El Comercio
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Fecha: mayo, 2012
La industria se nos cae
Ángel M. González 29-05-2012 | 7:03 | 0

Graciano Torre, en sus primeras declaraciones a EL COMERCIO después de ser renombrado consejero de Economía y Empleo por cuarta vez, ahora por Javier Fernández, señalaba que Asturias necesitaba poner un marcapasos a su corazón industrial porque tiene arritmias. Y yo creo que lo que la industria regional necesita no es solo un marcapasos sino una intervención en toda regla a corazón abierto porque, de lo contrario, el enfermo se nos muere.
La producción industrial en Asturias está registrando las mayores caídas en el índice de actividad desde que se mide este parámetro. En un año, casi el 10%, con reducciones por ramas que superan el 20%. El desplome, además, ha cogido una gran velocidad en el primer semestre. Estamos ante un año negro para la industria asturiana.
Primero con el declive y ahora inmersos en la gran recesión, se ha comenzado a destruir una parte del entramado empresarial tejido en los últimos treinta años desde la puesta en marcha de las zonas de urgente reindustrialización, los distintos planes para la dinamización económica de Asturias y para reactivación de las cuencas o más recientemente los fondos mineros. En estos treinta años, al mismo tiempo que sufríamos los embates de la durísima reconversión del sector público, se fue construyendo poco a poco una estructura industrial, si no alternativa desde luego sí complementaria, que permitió sostener la actividad como aportadora de riqueza y empleo. Pero el castillo se está desmoronando. Muchas de las iniciativas empresariales no llegaron a alcanzar el grado de madurez suficiente para aguantar la crisis y otras están sufriendo un tremendo debilitamiento que puede llevarles a la agonía. Ejemplos hay en todos los polígonos industriales del área central de Asturias, en Gijón, en Avilés, en Siero, en Llanera y en las cuencas.
Pero a este deterioro se suma otro mucho más peligroso y preocupante. Y es que la situación que atraviesan las grandes empresas tractoras de la economía regional es enormemente grave, la más severa de cuantas pudo haber visto y toreado Graciano Torre desde que se hizo cargo del departamento de Industria del Principado hace algo más de diez años.
Al cierre anticipado de la minería por la tajada en las ayudas cuando las comarcas del carbón todavía viven del ‘suspiro’ del sector, se unen los nubarrones sobre la siderurgia, que sigue siendo alma de la economía regional, con la supresión de las inversiones y las dudas que planean sobre uno de los dos hornos altos de Gijón. La reducción a la mitad del tamaño de la cabecera supone un golpe brutal a sesenta años de actividad siderúrgica en la región. Riesgo existe y los franceses de Marsella se quieren comer el poco pastel que hay sobre la mesa. Igual que existe riesgo de deslocalización de otras empresas por la dichosa tarifa eléctrica que el Gobierno es incapaz de resolver, como Alcoa o Asturiana de Zinc; o porque el mercado aquí se agota y hacen imposible una presencia viable, como es Duro Felguera, o porque las oportunidades en España y en Europa ya no son las que eran para las grandes multinacionales que otrora eligieron Asturias como enclave para el desarrollo del negocio continental. Ojo, que algún campamento es fácilmente desmontable.
Graciano Torre tiene un buen papelón. A buen seguro tomará Asturias como bandera para defender la industria regional y toda la comunidad estará con él y con el Gobierno de Fernández, pero la capacidad de presión ya no es como cuando hablábamos hace veinte años del plan de competitividad de la siderurgia integral o de la privatización de Aceralia. Ni los destinatarios los mismos. Ante decisiones que se puedan tomar, de la noche a la mañana, por imposiciones de los mercados, solo nos cabe ser mejores, incluso protestando.

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La minería tiene razón
Ángel M. González 22-05-2012 | 10:03 | 28

El Gobierno ha decidido acelerar la muerte dulce de la minería española con un hachazo en las ayudas a la explotación de un 63% de media este mismo año, que obligará a las empresas a adelantar el cierre de pozos ante la imposibilidad de hacer viable la actividad. Este recorte en las subvenciones a los yacimientos se agrava además con otro golpe en la línea de flotación de las comarcas mineras, la drástica reducción de las partidas para la reactivación de la economía, de tal manera que el impacto del ajuste será mucho más profundo: elimina lo que funciona a cambio de nada. El Ejecutivo de Rajoy ha decidido poner punto y final a la reconversión de las cuencas, en el sentido más amplio del concepto, mediante un proceso de liquidación vertiginosa, para ahorrar más de 650 millones de euros en los presupuestos con un sacrificio social que va camino de no tener precedentes en el sector.
Los sindicatos han convocado ya las primeras movilizaciones para responder al ajuste del Gobierno, con huelgas generales en la minería para esta misma semana y la próxima, concentraciones y una manifestación unitaria en Madrid el 31 de mayo. Centrales, patronal y alcaldes mineros forman un frente para intentar frenar el golpe que se plantea imponer desde la Administración.

