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La señora de negro
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Ángel M. González | 09-06-2012 | 11:08

No se puede decir que la política de Merkel haya sido del todo nefasta para el euro y Europa, pero la canciller ha cubierto ya su etapa como dama del ajuste y guardiana de la austeridad. Enrocarse ahora en sus recetas espartanas es suicida para el continente y para la propia Alemania. En octubre de 2013 los alemanes acuden a la urnas para elegir al gobierno que tendrá que contribuir a la recuperación europea y la mandataria germana corre el riesgo de llegar a la cita desgastada internamente, sin socios en la UE que le rindan honores y escasos aliados en los organismos económicos internacionales.
Ante este panorama, Angela Merkel aún tiene tiempo de rectificar. Su respaldo al rescate bancario en España mediante la inyección de fondos sin llegar a una intervención total del país puede ser el inicio de un cambio de actitud, pero no nos podemos engañar. La ‘señora de negro’ reclamará contraprestaciones en forma de mayores recortes, que es la única política que entiende y maneja. Alemania tiene una buena parte de culpa en la génesis de la crisis, se ha beneficiado de ella, pero la recesión en la que estamos inmersos amenaza con convertirse en un ‘boomerang’ para la férrea disciplina impuesta desde Berlín. Sólo esto puede doblegar a la canciller en favor de la adopción de estrategias de crecimiento, sin tanta tijera.
Una banca poderosa. Los bancos alemanes han sido los grandes prestamistas de Europa. Inyectaron más de 100.000 millones de euros a las entidades financieras españolas para el juego del ladrillo a cambio de ingentes beneficios, que luego ni siquiera invirtieron en su país, de tal forma que han constituido la mayor reserva de euros del continente. Son quienes marcan la ruta a la canciller y al Banco Central Europeo en sus presiones sobre España, aterrorizados ante la posibilidad, hasta ahora ínfima, de que la moneda única salte por los aires.
Financiación gratis. La crisis de la deuda no ha podido resultar más provechosa para el tesoro alemán. Sus bonos y obligaciones se han convertido en refugio para los inversores ante las fuertes tormentas que sacuden los mercados, hasta el punto de que casi se paga por ‘papel’ germano. Mientras España tiene que remunerar sus emisiones con tipos de interés cercanos al 7%, Alemania ofrece tipos cero. La hacienda de aquel país ahorrará más de 30.000 millones de euros en los próximos cinco años por aquel concepto, la misma cuantía que tendrá que destinar España este año sólo al pago de la deuda.
Pero no son tan ricos. Alemania lleva más diez años apretándose el cinturón. Tienen hechos los deberes que está obligando a cumplir a España. Redujo sueldos, aplicó su reforma laboral, puso en marcha severos ajustes en todos los niveles de las administraciones públicas, congeló inversiones, pero también se produjo un preocupante aumento de la desigualdad social. El paro en Alemania alcanzó su nivel más bajo en veinte años, en mayo se situó en el 6,7% de la población activa y existen algunas regiones, como Baviera, que han logrado el pleno empleo. Pero las cifras resultan engañosas. En el país hay más de 40 millones de ocupados, pero siete millones son ‘minijobs’, cobran como mucho 400 euros al mes. Son subempleados con una nómina que apenas le da para comer.
La industria empieza a flojear. Las fábricas están empezando a notar las consecuencias del deterioro económico en Europa. Alemania vive de las exportaciones, es el país del mundo con mayor capacidad para el mercado exterior gracias a la altísima productividad que consiguió con elaboraciones de gran calidad y eficiencia. La fortaleza y estabilidad del euro contribuyó en estos diez años a la potencia exportadora germana que, pese a la crisis, no se ha venido abajo, al menos hasta hace un par de meses. Porque el sector del automóvil ha comenzado a reducir su producción por la caída del mercado y la atonía se agudizará conforme avance la recesión.
El miedo a la inflación. Es una auténtica obsesión para Merkel y el Banco Central, vigilar que los precios no salten la barrera de la estabilidad. La contención es salud para la competitividad y el ahorro de Alemania, todavía afectada psicológicamente por la hiperinflación de la República de Weimar. Sin embargo, subidas de precios por encima del 2% convertido en regla, favorecen el crecimiento sin provocar estados de ruina. El prestigioso economista Ha-Joon Chang, en su obra ’23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo’, lo dice bien claro: “La inflación se ha convertido en el coco que se usa para justificar políticas cuyos principales beneficiarios han sido los titulares de activos financieros, en detrimento de la estabilidad a largo plazo, del crecimiento económico y de la felicidad humana”.
¿Nos dejará Angela Merkel ser algún día felices?