El Comercio
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Fecha: noviembre, 2012
Petromocho en Ucrania
Ángel M. González 29-11-2012 | 8:05 | 0

 

El primer ministro de Ucrania, Mykola Azarov (de pie a la izquierda) mientras el falso representante, Jordi Sardà Bonvehi (sentado a la izquierda), firmaba el acuerdo. | Reuters

¿Se acuerdan ustedes del petromocho, el escándalo de la inversión en una planta petroquímica que destapó EL COMERCIO en 1993? Pues bien, impostores como aquel caballero francés llamado Maurice Jean Lauze que provocó la dimisión del entonces presidente del Principado, Juan Luis Rodríguez-Vigil, y de su consejero de Industria, Víctor Zapico, continúan pululando por el mundo.  Lauze, en aquella ocasión,  se hizo pasar por un representante del Saudi International Bank para acometer un proyecto de más de 360.000 millones de las antiguas pesetas en Asturias y engañó a los gobernantes asturianos con falsos poderes de un supuesto príncipe saudí. En Ucrania, un tal Jordi Sardà Bonvehi se presentó al Gobierno del país como responsable de Gas Natural Fenosa para construir una planta de gas licuado en el Mar Negro y vean lo que pasó. Esta es la información distribuida por la agencia ‘Europa Press’ sobre los hechos:

Un agente comercial que decía actuar en nombre de varias compañías españolas en Ucrania se hizo pasar esta semana por representante de Gas Natural Fenosa y firmó un acuerdo con el Gobierno del país valorado en 1.100 millones de dólares (850 millones de euros) para la construcción de una planta de gas natural licuado (GLN) en el Mar Negro.  El caso no solo ha provocado un desmentido categórico de la compañía española, sino también un escándalo político en Ucrania y todo tipo de suspicacias en Rusia, de cuya dependencia energética pretendía desmarcarse Kiev con el contrato.

La importancia del acuerdo mereció la presencia del primer ministro ucraniano, Mykola Azrov, y de su ministro de Energía en el acto de la firma, rubricada por un supuesto representante  de  Gas Natural Fenosa llamado Jordi Sardà Bonvehi.  El agente comercial, que actuaba al margen de la compañía española, anunció incluso la presencia de una delegación de la empresa que nunca llegó a aterrizar en Ucrania.

Gas Natural Fenosa, que desde el primer momento negó que tuviese previsto firmar ningún acuerdo en Ucrania, ha emitido un comunicado en el que ratifica que no tiene “ningún contrato para invertir en el proyecto de una planta de GNL” en el país “ni lidera ningún consorcio para el desarrollo del citado terminal”.

La compañía podría emprender además acciones legales contra la persona que actuó en su nombre. “Esta persona no representa a la compañía, por lo que Gas Natural Fenosa se reserva todas las acciones legales que puedan ser precisas, una vez se esclarezca completamente la situación”, asegura.

El incidente ha llegado a la prensa económica internacional, que ironiza con el error de las autoridades ucranianas y el ‘negociador español’. “Las cosas fueron terriblemente mal para Ucrania”, que “intentaba demostrar a la rusa Gazprom que Kiev actúa rápido para construir su primera planta de GNL y tiene grandes apoyos, lo que le da además firmeza en sus negociaciones sobre los precios del Gas “, asegura ‘Financial Times’.

Las autoridades ucranianas han indicado que pensaban que Jordi Sardà Bonvehi tenía poderes para firmar, al tiempo que este agente comercial ha reconocido ante los medios locales que ha cometido un error.

El Gobierno ucraniano ha reaccionado al incidente insistiendo además en que construirá su primera terminal de GNL en el Mar Negro y que logrará en poco tiempo abastecerse de gas a un precio inferior al combustible importado desde Rusia.  El coordinador de la agencia ucraniana de inversión nacional, Vitaly Demyaniuk, ha anunciado que el “malentendido” no afectará al proyecto, que ya se ha puesto en marcha y que cuenta con el interés de una empresa estadounidense, Excelerate Energy.

