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Fecha: abril, 2016
‘Operación Zumárraga’
Ángel M. González 18-04-2016 | 5:09 | 0

Sobre Zumárraga cayó la espada de Damocles. Una de cada cinco familias de este pueblo guipuzcoano de más de 10.000 habitantes vivían directamente del trabajo en la acería que ArcelorMittal ha comenzado a desmantelar la semana pasada para convertirla en un almacén de chatarra por la embestida de la competencia desleal. La villa donde nació Miguel López de Legazpi, el conquistador, el mismo cuyos hombres defendieron Manila de los piratas chinos, se queda prácticamente sin industria por la incapacidad europea a poner freno al acero ‘low cost’ procedente del gigante asiático. La UE se pone antes de acuerdo para expulsar a los refugiados que para defender lo que en 1951 tal como día como hoy fue germen de la Unión.
Cuando otras áreas del mundo adoptan con celeridad medidas proteccionistas ante la invasión comercial, en el viejo continente abrimos expedientes para investigar la evidencia y discutimos si son galgos o podencos mientras nos cierran plantas como la de aquella tierra, dando la puntilla a medio siglo de tradición siderúrgica. Socialmente tiene coste. Más de 260 trabajadores tendrán que hacer las maletas para recolocarse en las factorías de Gijón y Avilés. Son los desplazados, a los que se dará acogida en Asturias, cómo no, pese al precio que tiene este tipo de reubicaciones en una región como la nuestra tan golpeada por el desempleo.
La ‘operación Zumárraga’ tendrá consecuencias. El primer efecto es inmediato. Los compromisos de Arcelor en el plan laboral se van al garete. ¿Qué puestos ocuparemos cuando vayamos a Asturias?, se preguntaban los operarios vascos el día que la multinacional echaba el cerrojo a la planta. Pues los que ahora ocupan los eventuales contratados por la compañía en Veriña o Tabaza o los relevistas del personal que aquí se iba prejubilando. Es decir, el cierre en Guipúzcoa incrementará el paro en Asturias.
También se extraen conclusiones. Resulta cansino recordar que ni en España ni en la Unión Europea existe política industrial, pero Zumárraga, y lo que todavía pueda venir, es otra víctima más de esa carencia. La industria europea y española está huérfana, totalmente desprotegida. Hasta dónde hay que llegar para que se tomen medidas que rebajen los costes energéticos de las empresas, uno de los factores más determinantes en los cierres y deslocalizaciones.
Menos mal que en Gijón, por ejemplo, no se acabó instalando una acería eléctrica como la que desaparece en el País Vasco o la que Arcelor decidió parar en Sestao cuando a mediados de los noventa, de manera acertada, se decidió que la siderurgia asturiana continuase siendo integral, con dos hornos altos y dos acerías al modo tradicional. No es que nuestra cabecera sea menos vulnerable por ello, pero sí se está demostrando que tiene más capacidad competitiva y de resistencia que otras instalaciones del propio grupo en Europa.
Ahora bien, con el ‘laissez faire, laissez passer’ que practican las autoridades no se solventan los problemas ni se despejan las incertidumbres. Puede que la batalla del acero a bajo precio entre en un punto de inflexión cuando China no tenga más excedentes que colocar, quizás más pronto que tarde, pero los males de la siderurgia y de la industria en general seguirán estando ahí, en la hoja de deberes, pendientes de solucionar por inacción.

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Universidad en Gijón
Ángel M. González 11-04-2016 | 7:23 | 0

