El Comercio
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Marrón.
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Jose Manuel Balbuena | 21-12-2014 | 19:38| 5

En Asturias las relaciones entre PSOE y PP nunca fueron blanco contra negro. Quiero decir que durante muchos años se mantuvieron en tonos marrón. O sea, demasiadas veces parecía como si cada uno tuviese diseñado su papel de antemano sin ninguna confrontación. El PSOE, evidentemente, ejerciendo el poder y el PP, en cambio, haciendo de oposición. Suave y de forma tal que el estatus se mantuviese legislatura tras legislatura. Tal fue así que, cuando Ovidio Sánchez era presidente de los populares, sus campañas estaban diseñadas para ser el eterno aspirante. Incluso, fíjense, hasta descansaba los domingos. Esa forma de actuar hizo, claro está, que todo el mundo se acomodase. Si en un restaurante das mala comida y tus clientes nunca protestan, ¿para qué vas a cambiar? El PSOE sabía de sobra que siempre iba a ganar, mientras que al PP sólo le interesaba retener Oviedo: su joya de la corona. Unos renunciaban a hacer una oposición efectiva en la capital y los otros en el Principado. Sin embargo, la llegada de Álvarez-Cascos dinamitó la situación. Entonces, ya no resultaba tan cómoda la política de la «Vieja Asturias». Alguien había puesto el dedo en la llaga y denunciaba que el Partido Popular no era más que un grupo perdedor. Un conjunto de diputados cuyo único fin estaba en no molestar demasiado al PSOE.

La aprobación del presupuesto para 2015 tuvo un cierto tufo a lo anterior: a los tiempos donde cada uno buscaba su lugar de forma premeditada. Resulta sorprendente que el PP le convalide un presupuesto al PSOE en año electoral a un precio tan barato. Una bajada fiscal que no veremos hasta 2016 y alguna cosita más. Como digo, un coste ridículo en comparación con lo que van a ganar los socialistas. Javier Fernández se va a presentar en mayo del año que viene con unas cuentas para vender, mientras que el PP no verá los resultados de sus propuestas hasta el siguiente. Una negociación pírrica que sólo puede tener un fin: que Foro no llegue en ningún caso al gobierno. Es decir, los populares prefieren que gobierne el PSOE a que lo haga Cascos. Mercedes Fernández dice que es por el bien de los asturianos, pero ni intentó en su día formar ejecutivo con Foro. Cascos tuvo que convocar unas elecciones anticipadas –gran error del que un día hablaremos- y perderlas para que volviesen los socialistas. El leitmotiv del actual Partido Popular no es más que hacer trizas al partido de Álvarez-Cascos. Algo así como cuando en un divorcio uno de los cónyuges se confabula para acabar con el otro, aunque sea a base de perjudicarse.

¿Y es ésta una buena estrategia?
Sin duda, no. Mercedes Fernández desconcierta a su electorado. El que haya apuntalado a los socialistas en año electoral le va a resultar difícil de explicar. Ese discurso  sobre el interés general de los asturianos –cuando, repito, derribó al gobierno de Foro al rechazar su presupuesto-  tiene poco recorrido. Más bien, la sensibilidad de centro-derecha entiende que existe una intención clara de volver a lo mismo: a la eterna oposición. Si Mercedes Fernández creyese que iba a ser presidenta del Principado después de los próximos comicios, ¿acaso haría cosas así? ¿Acaso sostendría a los socialistas por una bajada de dos puntos en el IRPF? Un partido que quiere llegar al poder, ¿da oxígeno al gobierno de turno o intenta que llegue a elecciones lo más deteriorado posible? Vuelve el marrón a la política asturiana.

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Trata de arrancarlo, Javier.
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Jose Manuel Balbuena | 17-12-2014 | 06:42| 3

