos participativos. Ya saben, esa nueva fórmula por la cual los ciudadanos deciden el destino de una parte de los recursos. A mí me parece que esto no deja en muy buen lugar a la política. Es decir, que la hace menor. Si uno vota a alguien es para que lo represente -escuche, por supuesto- y luego tome decisiones en consecuencia. Se entiende que los concejales tienen más capacidad y mejor información que cualquiera, más que nada porque se dedican a ello. Y si no es así, entonces la pregunta resulta obvia: para qué los queremos. La respuesta ciudadana a este sistema suele ser muy baja –apenas un 2% en esta ocasión- y mira que se intenta subir. A la puerta de la Feria de Muestras este año, y en pleno mes de agosto, me dieron un folleto invitándome a participar. Lo cogí con extrañeza porque, la mayoría de los que allí estaban, eran turistas que nada tenían que ver con la ciudad. O sea, les importaba un comino los presupuestos de Gijón y lo que hiciésemos con ellos. Campaña, por tanto, absurda y dinero tirado. Pues bien, la concejala de Bienestar Social y Participación Ciudadana, Eva Illán, nos dice que tenemos que estar contentos. Ha aumentado el número de votantes hasta alcanzar los 4.774 gijoneses y eso, en comparación con otros municipios donde no llegan ni al 1% del censo total, representa un éxito. Por ello, quizá quiere llevar este proceso hasta límites insospechados. Illán tiene pensado cuando menos algo sorprendente: partidas para la infancia donde niños entre 8 y 17 años puedan decidir también sobre el dinero. Como lo oyen. Imagínese, no sé, a un crío proponiendo que quiere unos columpios en el parque de enfrente de casa, o a uno más mayorcito que desea habilitar lugares para hacer botellón. Desde luego, si ya los presupuestos participativos tienen claroscuros importantes –las propuestas recibidas son un «qué hay de lo mío» constante- como para abrirlos a quienes no son legalmente ni mayores de edad. Este disparate, no lo podemos calificar de otra manera, está en estudio. Igual, espero que no, hasta se pone en marcha. Lo cual, vuelvo a repetir, nos llevaría a la conclusión de que la política es un juego de niños. Cualquiera, hasta un infante que debería preocuparse más por sus tareas escolares, la puede llevar a cabo. Es tan sencillo como ponerse delante del ordenador, hacer clic en el ratón y ponerse a gastar cinco millones de euros. La cantidad que este año se ha reservado. Además con bronca, porque, entre los vecinos y el área de Participación Ciudadana, no hay en absoluto buen rollo. Incluso han pedido a la Alcaldesa el cese de la concejala. Como ven, pocos y encima mal avenidos.

 

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Entre elecciones y el martirio.
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Jose Manuel Balbuena | 26-10-2017 | 04:38| 0
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En estos días se está discutiendo sobre si la convocatoria de unas elecciones anticipadas debe parar el artículo 155. Esto es, la aplicación del precepto constitucional que el Gobierno aprobó el sábado en Consejo de Ministros. Unos dicen que el vidrioso Carles Puigdemont, en un nuevo juego de trile, lo haría para así evitar la intervención de la autonomía. O sea, estaríamos hablando de un último recurso «in extremis» para salvar el autogobierno y su pellejo político. Sin embargo, otras corrientes del independentismo quieren directamente el martirio. Proclamar sin pudor la desobediencia civil y la lucha callejera. Una declaración unilateral de independencia (DUI) en el Pleno que hoy se celebra en el Parlament y a la batalla. De barricada en barricada hasta construir una república socialista, tal y como pretenden los antisistema de la CUP. Pues bien, a mi juicio el 155 se debe aplicar con todas las consecuencias pase lo que pase. Es decir, tanto si Puigdemont convoca elecciones como si, con mucho más motivo, se llega a declarar la famosa DUI. Miren ustedes, el Estado tiene la obligación de permanecer en Cataluña para hacerse fuerte. Un entramado como el que ha montado el secesionismo no se desmonta de un día para otro. Han sido demasiados años de laxitud en las leyes, de concesiones y prebendas al nacionalismo radical como para pensar que las urnas lo arreglan todo. Independientemente de su resultado, que eso ya es casi es un tema menor. Desde luego, lo que está en juego es la propia viabilidad del sistema. Que Cataluña no se convierta en una economía fallida. La política de tierra quemada que se practica ahora es a lo que la aboca. Más de 1.400 empresas han abandonado la comunidad y dicen que es para no volver. Se temen lo peor: que tras un paréntesis electoral y la consiguiente formación del Parlamento, las cosas sigan exactamente igual. Que nada cambie y, por tanto, vuelvan las presiones, amenazas y el ambiente enrarecido en la calle. Así está claro que nadie puede trabajar. Los empresarios necesitan otro caldo de cultivo que este independentismo, bravucón y montaraz, no les puede dar. Resulta obvio, por tanto, que la labor del Estado para restablecer la normalidad debe prolongarse más allá del corto plazo. Pensar que una fractura de este tipo se soluciona de una forma tan sencilla (convocando comicios ahora o en seis meses como tienen acordado PP, PSOE y Ciudadanos), sería completamente iluso por nuestra parte. Dudar a estas horas sobre la forma de aplicar la Constitución –con retroceso y marcha atrás- sólo envalentona a quienes quieren destruirla. Entiendo que unas elecciones son un medio y no un fin.

