El Comercio
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La subida de la basura
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 15:12| 0

Esteban Aparicio es uno de los concejales de moda. No porque sus apariciones sean estelares o extravagantes como se podría entender con tal apreciación, sino porque en las últimas semanas ha tenido más protagonismo que otros ediles del equipo que lleva las riendas municipales coincidiendo, por cierto, con el ecuador del mandato de la alcaldesa y su gobierno, sobre el que estos días se hacen tantos pronósticos e interpretaciones. Aparicio es un hombre vehemente, con sorna, de buena dialéctica y rápida reacción.
De esta forma, al responsable de la seguridad ciudadana no le duelen prendas en multar a la banda de gaitas ‘Villa de Xixón’ si actúa en la plaza del Lavaderu sin autorización. Sobre él pesa, por mencionar algún asunto, el cumplimiento de la ordenanza cívica que regula el botellón, de tal manera que si durante los fines de semana en Cimavilla o ahora en les fiestes de prau aparecen restos de jarana será porque alguien estuvo por la noche de copas en la calle. En este tema habrá más control. O el plan de movilidad, que nos quiere poner a todos los gijoneses a circular a veinte por hora por el centro de la ciudad, sea en coche, moto o autobús, cuando las zonas treinta no las respetan ni los que transitan en bicicleta por fuera del carril. Aquí se promete flexibilidad. O la reforma del modelo de gestión y funcionamiento jerárquico del voluntariado de protección civil, donde la solución es cambiar la cabeza.
Y la pajarita azul. El puerto deportivo de Gijón ha perdido la bandera de los mares limpios de Europa porque el muelle local se ha convertido en un vertedero, pero tenemos pajarita. Esta semana hemos visto al señor concejal posando henchido con la responsable de la Empresa Municipal de Limpiezas, doña Pilar Vázquez, en el paseo del Muro de San Lorenzo con la preciada figurita encerrada en una urna de metacrilato. El Ministerio de Medio Ambiente de la señora Isabel García Tejerina, la misma que no sabe todavía el destino de la depuradora del Este mientras vertemos libremente las aguas fecales al mar, ha distinguido al Ayuntamiento con el premio a la excelente gestión del reciclaje del papel y del cartón. En realidad, el galardón destaca el esfuerzo municipal por intentar alcanzar el objetivo marcado por las autoridades comunitarias sobre el uso del contenedor del mismo color que el reconocimiento, aunque estamos aún a la mitad del camino. Queda todavía mucha labor de concienciación.
Tres de cada cuatro ciudadanos continúan sin realizar la separación en origen de los residuos y siguen sin utilizar como es debido los depósitos instalados en la calle. Ni el azul, ni el verde ni el amarillo. Emulsa ha comenzado a habilitar un cuarto contenedor, el marrón, para completar la gama y cerrar el círculo de recogida de los desperdicios urbanos con la lógica reticencia vecinal al tener que usar la tarjeta ciudadana para poder arrojar los restos de la comida o los posos del café. O sea, el colmo del absurdo. Hacer difícil lo que a toda costa hay que facilitar.
La gestión de los residuos es un proceso muy costoso. Los puntos de recogida, los sistemas especiales de transporte, el tratamiento en Cogersa y las campañas de sensibilización requieren destinar una elevada cuantía de recursos económicos que comprometen las finanzas de la empresa municipal. Y con ello volvemos a nuestro concejal de la semana. Don Esteban Aparicio dejó caer, así como el que no quiere la cosa, que el próximo año el Ayuntamiento tendrá que subir la tasa de la basura, congelada desde hace varios años como una buena parte de las tarifas locales, para poder atender el gasto que supone el tema del reciclaje. Quizás la idea del edil sea una ‘boutade’, pero a buen seguro su compañera de Hacienda estará echando ya cuentas para ver en cuanto se puede aumentar la recaudación si sacamos los precios por los servicios públicos del frigorífico.

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El ciclo del agua
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 15:10| 0

