El Comercio
img
Fecha: noviembre, 2015
La enciclopedia de Mario
Ángel M. González 21-11-2015 | 4:23 | 0

Mario García Antuña anda estos días de gira con la presentación de su obra ‘Catástrofes mineras asturianas’. El pasado 3 de noviembre dio a conocer el libro en un acto en Gijón del Aula de Cultura de EL COMERCIO, que tuve el honor de moderar; el próximo martes, día 24, lo hará en la Casa de Cultura de Moreda y el 2 de diciembre, en las Escuelas Dorado de Sama de Langreo.

El trabajo de Mario es sencillamente excepcional por dos razones. Porque no existe en Asturias un compendio sobre accidentes en la minería, ni en ningún otro sector, como esta obra, de tal manera que constituye una fuente documental valiosísima de la que estaba huérfana la región. Y excepcional, además, porque la labor recopilatoria ha sido realizada con gran rigor y sensibilidad. Un rigor aplicado en la búsqueda de todo tipo de datos sobre cada una de los accidentes que recoge, sumergiéndose en cuantos archivos se pusieron a su alcance, en los registros empresariales, de las administraciones, en las bibliotecas y en las hemerotecas, contrastando la información, ordenándola y dándole forma. Mario es nuestro enciclopedista de la minería. No en vano, empezó su faena indagando sobre el desarrollo del sector con el ánimo de hacer una historia del carbón en Asturias, pero claro le salía una macrohistoria y se dijo asimismo “¿pero dónde voy yo?” Y decidió centrarse en los accidentes, de tal forma que llegó a documentar nada más y nada menos que ocho mil. ‘Catástrofes mineras asturianas’ recoge 63 siniestros con cuatro o más víctimas mortales desde 1889 hasta 1995 en un total de 1.393 páginas. Por lo tanto, esta ingente obra supone para los que tantas veces tenemos que bucear en búsqueda de información una base de datos relevante.

Y después la sensibilidad con la que trata un tema tan espinoso como real como es la siniestralidad en la minería. Mario convivió con ella desde pequeño. Mario es de las cuencas, de Campera, en Moreda, y como buen allerano el carbón no le ha sido ajeno a toda su vida. Estudió ingeniería técnica en Mieres, trabajó en Hunosa, pasó por tres pozos, primero en Modesta, después en el Candín y por último en el Fondón. Allí se hizo cargo del servicio de seguridad durante casi once años, desde 1982 hasta 1993, que se prejubiló, y allí mantuvo contactos con la Brigada de Salvamento Minero, a la que dedica un capítulo especial en su obra, de la misma manera que lo hace al Sanatorio Adaro. Todo ese conocimiento, el bagaje intelectual y humano que Mario adquirió en convivencia con el sector lo lleva al relato cuando recuerda a los fallecidos, la angustia de los familiares, los sepelios, las circunstancias de los accidentes, la llegada de los equipos de salvamento, la investigación…

De ‘Catástrofes mineras asturianas’ se pueden sacar varias conclusiones. Yo enumero tres. La primera, el grisú ha sido el gran mal de los mineros, el factor desencadenante de la mayor parte de las tragedias que ocurrieron en la región. La segunda, la paulatina reducción del número de accidentes conforme se iban avanzando en los sistemas de seguridad en las explotaciones. Esta evolución es patente en el libro. No en vano, llevamos veinte años sin siniestros de más de cuatro víctimas en Asturias. Y tercera, los accidentes también han ido cayendo conforme se fue disminuyendo el tamaño del sector. Como es lógico, a menor número de trabajadores, las posibilidades de accidentalidad en los pozos se reducen. Dice Mario que en las minas a lo largo de la historia dejaron sus vidas más de 5.000 mineros. En ese sentido, algo bueno han traído consigo las reconversiones.

Ver Post >