El Comercio
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La ITV del Nodo
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Ángel M. González | 08-04-2018 | 10:36| 0

En los años sesenta se produce el gran salto demográfico de Gijón al calor de la industrialización con el asentamiento de la siderurgia como principal protagonista. Miles de familias procedentes de otras partes de Asturias y de fuera de la región posan aquí sus maletas con una mano adelante y otra atrás en busca de un dorado que les rescatara de la penuria aprovechando el desarrollismo. La ciudad emprendía su expansión por todos los puntos cardinales posibles mediante la construcción de barriadas obreras en Monteana, Jove, La Calzada, Tremañes, Santa Bárbara, Pumarín, Roces, El Llano, Contrueces, Ceares, La Camocha o Cimavilla.
La mayor parte de aquellas casas eran de protección oficial, amparadas por el régimen franquista, y algunas lucen todavía las placas del viejo Ministerio de la Vivienda, con su yugo y sus flechas, en memoria de su propia historia, o de la Obra Sindical del Hogar. Conocí a propietarios que en su escaso tiempo libre, después de acumular horas extras de día y de noche en la fábrica, seguían derramando su sudor sobre el ladrillo para pagar con ello el piso de apenas sesenta metros cuadrados para toda la vida.
Han pasado más de cincuenta años de aquella ciudad de Nodo. Y cincuenta años después, muchos de esos edificios serán sometidos a partir de este mes de junio a un examen técnico para comprobar su estado y corregir los fallos conforme a la legislación de ahora.
La ‘ITV de los edificios’ chequeará las condiciones de conservación, accesibilidad y eficiencia energética de unas casas que han sido la mayoría de ellas construidas sobre la humedad de la tierra, con estructura de ripia y argamasa, peldaños desde el portal y calentadas con estufas de butano, la misma bombona que aún se utiliza para el agua caliente o para cocinar. Este año serán sometidos a inspección más de 2.000 edificios levantados antes de 1964, que obligará a las comunidades, integradas mayoritariamente por vecinos octogenarios con pensiones raspadas, a realizar derramas de varios miles de euros para cumplir con las prescripciones de la evaluación.
Con esta ITE se genera una nueva línea de negocio para arquitectos, empresas de rehabilitación y para el propio Ayuntamiento por los ingresos que puede llegar a obtener por las licencias de obras. Pero también se abre la oportunidad de que estas viviendas, frías y sin ascensor, mejoren las condiciones de habitabilidad que han ido perdiendo transcurrido medio siglo en honor al orgullo y la dignidad de sus propietarios.
El grupo municipal socialista ha propuesto que los edificios afectados por la inspección en todos esos barrios y que tengan que acometer las correspondientes reformas para solventar las deficiencias y cumplir la normativa reciban prioridad a la hora de obtener las ayudas a la rehabilitación. Una propuesta razonable, desde luego. Absoluta preferencia y agilidad en la tramitación y en el pago de esas subvenciones teniendo en cuenta el perfil económico de las familias de las que estamos hablando, que tendrán que afrontar un gasto ingente en un corto periodo de tiempo. En definitiva, de justicia vecinal.

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Que ruede el balón
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Ángel M. González | 08-04-2018 | 10:36| 0

