El Comercio
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Fecha: enero, 2014
La videncia de Lagarde
Ángel M. González 21-01-2014 | 5:41 | 0

El siete ha sido siempre considerado un número mágico, la relación entre lo divino y lo humano, el número perfecto como lo llegó a definir Pitágoras. Ya saben, los siete días de la semana, los siete pecados capitales, los siete sacramentos, las siete maravillas del mundo, las siete notas musicales, las siete estrellas de la Osa Mayor, los siete sabios de Grecia, los siete colores del arco iris, las siete direcciones, las siete ciudades sagradas de la India, las siete colinas de Roma…

Christine Lagarde, recurriendo al misticismo del siete, mostró su esperanza en que en 2014 se inicie un periodo de siete años de bonanza después de otros siete de crisis. La directora del Fondo Monetario Internacional, en su reciente intervención en el Club Nacional de Prensa de Washington, haciendo gala de su capacidad de videncia, recordó aquel paraje bíblico del Génesis en el que José, el hijo de Jacob, interpretó el sueño que había tenido el faraón sobre las vacas y las espigas: “Vendrán siete años de abundancia en Egipto y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán que se olvide toda la abundancia y el hambre consumirá la tierra”.

Lagarde, por lo tanto, pronostica que a los siete años de vacas flacas que hemos sufrido por el mayor deterioro de la economía desde la Gran Depresión, les seguirán a partir de ahora otros siete de vacas gordas, aunque sin dejar claro cómo será este nuevo ciclo en el que entramos. Los datos avanzados hoy por el FMI sobre las perspectivas de crecimiento apuntan a que estamos abordando una nueva etapa, pero ello no quiere decir que los males se estén poco a poco esfumando.  Porque al mismo tiempo que se produce el crecimiento de la economía se puede producir un incremento de las desigualdades sociales generadas a lo largo de la recesión, de la extensión de la pobreza y de las calamidades si no logramos que el tirón sea lo suficientemente sustancial para eliminar la enorme bolsa de parados que se ha originado y revitalizar la desaparecida clase media. De momento, el crecimiento que nos aguarda será bajo el mismo modelo de capitalismo que nos llevó a la crisis porque de refundación del sistema, nada de nada.

De esta manera, el pronóstico de la directora del FMI tiene como contrapunto el que ha hecho también recientemente la Organización Internacional del Trabajo, que no puede ser más desesperanzador. La OIT estima que, desde 2008, a lo largo del periodo negro, se generaron 62 millones de parados en el mundo y que en los próximos cuatro años, hasta 2018, la destrucción masiva de empleo en el planeta continuará de forma acelerada, de tal manera que llegaremos a superar los 200 millones. ¿A quién hacemos caso?

 

 

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El drama de la población
Ángel M. González 14-01-2014 | 12:26 | 1

¿Es viable Asturias si la población continúa cayendo de la manera que lo ha ido haciendo en los últimos cuatro años? ¿Qué futuro le espera a la región si dentro de una década se sitúa por debajo del millón de habitantes? La pérdida de habitantes en Asturias es un drama. Tanto como el nivel de paro y el proceso de desindustrialización que estamos viviendo. No en vano, población, empleo y economía van íntimamente ligados.

Los últimos datos conocidos sobre la evolución del padrón en Asturias, que nos sitúa en cotas poblacionales de hace cuarenta años, y las proyecciones que manejan los demógrafos y el Instituto Nacional de Estadística son para echarse a temblar. El pasado domingo, Rafael Puyol, en una entrevista en EL COMERCIO, señalaba que “lo peor está por venir”, al hacer un repaso de las previsiones: en 2023 habrá 67.000 habitantes menos en la región, estaremos en el umbral del millón, perderemos un 6% de residentes en diez años, menos del 12% de la población serán menores de 15 años y nada mas y nada menos que el 28% de los que vivan en Asturias tendrán más de 65 años.  Es decir, la tasa de dependencia que registrará la región en ese momento pone los pelos de punta: un activo y medio por cada dependiente, sin tener en cuenta si esa persona en condiciones de trabajar cotiza o no, o sea, trabaja de verdad o está en el desempleo. Y las consecuencias de todo ello están claras y son de sobra conocidas. Más viejos, menos personas en edad fértil, menos nacimientos, menos ingresos, mayor gasto social…

El diagnóstico está hecho, pero lo realmente complicado es aplicar la terapia para impedir que el mal demográfico de Asturias avance. Desde hace mucho tiempo se vienen enumerando las posibles medidas para intentar atajar la sangría poblacional, pero seguimos sin dar pasos para ponerlas en orden y en marcha: una mejor política de apoyo a la familia, facilitar el acceso a la vivienda a las parejas jóvenes, una red eficaz de escuelas infantiles, acciones para favorecer la conciliación de la vida familiar y laboral, un marco de financiación regional que tenga en cuenta como factor prioritario la pérdida de habitantes,  actuaciones para intentar evitar la despoblación en territorios como las cuencas o las alas… Hay un conjunto de ideas que no acaban de cuajar. Por ello, habría que diseñar un plan de choque con la colaboración de expertos, que recogiera intervenciones a corto, medio y largo plazo en favor de la ‘regeneración’ demográfica. Trabajar en serio, sin mas palos de ciego, en favor de un gran pacto político y social para combatir este fenómeno, en estos momentos irreversible, precisamente para que no lo sea.

Ahora bien, la acción esencial, la primera medida, es crear oportunidades para que quienes viven en Asturias recuperen la confianza, tengan futuro y mantengan sus raíces aquí, y para provocar el ‘efecto llamada’, que los extranjeros vean en la región un lugar donde instalarse y desarrollarse personal y profesionalmente. Es decir, vigor económico y empleo. Como ven, tarea difícil.

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