El Comercio
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Disciplina alemana
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Angel Alonso | 22-08-2015 | 17:45| 0

Dice el Teorema de Thomas que si una situación se define como real es real en sus consecuencias. Así ha ocurrido con el gobierno griego de Syriza, nacido bajo el estigma de la brevedad y la incapacidad y al que una calculada política de acoso y derribo ha conseguido colocar exactamente en ese escenario. Posibilidad y causalidad.

Foto: El comercio.es

Hace algunos días nuestro ministro De Guindos se mostraba satisfecho tras el acuerdo alcanzado con el gobierno griego para el tercer rescate. La jugada parecía haber salido perfecta para los intereses de su partido: el brazo de Tsipras había sido doblado y con él parecían ahuyentarse definitivamente los fantasmas de la “izquierda radical”, tanto griega como española. Por supuesto, se sentía apenado porque la “aventura” griega haya costado 10.000 millones a los contribuyentes españoles. Nada dijo, por supuesto, de que una eventual salida del euro de Grecia probablemente hubiera costado el triple. Y, desde luego, ninguna mención a que quien ha llevado al país a esta situación ha sido la irresponsabilidad de los políticos del PASOK y Nueva Democracia y la complicidad de los ingenieros financieros que presuntamente les ayudaron a falsear las cuentas. Al parecer, la herencia recibida no cuenta para quienes la han estado esgrimiendo durante más de tres años.

Sus socios europeos también conseguían de un plumazo todos los objetivos. Por un lado humillar al socio díscolo y por otro lanzar una advertencia a navegantes. El resto de países rescatados podrían haberse unido a la rebelión y quizás el órdago de Grecia hubiera  tenido posibilidades. De Irlanda no se esperaba que hiciera tal cosa, pero un frente común con Portugal y, sobre todo con España (aquí el tamaño sí importa) podría haber variado el rumbo de las cosas. Sin embargo, los alumnos disciplinados no vieron las ventajas que se podían obtener de una relajación de las políticas de austeridad. O mejor dicho, no quisieron verlo. Imperaron los intereses políticos y electorales por encima de los de la ciudadanía. Disciplina inglesa con manos alemanas, con Merkel ejerciendo de dominatrix.

Foto: wikipedia

La victoria para España parece pírrica. Se quiere dar la imagen de acreedor cuando en términos absolutos no deja de ser un deudor más. Y no pequeño.  Una deuda del 100% del PIB parece tan impagable como la del 200% de Grecia, que ha encontrado un inesperado e involuntario aliado en el FMI de Lagarde. Tal vez el único. Al gobierno mundial se le ha descabalgado uno de los jefes. Pero, curiosamente, esta vez el dictamen de este organismo no ha sido escuchado, y no se abordará la reestructuración, al menos de momento. . Ha Joon Chang, profesor de la Universidad de Cambridge y uno de los pensadores más influyentes de la actualidad dice que la economía en las últimas décadas funciona como ideología para mantener el statu quo. No le falta razón.

Eso sí, en política las circunstancias cambian de un día para otro y los vientos favorables pueden soplar de nuevo en contra. Un rival humillado se comporta de manera impredecible. Y Grecia ha dado sobradas muestras de no ser un actor muy previsible. Así que la dimisión de Tsipras, que se hubiera celebrado hace algún tiempo como una victoria por parte de la Europa conservadora, no parece la mejor opción en las actuales circunstancias. Por eso Alemania ha alertado rápidamente de que los compromisos deben cumplirse.  Los plazos de los pagos corren serio riesgo de verse alterados en un periodo electoral como el que se abre, con o con sin Tsipras como candidato.

Una nueva victoria de Syriza está en el aire. Al menos con el sector conservador del partido a la cabeza, representado por el presidente saliente. De sus presupuestos originales nada queda. Su falso giro hacia la socialdemocracia es un vulgar remedo neo-conservador. Para eso, mejor la versión original. Con razón @diostuitero escribía estos días que “si ponemos a Merkel en Grecia acabamos antes”.

Varoufakis rechazaba la idea thatcheriana de que no hay alternativa, por eso se marchó. Zapatero se quedó y renunció a su programa social sin presentar batalla, poniéndole en bandeja la victoria a Rajoy que no tenía previsto cumplir con el suyo. Tsipras ha hecho un viaje más largo (no mucho más) hacia la ortodoxia. Pero no olvidemos que la  victoria del no en el pasado referéndum fue clara y rotunda. Así que con el verdadero Syriza en retirada todo apunta a que muchos votos podrían trasvasarse al ala dura del partido, si decide presentar candidatura y, ¡cuidado!, probablemente a Amanecer Dorado, que hoy por hoy representaría el último bastión contra Europa para muchos de los desheredados griegos. Una combinación que no debería ser muy del gusto de “los mercados”.

¿Y ahora, qué? Muchos analistas coinciden en que el tercer rescate será un fracaso y habrá un cuarto, aun sin Syriza. Podemos seguir repitiendo la letanía de la austeridad, la idea de que no hay alternativa o esos mensajes domésticos tan rancios  sobre las cosas “como Dios manda”, pero mejor acabo de nuevo con Chang, para quien es imposible tener una moneda única sin cuidar a los más débiles. También dice que si alguien se endeudó de forma irresponsable es porque otros le prestaron irresponsablemente. A todo esto, los bancos alemanes y franceses ya han empezado a cobrar. Los ciudadanos griegos, ¿cuándo?

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(G)reentry
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Angel Alonso | 18-07-2015 | 23:34| 0

Por si no estaba suficientemente claro, en los últimos días Donald Tusk nos ha dejado nítido que el asunto de Grecia iba de dinero, aunque más bien debería haber dicho de ordoliberalismo. En él se encierran todas las claves del proceso “negociador” con el país heleno y  de un modelo alemán  difícilmente exportable fuera de su contexto.

www.researchperspectives.org

Tengo una posición ambivalente respecto al proceso griego y este su reingreso en la Unión Europea. ¿O más bien deberíamos llamarlo recuperación? No importa, (G)reentry valdría en ambos casos.  A mí, como a la mayoría de los ciudadanos, me gusta cumplir con mis compromisos y, por tanto, entiendo la posición de quienes reclaman cumplir lo acordado a las autoridades del país heleno. Pero el dinero no debe cegar a quienes dirigen los designios de Europa, personas a las que se les exige una mayor altura de miras. La sola posibilidad de que Grecia saliera del Euro era ya una tragedia (o un esperpento, como prefiere denominarlo algún colega) y la pérdida de credibilidad ya es irreparable. No concibo que en una crisis como esta, en la que Europa se jugaba tanto, la mayoría de los países europeos se alineara con la corriente que propugnaba el Grexit. Y no soy el único al que le parece que el proyecto europeo se ha debilitado debido al rencor y los resentimientos. Me temo que hay una intencionalidad política y se ha visto la posibilidad de escarmentar a un partido heterodoxo, incómodo. Las formaciones tradicionales ven con terror el surgimiento de nuevas opciones políticas en todos los países y han apelado al miedo para convencer a los indecisos de que son ellos o el caos. Así que es probable que en Grecia hayamos asistido una vez más a una “profecía autocumplida”.