Con ese título me podría referir a las alegrías que nos han venido dando los once atletas locales dirigidos por Rubén Baraja desde la concesión que hicieron al eterno rival a veintiocho kilómetros de su casa. Pero no, no voy a aludir al ardor guerrero rojiblanco en su puja por regresar al lugar del fútbol español que le corresponde por historia y afición. Voy a dedicar este comentario a las últimas actuaciones de los políticos en favor del entendimiento, que es una de las tareas que la ciudadanía les encomienda cada cuatro años cuando salen sus nombres de las urnas.
Después de un periodo de hibernación, sin desgaste energético para hacer frente a la parálisis institucional derivada de unos gobiernos maniatados por su debilidad representativa, se están comenzando a vislumbrar puntos de encuentro que abren la posibilidad de que la maquinaria vuelva a arrancar aunque sea a trompicones. Tras un primer trimestre de letargo atroz, con prórrogas presupuestarias en los tres niveles de la administración y escasas opciones de que se pudiera cambiar de escenario, los partidos han corregido sus cálculos a un año de las elecciones para intentar atender los pactos reclamados por todos los rincones. Resulta llamativo que una vez acribillado el bipartidismo se esté produciendo una reordenación de los espacios ideológicos mediante acuerdos, que suponen un avance de lo que podríamos ver a partir de los próximos comicios. Al final asistiremos a un combate de más siglas que nunca que determinará mayorías de centro-izquierda o centro-derecha en los gobiernos venideros en detrimento de lo que fue hasta ahora la transversalidad.
En ese regreso hacia el sistema de polos es bueno que en la cancha política empiece a rodar el balón, como se diría en términos futbolísticos. Me refiero con ello a los acuerdos alumbrados en los últimos días que, de una manera u otra, conciernen a esta ciudad y que enmiendan los efectos catastróficos de unas cuentas aplazadas. El Ejecutivo regional ha logrado el respaldo de toda la izquierda, incluida las más ortodoxa, para sacar adelante el crédito de 111 millones de euros con contrapartidas que bien podrían haber servido para otorgar el apoyo al proyecto presupuestario hace escasamente cuatro meses. El caso es que con dicho crédito el gobiernín puede atender el gasto social, el yugo de la deuda, alguna que otra inversión y ciertos compromisos en materia educativa y sanitaria. En lo que respecta a Gijón, incluye una partida para los primeros pasos de la reforma del Hospital de Cabueñes, un proyecto que tendría que avanzar ajeno a las circunstancias políticas, y otra para afrontar las cargas de Laboral Centro de Arte. El centro, por cierto, necesita con urgencia tres cosas: un mayor convencimiento de las autoridades culturales sobre sus posibilidades, el rescate financiero y un giro en los contenidos para hacerlo más atractivo.
En el ámbito estatal, Rajoy sacó de la chistera un proyecto presupuestario de la mano de Ciudadanos «para los pensionistas, funcionarios y trabajadores» en palabras del ‘mago Montoro’. No es para todos ellos, desde luego, pero la propuesta, que necesita aún el respaldo de los nacionalistas vascos, resulta clave para considerar que el plan de vías y su extensión hasta Cabueñes va en serio. A ello vincula Foro su voto. Decía el admirado José Luis Sampedro, aunque para denunciar la perversidad del sistema, que con el dinero se miden todas las cosas. El convenio que se firmará en los próximos días para la integración del ferrocarril en Gijón se medirá por los recursos que se vayan destinando año tras año a la obra. De todas formas, para ganar el partido lo primero es hacer el saque. La victoria al final se puede alcanzar en el tiempo añadido y de penalti.

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Contaminación sin demagogia
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Ángel M. González | 25-03-2018 | 11:28| 0

Nunca me gustaron los maximalismos. No facilitan el arreglo de los problemas sino que llevan, por lo general, hacia un estado de involución. En el caso de la contaminación en Gijón me temo que estamos entrando en una espiral peligrosa de la mano de posiciones extremas que pueden llegar a quitarles la razón cuando de verdad pueden en algún caso tenerla. Solo en algún caso. A nadie le gusta respirar veneno, que te rompan los tímpanos del estruendo o bañarse en aguas fecales. No creo que haya persona encantada de haberse conocido dispuesta a ser voluntaria para introducirse, por ejemplo, en una cabina en esas condiciones. Sin embargo, algunos se empeñan en dibujar el lugar donde vivimos como si fuera ese habitáculo tóxico y letal cuando nada más lejos de la realidad.
Gijón no es aquella ciudad gris de los años sesenta donde los obreros se desplazaban como podían, cientos de ellos en bicicletas, camino a las fábricas que poblaban con sus chimeneas el oeste de la ciudad, mientras en las casas se empezaban a atizar las cocinas de carbón para calentar las horas más tempranas del día. Aquella sí era una ciudad de malos humos, polvo mortífero y cenizas, pero se asumía con resignación las consecuencias de lo que había. Medio siglo después seguimos teniendo problemas, no hemos alcanzado el paraíso, pero una de las cuestiones en las que más se ha avanzado ha sido precisamente en el cuidado medioambiental de la urbe en todos los aspectos. El paisaje ha cambiado radicalmente. Hay menos industrias, más zonas verdes y residenciales allí donde antes existían instalaciones fabriles, aunque las calles han sido invadidas por los coches, la mayor fuente de emisiones con diferencia.
El pasado domingo una numerosa manifestación denunciaba la mala calidad del aire y exigía medidas a las administraciones y a las empresas en favor de un hábitat más limpio. Luego, los promotores de la protesta llevaron sus reivindicaciones a Bruselas para regresar con el compromiso de las autoridades comunitarias de vigilar de cerca los atentados ambientales que consideran aquí se están registrando.
No hay ninguna duda de que ante la contaminación no se puede bajar en ningún momento la guardia. En el momento que se produzca un episodio se deben exigir responsabilidades sin excusa alguna, pero también es necesario abandonar el alarmismo y la demagogia para dar paso a un mayor rigor en los diagnósticos con el fin de que las acciones que se adopten sean realmente eficaces.
Resulta injusto, por ejemplo, el acoso que sufre la industria sin valorar los esfuerzos que ha venido acometiendo en los últimos años en mejoras medioambientales o los compromisos de inversión adquiridos para modernizar las plantas y reducir sus emisiones. En Arcelor, entre lo realizado hasta ahora y lo que tiene proyectado, el desembolso en renovar sus instalaciones y hacerlas más limpias alcanza los 600 millones de euros si extendemos el cálculo durante los próximos cinco años. En EdP, cerca de 200 millones en una década, y el Puerto, más de cuatro en barreras vegetales, pantallas y asfaltados para impedir que el carbón salga volando. ¿Todo es poco? Seguramente, aunque resulta preocupante la inseguridad que denuncian las empresas cuando reclaman un marco regulatorio estable en materia medioambiental ante la disparidad de criterios que existen entre las propias administraciones.
Y a la industria se une el tráfico, el agente más contaminante que ahora padecemos. En Gijón hay un turismo por cada dos habitantes y cerca de un 20 por ciento de los vehículos que circulan por la ciudad tienen más de veinte años. Material rodante que expulsa veneno sin parar. Más de la mitad de las puñeteras partículas que nos rodean proceden de los tubos de escape. En esto sí que se requieren más medidas y una mayor valentía por parte de quienes tienen la competencia de velar por nuestra salud, para actuar antes de que se produzcan esas boinas que se observan en ocasiones desde las atalayas con la amenaza de asfixiarnos lentamente.

