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Fecha: octubre, 2012
Los ‘indeseables’ del paro
Ángel M. González 31-10-2012 | 8:21 | 0

Entre los dramáticos datos que ofrece la última Encuesta sobre Población Activa (EPA) figuran unos enormemente preocupantes en tanto que se refieren a una bolsa de parados que tienen muy difícil superar el trance de encontrarse de repente sin empleo en plena recesión económica, que además amenaza con ser muy duradera. Muchas veces se habla de la generación perdida de la crisis para referirse a los jóvenes que tienen que afrontar el declive que estamos atravesando con sus estudios ya finalizados, sin oportunidades para incorporarse al mundo laboral y con años y años por delante sin opciones para desarrollar, ya no solo la profesión que habían elegido, sino cualquier otra tarea. Jóvenes a los que la única alternativa que les queda es la emigración, salir fuera del país en busca de una ocupación, ya que de lo contrario corren el riesgo de terminar engrosando la lista de los excluidos de manera trágica e involuntaria.

Bueno, pues a este drama y a todos esos colectivos que, desde el punto de vista de la empleabilidad, tienen muy complicado el acceso a un empleo que les dignifique la vida (estoy pensando además en los discapacitados en paro o en la gente sin apenas formación), se añade otro numeroso grupo de personas que han perdido su puesto de trabajo en el peor momento de su existencia. Son auténticos expulsados del mercado laboral que tienen muy difícil volver a ocupar un empleo simple y llanamente por razones de edad, pese a que la experiencia tendría que ser uno de los mejores valores a tener en cuenta a la hora de proponer cualquier oferta laboral. Desgraciadamente, hoy las canas puntúan poco y, por ello, cuanto más cerca se esté de la edad oficial del retiro, menos posibilidades existen de que esa persona sea aceptada si quiera como aspirante a un puesto.

Pues bien, según la EPA, en torno al millón de parados tienen 50 años o más, es decir, están ya en esa frontera de los ’indeseables’ laboralmente hablando. La crisis está haciendo estragos en este grupo humano. Hace cuatro años, cuando apenas habíamos visto las orejas al lobo, en España había 410.000 personas que se encontraban en el paro con aquella edad, pero la mayor parte de ellos estaban incluidos en expedientes de prejubilaciones. Ahora no. Son víctimas del despido puro y duro. Casi medio millón de desempleados que ya han cumplido el medio siglo llevan más de dos años buscando trabajo, con una mano adelante y otra atrás. En 2008 eran 85.000.

Si tenemos en cuenta las negras perspectivas que existen sobre la evolución de la economía en España, si al final nos encontramos con que tardaremos una década en recuperar los índices de crecimiento y creación de empleo registrados antes de la crisis, podemos concluir que para una buena parte de este colectivo, muchos de ellos padres de familia con prestaciones de miseria, volver a ocupar un puesto de trabajo es tan inimaginable como la vida en el sol. ¡Qué crueldad!

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La desintegración social
Ángel M. González 23-10-2012 | 3:22 | 0

 

La Encuesta de Condiciones de Vida que publica el Instituto Nacional de Estadística sitúa a Asturias entre las comunidades autónomas con menor tasa de pobreza del país, junto a Navarra, País Vasco y Madrid. Según el INE, el 9,9% de los asturianos están en el umbral de la pobreza, frente al 30% de Andalucia, Extremadura, Canarias y Castilla-La Mancha.

Estadísticamente estos resultados no son excesivamente alarmantes porque resulta que en la región sigue funcionando el colchón de las jubilaciones, de tal manera que el retirado se ha convertido en un elemento amortiguador clave en las familias con dificultades. Es decir, todos a vivir de la prejubilación del padre o de la pensión del abuelo, que no da para pagar la hipoteca pero sí, al menos, para vivir. Pan para hoy y hambre para mañana. Como estos ingresos superan los 15.000 euros al año, no engrosan la lista de quienes según el INE se encuentran en situación de extrema gravedad, aunque vivan seis o más de la paga. Por ello, la encuesta hay que cogerla con pinzas, de la misma forma que lo ha venido haciendo la Red contra la Pobreza y la Exclusión en Asturias, integrada por más de una veintena de organizaciones sociales que conviven diariamente con el dramatismo de la crisis.

Repasemos algunos datos de la cruda realidad que atraviesa Asturias: cerca de 100.000 parados registrados en las oficinas de empleo, 37.000 personas agotaron su prestación de desempleo, casi 30.000 no cobran más de 426 euros al mes y la mitad de los parados son jóvenes; 15.000 trabajadores están afectados por regulaciones de empleo, en más de 35.000 hogares de la región no entra ingreso alguno, las cocinas económicas alimentan a más de un millar de desfavorecidos, Cruz Roja y Cáritas dan de comer a cerca de 10.000 familias, 21.000 menores dependen de padres sin recursos y 1.500 están siendo atendidos directamente por aquellas dos organizaciones; 8.000 personas apenas subsisten con los poco más de 500 euros de salario social, otras 10.000 están a la espera de percibirlo, en un año se produjeron más de 2.000 desahucios y 200.000 asturianos viven en riesgo de exclusión con menos de 7.800 euros al año.

