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Fecha: junio, 2016
El camino de la ‘Millona’
Ángel M. González 26-06-2016 | 9:06 | 0

Me gustaría saber lo que se les pasa por la cabeza a las personas que cuando estaban vinculadas al campus y al ayuntamiento impulsaron en los ochenta lo que conocemos como Parque Científico Tecnológico al ver hoy que aquellos praos de Cabueñes se han convertido en un polo de empresas avanzadas, generador de riqueza, exportador de ideas y servicios, donde se concentra una buena parte del talento de la región. Aquellas personas que, por suerte para todos, visionaron lo que treinta años después se ha convertido en el pulmón del conocimiento empresarial y de la innovación en un momento económico y social complicadísimo por las duras reconversiones de los sectores tradicionales, cuando nadie daba un duro por nuestro futuro industrial. Pues bien, el Parque Científico, la Milla por extensión, tiene que ser motivo de orgullo para todos los gijoneses. Yo diría que, pasado el tiempo, empieza a formar parte de esas enseñas de la ciudad que nos distingue, de todo aquello de lo que podemos presumir, como el puerto o la playa. Representa la imagen del Gijón moderno, el resucitar de un municipio peleón en busca de su transformación. La Milla del Conocimiento, el Parque y todo lo bueno que le rodea, va camino de convertirse en la ‘Millona’, como lo es El Molinón o la Escalerona.
La Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Jovellanos decidió esta semana concederle el premio Campanile por su contribución al progreso de la ciudad. La entrega de esta distinción es un buen momento para expresar el reconocimiento colectivo a lo que ha sido, sin ánimo de exagerar, la mejor labor que se ha hecho en esta villa en respuesta a la reconversión permanente. Un proyecto de factura exclusivamente municipal que fue asumido como suyo de verdad por el Ayuntamiento, independientemente del color y de la ideología gobernante. No en vano no hubo en este país iniciativa de estas características que fuera emprendida en solitario por una administración local de la misma manera que lo hizo el consistorio gijonés. Esa ha sido una de las claves del éxito. Otra, sin ninguna duda, la interrelación con el campus, la gran factoría de profesionales de la ingeniería y de la innovación.
El resultado de todo ello, desde que el Parque se pusiera en marcha hace ahora dieciséis años, es la realidad que hoy conocemos: 137 empresas instaladas, más de 4.000 empleos, 1.600 millones de euros al año en facturación, una aportación al PIB regional del 7%, el 25% de la inversión en I+D de Asturias y el 22% de las exportaciones. Un polo prestigiado por las firmas que alberga y que da prestigio a quien en él se instala.
Hay muchas cosas pendientes de acometer para favorecer su desarrollo y conseguir que el proyecto de la Milla sea más grande. Menciono solo dos. Blindar su crecimiento consiguiendo más espacio en la zona de la antigua Pecuaria y la finca de La Formigosa, es decir que lo que ya está previsto no se quede en un boceto, y lograr una mayor transferencia de tecnología, o sea que el trabajo de los equipos de investigación que se asientan en este enclave llegue al mercado. Dos retos para una buena causa.

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Lo que diga la gente
Ángel M. González 26-06-2016 | 9:04 | 0

