El Comercio
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Cambio de cromos.
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Jose Manuel Balbuena | 04-07-2017 | 04:20| 0
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Hace poco el presidente del Principado, Javier Fernández, envió una carta a los dirigentes de Podemos e IU. En la misma, reiteraba su oferta para sentarse a negociar «una alternativa progresista, social y de futuro». Hasta ahí, digamos, normal. Fernández pretende allanar el camino que le queda. Llevar lo mejor posible este calvario, con desavenencias y choques continuos en el Parlamento, para así tener un final feliz (o casi). No es la primera vez que esto sucede –en los presupuestos pasa un tanto de lo mismo- siempre con idéntico resultado: los pactos entre la izquierda a día de hoy parecen imposibles. Las diferencias, salvo con IU, insalvables. Pues bien, lo sorprendente viene en la segunda parte de esta misiva. Esto es, cuando pone a Gijón como materia de intercambio en esa supuesta negociación. Ofrece «recuperar un gobierno progresista» para esta ciudad, aunque no sabemos muy bien cómo. Es decir, de qué manera salvaría los obstáculos que hasta el momento ha sido imposible superar. Si recuerdan, lo de un gobierno municipal de izquierda para Gijón es algo ya casi cansino. Un mantra pertinaz como una lluvia fina. La suma de IU, Xixón Sí Puede (XSP) y PSOE daría, claro está, el Consistorio a los tres partidos. Sin embargo, el acuerdo que posibilitaría este cambio se muestra lejano. Muy lejano, diría yo. Mociones de censura virtuales, nuestra alcaldesa, Carmen Moriyón, las sufre cada dos por tres. Ahora bien, ese supuesto tripartito que llevaría el cielo a la izquierda, bien es cierto, nunca estuvo cerca. Es más, en un artículo publicado el pasado domingo en estas mismas páginas, el portavoz de XSP en el Ayuntamiento, Mario del Fueyo, lo dejaba claro. Decía que las circunstancias políticas para llegar a un pacto no habían variado ni los más mínimo: siguen considerando a los socialistas responsables de muchos de los males de esta ciudad y, por tanto, no quieren hacerse corresponsables. Entonces, pregunto, ¿qué ha llevado a Javier Fernández a formular esta propuesta? ¿Es quizá un intento a la desesperada de salvar a un gobierno asturiano acosado por las reprobaciones y dimisiones de consejeros? ¿Qué cree que se puede hacer que no se haya intentado ya? Además, existe otro matiz: el lugar en el que deja a la agrupación local. Después de la rectificación del nuevo consejero de Infraestructuras, Fernando Lastra, aceptando el nuevo plan de vías; tal parece que esto añade leña al fuego. Ningunea de forma descarada al socialismo gijonés sacándolo al mercado. Seguimos gobernando en Oviedo sin mayores complicaciones y a cambio entregamos la alcaldía. Cambio de cromos en toda regla.

 