Todavía no sabemos cuáles son las líneas maestras de la política de Syriza porque desde el primer momento han tenido que dedicar todas sus fuerzas a tratar de revertir una situación que, por cierto, ellos no han generado, sino los partidos que se integran en los principales grupos políticos del parlamento Europeo. Sin embargo, tal parece que todos los males de Grecia se hayan producido en estos seis últimos meses. No sé si la posición adoptada por Syriza ha sido la más inteligente pero, desde luego, ha sido la más coherente con el mandato que recibieron de sus electores. Por eso, quizás, golpeando en el trasero de Grecia todos hemos recibido la advertencia de que no se pueden romper las reglas del juego. Ni siquiera se puede osar cambiarlas.

Sinceramente, pensé que la dimisión de Varoufakis respondía a la clásica jugada de ajedrez en la que sacrificas la Reina peso acabas ganando la partida, pero a la vista de los acontecimientos, más bien diría que Varoufakis se temía un jaque mate tras el refefréndum. Si es así, aplaudo su decisión, no puedes gobernar traicionando tus promesas electorales, algo que en España deberíamos tener muy presente, y no solo lo digo por el actual gobierno.

La conclusión de esta tragedia griega, o al menos esa es mi opinión, es que estamos alejándonos cada vez más del “modelo social europeo”, entendido en los términos en los que se planteó en el Libro Blanco sobre la política social en los años 90. Si la intención era que el progreso económico y social fueran inseparables y que la competitividad y la solidaridad caminaran de la mano en la construcción europea, en el actual modelo se están reforzando solo algunas de estas partes de la ecuación. Desde luego, se avanza en la economía de mercado y puede que también en los derechos individuales de la democracia, pero se observan algunos retrocesos en algunas de las líneas maestras del proceso, tales como en la mejora de las condiciones de trabajo, la protección social y la solidaridad. Y esto es algo que está calando en la sociedad. Nada más tenemos que ver las reacciones que el asunto de Grecia ha suscitado en buena parte de la sociedad europea y española. Quizás porque hemos olvidado de dónde venimos.

Tony Judt solía argumentar que el “modelo social europeo” debía ser el contrapunto del “american way of life” y, en cierta manera, yo creo que se ha perdido este espíritu. A veces me sorprendo yo mismo cuando oigo a algunos de mis colegas sociólogos argumentar en términos de los más firmes defensores de la ortodoxia económica europea. Como decía El Roto en una de sus geniales viñetas “¡qué curioso, si miro mucho tiempo a los números, luego veo borrosa a la gente!

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Pobreza y desigualdad, consecuencias (in)visibles de la crisis
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Angel Alonso | 07-07-2015 | 23:58| 0

Hola de nuevo a todas las personas que me siguen en este blog. Nunca tuve la intención de abandonarlo pero, debido a circunstancias personales y profesionales, he debido apartarme durante unos meses. Sin duda más de lo que me hubiera gustado aunque, ya digo, ni preví mi marcha, ni tan largo paréntesis. Espero mantener a partir de ahora la regularidad que caracterizaban a mis entradas previamente a esta interrupción.

Retomo mis entradas donde las dejé, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, en donde el pasado martes se celebró la mesa redonda “Pobreza y desigualdad, consecuencias (in)visibles de la crisis” organizada por la Asociación Asturiana de Sociología y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología del Principado de Asturias.

Foto: El Comercio

Tuve la oportunidad de moderar un acto que no había surgido en las últimas semanas, aunque tal lo parezca por el título (ahora que constantemente nos anuncian que hemos salido de la crisis) sino que ya se venía gestando desde hace meses. La imposibilidad de encontrar un lugar para su celebración en la fecha prevista (algo insólito en la larga trayectoria de la AAS organizando estos eventos) y problemas de agenda de los invitados, obligó a posponerla dos veces. A pesar de ello, el acto no perdió su vigencia, ya que, desgraciadamente, lejos de reducirse, la pobreza y la desigualdad han continuado aumentando, como nos contaron nuestros invitados. Eso sí, de forma más tenue en Asturias que en el conjunto del país.

Hace meses, justo cuando se había previsto inicialmente celebrar esta mesa redonda, leía dos artículos de Daniel Kaplún y Guillermo Fernández Maíllo, compañeros sociólogos, y éste último miembro del Equipo de Estudios de Cáritas y del Comité Técnico de FOESSA,  en los que discutían sobre si la pobreza debe tener apellidos o prefijos. Kaplún y Fdez. Maíllo venían a decir que poniendo el acento en determinadas situaciones o colectivos podemos perder de vista la cuestión relevante del asunto, esto es,  la existencia de la pobreza como fenómeno único y global. Efectivamente, nos hemos acostumbrado a oír hablar de pobreza energética, pobreza infantil, trabajadores pobres o working poor (este, por cierto, un concepto emergente aunque cada vez más importante, y poco conocido fuera de la Academia) como si fueran procesos aislados y, por ejemplo, en el seno de esas familias en las que viven los  niños pobres no se estuvieran pasando necesidades, o como si esas familias que no pueden calentar sus casas en invierno nadaran en la abundancia en el resto de ámbitos de su cotidianidad. Igualmente, los sociólogos solemos resaltar en nuestras investigaciones la feminización de la pobreza, introduciendo en el debate factores sociodemográficos,  o el impacto de la crisis sobre la población inmigrante, entrando en juego el factor étnico.

Siendo cierto lo que plantean los colegas, también lo es que señalar determinadas situaciones contribuye a poner el foco de atención sobre ellas para hacerlas visibles y tratar de revertirlas. Viene esto a colación porque en la citada mesa redonda enfrentamos conceptos multidimensionales como los de pobreza y desigualdad, difícilmente abarcables en un acto de este tipo, con una duración limitada, por más que entre nuestros invitados contáramos con algunos de los más destacados expertos en la materia. Seguramente por eso, nos centramos en algunos de estos apellidos, y olvidamos otros.

Hablamos de consecuencias (in)visibles de la crisis.  Muchos de nosotros tenemos constancia de que en estos años de recesión personas más o menos cercanas a nosotros se han visto envueltas en situaciones de desempleo o “devaluaciones salariales” (en neolengua) lo que ha contribuido a a profundizar en procesos de pobreza y exclusión previos a la mencionada crisis. Distintas organizaciones del tercer sector como  Oxfam o Save the Children nos han alertado de se han encargado de recordárnoslo con sus estudios e investigaciones. E incluso informes oficiales, con la Encuesta de Condiciones de Vida como fuente han venido reflejando estas nuevas y viejas circunstancias para muchas personas, que desde medios gubernamentales han tratado de ocultarse o minimizarse. Los datos macroeconómicos parece que son los que mandan.

Mención aparte merece Cáritas, representada en la mesa por  Carmen Álvarez, investigadora del departamento de Estudios y Análisis de Cáritas y autora del trabajo de campo del último informe FOESSA regional. En su intervención, Carmen nos habló de cómo el crecimiento económico anterior a la crisis no nos sirvió para sacar a muchas personas de la exclusión y también de que dos terceras partes de las personas que actualmente están en exclusión ya lo estaban antes de la recesión. Se ha consolidado, por tanto, la precariedad social a través de una austeridad que, según esta Trabajadora Social y Socióloga, no es neutral, ya que no afecta a todos por igual. En este sentido, las frías cifras nos hablan de 11.000 hogares asturianos sin recursos a los que, además, hay que sumar las consecuencias de los recortes. Solo el 40% de los asturianos tendrían una integración plena, mientras que el 16% estaría en exclusión e, incluso, el 7% (73.000) personas en exclusión severa.  Estos datos demostrarían, en palabras de Carmen, que se ha pasado “de un modelo de integración precario” a un” modelo de privatización del vivir social”.

