El Comercio
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Los nuevos tiempos y el aparato.
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Jose Manuel Balbuena | 14-09-2014 | 07:41| 2

Yo entiendo que las formas en política deben cambiar. El hartazgo ciudadano hacia lo tradicional es más que evidente. El electorado, por ejemplo, ya no admite que los candidatos sean elegidos en conciliábulo. Es decir, en un oscuro lugar por unos notables dentro del partido que ignoran a la militancia. Los tiempos, insisto, han cambiado y quienes sigan haciendo lo mismo de siempre se van a llevar sorpresas. En este sentido, el PSOE lleva una ventaja clara sobre el PP. Ha optado por modernizarse instaurando las primarias dentro del partido. Un método que no es perfecto, aunque mucho más  que el dedo utilizado por los populares. Es de alabar, insisto, que un partido con más de 200.000 militantes ponga toda la organización en jaque de cara a las primarias. Que movilice a sus agrupaciones o soporte las tensiones propias de este tipo de procedimientos. El PSOE, sin duda, se ha acomodado mejor a los tiempos políticos que exigen los electorales y a medio plazo lo va a notar. En cambio, el Partido Popular parece seguir haciendo lo de siempre. Y es lo siguiente: cuando a Mariano Rajoy le apetezca –normalmente, tarde como sucedió en las europeas- pondrá en marcha el mecanismo de elección de candidatos a base de comités electorales. Éstos, bien es cierto, mirarán de reojo a Madrid para ver qué instrucciones reciben y con eso, formarán una lista sin escuchar a la militancia. Este proceso -tan viejo y obsoleto, diría yo- hace preguntarse a los propios militantes del PP, ¿y para qué servimos? Puede, claro está, que se haga algún congreso para disimular. Eso sí, con la fórmula del todo controlado. Reunirán a un grupo de delegados adoctrinados bajo la pauta que ha impuesto el aparato de turno y sanseacabó. ¿Pensar en primarias o que las bases expresen su opinión? Para qué, nosotros ya sabemos perfectamente lo que piensan. Todo para la militancia pero sin la militancia.

En Asturias nos encanta el «apparatchik». Les cuento una anécdota. Una vez me encontraba cenando en un chigre de El Entrego. Eran las fiestas de les «cebolles rellenes». Detrás de una cortina, y flanqueada por dos paisanos como armarios roperos, parecía que había una reunión privada. Entraban bandejas y salían completamente vacías. Pregunté al camarero quiénes eran y con temor reverencial me contestó: es el aparato del SOMA. Sí, amigos de Retorcida Realidad en nuestro paraíso natural el aparato manda mucho. El propio PSOE que en España deja que Pedro Sánchez se presente y gane una secretaría general, aquí no lo permitiría. Controlaría todos los mecanismos de la elección –aunque luego en público manifestase su neutralidad- desde la consecución de avales hasta asegurarse que manda quien desea. Nada se escapa a su control. Vean si no cómo en Gijón ya han señalado a un candidato cuando el actual dijo que no iba a presentarse, o en Oviedo manda mensajes negativos a los que no le gustan. En definitiva, en Asturias las primarias son controladas por los aparatos. En el caso del PP, más aún, se puede dar el caso de que se nombre en una comida. Así sucedió cuando Gabino de Lorenzo designó a Pérez Espinosa para el Principado. Cuando no, disolviendo juntas locales y manteniendo una gestora como sucede en Gijón. Les digo: la Asturias política está atrasada. Y aunque el mundo se mueva a velocidad de vértigo, aquí permanecemos siempre igual.

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Contra el conformismo. 
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Jose Manuel Balbuena | 08-09-2014 | 09:07| 2