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Patrimonio para la vecindad
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Ángel M. González | 19-03-2018 | 09:25| 0

El estado de la Casa Sindical es deplorable. Huelga decirlo, pero su aspecto es lamentable por cochambroso. Ofrece una imagen de inseguridad por fuera y por dentro indigna para quienes pasan por delante y para los que hacen uso de ella. El horroroso edificio azul azulete, murales de expresión libre, paredes desconchadas y más peldaños que la Escalerona actúa para mayor inri de recibidor a la entrada de la ciudad como si hubiera quedado atrapado en el tiempo. Memoria descuidada de Gijón. Nadie puede negar su protagonismo en la historia reciente del movimiento obrero, pero ello no puede servir de argumento para convertirla en sede sagrada y patrimonio intocable.

Confieso que no acabo de entender la proclama de las organizaciones sindicales en las pancartas que lucían durante el protestódromo de la playa Mayor mientras se celebraba el pleno que discutía una propuesta para derribar el dichoso inmueble. “¡La Sindical nun se toca!”, rezaba la tela que portaban y que fue colocada luego en el solarón a modo de expresión popular. La iniciativa del partido naranja sentó como un limón a la izquierda más ortodoxa y a las centrales radicales para finalmente acabar en mermelada. La decisión del Consistorio tras las intervenciones de todas las partes es negociar con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social una fórmula que permita la rehabilitación del edificio para darle una utilidad mayor a la que albergó hasta ahora. Por lo tanto, en virtud del acuerdo plenario, su destino no será el derrumbe para satisfacción de quienes consideran el inmueble el templo del pueblo. Ahora bien, si “la Sindical nun se toca”, tampoco serviría su arreglo con el dinero de los gijoneses a no ser que los usos que finalmente se le den sean para disfrute de todos los ciudadanos, no solo de unas determinadas siglas como ha venido ocurriendo durante más de cuarenta años.

Resulta cuando menos curioso que siendo un equipamiento de titularidad pública en manos ministeriales, aunque se reclamen derechos históricos de índole patrimonial, tenga una utilización privativa por parte de aquellos que han ido ocupando espacios sin que nadie osara poner freno a la expansión del inquilinato.

