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Seguir flotando.
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Jose Manuel Balbuena | 21-03-2014 | 06:54| 14

Es curioso lo que está pasando en la política asturiana. Después de la prórroga presupuestaria, el gobierno de Javier Fernández, ha encontrado apoyo en el PP para sacar adelante los créditos extraordinarios necesarios en su gestión. Esto tiene dos lecturas: una práctica y otra política. La primera, sin duda, es la que más interesa al ciudadano. A alguien que está esperando por el salario social -al cual, por cierto, se destina una partida insuficiente de 23 millones de euros- le da exactamente igual quien se alíe para aprobarlo. Sólo quiere que se ponga a su disposición. Lo mismo que la ley de endeudamiento de 157,8 millones de euros para pagar deudas con proveedores. Al final, lo importante es cobrar. Sin embargo, el que desde el PP se dé aire político a los socialistas también tiene enjundia. Resulta curioso que los populares no pongan en absoluto trabas a esta operación. Más bien, la facilitan con poco a cambio pese a que se reserva únicamente 63,7 millones de euros para la inversión. Lo demás, es financiar gasto corriente. Es decir, no están apoyando algo que impulse la economía o produzca efectos de crecimiento; sino más bien permitir que todo siga funcionando. Ojo, que no es poco tal y como están las cosas, pero, ni mucho menos, en la línea de lo que suele (o debería) exigir el PP. Cuando se planteó negociar un presupuesto con el PSOE a finales del año pasado, las peticiones fueron mucho mayores. No contemos ya municipios como Gijón, donde, el acuerdo con Foro, fue prácticamente imposible por las condiciones impuestas. Quiero decir, pues, que a los socialistas les ha resultado mucho más sencillo llegar a un acuerdo con el PP que con sus presuntos aliados naturales, a la postre, IU y UPyD. Sin duda, jamás se lo hubieran puesto tan fácil.

Y es que el PP está en la estrategia de seguir flotando. O sea, que no se hunda el barco para que todo el mundo lo pueda ver. No tuvo empacho alguno en llegar a acuerdos con IU en Oviedo de cara a seguir gobernando sin bloqueos. Esto es, para que el escaparte que representa la capital no se rompa. Quizá, como digo, lo importante es ante todo ser visibles. Un partido acostumbrado a tener por encima de los 20 diputados ya no es tan importante ahora como antes. O sea, sus propuestas quedan muchas veces en el limbo sin que calen a la sociedad. Si participa de esta modificación presupuestaria, por lo menos, tiene algo que vender en forma de política positiva. Yo permito que usted cobre, reciba… Lo cual le va a resultar muy necesario, bien es cierto, de cara a los comicios que vienen.

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Consejos vendo (II).
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Jose Manuel Balbuena | 16-03-2014 | 10:33| 8

La principal teoría del Comité de Expertos para la reforma fiscal es la siguiente. Si subo el IVA no va a caer el consumo, ya que, con la bajada del IRPF, la gente va a tener más dinero en el bolsillo. ¿Seguro? ¿Van a dedicarse los individuos a gastar en productos más caros o a ahorrar como colchón por un futuro incierto? Teniendo en cuenta que seguimos siendo un país con cinco millones de parados, ¿no irá esa renta disponible a ayudar al hijo, pariente o amigo que está en el desempleo? Yo no tengo claro, bien es cierto, que uno vaya a compensar lo otro. Quiero decir que subir el IVA (o los impuestos especiales) no contribuirá a hundir un débil repunte del consumo interno, así como a las empresas que de ello viven. A la postre: todas las que no exportan. Además, está como digo el componente social. Muchos tienen que emplear lo que podrían gastar en ayudar o sostener situaciones difíciles de sobrellevar. Cuando a una familia con miembros en el paro se le sube el IVA, al final, acaban de rematarla. No creo que ese respiro vía IRPF que se propone sea suficiente compensación. Siempre van a utilizar ese remanente como fondo de reserva hasta que encuentren trabajo. Y así y todo, seguramente, esperarán aún más para consumir a ver cómo les va. En ningún caso, pienso, lo dedicarán a comprar productos que elevarán su precio. Entiendo que la bajada del IRPF es necesaria para dar un alivio a los bolsillos, ahora bien, eso se debe compensar con una rebaja del gastos público.