 

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Un año en rojo.
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Jose Manuel Balbuena | 24-10-2017 | 04:37| 0
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Hoy se celebra el debate sobre el estado del municipio. Ya saben, un Pleno en el que se analiza la gestión del gobierno municipal durante su último año. Vamos a revisarla. En el haber, Carmen Moriyón y su equipo pueden presumir de desbloquear el plan de vías. La llegada del nuevo ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, junto con el cambio en la consejería de Infraestructuras del Principado, con Fernando Lastra al frente, dieron un resultado muy positivo. Se avanzó en la confección de un proyecto con el que comenzar de nuevo. Hasta entonces, sin duda, la nada presidía nuestro eterno levantamiento ferroviario. Ahora, sin embargo, tenemos plan, plazos y aportaciones a realizar por parte de las administraciones. Como digo, un logro de nuestros gobernantes que pusieron su empeño en ello. Asimismo, el PGO está en marcha. No todo lo rápido que quisiéramos, pero, al fin al cabo, va dando los pasos necesarios. Con desbloqueos también importantes como el desarrollo urbanístico de la Ería del Piles, aunque, bien es cierto, sin una empresa que lo ponga en marcha. Hasta ahí, digamos, los éxitos que en materia de infraestructuras son importantes. Veamos lo contrario: el debe del equipo de gobierno. Gijón ha evolucionado económicamente para mal. Quiero decir que es como si para este Ayuntamiento, el crear puestos de trabajo no fuese más importante que dar subvenciones a tutiplén. Por tanto, tenemos una pléyade de las últimas y más bien poco de lo primero. En nuestra ciudad el concepto de ayuda es tan inmenso, tan excelso diría yo, que cubre básicamente todos los órdenes de la vida de un individuo. Casi desde la cuna hasta la sepultura. Es tal el gasto estructural que se lleva a cabo –para nada acorde con la capacidad económica posible- que se está ya a punto del desborde. Imposible de mantener a todas luces. La famosa renta social municipal, claro, es el último ejemplo. Pero, tengan en cuenta, que en Gijón además se subvencionan muchas más cosas. Desde las fachadas (independientemente de la capacidad económica del propietario), la accesibilidad de los portales (lo mismo: no se discrimina por renta), tejados, gastos de luz o gas individuales, arrendamientos de viviendas, etcétera. Por tanto, la influencia del Consistorio en la vida diaria es enorme. La mayor empresa –en capacidad y número de empleados- prácticamente del concejo. El motor que si un día baja el ritmo –porque el sistema de ayudas a granel no puede ser infinito- hundirá a muchos sectores del que dependen. En resumen, podemos decir que cada día en nuestra ciudad amanece en rojo, como el famoso lunes de los incendios. Nunca mejor dicho, porque la influencia de Xixón Sí Puede e IU en la política municipal es inmensa.