Mariano Rajoy ha decretado que estas son las últimas navidades de la crisis. Eso sí, después le puso matiz. El caso es que, según el Gobierno, la crisis va a ser historia a tenor de los datos macroeconómicos. ¿Puede Javier Fernández decir lo mismo? ¿Sentimos algún tipo de recuperación en nuestro paraíso natural? Sin duda, no. Estamos, digámoslo así, más bien fuera de ese circuito que parece marcar la recuperación. Aquí sentimos que, en vez de eso, nos aprietan cada vez más las tuercas. Vean si no el caso más reciente: el de Alcoa. Si la multinacional del aluminio decide marcharse por la tarifa eléctrica, el agujero sería profundo. Más de 700 empleos directos y casi otros tantos de forma indirecta. Y como eso, en poco tiempo hemos visto decir adiós a Suzuki, Tenneco (de forma parcial) y la embotelladora de Cocacola. A esto hay que sumar otras muchas pequeñas y medianas empresas que se han quedado por el camino. La sensación general a nivel asturiano es de que el coche no arranca, de desmantelamiento de toda una región . «Trata de arrancarlo, Javier», le decimos al presidente del Principado; pero es como si no encontrase la forma. Nuestros presupuestos se decidan al pago de la nómina de funcionarios y la deuda. No hay más. La inversión planteada es tan reducida -330 millones de euros- que de ninguna manera puede considerarse como un instrumento para la recuperación. Digo más, pese a que la deuda es la cuarta más baja de la España autonómica, se llevará 484,4 millones de euros el año que viene en intereses. Sobre el 12,2% del total presupuestario. Llegará el día, de seguir así, que los asturianos trabajaremos –los pocos que todavía lo hacen- para una sola cosa: pagar los servicios públicos y el pufo generado. ¿Alguien se ha planteado rebajar el voluminoso aparato público asturiano? Desde luego, no Javier Fernández. Más bien, lo considera un tesoro a conservar. ¿Alguien se ha planteado que se puede hacer igual (o más) con menor tamaño de la Administración? No el Gobierno asturiano. Asturias es la segunda autonomía que menos redujo su sector público desde el inicio de la crisis. Se limitó a eliminar dos entes –Procuraduría y el Instituto Asturiano de Estadística- sin ningún tipo ahorro. Así, va a ser complicado sacarle rendimiento a nuestros impuestos. Los cuatro o cinco que todavía trabajamos, insisto, tendremos que seguir manteniéndolo. Contra viento y marea defiende Javier Fernández un aparato que considera ajustado. Ahora bien, los hechos están ahí. La deuda, como digo, pasó de 770 millones de euros en 2008 a 3.654 previstos para el año que viene. No parece que se le dé importancia.

¿Y el Principado?
Ayer tuvo lugar la firma de un convenio con una línea aérea para que tenga su base en Asturias. En la foto pueden ver a los ayuntamientos de Gijón, Oviedo y Avilés; junto con las cámaras de comercio y la patronal asturiana. Ni rastro del Principado. Los señores antes mencionados pusieron dinero -700.000 euros- para que Volotea se asentase aquí. De momento, bien es cierto, con destinos vacacionales muy propios del verano pero nada comerciales. Ahora bien, al Principado ni se le vio pese a que tiene la intención de aportar 3,3 millones de euros. Seguramente, en cualquier otro tipo de acto –la concertación social, por ejemplo- estaría presente Javier Fernández en la imagen. No lo duden. Y eso que era un acuerdo histórico: la primera vez que se unen los tres grandes ayuntamientos asturianos para financiar conjuntamente una estructura de este tipo. Como ven, no interesa. Más bien, la concertación social es lo que mola. Millones de euros pintados en un papel para que sindicatos y patronal se dediquen a gastarlos. El único problema, como se ha demostrado, es que son virtuales.

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La costra.
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Jose Manuel Balbuena | 10-12-2014 | 07:03| 4

En Asturias nunca hubo casta, sino más bien costra. Un grupo de individuos que se adherían al sistema hasta hacerse dueños del mismo. La casta se supone que es un concepto elitista e individual, la costra no. Suele venir desde abajo y de forma colectiva medra hacia lo más alto. Ocupa el poder y despliega sus tentáculos para así retenerlo ad infinitum. Pegarse a las instituciones y administrar un aparato todopoderoso era su táctica. Y no le salió mal en absoluto: llegó a crear toda una conciencia social a su alrededor. Algo así como que ésa era la única Asturias posible. Digo todo esto por las informaciones que estamos recibiendo sobre la fundación del SOMA, Infide. Un ente creado y administrado por José Ángel Fernández Villa que recibía (y recibe) subvenciones del Principado. Su principal actividad, la custodia de un archivo minero y sindical que supuestamente tiene 6.000 visitas al año, es realizada desde un piso céntrico en Oviedo que ni siquiera abre al público. O por lo menos, de manera regular. Más que nada, porque posee un solo trabajador en plantilla y a tiempo parcial. Imaginen toda esa ingente cantidad de visitas que figuran en la memoria de la fundación gestionadas por una persona. ¡Cómo para volverse locos! Lejos de eso, en Infide el tiempo parece haberse detenido. Cuenta como presidente a Villa, pese a haber sido expulsado del SOMA por su regularización fiscal, y en la revista que edita también, faltaría más, ocupa el cargo principal. Por si fuera poco, los eventos que se financian con dinero público ni siquiera se organizan. Se les dota desde el Principado con partidas tan rimbombantes como «jornadas técnicas para el futuro de la estructura energética española», pero luego nada se hace con tal fin. Infide, prácticamente, se creó como una fundación paralela al poder del SOMA y como tal ha caído. Tanto, que ahora mismo su situación financiera es profundamente delicada incurriendo en causa de disolución. Ahora bien, en los buenos tiempos –cuando organizó el centenario del sindicato- también tenía patrocinio privado con importantes empresas que la apoyaban. La antigua Cajastur soltó, por ejemplo, más de 400.000 euros. Todo ello, porque sabían de sobra que Infide era costra: una fundación pegada al sistema que por entonces partía el bacalao.