Agua de la buena, agua de la EMA», rezaba el eslogan de la etiqueta en las polémicas botellas que provocaron el levantamiento del ‘lobby’ de los embotelladores de agua del país. Desconozco quien tuvo la idea de distribuir entre los asistentes a los actos del Día del Medio Ambiente los botellines de 60 centilitros con agua del grifo perfectamente precintada, pero como operación de marketing ha sido genial. Si de algo podemos presumir los gijoneses, además de la playa y de El Molinón, es del agua que nos llega a casa por las cañerías. Un agua de procedencia distinta, de Cadasa, de la alta montaña de los Arrudos, de Deva o de Cabueñes, que recibe un tratamiento diferenciado en los filtros de La Perdiz para conseguir los estándares de calidad que ofrece al llegar a los domicilios. El agua de Gijón es de buena mesa. Tan segura y mineral como la que se precie. Podemos enchufar un cacharro de esos que la limpian hasta dejarla pura, purísima, pero existen poco manantiales que ofrezcan la certeza de que lo que bebes tiene la garantía de lo que sale por el grifo.
Por ello comprendo la protesta de los empresarios que compiten a diario en los estantes de los supermercados ante semejante osadía por parte de la empresa municipal. Bastante tienen quienes la envasan con cumplir las duras exigencias sanitarias y ambientales para ejercer su actividad y combatir diariamente en el mercado para que venga luego el listo de turno de la cosa pública y utilice lo que a ellos le diferencian. Con lo fácil que resulta abrir para salga el chorro y ya está. Por lo tanto, mejor cada uno en su sitio y a lo suyo. En todo caso, si se trata de promover su consumo hubiera sido más acertado que el dichoso envase de cortesía fuera de cristal, abierto eso sí, por aquello de concienciar a la ciudadana sobre la utilización de recipientes más amables con el entorno. El día que se repartió era precisamente para ello.
Y de lo que bebemos, a lo que vertemos. La incapacidad para poner en funcionamiento la depuradora del Este por decisión judicial impide cerrar el ciclo como es debido. El Ministerio de Medio Ambiente defiende volver a reactivar los sistemas de pretratamiento para eliminar la grasa y la arena de las aguas residuales que se desmantelaron antes de que la Justicia impidiera arrancar la nueva estación. Craso error cuando se decidió entonces prescindir de aquellos filtros, que ahora el departamento de doña Isabel García Tejerina se propone recuperar solo si la Audiencia Nacional lo permite.
Mientras, la Administración tramita un nuevo estudio de impacto ambiental que permita legalizar la construcción de El Pisón, cubierta verde camaleónica incluida. Desde hace año y medio los gijoneses vertemos los excrementos con absoluta libertad al mar por Peñarrubia y las autoridades competentes aún no han resuelto siquiera la respuesta al fallo judicial que bloquea la depuración. La tramitación se alarga mientras se deja caer que igual hay que buscar otra alternativa, es decir, una nueva ubicación para la instalación lejos del paraje vecinal. Treinta y seis millones de euros depositados en el inodoro, pendiente de que alguien pulse finalmente el botón de descarga.

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San Íñigo y el pequeño Manhattan
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 15:08| 0

San Íñigo fue un santo de Calatayud allá por el año mil que tuvo fama de milagrero. La gente volcaba su fe en él por la experiencia de sus hechos. El pasado jueves, el ministro de Fomento vino a Gijón con un pan bajo el brazo y la firme intención de que los gijoneses recuperen la confianza en que aún son posibles las intervenciones divinas. Don Íñigo de la Serna, después de esta última visita, ha entrado en la relación de nominados para convertirse en uno de los ilustres de cuantos subieron a los altares. Ahora bien, sólo será colmado si el hecho «excepcional» al que se refirió con la inyección de dinero para desbloquear el plan de vías logra atravesar el trecho al que se comprometió en su estelar comparecencia.
Hay dos cuestiones dignas de resaltar de la nueva actitud ministerial. La primera, que por fin en Madrid se entendió que la mayor responsabilidad en la integración ferroviaria debe recaer en quienes tienen luego el cometido de que la infraestructura ofrezca el mejor servicio a la ciudad. Adif, como gestor estatal, y los operadores públicos tendrían que haber adquirido desde el principio el protagonismo que les corresponde. Por lo tanto, es de justicia que el Ministerio de Fomento, que ejerce la paternidad sobre ellos, asuma la obra para construir la nueva estación intermodal y la prolongación del túnel del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes, prometida con anterioridad por los gobiernos socialistas, para que el plan tenga realmente sentido y viabilidad. El anuncio de los 500 millones de inversión, desde ese punto de vista, no se puede interpretar como un regalo.
Y la segunda, que sí que realmente puede permitir avanzar, es el hecho de que no se tenga que esperar a hacer caja con la venta del suelo liberado para desarrollar el plan de vías. En ese sentido, la promesa de don Íñigo de adelantar el dinero es providencial. El salvavidas de todo el proyecto. Fomento pone la pasta mientras no lleguen las plusvalías, pero ello no quiere decir que renuncie a dar salida al ‘solarón’.
La buena nueva ministerial estuvo precedida de una decisión relevante, el encargo de Gijón al Norte de la comercialización del suelo a la consultora Knight Frank. A priori, la encomienda a una firma tan prestigiosa como esta multinacional de la intermediación inmobiliaria resulta un acierto.
Los intentos que se hicieron hasta ahora para obtener recursos mediante la venta de los terrenos liberados por el desmantelamiento de las viejas estaciones a través de la subasta pura y dura fueron un fracaso. El sistema del boletín oficial no ha funcionado, en buena parte por concidir con la mayor recesión económica de la historia reciente de este país, pero también porque la puesta en el mercado de las parcelas no fue acompañada por una actitud más proactiva en búsqueda de inversores interesados en ocupar el ‘solaron’. En Gijón al Norte se llegó a decir que no eran una agencia inmobiliaria. Es cierto, pero la labor comercial no se podía circunscribir al cartelón instalado en la plaza del Humedal anunciando la disponibilidad de suelo.
Knight Frank tiene una experiencia contrastada. Ha participado en el desarrollo de áreas residenciales del alto standing y gestiona los espacios de más de una docena de complejos comerciales en nuestro país, entre ellos el centro de Los Fresnos, propiedad del gigante holandés Redevco. En ese sentido, puede ser el enganche perfecto para conectar con grandes emprendedores inmobiliarios que transformen el recibidor de la ciudad. O sea, de nuestro particular Central Park al pequeño Manhattan. Cirugía milagrosa.