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Huele a prórroga.
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Jose Manuel Balbuena | 21-10-2017 | 04:38| 0

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O mucho me equivoco, o volveremos a tener prórroga presupuestaria en 2018. Todo parece indicar que va a ser así, aunque a nadie nos guste. El gobierno municipal llevó un varapalo de órdago cuando no le aprobaron las ordenanzas fiscales. Esto es, los ingresos para el año que viene. La oposición en bloque dijo nones. Unos y otros acumularon motivos para dejar sólo a Foro. PSOE, PP y Ciudadanos, por ejemplo, votaron en contra. Mientras que Xixón Sí Puede (XSP) e IU se abstuvieron, básicamente porque no lograron llevar a cabo sus propuestas más contundentes. Entre ellas, el IBI diferenciado: subir a más del doble lo que pagan los inmuebles con un valor catastral superior al millón de euros. En fin, ya saben cuál es la filosofía para estos asuntos: al rico y al gorrión… perdigón. Pues bien, nos encontramos ante la tesitura de que los ingresos, en el mejor de los casos, van a ser los mismos. Permanecerán congelados a la fuerza los principales precios públicos y tributos. Nada de cobrar más por tasas, ni por los cajeros, ni a los bienes con características especiales (embalses, presas o saltos de agua). Con lo cual, cuadrar un presupuesto con este severo condicionante –y sabiendo que se está al límite de la regla de gasto que impone la ley- resulta harto difícil. Nadie en la oposición va a quedar contento con el borrador que se presente. Grupos como XSP e IU –que aprobaron las actuales cuentas con su abstención- no van a estar conformes en absoluto. Para ellos, un presupuesto municipal siempre tiene que ser expansivo. Crecer en gasto social hasta el infinito y sin mirar nada más. Un riego constante de dinero público a ciertas capas de la población. Y si no, a las pruebas me remito. Si en 2017 lo tenemos es gracias a que se puso en marcha la renta social municipal: ese Leviatán que se comerá todos los recursos del Ayuntamiento en un tiempo récord. Digamos, pues, que los únicos presupuestos que vamos a tener en toda esta legislatura –porque 2019 ya es año electoral y nadie se va a mojar- dejarán una hipoteca considerable para el resto de ejercicios. Casi mejor que ni hubieran existido. Por tanto, ya me dirán que nos ha aportado este Consistorio tan fragmentado y plural. El cacareado diálogo y pacto entre las fuerzas políticas se ha quedado en nada. Diluido como el azúcar en el café. La realidad bien lo demuestra: de cuatro acuerdos presupuestarios posibles, tendremos uno. A lo sumo, y estoy en la improbable hipótesis de que al final en 2018 se haga realidad, dos. Así es muy complicado dar por buena la gestión de una legislatura. Más bien, diría que hemos estado perdiendo el tiempo.

 

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«Help Catalonia».
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Jose Manuel Balbuena | 22-10-2017 | 10:05| 1

15082661694290A estas alturas lo deberíamos de tener claro: la Generalitat no va a dar un paso atrás. El Govern jamás volverá a la legalidad –tal y como le pide el Gobierno español- porque ya se encuentra sumido en la independencia. Abducido por una (no) declaración de la misma y a la espera de hacerlo de manera formal. Sus acciones y gestos no dejan lugar a dudas. El lunes deberían de haber respondido a una pregunta muy sencilla que les hacía Mariano Rajoy: señor Puigdemont, ¿ha declarado usted o no la independencia para Cataluña? Sin embargo, lo que hizo Carles fue salirse por la tangente. Pedir dos meses para un diálogo que a cualquiera se le antoja imposible, mientras nos aburría con una perorata sobre la libertad y democracia. Vamos a ver, ¿qué se va a dialogar con quien se ha saltado todas las leyes? ¿Con quién siempre está con añagazas y enredos en una burla constante? Porque, no lo duden, la estrategia ahora mismo del independentismo está en la movilización. Sacar a los fieles a la calle para así intentar obtener un reconocimiento internacional que se les muestra esquivo. De hecho, si lo hubieran tenido (o lo tuvieran en un futuro) el President no tardaría un segundo en salir al balcón para proclamar la república. Ahora bien, como de momento, nadie les apoya ni por asomo, optan por dilatarlo todo para ganar tiempo. Trasladando la imagen de un Estado represor de las libertades, en contraposición a un independentismo bueno y tolerante. Fíjense si no en las manifestaciones de apoyo a los líderes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. Predominan los mensajes y la parafernalia propagandista montada para los medios extranjeros. «Help Catalonia», «Save Europe» o «Where is Europe?»; son algunos de los lemas con video incluido. Todos ellos en inglés, que para eso no hay reparo lingüístico alguno. Además, tergiversando hechos y contando mentiras: quien encarceló a los líderes de ANC y Òmnium no fue ningún Gobierno, sino una jueza por su conducta delictiva el 20 de septiembre. Imagínense que lo hubiésemos hecho usted o yo. Que hubiésemos alentado –megáfono en mano- a la turba para que impidiese a la Justicia hacer un registro. Que exhortásemos a destrozar dos coches de la Guardia Civil, como forma de amedrentamiento. ¿No estaríamos acaso también en la cárcel? ¿Por qué Jordi Sánchez y Jordi Cuixart –que así se llaman los presuntos «presos políticos»- son diferentes a nosotros? ¿Era de verdad eso –cuando no podían ni salir de la Consejería de Economía- una «manifestación pacífica»? Al Estado no le queda más remedio que recorrer el camino del 155. Ponerlo en marcha definitivamente y sin mayor dilación. Se acabaron los plazos y la paciencia de muchos españoles.