¿Hay más costra?
Por supuesto que sí. Infide no es ni mucho única: la costra abunda por nuestro paraíso natural como resto de la Vieja Asturias. Y si quieren mi opinión, ni la crisis ha podido con ella. El conjunto de entidades apegadas a la Administración –aunque más debilitadas- han sobrevivido incluso a esto. El gobierno de Javier Fernández siempre se ha negado a reducir este universo paralelo por considerarlo necesario. Me refiero, claro está, a la pléyade de organismos que cuelgan del Principado y mantiene. Algunos con más o menos sentido y otros ninguno. Hablamos de más de 60 en el caso asturiano que no sufren, ni mucho menos, los rigores de la austeridad. Si hay que recortar, ¡qué demonios!, se hace con la inversión (330 millones de euros) más baja de la historia. Sin embargo, a la costra ni tocarla. Por lo menos, para que sobreviva ahí aletargada hasta que los tiempos cambien. El dinero vuelva a fluir y entonces, por supuesto, otra vez volverá a florecer la Vieja Asturias.

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Asturias desindustrializada.
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Jose Manuel Balbuena | 03-12-2014 | 07:23| 4

Negros nubarrones se ciernen sobre Avilés. La amenaza de despido colectivo en Alcoa parece presagiar algo peor: el cierre. Es como si la empresa hubiese buscado un pretexto –el alto precio de la energía- para llevar a cabo sus planes. Y estos no son más que la deslocalización pura y dura de su fábrica. Invertir en otros lugares que consideran más rentables. En concreto, Arabia Saudí donde acaba de abrir una planta con tecnología punta. Todo indica que el camino tomado pasa por ahí. Es cierto que el precio del servicio eléctrico es inasumible. Que la empresa ha pasado de estar subvencionada –en la compra de la antigua Inespal y la luz- a tener que buscarse la vida. Y para eso se creó desde el Ministerio de Industria el sistema interrumpibilidad: una subvención encubierta para grandes empresas. Desde que se terminara la famosa tarifa G4 es el mecanismo que tienen para conseguir rebajar el coste eléctrico. Eso sí, sorprende que Alcoa haya pujado por una fábrica que deja abierta (Lugo) y, sin embargo, para Avilés y A Coruña no. Las dejó a los pies de los caballos en la subasta. Dice que tienen tecnologías muy antiguas y, por tanto, más sensibles a los cambios de precios en el suministro. Entonces, pregunto, ¿por qué no las modernizó? ¿Por qué no invirtió para hacerlas más competitivas? Si la empresa sobrevivió en 2010 a toda una inundación que dejó gran parte de su maquinaria inservible, ¿por qué ahora ve tantos problemas en no haber adquirido los derechos de interrumpibilidad cuando le van a hacer una segunda subasta? Si hay una especie de septiembre cuando no se ha aprobado en junio, ¿por qué anuncia de manera tan abrupta el despido colectivo? ¿Cómo arma de presión ante el Ministerio o es acaso una estrategia para dar el portazo? La actitud de la multinacional ante esta segunda oportunidad va a ser reveladora: si puja de forma correcta para conseguir los derechos es que continua. Por lo menos, un año más. Ahora bien, si vuelve de nuevo a hacer un uso incorrecto estaremos ya a las  puertas  de lo peor. Sin más.

Y ahora, ¿qué?
Suzuki, Cocacola,Tenneco y ahora Alcoa. Es obvio que el mercado europeo, al conjunto de empresas globalizadas, ya no interesa. Lo ven en recesión. Prefieren invertir en mercados emergentes donde las ganancias son mayores. La multinacional japonesa Suzuki así lo hizo con su planta en Gijón. Un buen día dijo que se iba a fabricar las motocicletas a Tailandia y aquí quedó su fábrica en Porceyo vacía. Lo mismo que la embotelladora de Cocacola aunque un juez haya declarado su ERE nulo: lo hecho, deshecho está. En Tenneco tuvieron algo más de suerte.  A la lucha incansable de sus trabajadores se unió un golpe de fortuna: los planes de expansión de la empresa en Rusia tuvieron que abortarse. Las sanciones económicas de UE hacia el país fueron el principal motivo de que Tenneco no cerrase del todo. A este paso nos vamos a quedar sin industria –lo que mejor sabemos hacer- en nuestro paraíso natural. Una Asturias desindustrializada representa un panorama desolador. ¿Quién no nos garantiza que Arcelor o Asturiana de Zinc seguirán los mismos pasos que Aloca para marcharse? ¿Qué excusa buscarán esta vez para argumentar que aquí no son competitivos? Podemos quedar como una especie de reserva india: para enseñar osos y montañas a los turistas.