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Liberbank, injusticia y desamparo
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 15:06| 0

Hace un año, aprovechando la incertidumbre generada por el ‘Brexit’ y los malos resultados de algunas empresas, los malvados ‘hedge funds’ que juegan a la baja en las cotizaciones golpearon con dureza a la Bolsa española y llevaron al hundimiento de un buen número de valores. Liberbank fue víctima de los ataques y registró mínimo histórico. El precio de la acción se llegó a situar en los 0,52 euros, pero aquellos movimientos especulativos no generaron tanta preocupación como los que ha venido sufriendo ahora el banco después de una semana convulsa en el parqué, que volvieron a desplomar sus títulos aunque sin llegar al suelo de julio de 2016.

Los ‘piratas’ del mercado, que se cebaron con el Banco Popular hasta tumbarlo y ponerlo en manos del Santander por un euro, se ensañaron con la entidad financiera cotizada más pequeña al amparo del desconcierto provocado entre los inversores por el sorpresivo rescate. La eficacia mostrada por el Banco Central Europeo al estrenar con el Popular el mecanismo de resolución bancaria llevó aparejado, al mismo tiempo, un efecto contagio para los actores más débiles del sistema financiero, que se puso de manifiesto en este caso con Liberbank. La actuación sin piedad de los bajistas contribuye a originar un estado general de nerviosismo entre los inversores grandes y pequeños, incapaces de hacer más lecturas que lo que en esos momentos muestran los paneles del parqué. De los nervios al pánico y de ahí a la estampida que provoca que en unos días la cotización del banco de raíz asturiana pierda en esta tormenta el 40% de su valor. Estos depredadores bursátiles no tienen en cuenta el balance de su presa ni su gestión, van a la caza rápida de dinero, juegan a plazos cortísimos con los títulos que consiguen prestados a cambio de una prima, para embolsarse las ganancias en un santiamén.

Lo que ha sucedido con Liberbank en esta ‘semana negra’ ha sido una tremenda injusticia. Desde el verano del año pasado, que el valor tocó fondo, hasta ahora la entidad financiera mejoró sustancialmente sus ratios de solvencia y liquidez. Posiblemente no hay ningún banco español que cotice en el mercado con mayor fiabilidad en las tasaciones, al verse sometido durante un buen tiempo a la vigilancia del regulador por haber adoptado un esquema de protección de activos. El 97% de sus depósitos se sitúan por debajo del umbral de los cien mil euros que cubre el fondo de garantía y los objetivos para elevar la tasa de cobertura y reducir el índice de morosidad son absolutamente alcanzables por el proceso de saneamiento que está llevando a cabo. No existen razones objetivas que lleven a pensar que la situación de Liberbank es similar a la del Popular, a tenor de los análisis que he venido leyendo y escuchando en estos nefastos días. No existen motivos para que el miedo que los buitres infunden en el casino bursátil se traslade a las oficinas. Lo más lógico es que cuando los carroñeros agoten la carne, porque ya no exista mayor margen de caída, abandonen la pieza para buscar otra con la que puedan continuar su festín. Ha ocurrido más veces.

La mayor preocupación, sin embargo, es la impasividad de los organismos reguladores para proteger a aquellos valores que son víctimas de las fauces de estos fondos insaciables. Hace cuatro años, también por esta época, la Comisión Nacional del Mercado de Valores prohibió de manera temporal las embestidas de los bajistas porque estaban llevando al Ibex al garete. La CNMV entendía que la extrema volatilidad que estaba registrando la bolsa estaba perturbando el normal funcionamiento del parqué. Fue una medida general, pero creo que la ‘policía bursátil’ no tendría que permanecer con los brazos cruzados mientras observa cómo un valor se hunde hasta un 30% en una sesión, más si estamos hablando de una cotizada que opera en una actividad tan sensible como la bancaria. Las autoridades, tanto europeas como nacionales, tendrían que adoptar un sistema de protección para impedir estos ataques cuando se producen operaciones tan relevantes como la repentina absorción del Popular. En el caso de Liberbank ha fallado la prevención.