Y es que, tal parece, que en este tema está todo hecho. O sea, que no existe más margen para bajar el gasto de un Estado tremendamente costoso. Tanto, que estamos cerca ya de superar una deuda del 100% del PIB para pagarlo. Es decir, que todo lo que producimos en un año tendríamos que dedicarlo a pagar sus pufos. En Asturias, sin ir más lejos, la deuda se ha multiplicado por cuatro desde el comienzo de la crisis. ¿De verdad puede seguir teniendo Andalucía más coches oficiales que Alemania? ¿De verdad puede España tener el doble de funcionarios-políticos que un país que le dobla en población? Yo creo que no y, eso, según parece, ha pasado a segundo término. Es como si todo el margen estuviese agotado a pesar de queda  un mundo por hacer. Ciertamente, estamos ya en tiempo electoral y no interesa hablar de recortes. Más bien, todo lo contrario: ensalzar las bondades de una débil recuperación y menos intensa aún en la creación de puestos de trabajo. Sin embargo, el coste del Estado se puede pagar de dos formas: reduciendo su tamaño acorde con el nivel impuesto por la crisis o aumentando los ingresos. Los sabios que han elaborado este informe han hecho hincapié en lo segundo, porque, bien a las claras, pretenden aumentar la recaudación. Ojo, esto también tiene un límite.

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Consejos vendo.
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Jose Manuel Balbuena | 14-03-2014 | 07:42| 7

El Comité de Expertos creado por el Gobierno ha presentado su informe para la reforma fiscal. 444 páginas que muestran una cosa: la gran distancia que existe entre este conjunto de sabios y la política. Quiero decir que sus medidas, en muchas ocasiones, suponen todo un sapo difícil de tragar para cualquier dirigente. Por ejemplo. Dicen que hay que eliminar la deducción por compra de vivienda habitual con carácter retroactivo, además de gravarla en el actual IRPF. ¡Toma ya! Imagínense la inseguridad jurídica de tener que devolver las cantidades ya deducidas y que, encima, te hagan pagar más en el impuesto sobre la renta por ser propietario. Sencillamente: inviable. No me quiero ni imaginar la que armarían (armaríamos) los cinco millones de contribuyentes afectados. Vamos, como que Rajoy podría ir preparándose de cara a las elecciones generales o autonómicas. Y es que, claro está, el problema de toda esta clase de informes es precisamente ése: los expertos no se presentan ante los ciudadanos a rendir cuentas. Si así lo hicieran, probablemente, el sentido de sus recomendaciones cambiaría. Otro ejemplo. Creen que hay margen para subir el IVA hasta un 23%. Todo ello, cuando no hemos digerido todavía la anterior subida. Además, ¿no significaría esto una nueva bajada del consumo? Si dos tercios del PIB dependen de la demanda interna, ¿es acaso bueno volver a castigar el bolsillo de los consumidores? También, pretenden un incremento selectivo del IVA en ciertos productos. Cuidado: podemos tener el mismo efecto que la subida del IVA en la cultura o en las peluquerías. A la postre: que se abandona su consumo.

Sin embargo, existen otras medidas que podrían considerarse como lógicas. Reordenar los tributos autonómicos, sin ir más lejos. Actualmente existen 70 nuevos impuestos creados por estas administraciones. Algunos tan chorras como gravar las bolsas de plástico en Andalucía, las bebidas gaseosas en Cataluña, los vertidos en aguas litorales en Murcia y así sucesivamente. Muchas veces, como ven, disfrazados con motivos medioambientales que nunca se cumplen. Más o menos, como lo del céntimo sanitario que se utilizaba para todo menos para su fin. Sacaperras, en definitiva, que en muchos casos lo único que hacen es desincentivar la inversión. El problema –volvemos a encontrarnos con la política- es que difícilmente los gobiernos autonómicos dejarán de utilizar esta potestad. En resumen, el informe está bien como referencia, pero, difícilmente, puede llegar a tener encaje en una sociedad tan castigada por la crisis.