 

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Calamidad total.
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Jose Manuel Balbuena | 17-10-2017 | 04:36| 0

28438799-kdgb-624x832el-comercioPocas veces a una inversión de 138 millones de euros se la deja de la mano de Dios. Me refiero, claro está, al túnel del metrotrén inundado y casi abierto al público. Sí, porque tal y como conocimos por EL COMERCIO el acceso a las profundidades de Gijón es prácticamente libre. Dos débiles trampillas, situadas en Viesques y el «solarón», permiten entrar en un mundo oscuro y peligroso situado 20 metros bajo tierra. O lo que es lo mismo: un edificio de seis pisos al revés. También supimos que los más jóvenes lo utilizan como diversión en una de esas modas estúpidas. Se llama «urbex» o exploración urbana y consiste en adentrarse en los lugares más peligrosos de la ciudad. Sititos en los que cualquiera con dos de dedos de frente ni pisaría. En el metrotrén, lo tuvieron de lo más fácil. Un simple candado custodia las entradas y los muchachos, cómo no, sacaron fotos a raudales. Supongo que para colgarlas luego en las redes sociales y presumir. Así los pueden ver con sus linternas bajando por andamios llenos de orín, o paseando por una tubería que al mínimo traspiés les haría caer al agua. Por no hablar de las lanchas playeras con las que navegaban como si fuese un canal de remo. Todo ello, sin contar que, según los expertos, la acumulación de gases nocivos puede hacer que el paseo resulte mortal. Convertir esa supuesta aventura en una tragedia de órdago. Desde luego, la situación del túnel es insostenible. Imagínense, no sé, que en el techo de la regasificadora –por mencionar otra infraestructura sin uso- se llevasen a cabo «botellones». ¿No pondríamos acaso el grito en el cielo? ¿No exigiríamos que hubiese la vigilancia necesaria para que esto no sucediese? Pues en el metrotrén nos encontramos ante una situación similar bajo la indiferencia del Ministerio de Fomento. En diciembre del año pasado, cuando Xixón Sí Puede aportó fotos de su estado actual, hasta los topes de agua, la respuesta que dio fue sorprendente. Dijeron, más o menos, que era la manera más adecuada de conservarlo evitando así los costes de bombeo. Sin embargo, ante una reciente petición urgente del Ayuntamiento para su vaciado, ahora nos cuentan que hay que hacerlo con cautela. Es decir, que de tanto tiempo bajo el agua (tres años) se corre el peligro de hundimientos. Lo llaman subsidencias del terreno y dicen que la extracción se debe hacer de forma controlada. Como ven, la dejadez y el abandono total se acaban pagando tarde o temprano. Lo único que nos faltaba ya es tener que lamentar víctimas mortales, por algo que tiene un remedio claro. Señores de Fomento: cierren bien los accesos e inicien las obras previas para su puesta en funcionamiento. Punto.