Gijón produjo muchos políticos, unos cuantos de primera fila, líderes en sus partidos y en las instituciones, y sin embargo no produjo rectores, no tuvimos esa suerte, pese a no haber vivido ajenos al mundo universitario. No solo no los hemos producido sino que alguno de entre quienes dirigieron los destinos de nuestra Universidad llegó a recibir el título de ‘persona non grata’ por su actitud hostil a la inquietud gijonesa para que el conocimiento del saber se desarrollara también en esta villa, sin que ello supusiera arrancar nada a ninguna otra metrópoli. Es decir, si hoy tenemos el campus que tenemos es por el empeño de esta ciudad y como la historia es tozuda y de ella se extraen lecciones es para congratularse el interés que ahora demuestran los aspirantes al tratamiento de ‘magnífico’ por la situación y el devenir de la comunidad universitaria de Gijón.
En lo que llevamos de campaña los candidatos han puesto sobre la mesa varias propuestas específicas para el campus en su deseo de satisfacer algunas de las demandas de los últimos años. Por ejemplo, la puesta en marcha de unas instalaciones deportivas; la construcción de la residencia, el proyecto promovido por el Ayuntamiento que parece tener la cigua; el campus de verano para estudiantes extranjeros, que obligaría por cierto a abrir en agosto; el impulso a los acuerdos con las empresas, tal como se ha venido haciendo con éxito en la Escuela Politécnica, y la mayor conexión con el parque tecnológico para reforzar el concepto de Milla del Conocimiento. Ello adornado con esa universidad abierta, competitiva, innovadora e internacional que pregonan los rectorables, mirando al cielo a la espera de que llueva el dinero.
Pero hay cuestiones de fondo que tienen que ver precisamente con los recursos, sus limitaciones y las parcelas de poder, sobre las que los aspirantes pasan por alto y que ponen de manifiesto que todo lo que sea Gijón cuanto más lejos mejor, no vaya a ser que al mentar la bicha se revuelva el monstruo. Porque en el fondo, ya digo, la Universidad, con lo heterogénea que es, sigue manteniendo de forma inquebrantable una actitud centralista, blindada incluso en tiempos de Vicente Gotor, hasta el punto de perder la sensibilidad en el momento en que alguien plantea tocar el ombligo.
Y de esta manera no se puede entender que el campus gijonés, que concentra casi la quinta parte de las matriculaciones, no tenga representación directa en los órganos de gobierno y otros centros, sin embargo, puedan participar en las decisiones de la institución académica con menor masa crítica. O que no tenga presencia en la comisión de másteres cuando se imparten tres estudios de postgrado con buen nivel de aceptación, pero con mínima aportación de las arcas que se manejan en Oviedo: trece euros por alumno. O que la Universidad gestione a su antojo el convenio de financiación suscrito con el Ayuntamiento sin voz ni voto de la comunidad académica y que, por ello, se destine al pago del recibo de la luz, dejando los restos para el desarrollo de los nuevos proyectos del campus.
En definitiva, política y universidad siempre estuvieron reñidas. Se miran de reojo, desconfían la una de la otra. Pero en el caso de Gijón hay que reconocer que si no es por la presión social y la acción de los políticos, no existiría el campus que hoy conocemos.
El deseo es que la ciudad universitaria de esta villa siga creciendo y fabricando talento de la mano de quienes proclaman en campaña independencia en la gestión y en las decisiones, concediéndole el rango que ha adquirido con su peso. Sin intervención externa, vale, pero también sin sectarismos.

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La vía del holding
Ángel M. González 05-04-2016 | 1:53 | 0

La transformación que Liberbank plantea aplicar en sus oficinas supone una vuelta de tuerca más a la endiablada reestructuración acometida en la entidad desde que decidiera descolgar el logo del asturcón. La remodelación, con unificación y cierre de sucursales, tiene como objetivo la modernización de la red para adaptarla a un nuevo modelo de negocio bancario vinculado a la evolución del comportamiento de los clientes. Esa es la tesis.
El ajuste también responde a las exigencias de un mercado cada vez más complicado y restrictivo, que llevará sin duda a otra reordenación del mapa financiero en España. Y ahí está realmente la madre del cordero. Más pronto que tarde, la entidad se verá envuelta de manera irremediable en otro proceso de concentración donde los grandes bancos del país esperan sacar bocado. El rumor que circula por todos los rincones es el interés de la Caixa por participar de forma activa en todo ello engullendo a Liberbank, que sigue siendo una de las marcas apetecibles del sector, pero me consta que se están trabajando alternativas para impedir una ‘operación merienda’, de la que no son ajenas otras entidades, que atienda a la prescripción de las autoridades monetarias sobre la necesidad de ganar tamaño y eficiencia mediante fusiones o absorciones.
Desde hace casi dos años el propio Luis de Guindos viene manteniendo encuentros con los posibles protagonistas en su despacho ministerial para explorar posibilidades. Y en esas conversaciones participaron Liberbank, BMN, Unicaja e Ibercaja, los cuatro grupos que fueron adquiriendo dimensión a partir de las sucesivas integraciones de las cajas desde el estallido de la crisis. La idea para librarse de garras mayores sería constituir un holding bancario desde donde afrontar los retos tecnológicos y comerciales que permitan el crecimiento. Este planteamiento, que hace escasos meses podría tener detractores en uno u otro lado, empieza a cobrar cada vez más sentido a tenor del escenario en el que se desenvuelve la actividad bancaria, con unos tipos de interés cero nunca vistos y, como consecuencia de ello, una caída de la rentabilidad a niveles inesperados que lastran las cuentas de resultados. El panorama, pues, continúa siendo incierto.
Banco Mare Nostrum (BMN), que es una entidad en la práctica estatalizada por el peso del Fondo de Reestructuración Bancaria en su accionariado, se encuentra en estos momentos más cerca de su integración en Bankia que de cualquier otra fórmula. Pero Unicaja e Ibercaja tienen en un horizonte más próximo la salida a bolsa, en principio este mismo año, y esto puede suponer incluso una oportunidad para llevar adelante la creación de ese gran grupo heredero de las antiguas cajas que le convertiría en el sexto banco español. La plataforma sería Liberbank.
La entidad que dirige Manuel Menéndez es la única que ya está en el parqué por lo que se podría convertir en un buen instrumento para la agrupación de las otros dos instituciones sin tener que afrontar el elevado coste que supone la salida al mercado de valores. Se mantendrían las tres marcas, los territorios en las que operan son compatibles y lograrían alcanzar la fortaleza que exige el negocio de las finanzas en posiciones de solvencia y rentabilidad. La vía está abierta. La meta es alcanzable.

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