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Fecha: abril, 2014
Regeneración sindical
Ángel M. González 30-04-2014 | 9:38 | 0

Los sindicatos vuelven a cumplir con la liturgia del Primero de Mayo con manifestaciones en todo el país para proclamar que “sin empleo de calidad no hay recuperación”, que es el eslogan que llevan en todas las pancartas. UGT, CC OO y USO celebran movilizaciones unitarias en más de setenta localidades con motivo de la Fiesta del Trabajo, una denominación totalmente incongruente con la realidad que estamos viviendo en España, donde el que trabaja y cobra por ello se ha convertido en un privilegiado frente a quienes sufren las penurias del desempleo y de la pobreza. Los sindicalistas ocuparán hoy las calles para reivindicar la creación de empleo y la recuperación de los salarios al entender, como así es, que son condiciones fundamentales para poder salir de la depresión. Es cierto que no se puede hablar de recuperación económica mientras sigan existiendo casi dos millones de familias en este país con todos sus miembros en paro y mientras continúen aumentando el número de personas en las colas de los comedores sociales. Pero como estamos en un círculo vicioso, para que haya generación de puestos de trabajo y aumento de sueldos, las empresas tienen que ver el final del túnel, ir bien, empezar a arrojar buenos resultados, crecer y avanzar. El primer paso, empezar a ver la luz y tener confianza para poder empezar a regenerar todo lo que hemos ido perdiendo en estos siete años de declive.

Ahora bien, los sindicatos también tienen que reconstruirse. Los dirigentes que encabezan hoy las marchas, con voluntad y muy buenas razones, tendrían que, al mismo tiempo, abrir una reflexión sobre la situación que atraviesan las organizaciones a las que representan por el descrédito en el que han caído, de la misma forma que se ha ido produciendo la desafección hacia la política. Los sindicatos en este país tienen que regenerarse, al igual que se está pidiendo para los partidos, porque también han sido protagonistas de los desmanes que han provocado la falta de credibilidad en las instituciones y el buen funcionamiento democrático. Han construido unas estructuras con cúpulas todopoderosas alimentadas con fondos públicos con fines engañosos, sin que esté muy claro todo lo bueno que ese gran negocio ha dejado en la sociedad. Digamos que el fraude ha estallado en Andalucía, pero la sospecha se extiende por todo el país. Y de la misma manera que han sostenido el tenderete, vemos que quienes dirigían el sindicato hace veinte años, lo siguen haciendo ahora, de una forma u otra, porque el funcionamiento de estas organizaciones, aparentemente democráticas, es absolutamente piramidal, de ordeno y mando, con una buena siembra para que el templo no se desmorone.

Esa situación ha llevado, por ejemplo, a que algunos colectivos laborales, que tendrían que ampararse en la siglas para defenderse de los embates de la crisis, renuncien a ellas por desconfianza y se organicen en plataformas, sistemas asamblearios, para combatir las agresiones a los derechos con buenos resultados. El ejemplo reciente más claro es Tenneco. Al igual que se requieren patronales fuertes, los sindicatos también lo tienen que ser para que el funcionamiento del sistema democrático sea equilibrado y correcto. Fuertes y eficaces, pero también austeros y transparentes. No hace falta ir en audi para hacer valer el liderazgo.

 

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Reindustrialización
Ángel M. González 22-04-2014 | 5:01 | 0