Hace varios meses que el Ayuntamiento y el propietario en cuestión iniciaron las conversaciones que el pleno ha decidido relanzar en busca de soluciones sobre el estado y el futuro del edificio. Se llegaron a plantear incluso ideas como dedicar el suelo a zona ajardinada o transformar la sede sindical en jefatura de la policía local, es decir, planteamientos que nada tienen que ver con la actividad que tan en precario se ejerce. Cualquiera de ellas, por lo tanto, implicaría el desalojo de sus actuales ocupantes y el realojo en otra zona desde luego no tan céntrica como la que gozan, pero la cuestión es harto complicada para los políticos municipales tratándose de quien se trata: La paz social hay que mantenerla en paz.

La alternativa que se pone ahora sobre la mesa es la rehabilitación del inmueble, falta ver en qué condiciones, porque tampoco estamos hablando de un edificio con un interés arquitectónico supremo por muy racionalista que sea. Es necesario echar cuentas para definir con claridad en qué medida merece la pena gastarse el dinero en la adecuación del viejo símbolo de la lucha de clases o acometer un proyecto más amplio para que finalmente convivan sin conflictos las centrales a la vez que se abre a la vecindad.

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Desahucios en La Camocha
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Ángel M. González | 11-03-2018 | 10:34| 0

Cuando Mina La Camocha cerró en 2007 Gijón perdió un trozo de su alma. La explotación carbonífera formaba parte de la identidad del municipio, de la historia de la industrialización, de la misma manera que la siderurgia, el naval o la actividad vinculada a la transformación del metal. Con la desaparición de la empresa se puso punto final a una tradición, que recordamos al contemplar el castillete cual símbolo de aquel ajetreo diario en el pozo que no volverá nunca más y del movimiento obrero surgido de sus entrañas.
El cierre de la mina no resultó excesivamente traumático para quienes en ella trabajaban entonces. El mayor trauma, aunque quizás no se pueda calificar así, lo padecieron aquellos directivos que trampearon la actividad para alargar el negocio a costa del erario público, pero afortunadamente se dieron de bruces con la justicia.
Aquella clausura aparentemente ordenada desde el punto de vista social, sin embargo, dejó sin resolver determinados problemas que transcurrido el tiempo se han convertido en un quiste para quienes tienen ahora la responsabilidad de buscar una solución sin demasiados padecimientos. El destino de las casas del poblado es el más significativo.
Más de una treintena de familias se enfrentan al riesgo del desahucio por la aplicación de un plan de liquidación, así se llama oficialmente el maldito, que les puede dejar sin el techo que les cobijó durante casi medio siglo gracias a aquel disfrazado paternalismo empresarial de antaño. El administrador concursal, de repente, se ha transformado para estas personas en el hombre de negro. No quisiera estar en su lugar si la decisión final es el desalojo colectivo de los arrendatarios. Evitarlo tiene que ser el objetivo.
La situación de estos vecinos no es ninguna sorpresa. Poco después de que la mina dejara de funcionar se presentó en las viviendas un tasador, cuaderno y bolígrafo en mano, para certificar el valor de los hogares por encargo del liquidador. Ya entonces, estamos hablando de 2010, se advirtió de que tarde o temprano la orden de abandono, salvo arreglo, se produciría.
La ley es la ley y para saldar las deudas de la empresa no existe más remedio que recurrir a sus activos patrimoniales, en este caso las construcciones del popular poblado. Pero aunque la ley sea la ley su aplicación no debería pisotear los derechos de unas personas, una buena parte de ellas viudas de mineros que entregaron sus vidas al carbón, que ahora se ven de patitas en la calle si no se remedia esta injusticia social.
La alternativa es que los inquilinos que han acreditado como dios manda el arrendamiento compren la casa en la que han vivido padres, hijos y nietos, tres generaciones enteras en algunos casos, por la mitad de la valoración.
La oferta, aunque parezca generosa, no es un regalo. Primero, porque la tasación ahora no sería la misma que la que se hizo hace una década; segundo, porque las viviendas necesitan una rehabilitación que la propiedad no acometió y tercero, porque los recursos de estas personas son apretados. Otra vía es que los inmuebles caigan en manos ajenas con el compromiso de mantener a esas familias mediante una actualización de sus rentas.
Seguro que puede haber más soluciones. En cualquier caso, las instituciones tienen la capacidad de mediación y la potestad de intervenir si se requiere para solventar el problema. De lo contrario, podríamos estar ante un drama social de primer orden.