Más que mil palabras.
Vean la foto. Son los trabajadores de Alcoa el pasado lunes. Fueron a trabajar de forma normal y se encontraron con un despido colectivo encima de la mesa. De sopetón. Sus miradas perdidas lo dicen todo. Están pensando en el futuro: la familia, los hijos, la hipoteca por pagar… Incluso el de la cazadora roja fija la vista hacia un lado intentando buscar una explicación. No la hay. Simplemente, todos sus esfuerzos durante años no han servido para nada. Alguien –probablemente, muy lejos de aquí- ha decido que ya no son rentables. Los consideran amortizados –material obsoleto- y por eso quieren echarlos. Es el capitalismo de rostro inhumano.

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A trazo grueso.
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Jose Manuel Balbuena | 28-11-2014 | 07:22| 6

Es verdad que la corrupción se está mirando con lupa. Quizá casi al microscopio. De hecho, hemos pasado de darla casi como un mal menor del sistema, permitirla y no tenerla en consideración a la hora de votar; a lo contrario: señalar a todo el mundo como sospechoso. Lo de la ya ex ministra de Sanidad, Ana Mato, en otros tiempos no hubiese tenido tanta relevancia. O por lo menos: no la suficiente como para hacerla dimitir. Es más, cuando el conocido como «saqueo de Marbella» el entonces alcalde, Julián Muñoz, se paseaba con la famosa tonadillera hoy encarcelada y no pasaba nada. Salía reelegido y todo olía mal, apestaba, pero ahí seguía en primera plana para delirio de los seguidores de Sálvame. Y como eso, muchos otros casos –por ejemplo, el señor Fabra en Castellón o algún cacique gallego- que eran archiconocidos y hasta casi, repito, tolerados. Ítem más, seguían obteniendo una tras otra mayorías absolutas. Sin embargo, por suerte, la cosa ha cambiado mucho. La pareja que vive en su mundo, mientras se pasea en Jaguar o luce bolsos de marca, ya no cuela. Eso, entiendo, es lo que ha querido decir el juez Ruz con su auto donde acusa a Mato de beneficiarse «a título lucrativo» con la corrupción de su ex marido. Ella no está imputada –dice que no cometió delito- pero al final tiene que pasar por el Jugado. Algo, evidentemente, mortal de necesidad para un político. Y es que la opinión pública ya no sabe distinguir entre un corrupto y quien se beneficia  de su corrupción. Todo se mira a trazo grueso. Le parece tan mal que se robe de lo público como que se disfrute de lo robado con signos de ostentación. Algo que Ana Mato hacía con fruición al ver el sumario (un millón de folios) de la Gürtel. Fue desde el principio una ministra repudiada por eso: nadie le perdonó sus lujosas fiestas de cumpleaños con payasos y globos pagadas con dinero malversado. Rajoy, con semejante mancha, nunca debió ponerla en su Gobierno. Era algo cantado que, un día u otro, todo saltaría por los aires. La imagen de una mujer que era ajena a todo eso resultaba difícil de mantener y, al final, pasó lo que tenía que pasar. Además, justo en el peor momento posible. Cuando esta sociedad, afortunadamente, ya no traga y penaliza más que nunca la corrupción.

Nuevos tiempos, viejas recetas.
A mí las medidas que ayer se presentaron en el Congreso para atajar la corrupción me parecieron un refrito. Un parche de urgencia al ver la enorme bola que amenaza con aplastar el sistema. Se han tenido muchos años para la llamada regeneración democrática y ahora se intenta poner en marcha a golpe de escándalo. En cuanto salta alguno, ¡pum!, salen medidas por todos los lados. Eso sí, ninguno de estos casos ha sido detectado por los propios partidos sino por la policía. La política no sabe (o quiere) combatir la corrupción a fondo. Y pongo varios ejemplos. Dijo Rajoy que iba a prohibir el uso de tarjetas de crédito por parte de los altos cargos. ¿Y quién las va a utilizar ahora después de lo de Caja Madrid? ¿Alguien va a ser tan torpe como para gastar sin control sabiéndose observado? Los partidos van a tener un límite más bajo en sus donaciones. ¿Y las fundaciones? ¿Para que se crearon las fundaciones de los partidos si no es para financiarse de manera subrepticia? Tendrán los altos cargos que hacer una declaración de bienes al principio y al final de su mandato. ¿Y qué? ¿Estaba en su declaración de bienes las cuentas en Suiza del señor Bárcenas? Alguien que oculta patrimonio o dinero, ¿va a hacerlo acaso público en un documento cuando deje la política? Por favor…