Existe un discurso en Asturias que se va imponiendo: el del conformismo. Esto es, una mentalidad muy parecida al “Dios proveerá”. Tal parece que las soluciones a nuestros problemas van a bajar del cielo -a modo de don divino- sin que tengamos que hacer nada. Mientras en otras partes del Estado están hablando de recuperación, en nuestro paraíso natural las cifras no pueden ser más inquietantes. La comunidad autónoma que más quiebras de empresas sufrió, donde menos crece la natalidad y más cayó el PIB. Sin embargo, ni siquiera el Día de Asturias esto se quiere ver. Todavía estoy esperando por una reflexión que agite este estanque de aguas tranquilas que es nuestro paraíso natural. Más bien, lo que sucede es todo lo contrario. Los discursos institucionales muestras un futuro lleno de esperanzas, allí donde sólo aparecen datos negativos. ¿Qué futuro nos puede esperar si ya hay casi tantos pensionistas como trabajadores? Si las cifras indican un constante crecimiento de población negativo, ¿no estamos acaso ante una Asturias menguante que pierde  peso en el conjunto del Estado? Lejos de ver esta realidad, el conformismo imperante, lo que dice es que debemos seguir igual. La “vieja Asturias” de siempre es la fórmula imperante y no vamos a cambiarla. Ante la crisis, hagamos una concertación social vacía de euros y rica en prosopopeya. Si hay que ser austeros, seámoslo con la inversión pero no con el aparato burocrático creado. Si hay que cuadrar el presupuesto, que sea a base de subir los impuestos pero no de recortar gastos improductivos. Durante los siete años largos de crisis en Asturias no hemos aprendido nada. Seguimos exactamente igual que antes y que siempre. Esperando que nos saquen las castañas del fuego a base de recibir fondos. Esta vez, a cuenta de una reforma de la financiación autonómica que no nos perjudique demasiado. ¿Innovar, crear o recuperar un tejido industrial maltrecho? No, para qué. Siempre habrá un Estado al que recurrir o una subvención por reclamar. La “vieja Asturias” se mueve en estos parámetros y  ni las crisis la cambian. Ahora, cuando deberíamos estar preparados para una recuperación lenta y alargada en el tiempo, nos encontramos en lo más profundo del pozo. Ignorando que somos nosotros quienes tienen que buscar la luz, y no esperar a que otros nos saquen.

De este conformismo, de esta espera eterna por que los demás hagan nuestro trabajo, tiene buena parte de culpa nuestra situación política. De una crisis se sale con una acción decidida de gobierno. Y, bien es cierto, en Asturias hemos tenido sólo gobiernos débiles durante esta legislatura. Timoratos que se preocuparon más por sacar adelante el día a día sin ningún plan. Ninguna estrategia  a medio o largo plazo. Eso sí, con la dosis de sectarismo propio de nuestro paraíso natural. Al amigo el culo y a los demás… por el culo. Si el ayuntamiento de turno no es de mi mismo signo castigo, al contrario lo premio. Estoy pensando lógicamente en ayuntamientos como Gijón, donde, la falta de apoyo del Principado, ha sido más que palpable. El caso es que el futuro en materia política no es mucho mejor. Más que probablemente, el Parlamento que salga el año que viene será aún más fragmentado que el actual. Con una nueva fuerza, Podemos, que no sabemos adónde va a llegar. En resumen, una Asturias  ingobernable y a merced del mar. Si timón, ni timonel, ni barco con el que superar las tempestades. Así somos y así seguimos.

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¿Presidenta con partido?
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Jose Manuel Balbuena | 01-09-2014 | 05:36| 3

UPyD tiene que aclarar una cosa: o es un partido con Presidenta, o una Presidenta con partido. La diferencia, claro está, es notable. En el primero, son los militantes quienes controlan la acción del grupo político. Se les consulta, se les tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones y marcan el camino. En el segundo, desgraciadamente, no. La estructura es completamente vertical: montada desde la presidencia hacia abajo. Tiene toda la apariencia democrática pero no lo es: la dirección de turno es quien controla todo. Así, se montan órganos a  gusto del líder y con gente de confianza. Cuando le dicen que algo está mal, efectivamente, los convoca, pero solamente para refrendar su opinión. Se hace, en definitiva, lo que quiere el presidente/a que  suele ser el fundador. A los de magenta, se les ha acusado precisamente de esto: de que el peso de Rosa Díez es excesivo. Y su control del partido, ciertamente, es total. No hay más que ver cómo trató el tema asturiano. Vino e impuso su opinión al principio de la legislatura de firmar un pacto con los socialistas. Craso error. Incluso, en una rueda de prensa delirante, le iba diciendo por debajo a su diputado, Ignacio Prendes, lo que tenía que contestar. Como digo, todo atado y bien atado. Sin embargo, muchas veces el cesto se rompe por donde menos se espera. Nadie, ni mucho menos la propia Rosa Díez, contaba con que Sosa Wagner formase una ola semejante calibre. El eurodiputado fue crítico con la dirección –acusándola de «autoritarismo» y ciertos «comportamientos sectarios»-, además de poner sobre la mesa un debate que Díez había dado por enterrado: la unión electoral con Ciudadanos. Algo que ya había surgido después de los penosos resultados de UPyD en Cataluña: el partido de Carmen de Mairena –un engendro televiso- tuvo incluso más votos. Ahora, Wagner –en verdad, un político realmente soso- ha puesto otra vez el dedo en la llaga. Todo ello, a cuenta de unas elecciones Europeas donde se esperaba un protagonismo y crecimiento mayor. Sin duda, se lo ha robado Podemos. Los de Pablo Iglesias no sólo le quitan alrededor del 16% de los votos, sino que además chupan cámara que da gusto. Rosa Díez ha reaccionado siempre descalificándolos y restando importancia al fenómeno. No obstante, los datos están ahí: UPyD se estanca, mientras que Podemos pasa de un 9% de voto en las Europeas a un 21%. Desde luego, como para mirarlo.