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«El Sistema».
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Jose Manuel Balbuena | 09-03-2014 | 11:00| 4

Tal parece que ciertas empresas públicas en Asturias se rigen por «El Sistema». Sí, un método por el cual sus integrantes se tapan unos a otros secretos que a nadie interesa desvelar. Lo digo por las conversaciones interceptadas a la presidenta de Hunosa, María Teresa Mallada, que pudimos conocer esta semana por EL COMERCIO. «Tere dice que la han amenazado los de Comisiones con sacar el tema de Joaquín y Heidi y ella les ha dicho que entonces la obligarían a sacar un listado con los familiares de ellos en Hunosa». Analicemos a sus participantes. Joaquín Fernández –con quien tiene la conversación Mallada- fue vicesecretario de Comunicación del PP y además está imputado en el «caso Pokemon», a la postre, la red de corrupción que se extendía por ayuntamientos de Galicia. Su presunto papel era el de un «abre puertas» que facilitaba contratos a las empresas. En este caso, habría conseguido él mismo uno con una fundación de Hunosa. Heidi, por su parte, es la abogada de la hullera. Pues bien, la presidenta parece decir lo siguiente en la conversación telefónica pinchada por la juez que investiga el «caso Pokemon»: si ponéis en duda mis contrataciones a dedo, yo hago lo mismo con las vuestras. O sea, que admitía que CCOO –ojo, debemos entender que también otros sindicatos- hizo las funciones de dirección de recursos humanos. Todo ello, cuando se está dilucidando ahora mismo el futuro de la empresa. Los trabajadores de Hunosa han vuelto a salir a la calle a protestar por la paralización del plan de empresa. Y, por si fuera poco, existe una fecha en el horizonte: 2018 que es el límite puesto por Bruselas para el fin de la minería subvencionada.

 
«El Sistema» -con mayúsculas- es algo consustancial a las empresas que giran entorno al carbón. Hace poco un juzgado de Ponferrada investigaba a seis compañías –con explotaciones también en Asturias- por un presunto delito de fraude en la concesión de ayudas. Es decir, falsificaban los datos para conseguir la subvención correspondiente. El juicio de Mina La Camocha en Gijón dejó bien a las claras un método burdo pero eficaz: comprar carbón extranjero para luego vendérselo a las eléctricas como nacional. Nada más y nada menos que 90.000 toneladas por un importe total estimado de 17 millones de euros. ¿Es que acaso estos voluminosos fraudes no eran conocidos por todo el mundo? ¿Los denunció alguien o tuvo que ser la Justicia quien los destapó? ¿Por qué este silencio cómplice? Muy fácil, se aplicaba la ley de «El Sistema». Unos obtenían rendimiento económico engañando y otros conservaban el empleo mirando para otro lado. En definitiva, se vivía cómodamente bajo «El Sistema» y había que protegerlo.

 

A Hunosa le queda un reto difícil de superar: conservar 1.700 empleos más allá de las exigencias de la Unión Europea. Para ello, se están dando a conocer varias estrategias como transformarse en «empresa verde» o similar. Sinceramente, dudo mucho que Hunosa pueda sobrevivir sin hacer lo que mejor sabe: extraer carbón. Conservar ese volumen de empleo a base de diversificar – en sectores intensivos en tecnología, no en mano de obra- le va a resultar difícil. Hunosa será una compañía minera –quizá a cielo abierto- o no será.