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Presupuesto de auxilio.
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Jose Manuel Balbuena | 23-11-2014 | 11:27| 6

Como quien no quiere la cosa se aprobó el presupuesto del Principado para el año que viene. Así, sin más. Sin mayores alharacas y regocijo de sus participantes. Lo presentó en sociedad el PP, pese a que el gobierno es del PSOE, y ambos respiraron aliviados por pasar el trago. Con un, ¡uff!, que todavía resuena por la sede del Gobierno asturiano. El caso es que, sin embargo,  tiene mucha mayor enjundia de lo que parece. Es el primero en la historia de nuestro paraíso natural que pactan ambas formaciones. Antes tan enemigas políticas y hoy, por lo que se ve, no tanto. Es más, si nos atenemos a los hechos es el único que han pactado PSOE y PP en toda la España autonómica. Curioso, ¿no? Además, ambos llegaron hasta aquí con trayectorias vitales muy parecidas. Unos, los del PSOE, bastante desgastados por los presuntos casos de corrupción e incompatibilidades (Villa o Esther Díaz) junto a la irrupción de Podemos; y otros, el PP, con la amenaza de no pintar absolutamente nada en el panorama político asturiano. Con el fantasma, digámoslo así, de bajar de los 10 diputados que es ahora mismo su suelo electoral. Como dos boxeadores sonados, por tanto, era lógico que tuvieran que abrazarse para no caer a la lona. Si pasamos esta travesía del desierto, pensarán, seguro que  pronto volveremos al antiguo statu quo que tanto nos gustaba: yo, PSOE, en el gobierno y tú, PP, a la oposición permanente. Lo que queremos, en definitiva, es esa “Vieja Asturias” que nunca cambia, que no se mueve ni avanza, vuelva de nuevo. Si Podemos te chincha a ti PSOE, o Foro a ti PP, ya nos uniremos para combatirlos. De hecho, que el PP permita un presupuesto al PSOE  en año electoral es la prueba inequívoca de hasta dónde se va a llegar. El PP no aprobó –ni tan siquiera negoció- unas cuentas a Francisco Álvarez-Cascos pese a que contenían sus principios más profundos, pero sí lo ha hecho con Javier Fernández sin mayores trabas. Repito, curioso, ¿no?

Presupuesto sin alma.
Este contubernio se ha intentado disimular con que es lo que más nos conviene a los asturianos. ¿De verdad? ¿Es así o no deja de ser una milonga eso de «es mejor que haya presupuesto»? Analicemos sus cifras. Ce por be igual al que estuvo vigente en la prórroga presupuestaria. Eso sí, actualizando las cuantías pero muy similar en los fundamentos. Digo más, el nuevo contempla hasta una bajada de la inversión -330 millones de euros- con respecto al anterior. Para que nos demos una idea, el presupuesto del Barcelona es de 500 millones de euros. Por tanto, gasta más un club de fútbol en jugadores para renovarse; que más de un millón de asturianos en recuperarse de la crisis. Y por si fuera poco, lo único potable –que nos baje el IRPF- no lo veremos hasta la declaración de la renta de 2016. Como digo, si este presupuesto no se hubiera aprobado tampoco sería el fin del mundo. Se hubiese parcheado como este año: negociando un crédito extraordinario a base de dotar de fondos a los municipios del PP. A más a más, como dicen en Cataluña, el único problema es que Javier Fernández no hubiese podido vender la estabilidad de la que tanto presume. Tres años y un solo presupuesto era demasiado poco bagaje. Y qué interesa, pues, al PP: que Javier Fernández sea de nuevo presidente del Principado. ¿De verdad? ¿Es así? Para eso le han aprobado un presupuesto de auxilio… tal parece.