Después de este rifirrafe –alguno fuera de tono como el de la diputada, Irene Lozano, insultando a Sosa Wagner- habrá un Consejo Político el sábado próximo. Órgano, por cierto, que controla completamente la Presidenta. Normalmente, afrontar un cambio tan sustancial suele tener la resistencia de la dirección a ceder poder. ¿Quién presidiría una supuesta unión entre UPyD y Ciudadanos? ¿Rosa Díez o Albert Rivera? ¿Quién de los dos está dispuesto a dar un paso atrás? Y muchas veces, se prefiere ser cabeza de ratón que cola de León. Es decir, seguir igual a pesar de que la unión de ambas fuerzas posiblemente resultase rentable electoralmente. El problema se encuentra en que, posiblemente, si no se afronta la misma, el resultado final puede ser catastrófico. Un batacazo en toda regla.

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Tres cosas sobre la reforma electoral.
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Jose Manuel Balbuena | 25-08-2014 | 05:31| 3

Una. Imaginemos la siguiente situación. Antes de empezar la liga de fútbol, la Federación estuvo pensando en permitir más de tres cambios por partido. Sin embargo, no lo llevó a cabo. En la última jornada, y cuando varios jugadores de un equipo que se juega el campeonato están tocados, impone la norma. ¿Sería eso acaso justo? Pues bien, más o menos es lo que se quiere hacer con lo de la elección de alcaldes de forma directa. El Gobierno ha tenido casi tres años para llevarla a cabo y justo ahora, decide ponerla en marcha nueve meses antes de los comicios. ¿Por qué? Básicamente, al ver los resultados del 25-M, a la postre, las elecciones Europeas. Sabe de sobra que los consistorios van a salir muy fragmentados. Dicho de otra forma: el voto castigo que se vio se volverá a repetir. Por tanto, intenta introducir el discurso de que la elección directa es lo que se lleva por Europa y lo mejor para la gobernabilidad. Pregunto, si el resultado en las Europeas hubiese sido un triunfo aplastante del PP, ¿se llevaría a cabo esta reforma apresurada? Yo creo que tampoco.

Dos. Por si fuera poco, la propuesta tiene sombras que es necesario aclarar. Dicen que el futuro Alcalde tendría que tener más del 40% de los votos, o someterse a una segunda vuelta. Pero, bien es cierto, no se sabe cómo va a gobernar. Si lo hace con mayoría absoluta resultaría absurdo el papel de la oposición. Cuatro años sin que ninguna de sus iniciativas pudieran ser aprobadas: vamos, casi como espectadores de lujo en los plenos. Y si luego se atiende al juego de pactos de cada partido, el Ayuntamiento de turno puede resultar igual de ingobernable. Díganme si no un Alcalde que no puede aprobar unos presupuestos, o sacar adelante un Plan General de Ordenación para la ciudad. En definitiva, un equipo de gobierno que estaría siempre bloqueado por la oposición. Como ven, las cosas hay que pensarlas bien y sin prisas.