El recorte que quiere aplicar el Gobierno es muy peligroso. Las cuencas mineras llevan casi treinta años de anestesia combinando destrucción de actividad y empleo con políticas alternativas que no han sido suficientes para lograr el cambio económico y social de estas zonas. Los fondos mineros no sirvieron más que para una operación de estética. Consiguieron dar lustre a los municipios, pero fracasaron en su verdadero objetivo, la reindustrialización de las comarcas mediante la diversificación de su economía. En ese sentido, han sido un fracaso. Los jóvenes se siguen marchando por falta de oportunidades, el declive poblacional es imparable, el paro continúa haciendo estragos y el monocultivo da todavía de comer a muchas familias. Los municipios del Nalón, Caudal y Narcea se encuentra ahora más que nunca es una situación de enorme debilidad y el tijeretazo de Rajoy sobre la minería puede ser la puntilla.
El deterioro de las cuencas es el resultado de una planificación energética errónea. Los gobiernos han venido dando bandazos en sus estrategias, colocando siempre el sambenito al carbón. La minería necesita una buena dosis de desmitificación. No es más caro tener al minero trabajando que en casa. Ni resulta más gravoso para las arcas públicas y para los consumidores mantener una reserva de producción eléctrica a partir de nuestras minas que llenar España de centrales de gas, aereogeneradores y placas solares. Es una soberana tontería. No han sido precisamente las minas las que llevaron al país a un déficit de tarifa de 24.000 millones de euros, una deuda insoportable. Mientras el carbón nacional recibe una retribución media del Estado de 1,82 céntimos de euro por kilowatio, la energía eólica obtiene 4,29; la hidráulica, 4,38; las plantas de cogeneración, 5,12; las que utilizan biomasa, 7,07; las que aprovechan residuos, 9,03, y las solares nada más y nada menos que 42,86. Estamos ante una inmensa burbuja, la gran mentira energética. Eso es lo que hay que resolver.
El Gobierno pone al carbón nuevamente contra las cuerdas en esta alocada carrera por reducir el déficit del Estado y lo que consigue es una mayor asfixia. Porque resulta que las ayudas que da al sector las recupera por otro lado. Por cada euro que el Estado entrega a la minería para mantener la actividad, recibe tres vía impuestos y cotizaciones sociales. Y en esto, Carbunión tiene un excelente informe que demuestra la viabilidad del negocio para las empresas, pero también para la Administración. Con los 10.000 empleos del sector, calculando una media de 22.500 euros al año por trabajador, las arcas públicas ingresan 225 millones de euros por IRPF y Seguridad Social. Por IVA, Hacienda recauda cerca de 120 millones de euros con la venta de la producción actual. La cifra, más o menos, equivale a las subvenciones. Este panorama, en las renovables, ni por asomo.
¿Cuáles son las cuentas de Rajoy? Las que establece el ‘lobby’ eléctrico, las autoridades comunitarias, el liberalismo acérrimo. Frente a la frialdad de las decisiones, hoy por hoy, en las cuencas, mientras haya minas, hay industria y esperanza.

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Histerias y milagros
Ángel M. González 17-05-2012 | 3:51 | 0

El desconcierto es total. Ninguna actuación sirve, ninguna de ellas es eficaz; lo que ayer valía, hoy es insuficiente; nadie es capaz de ayudar a nadie y vamos de sobresalto en sobresalto. Estamos viviendo una situación de convulsión permanente, en un estado paranoico, de histerismo colectivo que lleva de la economía del miedo a la de la locura.
El Gobierno se siente incapaz. La crisis es de tal virulencia que arrasa, incluso, con el vigor de un gobierno en la práctica recién estrenado con una de las mayorías parlamentarias más amplias de nuestra historia democrática. Luis de Guindos cada vez que regresa de Bruselas trae la libreta cargada de deberes. Todas las medidas adoptadas no son suficientes para calmar los mercados y convencer a los socios. La prima de riesgo llega a niveles insostenibles, la deuda alcanza costes que empiezan a ser insoportables, crece la desconfianza y el presidente lanza una advertencia: “Existe el riesgo de que nadie preste a España”. La solución inmediata no está ya en manos del Ejecutivo y por eso Rajoy pide el auxilio de las autoridades comunitarias y del Banco Central Europeo.