Los accionistas de la entidad han sufrido el daño por falta de vacuna. Ahora solo basta esperar a que los títulos vuelvan a remontar vuelo, acorde a la realidad de la marca. En ese sentido, los gestores tienen una labor ingente por delante para reconstruir el precio con el respaldo del núcleo de control de la entidad, que hay que recordar posee casi el 70% del capital de la institución financiera. No hay sociedad de estas características que tenga tanta concentración accionarial de dominio sentada en el consejo compartiendo trabajo y objetivos como Liberbank.

A nadie se le escapa que el banco está llamado a ser protagonista en un nuevo proceso de integración bancaria en este país. El rescate del Popular lo ha puesto en el foco, de tal manera que la operación corporativa como horizonte ha escalado posiciones en la lista de tareas que figuran en la agenda. Pero cualquier movimiento que se produzca en ese sentido tiene que ser realizado por consentimiento de los accionistas, grandes y pequeños. Que no sea por el desamparo ante una deriva provocada por las acometidas de los especuladores.

Postdata: La Comisión Nacional del Mercado de Valores acaba de suspender las operaciones en corto de carácter especulativo sobre Liberbank hasta el próximo 12 de julio. Es decir, la cotización de la entidad queda un mes a salvo de la actuación de los malvados. Lo normal a partir de hoy es que el valor corrija el rumbo y vuelva a precios razonables. Otra cosa es que los bajistas dirijan ahora sus ataques contra otros valores. El regulador tendrá que estar muy atento e intervenir con mayor celeridad.

 

 

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Los deberes de la renta social
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Ángel M. González | 09-06-2017 | 09:19| 0

Arrancaba la semana con un hito en esta ciudad sobre la atención a los más necesitados. Desde el lunes los centros municipales de Gijón reciben un goteo constante de personas que aspiran a cobrar la renta social puesta en marcha por el Ayuntamiento. Hay dos meses por delante para la tramitación y más de un millar de peticionarios han retirado los papeles necesarios para habilitarlos como perceptores. Nunca es tarde para aplicar una medida de estas características, aunque hemos tardado demasiado tiempo en convencernos sobre la necesidad de adoptarla. Han transcurrido casi diez años del estallido de la gran depresión y continuar mirando hacia otro lado mientras la pobreza se incrementaba era cuando menos una irresponsabilidad.
La renta social supondrá un alivio para quienes la perciban, desde luego, pero no se puede convertir en un instrumento que lleve a la cronificación de la penuria o genere, incluso, mayores desigualdades. Por ello su aplicación exige ahora cumplir ciertos deberes. Menciono algunos. La prestación está concebida como complemento a unos ingresos que no permiten a las familias alcanzar un mínimo vital. Sin embargo, deja sin atender a quienes aguardan para percibir el salario social y no tienen un euro para llevarse algo a la boca. Corregir esa situación es de justicia. De la misma manera que lo es, en provecho del propio sistema, aplicar con rigor todos los controles habidos y por haber para evitar la picaresca y el fraude e impedir también que accedan personas que rechacen ofertas de empleo por quedarse en casa cobrando la paga pública.
La renta social, al mismo tiempo, supone un reto para las finanzas del Ayuntamiento. Una vez que se decide incluir en la cartera de las prestaciones sociales resulta difícil ponerle un límite presupuestario a la ayuda si con ello se cierra la puerta al derecho a percibirla de cualquier ciudadano que reúna realmente los requisitos para ello. El elevado coste que puede llegar a alcanzar la medida es el mayor riesgo para la administración local, pero es obligado ahora poner todos los recursos económicos necesarios para que nadie quede sin la renta que le corresponda. La Fundación de Servicios Sociales acaba de incrementar en dos millones y medio la aportación para hacer frente a la prestación con cargo a su remanente, no sin antes recibir un apercibimiento. La intervención municipal ha advertido de que su decisión puede poner en peligro la liquidez de la entidad.
La verdad es que resulta inexplicable bajo el criterio del buen ciudadano que por un lado pasemos apuros y, por otro, tengamos más de 39 millones en la hucha sin poder tocar salvo para lo que diga el señor Montoro. El corralito originado en los ayuntamientos por la ley de estabilidad presupuestaria tiene un efecto perverso en cuanto que frena unos recursos en beneficio de los bancos que podrían contribuir a la aceleración de la recuperación económica. El dinero está inmovilizado en las cuentas, cuando se da salida es para amortizar deuda con las instituciones financieras y obliga a los consistorios a contraer préstamos si quieren acometer proyectos. En Asturias, la cifra secuestrada por Hacienda es relevante, más de 435 millones de euros.
La fórmula empleada para el pago de la renta social lleva implícita una inyección de recursos a la economía local con la compra mediante tarjeta en los comercios de Gijón. Por lo tanto, algún impacto tendrá en la dinamización. Lo que no se puede, a estas alturas, es seguir imponiendo la política de la estrechez allí donde existe margen para movilizar dinero y favorecer la creación de puestos de trabajo. El empleo es el mejor sistema para el sustento de la gente. No creo que nadie se encuentre cómodo en la depauperación, salvo que sea simulada.