Y tres. Al PSOE no le gusta la reforma. Sin su concurso se me antoja muy difícil llevarla a cabo. Es más, su aportación a la misma es que se impongan primarias en los partidos. O sea, que se hagan por Ley de cara a democratizar el proceso de elección de candidatos. Ahora bien, yo entiendo que las primarias impuestas pueden no producir dicho efecto. Si el partido de turno no cree en ellas, las hará como una formalidad más. Los socialistas lo deberían de saber bien a tenor de lo que sucedió en Andalucía: Susana Díaz secó los avales de sus competidores sin que pudiera presentarse nadie más. Quiero decir, pues, que el proceso de primarias debe realizarse con la convicción plena de cada partido. Si no, obviamente, de nada servirán.

Nota: En  la foto pueden ver los ayuntamientos asturianos que hubiesen cambiado de regidor con la elección directa.

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La playa, nuestra industria.
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Jose Manuel Balbuena | 18-08-2014 | 05:41| 2

He aquí nuestra primera industria: la que nunca falla. Y aunque parezca que no, cuando nos ponemos al sol en la playa, estamos trabajando. Contribuimos decisivamente a que el PIB suba y el paro baje. Sí, ahí tumbados sin hacer nada más. Como se ha visto en las últimas estadísticas sobre el mercado laboral, el turismo es vital a la hora de reducir el desempleo. Una industria, repito, que trae más de 60 millones de extranjeros. Ahí es nada. Si la playa y el verano va bien, los hosteleros sonríen y los hoteles se llenan. Contratan más personal y todos felices. Eso sí, hasta que llegue el otoño y las cosas vuelvan a su sitio. ¿Qué fue de aquello del cambio de modelo productivo? Pues nada, se quedó en eso: sólo palabras. Al principio de la crisis, se decía que nuestra economía no podía depender más de la construcción y el turismo como ejes. La primera, sin duda, ha pinchado. Está en sus horas más bajas. En cambio, el segundo no. Sigue siendo el motor que anima al gobierno de turno y le hace sacar pecho. Sólo falta, para rematar la faena, que la construcción resurja de nuevo. La única posibilidad, visto lo visto, de que más de 2 millones de parados sin formación básica puedan conseguir empleo. Según dato reciente, 27.000 de ellos asturianos: casi el 30% del total. Así, todos contentos y hasta la siguiente burbuja. ¿Pero no íbamos a ponernos todos bata blanca para hacer Investigación y Desarrollo? Para nada, si quieren los jóvenes puede ponerse de blanco… pero como camareros. Poco ha cambiado este país en su modelo. ¿Fabricamos coches, acero o aviones? No, en todo caso lo montamos. ¿Cuáles son nuestras multinacionales? Sin duda, los bancos y también, cómo no, las constructoras que trabajan en el extranjero. De eso, sabemos más que nadie. ¿Se puede cambiar un modelo productivo porque lo diga un gobierno? Desde luego, a la vista está que no. ¿Quién lo cambia entonces? Los intervinientes en ese modelo, a la postre, las empresas innovando y los trabajadores formándose. En la actualidad, como nada de eso se da, sigamos en la playa que es la mejor manera de recuperar el país.

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El no cambies.
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Jose Manuel Balbuena | 06-08-2014 | 06:00| 3

En la noche de las elecciones Europeas se me quedó una imagen grabada. Un Pablo Iglesias, frío, como siempre, no mostraba en absoluto entusiasmo a la hora de presentar sus resultados. Pese a que Podemos había conseguido 1,2 millones de votos, de ninguna manera su discurso era triunfalista. Más bien, todo lo contrario. Decía que les había faltado tiempo para obtener más votos –ojo, pese a que eran cinco veces más de lo que le daban las encuestas- y que esto sólo era el principio. Esperaban, por supuesto, mejorarlos de cara a los comicios municipales y autonómicos. Hasta, insistía, producir un vuelco dentro del sistema. Lo singular, como digo, se encontraba precisamente en eso. Nada de pulgares hacia arriba, exaltaciones y parabienes: Podemos, según querían hacer ver, pretendía ir mucho más lejos. Y, la verdad, lo están consiguiendo. La encuesta de intención de voto del CIS correspondiente al mes de julio, así lo atestigua. Se sitúa como tercera fuerza política robándole votos a todo el mundo. Repito, a todos los partidos en mayor o menor medida. De esta manera, fíjense, seca por completo a formaciones como IU y PSOE e influye de manera directa en UPyD. ¡Hasta un 3% del voto del PP se marcha con Pablo Iglesias! Podemos, según sabíamos estos días, ya va por los 75.000 afiliados en tiempo récord. Eso sí, militar son todos derechos y ningún deber. Ni siquiera tener que pagar una cuota. Digamos que su afiliación se produce casi con un clic de ratón como si de un «Me gusta» de Facebook se tratase. Así, como comprenderán, resulta del todo sencillo que una masa ingente se apunte. No obstante, debemos preguntarnos lo siguiente, ¿de dónde saca tanta fuerza el fenómeno Podemos? Yo, al menos, lo tengo claro: en que muchas cosas no han cambiado pese a los siete años largos de crisis. Quiero decir que la ciudadanía percibe que el mundo político sigue exactamente igual, pese a que sus vidas han dado un giro radical. Hechos como los del clan Pujol y su desfalco sistemático a la arcas catalanas lo constata. Lo mismo que Catalunya Banc –o el Banco Espíritu Santo en Portugal- rescatado con el dinero público que no íbamos a perder. Digamos que la sensación que tiene la calle es que, a poco que mejoren las cosas, se volverá de nuevo a las andadas. Y eso, naturalmente, produce un desazón de tal calibre que lleva a abrazar algo tan nuevo y fresco como Podemos.

