El Comercio
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El «ovillo catalán».
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Jose Manuel Balbuena | 01-10-2015 | 04:00| 4

«Aquí corremos mucho para quedarnos siempre en el mismo sitio», dijo el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Fiel reflejo, sin duda, de lo que han sido las elecciones catalanas del pasado domingo. Una especie de plebiscito para algunos, cuyos resultados se acabaron leyendo como le dio la gana a cada uno. En función de los escaños si interesaba, o de los votos si era para la cuestión soberanista. Hasta un partido como Ciudadanos -con 25 diputados y casi triplicando su anterior resultado- pedía mientras lo celebraba que se volviesen a convocar otros comicios. Porque lo que hay ahora en Cataluña es barullo: lío político monumental y de lo gordos. Toda vez que nadie ha arrasado con la cuestión independentista, convendrán conmigo que toca gobernar. Gestionar una sanidad, una educación, la pesada losa de la deuda o una recuperación económica en ciernes. Es más, hasta la candidatura de «Junts pel Sí» que consiguió 62 escaños –a 6 de la mayoría absoluta- tiene problemas para designar presidente. A Artur Mas no lo quieren los de la CUP y otras opciones son vistas con recelo desde Convergencia. Por tanto, hay que pensar que estas (no) elecciones sirvieron para poco. Quizá únicamente para demostrar que el «ovillo catalán» no hay dios que lo desenrede. Al día siguiente, los secesionistas siguieron con su mantra, mientras que Mariano Rajoy  ratificó que defenderá sus posiciones bajo «el imperio de la ley». Y en el Camp Nou, en el minuto 17, durante el partido de liga de campeones, volvieron los gritos de  «independencia, independencia». Como se ve: la vida sigue igual. Otras elecciones, las terceras en cinco años, tiradas a la basura. ¿Se puede pensar que este nuevo Govern de la Catalunya, si nace, puede aguantar así cuatro años? De ninguna de las maneras. Se me antoja imposible que con esta inestabilidad, política e institucional, se genere algo positivo. Creo que Cataluña está avocada, irremediablemente, a una nueva convocatoria electoral con todo lo que ello significa: el hartazgo ciudadano de ir una y otra vez a las urnas sin obtener resultado alguno. Estas (no) elecciones se vendieron como el fin del mundo. El todo o nada. El sí o no. Pero han resultado un chasco: un fiasco en toda regla que no ha solucionado nada. Si el cielo político estaba gris, ahora torna negro. Otros cuatro años al menos –si no más- debatiendo sobre lo de Cataluña. El monotema.

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Los «amigos» del asturiano.
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Jose Manuel Balbuena | 23-09-2015 | 14:29| 3

Al consejero de Educación, Genaro Alonso, le han llovido las críticas. Vamos, que algunos lo han puesto a parir por el simple hecho de comprometerse con la lengua asturiana. Ha cometido el gran pecado de inaugurar el curso escolar hablándolo en un instituto de Tapia, además de defender su impulso y divulgación. ¡Oh, qué terrible! Un consejero de Educación que defiende y usa el asturiano, que lo echen ya. Les faltó tiempo a los «amigos» del asturiano para poner el grito en el cielo. Poco menos que, según ellos, iba a imponer la «peligrosa» cooficialidad con nocturnidad y alevosía. Alonso y los bablistas, seguro que van a obligar a hablar en asturiano de un momento a otro: queramos o no. Además, lógicamente, esto le impide estar atento a otros problemas más importantes del sistema educativo, puesto que, al fin y al cabo, el asturiano (y su cultura) siempre deben ser lo último. Tiene que haber otras prioridades a la fuerza. No sé, por ejemplo, la implantación del chino como segundo idioma, que se estudie la dinámica de fluidos en el espacio o que los escolares de nuestro paraíso natural aprendan cómo la Mariposa Emperador emigra por Méjico. Pero, ¿el asturiano? ¿Para qué si es absolutamente inútil? ¿Pasaría algo si se pierde? Para ellos no. Es más, hasta alguno lo desea fervientemente. El caso es que las criticas a un consejero de Educación que defiende y usa el asturiano son sorprendentes. No sé, yo lo comparo con otras materias de gobierno y no encuentro parangón. ¿Acaso recibiría tantas críticas el consejero de Industria por defender la siderurgia asturiana? ¿O a la de Agricultura por mantener y preservar el campo y su idiosincrasia? Sin embargo, el asturiano amigos es otra cosa. Con simplemente nombrarlo a algunos ya les sale urticaria. Lo equiparan, por desconocimiento y maldad, con lo que están pasando en otros sitios y no tiene nada que ver. Me refiero, claro está, a independentismos y veleidades por el estilo. Suponen, en el pensamiento más absurdo que he visto en mi vida, que si la gente lo usa normalmente -como ya hace un importante porcentaje de la población- acabará creciendo el sentimiento separatista. Suponen, que si algún improbable día es cooficial será un auténtico desastre. A su implantación le atribuyen todos los costes económicos del mundo, además de que acabaremos por no entendernos los unos con los otros. Por favor, en la comunidad de los sobrecostes del Musel, del Palacio de Congresos de Calatrava, y el robo sistemático en el Niemeyer; igual el asturiano supone su ruina. Vamos hombre. Igual si algún día es cooficial se forma un galimatías lingüístico que impide la correcta comprensión. Venga ya.