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Los valores del hombre
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Ángel M. González | 04-03-2018 | 15:57| 0

Ese enorme corazón que Quini tenía para todo lo que representaba su vida no pudo soportar el trallazo de la muerte, pero su latido perdurará para siempre en la memoria colectiva de una ciudad con los colores a los que tanto amó. El Brujo se nos fue de un latigazo atroz sin previo aviso, a traición, aunque semejante golpe no ha conseguido, no conseguirá jamás, arrebatar el cúmulo de valores que encarnó Enrique de Castro a lo largo de su trayectoria personal y deportiva. Ese es el legado que tenemos que preservar. Un tratado para las relaciones humanas en toda regla que se construye por sí solo recorriendo su figura.

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Desde el fatídico martes que Quini nos dejó hemos ido reflejando a través de las páginas de este periódico el cuerpo doctrinal de esa herencia mediante múltiples análisis, testimonios y vivencias de personas que desde la constatación, el sentimiento o la admiración contribuyen a la creación de ese relato. Basta con la recopilación de los adjetivos que se han utilizado en esas narraciones con el fin de expresar sus cualidades para reforzar la idea que ya teníamos del hombre del que estamos hablando. Yo lo he hecho y me he encontrado con más de un centenar de palabras cuya enumeración en su totalidad no tendría espacio suficiente en este artículo, pero considero enriquecedor extraer algunas de ellas como mero recordatorio de la dimensión del exfutbolista. Del Quini jugador hemos leído que era soberbio, valiente, implacable, astuto, incontenible, clásico, poderoso, frío, regateador, ambicioso, torero, cabeceador, goleador, pichichi, deportivo, compañero. Del Quini astro del fútbol se ha dicho que era maestro, mago, majestuoso, carismático, histórico, popular, universal, gigante, colosal, legendario, irrepetible, eterno.
Del Quini persona la lista de calificativos es interminable: cercano, encantador, simpático, cariñoso, excepcional, extraordinario, sensacional, respetuoso, sencillo, sincero, fraternal, humilde, agradecido, caballeroso, amable, entrañable, empático, alegre, bromista, socarrón, generoso, solidario, desprendido, natural, bueno, paisanu.
No resulta extraño, por lo tanto, que con toda esa bonhomía Enrique de Castro se convirtiera en un ídolo de carne y hueso, en el dios que algunos aficionados llegaron a colocar en sus camisetas sobre el ‘9’ del dorsal. Un dios terrenal del que nos queda su recuerdo y ese conjunto de virtudes que le hicieron tan singular.
La primera reacción oficial para honrar su memoria fue apellidar El Molinón con su nombre. Ni un segundo tardaron los políticos en ponerse de acuerdo para rebautizar el templo rojiblanco, añadiéndolo a la relación de elementos con la denominación cómplice del mítico ariete, como el parque, la avenida o los trofeos a los que siguen su estela que todos los años otorga EL COMERCIO con la participación de las peñas y que tanta ilusión le generaba. Unos galardones que en el fondo también venían a demostrar sus bondades.
Estos días, desde la emoción producida ante la inmensa sensación de orfandad, surgió un manantial de iniciativas en honor a su figura: una escultura en la rotonda junto al campo municipal con la imagen de Ubaldo Puche que ilustró la portada de este diario el pasado miércoles, un busto en el túnel de vestuarios, un encuentro de la selección española en Gijón, otro entre el Sporting y el Barça y un cántico desde las gradas con el ¡Ahora Quini, ahora! en cada minuto nueve son algunas de esas propuestas.
Todas resultan bienvenidas, pero además de incrementar el santuario tenemos la responsabilidad de seguir trasmitiendo ese compendio de valores que Enrique de Castro llevó más allá del fútbol para que las generaciones venideras, aquellas que no tuvieron la oportunidad de disfrutar de su presencia, conozcan y practiquen lo que Quini realmente representa. Ese sería, a buen seguro, su mayor de los deseos.

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Empresas a la espera
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Ángel M. González | 26-02-2018 | 10:40| 0