A esto hay que unir, todavía, un cierto desprecio por una parte de la sociedad. El otro día escuché a un tertuliano radiofónico -que tuvo cargos en el gobierno de Aznar, para más señas- tildarlos de «movimiento friki». Craso error. Si algo tiene Podemos es que no es para nada friki. Su base intelectual es muy fuerte y en eso, precisamente, radica su éxito. Juan Carlos Monedero, el señor de la foto e ideólogo del partido, escribió un libro titulado «Curso urgente de política para gente decente». Tengo en mis manos su séptima edición. He  empezado a leerlo y puedo asegurar que, para nada, está escrito por un friki. Yo diría que todo lo contrario.

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Patadas y besos.
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Jose Manuel Balbuena | 02-08-2014 | 07:24| 3

Miren la foto. Pedro Sánchez, el recién elegido secretario general del PSOE, se dispone a dar un abrazo a Javier Fernández. Tal parece que le vaya a dar un puñetazo, pero no, se trata de un gesto amistoso. Fue tomada ayer durante la inauguración de Feria Internacional de Muestras de Asturias (Fidma) y tiene su valor simbólico. Efectivamente, viene a  representar un poco como Sánchez ha tratado hasta ahora al presidente asturiano. Por un lado, le muestra los más absolutos parabienes en público con gestos de alabanza y por otro, cuando llegan los congresos, le da de puñetazos hasta dejarlo casi noqueado. Patadas y besos. En lo de la Fimda, otra vez, volvió a repetir que es un referente para el socialismo español. Sin embargo, lo considera más como algo del pasado que del presente. Casi como un presidente de honor que ejecutivo. A la hora de la verdad, quien pincha, manda y corta es la presidenta andaluza, Susana Díaz. Así, por lo menos, quedó demostrado en el último congreso. Y, según se pudo saber, Fernández ni siquiera se habló con la “secretaria virtual” del PSOE durante la celebración del mismo. Tiempos oscuros para el socialismo asturiano en Madrid. Sánchez siempre va a tener buenas palabras aquí y hechos contundentes para el sur. No obstante, hay que reconocerle el gesto de estar en Gijón. Vino a lo de la Fidma retrasando incluso un viaje familiar. ¿Mala conciencia? Quizá, pero el Gobierno central, en cambio, ni si ha dignado a mandar representación de alto nivel. Las inauguraciones de la Feria, sin duda, eran otra cosa cuando venían Cascos o Rato. Salían hasta en los telediarios de las tres.

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Canción triste del socialismo asturiano.
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Jose Manuel Balbuena | 28-07-2014 | 05:59| 6