En esta singular semana, a la amenaza de nuevas nubes de carbón y al descubrimiento de las fisuras secretas del emisario de Peñarrubia que sueltan la porquería a cuatrocientos metros de la playa, se ha añadido la aparición de los cangrejos rojos en el estanque animalario de la plaza de Europa. Los crustáceos de marras forman parte de esas situaciones sobrevenidas a las que nos estamos acostumbrando en Gijón, de la misma manera que lo han sido el mineral volador y la falta de depuración de los efluvios.
Si algo caracterizó el primer año de mandato municipal de la segunda ‘era Moriyon’ fueron precisamente, las circunstancias ambientales, en una interpretación libre y amplia de lo que le ha rodeado al gobierno. Las circunstancias del medio natural en el que vivimos, nos movemos y respiramos, las circunstancias por la situación social y económica derivada de la gran recesión y las circunstancias por la composición política del propio ayuntamiento. A mi entender, todo lo que ha venido aconteciendo en el ámbito consistorial ha tenido que ver, de una manera u otra, con esas tres tensiones del ecosistema. La prórroga presupuestaria, el gasto social, el caso de las fachadas, la parálisis eterna del plan de vías, la tramitación del plan urbanístico… Todo.
No creo que la tendencia de la mandataria se puede tildar de ‘podemización’, como sostienen populares y liberales cuando critican la actitud de la primera edil y de su equipo gubernamental. Ni en Xixón Sí Puede se ha producido la ‘forofilia’ para convertirse en muleta de Moriyón, como aprecian los socialistas. Más bien entiendo que lo que sucede en el Ayuntamiento es que cada vez se están socializando más las decisiones, aspecto, por otro lado, que entra dentro de las reglas normales del juego cuando se tiene que tender la mano para que alguien te la coja con el fin de hacer frente a aquellas circunstancias.
La socialización una veces se producen con unos actores y otras con otros, depende de la que se quiera socializar, de tal manera que a lo largo de estos doce meses hemos visto en el Ayuntamiento mayorías de derecha e izquierda, mayorías de izquierda y centro, mayorías solo de izquierda o plenas mayorías.
Esta socialización de las decisiones, además, se ha extendido a la ciudadanía mediante los canales de participación. La gente, un término que se ha convertido en más que una suma, algo así como un ente con sensibilidad determinada, depende de quien la interprete, expresa todo lo que se le ocurre sobre ordenanzas, equipamientos o cuentas. Lo que la gente piense, lo que diga la gente.
Y mientras las ideas reciben la bienvenida en la casa común de la plaza Mayor, que cada vez es más casa de todos, hay quien todavía mantiene la escopeta cargada para provocar el cambio en el sillón. ¿Qué hacemos con los cangrejos rojos? ¿Dejamos que nos invadan o los socializamos? Pues lo que diga la mayoría ciudadana.

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Las reclamaciones de la burbuja
Ángel M. González 13-06-2016 | 7:50 | 0

En Oviedo, los legados acaban con la hacienda. Ya lo advirtió el alcalde capitalino esta semana cuando conoció el mazazo de la ‘Operación de los palacios’. El Ayuntamiento está cayendo en una situación financiera crítica por los pufos que dejaron quienes mandaron antes de que el gobierno de las tres partes se hiciera con las riendas del Consistorio carbayón.
Con lo que tiene que pagar por los desatinos de Villa Magdalena y del Calatrava, en total más de 52 millones de euros, el bueno de Wenceslao se queda sin dinero para inversiones municipales durante todo lo que le resta de mandato. Ello sin tener en cuenta lo que aún está por venir. Menuda herencia la que han recibido los ovetenses de don Gabino el laico y el señor Caunedo. Hasta la lideresa del partido se ha desmarcado pidiéndoles responsabilidades, no vaya a ser que el caso salpique.
Pues bien, hay quien aventura, quizás para desquitarse, que en Gijón puede ser todavía más gordo. La culpa, el plan urbanístico. Las reclamaciones patrimoniales por los cambios en la calificación de los praos de Castiello, Granda y Vega-La Camocha pueden alcanzar los 200 millones de euros. Es decir, casi todo el presupuesto municipal. Por lo tanto, yo estaría preocupado.
El nuevo PGO no permite construir villas ni palacios, pero tampoco pisos en aquellas parroquias donde hace ocho años unos cuantos empresarios, gente adinerada, se hicieron con terrenos al calor de la burbuja para multiplicar los panes y los peces. Sin embargo, fueron más listos los paisanos, aquellos que vendieron y cobraron, claro. Estos socios de las juntas de compensaciones piden ahora eso, compensación, por no poder embolsar la recompensa.
Hasta el momento, los recursos de los constructores exigiendo daños y perjuicios por la supresión de los urbanizables no fueron atendidos en los tribunales, pero insisten en agotar las vías ante la imposibilidad de recuperar, si quiera, el dinero de la compra. Reclaman una indemnización a la Administración local, gastos incluidos, hasta el del registro de la propiedad si cabe, con un argumento tan peculiar como el de las expectativas incumplidas cuando no valoraron suficientemente los riesgos de unas operaciones al amparo de unos planes, los dos PGO con sello socialista, que ya estaban amenazados con ser tumbados por la judicatura.
Ni se llegó a parcelar ni a poner una tubería, por lo que aquellas fincas que iban a ser el maná, con la edificación de miles de viviendas, ahora solo sirven para hierba o cultivar patatas. Lo bueno que tiene la Justicia es que, al final, pone a cada uno en su sitio. Es lo que está ocurriendo en Oviedo. Y si en Gijón alguien cree tener derecho a haber obtenido el lucro porque el papel lo permitía, pues es competencia de los jueces que lo aclaren.

