El Comercio
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Fecha: mayo, 2016
Carta a los refugiados
Ángel M. González 31-05-2016 | 7:15 | 0


Carta abierta a los refugiados. Bienvenidos a Asturias. Esta es vuestra tierra de acogida. Llegáis huyendo de países en guerra, masacrados por el fanatismo, donde la vida ni siquiera es un derecho. Y aquí teneis ahora la oportunidad de ser personas, de desarrollar un proyecto vital, entre los asturianos, que son gente integradora, que conoce vuestras penurias y que se vuelca a la hora de desplegar los lazos de amistad y solidaridad con los más necesitados, con los deprimidos y con quienes, como vosotros, buscan amparo ante tanta crueldad e injusticia.
Cerca de un millar de personas han pasado por esta región en una situación parecida a la vuestra en los últimos años. Estáis en vuestra casa. Echad aquí vuestras raíces porque la necesidad es mutua. Y que la estancia sirva para seguir abriendo las puertas a quienes sueñan simplemente con vivir en paz y armonía.

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La vía es la cordura
Ángel M. González 31-05-2016 | 1:08 | 0

La historia del saneamiento de las aguas negras del Este de Gijón es un cúmulo de incompetencias, errores, tropelías y fiascos que sólo se pueden atribuir a quienes gobiernan las instituciones con irresponsabilidad y despotismo. La osadía con la que se llevó adelante la gestión de la ‘plantona’, primero, y de la depuradora, después, quedará anotada en el haber de sus protagonistas.
Resulta inconcebible que después de un periplo de más de veinte años nos encontremos ahora en la misma situación de partida en cuanto al tratamiento de los residuos de la mitad de los ciudadanos de Gijón. Son de una incredulidad manifiesta los argumentos esgrimidos por responsables de las administraciones implicadas para justificar la cadena de decisiones que se fueron adoptando hasta llevarnos de vuelta al punto de salida. Se han sepultado decenas de millones de euros mientras manteníamos vivo un engaño, desenmascarado por unos tribunales que lo único que han hecho fue atender a la razón de unos vecinos que se defendieron del atropello con la ley en la mano, la misma que se saltaron a la torera quienes acusan ahora de hacer aspavientos a los que reclaman una solución.
Pues claro que hay que resolverlo. La depuración de las aguas no es sólo una obligación medioambiental, algo que tengamos que acometer porque si no vienen los hombres de negro de la UE y nos meten un buen clavel, sino que es un derecho sin excepción alguna, consustancial a la salud, al bienestar y al ecosistema.
Hay que buscar una solución con sensatez, dejando a un lado la refriega política e institucional, con la colaboración de todos, incluso diría yo de quienes tienen la capacidad para ceder en favor del interés general, que es el de los gijoneses, con el compromiso de su reconocimiento. Actuemos con cordura para tender cuanto antes al arreglo, sin dejar pasar más tiempo, y ya llegará el momento de pedir responsabilidades por este descomunal desaguisado.

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El PGOU entra en la cocina
Ángel M. González 31-05-2016 | 1:06 | 0

A la hora de cocinar un plato existen unos ingredientes básicos sin los cuales sería impensable su elaboración. Después se pueden añadir otros condimentos para aderezarlo, intensificar el sabor, enriquecerlo, de tal forma que dependerá de la pericia del cocinero en darle ese último toque que lo que finalmente resulte sea una sabrosa creación, algo de que se pueda disfrutar de manera placentera, o simplemente un comistrajo.
El Plan General de Ordenación entra en la cocina una vez que la receta esencial fuera expuesta al público durante tres meses para recibir peticiones de aliño. Los técnicos tienen ahora la ingente tarea de estudiar y responder al millar de alegaciones presentadas por una serie de colectivos y personas, con intereses muy distintos, una buena parte de ellos contrapuestos, para conformar el proyecto definitivo de plan urbanístico que tanto necesita esta ciudad.
Una paella admite múltiples combinaciones, distintos aderezos, pero lo que no se concibe es que no lleve arroz. El plan pactado por la mayoría de los grupos políticos que nos representan en Gijón recoge una serie de premisas que lo hacen diferente de los documentos anteriores que, por mal sazonados, fueron tumbados en los tribunales. Es menos ambicioso en cuanto al desarrollo inmobiliario, favorece la compactación urbana, es más preservacionista y, al menos, tiene intención de atender a lo rural. Estas son para mi les fabes de la fabada, la masa de la pizza, el arroz al que me refería.
El plato que surja de este nuevo proceso tendría que satisfacer todos los gustos, con equilibrio como es lógico, aunque siempre habrá quien considere que necesita un poco más de sal o diga qué picante está la morcilla, pero manteniendo la esencia, los cuatro pilares básicos del recetario.
Los expertos municipales del fogón, con maestría técnica y habilidad política, deberán desarrollar fórmulas para contentar a quienes quieren limitar la edificación en Cabueñes y en El Infanzón, revisar la parcelación y el diseño planteado en las parroquias rurales y definir con claridad los usos de los suelos de El Tallerón y del astillero Armón si desean sacar adelante el guiso con la mayoría de consenso logrado hasta ahora. Ya vendrán luego los señores de la CUOTA, cual jurado de master chef, para decir que la presentación no es del agrado, que te has pasado con el comino y que el plan es un trampantojo. Y vuelta a la ‘kitchen’.