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A vueltas con la autopista del mar
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Ángel M. González | 09-06-2017 | 09:18| 0

¿Qué pasa con la autopista del mar?, se preguntaba el director general de la Federación Asturiana de Empresarios en el Fórum celebrado por esta casa para analizar la situación de las infraestructuras ferroviarias en la región. Don Alberto González interrogaba al aire, sin tener lógicamente respuesta, al recordar la importancia estratégica que tiene la conexión marítima para El Musel como infraestructura básica de intermodalidad. Queremos engancharnos al corredor del Atlántico, que la alta velocidad entre en los puertos, llegue el ancho internacional si es posible hasta los muelles de La Osa, pero luego carecemos de algo aparentemente menos complicado que una línea regular que nos enlace con la fachada marítima más cercana al corazón de Europa.
Han transcurrido casi tres años desde que LD Lines diera la espantada después de devorar todos los fondos públicos destinados para consolidar la conexión sin que hasta ahora viéramos siquiera un atisbo de que el ferry vuelva a entrar en la dársena gijonesa. En ese tiempo estuvimos distraidos con el proyecto de Riva para recuperar el enlace, sin ningún convencimiento, cierto es, por parte ministerial, hasta que en el gobiernín se dieron cuenta de que el empresario de honda raíz gijonesa no tenía capacidad para avalar un crédito blando de un millón de euros. Nuestros administradores de recursos públicos tardaron bastante tiempo en percatarse que el interlocutor no era suficientemente válido para acometer un proyecto de estas características. La cuestión es que la compañía francesa tiene pendiente de devolver todas las subvenciones que absorbió de manera indebida y Riva, que se sepa, recibió en su cuenta 450.000 euros en ayudas que se comprometió públicamente a reintegrar.
Pero entonces, ¿qué pasa ahora con la autopista del mar? La contestación la ha dado esta misma semana el presidente de Puertos del Estado. «Hay una o dos navieras francamente interesadas en el relanzamiento», dijo don José Llorca, un hombre de demostrada firmeza allá donde los haya, con la confianza depositada en que alguna decida finalmente retomar el proyecto. Que estén «francamente» dispuestas a ello ya representa un avance sustancial sobre lo que había hasta el momento, pero todo depende del punto de interés real que tengan los aspirantes.
Puertos del Estado tiene previsto presentar en los próximos días las conclusiones de la consultora contratada para analizar la viabilidad de la línea y buscar empresas con barcos susceptibles de reanudarla. A priori, las condiciones para que la conexión marítima entre Gijón y la Bretaña francesa alcance la rentabilidad suficiente para hacer que el proyecto resulte atractivo son mejores que cuando se puso en marcha en septiembre de 2010. Las perspectivas económicas son distintas, los tráficos van en aumento y las exigencias para un transporte de mercancías respetuoso con el medio ambiente resultan cada vez más restrictivas. El señor Llorca mencionó además un aspecto relevante para facilitar la reapertura, la posibilidad de que se puedan subrogar las ayudas que ya fueron tramitadas para la iniciativa de Riva. El camino en materia de financiación está andado, pero el plazo es corto. En poco más de un mes tiene que haber una propuesta cerrada para que no se pierdan los fondos europeos. Ahora bien, sea cual sea la compañía que retome el enlace tiene que aportar las suficientes garantías para que la autopista del mar no vuelva a ser un caladero para pescar subvenciones. En definitiva, para evitar que se convierta en una nueva tomadura de pelo.

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El nuevo hospital
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Ángel M. González | 24-05-2017 | 12:06| 0

