El Comercio
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Fecha: septiembre, 2012
La industria pide auxilio
Ángel M. González 28-09-2012 | 9:09 | 2

Mientras el gobierno navega en la incertidumbre por la crisis financiera, política y social, más centrado en contener los mercados para alargar todo lo posible la petición del rescate con el fin de amortiguar el golpe en las elecciones de octubre en el País Vasco y Galicia, la industria del país se derrumba. El Ejecutivo de Rajoy, con el ministro Soria como responsable del departamento, no solo está demostrando que carece de política para intentar contener la destrucción del tejido industrial de España, sino que las medidas que adopta llevan a acelerar más el proceso de deterioro de uno de los grandes pilares para que el país vuelva a recuperar la senda del crecimiento.

Asturias está sufriendo con dureza las consecuencias de la nefasta gestión que el Gobierno central está haciendo de la crisis en la industria. La siderurgia, el aluminio, el zinc, la minería y el naval están totalmente tocados ya no solo por las consecuencias de la recesión de los mercados sino también por las erróneas decisiones gubernamentales o por su inacción. Es incapaz de ofrecer soluciones a la tarifa eléctrica de los grandes consumidores, provocará un encarecimiento del precio de la energía por la aplicación de impuestos para reducir el déficit tarifario, quiere aniquilar las explotaciones de carbón antes de tiempo mientras en Alemania, el paraguas que siempre tuvo el sector, despliega un plan para construir centrales térmicas tras su decisión a reducir la cuota nuclear y tiene olvidados a los astilleros, pendientes de que se resuelva el ‘tax lease’. Pero además aumenta la tributación a las empresas, renuncia a incentivar la fabricación de coches, recorta los recursos para promover la investigación y la innovación, el sector de las tecnologías de la información se encuentra estancado, no estimula la internacionalización y las exportaciones, que era el único indicador que mantenía una pequeña llama económica, empiezan a resentirse por el deterioro global de los mercados.

Con esta política no hay quien viva. La austeridad no es incompatible con el apoyo a la actividad industrial. Se trata de acometer simplemente una mejor redistribución de los recursos para, por un lado, arreglar las cuentas públicas y sostener financieramente el sistema, y por otro adoptar medidas que, al menos, impidan que el corazón de la economía deje de latir. La industria también necesita un plan de rescate. ¿Alguien se imagina, por ejemplo, una Asturias sin siderurgia? No existe sustitución posible y, sin embargo, a la vuelta de la esquina está el precipicio, el punto de no retorno.

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Pacto de Estado
Ángel M. González 10-09-2012 | 9:16 | 0

No se puede concebir el desarrollo de ninguna sociedad sin que vaya respaldado de un amplio consenso entre todas las fuerzas que la integran. Y es impensable que podamos salir de la Gran Recesión sin que se produzca un acuerdo general sobre las medidas para hacer frente a la crisis e impulsar el crecimiento.
La delicada situación que atraviesa nuestro país, la más inquietante desde la instauración de la democracia, no sólo está socavando los pilares del estado de bienestar levantados en los últimos treinta años, sino que está provocando una desafección política que puede poner en riesgo el sistema. El retroceso en los derechos, el aumento de la tensión social, las posiciones nacionalistas, la falta de credibilidad en las instituciones, el creciente desapego a la idea de Europa y la progresiva pérdida de soberanía conforman un ‘coctail’ peligroso que solo se puede resolver con una acción responsable de quienes rigen nuestros destinos como sociedad. Y hasta ahora se produjo bastante irresponsabilidad.
El Banco Central Europeo está a la espera de que el Gobierno español solicite formalmente el rescate para intervenir en el mercado de la deuda con la compra sin límites de bonos aunque con “estrictas condiciones’. Aunque Mariano Rajoy quiere dilatar la petición por si se produce alguna mejora sustancial en el coste de la financiación por la evolución de la prima de riesgo, todo parece indicar que no pasaremos del mes de octubre sin que se produzca el ‘rescate suave’ de nuestro país.
Las condiciones para que se produzca la adquisición masiva de deuda no pueden ser las que nos imponga nuestros socios europeos del Norte o la famosa ‘troika’. Esas condiciones, los compromisos que España adquiera en el ‘memorándum’ de la intervención, tienen que ser las que nosotros mismos estemos dispuestos a cumplir para reducir el déficit público y enderezar el rumbo de la economía. Y por ello es irrenunciable un pacto de Estado sobre las medidas que se puedan aplicar que implique a partidos políticos, sindicatos, empresarios, comunidades autónomas y ayuntamientos.
El país tiene que dar imagen de unidad para frenar a todos aquellos que pretenden desmantelar nuestro modelo social con decisiones que se toman en Berlín o en Bruselas. Mariano Rajoy dijo que esperaba a conocer las condiciones que pone sobre la mesa el BCE para tomar una decisión y explicarla luego a los españoles. La mayoría absoluta le otorga legitimidad para ello, pero no puede hacer uso de ella para adoptar medidas injustas y contrarias al interés general, de la misma forma que el PSOE, como primer partido de la oposición, no puede renunciar de ninguna manera a intentar un acuerdo que suavice el enorme sacrificio en la lucha contra el déficit.
Un pacto de Estado es la única forma que España tiene de fortalecerse ante quienes pretenden llevarnos a toda costa por el camino de la helenización. Un pacto con todas las consecuencias.

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