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Una de pastiches
Ángel M. González 23-05-2016 | 11:39 | 0

A veces pienso que esta ciudad podría ser protagonista de un tratado de despropósitos sobre urbanismo y arquitectura cuando repasas algunas de las actuaciones llevadas a cabo en los últimos treinta años a partir de una urbe que ya entonces estaba mal trazada y prácticamente destrozada por un desarrollismo incontrolado y de escaso gusto. La transformación de Gijón en todo ese tiempo con la recuperación de espacios para los ciudadanos que antes no se podían disfrutar es loable, sin duda alguna, y el rediseño de lugares y rincones ha supuesto, por lo general, un esfuerzo bienintencionado y con aciertos, pero ello no quiere decir que el resultado en todos los casos fuera digno de ovación porque barbaridades también se hicieron bastantes.
Cada gijonés tiene su catálogo personal de ‘pecados urbanísticos’ y aunque las apreciaciones más allá de los criterios técnicos suelen ser muy subjetivas, a buen seguro coinciden con algunas de las que a continuación apunto, dada su evidencia.
Por ejemplo da cierta pena cuando ves en lo que han quedado los jardines del Náutico y comparas lo que hay ahora con aquella estampa de lo que antes había; también el destrozo en el Parchís, convertido en el macetario del centro de Gijón; la zona de Fomento amurallada de hormigón y una mole de balneario que quiebra la línea cercana del horizonte; el asfaltado del parque inglés, que ya no es ni inglés ni parque, o la actuación sobre la cara norte de la Universidad Laboral, que estrena el título de Bien de Interés Cultural, es decir, patrimonio a proteger, yo diría de añadidos como el de la caja escénica del teatro, que no pega ni con cola. Resulta que el gigantesco cajón de marras, gris, negro y rojo, ha pasado de ser trasero del monumental edificio a recibidor de quien transita por la avenida de la Pecuaria. Lo que más se ve, vaya, aunque antes se colisiona con la nave tecnológica de Thyssen, de indudable modernidad, con pasarela en el exterior a modo de escaparate. Nada que ver, por otro lado, con la rehabilitación de los antiguos silos del Intra, un ejemplo del buen hacer a partir de lo que ya existía.
Quiero decir con ello que los pastiches en Gijón abundan y la lista se agranda con dos nuevas incorporaciones, ambas bajo la consideración de equipamiento cultural. Uno, el cubo-cubierta del mosaico de Veranes, una construcción de zinc con ventanales, heredera del engendro oxidado de chapa que le precedió, que ni siquiera podría enorgullecer al señor que habitó la villa allá por el siglo cuarto. Y otro, el edificio-almacén del Pueblo de Asturias recién inaugurado, una cosa racionalista que acabó levantada en el entorno etnográfico pero que podría haber sido construida en cualquier otro lugar como centro de salud o escuela infantil. El destino, sin embargo, quiso que fuera distinto: un objeto no identificado en medio de la aldea.

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El jardín de la Sindical
Ángel M. González 18-05-2016 | 2:06 | 0

La Casa Sindical encierra en sus paredes cuarenta y ocho años de historia del movimiento obrero gijonés. Ha sido cuartel general de la transición sindical y sociopolítica, meca del sistema asambleario, pentágono de las ideas revolucionarias, el fortín de las protestas en los momentos más difíciles de las reconversiones, el gran almacén del arsenal de la movilización.
En Gijón existen dos modelos de acción sindical, uno instalado a un lado de las extintas vías, la barrera artificial para casi todo, y otro al otro lado. Dos maneras distintas de concebir el binomio negociación-presión en las reivindicaciones laborales, que a mi juicio actuaron de manera complementaria en una buena parte de los conflictos generados en las crisis industriales que sufrió Gijón y Asturias. En la Casa Sindical, la base del modelo fue la barricada.
«¡Uy! Si las paredes hablaran», me decía no hace mucho tiempo un líder obrero, protagonista sin duda del diálogo-neumático. Las paredes no hablan, salvo encarteladas o mediante graffitis, pero todavía conservan alguna que otra huella de aquellas engarradas.
Como a todo le llega la hora, a la Casa Sindical también. Casi medio siglo después de su construcción, el Ayuntamiento plantea desalojar el edificio para su demolición por el lamentable estado en el que se encuentra. «El derribo es un clamor popular», llegó a afirmar la alcaldesa al recordar la situación de deterioro por una falta absoluta de mantenimiento, de la que no se puede acusar solo a sus inquilinos sino también a quien regenta la propiedad. El Ministerio de Trabajo ha dejado que el paso del tiempo fuera haciendo mella sin remedio en el inmueble y ahí está, con una imagen deplorable a la entrada de la ciudad, que daña sobre todo a quienes ocupan sus instalaciones. Dañino para la vista y para la seguridad.
El equipo de gobierno está buscando locales para poder albergar a las organizaciones que tienen establecida allí su sede, aunque la tarea no es fácil porque se requieren muchos metros cuadrados para satisfacer las necesidades de espacio y tampoco hay tanto patrimonio disponible para ello. Pero la primera fase del desmantelamiento del edificio ya está definida. La oficina de empleo, con entrada por la calle de Fermín Canella, se reubicará en el antiguo Palacio de Justicia en Poniente, digo antiguo por distinguirlo del nuevo, de tal manera que quedaría por resolver el alojamiento de Comisiones, CSI, CGT y CNT.
El desalojo de la Sindical no es un planteamiento de ahora. Hace más de seis años, en el mandato de Paz Fernández Felgueroso, se habló de tal posibilidad pero el asunto quedó aplazado. Por lo tanto, sería conveniente que la idea tuviera final feliz por el bien de las partes y, sobre todo, pensando en lo mejor para la ciudad. Luego habrá que darle destino al suelo, por cierto aún reclamado en los tribunales por una siglas históricas, y una de las propuestas, además de levantar en el terreno un centro municipal, es su conversión en zona verde, en el jardín de la Sindical, haciendo pareja con ‘Central Park’ mientras en el ‘solarón’ no haya quien construya.

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