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Fecha: julio, 2012
¿Una Unión con dos monedas?
Ángel M. González 25-07-2012 | 2:19 | 0

Es uno de los planteamientos que empiezan a estar sobre la mesa de economistas y euroburócratas. Antes que proponer la desaparición del euro, consideran que se podía establecer un nuevo sistema monetario con dos monedas, una de ellas para los países de la UE que no han sido contagiados por la crisis de la deuda y otra para aquellos socios comunitarios que se han visto golpeados por los mercados hasta llevarlos a la deriva de la intervención.
La idea es una reformulación mas o menos drástica de la llamada ‘Europa de dos velocidades’, de la que hemos estado rehuyendo prácticamente desde el ingreso en la Unión Europea aunque, si bien políticamente ha sido un concepto absolutamente rechazable, en la práctica ha sido una realidad palpable en nuestra historia comunitaria. La fijación de dos monedas es la consecuencia de las grandes diferencias en el desarrollo europeo y que, de alguna manera, constatan el fracaso de la Unión.
¿Como se cimentaría este nuevo sistema monetario? Se trataría de una formula de transición hacia la unión bancaria, fiscal y política de la zona euro, un proceso que puede necesitar aún unos cuantos años, de tal manera que se aislaría por un lado los países rescatados de aquellos que están en condiciones de salir indemnes de la convulsión financiera. Es decir, los países del sur, por un lado, y los del norte, por otro.
España estaría en el paquete de los rescatados, de aquellos controlados por la ‘troika’, cuya moneda tendría que reflejar las especiales circunstancias de la zona europea a la que representarían. Alemania encabezaría al grupo de países con el ‘euro fuerte’. El Banco Central Europeo sería el encargado de velar por este nuevo sistema monetario con dos cabezas, que obligaría también a emprender dos políticas monetarias distintas durante el tiempo de convergencia. El ‘euro español’ podría sufrir devaluaciones, los objetivos de inflación en esta zona podrían ser distintos a los de los socios ricos y las metas macroeconómicas también. La pregunta es, si es posible esta salida, ¿por cuánto tiempo podrían convivir las dos monedas sin que la UE saltara por los aires?

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El gran cabreo
Ángel M. González 14-07-2012 | 2:55 | 0

Una buena parte de las protestas de los empleados públicos durante el ’viernes negro’ que vivió España eran espontáneas, la expresión de una indignación cada vez mayor ante la asfixia a la que nos está sometiendo el Gobierno por las exigencias emanadas de quienes mandan en Europa para intentar combatir los ataques a la moneda única. Mientras miles y miles de funcionarios en Asturias se manifestaban ante los edificios oficiales y ante las sedes del PP con las manos en alto por el ‘atraco’, en las calles, en las plazas, por el paseo del Muro, en cualquier esquina, te encontrabas a alguien que vivía con angustia el tijeretazo de Rajoy. El cabreo es general. No hace falta demasiado llamamiento a alzar la voz para constatar el nivel de agobio y desesperación.

Encuentro en San Lorenzo a un conocido comerciante sumamente enfadado por la subida del IVA y la liberalización del sector. “Nos están matando”, me dice. “Y encima la paga que quitan a los funcionarios es la de navidad, justo en el periodo de mayor consumo”.

Un alto cargo de Hacienda, al repasar medidas, me comenta que lo de la amnistía fiscal, además de una barbaridad, es un absoluto fracaso. “Pero si los que se podría acoger ya no están ni en España”.

Un trabajador de la Administración de Justicia hace hincapié en el hartazgo. “Fueron todos los gobiernos igual: o nos congelaron o nos redujeron el sueldo; pero lo de ahora es un auténtico robo a mano armada, insoportable”. Entre el aumento de la jornada, la eliminación de moscosos y permisos y la extra, el recorte a los empleados públicos supera de una tacada el 7%.

Veo a un viejo amigo sentado en un banco de Begoña controlando a su hijo que disfruta de los juegos. “Estoy en el segundo ERE, pero esto no da más de sí. Quedamos cuatro y la empresa acabará cerrando”. El próximo curso el niño cambiará de colegio, de un concertado a un público. Sus ingresos dan poco más que para pagar la hipoteca y comer. Una vuelta más de tuerca y se ve sin plato ni techo. Voy a una agencia de viajes y el agente me dice que en lo que va de mañana, y son la una y media, lo único a lo que se dedicó fue a cancelar reservas.

Y un pequeño empresario, con nave en Tremañes, en un momento de la conversación, entre indignación y congoja, me pregunta: “¿Sabes algo de que vayan a tocar los pagos fraccionados? Es que no aguantamos mas. Trabajamos para mangantes”.