Aroa Tejero, investigadora de la Universidad de Oviedo, puso sobre la mesa el debate de los trabajadores pobres, presente en Estados Unidos desde los años setenta del pasado siglo pero mucho más reciente en Europa. Y no digamos en España, donde sólo desde el ámbito universitario parece prestársele atención. Aroa nos habló de un concepto bidimensional, ya que tiene en cuenta tanto personas como hogares, y en el que cobra gran importancia el umbral de la pobreza. Según la investigadora, el fenómeno de los trabajadores pobres surge a raíz de los cambios producidos en los tres pilares de los regímenes de bienestar europeos: a) dualización y flexibilización del mercado de trabajo, b) cambios en la composición de los hogares y las familias , así como las dificultades de conciliación derivadas de la  incorporación de las mujeres al trabajo remunerado,  y c) reducción de  las políticas de bienestar. A partir de esta situación surgen nuevos grupos en riesgo no cubiertos por el Estado de Bienestar y una de las  tasas de trabajadores pobres más altas de la UE (dato compartido con la mayor parte de los países del Sur de Europa y los de reciente incorporación),  estabilizada en torno al 11%  durante todo el período de crisis. Una estabilidad relativa, debido al descenso del umbral de pobreza durante los años de crisis, lo que nos estaría hablando de trabajadores cada vez más pobres. Se aprecian, además, cambios es en el perfil de los trabajadores, con mayor riesgo para las mujeres y los jóvenes (antes eran las personas mayores de 55 años),  y en la estructura de los hogares: cobra importancia el doble sueldo, estrategia fundamental para superar la baja intensidad laboral, en la que se encuentra una parte del riesgo de convertirse en trabajador pobre.

Vanesa Rodríguez, profesora del Departamento de Sociología, hizo hincapié en la necesidad de ponerle cara a las personas afectadas por la pobreza y la exclusión  y se centró en uno de estos “apellidos”, los pensionistas pobres, muchos de ellos consecuencia de haber sido trabajador pobre con anterioridad. Las pensiones son uno de los pilares del EB, y tienen como cometido proteger a las personas cuando ya no están en condiciones de trabajar Esta función la cumplía perfectamente antes de la crisis, ya que las transferencias conseguían reducir hasta en un 60% la pobreza entre los mayores de 65 años, a pesar de lo cual, España se mantenía como uno de los países de la UE con mayor tasa de pobreza entre este colectivo. Paradójicamente, en 2013 la intensidad de la pobreza entre los mayores de 65 años se encontraba entre las más bajas de Europa. La razón es que la situación relativa de este colectivo ha mejorado por el empeoramiento de la realidad del resto del grupo, ya que mientras las pensiones se han mantenido más o menos constantes, los salarios se han reducido notablemente. Sin embargo, dado que la familia sigue siendo el sustituto genuino del EB en España, las pensiones se han convertido en sustento principal de muchas familias, empobreciendo considerablemente  a las personas de más edad y, especialmente, a las  mujeres, según expuso Vanesa.

El también profesor del Departamento de Sociología, José Manuel Parrilla, centró su intervención en el Estado Social y alertó sobre la cronificación de la pobreza y de determinados grupos de riesgo. A su entender, existe un escenario español de propuestas poco adecuadas dentro de un Estado de Bienestar que nunca ha reducido drásticamente la desigualdad (ni aun en épocas de bonanza),  una voluntad política dudosa, como lo demuestra, por ejemplo, el modelo de salario social.  Lo cierto, según Parrilla, es que existen nuevos riesgos sociales de desarrollo reciente, que han dado al traste con la presunción de que la pobreza era un “residuo de épocas de bajo desarrollo” y que el problema se resolvería con el crecimiento económico. Bien al contrario, considera que la pobreza se ha instalado entre nosotros y vamos a continuar conviviendo con ella. La pregunta que formuló el profesor es de qué modelo social venimos y hacia cuál vamos, y se mostró receloso ante lo que considera privatizaciones selectivas y una tendencia creciente hacia el asistencialismo y la sobrecarga de los hogares, con las mujeres ejerciendo cada vez más como cuidadoras y supliendo algunas de las funciones propias del Estado de Bienestar.

Resumir en el espacio limitado de esta entrada un acto que duró casi dos horas es tarea imposible. Por eso invito a todas las personas interesadas en el asunto a visitar el Podcast de la Asociación Asturiana de Sociología.

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Líneas de ruptura
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Angel Alonso | 28-02-2015 | 23:53| 1

Hace unos días se celebró en el Centro Cultural Antiguo Instituto la mesa redonda “Entre el yihadismo y la islamofobia: ¿la convivencia intercultural en entredicho?”, organizada por la Asociación Asturiana de Sociología (AAS), en la que participaron mi compañero de la AAS y en la Universidad de Oviedo Hans Van den Broek, Yahya Zanabili, presidente de la Comunidad Islámica de Asturias, y Mohhamed Hakkou, educador-mediador en ACCEM-Asturias. Yo mismo tuve el placer de oficiar de moderador del acto.

Foto: Ángel González

El día antes, en una entrevista en la RPA, me preguntaban si la organización de esta mesa redonda surgió después de los asesinatos de Charlie Hebdo. Mi respuesta fue que este suceso de indudable impacto social probablemente anticipara un acto que antes o después hubiera tenido lugar. De hecho, no es la primera vez que la AAS organiza una actividad en torno a la Islamofobia, gracias a que contamos en nuestra organización con un especialista como Hans.

El atentado de París ha traído de nuevo a la actualidad la en su día polémica teoría del choque de civilizaciones de Samuel P. Huntington, que cuenta con tantos detractores (si no más) como partidarios. Sea como fuere, la realidad es que las tensiones entre Oriente-Occidente son de nuevo evidentes. Quizás sin alcanzar lo que Huntington  preveía como una organización del mundo basado en las religiones, lo cierto es que las “líneas de ruptura” de las que hablaba el politólogo neoyorquino reaparecen cada poco.

La finalidad de esta mesa redonda era hacernos alguna preguntas, quizás no tan evidentes como las que se han hecho sobre todo en los medios de comunicación, para debatir y tratar de contribuir a la explicación de fenómenos como el Yihadismo y la Islamofobia. Y con ese objetivo abrió Hans su intervención, en la que comenzó ilustrándonos sobre la retroalimentación que en muchas ocasiones se produce entre radicalismo musulmán y extrema derecha en Europa. También sobre la falta de perspectivas, la discriminación y el rechazo social que sufren muchos jóvenes musulmanes nacidos en Europa, tras los cuales se esconden algunos de los motivos por los que se radicalizan y se convierten a la causa del yihadismo. El “analfabetismo religioso” y la manipulación del los “ciber-imanes” no harían sino avivar este fuego.

Precisamente a propósito de la confusión terminológica que existe en asuntos relacionados con el Islam se centraron las intervenciones de los dos invitados que completaban la mesa, Yahya Zanabili y Mohhamed Hakkou. Ambos musulmanes, se esforzaron en explicar que yihad significa sacrificio, pero en el sentido de esfuerzo y abnegación en todos los órdenes de la vida. Sin embargo, la palabra se ha malinterpretado y deformado hasta convertirla en sinónimo de violencia y terrorismo, algo a lo que han contribuido algunos medios de comunicación, como también Hans había sugerido antes. Tanto Zanabili como Hakkou hablaron del Islam como una religión de paz y los dos aseguraron que quienes conocen verdaderamente su religión así pueden corroborarlo, aunque las dictaduras de los países musulmanes (algunas de las más duras del mundo, como reconoció Zanabili) no ayuden mucho a romper con estos estereotipos.