En esta ciudad, como en casi todas las ciudades de este país, en eso no nos distinguimos nada, se forman colas por doquier. Es algo que llevamos en el gen del sistema que nos ha tocado vivir, un hecho inevitable ante un mal modelo de funcionamiento del que no podemos escapar por mucho que digamos que hay que acabar con ello. Ni internet, siquiera, ha podido hacerlo. Hay colas muy conocidas, de las que se viven a diario, las de la sanidad, las del paro, las de los comedores sociales, las que se producen en el banco, las del supermercado, ante las taquillas de El Molinón, las del Jovellanos… Se crean listas de espera para cualquier cosa. No conozco a nadie que no haya estado en algún momento de su vida pendiente del turno. Y si hay alguien, por favor que lo diga, porque lo ponemos inmediatamente en la fila.
Sin embargo, a uno le queda cara de emoticón sorprendido cuando se entera de que en Gijón hay empresas que también aguardan en la hilera, pendientes de un espacio para instalarse aquí, con toda su riqueza y con todo su empleo, sin que exista posibilidad de echarles una mano y decirles «esta es su casa». Empresas de todo tamaño y condición, que necesitan crecer porque donde se encuentran no da para más, buscando techo en esta villa, a la vera del mar y al pie de la montaña, cerca de la milla del conocimiento. Es grato pensar en lo que se ha convertido el Parque Científico y Tecnológico de Gijón. Un gran polo de talento que hace de imán para que firmas del mundo de la ingeniería, de las telecomunicaciones, de las nuevas tecnologías o de los servicios avanzados se fijen en esta ciudad como lugar ideal para su desarrollo. Pero al mismo tiempo resulta frustrante la posible pérdida de oportunidades para aumentar ese ecosistema por nuestras propias limitaciones, las que nosotros mismos nos imponemos por la tardanza en la reacción, la flacidez o las indecisiones.
El Ayuntamiento está rastreando edificios, naves, grandes locales y todo aquello que tenga cubierta en situación ociosa, es decir, sin inquilinos ni actividad, de los que fueron cerrando a cal y canto, para poder ofrecerlos como cobijo a las firmas que esperan asentarse en el municipio, dicen que como agua de mayo. Se han visto algunos emplazamientos, otra cosa es el arreglo con sus propietarios, con el fin de acometer operaciones tipo Chemours-Unísono con la Fundación Laboral de la Construcción para la utilización del centro de Tremañes. Aunque jugadas como esta sirven de ejemplo, me temo que no tendremos ocasión de ver muchas más.
Por ello, el excelentísimo consistorio tendría que agilizar la expansión del parque tecnológico hacia el otro margen de la avenida de la Pecuaria, como se ha venido hablando hace ya más de cinco años, para una disposición inmediata de suelo en el ‘Cabueñes Valley’, mejor hoy que mañana. Qué bien harían todos los grupos políticos municipales empujando para conseguir que la ampliación se llevara a cabo cuanto antes con la ocupación de los terrenos del antiguo centro de reproducción de animales y de la finca de La Formigosa, que sigue muerta de risa en manos de la Tesorería de la Seguridad Social. O valorar si no resultaría bueno que el solar de Naval Gijón puesto a la venta por el puerto fuera destinado a tal menester bajo paraguas público. En cuestiones así, ni prórroga presupuestaria ni regla de gasto justifican la inacción. No puede haber excusas que coarten la prosperidad empresarial y económica de la ciudad. De lo contrario, estaremos permanentemente condenados a guardar cola.

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Feten y el doblete
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Ángel M. González | 26-02-2018 | 10:39| 0

Después del desenfreno carnavalesco, que nos deja de heredera una joven y rebelde sardina como garantía de Rosabel Berrocal para que el próximo año volvamos a disfrutar del antroxu, toma las riendas el festival de teatro infantil. La Feria Europea de las Artes Escénicas para Niños y Niñas, que es como en realidad se llama Feten, abre una nueva edición que, a priori, rompe todos los techos. Crece en compañías participantes, en número de funciones, en espacios para las representaciones, en presencia de programadores internacionales y, por supuesto, en presupuesto.

Feten tiene asegurado el éxito de mano. Se ha convertido con veintisiete años a sus espaldas en uno de los acontecimientos culturales más prestigiosos de cuantos se celebran en Asturias. No resulta extraño que en el último Observatorio de la Cultura en España se haya situado entre los puestos más altos de las citas escénicas por excelencia de este país. En Gijón podemos presumir de ello, de la misma forma que tenemos que seguir haciéndolo con el Festival Internacional de Cine o la Semana Negra, por mencionar otros dos eventos relevantes que traspasan fronteras, con sus errores y aciertos. Acierto, en este caso, es apostar por el festival teatral, al que tanta dedicación le presta Marián Osácar desde que se creó en 1991.