De lo que estamos hablando, al final, es de más de lo mismo: prejuicios estúpidos y odio por lo propio. En eso se resume la historia de la lengua asturiana y su supervivencia: el mayor enemigo está aquí.

Nota: en la foto, el peligroso consejero, está intentando que Gabino de Lorenzo y al ministro de Educación hablen asturiano. Lo tiene claro.

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La «cámara consuelo»: el Senado.
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Jose Manuel Balbuena | 16-09-2015 | 06:36| 7

Lo de las puertas giratorias se ha hecho muy famoso. Podemos lo puso de moda al denunciar que, muchos ex cargos públicos relevantes (ministros, presidentes del Gobierno, etcétera), acaban formando parte de los  consejos de administración en las empresas privadas. Algo, por supuesto, que da que pensar. Sin ir más lejos, todo el sector eléctrico español está trufado de ex. La razón es obvia: al tener tarifas reguladas necesitan de influencia y contactos para estar presente donde se toman las decisiones. Al Senado no le pasa exactamente lo mismo, pero sí algo parecido. No tiene importancia dentro del sistema legislativo porque es el Congreso donde se discuten las leyes. No tiene relevancia porque los grandes debates se producen en la Carrera de San Jerónimo. Si acaso, le pusieron una sesión de control al Gobierno, que instauró el presidente Zapatero, para darle un cierto lustre. Los senadores, aunque se eligen para representar a su comunidad, son designados por los partidos con criterios de lo más heterodoxo. Ejemplo: Bárcenas era senador por Cantabria y en su vida la había pisado. Por tanto, a la fuerza tenemos que ver al Senado como una cámara menor. Una especie de retiro dorado –en forma de puerta giratoria- que se da a algunos cuando se les quiere premiar. Y lo hemos vuelto a ver en las pasadas elecciones de mayo. Cuando el alcalde o presidente de turno es barrido por las urnas o en un pacto, ahí está el Senado para acogerlo como consuelo. Rita Barberá, ex alcaldesa de Valencia, o Alberto Fabra, ex presidente valenciano, recorrieron ese camino. Lo mismo que los socialistas Marcelino Iglesias o José Montilla. ¿Sirve entonces el Senado realmente para algo? La sensación ciudadana es que no. Aunque debería tener una función territorial no lo hace en absoluto. Siempre, ya lo verán, en cuanto llegan las elecciones, se habla de su reforma y demás zarandajas. Pero luego, cuando se constituye, nadie lo toca. Lo dejan ahí porque sirve como instrumento de jubilación anticipada.

En Asturias, este viciado proceso, también lo vivimos. El ex presidente asturiano, Vicente Álvarez Areces, por ahí anda:  disfrutando de su última etapa en la política. Ahora, por designación de la Junta General, tenemos dos nuevos senadores: Fernando Goñi del PP y María Luisa Carcedo del PSOE. Dos políticos veteranos -ni se sabe cuánto llevan ya- a los que se manda al otro Benidorm. En diciembre, cuando se expongan las listas de los partidos al Senado, ya verán cómo de nuevo nombres ilustres (o desgastados) de la política la conforman. El ciudadano introducirá la papeleta marcada ya  por el partido de turno en las urnas y… santas pascuas. Una legislatura más.