Foto: elmed.io

Los tres ponentes hicieron hincapié en el doble estigma que para la comunidad musulmana suponen los atentados terroristas perpetrados en nombre del Islam,  ya que  la mayor parte de las víctimas de esos actos violentos pertenecen a la comunidad musulmana que, además, sufre después la persecución y el rechazo como consecuencia de los mismos.

Se echó en falta una voz femenina en el debate, algo que los organizadores no logramos a pesar de solicitarlo expresamente en nuestras invitaciones, dada  la importancia de la presencia de alguna mujer en la mesa (en este reportaje aparecen algunos testimonios). E inevitablemente la discriminación y el sometimiento de las mujeres musulmanas apareció en el largo y por momentos acalorado debate que siguió a las intervenciones de los invitados, con un público compuesto de forma mayoritaria por…hombres musulmanes y mujeres no pertenecientes a esta comunidad. Con esta controversia como asunto central  de la discusión, con la existencia o no de estados que subvencionan el terrorismo yihadista y con la pregunta de qué  hacer, desde la política, las ONGs, y la sociedad en general se cerró una mesa redonda que superó largamente el horario previsto inicialmente y que nos obligó a continuar el debate ya puertas afuera del CCAI. Tampoco fue suficiente, así que nos emplazamos para tratar de restañar heridas en una próxima ocasión.

 

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La vida en rojo… y con trazos gruesos
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Angel Alonso | 31-01-2015 | 23:59| 1

La muerte de un trabajador en Armón Gijón golpeado por un cable responde exactamente a la tercera acepción de accidente que encontramos en el diccionario de la RAE “Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas”. Estaríamos hablando, pues, de un hecho fortuito e imposible de prever. Sin embargo, tres muertes en menos de dos años parecen demasiadas para resultar únicamente fruto de la casualidad, más si tenemos en cuenta, como advertía el representante de CSI en el sector naval Cándido González Carnero, que en este astillero se han producido ya más fallecimientos por accidente que en toda la historia de la construcción naval en Asturias.

El dirigente sindical no pueden ser tachado de oportunista puesto que hacía esta misma reflexión cuando se produjo otro accidente mortal en mayo de 2014, suceso que provocó una huelga de diez días en la factoría.  Tras aquello, la empresa reconoció implícitamente fallos en la seguridad. No de otra forma se puede entender que aceptaran introducir todas las medidas propuestas por los trabajadores, constituyeran una coordinadora de seguridad y salud y reforzararan la vigilancia y el control de la seguridad en la factoría gijonesa, eso sí, con la contratación de una empresa externa. El propio González Carnero se mostraba satisfecho del acuerdo alcanzado entonces, otra cosa es que posteriormente se pasara del compromiso a la acción. Y todavía podemos remontarnos más atrás en la preocupación por las condiciones laborales de los trabajadores de Armón, pues en julio de 2013 en el marco de la Semana Negra (celebrada, por cierto, en los terrenos que antes ocupaba Naval Gijón) el propio González Carnero repartía unas octavillas en las que se denunciaba las precarias condiciones laborales de la plantilla de Armón-Gijón. Por aquel entonces, yo mismo trasladé la intranquilidad de los trabajadores al público asistente a la presentación del libro “Astilleros en el Arco Atlántico”.

Es la primera muerte de 2015 en Asturias, tras un 2014 de alta siniestralidad con14 fallecidos en un año en el que hubo 21.000 accidentes de trabajo más en España (un incremento del 5% hasta noviembre) con respecto a 2013, y desde los sindicatos se culpa de este repunte (tras años de descenso, bien es cierto) a la precariedad laboral. Ya dije al comienzo del post que lo ocurrido en Armón se ajusta estrictamente al canon de accidente sin buscar explicaciones alternativas, y así hay que considerarlo mientras la investigación oficial no diga lo contrario. Pero seguramente las organizaciones sindicales no estén desencaminadas cuando argumentan que pudiera existir una conexión entre siniestralidad laboral y precarización de las condiciones de trabajo. La literatura sociológica es profusa en la descripción de la desregulación laboral y de los efectos precarizantes de la “empresa mínima” y de la externalización de actividades, procesos que parecen formar parte del ADN de Armón Gijón.

Aunque tienda a obviarse, no podemos olvidar las consecuencias de la precarización para las empresas y el tejido productivo en general, ya que la inseguridad laboral impide generar las bases para su sostenibilidad y dificulta la cualificación de los trabajadores, algo que no podría ser sin el papel clave que las instituciones juegan mediante la legislación o la falta de ella. Pero la inseguridad de empleo y de salarios tiene en primera instancia efectos indeseados para los trabajadores, también en términos de accidentes laborales. No hay que remontarse a las condiciones laborales precarizantes de la Revolución Industrial, ni siquiera a la política del Five Dollar Day de Henry Ford, un paternalismo patronal tras el que se ocultaba el mantenimiento de los trabajadores en las duras condiciones de las cadenas de montaje o cláusulas restrictivas y disciplinarias que limitaban el acceso a los aumentos salariales. Resultaría ingenuo, incluso, pensar a estas alturas que el capitalismo industrial no busque el aumento de la productividad y de los beneficios por encima de cualquier otra consideración pero, como en todo, hay líneas rojas que no deben superarse. La vida de las personas tiene que estar pintada de este color… y con trazos gruesos.

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Patrones de conflicto y violencia
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Angel Alonso | 23-01-2015 | 09:15| 2

Escribía Julián Marías el pasado domingo  que en cierta ocasión Cabrera Infante le dijo que quien asesina de manera sistemática, o no descarta recurrir hacerlo si es “necesario”,  es ante todo un asesino que siempre tiene un motivo para justificarse. No hablaban sobre yihadismo pero viene al caso, ya que no son pocas las personas que piensan de la misma manera cuando se les pregunta sobre los recientes asesinatos de París y consideran que no hay nada ni nadie que pueda detener a un fanático dispuesto a matar.

http://adictamente.blogspot.com.es/

Abomino de todo tipo de violencia y como ciudadano de a pie el argumento me parece intachable, pero los sociólogos no solemos aceptar únicamente este tipo de conclusiones, por bien fundadas que parezcan, y tratamos de buscar otras explicaciones complementarias. Así que esta semana, comiendo con un colega, mucho más ducho que yo en estas cuestiones, todo sea dicho, le planteaba si son inevitables todos los atentados que tienen una componente religiosa como parece es el caso del de Charlie Hebdo o si la cuestión estriba en que resulta fácil ganar para la causa a alguien que no tiene nada que perder, como suele decirse. Pensaba en sendos reportajes que leí recientemente acerca de la barriada del Príncipe en Ceuta y sobre cómo reclutan a los yihadistas en los suburbios de las grandes ciudades.

Según mi contertulio, efectivamente, las respuestas podrían encontrarse en factores económicos, sociales o culturales… en todos, y en algunos más. Algo así planteaba ya hace  algunos años Marc Howard Ross en su libro La cultura del conflicto. Las diferencias culturales en la práctica de la violencia”, cuando decía que todos los conflictos complejos tienen raíces múltiples. Para Ross, el conflicto  no solo está relacionado con los fines que se persiguen, sino también con las interpretaciones que los adversarios hacen del objeto de la disputa. Los factores estructurales importan, pero también los psicoculturales, y en este sentido,  “la socialización inicial de una comunidad está íntimamente ligada a los patrones de conflicto y violencia”.