Los bancos, en peligro. Bankia registra caída libre en la bolsa. Los pequeños inversores huyen despavoridos. El pánico recorre el parqué por el enorme debilitamiento de las entidades financieras ante las dudas generadas sobre sus balances. El Banco de España queda desacreditado hasta por el propio Gobierno y bancos y cajas serán sometidos a la evaluación de dos auditores independientes, BlackRock y Oliver Wyman, para intentar convencer al mundo de que el sector financiero español es solvente y viable. Ojalá acierten. El plan aprobado por el Gobierno recibe el visto bueno de los compañeros del euro porque es una reforma valiente, pero dejará muchas plumas en el sector. Las provisiones comerán los beneficios de los grandes y los medianos lo pasarán mal. Se tendrán que endeudar más para cubrir lo que tienen de momento sano.
Los ahorradores, con la piel de gallina. En Grecia se están retirando fondos de los bancos porque el regreso
al dracma está ya a la vuelta de la esquina. En España, el temido contagio está llegando. En el último año se produjo la desbandada de capital extranjero. Cerca de 130.000 millones de euros fueron extraidos de los bancos españoles por inversores foráneos. De Bankia se sacaron casi 1.000 millones en un día. Los depositantes buscan fórmulas para poner su dinero a resguardo. En bancos de otros países, en inversiones ‘refugio’, incluso bajo el colchón. La situación no puede ser más alarmante.
Las autonomías pagan el plato. Después de los bancos, son el objetivo de las autoridades comunitarias. Tienen una buena parte de culpa y son incapaces de sacudirse ahora la fama del despilfarro. El problema es que son quienes gestionan los pilares del estado del bienestar que los mercados quieren destruir y por ello la presión se concentra en ellas. No sirve reducir el tamaño del sector público, ni recortar los sueldos de los funcionarios, ni eliminar gastos superfluos, ni paralizar inversiones, ni aplazar los pagos a los proveedores… El ajuste tiene que ser vía reducción de las conquistas logradas en sanidad, educación y servicios sociales. Ahí se tiene que aplicar el tijeretazo. Lo que fue ejemplo de prestaciones en  todo el mundo está ahora en la diana.
Europa no se pone de acuerdo. El flamante gobierno francés ya lo ha dicho: no ratificará el pacto fiscal sin plan de crecimiento. Hollande le echa el pulso a Merkel en una Unión totalmente desorientada, sin rumbo. Es necesario un pacto entre las dos orientaciones político-económicas cuanto antes para emprender actuaciones que impidan que la moneda única salga por los aires. España no aguanta más elementos de incertidumbre.
Y entretanto, los agoreros. A la profecía de Paul Krugman se une el ‘Doctor Muerte’. Si el Premio Nobel pronostica el ‘corralito’ en España y el fin del euro, Nouriel Roubini vaticina que si la desconfianza de los mercados persiste, nuestro país no tiene más salida que el rescate. Lo contrario sería un milagro. ¿Pero existen los milagros?

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La profecía de Krugman
Ángel M. González 14-05-2012 | 2:45 | 0

En un nuevo día negro para la economía española, con la prima de riesgo totalmente disparada y la bolsa hundida por la desconfianza cada vez mayor de los mercados en nuestro país, el Premio Nobel y Príncipe de Asturias, Paul Krugman, se suma a la cruzada contra la política económica en la UE sembrando incertidumbre sobre el futuro de la moneda europea. Dice Krugman en su último post en el blog que tiene activo en The New York Times que España está a las puertas de vivir un corralito en toda regla.
-Este es el panorama que dibuja el prestigio y laureado economista norteamericano:
1.- Grecia saldrá del euro, posiblemente el próximo mes.
2.- Se producirán cuantiosas retiradas de depósitos de los bancos españoles e italianos para intentar llevar todo ese dinero a Alemania.
3A.- Se establecerán medidas para prohibir la transferencia de los depósitos fuera del país y limitar la retirada de efectivo de las cuentas.
3B.- O bien el Banco Central Europeo deberá de facilitar el crédito y la liquidez para evitar el derrumbe de las entidades financieras.
4A.- Alemania tiene una opción, aceptar inyecciones masivas de capital público en Italia y España, revisar su estrategia, y permitir una inflación más alta en la eurozona para permitir el ajuste de precios.
4B.- El fin del euro.
La situación no puede ser más preocupante. La profecía de Krugman, que sitúa toda esta secuencia de acontecimientos en el mes de junio, pone los pelos de punta y arroja más dudas sobre la capacidad de España y Europa para afrontar el crash económico. Ahora bien, no estaría mal que el Premio Nobel tocara también la situación que atraviesa la banca norteamericana, el peligro que corre el sistema financiero estadounidense y el reciente agujero que se ha encontrado JP Morgan como consecuencia de los contratos de derivados gestionados en su oficina principal londinense. No hay mejor defensa del dólar, que el debilitamiento del euro. Y ese es el fondo.