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Ser o no ser.
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Jose Manuel Balbuena | 08-09-2015 | 08:15| 1

Este verano ha sido espectacular desde el punto de vista turístico. Todo el sector, con una sonrisa bien grande, admitió que había sido un magnífico verano. No sólo porque hubo más visitantes, sino también debido a que gastaron en mayor proporción. Un saldo muy positivo de lo cual, oigan, me alegro profundamente. Sin embargo, parece como si otra vez ese discurso turístico quisiese volver a ocuparlo todo en una comunidad que tiene registrados, según el último dato, casi 85.000 parados. 40.000 personas más que desde que empezó la crisis. En mi ciudad levítica, Gijón, tenemos inscritos 24.497 desempleados en las oficinas de los servicios de empleo, lejanos ya, por suerte, los más de 30.000 que llegó a haber. El turismo, sin duda, ha contribuido a bajar esa cifra de forma sustancial y hay que reconocérselo. Ahora bien, de ahí a pensar que llegará a ser nuestro motor económico va un trecho largo. Es más, a veces oigo cosas chocantes como cuando se quiere justificar la obra de El Musel a base de cruceros. Ustedes me dirán si para 12 escalas que se esperan este año, más o menos, hay que gastarse 700 millones de euros en una ampliación del puerto. Absurdo. Gijón (y Asturias) será industrial o no será. Esa es la máxima sobre la que tenemos que trabajar. A nadie se le ocurre que esta ciudad (o comunidad) vaya a vivir en un futuro del turismo, porque, entre otras cosas, no deja de ser el recurso de los pobres. En Grecia también van a alcanzar récord de visitantes: 26 millones de personas esperan que pasen por allí y, en fin, ya ven cómo está el país. No amigos, el turismo es un complemento perfecto –sobre todo para las alas- en una comunidad que siempre fue industrial. Quitar este carácter y convertirnos, no sé, en una especie de Mallorca del norte, no tiene ningún sentido. Sabemos hacer chapa, barcos, grandes piezas y hasta hace poco motocicletas; pero no podemos –ni queremos, entiendo- cambiar eso por bares, restaurantes y hoteles. En resumen, en el día de Asturias yo creo que todos –especialmente nuestros gobernantes- debemos tenerlo muy claro. Nuestro paraíso natural tendrá futuro siempre y cuando siga siendo industrial. Salirnos de ese camino –debido a cierres, deslocalizaciones o malas políticas- significará la muerte económica.

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¿Administración 2.0?
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Jose Manuel Balbuena | 06-09-2015 | 08:58| 1

La Administración tiene que dar un buen servicio al ciudadano. Digamos que esto es el abecé para cualquier gobierno que se precie. Es decir, que uno vaya al médico, por ejemplo, y su historial esté disponible en el ordenador correspondiente. Lo mismo podríamos decir de cualquier proceso burocrático –una solicitud, una beca, un pago de impuestos,  etcétera- donde el orden y concierto debería ser lo habitual. Sin embargo, lo que vivimos esta semana pasada con los profesores interinos en nuestro paraíso natural fue todo lo contrario. Más de 2.800 docentes estaban esperando destino el 31 de agosto y se quedaron a dos velas. Apenas tenían un día para incorporarse a su centro –y con ello el cambio de residencia o viaje correspondiente- encontrándose con que el Gobierno de Javier Fernández no se lo adjudicaba. Es más, les retrasaba la llegada al destino con todos los perjuicios para el sistema educativo que ello representa. El consejero de Educación, Genaro Alonso, salió pidiendo disculpas. Lo mismo que el portavoz del Ejecutivo, Guillermo Martínez. Un fallo informático, aseguraron ambos, fue el culpable de que todo se viniera al garete. Según parece, el programa era incapaz de adjudicar destinos y daba múltiples errores. No sé, quizá, digo yo, también porque el proceso no fue probado antes y se hizo a la carrera. De hecho, Asturias es la comunidad autónoma del Estado que más tarde realiza las adjudicaciones a sus profesores interinos. El caso es que esto no es la primera vez que ocurre. En la legislatura pasada, la consejera de Bienestar Social, Esther Díaz, retrasó  ad infinitum el pago del salario social a miles de beneficiarios por el mismo motivo: el programa informático no acababa de funcionar. Recuerden que el salario social es la última ayuda que recibe un individuo antes de irse a la calle. O sea, a partir de ahí, sólo le queda la indigencia pura y dura. Ya me dirán si alguien que está en una situación  límite, puede estar esperando por que la informática de su comunidad funcione o no. Los fallos en el nuevo HUCA fueron muchos y muy diversos. Ojo y con sistemas, decían, de los más avanzados: el hospital sin papeles lo llamaban. Desde el programa que asignaba las citas, hasta su compatibilidad con otros sistemas de la administración que era imposible. ¿Qué pasa?¿Es tan malo el sistema informático que se utiliza en el Principado, o la escusa con la cual tapar otros agujeros de mala gestión? Si hoy en día todo gira en torno al mundo digital, ¿por qué no se revisa que su funcionamiento sea correcto? ¿Por qué se da esa imagen tercermundista?