Mi colega decía que en la cultura occidental no es fácil entender esta radicalización que puede llevar a cometer asesinatos tan brutales como los de París. Pero es que para nosotros hace tiempo que la religión ha pasado a ocupar un lugar secundario en nuestras vidas, muy lejos del que tiene en el mundo islámico, en donde sigue siendo fundamental en la construcción identitaria de algunos grupos. Por mucho que los autores del atentado sean jóvenes nacidos y criados en Francia. El ideal republicano, según el cual los valores étnicos o religiosos quedan desplazados para identificarse con la República parece incardinado en los valores galos, pero hay quien opina que no es tan fácil cuando el camino está “totalmente trazado” para algunas personas en un país en el que, además, sigue existiendo un “racismo muy profundo”.

En España nos encontramos generalmente ante la primera generación de inmigrantes. En otros países europeos (recordemos los disturbios que sacudieron precisamente a Francia en 2005) parece ser sobre todo la segunda generación la que ha protagonizado episodios de “violencia expresiva”, que constituye una vía de escape para las frustraciones, tanto las propias como las ocasionadas por el entorno. El origen de estas manifestaciones violentas habría que buscarlo en el estrés social ocasionado por el desarraigo la marginalidad, la pobreza o el desempleo o las  tensiones raciales, factores todos ellos habitualmente desencadenantes de las manifestaciones de violencia urbana. Por edad, no sería extraño que los hermanos Kuachi hubieran crecido en ese caldo de cultivo de los suburbios parisinos e incluso participado en las revueltas.

Fuente: wikipedia

La cuestión es compleja, por más que se trate de simplificar, de reducir a la condición de asesinos fanáticos. Llegados a este punto, algunos medios de comunicación han hablado estos días hasta de una tercera guerra mundial, un argumento, por otra parte, ya esgrimido por Jesús Hermida tras los atentados del 11-S en Nueva York.  Raquel Osborne y Jordi M. Monferer (“Procesos en torno a la religión: presente y futuro”) lo ven de otra manera, y dicen que las guerras mundiales han sido sustituidas por el “terrorismo civilizatorio” de democracias que encubren intereses económicos y geoestratégicos y por un terrorismo transnacional fundamentalista islámico que ha ocasionado una gran incertidumbre en las anteriormente seguras sociedades occidentales.

Si complejo es el escenario más lo son todavía las posibles consecuencias del último atentado. Mi interlocutor planteaba algunas hipótesis sobre cómo afectará este atentado a la convivencia entre autóctonos y musulmanes, sobre la posibilidad de que se cometan más atentados debido al efecto imitación y también sobre el incremento de la auto-censura ante el temor a nuevos atentados. Charlie nos somos todos, me dijo, solo lo son aquellos escritores, periodistas, humoristas, caricaturistas que han mantenido una actitud valiente aun a pesar de conocer el riesgo que corren cada día.

La pregunta fundamental, por tanto, es qué hacer ahora. Y la respuesta, más allá del aumento de la vigilancia y el control policial, quizás esté, según mi amigo, en la revisión de unos modelos de integración seguramente hechos a medida de…nuestras sociedades.

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Ulrich Beck: consecuencias (sí) previstas de la modernidad
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Angel Alonso | 08-01-2015 | 15:31| 0

La etapa de la política de la sociedad del riesgo, ya no puede entenderse en el nivel nacional, sino sólo en el internacional, porque los mecanismos sociales de las situaciones de riesgo no tienen en cuenta al estado-nación y sus sistemas de alianzas

(Beck, La sociedad del riesgo global, 2002:102).

 

En el marco teórico de mi tesis doctoral ocupó un lugar central  la sociedad del riesgo y, por tanto, Ulrich Beck tuvo también un lugar privilegiado. Cuando trabajas tan a fondo la obra de un autor, y en una actividad que ha marcado una parte decisiva de tu vida, no puedes por menos que considerarlo, aunque sea un poco, de tu familia. Es por eso que, aun sin conocerlo personalmente, siento profundamente el fallecimiento de Beck el primer día de este 2015. También porque se ha ido uno de los sociólogos contemporáneos más influyentes. Entre mis planes había valorado incluso la posibilidad de cursarle una invitación como conferenciante en alguna de las actividades que organiza la Asociación Asturiana de Sociología, algo que, lamentablemente, ya no va a poder ser.

www.sociologiac.net

Supongo que ahora surgirán por doquier las alabanzas, como ocurre siempre que alguien fallece, y lo harán también desde el propio campo de la sociología, aunque su concepción del riesgo no siempre fue bien aceptada por la academia en España, quizás por su afán divulgador y el interés por llegar a una audiencia más popular. Lo he podido comprobar cuando, incluidos en el marco teórico de algunas propuestas de artículos, los postulados de Beck sobre la sociedad del riesgo han sido criticados por evaluadores de revistas sociológicas de primer orden que le acusan de manejar ideas poco tangibles y de no aportar datos que fundamenten sus tesis (¡!).

En cualquier caso, sirva como homenaje a su memoria y a su obra este post que intenta resumir algunas de las principales ideas de esta teoría, aunque su extensa obra ha abarcado ámbitos tan distintos como la precariedad, la deslocalización, la fragmentación del proceso productivo, la desigualdad, la subordinación a las instituciones globales de gobernanza o los nuevos actores individuales y colectivos, algunos de los cuales ya he tratado con anterioridad en mis entradas (aquí, aquí y aquí). Y por supuesto los debates sobre la globalización y el peligro de la tecnología, de los que fue precursor este convencido europeista.

La sociedad industrial, y con ella las nuevas oportunidades que se le presentaban o los peligros que afrontaba, se convirtieron en las últimas décadas en objeto de debate para la teoría sociológica y sus corrientes de pensamiento. Desde el momento en que las ciencias sociales comenzaron a tomar en consideración en sus respectivas áreas de conocimiento el concepto de riesgo, éste empezó a adquirir relevancia hasta situarse para algunos estudiosos en el centro de la problemática social. Fue el caso de Beck, quien lo trató, fundamentalmente, desde las perspectivas ambiental y laboral. En ambos casos, la “lógica positiva” de la distribución de la riqueza aparece desdibujada por la “lógica negativa” de la distribución del riesgo.

Beck trató de demostrar que la modernización ecológica no había tenido en cuenta algunos riesgos medioambientales globales, a los que muy acertadamente denominó riesgos de “enormes consecuencias” pero “baja probabilidad”, tales como los accidentes nucleares o las guerras químicas. No hay que olvidar que  su (probablemente) obra cumbre, La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad, se publicó poco después del desastre de Bhopal, del que se acaban decumplir 30 añosy de la más conocida catástrofe de Chernobyl. Para Beck nos encontramos ante riesgos más “democráticos” desde el momento en que todo el mundo corre peligro. Cuando el riesgo es real, el “otro” desaparece. La vinculación entre riesgos e industria cambia radicalmente la atribución del peligro que en la época preindustrial recaía  en  “otros” o en el “destino”.