Sobre Sardà Bonvehi, Demyaniuk ha dicho que “no trabaja” para Gas Natural Fenosa y que es “un representante comercial” especializado en empresas españolas en el país.

Mientras, el líder en el Parlamento del principal grupo de la oposición, Serhiy Sobolev, ha lamentado el “fraude” de este contrato “con personas inexistentes” y ha reclamado una “investigación detallada”.

 

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Vitamina para los astilleros
Ángel M. González 21-11-2012 | 9:31 | 0

Medio noqueados por tanta adversidad en la industria asturiana, la aprobación por la Comisión Europea del nuevo sistema de bonificaciones fiscales para los astilleros es como un complejo vitamínico, la inyección de adrenalina que esperaba el sector para remontar vuelo. Aunque nunca es tarde si la dicha es buena, las autoridades comunitarias tardaron una eternidad en hacer justicia y decidir sobre la denuncia que había presentado Holanda contra el régimen de incentivos tributarios del que gozaba el naval por considerarlo ayudas de Estado.

La suspensión del ‘tax lease’ se produjo hace más de año y medio y en todo ese tiempo los astilleros perdieron, nada más y nada menos, que cerca de medio centenar de contrataciones, que hubieran generado una facturación de más de 1.000 millones de euros, porque eran incapaces de competir, no solo con constructores de terceros países, sino con sus homólogos europeos. De esta manera, el pleito del tulipán, que recibió el respaldo cómo no de otros socios, sirvió para que astilleros holandeses, alemanes, franceses, daneses, etcétera, se libraran durante ese tiempo de un gran competidor y reforzaran su carga de trabajo.

La Comisión Europea ha aceptado el nuevo régimen fiscal de los astilleros, pero ahora el Gobierno español tiene que ponerse las pilas. El Ministerio de Hacienda debe de agilizar los cambios legislativos del Impuesto de Sociedades para que se permita la deducción del coste de los activos adquiridos mediante arrendamiento financiero desde el inicio de la construcción de los barcos, es decir, la llamada amortización anticipada, que es en lo que consiste realmente el ‘tax lease’. La vía más rápida para ello es la promulgación de un real decreto con las modificaciones para que pueda entrar en vigor cuanto antes. Si es en diciembre, mejor. Los astilleros requieren tener este mecanismo para poder presentar ofertas atractivas a los armadores e intentar aprovechar las oportunidades de negocio que no tenían que haber perdido por la actuación de los lobbys comunitarios y la falta de pericia de la Administración española.

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La desprotección industrial
Ángel M. González 16-11-2012 | 4:28 | 0

El permanente goteo de cierres de empresas en nuestro país pone de manifiesto, con más crudeza que nunca, lo que se venía denunciando en los últimos tiempos, la ausencia absoluta de una política industrial eficaz que facilitara el asentamiento del sector y evitara lo que está ocurriendo ahora, el desmantelamiento y la deslocalización. España, y por supuesto Europa, no han dado ningún paso para proteger la industria de los embates de una globalización desequilibrada y maliciosa, que ha beneficiado más a los países de bajo coste, los llamados emergentes, para sumergir en el empobrecimiento a los más desarrollados.

El ministro de Industria, José Manuel Soria, mostró hace unos días su enorme preocupación por la fuga de Suzuki, pero no ha ido más allá de la expresión de la inquietud. El ministro está preocupado, como lo estamos cuarenta millones de ciudadanos, pero sigue aplicando su ‘política de nada’, el ‘laissez faire, laissez passer’, de la que no se puede esperar, lógicamente, ningún resultado porque tan siquiera busca eso, algún resultado. Esta es la visión del Gobierno: la industria española tiene que ser más competitiva y por ello hay que emprender una ‘chinacización’ de los trabajadores reduciendo los costes laborales. Es decir, el hecho de que las empresas españolas paguen el precio de la energía más alto de Europa o que la fiscalidad sea de las más elevadas del continente no cuenta en la adición de costes.