Con aquella misma ilusión, la directora y su equipo se preparaban esta semana para levantar el telón mientras políticos y hosteleros se volvían a engarrar por la programación de los festejos veraniegos. La organización de ‘Gijón Life’, un conjunto de conciertos con cantantes y grupos de moda, coincidiendo con la celebración del Arcu Atlánticu, ha encajado mal en la oposición y peor todavía en la patronal de la hostelería por dos razones fundamentales: la concentración de eventos en el mes julio y la pérdida de protagonismo y la desnaturalización que puede llegar a padecer el festival del Arcu con las macrocitas de Alborán y compañía. Es solo una anécdota, pero resulta por lo menos curioso que los hosteleros reprochen en Oviedo que el ayuntamiento capitalino no organice tantas actividades como se desarrollan en Gijón y luego pongan el grito en el cielo por el exceso de acontecimientos en el verano playu. Ahora bien, respecto a ‘Gijón Life’ tienen razón cuando desde la oposición y el sector de bares, restaurantes y hoteles señalan el ‘overbooking’ festivalero.

Los responsables de Divertia vuelven a caer en el error de programación, tan criticado el año pasado, que lleva al solapamiento de eventos que compiten entre sí para ver cual de ellos es más guapo, alto y atractivo. Por lo que se va adelantando, en la agenda del mes en cuestión apenas hay hueco para escribir ‘hoy, descanso’. Otro julio de doblete en toda regla.

Claro está que también hay que entender que si al Ayuntamiento llega un promotor privado con cuatro o cinco conciertos bajo el brazo por su cuenta y riesgo para alegría del personal es difícil decir “no, que el calendario está que lo vierte”. ¿Acaso alguien de los que afirman velar por los intereses de esta ciudad le diría al empresario en cuestión vaya a usted a otro lugar porque aquí ya tenemos Arcu? Es cierto que sigue pendiente una mayor coordinación a la hora de diseñar el programa, pero en casos así corresponde dar las mayores facilidades para su encaje. Eso sí, con la debida contraprestación por la utilización del espacio público.

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La repetición de una cacicada
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Ángel M. González | 26-01-2018 | 10:56| 0

El 15 de enero de 1979 el pleno de la corporación gijonesa declaraba por unanimidad ‘persona non grata’ al exrector de la Universidad de Oviedo, don Teodoro López-Cuesta, por su reiterada oposición al desarrollo del campus universitario de esta ciudad. Aquel mismo día, hace mañana treinta y nueve años, el Boletín Oficial del Estado publicaba una orden ministerial que legalizaba el traslado a Oviedo de la División de Filosofía y Ciencias de la Educación tras la maniobra del señor López-Cuesta por desmantelar la sede gijonesa en favor de la insaciabilidad capitalina. Pero no contento con ello, el exrector también se aplicaba en entorpecer la construcción de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, que había sido creada por decreto cuatro años antes. Don Teodoro, ‘Teo’ para los amigos, tenía retenido el expediente de inicio de las obras mientras impulsaba el campus ovetense de la mano del ayuntamiento carbayón.
Estos días asistimos a una repetición de la cacicada. La historia del campus de Gijón ha tenido momentos esperpénticos en relación con el centralismo cerril al que nos tiene acostumbrados con la Universidad o a la arbitrariedad política con la que se han ido tomando algunas decisiones, como fue en su momento el caso de Mieres, constituido con abuso de poder y alevosía.
El rechazo a la instauración del grado de Ingeniería de Organización Industrial es un nuevo atropello a las aspiraciones universitarias de esta ciudad, que en este caso coinciden con las del Rectorado porque la propuesta no es para nada localista, como algunos podrían pensar, si no para atender una necesidad de titulación de creciente demanda. La paternidad de la tropelía en la Dirección General de Universidades, dependiente de la Consejería de Educación, tiene nombre y apellidos y los argumentos manejados para denegar la petición no dejan de ser sorprendentes. El propio Rectorado ha calificado de sesgado el informe sobre el que se apoya el organismo del Principado para emitir una resolución contraria a la implantación de los estudios en Gijón. Sesgado es, desde luego, el calificativo menos malo que se puede dar a una decisión malintencionada.
La malévola resolución contraviene todos los principios que se han venido defendiendo para la Universidad. Es irrespetuosa con su autonomía, pone en cuestión su capacidad para decidir las titulaciones, rompe con la conexión que deben tener los centros con la demanda de las empresas y quiebra el objetivo de conseguir una universidad más competitiva. Pero lo más preocupante, de lo que no salgo de mi asombro, es que invita a los jóvenes a salir fuera a cursar los estudios del ‘ingeniero total’, aunque sea pagando a una institución privada.
Uno se pregunta cómo puede el consejero don Genaro Alonso suscribir las apreciaciones del escrito que rechaza el grado y, sobre todo, qué pensará de ello el presidente regional, don Javier Fernández, que estaba al corriente de la aspiración de la Escuela Politécnica como buen conocedor que es de la carrera que estamos hablando.
El próximo miércoles, el pleno del Ayuntamiento aprobará una declaración, que será unánime tras las aportaciones de todos los grupos políticos, para respaldar la inclusión del grado en el catálogo de enseñanzas del campus de Gijón. Ojalá esta iniciativa institucional sirva para que la Administración regional en Oviedo decida enmendar este agravio y evitar que a alguien se le ocurra actualizar el título que entonces se le otorgó a don Teodoro.