La reforma y ampliación del Hospital de Cabueñes es el proyecto más trascendental de los próximos años en Gijón. No hay en cartera ninguna otra actuación en esta ciudad que tenga tanta relevancia desde el punto de vista del servicio al ciudadano como la que se está programando en el centro hospitalario. De ahí la importancia que tiene la participación de administraciones, fuerzas políticas, usuarios y profesionales en el proceso de maduración del proyecto para que el hospital resultante pueda sentirse de todos, no solo de la parte contratante, como en un principio se quiso trasladar buscando un rédito electoral absurdo. Por ello, la presentación del esbozo que maneja la Consejería de Sanidad en la sala de recepciones del Ayuntamiento fue un acto noble y destacado. Bien distinto sería que en lugar de la Casa Consistorial hubiera sido en la del Pueblo o en cualquier otra casa, como se hizo hace cuatro años. El nuevo hospital ha pasado de ser gancho de partido a un proyecto colectivo en el que tiene que implicarse toda la ciudad.
La remodelación en ciernes supondrá una transformación total del servicio que ofrece ahora el centro hospitalario gijonés y la posibilidad de aplicar un modelo sanitario y de gestión mucho más acorde con los tiempos que corren. Este cambio se sustenta en cinco grandes acciones, podríamos decir, que de llevarse a cabo con suficiente debate, diálogo, mano izquierda y mano derecha, conducirán con absoluta seguridad a convertir Cabueñes en el complejo moderno, funcional y eficaz que todos deseamos.
La primera es la ampliación de espacios y equipamientos para quirófanos, reanimación, cuidados intensivos, cirugías sin ingreso y urgencias. El proyecto prevé también un nuevo edificio para consultas externas con mejor comunicación con el resto del complejo, un incremento del número de habitaciones y la creación de estancias individuales para las parturientas. Es decir, el hospital ganará en capacidad para atajar las esperas y en comodidad para el alivio de los pacientes.
La segunda es la concentración de las especialidades que ahora albergan el antiguo ambulatorio de Pumarín y la Casa del Mar. Su traslado a Cabueñes corrige una dispersión precisamente provocada por el encorsetamiento sufrido por el hospital en sus cincuenta años de existencia. La descentralización de la atención especializada, que en su momento se entendía positiva por el acercamiento de servicios al ciudadano, ha ido demostrando con el paso del tiempo que puede provocar pérdida de eficiencia para los profesionales.
La tercera, la oportunidad que se abre para la ordenación del entorno del centro hospitalario. El Ayuntamiento tiene que desplegar aquí todas sus competencias para que el gran polo formado por el hospital, el parque tecnológico y la Laboral solvente los problemas de movilidad. El proyecto incluye la construcción de un aparcamiento subterráneo de pago con más plazas que las que hay ahora disponibles, una idea desde luego nada desdeñable, pero que tendría que venir acompañada de otros lugares de estacionamiento adicionales y gratuitos. La conexión directa con la autovía resulta una prioridad absoluta y la potenciación del transporte público, incluida la extensión del metrotrén, también. La Consejería, además, plantea con acierto la necesidad de reservar suelo para que el hospital tenga un cinturón amplio que permita en el futuro una nueva expansión. Arreglarlo ahora es mejor que hacerlo cuando la remodelación ya esté finalizada.
La cuarta consiste en la potenciación de la labor docente e investigadora del centro. La intención es derribar las actuales instalaciones de la Facultad de Enfermería y construir un edificio dedicado única y exclusivamente a la docencia. No se trata de competir en este aspecto con el HUCA, pero sí complementarlo y poner en valor el apellido universitario que se la ha dado al hospital aprovechando el talento y el conocimiento que alberga.
Y la quinta acción tiene que ver con el personal. Poco se puede hacer si no existen suficientes recursos para ello. Las organizaciones sindicales han venido denunciando la incapacidad de atender la carga asistencial generada en los últimos años con el volumen de plantilla existente. El hospital será mucho más funcional, permitirá ahorros en una buena parte de los costes fijos que registra ahora, pero también tendrá más capacidad para atender una demanda cada vez más creciente por el progresivo envejecimiento de la población. De nada serviría el esfuerzo inversor previsto en la reforma, incluida la tecnología, si luego se escatima en dotar a Cabueñes del personal suficiente para prestar la mejor atención a la que se puede aspirar. El plan tiene que ir acompañado de una revisión a fondo de las necesidades en este campo.
Una súplica a modo de posdata. Los gestores tienen otros dos retos por delante no menos importantes: cumplir el presupuesto sin sobresaltos ni sobrecostes, y si el compromiso es que la primera fase de la ampliación esté finalizada en 2021, que no sea cinco años después. No parece que sea mucho pedir. En plazo y sin desviaciones.

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A la espera de Fomento
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:54| 0

Resulta chocante que la izquierda haya tardado casi dos años en reaccionar al acuerdo entre el gobierno local y el Ministerio de Fomento para construir la estación intermodal junto al Museo del Ferrocarril. No encuentro explicaciones convincentes para llevar al pleno el rechazo a la idea cuando se podía haber hecho en el momento en que Gijón al Norte aprobaba el cambio de ubicación de la terminal con el objetivo de ganar centralidad.

Los mismos argumentos habría entonces para que aquel pacto fuera cuestionado por la mayoría municipal que ahora quiere hacer valer la soberanía plenaria en un intento de tumbar el proyecto. No existen más razones salvo que hayan visto la oportunidad de darle la puntilla a un acuerdo que quedó aletargado y con el tiempo se ha ido convirtiendo en moribundo.

Los motivos que dieron lugar al proyecto eran razonables, pero nació con escasa fe e insuficientes apoyos.