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Sólo quedaba un camino.
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Jose Manuel Balbuena | 18-11-2014 | 06:30| 5

Yo no sé qué iba a hacer la ya ex consejera de Bienestar Social y Vivienda, Esther Díaz, el día que se pusiese en funcionamiento la Ley de Buen Gobierno e Incompatibilidades del Principado. ¿Decir que a ella no le afectaba? ¿Mirar para otro lado? ¿Alegar ignorancia? Recordemos que en su artículo 10 es clara en cuanto a las participaciones que pueden tener en una empresa los altos cargos: máximo de un 10%. Esther Díaz poseía casi el doble (19,8%) en Davelco: la empresa de maquinaria de construcción de la que es propietaria junto a su marido. Es más, a partir de ahí se fue montando un entramado de empresas, Grupo Avance, que incluía cuatro sociedades más. Como digo, desconocimiento desde luego no  porque la ley, en principio y a falta de trámite parlamentario, fue aprobada en un Consejo de Gobierno del que era miembro. Por tanto, resulta cuando menos curiosa su postura. Sabía de sobra que de ponerse en marcha incumplía  la ley y sin embargo no dijo ni mu. Es más, toda su defensa se ha basado en que no hubo nada ilegal o escabroso en el funcionamiento de dicha empresa.  Lo cual, dicho sea de paso, puede ser cierto; pero también que sólo poseer esas acciones ya contraviene la norma. Es, por decirlo de otra manera, el hecho de tener participaciones en una empresa que contrata –aunque sea de forma indirecta- con su consejería lo que no es de recibo. Esther Díaz envolvió todo esto en un halo de ataque personal. Nada más lejos de la realidad. La ex consejera de Bienestar, incluso a día de hoy, no parece ver incompatibilidades entre su faceta empresarial y política. Cree que es licito y normal siempre que no se prevarique. O sea, que no se haga trampas en la contratación. Ahora bien, nunca sabremos hasta que punto las empresas que realizaban obras para la consejería se sentían obligadas a subcontratar con Davelco. El que fuera en parte propiedad suya, hecho de sobra conocido, seguro que pesaba. Por tanto, quitando todo el runrún político y la polvareda hay algo que deberíamos tener muy claro: el mundo de la política y la empresa deben tomar caminos diferentes. Ningún político puede participar de ambos a la vez si queremos de verdad una administración transparente.

En los tiempos que vivimos cumplir las leyes tiene mucho valor. Digo más, el ciudadano mira esto con lupa. No puede ser que haya diferentes varas de medir en función de los intereses de cada cual: una cuando me afecta a mí y otra a los demás. Pongo un ejemplo. El Parlamento asturiano aprobó que los imputados a los que se les abra juicio oral sean expulsados del partido. El PP ya se las arregló para sacar de esta norma a Jaime Reinares, el concejal ovetense, que está condenado (no imputado) por revelación de secretos. Esther Díaz parece que quería también acogerse a ser la excepción. No hago nada malo, por ello, me salto la Ley de Buen Gobierno que yo misma aprobé. Y si nadie dice nada, sigo hasta las próximas elecciones y santas pascuas. El silencio de Javier Fernández sobre todo esto asunto lo dice todo: Esther Díaz tenía que dimitir porque era el único camino posible.

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Sorber y soplar.
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Jose Manuel Balbuena | 14-11-2014 | 07:19| 6

A veces en Europa no nos entienden. Miran con pasmo ciertas cosas que hacemos. En concreto, las relaciones entre empresa y política. Miguel Arias Cañete fue Ministro de Agricultura con una participación en una empresa de suministros petroleros tanto propia como de su familia. Cuando optó a ser comisario europeo de Clima y Energía no se lo permitieron: inmediatamente le obligaron a vender su participación directa. Además, tuvo que pasar el examen de las distintas comisiones del Parlamento europeo. Muy duras y que le pusieron contra las cuerdas. Es más, casi recibe el veto para no poder serlo. Obsérvese, pues, la diferencia de criterios. En España no hubo problema con su participación en empresas para optar a los más altos cargos políticos, en Europa no se lo pasaron. Y, ojo, tenía únicamente el 2,5% de una compañía que se dedica a suministrar combustible a los barcos. Ya me dirán cómo todo un comisario europeo puede beneficiar a una especie de gasolinera, sin embargo, en Bruselas, no tragaron. Ahora vamos con el caso que nos afecta a nivel asturiano. La consejera de Bienestar Social y Vivienda, Esther Díaz, tiene un 19,8% de participación en una empresa de maquinaria de construcción junto con su marido. Hasta ahí, digo, tampoco se le puede reprochar nada. Sería como si tuviese acciones de bolsa. Sin embargo, el problema empieza cuando dicha empresa subcontrata obras de la propia consejería. Esto, que también sucedía cuando era alcaldesa de Langreo, provoca un conflicto grave. No hay, de momento, nada ilegal o escabroso; simplemente, una empresa en parte de su propiedad es constantemente contratada por otras que ejecutan obras dentro de su área. Hecho, cuando menos, llamativo. En Europa, sin duda, esto no se lo permitirían. Le hubiesen obligado a vender su participación antes de llegar al cargo. Aquí, en cambio, nos conformamos con que la registre en el Parlamento. Es decir, su defensa se está basando en que siempre la había declarado. ¿Subsana eso el hecho en sí? Pues no, sigue estando igual de mal que un alto cargo tenga participaciones en empresas que trabajan dentro de su área. Javier Fernández no ha dicho nada. Ha destituido de manera fulminante al director general de Administración Local –por pasar una estancia a gastos pagados por la empresa Aquagest en el balneario de Las Caldas- pero en este caso no mueve un dedo. Si consentimos que nuestros altos cargos tengan empresas que contraten (o subcontraten) con sus departamentos, también tendremos que admitir que los adjudicatarios de una obra empiecen a emplear familiares de los políticos. En definitiva, lo que no puede Esther Díaz es sorber y soplar a la vez: estar presente en el mundo de la empresa activa y la política.