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El Titanic logístico.
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Jose Manuel Balbuena | 01-07-2017 | 05:33| 0
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La Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA) se encuentra en la UVI. Mantenida con respiración asistida por el Principado y sin más familia ni amigos que la apoyen. En dos meses, si no encuentra una solución, entrará en concurso de acreedores. El motivo: tiene que hacer frente a dos demandas judiciales desfavorables por parte de propietarios expropiados. En un caso por importe de 780.000 euros y en otro de 800.000. Total: 1,58 millones que debe sacarse de la manga a corto plazo. Todo ello, bien es cierto, con el importante hándicap de que el proyecto se encuentra medio moribundo. Casi zombi, diría yo. Es un muerto viviente que pide cada dos por tres que le den de comer (y mucho). La ZALIA como tal no genera ingresos: ha vendido una sola parcela en toda su historia. Sin embargo, tiene gastos constantes debido a los créditos vigentes (casi 105 millones de deuda) y, claro, encima hay que construirle viales para que se comunique con el mundo. La situación no puede ser más dramática. De ser una empresa privada, obviamente, su quiebra estaría garantizada. Es más, lo realmente preocupante es que, como hojas que caen de los árboles, las administraciones le han ido dando la espalda sucesivamente. El Ayuntamiento de Avilés y las entidades portuarias dijeron hace tiempo que no pondrían un solo euro más, aunque ahora le ofrezcan ayuda. El de Gijón ya se encuentra al límite. En el Principado, incluso, la Consejería de Hacienda le deniega una autorización para un nuevo crédito por importe de 1,58 millones de euros. Las autoridades portuarias asturianas quieren comprarle las parcelas –para salir al rescate de este Titanic logístico- pero desde Madrid vetan la operación. ¿Hay alguien que de verdad crea en la ZALIA? A estas alturas, ¿no es más una infraestructura fallida que otra cosa? Si en el polígono de Lloreda restan todavía 120 parcelas por vender pese a los esfuerzos para su comercialización, ¿tiene acaso la ZALIA algún futuro? ¿Va a venir una especie de tsunami inversor que compre más de cien hectáreas de terreno industrial de sopetón? ¿Es creíble que vaya a tener una estación intermodal como nos venden –tendría narices que la tuviese antes que Gijón- y unas comunicaciones de alta capacidad? La solución a día de hoy no es fácil. Pasa por negociar con los propietarios expropiados un aplazamiento, o bien poner otra vez capital encima de la mesa. Complicado en ambos casos. Personalmente, pienso que hay que empezar a valorar una tercera vía: abandonar el proyecto. Cegar ese pozo sin fondo que no para de comerse dinero público. Retirase y dar por perdida la inversión antes de que la deuda vaya a más. Y, sin duda, irá.

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Déjà vu.
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Jose Manuel Balbuena | 29-06-2017 | 05:39| 0
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Tal parece que esta situación política ya la hubiésemos vivido antes. Me refiero a las sucesivas reuniones entre grupos políticos que, con la llega de Pedro Sánchez a la secretaria general del PSOE, se están produciendo. Es como volver al periodo previo entre elecciones: si recuerdan, entre diciembre del 2015 y junio de 2016 los partidos no hacían otra cosa. Era una auténtica fiebre por intentar llegar a pactos, formar gobiernos y coaliciones. Pues bien, el fuego ahora lo ha abierto el secretario general socialista y Pablo Iglesias. Un encuentro que no se producía desde el 30 de marzo del año pasado. Todo ello, bajo el nuevo rumbo que Sánchez quiere imprimirle al PSOE. O sea, acercarse al espacio político de Podemos lo más posible. Tal es así que, horas después de la entrevista, declaró sentirse muy cercano al votante morado. Es más, ambos pactaron una llamada «agenda común» sobre diferentes asuntos, con cinco grupos de trabajo: rescate a los jóvenes, relaciones laborales, políticas de igualdad, pensiones y desbloqueo de iniciativas parlamentarias. Temas fáciles, sin mayores complicaciones, con los que crear ese forraje ideológico del que se alimenta el populismo. Una especie de preparación estratégica conjunta para lo que va a venir: la oposición frontal y absoluta al Gobierno de Mariano Rajoy. De eso, claro, no cabe ni la menor duda. Ya saben, el «no es no» es marca registrada. Casi una patente. Ese mismo día, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, almorzaba con el presidente del Gobierno. En la mesa estaban temas como negociar el techo de gasto y los presupuestos para 2018. Una contraprogramación no buscada –según dicen- a ese presunto bloque que los grupos de izquierda pretenden formar. De la comida, también salió otro equipo negociador pero esta vez con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. El objetivo es valorar la posibilidad de una rebaja en el IRPF, como desean los de Albert. Por último, Sánchez se ha reunido con Rivera. El incansable Pedro quiere volver a intentar cuadrar el círculo: juntar a Podemos y Ciudadanos de cara a formar un gobierno por él presidido. Algo que ya hizo y salió mal. De hecho, no consiguió ni el voto de Iglesias como candidato a la presidencia, cosa que le ha reprochado mil veces. Esta vez, el resultado va a ser similar. En el partido naranja no están, ni mucho menos, por la labor de hacer un frente común en contra el PP. Sería incongruente sentarse a negociar las cuentas y luego hacer una política frontal de oposición. Lo dicho: estamos viviendo un ?Déjà vu? en toda regla. Una especie de ardor por el pacto, eso sí, sin urnas en el horizonte. ¿O quizás sí?