Históricamente se ha considerado a la sociedad industrial como una “sociedad centrada” en el trabajo pero en el nuevo contexto de globalización de la economía y de los procesos esta coherencia  biográfica de los trabajadores se ha visto quebrada por fenómenos como la globalización, la individualización o el subempleo, modificando las estructuras tradicionales. Se ha terminado por imponer la flexibilización del tiempo y del lugar de trabajo, haciendo más difusa la delimitación entre el “trabajo” y el “no-trabajo”, como bien resume Josetxo Beriain en el prólogo de Las consecuencias perversas de la modernidad, una compilación imprescindible de textos de ¡nada menos! que Bauman, LuhmannGiddens y el propio Beck.

Para captar la noción de riesgo es preciso adoptar, por tanto, un enfoque basado en la previsión de las consecuencias de la acción de las personas, si bien teniendo en cuenta que muchos de estos actos producidos dentro del entramado de la modernización constituyen desenlaces no esperados, consecuencias no previstas, conflictos e inseguridades provocados por el avance industrial y tecnológico. La autorrealización, las elecciones y las decisiones personales se convierten en características de una sociedad globalizada del riesgo que para Beck elevó el individualismo a la condición de sustituto genuino de la certidumbre.

Según la interpretación de Beck, en las sociedades avanzadas prevalece el intercambio de riesgos por encima del de mercancías, limitando la función aseguradora de las instituciones sociales y ahondando en la individualización. La inconstancia y el carácter impredecible de unas sociedades que han vaciado de contenido las instituciones y la privatización de la esfera de lo público estimulan el individualismo pragmático y la búsqueda de una “solución biográfica” a las contradicciones del sistema. Restringida la seguridad tradicional, las biografías de las personas quedan al margen de modelos y paradigmas, imponiéndose la libertad y la responsabilidad en la construcción de las propias trayectorias pero también quedando más expuestas a las obligaciones y exigencias de estas sociedades globalizadas. A partir de ese momento histórico serán las personas concretas, las empresas o el Estado, convertidos en nuevos actores políticos, los responsables de los riesgos industriales, y será a ellos a los que la sociedad demande responsabilidades.

Mirando en positivo las consecuencias de lo planteado, Beck situaba el problema del riesgo inserto en un contexto de “modernidad reflexiva”, en el que la modernización produce una conscienciación de las amenazas y deviene una sociedad autocrítica, que comienza a asumir los peligros de la sociedad industrial. Quizás hasta ahora todo esto no resultaba tan nítido, sin embargo parece que algo está cambiando y, por fin, estamos asistiendo a la aparición de los nuevos escenarios de los que nos hablaba el sociólogo alemán. Nuevos actores están ocupando el lugar perdido por los debilitados estados-nación y, entre ellos, los movimientos sociales están ejerciendo un papel fundamental, actuando como fuerza movilizadora, situando los conflictos en la agenda pública y sirviendo de  caja de resonancia para aquellos que habitualmente no tienen voz. Si es así, el trabajo de Beck no habrá sido en vano.

In memoriam, Ulrich Beck (1944-2015)

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Distintas cocinas para un mismo guiso
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Angel Alonso | 30-12-2014 | 00:41| 2

Es común por estas fechas hacer balance de los acontecimientos más destacados del año. Así lo voy a  hacer en esta entrada postrera de 2014. La información fluye hoy a una velocidad vertiginosa, tanta, que difícilmente somos capaces de procesarla en su totalidad. Muchas noticias pudieron haber tenido un post en este blog pero aun mereciéndolo ni siquiera tuvieron oportunidad de hacerse un hueco, solapadas por otras de más actualidad. De entre las elegidas, el fenómeno Podemos creo que sociológicamente ha resultado el más interesante, así que ocupará el lugar destacado que como tal se merece.

No parece una impresión personal. Su fulgurante aparición en el escenario político y sus más que fundadas aspiraciones de convertirse en un actor clave, le otorgan un papel protagonista a diario en todos los medios de comunicación, tertulias y conversaciones informales. Es noticia hasta cuando no lo es. Hace unos días en Antena 3 se “colaba” el logo de Podemos mientras se emitía la información del ataque a Génova de un individuo y, hoy mismo, TVE abría su Telediario con una información sobre la inestabilidad política de Grecia (insólito) y en la que se advertía del peligro de que Syriza alcance el poder en el país heleno. Ya se nota la mano del nuevo director de los servicios informativos del ente público, así que de forma sibilina se comparaba la inestabilidad institucional griega con la que puede ocasionar el ascenso de Podemos en España.

No está mal para un partido de tan reciente constitución y que ni tan siquiera tiene representación, por el momento, en las Cortes españolas. Tanto protagonismo ha adquirido a lo largo de este año que el nerviosismo se ha extendido por diversas instituciones. Desde luego no es descartable que la Corona adelantara una decisión quizás ya tomada con anterioridad, ante una (poco) previsible mayoría de izquierdas que dificultara la transición de padre a hijo. El empresariado español ha mantenido también reuniones y ha expresado su temor al ascenso de la formación de Pablo Iglesias Y no digamos los partidos tradicionales, que han variado indisimuladamente el rumbo de sus políticas (al menos de cara a la galería) en asuntos tan variados como la manera de afrontar la corrupción o la elección de sus candidatos. En cuestiones sucesorias, no solamente están variando las formas, con procesos más o menos abiertos de elección sino también los nombres de los candidatos, intentando desvincularlos de los barones de los partidos, y hasta la edad de los elegidos/propuestos, mejor cuanto más jóvenes.

Lo cierto es que Podemos ha dejado de ser una opción pintoresca para convertirse en una amenaza…política. Al menos así lo hacen ver los partidos tradicionales que han pasado del desprecio a la burla y, últimamente, a la descalificación, convirtiendo al partido emergente en causante presente o futuro de las diez plagas. En la última semana el presidente del gobierno, sin nombrarlo, como suele hacer habitualmente con todo aquello que le incomoda (aquí, aquí), ha subido un peldaño más en la escalada de amedrentamiento ante un hipotético triunfo electoral del partido de Iglesias. Vuelve el doberman, esta vez azuzado por los populares. Para Rajoy la única posibilidad de encontrar la estabilidad política es mediante la continuidad del ”turno de partidos”, o lo que el denomina las fuerzas mayoritarias. Desde esa racionalidad, sus temores, sin embargo, parecen infundados. Resulta impensable la mayoría absoluta de Podemos, así como una mayoría parlamentaria en coalición con partidos, digamos, de la izquierda radical. Por tanto, las únicas (y seguramente remotas) opciones de gobierno de Podemos pasarían por un difícil acuerdo con el PSOE, un partido que, repentinamente ofrece todas las garantías al presidente del gobierno. Eso sí, no sabemos si con Pedro Sánchez o con Pérez Rubalcaba, al que, al parecer, echan mucho de menos en el PP. Cosas veredes, pero la posibilidad de un pacto PP-Podemos se antoja imposible. Si así fuera, tampoco estaría en peligro España, ya que el PP ejercería de guardián del país. Aun así, y a pesar de que cualquier aritmética parece difícil, la vía que pretende explorar Rajoy es la del PP-PSOE, no solo la mejor sino la única solución para España. Fuera por fin las caretas.

El PSOE, ni afirma ni desmiente. Alerta del peligro de Podemos pero poco, no vaya a ser que sus esperanzas de volver al poder pasen por el partido de Pablo Iglesias, tal es su debilidad actual. A esta indefinición ayuda la bicefalia (o policefalia) de los socialistas. Tan grande es el desbarajuste que Pedro Sánchez ha tenido que llamar al orden pidiendo que se hable de lo que interesa a los españoles y no de cuestiones internas. A ver si es verdad, y se lo aplican todos los partidos.