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La parcelona de Naval
Ángel M. González 13-06-2016 | 11:59 | 0

La transformación de la fachada marítima del oeste para uso y disfrute de todos los gijoneses supone una de las grandes operaciones de cirugía urbanística pendientes de acometer en esta ciudad. La posibilidad de darle continuidad al paseo desde Poniente hasta el Arbeyal, completando la maravillosa ruta abierta al mar desde la Ñora, es una aspiración irrenunciable.
El plan urbanístico representa una gran oportunidad para establecer las pautas del diseño de esa parte del litoral, ahora tan degradada y que pide a gritos una actuación. El consenso es fundamental para que la intervención sea viable y el acuerdo tiene que partir de dos premisas absolutamente fundamentales: el compromiso adquirido con quienes durante los años duros de la reconversión velaron para que el suelo liberado de Naval Gijón no fuera objeto de especulación y el blindaje industrial de los espacios ocupados por El Tallerón y Astilleros Armón, sin duda alguna.
En el caso de Naval Gijón, la propuesta municipal plantea convertir la catalogación de esos terrenos, cuya propiedad recae en un 65 por ciento en la Autoridad Portuaria y el restante 35 por ciento en la sociedad de reconversión de los astilleros Pymar, en uso de carácter terciario. Es decir, que la parcelona de 63.000 metros cuadrados pueda albergar establecimientos hosteleros, de ocio, comerciales y oficinas, pero nada de viviendas residenciales u hoteles, que podrían incrementar el valor del suelo en primera línea de costa con vistas a la atalaya, pero quebraría el espíritu de los ‘lunes al sol’.
El planteamiento del PGO recibió alegaciones de partidos y sindicatos, que en el fondo refuerzan el destino previsto, aderezado si queremos con ideas como el desarrollo en ese área de la llamada ‘economía azul’. La aportación de los vecinos de Poniente, por el contrario, defiende un modelo distinto, basado en la construcción de pisos amables con el entorno y zonas verdes que permitan compactar la ciudad y fijar población.
La petición vecinal no es descabellada, puede incluso encajar en un proyecto global siempre que ese espacio residencial represente una pequeña parte de toda la actuación sobre el suelo que ocupaba el antiguo astillero y se conciba como transición suave hacia el resto de equipamientos que den vida a la zona.
Desde luego, la concepción que finalmente se decida para todo ese área, esencial para la extensión de la trama urbana gijonesa, tiene que conseguir que sea atractiva para la inversión empresarial, sin la cual sería imposible lograr su revitalización urbanística, para el desarrollo de actividades vinculadas a los servicios que generen movimiento y empleo, y para el deleite de la ciudadanía, de tal manera que pasear por lo que fuera el viejo dique reconforte el espíritu y revitalice la memoria.

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