 

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Contra viento y marea (II).
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Jose Manuel Balbuena | 27-06-2017 | 04:57| 0
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Podemos entender algunos recelos de la oposición sobre el nuevo plan de vías. Esto es, el proyecto que presentó el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, el pasado jueves en Gijón. El PSOE, por ejemplo, lo tildó de propaganda electoral pura y dura. Es decir, humo que nos han venido a vender de cara a las elecciones del 2019. Piensa que va a ser un bluf, una burbuja que se deshinchará con el tiempo, y no se va a realizar. Pues bien, es cierto que a estas alturas no podemos poner la mano en el fuego por nada. Es más, puede que todo esto quede en agua de borrajas. Experiencia sobre incumplimientos en nuestro levantamiento ferroviario la tenemos a mansalva. La mayoría, por cierto, con administraciones socialistas. Sin embargo, hay un hecho diferencial con respecto a la situación previa: se presentó un proyecto, plazos y financiación. O dicho de otra manera: hay algo tangible que antes no había. Porque hasta ahora, si recuerdan, ninguna de esas tres cosas fundamentales existía. Era imposible pedirle cuentas a Fomento puesto que el plan de vías se encontraba parado. Muerto y casi enterrado. Por tanto, a partir de ya, si el Ministerio incumple, pondremos el grito en el cielo con al menos un plan firmado (esperemos). A IU gastar en la ciudad 500 millones de euros en infraestructuras le parece una desmesura. Supongo que la añorada estación intermodal –según su visión- se arreglaría con un tendejón de chapa y el resto del dinero lo destinaría a la renta social municipal. Digo más, su portavoz, Aurelio Martín, dijo «es un verdadero despilfarro que no se ajusta a la austeridad que necesita la ciudad». Me entra una duda: igual después de esperar quince largos años, teníamos que haberle pedido al ministro que viniese con recortes. O igual no nos merecemos esta inversión y otras ciudades del resto de España sí (Granada, Bilbao, San Sebastián o Vigo). Xixón Sí Puede vio con satisfacción la prolongación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. A su entender, era mejor y más barato en superficie –todavía no sé por dónde lo pretendía incrustar- pero dan por buena la prolongación. Comparten también la desconfianza general y reclaman datos. Personalmente, me reitero en que es lo mejor que nos podía pasar. Algo que ni por asomo esperábamos. Hace años que esta ciudad no recibe una lluvia de millones de semejante calibre. Nos tendríamos que remontar tiempo atrás –desde la ampliación de El Musel- para encontrar una actuación similar. En la capital de las infraestructuras fallidas –una depuradora ilegal o una regasificadora utilizada para visitas escolares- nuestro plan de vías se pone en marcha. Luchemos por él contra viento y marea.

 

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Contra viento y marea.
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Jose Manuel Balbuena | 24-06-2017 | 13:51| 0