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Cada vez menos.
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Jose Manuel Balbuena | 06-03-2014 | 06:31| 15

La noticia de la bajada del paro en Asturias no deja de ser medio buena. Quiero decir que sería estupenda si viniese acompañada por una subida de los cotizantes a la Seguridad Social, ahora bien, esto no se produjo. ¿No es acaso una cierta paradoja que baje el desempleo y no aumente la afiliación a la SS? Bueno, no tanto. Pensemos que las cifras dadas por INEM reflejan a quienes se apuntan en el organismo. Muchos, por desgraciada, pueden quedar en paro y dejar de registrarse ya que cunde en ellos el desánimo, o marcharse de Asturias, o simplemente sus empresas los han jubilado sacándoles del mercado laboral. Explicación, por otra parte, que puede aplicarse perfectamente a este caso. En España se ha producido una reducción clara del paro y cambio de tendencia: por una parte en el INEM y por otra en la subida de afiliación a la SS. Eso sí que es crear  empleo. El caso de Asturias más bien parece una amortización de puestos de trabajo. Desde que empezó la crisis, en el año 2007, nuestra población activa –personas en edad y con capacidad para trabajar- no ha hecho más que disminuir. Ahora mismo, nuestro ejercito laboral no deja de ser aproximadamente de unos 360.000 trabajadores; mientras que antes sobrepasaba los 450.000. Si ya entonces era la más menguado del país, en la actualidad no te cuento nada. Vamos hacia una sociedad asturiana con una proporción del 65-35: el 65% de clases pasivas que no trabajan, el 35% todavía con vida laboral activa. Una medida, sin duda, bastante insostenible. Pensemos que la relación entre cotizantes a la SS y beneficiarios de sus prestaciones puede bajar por debajo del uno: la pensión de un jubilado la tiene que sostener menos de un trabajador. Para que nos demos una idea, los expertos señalan que esta proporción debe estar siempre por encima de dos para no tener problemas: dos trabajadores por cada jubilado. Además, está el tema de la merma de población que esto representa. Vamos hacia una Asturias por debajo del millón de personas (67.000 personas menos según las previsiones), avejentadas y que cada vez necesita más de la solidaridad del resto de España. Desde que empezó la crisis hemos visto como volaban cien mil puestos de trabajo. Masa laboral que no se acaba de recuperar, sino todo lo contrario: la damos ya por perdida. Dicho de otra manera: en Asturias, puesto de trabajo que se pierde, difícilmente se regenera. Véase si no la oleada de deslocalizaciones de multinacionales. A los trabajadores de Tenneco, Coca-Cola, Suzuki, etcétera; no les quedará más remedio que emigrar si quieren seguir en el mercado laboral. A eso le llamamos bajar el paro.

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Ni céntimo, ni sanitario.
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Jose Manuel Balbuena | 02-03-2014 | 13:22| 29

Imaginemos la siguiente situación. Una persona nos pide dinero por la calle. Dice que no tiene para comer y, por tanto, solicita nuestra caridad. Le damos alguna moneda pero vemos que refunfuña: cree que es poco y nos saca más. Al cabo de un rato, observamos que entra en el bar de la esquina y se pone a jugar con las tragaperras. ¿No nos daría acaso rabia? ¿No pensaríamos que hemos hecho el tonto ya que ha abusado de nuestra buena fe? Pues bien, eliminen el componente voluntario y es la misma historia del céntimo sanitario. En principio, hacia el año 2002 se creó este impuesto con el objeto de financiar la sanidad. ¿Quién iba a poner reparos en pagar por algo tan importante? ¿Quién se iba a negar a contribuir por un simple céntimo? Y disfrazado bajo este noble fin todos nos creímos la trola. Pensamos: pagar un poco más en cada litro servirá para mejorar la calidad de la atención sanitaria. Nada de eso. El céntimo sirvió para financiar todo tipo de cosas menos el fin para el cual nos dijeron. Fue simplemente un medio utilizado por nuestros gobernantes para recaudar. En concreto, para tapar muchos agujeros de inversiones faraónicas mal gestionas. Y por si fuera poco, resulta que el céntimo no era tal: en Asturias, cómo no, se aplicó el máximo llegando hasta los 4,8 céntimos por litro de gasolina. Como dije, lo del falso mendigo que ve escasa nuestra limosna y encima se la gasta en vicios.