Nuestros dirigentes son los primeros en salir a la palestra cuando cualquier tipo de trámite puede hacerse on line a través de internet. No hay más que verlos presentando la última web que permite consultar o mandar papeles a través de ella. Pomposamente lo llaman «Administración 2.0». Ahora bien, cuando de verdad tiene que funcionar para procesos administrativos relevantes; ya vemos que no lo hace y falla lamentablemente. Hoy le ha tocado a los interinos de Educación, antes a los beneficiarios del salario social y, en un futuro, quién sabe, puede que a usted o a mí.

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El ángel caído.
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Jose Manuel Balbuena | 17-04-2015 | 06:23| 7

Mientras Mariano Rajoy se dedica a vender la bondades de la recuperación económica, suceden cosas como éstas. Todo un vicepresidente del gobierno de Aznar detenido en su propia casa. Miren si no la foto. Impresionante. El que fuera todopoderoso ministro de Economía ayudado a entrar en un coche policial, como un reo cualquiera al que llevaran esposado hacia comisaria. Tremendo. El descrédito de Rodrigo Rato desde que dejó el Fondo Monetario Internacional ha sido de órdago. Su principal error, sin duda, aceptar la presidencia de Bankia. Una entidad ya muy tocada por los desmadres de su antecesor, Miguel Blesa, y que él contribuyó a hundir. No sólo por su actuación en  las «tarjetas black» -el mismo día que dimitió sacó 1.000 euros de un cajero- sino también por una salida a bolsa presuntamente fraudulenta. Están en juego, ni más ni menos, que 800 millones de euros de fianza que le ha impuesto un juez. No me extraña, pues, que una de las acusaciones que pesan sobre él sea la de alzamiento de bienes: intentar ocultar patrimonio para evitar responsabilidades. En todo caso, la detención de Rodrigo Rato, por mucho que se diga que no, es un torpedo en la línea de flotación del Partido Popular. Otro más, diría yo. Si no tuvieron bastante con el caso Bárcenas, ahora viene esto. Sí, ya sé que escucharan a todos desmarcarse de Rato como si no le hubiesen visto en la vida. No es verdad. Estaba considerado –aunque esté suspendido de militancia- como una especie de ángel. El ángel de la recuperación de la crisis del año 93. Un espejo en el que mirarse por su prestigio y buen hacer. El mejor ministro de Economía de la historia, llegaban a decir. Sin embargo, tal parece que ahora fuese el mismísimo demonio. Sus ex compañeros, aunque no lo digan, le desean lo peor. Que se dé un escarmiento sobre su persona para así evitar las culpas del partido. No le hacen más que reproches cada vez que se acerca un micrófono. Que si el que la hace la paga, que si todos somos iguales ante Hacienda, que si no se mira el carné a la hora de investigar. Ni a uno escuché defenderlo. Intuirle un mínimo de inocencia, porque, como dijo Esperanza Aguirre, en el PP nadie pone la mano en el fuego por nadie. Han sido tantos, y tan cuantiosos, los casos de corrupción dentro del partido que la confianza en las personas se ha perdido. Cada palo que aguante su vela. Del árbol caído… mejor que no te aplaste.