unknownNo podemos negar la evidencia: el proyecto que acaba de presentar el Ministerio de Fomento para el plan de vías es bueno. Muy bueno, diría yo. Tiene lo que se le había exigido e incluso más. La realización de la obra, por fin, ya no depende exclusivamente de la venta de los solares. El ministro del ramo, Iñigo de la Serna, se ha comprometido a realizar una inversión de 500 millones de euros. Si luego se vende el suelo liberado, mejor, baja el importe que cada administración debe aportar. Ahora bien, no tenemos por qué estar a expensas de los vaivenes del mercado inmobiliario. Además, y como guinda a este pastel, se retoma la ampliación del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes. Con paradas en el campus universitario y la Universidad Laboral. Algo que creíamos imposible, casi ciencia ficción, el Ministerio lo ha vuelto a poner encima de la mesa. Todo ello, con unos plazos marcados bien claros: dedica dos años para estudios y proyectos, mientras que en 2019 comenzaría la fase de adjudicaciones, dándose por concluida la actuación en 2023. Como digo, la nueva realidad que nos ha traído De la Serna supera todas las expectativas. Francamente, no sé ustedes, pero yo me siento como un niño con zapatos nuevos. Algo así como si en mitad del desierto encontrase agua fresca. Espero que de una vez por todas se acaben los debates estériles en esta ciudad. Esto es, si la intermodal tiene que ir en Moreda o en el entorno del Museo del Ferrocarril. Lo que apoya Fomento de manera inequívoca –pagando en solitario 140 millones de euros de la estación de cercanías- es esta última ubicación. Tema cerrado. Al Principado, como ha dicho el director general de Infraestructuras y Transportes, José María Pertierra, sigue sin convencerle el lugar. Sin embargo, va a tener que ceder. No le queda otra. Sería imperdonable que, ante esta lluvia de millones, desde Oviedo negasen la mayor. Que practicasen de nuevo esa política obstruccionista que tan bien se le ha dado hasta ahora. Lo que nos queda a todos, sin duda, es vigilar que el proyecto se cumpla. De eso, desgraciadamente, ya tenemos una experiencia amarga. Cuando en febrero de 2006 se presentó el plan Junquera aquello parecía «el no va más». Los dibujos nos salían por los ojos. Miren en lo que ha quedado. Una última cosa: la parte política también tiene que remar en la misma dirección. Acuerdos plenarios absurdos para volver a empezar de cero –como el que se forzó hace un mes en el Ayuntamiento- no tienen ningún sentido. Este es el plan, nuestro plan a partir de ya, y por él tenemos que luchar. Sacarlo adelante como sea, contra viento y marea.

 

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Élites extractivas.
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Jose Manuel Balbuena | 22-06-2017 | 04:43| 0
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Sorprende lo que estamos conociendo sobre el funcionamiento del Montepío de la Minería. En el mismo, se dio la circunstancia de que presuntamente existió una trama de corrupción sin que, a tenor de los hechos, nadie en la institución se enterase (o quisiese enterar). José Antonio Postigo, según el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, hizo y deshizo a su antojo sin rendir cuentas. Durante sus ocho años como presidente fueron notorios los desmanes, no sólo en la construcción del geriátrico de Felechosa (obra culmen), sino también en el resto de un cuantioso patrimonio. Es más, por la UCO sabemos que hasta los contratos de limpieza estaban completamente amañados. La pareja de Postigo, junto con una socia que utilizó a modo de tapadera, creó una empresa con el objeto de hinchar las facturas por este servicio. Se cree que llegaron a ingresar unos 165.000 euros por una limpieza que nunca se realizó, en los complejos residenciales que posee la entidad en Los Alcázares (Murcia) y Almería. Dorina Bicher, que así se llama, entró de camarera, en un mes era jefa de equipo y en dos años directora del centro murciano. Modificaron su contrato y cotizaba a la Seguridad Social en el nivel de «ingenieros licenciados». Pregunto, ¿y a nadie le llamó la atención? ¿Había algún tipo de supervisión del Montepío –me refiero a una auditoría o similar- hacia la gestión del presidente? ¿A quién o quiénes debía someterse? Por lo visto, las respuestas son no y a nadie. Postigo era como señor feudal: en este castillo mando yo y mi corte. Supongo que –bajo el inmenso manto protector de José Ángel Fernández Villa– pensó que todo el monte era orégano. Es decir, si ya antes de la construcción del geriátrico, presuntamente, hacia lo que le daba la gana, no te cuento nada cuando le pusieron en sus manos 32,5 millones de euros. Muchos de ellos de dinero público a través de subvenciones. Entonces, claro, vino la madre de todas las corrupciones. La formación de una élite extractiva organizada que, como gusanos en una manzana, acabaron comiéndose lo que se les ponía por delante. La misma estaba formada por los señores del carbón, el asesor, arquitecto, aparejador, constructor… y así hasta un total de 16 investigados. De momento, porque el sumario de la Fiscalía Anticorrupción consta de 169.000 folios y crece como si le echaran levadura. No sabemos a dónde va a llegar. Ahora bien, lo que sí tenemos claro es que la dejación de funciones en la mutualidad minera fue clamorosa. Se dejó engañar. Hace unos días, aprobó personarse como acusación particular en el caso entre un clamor de indignación. A buenas horas.