 

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El Rey Mago.
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Jose Manuel Balbuena | 14-10-2017 | 05:30| 0

28228416-kcae-624x442el-comercioConvendrán conmigo en lo siguiente. Si el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, hace todo lo que promete para Gijón, habrá que levantarle una estatua. Por lo menos, al lado de la de Pelayo y con un tamaño similar. Su última aportación es aceptar la ampliación del soterramiento ferroviario hasta La Calzada. Es decir, sumarle 36 millones de euros al plan de vías que se está redactando. Todo ello, sin demasiada discusión por el medio. Sin negarse a nada de lo que hasta el momento se ha planteado. No sé, después de tantos años de vagar por el desierto, De la Serna, tal parece para nosotros el bíblico Moisés. El que llevará al pueblo de Gijón hacia una rica y abundante tierra prometida. Un paraíso donde esta ciudad tendrá, por fin, unas infraestructuras de transporte del siglo XXI. Fíjense si no. La llegada del ministro revolucionó un proyecto abonado al fracaso. Fomento no dudó en aceptar pagar la estación intermodal de su bolsillo, ni en moverla hacia un lugar más razonable. Tampoco en que el túnel del metrotrén se ampliase hasta el hospital de Cabueñes, o vaciarlo dentro de poco del agua que actualmente lo inunda. De la nada más absoluta con su antecesora, Ana Pastor, se pasó a asumir sin pestañear una inversión de, ojo, 621,50 millones de euros. Dividida de la siguiente forma: 271,84 millones dentro del convenio que se va a firmar, 313,66 para reactivar el metrotrén y 36 ahora con el soterramiento desde La Calzada. ¡Guau! Si a eso le sumamos lo que las otras administraciones intervinientes -Ayuntamiento y Principado- tienen que aportar (65,84 millones de euros cada una), la cifra final da vértigo: el proyecto del plan de vías se irá a los 753,18 millones. Coste superior incluso a la ampliación de El Musel y sin subvenciones europeas de por medio. La mayor obra civil con diferencia que se va a ejecutar en nuestro paraíso natural. Como digo, lo que sorprende es que el ministro ha desbloqueado más de quince años perdidos en tiempo récord. Es como si nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, hubiese mandado una carta a los Reyes Magos con respuesta inmediata. Después de tanto tiempo de espera, debates estériles, frustración ciudadana a raudales y olvido desde Madrid; todo va tan bien que hasta uno se mosquea y le entran dudas: ¿será verdad o sólo un sueño más que quedará en nada? ¿Veremos esa lluvia de millones sobre nuestras cabezas? ¿Tendremos, de una puñetera vez, la estación de autobuses y trenes que merecemos? Si es así -tal y como es nuestro anhelo- habrá que cambiar la cabalgata de Reyes para siempre. Tendrá que ser: Iñigo, Gaspar y Baltasar. El Rey Mago llegado de Santander.

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Por fin.
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Jose Manuel Balbuena | 12-10-2017 | 04:42| 0

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Un cuadro de Dalí. Eso es lo que fue la presunta Declaración Unilateral de Independencia (DUI) que Carles Puigdemont proclamó y suspendió al mismo tiempo. Surrealismo en estado puro. El genio de Cadaqués vuelto a sacar de la tumba por segunda vez. Ocho segundos de gloria para luego caer en la depresión más absoluta. Un Pleno que comenzó una hora más tarde –y todo el mundo esperando- porque los de la CUP (los que mandan) estaban de uñas. Puigdemont les había informado de la farsa a perpetrar y se subían por las paredes. Querían todo lo contrario: salir del Parlament con una república catalana hecha y a quemar las calles. Sin embargo, nada de eso pasó. La (no) DUI fue un chasco total. Una decepción mayúscula para las tropas independentistas que estaban esperándola como agua de mayo. Un ridículo espantoso ante los medios internacionales, a los que se intentaba seducir a toda costa. Incluso hablando en diferentes idiomas (sobre todo inglés) en el templo del catalanismo. El «procés» está muerto. Ya nadie confía en él. El independentismo echa humo ante el Govern y pide que esta «secesión en diferido» se haga rápido. Nada de esperar meses. Que la independencia llegue, como si fuese el Espíritu Santo, y baje sobre sus cabezas. Para eso, para intentar aliviar tanta frustración, se firmó el documento más inútil en la historia de la democracia: la constitución de un «estado soberano» cuyo valor equivale a un euro de plomo. Declarando de facto, esta vez sí, una república imaginaria igual que la de Platón. El catalán corriente no puede más: está harto y asustado. Prolongar esta agonía «sine die», este sufrimiento infinito, es cruel. Ver como las empresas van desfilando una tras otra fuera de Cataluña, inhumano. Así no se puede vivir. Espera que el Estado les salve de esta locura decadente y le toca a Mariano Rajoy actuar. Librar a Cataluña (y España) de semejante vergüenza. Ya no caben más excusas: una comunidad autónoma se ha pasado todas las leyes por el forro y toca cumplirlas. ¿Negociar? ¿Se puede negociar cuando hay una DUI pendiente de aplicación? ¿Acaso no es dar oxígeno a este independentismo montaraz? ¿Mediación? ¿Qué hay que mediar con un Govern que engaña hasta los suyos? ¿Con unos tipos que están conspirando constantemente y sólo saben hacer trampas? Toca, repito, que el Estado de derecho actúe con todo su poder. La activación del 155 por el Gobierno es el primer paso. Por fin, vemos que se toma la iniciativa. Por fin, no estamos esperando a ver qué nuevo golpe nos llega desde Cataluña. Por fin, vemos la luz al final del túnel para acabar con esta pesadilla. Puigdemont y los suyos están políticamente muertos. Ojalá no descansen en paz.