Combustible para Podemos.
Los populares salen muy tocados a casi menos de un mes de las elecciones autonómicas y municipales. Saben que es un varapalo muy gordo. Todo el camino avanzado por el discurso de la recuperación económica se lo ha tragado, como el pez grande al chico, la corrupción. Un solo caso como éste tiene más repercusión en el electorado que miles de personas abandonando el paro. Toda la estrategia seguida se va directamente a la mierda. Saber que un tótem se acogió a una regularización fiscal, después de la lucha contra el fraude que ha llevado a cabo el implacable Montoro, es algo insoportable. Deja directamente sin aliento a miles de votantes y simpatizantes. Y mientras tanto, los nuevos partidos siguen creciendo como la espuma. Ciudadanos y Podemos se frotan las manos. Sobre todo, estos últimos que llevan por bandera la lucha contra la casta. Para ellos, Rodrigo Rato era de la peor: la de los banqueros. Y verle así no deja de  producir una sonrisa de felicidad.

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El hundimiento.
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Jose Manuel Balbuena | 08-04-2015 | 06:01| 3

En UPyD no sorprende su crisis, sino la velocidad a la que se produce. El partido está en auténtica descomposición. Va perdiendo militantes, votantes y cargos como si fuera un meteorito entrando en la atmósfera. Yo no recuerdo un caso igual desde lo del Centro Democrático y Social (CDS). Cuentan los que pertenecieron al partido de Adolfo Suárez la siguiente anécdota. La noche electoral, cuando perdió toda su representación, los militantes se dispusieron a llamar a las sedes para comentar lo sucedido y darse ánimos. Fue imposible. Nadie cogía el teléfono. Habían abandonado los locales casi sin cerrar la puerta. UPyD lleva camino de eso. La desbandada –preferentemente hacia Ciudadanos, claro está- es general. Y, ojo, sólo ha habido unas elecciones en Andalucía. Rosa Díez prefiere hundirse con el barco a soltar el timón. Convocó, forzada por las circunstancias, un Consejo Político donde fue refrendada con denuedo. Lógico, eran sus fieles. Díez blindó los órganos de dirección para casos como éste. ¡No sabe nada al ex del PSOE! Allí, sólo se escuchó la crítica de Toni Cantó que -sorprendido por el apoyo incondicional a la Presidenta- al final ha tenido que dimitir. De esa pantomima, podríamos llamarla así, surgió el acuerdo de realizar un Congreso extraordinario después de las autonómicas del 24-M. Cuando ya, prácticamente, no quede nada del partido. El varapalo va a ser tan grande –incluso perdiendo toda su representación en Madrid, según una última encuesta- que será imposible la reconstrucción. Sólo recoger sus cenizas. El momento de tomar decisiones era ahora, no después de que se produzca la debacle. Lejos de eso, Rosa Díez ha preferido enrocarse. Se mantiene en su búnker moviendo tropas imaginarias igual que Hitler en sus últimos momentos. Dice por las redes sociales que es el momento del trabajo y la unidad. Ya, pero, a todas luces, el partido que iba cambiar España ha terminado igual que los demás. Siendo, sin duda, una formación tradicional con un liderazgo de hierro similar a las que aborrecía.

Porque, si de algo podemos acusar a la Presidenta, es de haber construido un gigante con pies de barro. Si se dan cuentan el declive de los magenta comenzó en las Europeas. Consiguieron un resultado mejor que el que tenían, pero insuficiente para sus expectativas. Los titulares se los llevaron Ciudadanos y, sobre todo, Podemos. Ahora, viendo el desastre de las Andaluzas, debemos tener claro que UPyD tenía mucha mayor representación que base social. Lo difícil en política muchas veces no es llegar, sino mantenerse. Aglutinar a un electorado fiel en torno a un proyecto. Díez consiguió un gran apoyo en poco tiempo y, a la velocidad de la luz, lo ha acabado perdiendo. En buena medida porque su política hacia las discrepancias ha sido siempre la misma: que no toquen los c… Miren si no cómo manejó el caso de Sosa Wagner, igual que si de una purga estalinista se tratase. O el constante goteo de bajas –achacado al crecimiento, decía- que no supo parar. Más bien, le daba exactamente igual. Su presidencia fue llevada como una especie de despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Lo que sube de forma rápida, suele caer a plomo. Que tome nota Ciudadanos porque les puede suceder lo mismo.