 

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Política zombi.
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Jose Manuel Balbuena | 20-06-2017 | 04:24| 0
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Hace poco lo supimos por estas mismas páginas: doce empresas tienen dificultades con la línea eléctrica en el polígono de Lloreda. Esto es, la energía que reciben es suficiente para conectar, no sé, ordenadores, fotocopiadoras o impresoras; pero en ningún caso para llevar a cabo cualquier actividad industrial. Necesitan mucha más potencia. La compañía de suministro eléctrico argumenta que tiene que realizar una cuantiosa inversión. Construir lo que se llama una subestación. Naturalmente, ante esa elevada cantidad (de dos a tres millones de euros), exige algún tipo de garantía. Los que vendieron las parcelas (Sogepsa) se encuentran con respiración asistida. O sea, garantía que pueden aportar, cero. Por su parte, la Consejería de Industria ya se ha negado a tramitar un aval que podría solucionar el problema. Resumiendo: existe un grupo de empresas a quienes la inversión no le sirve para nada. Pese a haber gastado el dinero en las parcelas –se han vendido 42 de un tal de 162- no pueden poner en marcha su actividad. Pues bien, vengo sosteniendo desde hace tiempo que la Consejería de Industria es completamente inútil y debería cerrarse. Si acaso, sirve para certificar la muerte de las empresas y poca cosa más. Entonces sí, se echa las manos a la cabeza, llora como una plañidera y promete que luchará para que no vuelva a suceder. Sin embargo, a la hora de la verdad, esto es, cuando hay que tomar medidas para que las compañías realicen su labor de manera normal, no hace nada. Vean si no lo del polígono de Lloreda. La política industrial en nuestro paraíso natural es como un zombi: está muerta y de vez en cuando sale de la tumba a darse un paseo. Pruebas de ello las hemos tenido en nuestra ciudad, por desgracia, a mansalva. Suzuki, Tenneco, Gijón Fabril, Agalsa, ¿sigo? En todos estos casos, la actuación de la consejería, cuando se produjo, dejó mucho que desear. En la comunidad autónoma con mayor capacidad industrial de España, insisto, el Principado es un muerto viviente. Gijón y sus polígonos son buenos ejemplos. Los tenemos, sin ir más lejos, construidos sobre escorias y con un suelo que se hunde como si fuese Venecia. O una Zona de Actividades Logísticas e Industriales (ZALIA) con una parcela vendida, sin accesos –los acaban de licitar- y pendiente de que otro valiente (un temerario) se atreva a comprar. Ahora bien, que sepa a lo que se atiene. Nadie le va ayudar. Al más mínimo problema –una falta de suministro cualquiera- se las va a tener que apañar como pueda. Dijo una vez un ministro que la mejor política industrial es la que no existe. Pues, oigan, entonces aquí es cojonuda.

 