¿Y ahora qué? Pongo otro ejemplo. Hace poco en una carretera asturiana apareció un caballo muerto. El animal, famélico, fue abandonado en una cuneta por algún desalmado. El Ayuntamiento cercano dijo que no era misión suya retirarlo, puesto que, a todas luces, era competencia del Principado. Éste, a su vez, se lavó las manos ya que consideraba que era tarea municipal. Mientras tanto, el cadáver se llenaba de moscas. Más o menos, lo que está pasando con la devolución de un impuesto cobrado a «mala fe». Las comunidades autónomas dicen que debe afrontarlo el Estado, éste que fue la Comisión Europea quien tuvo la responsabilidad y así sucesivamente. El caso es que, por prescripción, sólo se pueden reclamar los últimos cuatro años. El resto está perdido. Además, es muy posible que ni usted ni yo conservemos los recibos del combustible salvo que seamos profesionales. En este juego, siempre gana la banca

El que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea haya tumbado este desaguisado tenemos que verlo como una victoria de la sociedad civil. Una simple empresa se enfrentó directamente al sistema y acabó ganando. Así, nuestros gobernantes se lo pensarán dos veces antes de crear un impuesto para avalar su gestión. Los contribuyentes somos algo más que máquinas de recaudar.

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De la macro a la micro.
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Jose Manuel Balbuena | 28-02-2014 | 07:13| 14

La hoja de ruta del Gobierno está clara. Se vio perfectamente en el Debate sobre el Estado de Nación. Es la siguiente: vender los efectos en la macroeconomía mientras se van trasladando a la micro. O sea, que la prima de riesgo es menos de un tercio que hace un año, o que las inversiones extranjeras están volviendo a España es ciertamente un hecho constatable. Sin embargo, eso no es percibido por la mayoría de la población como una recuperación. El que el tipo de interés de los bonos –que no la deuda global del país- es bastante menor únicamente quiere decir que se pagan las deudas. Vamos, que no hay dudas sobre la solvencia. Y si hay más inversores que quieren comprar es porque el país está barato: sobre todo en el mercado inmobiliario. El gran reto para el Gobierno es que, ese bienestar macroeconómico, sea visto por la calle. Para eso dos medidas principales: la famosa «tarifa plana» en las cotizaciones a la Seguridad Social y la bajada en el IRPF. Vamos con la primera. Era una petición –incluso de organismo internacionales- el que se produjera una rebaja en lo que pagan las empresas por sus trabajadores a la SS. Ahora bien, la duda es si estos 100 euros que se proponen para contratos indefinidos van a crear empleo. A mi entender  podemos verlo como un paso importante pero puede que no definitivo. Me explico. Para que se produzca ese cambio que todos esperamos el empresario necesita algo más: se llama confianza. Nadie va a contratar a lo loco –aunque le salga más barato- si no prevé un repunte en sus ventas. Sería como tener un hijo por los 3.000 euros que en su día daba el Gobierno. En todo caso, mejor ese incentivo que nada. En cuanto al IRPF, Rajoy esbozó medidas sobre las rentas más bajas: dejará exentas las inferiores a 12.000 euros anuales. Era obvio que, tras la subida del 2011, en la segunda parte de la legislatura trataría de bajar el impuesto. Algo, por cierto, que no gusta nada en la Comisión Europea dado su repercusión sobre el déficit. Por supuesto, ellos ven el mundo desde Bruselas y no se presentan a elecciones. Así y todo, la reforma fiscal todavía puede dar todavía alguna vuelta. El Gobierno encargó a un comité de expertos un informe que en pocos días verá la luz. En él, se espera alguna novedad aunque no de relumbrón: ni se subirá el IVA al 23% tal y como pretendían, ni se eliminará la deducción por compra de vivienda con carácter retroactivo. Algo, claro está, que tendría fuerte repercusión en el contribuyente (y votante).

La disminución del desempleo es la verdadera medida de la recuperación. El que tu primo, amigo o conocido te diga que ha encontrado trabajo vale más que cualquier propaganda gubernamental. El afán de Rajoy es que esto sea percibido por la ciudadanía antes de las elecciones. Todo el esfuerzo realizado durante casi ya 7 años de crisis tiene que visualizarse así.