Pero, ¿quienes son los mangantes? Llegamos al punto de que en todos los casos existe comunión a la hora de buscar culpables. En la cola del paro, en la parada del autobús, en el taxi, en la ventanilla del registro, al comprar el pan, en la sidrería, sentado en el parque, en el mostrador de la sucursal del banco, la opinión es, como el cabreo, unánime: la culpa es de los políticos. “Fueron ellos los que nos llevaron a esta situación, los que despilfarraron, los que malgastaron, son ellos los que nos han administrado de manera nefasta, quienes provocaron la burbuja, los que permitieron la especulación, quienes se beneficiaron también de ella, los que hundieron a las cajas, quienes engordaron las administraciones, enchufaron a los amigos, se corrompieron en muchos casos…” La vicepresidenta del Gobierno, en la rueda de prensa después del Consejo de Ministros que aprobó el mayor recorte jamás sufrido en este país, reconoció que “España vive uno de los momentos más dramáticos de su reciente historia”. Ya no se trata solo de si estamos intervenidos, de que hemos perdido soberanía o si es el país entero el que necesita el rescate. Se trata también de no perder la confianza en el sistema, de emprender una regeneración, para recuperar la credibilidad en quienes tienen que llevar las riendas y sacarnos del marasmo.

 

 

 

 

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Mas que reformas, revolución
Ángel M. González 06-07-2012 | 7:57 | 0

El Gobierno ha comenzado a “pisar el acelerador” en las reformas, como ha dicho Mariano Rajoy, para encarrilar el disparado déficit público en España y contentar a los mercados y a Alemania, pero la mayor parte de las medidas que prepara el Ejecutivo seguirán llevando el marchamo del ahogo. Reducción del sueldo a los funcionarios, congelación de las pensiones, recorte en las prestaciones por desempleo, subida del IVA… La tuerca pocas vueltas mas puede dar.

Una de las actuaciones que más impacto tendrá es el adelgazamiento de las administraciones, el ajuste del sector público, necesario desde luego, pero también enormemente gravoso para España. Miles de empleados públicos serán despedidos al amparo de la reforma laboral como consecuencia de las acciones que prepara el Gobierno para ahorrar 30.000 millones de euros de las arcas públicas. El coste social será grande, al igual que también lo será la reconversión pendiente en el sector financiero, obligado a cerrar oficinas y a echar trabajadores para eliminar lastre de los balances. En definitiva, entre bancos y administraciones se pueden perder más de 100.000 empleos en año y medio en nuestro país.

Ante este panorama lo que se viene encima no es más que la prolongación de la recesión y la mayor asfixia social desde que se inició la crisis hace cinco años. Seguir con este estrangulamiento, que es mucho más que la llamada austeridad, es un camino suicida. Cuando estamos a las puertas de la ’Gran Depresión’, el Gobierno no tiene más remedio que idear un plan de choque que contrarreste el golpe brutal de lo que está por llegar, un plan que conlleve una inyección de dinero a la economía productiva para que los motores puedan seguir funcionando en busca de una salida, aunque sea psicológica. Cuando estamos aún pendientes en qué se traduce el famoso acuerdo entre Alemania, Francia, Italia y España sobre el fondo de 130.000 millones de euros para aplicar medidas de crecimiento en la zona euro, el Gobierno debería de estar ideando un cuaderno de ruta para cambiar la estructura productiva en nuestro país con un horizonte temporal mínimo de diez años que permita ir corrigiendo el rumbo de la economía. Hay que definir un modelo distinto al que se tuvo hasta ahora que, sin olvidar las aportaciones de la construcción, de la industria tradicional o del turismo, tenga como objetivo el desarrollo de aquellos sectores con mayor capacidad de crecimiento y dinamismo. Mientras no brote el crédito de los bancos, el Gobierno tiene que ejercer el papel de animador y empezar con una buena dosis de recursos a favorecer las condiciones para el tránsito hacia una economía moderna y sostenible. Hay sectores con enormes posibilidades, que sólo requieren un empujón. No hace falta inventar nada: la biotecnología, las nuevas energías, la industria aeroespacial, los nuevos bienes de equipo, las tecnologías de la información y de la comunicación, la economía creativa en la industria cultural o el sector sanitario y de bienestar social.

La capacidad para generar empleo en las actividades golpeadas directamente por la crisis será muy escasa o nula en la próxima década. Hay que pensar en el recambio, en una nueva revolución industrial. Seguir metiendo solo la tijera es llevar al país al desastre.

 

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