Por lo tanto, diga lo que diga el INE, el deterioro social en Asturias es palpable y, lo peor de todo, está experimentando en el último año una aceleración del sufrimiento, alcanzando capas de la sociedad hasta ahora impensables. La semana pasada, con motivo del Día Internacional de la Pobreza y la Exclusión, los representantes de la Red alertaban de un fenómeno cada vez más creciente en Asturias, la desintegración de la clase media, que es una de las peores consecuencias sociales de la recesión. Los pobres cada vez son más pobres, y el gran segmento que se ha ido formando en la sociedad en las tres últimas décadas, sostenedor del consumo y del estado del bienestar, cada vez es más pequeño y depauperado. La recesión está estratificando aún más la estructura social, generando enormes bolsas de desigualdad y poniendo en peligro la cohesión. En España, y también en Asturias.

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La ‘Marcha de Hierro’
Ángel M. González 09-10-2012 | 9:24 | 3

 

Aquel 9 de octubre llovía con intensidad en Oviedo. Cerca de 300 siderúrgicos emprendían la mayor gesta del movimiento obrero asturiano hasta entonces conocida. En dieciocho días, tras recorrer quinientos kilómetros andando y cosechando gestos de una solidaridad inusitada, se plantarían en Madrid ante la sede del Ministerio de Industria en la Castellana, que por entonces ocupaba Claudio Aranzadi, para mostrar su rechazo al plan de reestructuración de la siderurgia. Otra columna de trabajadores saldría del País Vasco.

La reconversión de los noventa supuso el mayor hachazo de cuantos ha sufrido el sector en toda su historia. Altos Hornos de Vizcaya quedó desmantelada y la plantilla de la siderurgia en España pasó de 25.000 trabajadores a poco más de 14.000 en seis años. La ‘Marcha de Hierro’ no consiguió doblegar los planes del Gobierno ni las enormes presiones de socios europeos para recortar la capacidad productiva de España, pero sí al menos impidió que el ajuste laboral fuera más dramático. El saneamiento de la empresa resultante de la fusión entre AHV y Ensidesa resultó costosísimo para las arcas del Estado, pero permitió a la siderurgia española entrar en una etapa de prosperidad. Luego vino la privatización, la entrada de Arbed, la posterior unión con Usinor y la compra por parte de Mittal, al tiempo que se iba acometiendo el ajuste permanente de instalaciones y plantilla hasta llegar a lo que hoy tenemos.

Veinte años después de la ‘Marcha de Hierro’, sobre la siderurgia asturiana siguen acechando peligros. Las adversidades de la globalización continúan siendo las mismas (costes de producción elevados, amenaza constante de países emergentes y un mercado además en profunda recesión), pero los rostros han cambiado. Quienes toman las decisiones son otros, están lejos y fuera del control político. La Administración puede mejorar las condiciones, adoptar medidas para intentar evitar la tentación deslocalizadora, pero carece de la última palabra. Entonces, antes tales riesgos, ¿volveremos a ver una movilización como aquella?

 

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Cartas de bancos
Ángel M. González 05-10-2012 | 7:54 | 0

De un tiempo a esta parte cada vez que recibo la correspondencia de los bancos me echo a temblar. Según como tenga el día, abro las cartas con la misma angustia que cuando llega a mis manos una notificación de Hacienda o de la Dirección General de Tráfico. Pues bien, una entidad me acaba de comunicar una revisión de las comisiones que cobra por sus operaciones. Por supuesto al alza. Aumenta los gastos por mantenimiento, por transferencias, por el uso de cajeros, en las cuotas anuales de las tarjetas, etcétera. No hice el cálculo, pero la subida es sustancial en un montón de conceptos. Aunque la entidad en cuestión es de las que necesitan recapitalización, la reestructuración del sector llevará a una carestía generalizada de sus servicios. Son miles las oficinas a cerrar y los empleos a amortizar a través de un proceso que será costosísimo.

También recibí otra comunicación de otro banco distinto que me pone sobreaviso. A partir del 1 de diciembre, como consecuencia de la nueva Ley de Contratos de Crédito al Consumo, quedan modificadas las condiciones en los contratos de las tarjetas de crédito, de tal manera que la entidad podrá anular en cualquier momento esas tarjetas de forma unilateral simplemente con un preaviso al titular. Hasta no hace mucho tiempo, bancos y cajas perseguían a sus clientes para que hicieran uso hasta la saciedad de los créditos personales a través de las tarjetas: “Dispone usted de 6.000 euros para que lo gaste en lo que quiera”. Y muchos lo gastaban. Ahora ya no dan ni caramelos.

La nueva Ley de Contratos al Crédito al Consumo tiene como objetivo fundamental incrementar la transparencia del mercado financiero y también los niveles de protección al cliente. Si para algo ha servido la crisis financiera es para destapar las malas prácticas, tropelías y desaguisados que han protagonizado los bancos y cajas en todos estos últimos años. Atención, no sólo los españoles. Por lo general, todas las entidades han cometido abusos y engaños. En todos los sitios se comercializaron productos tóxicos, participaciones preferentes, obligaciones convertibles, swaps, depósitos estructurados…, que llevaron a sus titulares a cosechar pérdidas cuantiosísimas o totales. En Asturias, más de 15.000 personas se vieron afectadas por algunos de estos productos. Aunque ahora existe una mayor conciencia sobre esas acciones fraudulentas, no está de más mantener cierto nivel de cautela cuando te ofrecen algo que no figura en el catálogo del fondo de garantía de depósitos.

Y cojo otra carta, esta vez para hablarme de dividendos por unas pocas acciones que tengo en una institución financiera de cuando aquello del capitalismo popular. Me pagan los rendimientos en títulos sin retención fiscal, o en efectivo con la correspondiente retención. Si no hago nada, me dan acciones. Pero si quiero la pasta, tengo comunicarlo. Pues qué bien. En el buzón hay más sobres, pero no me atrevo…

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