Hubo tiempos mejores para la Federación Socialista Asturiana (FSA) en Madrid. Quiero decir que una comunidad donde llevan ganando desde tiempos inmemoriales, ha salido maltratada del último congreso. Si recuerdan, las quinielas daban al presidente del Principado, Javier Fernández, como candidato a un puesto de relevancia. Tanto, que se sumaban los apoyos calificándolo incluso como un referente dentro del partido. Alguien que debía señalar el camino. Pues bien, si no  llega a ser por el malestar de la delegación asturiana a última hora se queda sin nada. De lo prometido por el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, ni rastro. Tenía garantizada la presidencia del Consejo de Política Territorial como hasta ahora, pero tener que colocar a Susana Díaz dentro del aparato lo descabalgó. Primero las damas y si, encima, aportan la mayoría de los delegados, más. Susana Díaz es una política hábil: mueve sus hilos para ir colocándose ella y los suyos. No quiso ser presidenta del PSOE –porque no tiene ninguna transcendencia política- pero sí de los barones. ¡No sabe nada la andaluza! De primera mano, derrotó a Fernández a quien dejó con lo justo. Pedro Sánchez le creó un Consejo para la Transición industrial que no sabemos muy bien qué es. Dicen, los que han querido quitarle hierro al asunto, que Fernández sabe mucho de energía y por eso se lo han inventado. Sin embargo, no deja de ser un placebo “ad hoc”. Un instrumento para estar en la Ejecutiva sin peso político ninguno.  Algo, digámoslo así, para contentar a los sufridos asturianos y que no se marchen con las caras largas. Sin duda, el apoyo masivo a Madina de la FSA en las primarias les ha pasado factura. También, que Susana Díaz es el PSOE y punto. Se hacen las cosas tal y como ella va dictando. Sin exponerse demasiado –para no quemarse- pero con el guión que ha escrito de su puño y letra. No puede estar más claro quién va a mandar en el socialismo español durante los siguientes años. Eso sí, a la sombra.

Por otra parte, resulta curioso cómo se ha plegado el partido a la federación andaluza. Sí, vale, ahí los socialistas llevan ganando elecciones desde que se creó la autonomía, pero, pregunto, ¿es un modelo exportable? ¿Puede otra comunidad cualquiera regirse por la particular idiosincrasia de los andaluces? Recordemos que Andalucía tiene un 34% de paro y el desempleo juvenil más alto de Europa. A eso debemos sumar escándalos tan sonados como los ERE falsos, o el chanchullo permanente en los cursos de formación. Así y todo, la alternancia de gobierno en Andalucía es una quimera. Los socialistas siguen, erre que erre, ganando elecciones. Una red clientelar, tejida como una tela de araña, lo permite. Repito, difícilmente cualquier otra comunidad del Estado aceptaría estos patrones sin un varapalo electoral. En Andalucía, sin embargo, los socialistas a lo más que han llegado es a un gobierno de coalición con IU. Eso de abrir las ventanas para que entre aire fresco no se da por aquellas tierras. Más bien, es una involución permanente donde, incluso, Susana Díaz, ni siquiera ha pasado por las urnas.  El anterior presidente, José Antonio Griñán, acosado por los ERE, la nombró a dedo. ¡Y encima es un referente, oigan!

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Casta financiera.
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Jose Manuel Balbuena | 23-07-2014 | 05:35| 6

Existió (y existe) en este país toda una casta financiera. En la terminología de Podemos, se trataría de un grupo de privilegiados –intocables, diría yo- que durante un tiempo estuvieron manejando de forma impune la mitad del sistema financiero español. Sí,  más o menos eso representaban las  cajas de ahorro ahora reconvertidas en bancos. Vean por qué se lo digo. Ayer supimos que una de las antiguas cajas, Catalunya Banc, fue vendida al BBVA por 1.187 millones de euros. Algunos respiraron de alivio, ya que, tal y como iban las cosas, la oferta del BBVA fue la menos mala.  Así y todo, el resultado para las arcas del Estado no pudo ser más penoso: perdió (perdimos) 12.050 millones de euros en ayudas aportadas. Y, cuidado, podía haber sido incluso peor porque igual se iba a tener que liquidar la entidad ante la falta de compradores. Entonces, el agujero hubiera representado ni más ni menos que 13.000 millones de euros. El responsable de todo este desaguisado se encuentra imputado, cierto, pero no juzgado. Se llama Narcís Serra (el de la foto): ex ministro socialista del gabinete de Felipe González que tocaba el piano. En la actualidad, no tiene empacho en asistir regularmente a actos de la alta clase empresarial en Cataluña y es, además, consejero de Telefónica para Latinoamérica. Se preguntarán ustedes, ¿y qué conocimientos financieros tenía el señor Serra para ser presidente de una entidad financiera? Pues ninguno. Lo pusieron ahí a dedo por interés político y, al final, hundió la caja. Lo mismo que el presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) que era, pásmense, director de un concesionario de coches. O que el propio Miguel Blesa de Caja Madrid, el más mediático de todos, ex inspector de Hacienda. Hablamos, pues, de una casta financiera en toda regla protegida por los políticos de turno que produce vergüenza ajena. Sus manejos han costado, sumando ayudas, Esquema de Protección de Activos y demás; ojo, entre 100.000 y 120.000 millones de euros. Dinero que, supuestamente, tienen que devolver al FROB pero que, como se pudo ver con Catalunya Banc, acaba comiéndose el Estado (nosotros) en forma de agujero. Como digo, Catalunya Banc no será, ni mucho menos, el último caso que veremos. Tendremos que tragar mucho más.