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La «nueva normalidad».
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Jose Manuel Balbuena | 23-02-2014 | 11:12| 12

Vivimos tiempos donde todo sobra. La fanfarria gubernamental nos cuenta que estamos en la época postcrisis, pero, sinceramente, no lo parece. Es como si donde antes había diez ahora tienen que quedar sólo cinco. Las empresas con varios centros de producción van cerrándolos hasta dejarlos en la mínima infraestructura posible. Ejemplo: las embotelladoras de Coca-Cola. Si había mil trabajadores y se estaba dando beneficios, da igual, la plantilla va a ser reducida a la mitad. Es como si, repito, este aterrizaje de la economía fuese directamente a mantenerse en el fondo. Durante mucho tiempo se especuló sobre la forma de la crisis –que si en forma de “U”, “V” o similar- pero ya debemos tenerlo claro: es una “L”. Los niveles anteriores a la crisis van a tardar mucho tiempo en llegar -si es que algún día los volvemos a ver- siendo necesario acomodarse a la nueva situación. Y eso se nota, vaya si se nota. Esta semana en Asturias dos cadenas de perfumerías –ligadas, por tanto, al consumo- han anunciado reestructuraciones. Cierran locales y echan trabajadores a la calle. Pregunto, si percibieran esa ingente recuperación, ¿habrían tomado esta decisión? Más bien, lo que piensa el empresario es que se va a estar durante bastante tiempo en lo más bajo. La “L” de la que hablábamos antes. Es lo que el catedrático de Economía, Santiago Niño Becerra, llama la «nueva normalidad». Personas que quizá nunca vuelvan a encontrar un trabajo moviéndose por el subempleo, empresas que apenas podrán crecer porque el mercado no da para más, paro estructural elevado y niveles de pobreza increíblemente altos. En Berlín, con todo lo que es Alemania, el 25% de la población tiene que recurrir a ayudas para poder subsistir. No contemos ya España, porque, simplemente, en Asturias es el salario social presenta récord absoluto de solicitantes. Digamos que nuestra economía ha seguido el comportamiento de un suflé: creció cuando lo metieron al horno del boom inmobiliario, pero ha bajado de manera irremediable en cuanto enfrió.

La «nueva normalidad» es la que hace que cierren hoteles y no se construyan los proyectados. Véase establecimientos tan señeros en Gijón como el Hotel León, antes el Palacio de la Llorea o varios cinco estrellas que estaban en camino. También que centros comerciales de relumbrón den en quiebra: el de Buenavista en Oviedo. O que se produzcan deslocalizaciones –Suzuki y Tenneco- porque nada va a ser igual que antes. La «nueva normalidad», insisto, es la que hace que tengamos una sensación de crisis eterna. Como que no acabamos de salir nunca de este pozo en el cual estamos inmersos. Pero, desgraciadamente, es en el fondo donde tendremos que aprender a vivir.

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Un principio.
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Jose Manuel Balbuena | 23-02-2014 | 11:12| 12