Y ahora una gestora en Asturias.
A eso se le llama echar gasolina al fuego. Si de algo puede presumir el partido en Asturias es de la fidelidad hacia su persona. Es más, tuvo que soportar que le impusiese un pacto con los socialistas, en una rueda de prensa que pasará a la historia. En ella, recogido por los micrófonos, iba dictando a su diputado, Ignacio Prendes, lo que tenía que decir. Vergonzoso. Fue criticar la línea seguida por parte de éste y ya se ha encontrado con una gestora de frente. Ha disuelto todos los órganos de dirección de un plumazo. No le ha temblado el pulso en absoluto. Saturno devorando a sus hijos. Se ha comido, no sólo a los dirigentes de la formación, sino también a los militantes que iban a expresar tal día como hoy su opinión en una asamblea. Triste y patético a la vez.

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Morirse en el paraíso.
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Jose Manuel Balbuena | 30-03-2015 | 06:30| 4

A mí el impuesto de sucesiones me parece profundamente injusto. Más que nada, porque grava algo que debería ser sagrado: el ahorro. Un país que no ahorra está condenado a financiarse de forma externa. Y ya sabemos lo que pasa –la famosa prima de riesgo- cuando se depende en exclusiva de los mercados. Se habla mucho, por ejemplo, de la deuda que mantiene Japón: 240% sobre el PIB. Sin embargo, la gran mayoría de la misma está en manos de los propios japoneses. Es decir, son ellos quienes con su ahorro financian al Estado y le dan estabilidad. Pero, digo, el impuesto de sucesiones es injusto también por otro motivo: se lleva una parte de lo que el fallecido pretendía legar. No sólo su dinero, sino también su esfuerzo y trabajo durante muchos años. La ilusión de un padre por dejar unos euros y si quiera una casa a su hijo, o la empresa que mantuvo a flote durante toda su vida. El fisco asturiano para ello no tiene miramientos: las herencias tributan a partir de 150.000 euros. Es decir, si los bienes y derechos que heredas suman 150.001 euros pasas a pagar la tarifa mínima: 18.000 euros. Toma ya. ¡Viva la progresividad! El Gobierno siempre ha defendido este impuesto a capa y espada por una sencilla razón: su recaudación es estable. No sufre vaivenes con los ciclos económicos, ya que, a todas luces, uno no elige cuando se muere. Así, logra recaudar unos 119 millones de euros anuales a base de sablear a la sufrida clase media. Sí, porque esa es otra falacia que nuestros gobernantes se han inventado: el impuesto de sucesiones es para ricos. Nada más lejos de la realidad. Con tener, qué sé yo, un piso y cuatro euros en el banco ya pasas los famosos 150.000 euros. Mientras que, los ricos de verdad, cambian de domicilio fiscal y acaban fijando la residencia en Madrid. Vean si no la comparación. Una herencia de 500.000 euros pagaría 85.000 en Asturias, pero si uno va a morirse en Madrid sólo 850. No me extraña, pues, que esta emigración impositiva haya ido en aumento. Profesionalmente, veo muchas herencias a lo largo del año. Nunca, y repito nunca, ha habido tantas renuncias a las mismas como en la actualidad. Si el fallecido no deja dinero en metálico suficiente, se hace imposible afrontar el impuesto porque hay que  hacerlo a los seis meses de la defunción. Además, si la herencia no es directa –de padres a hijos o viceversa- el tipo se multiplica con lo que se tiene que pagar mucho más. En definitiva, muchas veces vale más el collar que el perro.

Y Fernández ahora quiere cambiarlo.
Sí, se cayó del caballo cual Pablo de Tarso. Toda la legislatura defendiendo este injusto sistema y ahora, justo antes de la cita electoral, quiere llevar en el programa que va a modificar el famoso «escalón fiscal». Esto es, lo que les contaba de tributar en su totalidad con pasar un euro de los 150.000. Dice que su pretensión es que vaya por tramos, como debería haberse hecho hace muchos años. Así y todo, nuestro Presidente muestra recelo ante la caída de la recaudación. Yo le recomendaría que echase las cuentas de la siguiente manera. El Principado prevé pagar de intereses, por la deuda que mantiene, 344 millones de euros en 2015. O sea, casi tres veces más de lo que recauda por sucesiones. Si Javier Fernández, en serio, se dedicase a reformar el aparato del Principado; podría dejar de pagar los intereses de una deuda que ya suma 3.654 millones de euros. Casi tanto como el propio presupuesto. De esta manera, ni siquiera notaría la bajada en el injusto impuesto sobre sucesiones que propone y podría bonificarlo aún más. ¿De verdad lo hará? Yo creo que tampoco.