Bodrio.
Veo por televisión una especie de show que montó el PP de Madrid. Parece ser que quieren desmotar la corrupción de la siguiente manera. Cogen al candidato de turno –en este caso a alcaldesa para sustituir a un destituido por la «operación púnica»- y le someten a un examen. ¿Quién es el tribunal? Los miembros del propio partido. ¿Y las preguntas? Cándidas, absurdas. «¿Cobró usted alguna vez comisiones en negro?», preguntan a la futura alcaldesa. No, dice mirando directamente a la cámara. Todo ello, con el salón bien repleto de periodistas para que quede muy bonito. Si el PP de Madrid, o cualquier partido, piensa combatir la corrupción de esa manera; en fin…

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El «Montemío».
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Jose Manuel Balbuena | 09-11-2014 | 18:48| 4

La «Vieja Asturias» funciona así: procurando siempre que su segunda generación (o posteriores) viva sin preocupaciones. El vástago de turno no tiene por qué estudiar o formarse de manera competente, ya está papá político-sindicalista para procurarle el«puestín». El sueño de un trabajo para toda la vida hecho realidad. No es el «puestín», obviamente, algo totalmente público. Para eso, es necesario presentarse a unas oposiciones, estudiar un temario, tomarse unas cuantas tilas y, ¡buf!, ¿quién quiere pasar por todo eso? La ventaja del  «puestín» es que se vive como un funcionario pero sin serlo. Una tarea cómoda, sin preocupaciones y no teniendo que sufrir las incomodidades que a veces también tiene lo público. Que te recorten las pagas, te haga la puñeta el jefe o que no te suban el sueldo durante años. El «puestín», digo, está tan enraizado en la cultura asturiana como, no sé, la propia gaita. Damos por hecho que nos encanta a todos. Así, participar en esa red clientelar hasta hace poco se consideraba de lo más normal. Y luego, por supuesto, a votar elección tras elección lo mismo porque, nadie, que yo se sepa, muerde la mano que te da de comer. Vean si no el caso del Montepío de la Minera. A raíz de que tanto Villa como el expresidente, José Antonio Postigo, saliesen a la palestra por su regularización fiscal; hemos ido conociendo circunstancias cuando menos singulares. Más que nada, que ahí trabajaban enchufados una pléyade de familiares. Desde Rolando Villa, hijo del exlíder del SOMA y poseedor de un jugoso contrato blindado, pasando por parejas sentimentales, la hija de Postigo, primos, cuñados y de esta guisa un sinfín de personas. Tanto, que en el día de su inauguración el geriátrico de Felechosa poseía más empleados que clientes. A todos se les había procurado el «puestín» que el dios de lo fondos mineros había tenido a bien conceder. Eso sí, el «Montemío» sólo poseía un talón de Aquiles: que sus promotores cayeran en desgracia. A la postre, lo que sucedió. Entonces, las cosas se iban a poner difíciles. Si faltaba Postigo y Villa, ¿quién iba a arropar a los receptores del «puestín»? ¿Quién a disculpar sus errores? ¿Quién a ponerles estupendos sueldos y un buen colchón por si acababan en la calle? El «Montemío», en definitiva, estaba ahí para cuidarlos desde la cuna hasta la sepultura. Incluso, alguno, fíjense, había trabajado previamente en la empresa que realizó la construcción de la Residencia de Mayores. ¡Qué casualidad!