Difícilmente se puede llevar adelante la decisión con el Principado enseñando las uñas, cuando a la Administración regional le toca desempeñar un papel relevante en todo el planteamiento urbanístico y de infraestructuras de la zona. De la misma forma que la vía de ancho ibérico prevista para la variante de Pajares quedará guardada en el cajón para en su lugar colocar el ancho internacional que usa el AVE, el proyecto de Gijón corre el peligro de saltar por los aires.

El equipo de gobierno ha pedido a los grupos políticos que esperen a que Fomento presente el desarrollo de aquel acuerdo en la próxima reunión de la sociedad gestora, que por cierto poco gestiona, ni tiene medios para hacerlo, a la vez que ha criticado la ambigüedad de don Íñigo de la Serna y sus adláteres sobre el plan de vías. El PP local hizo público esta semana un comunicado, raras veces lo hace, ratificando la decisión de marzo de 2015, bajo el ministerio de Ana Pastor, y el compromiso de enero de 2017, en el viaje sabatino de su sucesor. Fue entonces cuando el señor De la Serna dijo aquello de que volveremos con un estudio económico y financiero de lo que queremos hacer aquí, que garantice la viabilidad de la operación. El problema es mantener una propuesta de actuación en contra de la mayoría de la Corporación municipal, de las asociaciones vecinales y del Ejecutivo regional por muy sensata que sea.

Si queremos que el proyecto de integración ferroviaria se lleve a buen puerto y disfrutemos de ello todos los gijoneses hace falta que unos y otros abandonen la terquedad de una vez por todas.

La pelota está en el tejado de Fomento, pero hay que ayudar a que caiga. Lo mejor que puede ocurrir, visto el panorama, es que los responsables ministeriales acompañen el dichoso informe de alternativas distintas, técnicas y financieras, que garanticen la intermodalidad y la centralidad de los servicios.

Hay unas cuantas combinaciones que se pueden proponer dependiendo de lo que las administraciones estén dispuestas a desembolsar y de los terrenos que se decidan sacar al mercado. Opciones que pueden incluir el soterramiento hasta La Calzada, la extensión del metrotrén hasta Cabueñes bajo tierra o en superficie, o dejar el solarón como está, convertido en ‘central park’ para gozo vecinal y belleza urbana. Pero lo que presenten tiene que ser pensando en favorecer el consenso político y ciudadano que requiere un proyecto de estas características, no como se ha venido haciendo hasta ahora. Hay que evitar, a toda costa, que el diseño del plan de vías siga estando al albur de los peritos de chigre de turno.

 

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Las obras del coche
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:53| 0

Me he convertido en víctima de las obras como miles de convecinos de Gijón. Sufro con resignación las consecuencias evidentes de las reparaciones que se están haciendo en las calles en esta especie de loca carrera emprendida por el Ayuntamiento, a falta de proyectos estrella como aquellos que ilustraban la época de la borrachera, a la que esta semana aludió don Cristobal Montoro, el ministro que con habitual gracejo te limpia el bolsillo como si nada. Obras son amores, la afición de los alcaldones, en este caso alcaldesona, en momentos de necesaria abstemia como los que seguimos viviendo, digan lo que digan las estadísticas oficiales. Y soy de los que caen, una y otra vez, en la trampa, como buen animal de costumbres, de tal forma que, una y otra vez, me veo envuelto en el atasco. Ni rutas alternativas ni leches. Caigo en la red, de la misma manera que lo haces cuando a la vuelta de la esquina entras sin remedio en la zona de caza de conductores perjudicados acotada por la policía local.

Las obras siempre causan molestias. No conozco a nadie encantado de verse atrapado en un colapso, ni a ningún vecino feliz de tener que librar vallas para entrar en el portal, ni a ningún comerciante que reciba con gozo el trasiego de las máquinas, las nubes de polvo entrando por las tiendas y el olor a alquitrán. Pero una ciudad sin obras no es una ciudad, de la misma manera que no se concibe sin peatones ni coches, que es aquí donde realmente quería llegar.

Los arreglos que se están acometiendo en las calles tienen dos partes, dejan la calzada llana para disfrute de los usuarios y retranquean las paradas de autobuses allí en los sitios donde haya oportunidad. Así que con el nuevo aglomerado se gana en comodidad y fluidez para la circulación de los medios de locomoción públicos y privados. Cuán placentero resulta rodar por una vía recién pavimentada.

Hace tiempo que el coche se merecía algo así. Su utilización la hemos maltratado, se ha convertido en un objeto perseguible, molesto para el centro, un bicho ruidoso que nos envenena poco a poco, el causante de una buena parte de nuestros males al que se tiene que ir exterminando. De ahí, la obsesión cada vez mayor de expulsarlo del casco urbano.