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Despacito.
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Jose Manuel Balbuena | 17-06-2017 | 05:26| 0
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Es como van las infraestructuras en esta ciudad. A su ritmo y sin muchas prisas. El Ministerio de Fomento había dicho que presentaría el proyecto del plan de vías este mes de junio. Podía haberlo hecho en mayo, o quizá a mediados, pero no: lo más probable es que vaya a ser a finales. Cuando el calor aprieta y todo el mundo está en la playa. El ministro, Iñigo de la Serna, con esa planta de vendedor de grandes almacenes (sección de caballero), lo dijo hace unos días en León. Aseguró que el AVE llegará a nuestro paraíso natural en 2021 –¡albricias, tenemos fecha!- y que aparecerá por Gijón a lo largo de este mes. Toca, sin duda, concretar. Venir con algo debajo del brazo y no como la última vez. Es decir, De la Serna tiene que fijar el cómo y cuándo del plan de vías. Porque el dónde, esto es, la ubicación de la estación intermodal, debería de estar más que claro. O al menos, así está recogido en un acta de marzo del año pasado de la sociedad Gijón al Norte. Eso fue precisamente lo que recordó la alcaldesa, Carmen Moriyón y la presidenta de Foro, Cristina Coto. Ambas hicieron una defensa cerrada del entorno del Museo del Ferrocarril como el lugar elegido. Todo ello, pese a que el Pleno del Ayuntamiento a última hora y sin venir a cuento –con los votos de IU, PSOE y Xixón Sí Puede –dijo que no. Que debería volver a buscarse una nueva ubicación de consenso –quizá también con referéndum incluido- y darle más vueltas al tema. ¡Cómo si no se le hubiesen dado ya bastantes! Es más, los defensores de esta propuesta, o sea, de partir de cero otra vez, aseguran que lo importante no es la situación de la estación, sino la de sus paradas. Algo que no deja de ser lo que ahora se llama la posverdad: una verdad a medias. La estación principal de una ciudad es la referencia. El sol sobre el que gira la vida de la misma. A su alrededor, se montan todos los servicios (líneas de autobús, taxis, coches de alquiler, cafeterías, hoteles, etcétera). Díganme una sola urbe que no quiera que esté en el centro. Díganme una sola donde no añoren esto. De hecho, quienes han incumplido esta regla de oro, acabaron teniendo un apeadero de lujo. Guadalajara-Yebes, por ejemplo, costó once millones de euros y está en mitad de la nada. Resultado: sólo doscientos pasajeros la utilizan al día. Cuando aquí se cercenó la posibilidad de situarla en El Humedal, se cometió un error histórico. Era su sitio natural. Sin embargo, en una decisión todavía inexplicable a día de hoy, acabó llevándose a Moreda. Han pasado once años de aquello y seguimos exactamente igual. Ya se lo dije, en Gijón las cosas van como la canción: des-pa-cito.

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Moción imposible.
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Jose Manuel Balbuena | 17-06-2017 | 05:36| 0
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Uno. El hecho de que Mariano Rajoy se involucrase en el debate lo cambió todo. En sí, esta moción de censura ya era atípica. El tercer partido de la oposición planteándole un órdago al primero y todo ello, ojo, sin el protagonismo del segundo. El PSOE, como era de esperar, se quedó a verlas venir al no tener Pedro Sánchez escaño. Malos tiempos. Ahora bien, si en un principio desde el PP habían planteado la moción sin la presencia de Rajoy, pronto se vio que la estrategia era otra. Debatir y fajarse cuerpo a cuerpo tanto con Irene Montero como con Pablo Iglesias. Fue, digamos, el hecho más relevante de estas dos jornadas: el plasma se hizo carne. El presidente del Gobierno, bien es cierto, se defendió sin concesiones de ningún tipo. Lo hizo como él sabe, puesto que, a todas luces, es un buen parlamentario. Las envestidas sobre la corrupción –que hacían revolverse a los populares en sus escaños- fueron contrarrestadas con la posición ambigua de Iglesias respecto al referéndum en Cataluña. Resultó lo más destacado. Los rifirrafes entre ambos aliviaron el tedio, ya que, los discursos de Iglesias y Montero en el primer día, fueron demasiado largos. Más de cuatro horas y media de rollo no los aguanta nadie.