Lo curioso es que esta casta financiera no ha sido juzgada por la mala gestión, sino por su salida de las entidades que arruinaron. En el caso de la CAM, por ejemplo, la cúpula fue condenada por concederse planes de jubilación millonarios.  Todos se han buscado, más o menos, un retiro feliz que la Justicia ha puesto en entredicho. Sin embargo, el por qué han creado un agujero de tan disparatadas dimensiones sigue impune. Es más, en el caso de Blesa de Caja Madrid el que salió escaldado fue el juez, Elpidio Silvia. El estrambótico magistrado quedó apartado de su profesión por meterlo en la cárcel de forma irregular. Todavía estamos esperamos, en el caso de Narcís Serra, que alguien lo juzgue por una gestión peor que mala.

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Circo, pero no pan.
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Jose Manuel Balbuena | 18-07-2014 | 06:18| 8

Nuestro paraíso natural no acaba de recuperarse de la crisis. En el informe «Situación Económica y Social de Asturias 2013» se pone de manifiesto algo muy importe: el Principado fue la comunidad que sufrió un mayor retroceso económico durante el año pasado. En concreto, tuvo una caída del 2,1% en su PIB frente al 1,2% de media en España. Como digo, casi un punto (0,9%) más que el total del país. Aquí no se trata ya de imputarlo a un ciclo económico más tardío y que la recuperación acabará llegando, sino que la recesión en Asturias incluso se agudiza. Tanto, que ha afectado a lo que era nuestro motor –y hecho diferencial- con respecto a los demás: la industria. Cayó ni más ni menos que un 3,1% con respecto al ejercicio anterior. Y eso, sin duda, es mucho.  Recuerden cierres tan emblemáticos como los de Suzuki, Coca-Cola o Tenneco. Todos ellos, naturalmente, arrastrando a muchas otras pequeñas empresas suministradoras de las multinacionales. En definitiva, uno de los pilares de la economía asturiana –el otro podría ser la renta de los pensionistas- se vio gravemente afectado. También, todo tenemos que decirlo, la situación política del Principado ha ayudado bien poco. En cuatro años, vamos a tener dos gobiernos y, presumiblemente, un solo presupuesto. Desde el punto de vista de la Administración, durante este tiempo, se ha vivido en una inestabilidad constante con gobiernos débiles y sin apoyos. El último,  el de Javier Fernández, se ha visto obligado a sobrevivir merced a una prórroga presupuestaria al romper con sus socios. La política, en absoluto, contribuyó a dar ese marco estable que toda economía necesita para recuperarse. Más bien, todo lo contrario. Lo que tendrían que haber sido unos planes concretos para la recuperación, se convirtieron simplemente en propaganda sin contenido. Me refiero, por ejemplo, a la concertación social firmada por inercia y con dinero virtual.  Sindicatos y patronal se dedicaron a sellar un ritual como el que sigue una tradición. Grandes problemas, la misma solución de siempre. El Acuerdo por el Empleo y Progreso de Asturias (AEPA) 2013-2015 quería movilizar 2.280 millones de euros con 1.500 millones de inversión. Me da la risa: ni un euro se ha puesto, ni se pondrá. Circo, pero no pan.

Asturias está parada. No hay nadie que la impulse para sacarla de la recesión. Está a la deriva como un barco sin timón. Así, es fácil que el año pasado fuese la comunidad que más cayó en su PIB. ¿A alguien le extrañan estos datos aportados por el Consejo Económico y Social? A mí, desde luego, no. Es más, seguiremos irremediablemente por debajo de la media económica durante este año porque nada ha cambiado. Y por lo visto, tampoco se quiere cambiar.

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