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Unión Problemas y Democracia (UPyD).
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Jose Manuel Balbuena | 25-03-2015 | 07:33| 10

Sólo hemos tenido unas elecciones –ojo, que quedan tres más- y ya hay partidos con serios problemas. Me refiero, claro está, a UPyD. La formación magenta ha digerido muy mal el no conseguir ni un solo escaño en Andalucía. Es más, ha perdido 70.000 votos respecto a los últimos comicios. Si quieren, y visto desde la distancia, la campaña andaluza me pareció bastante chusca. Casi en tono cómico. Me refiero, por ejemplo, a ver como Rosa Díez limpiaba las verjas del Parlamento andaluz con un trapo, mientras daba mítines en la calle cual profeta en el desierto: sin apenas público. Pero, sin duda, el problema principal no estaba ahí, sino en que Ciudadanos, un partido más nuevo que ellos y del mismo corte, les ha comido la tostada por completo. Ha entrado en el Parlamento, ni más ni menos, que con nueve diputados. A Rosa Díez el pactar con esta fuerza siempre se le atragantó. Principalmente, por dos motivos. Primero, su hegemonía estaría en peligro al tener como competidor a Albert Rivera, presidente de Ciudadanos. Y segundo, los despreciaba. Directamente consideraba que estaban llenos de corrupción, cuando no que era un partido insignificante al lado del suyo. Digamos que Díez se sentó a la mesa de negociación –de mala gana y para justificar el no- con la intención de fagocitarlos. Que viniesen a su partido sin concesiones y como en una especie de rendición. El liderazgo de la presidenta es así: no admite más posturas que la suya.  Quiere ser, como lo está demostrando, la timonel del barco aunque se acabe hundiendo. Aunque el futuro de UPyD se muestre más que negro ante los comicios municipales y autonómicos del 24M. Por todo ello, no me extraña que algunos dirigentes hayan dicho basta. Se han plantado dándose de baja en la dirección. UPyD, tal y como está diseñado por su lideresa, es una especie de gigante con pies de barro. Me refiero a que tiene (o tenía) muchos más simpatizantes que militantes, mucha más representación institucional que bases sólidas con las que trabajar. Un militante siempre vota al partido, pese a que esté pasando por un mal momento. Un simpatizante, en cambio, gira como el viento: ahora le gusta UPyD, ahora se va con Ciudadanos. Miren si no el caso del PSOE en Andalucía. Gana de nuevo -pese a que ya tenemos un nuevo escándalo de corrupción con las urnas aún calientes- debido principalmente al grado de fidelización en su voto. Al PSOE andaluz lo votan aunque sea tapándose la nariz. Sin embargo, esto no lo ha conseguido UPyD con su electorado. La fidelidad de sus votantes es ínfima. Yo diría que casi nula. Ha sido llegar algo nuevo y abrazarlo porque consideran que UPyD ya resulta vieja. Una especie de obsolescencia acelerada donde no se entiende el discurso ambiguo de Rosa Díez: por una lado proclama la regeneración en la política, pero, por otro, no se lo aplica a ella misma.

¿Y querrá ahora Ciudadanos pactar con ellos?
Pues me temo que no. Si el que llega a sacar nueve diputados en Andalucía es UPyD, ¿no se estaría acaso pidiendo la cabeza de Albert Rivera? ¿No hubiese significado casi el fin de Ciudadanos? Digamos que a nivel nacional tenían mucho más que perder que el partido magenta; pero como la apuesta les ha salido bien, no son ellos quienes tienen que cambiar. Digo más, pueden hacer lo del refrán chino y seguir tan tranquilos: sentarse a la puerta para ver el cadáver de su enemigo pasar. El goteo de gente que hará el trasvase de UPyD a Ciudadanos va a ser (es) casi como una hemorragia. Una sangría que no va a parar a no ser que, evidentemente, desde UPyD muevan ficha.