 

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Más madera.
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Jose Manuel Balbuena | 10-10-2017 | 04:33| 0

28279020-624x416Aunque nuestro Ayuntamiento no sea «sensu stricto» de esos llamados «del cambio», muchas de las políticas llevadas a cabo se parecen demasiado. Oviedo pertenece a dicha categoría ideológica de forma plena: el gobierno está formado por un tripartito de PSOE, Somos Oviedo e IU. Ahora bien, en nuestro Gijón del alma gobierna Foro en minoría y muy condicionado por un Consistorio hostil: dominado por la izquierda de cabo a rabo. Sin embargo, las políticas municipales de ambas ciudades llevan caminos paralelos. Muy similares en cuanto a que se copian desde ambos lados. En Oviedo, sin ir más lejos, ponen en marcha el IBI diferenciado –ya saben, el denominado «IBI para ricos»- y aquí se intenta hacer exactamente lo mismo. Sólo el voto contrario de los socialistas a última hora lo impidió. En Gijón, tenemos la renta social municipal y, a treinta kilómetros dirección sur, dicen que la van a implantar también. De momento, no tienen muy claro cómo, pero la intención es poner en funcionamiento esta prestación básica a toda costa. Es más, hasta me sorprende que no lo hayan hecho ya. En la capital remunicipalizan servicios como el de la recaudación de impuestos, y aquí se va a llevar a Pleno un debate similar con la zona azul. Sí, porque desde Xixón Sí Puede (XSP) han preguntado por su gestión. En la actualidad, en manos de la Empresa Mixta de Tráfico de Gijón donde el Consistorio posee un 40% del capital, siendo el resto privado. XSP pide que se haga un estudio sobre el coste que tendría que dicho servicio fuese completamente público. Es decir, que la ORA, como comúnmente se la llama, pasase a depender totalmente del Ayuntamiento. Algo que, como digo, hicieron en la capital con los servicios de recaudación de tributos por las bravas. Eliminaron a la empresa que estaba llevando a cabo su cobro y causaron un importante caos. Aquí, de momento, se pone en la picota lo del aparcamiento regulado, pero, quién sabe, igual se revisan otros equipamientos de la ciudad. Por ejemplo, el de préstamo de las bicicletas públicas que no para de caer, o la explotación del acuario. Ambos con gestión privada y que, a lo mejor, también se quieren municipalizar. De hecho, el servicio de ayuda a domicilio es otra buena muestra del camino que se pretende recorrer. Se encuentra pendiente del acuerdo de una comisión creada al efecto, mientras encima de la mesa hay un informe que dice que el sobrecoste sería de tres millones de euros. Como ven, el melón está abierto. No descartemos que antes del final de legislatura se intente hacer al Ayuntamiento aún más grande. Con más funcionarios y cebando la bomba de lo público a tope. Más madera…

 

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Últimos Comentarios

albertoperez 10-12-2017 | 10:17 en:
Vértigo me da.

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