Las peatonalizaciones han convertido Gijón en una ciudad más paseable, vital y acogedora. No cabe duda de que la experiencia ha sido buena, hasta el punto de que sería deseable su continuación con la conquista de más espacios para el viandante desde el límite de la carretera de la Costa hasta Cimadevilla. Pero también siguen pendientes otras asignaturas en materia de movilidad, además de completar la red de carriles bici, como un replanteamiento a fondo de la ORA. No es posible que haya quinientas tarjetas más de residentes que plazas de estacionamiento en zona azul. Encontrar a media mañana un hueco donde dejar el vehículo es jugar a la lotería. O habilitar más lugares de aparcamiento disuasorio, como se dice ahora. Sería un buen destino para los terrenos del plan de vías que no lucen el verde del ‘solarón’. Por ideas que no falten.

Si queremos que el coche, uno de los mejores inventos del siglo XX, siga teniendo futuro en nuestra ciudad no hay más remedio que mejorar su ordenación y hacer obras tan chinchantes como las que padecemos estos días.

 

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A propósito de la residencia
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:51| 0

Gijón se ha convertido en zona oscura para la construcción. Podría aceptarse como premisa que la carencia de una planificación urbanística en toda regla no suponía hasta hace poco motivo real de preocupación ante la larga agonía sufrida por el sector como consecuencia de la gran depresión. Daba lo mismo que existiera norma o no porque nadie en plena recesión iba a colocar un ladrillo. El daño, en todo caso, sería para aquellos que tenían en perspectiva hacer negocio con el suelo adquirido para levantar viviendas en praos convertidos en fuente de riqueza mediante un papel cuya legalidad resultó invalidada por los tribunales. El tiempo ha ido transcurriendo, la crisis ha dejado de apretar las mandíbulas y empieza a haber movimientos que indican la cercana recuperación de una actividad, que llegó a ser intensa en empleo y producción. Sin embargo, seguimos sin definir el plan que permita sustentar ese despegue. En Gijón, ahora, empezamos a tener un grave problema. Una ciudad sin plan urbanístico retrasa su propio desarrollo. No podemos ser ajenos a cualquier atisbo de reactivación.

Todo ello viene a propósito del debate suscitado esta semana con el proyecto para construir la residencia de estudiantes en la parcela del campus universitario que tenía como destino la Semana Negra. El promotor no está dispuesto a iniciar la obra mientras no tenga la licencia definitiva. Tal como está trazado ese suelo en el PGO que se está tramitando, el permiso puede tardar más de dos años en recibirlo si las cosas van bien. Primero tiene que haber plan general y luego uno especial. Es decir, la residencia en cuestión puede irse al garete.

Don Fernando Couto, el concejal comandante del urbanismo, ha garantizado un cambio de oficio para que el empresario tenga la autorización correspondiente en dos meses, aprovechando la aprobación de las últimas alegaciones al plan. Hay que confiar que así sea, pero en materia tan sensible como la que estamos abordando la buena voluntad de los regidores no es suficiente. Si para todos los grupos políticos es prioritaria la residencia, y si tiene tanta importancia para la urbe que haya un plan general, se echa de menos mayor corresponsabilidad.

El empresario argumentaba la inseguridad jurídica en la que se podía encontrar el proyecto con las directrices del PGO. Esa desconfianza es precisamente la que puede llevar a Gijón a perder las oportunidades que buscan los inversores en los prolegómenos de la recuperación. La falta de plan, la inexistencia del catálogo urbanístico y la pelea política municipal está frenando el interés por el desarrollo de iniciativas inmobiliarias en esta ciudad.

Hablando de plazos, el gobierno local fía la aprobación final del documento para mediados del próximo año en el caso de que la tramitación vaya como es debido. Por ejemplo, depende de si la CUOTA falla en quince días o en cuatro meses, que está por ver. Más allá de ese calendario entramos en contienda electoral y los partidos, a las puertas de la batalla, empiezan a verse como enemigos, huyendo de alianzas y acuerdos para la causa que sea.

En paralelo, seguimos siendo incapaces de sacar adelante dos grandes actuaciones de cirugía urbanística. No tiene nada que ver una con la otra, pero la imagen que se transmite es similar. Al este, la transformación de la Ería del Piles lleva más una década dormitando por la indefinición, la guerra con los propietarios y ahora la crisis de la promotora, que ha pasado la pelota a los bancos. Al oeste, el ‘solarón’ convertido en ‘central park’, donde ni siquiera hay una idea clara del tamaño que tendrían que tener las parcelas para poder darles salida. Mientras, a veintiocho kilómetros al sur, un ‘pool’ de constructoras, alguna de ellas con un papel relevante en Gijón antes de que pinchara la burbuja, convertirá la entrada de la capital en un gran bulevar. El grupo de empresas destinarán más de 100 millones para la resurrección de El Vasco. Por aquí, ni se asoman.

 

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