Los señores de la foto no están celebrando ningún gol. Ni tampoco la llegada del Año Nuevo aunque estemos en febrero. Algunos, como el la derecha, no baten las palmas; sino que se queda pensativo con la mirada perdida. Como diciendo: por fin, alguien nos muestra luz entre tanta oscuridad. Otros, como el del polo azul, incluso se atreven a silbar dando así un tono más chillón a un asunto tan triste. Lo curioso, digo, es que estaban contentos porque el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) les ha dado la razón. Son la plantilla de la multinacional Tenneco en Gijón. El TSJA ha anulado el  Expediente de Regulación de Empleo (ERE) propuesto por la empresa y que les dejó en la calle. Así, sin más ni más. Una empresa con beneficios, tecnología y que, de repente, varía sus planes para llevarse todo el proceso productivo al Este. Ya no me servís, les dijo un buen día a la cara. El TSJA sostiene que la empresa actuó con ausencia de «buena fe» declarando nulos los despidos y el cierre de la fábrica. Toma ya. Un varapalo de órdago para los americanos que dicen que recurrirán. En todo caso, de momento están obligados a readmitir a toda la plantilla. Supongo que una batalla ganada, aunque quede todavía bastante guerra por delante. Un principio, si queremos verlo así, a que no se vuelvan a producir ERE injustos que fueron aprobados sin más ni más. Empresas con beneficios y que, aprovechando la coyuntura de la crisis y las nuevas normas legales, decidieron tratar a los trabajadores como si fueran grasa: lo primero a eliminar del cuerpo. Recuerdo, en concreto, el ERE que en su día planteó Telefónica: 6.830 trabajadores durante el periodo 2011-2013. Autorizado, sin ningún rubor, por el ministro de Trabajo de la época, el socialista Valeriano Gómez. En fin, entiendo que el ERE ha sido un mecanismo del cual se ha abusado. Un ve las cifras, después de casi 7 años de crisis, y dan pavor. La reducción de la población activa –personas en edad y capacidad para trabajar- ha sido inmensa. Todo ello, porque, al albur de los tiempos, no cesaron de mandar gente para casa a través de este instrumento. En muchos casos, plenamente activos y con la experiencia suficiente –amortizar a un trabajador con poco más de 50 años es un fracaso para la sociedad- como para haber transmitido sus conocimientos a nuevas generaciones. Los ERE injustos se han multiplicado porque es una forma de despido dulce y no para salvar una mala situación económica. En ningún caso han buscado la continuidad de la empresa, sino que la amortización de los puestos de trabajo fuese más barata.

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Chispa de codicia.
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Jose Manuel Balbuena | 25-02-2014 | 06:00| 21

Sorprende ver lo asustados que se muestran los directivos de Coca-Cola. No los de su embotelladora (Iberian Partners), sino los de Atlanta a través de su director en España, Marcos de Quinto. Una y otra vez, el presidente, insiste en desvincularse de la decisión tomada por el grupo familiar que capitanea Sol Daurella; señalando que ellos sólo proporcionan el jarabe mágico y los españoles el envase. Demasiado tarde, la multinacional promovió este cambio y ahora tiene miedo por la fuerte caída en las ventas. Tan clara en febrero que está causando auténtica alarma. La gente reacciona al conocido ERE dejando de consumir el refresco. En Madrid – una de las cuatro plantas afectadas por el cierre- ha llegado a ser en torno al 40%. Hecho que constato empíricamente con algún que otro hostelero que conozco. «Mira», me dicen, «cuando alguno pide Coca-Cola el resto del bar se lo recrimina». No vayamos ya a las redes sociales porque allí, ciertamente, es un clamor. Y, desgraciadamente para los americanos, no se distingue lo uno de lo otro, el contenido del continente, la bebida que trae la felicidad de la que manda trabajadores al paro. No, no es sencillo separar todo eso y, según parece, la dirección de la multinacional hizo cálculos infravalorando efectos colaterales. Quizá, pensó, en un país con un 26% de paro nadie se va a fijar en otro ERE. La noticia, puede, saldrá en algún medio de comunicación para luego ir agotándose con el paso del tiempo. Nada más lejos de la realidad. La sensibilidad ciudadana por el empleo es máxima. Cualquier información sobre el trabajo –véase los medios digitales- es la más leída. Se equivocaron los del poderoso refresco de cabo a rabo y ahora están pagando las consecuencias. Todo tiene un precio.

Así y todo, ésta no es más que una historia de codicia. Sol Daurella, jefa de todo el tinglado de la embotelladora, admite tener un patrimonio en Luxemburgo –que no España- de 150 millones de euros.  El margen que obtiene en sus plantas, al no tener competencia, se estima en un 50%. Los dos principales accionistas de la planta de Madrid, antes de integrarse en Iberians Partners, se repartieron en beneficios 300 millones de euros. Entonces, ¿por qué está medida? Pues porque quiero más y en Estados Unidos también quieren reducir sus franquicias mundiales. Todo a base de recortar empleo, cuando, bien a las claras, es el material humano quien produce estos resultados.

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