Nota: en la foto pueden ver a Ignacio Prendes, el diputado asturiano, presentado el acuerdo de legislatura con el PSOE en mayo del 2012. Un error más de estrategia de Rosa Díez. Al final, el acuerdo fue un chasco y ella lo impuso a toda costa.

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Oportunidad perdida.
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Jose Manuel Balbuena | 20-03-2015 | 07:20| 16

Hemos perdido una oportunidad de oro: la de revisar de una vez por todas la Asturias de los años noventa. Un periodo de nuestra historia, donde, sin ninguna duda, mandaba más el poder sindical que el político. Aquellos tiempos en los cuales un sindicato cualquiera –no digamos ya José Ángel Fernández Villa y su SOMA- era capaz de diseñar carreteras o condicionar en qué se debía invertir. Su poder era tal que, como se reconoció en la propia investigación parlamentaria sobre el origen de su fortuna oculta, no había presidente asturiano que no pasase por su tamiz. Sin embargo, en la susodicha comisión  todo fueron olvidos. Como si Villa nunca hubiese existido. Los comparecientes parecían auténticos monos sabios chinos: ni vieron, ni escucharon; ni, por supuesto, hablaron. Más que nada, porque la amnesia colectiva sobre tan aciago periodo fue casi como un virus. Nadie aportó nada relevante, porque, entre otras cosas, existe todavía esa especie de omertá que rige en las Cuencas. Muchos piensan lo que decía Bernard Shaw: sí, Fernández Villa es un hijo de… pero es nuestro hijo de… O sea, que pesa más el agradecimiento por  las fabulosas jubilaciones que consiguió al Estado; que el presunto enriquecimiento ilícito que practicó. Y por eso, la comisión parlamentaria presidida por UPyD fue un chasco. Un guirigay en toda regla donde los señores diputados no pudieron llegar a ningún tipo de conclusión. La espesa niebla lo invadió todo, ya que, como digo, el olvido de esos años fue la tónica general ante el Parlamento asturiano. Los 1,2 millones de euros regularizados debieron de caer del cielo. Eso, o creerse la chusca versión de una herencia imposible sobre el bar de Tuilla de sus padres. En otras palabras: no hubo un «garganta profunda». Una persona que diese el paso y mostrase el camino para saber cómo, dedicándose a ser cargo público durante tantos años, se puede acumular semejante fortuna lejos del fisco. En el caso Bárcenas, fíjense, fue presionar al tesorero y apareció la famosa «contabilidad B». Aquí nada. Ni un solo documento o prueba fehaciente que pudiera señalar algún tipo de irregularidad. Mucha declaración altisonante y golpe de pecho, pero nada más. Únicamente, si quieren, los 243.000 euros que aportó la presidenta de HUNOSA: el pago de dietas sindicales a José Ángel Fernández Villa que nunca llegó al SOMA. ¿Y se mostró escandalizado el sindicato por esta actitud, por descubrir que le estuvieron timando durante tanto tiempo? Qué va, la familia, siempre la familia, es lo realmente importante.

Inodora, incolora e insípida.
Así debe ser una comisión parlamentaria: como el agua. Cumplir estas tres condiciones a rajatabla para que sus señorías la den por buena. Inodora: no puede levantar ninguna sospecha sobre lo que se investiga. Incolora: nunca debe señalar directamente a ningún político. E insípida: sus conclusiones tienen que ser blandas, casi como aquello de «con flores a María». En resumidas cuentas: a Ignacio Prendes, diputado de UPyD, le llovieron las críticas porque no cumplió ninguna de esas tres cosas. Señaló, de manera equivocada o no, a culpables que están ejerciendo cargos y ahí no hubo piedad. Fueron a por él. Una revisión en toda regla de los más de 24.000 millones de euros que se gastaron el sucesivos planes de la minería no interesa. Eso es pasado y debe olvidarse. El destino de la lluvia de dinero público que regó las Cuencas para nada, tampoco parece importar. Lo malo de los pueblos que no revisan su historia, digo, es que están condenados a repetirla.

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