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Subastas de ciudad
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Ángel M. González | 26-01-2018 | 10:55| 0

Gijón está de subastas. El Principado ha puesto en marcha en los últimos días el proceso para la venta pública del antiguo Palacio de Justicia y la Autoridad Portuaria ha abierto el plazo para recibir ofertas por el solar de Naval Gijón. Con anterioridad, la Administración regional había sacado al mercado los locales que ocupaban los juzgados de lo Social en la calle de Donato Argüelles, mientras que el puerto mantiene la búsqueda de un comprador para el noble edificio del Muelle, la vieja sede del organismo museliano.
Hasta ahora las subastas no han tenido ningún éxito. Es la segunda vez que el Gobierno asturiano intenta deshacerse del inmueble que durante treinta años albergó los juzgados de la ciudad sin que hasta el momento asomara un inversor. Desde la primera convocatoria, allá por 2016, el precio de salida del edificio de la calle del Decano Prendes Pando ha bajado en millón y medio de euros. El Principado lo saca ahora por poco más de 8,6 millones y aún parece difícil que aparezca un interesado dispuesto a la puja. Por lo tanto, resulta aventurado determinar cuál será finalmente su destino, si albergará viviendas u oficinas o se convertirá en un complejo de ocio y tiendas en el centro de Gijón. Lo que sí es seguro es que este edificio, cuya construcción se inició en 1959 costeada con las aportaciones de los gijoneses a la Junta Local de Protección de Menores para alojar la Casa de la Infancia, no volverá a tener un uso público, pese a la petición vecinal y de alguna formación política de que su utilidad revertiera a la ciudadanía. Es una pena, aunque a cambio disfrutamos desde 2013 de un nuevo Palacio de Justicia que concentra todas las sedes judiciales en los terrenos de la histórica fábrica de La Bohemia.
La venta del suelo de Naval Gijón, por su parte, tiene un interés general mayor que los inmuebles de los viejos juzgados. La Autoridad Portuaria pide de mano 5,4 millones por la parcela de casi 40.000 metros cuadrados cuya utilidad está limitada a la edificación de oficinas, locales comerciales y equipamientos dotacionales. Cosas productivas, según la programación urbanística pendiente de aprobación. Nada de viviendas residenciales ni hoteles o actuaciones similares que puedan acarrear algún tipo de especulación. Los socialistas han planteado que el Ayuntamiento se haga con ello para desarrollar un polo empresarial adicional al parque tecnológico vinculado al mundo de la mar. El gobierno local, de momento, renuncia a la puja, pero la señora alcaldesa ha dejado la puerta abierta a analizar la operación más adelante, si las circunstancias presupuestarias del municipio lo permiten, claro está.
Así como la compra de la antigua sede portuaria en la calle de Claudio Alvargonzález carecía de cierta lógica, la idea de que el Consistorio intervenga en el desarrollo de ese suelo como agente directo, no solo a través del planeamiento, tiene una evidente razón pública. No estaría de más explorar todas las posibilidades. Una de ellas, por ejemplo, implicar en la necesaria cirugía de la zona a Pymar, la sociedad de reconversión de los astilleros. Pymar tiene bajo su propiedad otro gran espacio donde se asentaba la factoría con una dimensión similar a la que el puerto puso el cartel de ‘se vende’. Incluir la superficie entera que dejó la empresa naval en un mismo paquete para acometer una actuación en su total integridad sería, desde el punto de vista urbanístico, una propuesta digna de consideración. De la misma manera que sería la búsqueda de fórmulas de colaboración entre la iniciativa pública y la privada para avanzar en la recuperación de la fachada marítima gijonesa. Del intento también puede surgir la oportunidad.

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