Preocupación debería haber en los partidos que poco a poco comenzaban o podían a hacerse un hueco en la política española. UPyD y Ciudadanos por la ¿derecha?, nuevas formaciones como Equo por la izquierda y, sobre todo en el seno de IU, que parece que siempre llega tarde a todos los comicios. Veremos el efecto Garzón (¿y otros?), pero se intuye que van a pagar caro sus devaneos políticos, solos o en compañía de otros, que les han convertido a ojos de muchos votantes en parte de “la casta”.

Para cerrar el círculo de la aversión, faltaban los partidos nacionalistas, hasta ahora inmunizados, o eso creían, contra el virus de Podemos. Pero resulta que las últimas encuestas comienzan también a preocuparles. Los partidos catalanes todavía se encontrarían a salvo si se celebraran hoy comicios autonómicos, pues Podemos “solo” ocuparía el quinto lugar en el espectro político. Pero ¡ay!, según un sondeo de GESOP, si las proyecciones se hicieran sobre unas elecciones nacionales, la formación de Pablo Iglesias sería la primera en voto estimado. Salvando todas las prevenciones que genera esta manera de cuantificar los resultados, aviso a navegantes. Así que ya se ha puesto en marcha la maquinaria, en este caso basada en destacar la ambigüedad que sobre el proceso soberanista muestran los dirigentes de Podemos.

Finalmente, los nacionalistas vascos también comienzan a revolverse, especialmente los de la izquierda abertzale. No les gusta que el último Euskobarómetro sitúe a Podemos como segunda fuerza política (y no a mucha distancia) tras el PNV. Sobre todo porque el caladero de votos no se limita a PP y PSOE sino que le dan un buen bocado a EH-Bildu. Si esto fuera así, se confirmaría que el voto a esta última formación no era mayoritariamente filoetarra, como algunos decían, sino que en buena medida estaría formado por descontentos con los partidos de “la casta” que no encontraban ninguna otra alternativa a los partidos conservadores y tradicionales. ¿Cuál ha sido el motivo de la descalificación de los resultados ofrecidos por el Euskobarómetro? En este caso la metodología utilizada. Sin entrar a valorarla, aunque ciertamente la muestra es pequeña, pocas son las encuestas a las que no se acusa de sesgadas o de excesivamente “cocinadas”. Eso sí, comienza a resultar prodigioso que de todas las cocinas salga el mismo guiso. Un guiso que no gusta a muchos. ¿O sí?

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Riqueza energética, o nadar entre tiburones
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Angel Alonso | 13-12-2014 | 00:10| 0

Somos un país de contrastes, así que no resulta difícil encontrarnos con que mientras una parte de la sociedad afronta los problemas derivados de la pobreza energética, empresas de distintos sectores e instituciones se encuentran enzarzadas en una, digamos, batalla por la  riqueza energética. La crisis desatada por la subasta de interrumpibilidad así lo demuestra. Industrias intensivas en consumo energético del sector siderúrgico y del metal como Alcoa (y ahora parece que también Arcelor) amenazan con despidos, cierres de planta y/o desinversiones si no se ven favorecidas por las disposiciones gubernamentales (léase subastas en condiciones ventajosas) en materia energética. Tanto que empresas competidoras por esos recursos comienzan a amenazar con los tribunales.

imagen: cincodias.com

La cuestión no es nueva. Todas las excusas son buenas para aligerar plantillas o trasladar la producción a otros lugares y las multinacionales norteamericanas son especialistas en este tipo de argucias. Suelen argumentar que no entienden los límites al libre mercado y, por tanto,  no les gustan las regulaciones. Su credo es que el mercado actúe… pero generalmente solo si el resultado es de su agrado. En el caso que nos ocupa, la regulación gubernamental les era favorable hasta ahora, puesto que las ventajas que ofrecía desconectarse de la red  en momentos de máxima demanda eran cuantiosas, máxime cuando ni siquiera han tenido que desenchufarse durante años. Tanto, que en la Unión Europea se mantiene la sospecha de que nos encontramos ante subvenciones encubiertas. El sistema mejoraba la cuenta de resultados de grandes empresas consumidoras de electricidad pero las nuevas subastas impuestas por el Gobierno para evitar las acusaciones de ayudas de Estado a determinados sectores ya no resultan tan favorable. No me voy a detener en el funcionamiento de estas pujas (aquí se explica) pero resumiendo, podría decirse que, de forma paradójica, cuando se ha dejado actuar al mercado es cuando han llegado los problemas. Parece que, una vez más, la concepción del libre mercado que tienen algunas empresas es, cuando menos, peculiar.

Principalmente, porque en estas procelosas aguas se mueven tiburones de, al menos, el mismo tamaño que las empresas siderúrgicas, químicas o cementeras, que se han encontrado con el lobby que forman las eléctricas, un hueso, sin duda, duro de roer. Y más si, como parece, los intermediarios de estas subastas son entidades que tienen como bandera el lucro y una indisimulada falta de escrúpulos. Hasta ahora las dentelladas de los escualos las sufríamos fundamentalmente los consumidores individuales, a través de peajes varios, costes de distribución, y un nunca bien explicado déficit tarifario. Tampoco voy a describir este complejo sistema que, como vemos, podemos encontrar con todo lujo de detalles en la red. Los problemas para entender los recibos o, lo que es peor, los problemas derivados de lo que se ha dado en llamar pobreza energética, no han supuesto nunca un serio quebradero de cabeza para los gobiernos de turno. Salvo el tarifazo que pretendieron aplicarnos en diciembre del año pasado y que resultaba tan escandaloso que no hubo más remedio que intervenir. Pero aquello no fue sino el preludio de lo que estaba por venir y ya está aquí. Ahora, el Ministerio de Industria sí tiene un serio dilema que afrontar: puede aceptar el chantaje de los grandes consumidores de energía, volver a regular y rebajar los precios de la energía, o bien asumir un mayor coste en las futuras subastas. Ambas soluciones repercutirán de una u otra forma sobre los consumidores. La alternativa no es mejor, dejar las cosas como están podría suponer enfrentarse a despidos masivos y/o ausencia de nuevas inversiones en territorios como Asturias, afectados seriamente por el declive industrial y, por tanto, donde se hace necesaria la continuidad de empresas como Alcoa o Arcelor para evitar un alto coste social.

La decisión no es fácil cuando te encuentras en medio de un choque de trenes, pero no es nada que no hayan provocado los responsables de Industria (éstos y otros anteriores) y me atrevería a decir que hasta los próximos, con sus políticas. O también con su falta de decisión. Porque se sigue  echando de menos una política industrial incluso en los programas electorales de las nuevas formaciones, por no hablar del modelo económico que queremos para España, una vez muerta y enterrada la posibilidad de una apuesta decidida por la economía del conocimiento y la innovación.