Nuestra industria ha perdido en la última década cerca de veinte puntos en competitividad y todo ello, según la teoría gubernamental, por la nómina del señor trabajador. No hay más ciego que el que no quiere ver. O el que solo ve una parte. Si yo fuera empresario, también me manifestaría para que el Ejecutivo, además de recortar, tomara medidas para aliviar la brutal carga fiscal y energética que tienen las empresas. Seguro que la competitividad aumentaría. Con lo que no mejoramos, desde luego, es con la aplicación de los gravámenes tributarios en el sector energético, tal como han denunciado una veintena de asociaciones empresariales, las más importante del país, que ponen aún más en evidencia la equivocación.

Política en España, pero también en Europa. La inación de la UE en materia industrial es sencillamente escandalosa. Las multinacionales levantan el campamento y las autoridades comunitarias dicen adiós y cruzan los brazos. Como somos más papistas que el papa, defendemos a ultranza el librecomercio y nos oponemos radicalmente a adoptar medidas proteccionistas, mientras nos inundan de productos manufacturados de países donde no se respetan los derechos sociales ni las normativas medioambientales más esenciales. De esta manera, se está destruyendo nuestro tejido industrial y el estado de bienestar por el ‘dumping’ que practican China, Tailandia, India, Corea… Nunca existieron tantas razones para levantar barreras en Europa. Al igual que se hizo en política agraria, la UE tiene instrumentos jurídicos suficientes para proteger la industria si quiere. Uno de ellos, el principio de preferencia comunitaria, por ejemplo. Con aranceles, exenciones y controles en las fronteras se puede conseguir que a productos iguales, sean motos, chapas o estanterías, el precio sea favorable a aquel que tenga origen aquí. La UE no puede perder más tiempo porque han saltado todas las alarmas.

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La fuga del bonsái
Ángel M. González 06-11-2012 | 1:01 | 7

El consejero delegado de Suzuki Motor España, Masayoshi Ito, y otros directivos de la compañía, en Oviedo.

Suzuki ha sido el bonsái industrial de Asturias. Una fábrica esencial, sofisticada, de gran valor añadido, cuidada aquí, ejemplar en las técnicas productivas, en la relación con sus proveedores, puntera en innovación y con un enorme potencial, aunque se quedó en eso, en potencialidad. La planta de Porceyo nunca llegó a alcanzar la capacidad para la que había sido diseñada por varios motivos, ninguno de ellos achacable a la cultura laboral ni a la competitividad de la fábrica. Hubo fallos en la planificación de los japoneses, falta de acierto en el desarrollo de modelos, mercados cambiantes, endurecimiento de normativas para los vehículos a dos ruedas… Y llegó sumamente debilitada a la recesión, que ahora le pasa factura al verse incapaz de resistir las fauces de la globalización.

El cierre de Suzuki, que aún esperamos que sea evitable, venía siendo cantado desde que la firma nipona empezó a decantarse por la fabricación en la planta de Tailandia de los mismos modelos que se estaban haciendo en Gijón. Los japoneses actuaron, en ese sentido, con deslealtad con Asturias, la región que les brindó todos los apoyos habidos y por haber para que la multinacional dejara las viejas naves de El Natahoyo, se ubicara en la moderna factoría de Porceyo, formase a sus empleados, introdujera tecnología en los procesos de fabricación, etcétera. Es decir, millones y millones para que la emblemática marca continuase en Gijón, aunque fuera a trancas y barrancas.

Estamos ante la primera gran deslocalización que se produce en Asturias, una decisión con gran calado para España y para Europa, no en vano es la única fábrica que Suzuki tiene en el continente, y por ello, es responsabilidad de las autoridades intentar frenar esta fuga. Con el desmantelamiento se cierra un capítulo relevante de la historia empresarial de la región, el Principado pierde uno de los más significativos activos del portfolio industrial, pero hay que decirles a sus protagonistas que heridas así no se restañan de cualquier manera.

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