El Gobierno parece que está dispuesto a coger el toro por los cuernos y dar un impulso al proceso de reindustrialización en España. Como nunca es tarde si la dicha es buena, la propuesta lanzada desde el Ministerio de Industria para conseguir un pacto de Estado que implique a las organizaciones sociales y a los partidos para relanzar la actividad productiva en el país hay que saludarla de manera muy positiva. Cualquier intento a buen seguro no resultará baldío porque de lo que ha carecido España en muchos años, ya no solo durante la Gran Recesión sino incluso antes de que estallara la crisis, era de la ausencia absoluta de política industrial. De hecho, esa carencia ha llevado incluso a que una buena parte del tejido productivo del país fuera devorado por las fauces del declive.
En estos años, la industria española ha perdido peso en el PIB, del 30% que aportaba tan solo aporta el 16%, y también ha descendido cinco escalones en el ranking mundial de los países industriales. Ahora estamos en el puesto número catorce, por lo que hemos dejado de ser una de las grandes potencias para vernos superados por los países emergentes. Volver a la situación que teníamos en la esfera internacional va a costar muchísimo esfuerzo, quizás ya no lo logremos, pero sí es necesario adoptar medidas para dar un empujón y, como mínimo, fortalecer lo que nos ha quedado en pie e impedir que sigamos descendiendo.
El Gobierno maneja un informe elaborado por la consultora Boston Consulting como documento base para la reindustrialización, que recoge un conjunto de ideas para la discusión con los agentes implicados. De todas formas, hay cinco claves fundamentales para ayudar a que el sector sea competitivo y dinámico: reducir la elevada presión fiscal que soportan las empresas, incluidas las cotizaciones sociales, que son una carga a la hora de mantener plantillas y crear puestos de trabajo; disminuir el precio de la energía, teniendo en cuenta que España es el país de Europa con el recibo por consumo de electricidad más caro; facilitar a las compañías el acceso a las vías de financiación, con la apertura del crédito por parte de las entidades bancarias,  habilitar medidas para respaldar la internacionalización y apoyar co n firmeza la investigación, el desarrollo y la innovación.
Entre las propuestas que el Ministerio tiene sobre la mesa figuran otras tres que resultan interesantes y complementarias: el fomento de la compra de productos nacionales, el papel de las multinacionales españolas como embajadoras de las pymes y promover el aumento del tamaño de las pequeñas y medianas empresas.
A todo este conjunto de acciones añadiría otra que el comité de empresa de Tenneco, como ejemplo que es de lucha para todo el país contra a los desaguisados empresariales, llevará a la sede ministerial del Paseo de la Castellana: una ley para impedir la fuga de las multinacionales, para evitar las deslocalizaciones, sean de libro, como se calificó en su día la de Suzuki, o tan asumida como la de Coca Cola. Otros países de la UE ya adoptaron normas en este sentido. El más cercano, el caso de Francia. Si yo fuera ministro, tomaría también nota de la idea.

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Merkel se ablanda
Ángel M. González 04-04-2014 | 9:34 | 0

Viendo a las miles de personas que se echaron a la calle en Gijón para protestar contra los recortes sociales y la austeridad y para reclamar políticas de empleo se me viene a la cabeza la idea de que lo que necesitamos es, posiblemente, una gran pacto político en este país, una coalición que nos gobierne, de la misma manera que está ocurriendo en Alemania. No sé si esa conjunción tiene que ser entre dos o más partidos para conseguir llegar a la fibra sensible de Mariano Rajoy, pero lo cierto es que a Angela Merkel se le ha ablandado un poquito el corazón desde que se tiene que entender con los socialdemocrátas para llevar las riendas del país.
Los alemanes, con luces y sombras como es lógico, han comenzado a recuperar una buena parte de los derechos sociales que habían perdido con la obsesiva política emprendida por la ‘señora de negro’ y extendida por Europa. Desde luego, el gobierno alemán no se ha soltado la melena, porque continúa siendo vigía del neoliberalismo en la UE, apretando todo lo que puede al resto de los socios en pro del despegue de su economía, pero sí que se está notando, aún entre críticas de las fuerzas sociales porque, al final, todo es poco, cierto giro hacia la protección de quienes más han sufrido la acción de los recortes.
Por ejemplo, el SPD ha forzado que, entre las medidas gubernamentales de Merkel, figure la jubilación a los 63 años para los que hayan cotizado más de 45 años, la doble nacionalidad para los hijos de los inmigrantes, con todos los derechos que comporta; la aplicación de las cuotas para que las mujeres estén presentes en los consejos de administración de las empresas, la reforma energética, con la nuclear perdiendo peso en la dieta, los límites a los precios de los alquileres de viviendas o, esta misma semana, el salario mínimo para los trabajadores peor pagados, de tal manera que ningún alemán, salvo los menores de 18 años y los becarios, podrá cobrar menos de 8,5 euros a la hora (1.500 euros al mes).
No se sabe quién sacará más partido de estas actuaciones, si los socialdemócratas de Sigmar Gabriel o los democristianos de la mandataria germana, pero el pacto, que apenas supera los cien días, está dando como resultado un cambio, muy leve aún eso sí, en la política de ultrarecortes que ha venido aplicando y predicando la mujer más poderosa de Europa.

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