¿Hay más «Montemíos» en nuestro paraíso natural?
Seguro, no descarten que este virus sólo estuvo presente en el cuerpo del Montepío de la Minería. Es como el Ébola: tremendamente contagioso. Unos cuantos de esos que llamamos «chiringuitos de la Administración», también padecen los mismos síntomas. La endogamia del carné se da a todos los niveles. Siendo justos, casi más en el municipal que en el autonómico. Muchas empresas de nuestras ciudades tienen a toda la familia colocada gracias a la afiliación al partido de turno. Lo mismo, vuelvo a repetir, que un gran número de organismos autonómicos de dudosa justificación. Es, como ya he dicho, la cultura del «puestín» que tanto nos encandila. Si no, tampoco se entiende que haya campado a sus anchas durante más de 30 años. Únicamente con los nuevos tiempos, donde todo se revisa, se empieza a ver sus nefastas consecuencias para escándalo general.

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Pueden
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Jose Manuel Balbuena | 06-11-2014 | 06:37| 7

Leo que Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera del PP, considera que Podemos va a desinflar. Es decir, que la encuesta que presentó el CIS donde era la primera fuerza en intención de voto directa no es fiable. Para Arriola, el fenómeno Podemos, no deja de ser un movimiento friki que morirá más pronto que tarde. Ahora bien, lo que han conseguido con apenas ocho meses de vida da que pensar. Sin ir más lejos, que toda la vida política de este país gire en torno suyo. A Podemos, siguiendo la tesis de Arriola, se le puede ignorar pero corriendo un riesgo: que en 2015, tal y como ellos aseguran, lleguen al gobierno. Al fin y al cabo, los dirigentes de Podemos están imitando la estrategia de Gandhi en su lucha contra el imperio británico. «Primero, nos ignoran; luego, se ríen; ahora, nos combaten; y al final… ganamos». El miedo, como dice el ideólogo de la formación, Juan Carlos Monedero, está cambiando de bando. Y es que, según parece, a la vista de las últimas encuestas llevan un ascenso imparable. Su fuerza no para de crecer y en ciertos momentos es arrolladora. Encima, los discursos formulados para contrarrestarlos son  débiles. Casi se pueden derribar con un soplido. Fundamentalmente, basados en la vida privada de su líder, Pablo Iglesias. Que si no viaja en clase turista, que si come en no sé qué restaurante más caro, que si no compra la ropa en Alcampo. Sandeces de tal jaez que califican más a quién las formula que a quién las recibe. No contentos con esto, a  la vista de la encuesta del CIS, muchos se han dedicado a comentar que era un calentón. Que cuando llegue el momento del voto, por decirlo así, la gente volverá al redil. Ya, pero, ¿y si no es así? ¿Quién asegura que este descontento general hacia la política no va a continuar? ¿Quién garantiza que Podemos no va a ser el instrumento que utilizará el electorado para castigar a la «casta»? Es cierto que existe un voto oculto difícil de ver para los sondeos: la segunda legislatura de Aznar representa un buen ejemplo. Las encuestas le daban renovar con mayoría simple y fue absoluta. Quizá también, la vertiginosa caída de 17 puntos en el PP, se pueda leer de esta manera. Sin embargo, las encuestas, además de ser una foto fija como dice el tópico, muestran tendencias. Y hasta ahora, no han hecho otra cosa que ratificar el cambio político que empezó a surgir en las elecciones europeas.

Podemos, querámoslo o no, es un movimiento que surge por los tremendos errores cometidos en la política tradicional. Un desgaste de la misma –fatiga de materiales- por el abuso que se ha hecho, diría yo. Lejos de ver esto, los tiempos de cambio en los partidos no quieren llegar. Después de siete largos años de crisis nada es igual que antes. Muchos han perdido el trabajo, sus condiciones de vida han variado a peor o tuvieron que adaptarse a la fuerza con los nuevos tiempos. ¿Lo ha hecho acaso también la política? ¿Tenemos partidos más democráticos, instituciones más saneadas o políticos que no meten la mano en la caja? Nada de eso. La vieja política sigue enquistada y tal parece que está esperando a la recuperación económica para volver a lo mismo. Y esa es la principal fuerza de Podemos: que la gente no percibe ningún movimiento para sanearse. Ni un rayo de esperanza que les haga pensar que desean revertir la situación. Fíjense, de todos los casos de corrupción que conocemos hasta el momento –tarjetas de Bankia, ERE andaluces, Operación Púnica, Gürtel, etcétera- ninguno ha sido destapado por los propios partidos. Siempre ha tenido que ser la Justicia quien los sacará a la luz. Siempre hemos visto excusas, golpes de pecho y  perdones a posteriori. Se formulan medidas para paliar la corrupción, pero, bien es cierto, nunca se aplican. Prácticamente, quedan en un cajón esperando eternamente. Así, sin duda, a Podemos le resulta tremendamente fácil conectar con la gente. La política es el problema pero en el cambio está la solución.

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