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La ruta de Liberbank
Ángel M. González 12-05-2012 | 3:21 | 5

La cuarta reforma del sistema financiero a la que tiene que hacer frente el sector en España impone durísimas condiciones a los bancos y cajas del país al tener que crear un colchón de grandes dimensiones a modo de prevención por si el deterioro de los balances se incrementa para generar confianza y credibilidad entre las autoridades internacionales y los mercados. Se trata de reforzar el saneamiento del crédito, de blindar a las entidades ante nuevas sacudidas, hasta el punto de que al final del nuevo proceso de limpieza que se abre ahora cerca de la mitad de los activos del sector, malos y buenos, estarían bajo abrigo. Las medidas son saludables -aumento de las provisiones para el ladrillo sano, traspasos a ‘bancos malos’ y más concentraciones-, aunque una buena parte de las entidades tengan que realizar enormes sacrificios para poder cumplir las exigencias de la reforma. Este nuevo escenario obliga a replantear las estrategias que todos los bancos habían diseñado después de la última reestructuración puesta en marcha hace apenas tres meses.
Y en esa testitura se mueve Liberbank, con Manuel Menéndez a la cabeza. Menéndez ha demostrado hasta ahora una gran capacidad para afrontar con reconocido éxito todas las vicisitudes que han ido surgiendo como consecuencia de las convulsiones en el sector financiero desde el estallido de la crisis. El gestor de Cajastur y su equipo han ido salvando obstáculos sin poner en riesgo la entidad financiera asturiana, de tal manera que el grupo que lidera sigue manteniendo los mejores ratios de solvencia del país. Su habilidad quedó patente en la operación de integración de CCM y se puso de manifiesto cuando deshizo su relación con CAM cuando estaban a punto de presentarse ante el altar. El PP, a raíz de la nacionalización parcial de Bankia, acusó al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, de haber engañado a Rodrigo Rato en la fusión de Caja Madrid con Bancaja, al dibujarle una situación de la entidad valenciana que no era exacta. ‘Mafo’ intentó hacer lo mismo con CAM, pero Menéndez descubrió el agujero de la caja mediterránea a tiempo. El veneno para Liberbank era mortal.
El cumplimiento del nuevo decreto gubernamental supone un reto más para la dirección del grupo de Cajastur. Liberbank necesita 1.013 millones de euros para atender la provisión que requiere la reforma, casi tres veces más de los beneficios obtenidos en el último ejercicio. Este requerimiento obliga a repensar sus movimientos. El Ministerio de Economía quiere que se produzca una fusión entre los cuatro actores del sector de cajas que mejor solvencia tienen en estos momentos para conformar un grupo fuerte y de gran tamaño -BMN, Unicaja, Ibercaja y Liberbank-. Se produjeron contactos entre todos ellos, llegaron a sonar incluso campanas de boda, pero la reforma puede alterar los planes. Un ejecutivo de una de las entidades reseñadas, en víspera del Consejo de Ministros del viernes, se preguntaba qué estaría tramando Menéndez y su equipo sobre toda esta posible maraña de enlaces.”Es que, al final, dependemos también de él”, señalaba el interlocutor.
La norma obliga a las entidades a presentar al Banco de España antes del próximo 11 de junio sus proyectos de saneamiento. Liberbank tiene tres opciones: buscar un socio que inyecte capital suficiente para cubrir la dotación; acudir directamente al FROB para beneficiarse de la línea de préstamo que contempla el decreto a un interés del 10% y cinco años de amortización, o hacer caja vendiendo su paquete accionarial en alguna de las empresas participadas (EdP, Enagás, Indra, Amper, Ence…).
Ésta última fórmula ya la adoptó cuando se desprendió de Telecable para cubrir el 10% de ‘core capital’ que se había establecido como meta en la reforma del año pasado. Liberbank tiene, por lo tanto, potencial para cumplir los requisitos incluso sin llegar al endeudamiento con el FROB y sin debilitarse. A partir de ahí, las posibilidades de que Manuel Menéndez siga protagonizando su papel en la reordenación del sistema bancario continúan abiertas. Para ello también hay tres opciones: casarse con alguna de las cajas señaladas por el departamento de Luis de Guindos, seguir creciendo mediante la incorporación de redes como la de Caixa Geral o sellar una alianza con otro banco. Y llegado a este punto se lanza una idea, que para algunos puede resultar descabellada. ¿Por qué no contraer matrimonio con Bankinter, la entidad menos expuesta al ladrillo, de tamaño similar, con una cultura de gestión igualmente eficaz y ejemplar y con unos sólidos accionistas de referencia? En Bankinter, la entidad financiera ya tiene un aliado, el grupo Masaveu, con lo que se podría conseguir un significativo conglomerado asturiano. Y de otro lado, la familia Botín, que no está nada mal tenerla cerca.

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