Segundo. Podemos se dedicó a hacer política. Exhibió su lado más institucional. Si alguien pensaba que los chicos del 15-M se iban a decantar por el espectáculo, se equivocó cien por cien. Lucieron de largo en el Congreso. No hubo –como ocurrió en la Asamblea de Madrid- ni insultos, ni gritos, ni nada que se le parezca. Todo muy correcto y controlado. Iglesias –ese hombre de las mil caras- no se dedicó a darse besos con nadie, ni a arengar a su público aunque le gritasen desde la tribuna, ¡Pablo presidente! Es lo que tocaba. Con chaqueta –ni la corbata era excesiva- y a comportarse bien como niños de colegio de pago. Otro día, sin duda, se volverá a la algarada. A la manifestación casi diaria. Según convenga, claro.

Y tercero. La moción de censura en sí, como instrumento para el cambio de gobierno, carecía completamente de interés. Nadie habló del programa del candidato, o de las medidas que pondría en marcha de salir elegido. Resultaba completamente irrelevante. Al igual que en una película de serie B, se sabía ya de sobra el final antes de empezar. Podemos hizo este ejercicio para exhibirse, reivindicarse como principal partido de la oposición ante la debilidad socialista. Incluso Pablo Iglesias les pidió con humildad –una falsa humildad- su apoyo. ¿Les salió bien? Yo diría que sí. Que hasta puede que hayan pasado el examen con nota. Sin embargo, queda todavía mucha legislatura por delante. Puede que demasiada como para perder ahora esta oportunidad. El cuándo en política también es importante.

 

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Un impulso.
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Jose Manuel Balbuena | 13-06-2017 | 04:27| 0
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En el ecuador del mandato de Carmen Moriyón todo gira en torno a lo social. No hay grandes proyectos, ni magníficas ideas, ni nada que se le parezca. Se vive, simplemente, el día a día. Eso sí, con gran intensidad. Resulta casi un ejercicio de supervivencia política renovado cada veinticuatro horas. La situación –seis grupos en el Consistorio- es lo que tiene. Cualquier iniciativa del equipo de gobierno municipal debe pasar por ese tamiz. Duro, seco y que hace pasar malos tragos. Lo vimos hace poco con el Plan de Usos del edificio de Tabacalera. La alcaldesa lo presentó sin entusiasmo, indicando de antemano que no era su plan. Foro, al igual que gobiernos anteriores, pretendía realizar el gran museo de Gijón; sin embargo, en aras al consenso y poder llevar a cabo la rehabilitación, cedió. Resultado: vamos a tener una suerte de centro municipal corriente y moliente en un inmueble histórico. Justificado, bien es cierto, porque así lo quiere la ciudadanía. En los nuevos tiempos, todo se hace en base a este difuso concepto introducido por la izquierda. Y si no, cuando surge cualquier duda, se recurre a la consulta como forma de resolución de conflictos. Sucede con los presupuestos participativos, cómo se regula el tráfico (los veinte kilómetros por hora de límite de velocidad), o si Gijón va a tener corridas de toros. Porque la política en sí, el oficio de saber qué es bueno para la ciudad aunque sea a contracorriente, el de tener una visión global por encima de las particulares, ha dejado de existir. Como digo, esta es una legislatura donde nuestros gobernantes renunciaron a su ideología. Ojo, no la oposición, porque, tanto Xixón Sí Puede como IU, la aplican ce por be a cada instante. En cambio, Foro deja constantemente de lado sus principios, los de un partido de centro-derecha, con el fin de llegar a acuerdos. De hecho, la renta social municipal es eso: una concesión «sine qua non» a los ideales de la izquierda. Cambiando el empleo como eje vertebrador, por la subvención o ayuda correspondiente. Consecuencias: unos servicios sociales desbordados y los planes de empleo municipales sin cubrir. Digamos que en nuestro Gijón del alma, en cierta manera, hemos renunciado a hacer cosas. Reasfaltamos calles en vez de remodelarlas, no construimos sino que rehabilitamos, y la gestión (no el gobierno) está por encima de todo. Cobrar y pagar, debe y haber contable. Hoy hace dos años de la reelección de Camen Moriyón como primera edil y esta ciudad, a mi juicio, necesita un impulso. No sólo dentro, sino también desde afuera. Vean lo que está pendiente: el plan de vías, la depuradora, la autopista del mar, la Zalia…

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Desbordados.

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