La corrupción, los desahucios, el (im)pago o la refinanciación de la deuda, el techo de déficit o la cuestión territorial no cabe duda de que son asuntos muy importantes, pero descuidar una vez más la política industrial tendrá consecuencias nefastas para la economía del país, ya lo hemos visto, por más que se nos insista en que influir en los mercados globales es una tarea que no está al alcance de los gobiernos locales. Y otro tanto podemos decir de la inacción. Parece poco razonable que las empresas se enfrenten a un precio de la energía impredecible y sujeto a los caprichos de un mercado en el que  productores y comercializadores son los mismos.

www.arqhys.com

Ahora que el mantra de la transparencia lo domina todo, no estaría de más, tampoco, que se hiciera un esfuerzo por explicar mejor el funcionamiento de estas subastas (también las que afectan a los particulares), de qué se compone el precio de la energía o en concepto de qué debemos esas astronómicas cantidades a las  eléctricas, ya que no está claro que sus costes de producción estén por encima del precio de mercado.  Tal vez así podamos responder a dos cuestiones capitales:  por qué cuesta tanto generar la electricidad y por qué algunas empresas continúan sin ser eficientes en ausencia de subvenciones.

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Pobreza y desigualdad: ¿la verdadera preocupación nacional?
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Angel Alonso | 25-11-2014 | 12:49| 0

Cambiamos de metáfora pero no de realidad. Las raíces vigorosas han sustituido a los brotes verdes como construcción lingüística. Las cepas se fortalecen pero la corteza continúa enferma, interrumpiendo el suministro de savia y provocando el crecimiento desigual del ramaje, frondoso en pequeñas partes, disperso, cuando no ralo, en  la mayoría.

http://cuantohipster.com/tag/arbol/page/2/

Hace tiempo que economistas como Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI) vienen advirtiendo sobre el retorno de la desigualdad, su crecimiento y agudización, pero aquí se ignoró su análisis histórico-económico, tal vez porque lo dijo primero en francés y después en inglés. Ahora que a la torre de Babel de sus traducciones se ha sumado el español, quizás se atienda más a su diagnóstico. Piketty ha seguido la senda marcada por otros como Joseph Stiglitz (El precio de la desigualdad) o Paul Krugman, quienes han logrado rescatar para el gran público un tema tratado habitualmente de manera limitada hasta colocarlo en un lugar central del debate público. Pero la fortaleza del análisis del economista francés es que no solamente ha tenido en cuenta la desigualdad salarial sino que aborda las implicaciones de las enormes diferencias entre capital y trabajo.

De otra forma, también Guy Standing ha puesto en los últimos años su mirada sobre las desigualdades extremas a través del problema social del precariado. Desde una perspectiva sociológica, Standing nos habla de las consecuencias de las políticas neo-liberales, que están generando inseguridades crecientes en esta clase social que se va construyendo a caballo entre el modelo económico y las configuraciones sociales. En su nuevo libro, Standing va más allá, y nos advierte de la necesidad de abordar un cambio estructural para limitar las consecuencias para esta nueva clase, en forma de pérdida de derechos políticos, sociales y económicos.

Quizás alumbrado por las discusiones que han generado estos autores, el debate se ha consolidado en España en los últimos meses. Los principales diarios nacionales publican con asiduidad tribunas en las que sociólogos y economistas vienen realizando importantes contribuciones para la divulgación de los problemas adyacentes a la pobreza y la desigualdad. Son numerosas las ponencias, blogs e informes que tratan sobre la materia, e incluso se dedican números monográficos que tratan sobre desigualdades sociales y exclusión (Praxis Sociológica), o sobre la expulsión de grandes capas de la población (Papeles). Una cuestión esta última emparentada directamente con las expulsiones sistémicas de Saskia Sassen.

Imagen: Precariado (Guy Standing)

Por último, las organizaciones del tercer sector tienen un papel preponderante a la hora de señalar y hacer visibles las desigualdades. IGUALES, de Oxfam es una buena muestra de ello y, como no, un clásico como el informe FOESSA, que Cáritas Española dirige y coordina desde su dirección ejecutiva y la secretaria general. El último FOESSA VII), no deja lugar a las dudas sobre el hecho de que la primera consecuencia de la crisis económica ha sido el incremento de la desigualdad y la pobreza en nuestro país, si bien es cierto que los años de bonanza previos a la crisis tampoco se aprovecharon en la lucha por reducir las diferencias. Atendiendo a los datos que nos ofrece FOESSA, se constata  que entre 2009-2013 la tasa de riesgo de pobreza no ha disminuido (20,4%) a pesar del descenso constante del umbral de la misma. También que el grupo de españoles con una integración plena (cuando un hogar no se encuentra afectado por ninguno de los indicadores utilizados para definir la exclusión social) es ya solo del 34,3%, mientras que el espacio social de la exclusión social se ha incrementado hasta el 21,9%. Y lo que es peor, no solo se han extendido las problemáticas (empleo, consumo, participación política, educación, salud, vivienda, conflicto y aislamiento social), sino que muchas de ellas se acumulan en las `personas afectadas por estos procesos.

Buena parte de la culpa de estas diferencias en España la tiene la desigualdad asociada a la falta de empleo, que se incrementa. Por una parte, como se apunta desde FOESSA, las actuales  políticas de empleo han sido pensadas para el desempleo y no para la creación de puestos de trabajo. Por otra, el paro en España es hoy una de las principales puertas de entrada a la exclusión, y ha dejado de ser su puerta de salida, una cuestión íntimamente vinculada con el precariado al que alude Standing.

Descendiendo desde el ámbito internacional, en el que comencé el post, hasta el autonómico, la situación en el Principado se ha agravado también durante este ciclo de crisis que parece no tiene fin. Es cierto que la mayoría de los indicadores muestran una mejor posición relativa en Asturias que en el conjunto de la nación. A saber, el porcentaje de personas con integración plena es del 39,5% en Asturias, la población afectada por problemas de exclusión del empleo es 11,5 puntos menor que la estatal o la pobreza material severa está por debajo de la media nacional. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que la intensificación de esta última es mucho mayor en nuestra comunidad, que todavía existen más de 170.000 personas afectadas por procesos de exclusión social en Asturias (16% de su población), o que casi una tercera parte de las población asturiana se vea afectada por problemas de exclusión del empleo. Todos estos datos están disponibles aquí. Aun siendo una de las regiones menos expuesta a los riesgos de pobreza y exclusión social, Asturias todavía presenta debilidades asociadas al empleo que están incrementando el número de hogares con dificultades para llegar a fin de mes, y afectados por lo que se ha dado en llamar con otro neologismo pobreza energética.

Lejos queda, pues, la reducción de la desigualdad de rentas vivida en los albores de nuestra democracia. La salida de la crisis no será completa mientras más de 700.000 hogares se encuentren sin ningún tipo de ingreso. Las reformas económicas implementadas en los últimos años se han centrado en la reducción de la deuda, dejando en situación de desamparo a muchas personas. Esta austeridad (la “austeridad suicida“) ha tenido consecuencias sobre el empobrecimiento de una buena parte de la población española, pero también sobre la regeneración política y la legitimidad de los programas de reformas, algo que deberían tener en cuenta los gobernantes de nuestro país. No hay que olvidar que hasta la corrupción se toleraba mejor mientras la sensación era de suficiencia de recursos y mayor igualdad. Si nuestra clase dirigente hubiera estado más atenta a Pikkety o Standing y menos a los brotes verdes y las raíces vigorosas de la macroeconomía, tal vez el terremoto político-institucional al que asistimos en los últimos meses no se habría producido, probablemente nos hubiéramos ahorrado esta especie de histeria colectiva en la que nos encontramos sumidos, y Podemos no se habría convertido en una “preocupación nacional”.


                                                                                        
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Sobre el autor Angel Alonso
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