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Fecha: agosto, 2016
Paraíso siderúrgico
Ángel M. González 29-08-2016 | 11:29 | 0

Una de las noticias que más satisfacción me produjo en este mes de estío plagado de visitantes, que también resulta muy grato, ha sido el inicio de la ampliación del tren de carril de ArcelorMittal en Gijón. En cambio, aunque llevábamos años en Asturias suspirando por las inversiones siderúrgicas, con sobresaltos por el medio por las embestidas de la crisis, el día que arrancaba el primer proyecto de un plan más ambicioso para apuntalar nuestro mayor tractor, hay quienes optaban por seguir contando turistas confiando en el recambio. Todo suma en el PIB, pero la industria multiplica. Ahí está la diferencia. Por ello cuando Neto, nuestro dibujante de Última, pintaba esta semana un caravanista llevándose un hórreo del paraíso se podría pensar que mejor arramblar con eso que con una chimenea, sin restarle importancia al patrimonio etnográfico. Ni uno ni otro, por supuesto, pero una chimenea es, por desgracia, más difícil de levantar.
En Asturias tenemos la gran suerte de que el gigante siderúrgico, mientras desmantela y reduce actividad en otros lugares, refuerza su presencia aquí con el centro de investigación y desarrollo más exclusivo que tiene en Europa y el paquete de obras que acaba de poner en marcha en sus instalaciones para incrementar la competitividad del polo Gijón-Avilés. En total, cerca de 200 millones de euros en apenas cuatro años que incluyen, además del tren de carril, la reforma integral de la acería LD-III, en Tabaza, y las nuevas baterías de cok en la factoría gijonesa.
Sin embargo, a una empresa que teníamos que mimar por su decidida apuesta por permanecer le ponemos cada vez más trabas a que siga aportando riqueza y empleo. Así de dura la aseveración. A la invasión de productos chinos y al precio de la energía, dos factores sobre los que, por desgracia, tienen competencias otras instancias, sumamos ahora nuestros propios obstáculos, los planeamientos urbanísticos y las exigencias medioambientales, que hacen la tarea cada vez más difícil.
Nuestros munícipes, por ejemplo, le han colocado un cinturón a la compañía en el PGO con desclasificaciones de suelo industrial que amenaza con ahogar cualquier posibilidad de expansión. Algo así como ponerle una barrera para aislar al monstruo por si se le ocurre moverse. Inaudito. Un intento similar tuvo lugar en Corvera, pero los tribunales acabaron dándole la razón a la empresa siderúrgica imponiendo la cordura.
Y luego la preocupación medioambiental, sobre la que existe cada vez una mayor concienciación, loable por otra parte, pero que puede llegar a ser una osadía si los planteamientos se llevan obsesionadamente al extremo. Para Arcelor y para todas las empresas en general.
El Principado ha advertido que vigilará que las nuevas baterías cumplan con los límites de polución que establece la legalidad vigente. Faltaría más. Lo contrario sería, desde luego, de juzgado de guardia. Pero la reacción de la autoridad regional se produce después de que una plataforma de amigos del estado natural alegara en contra del proyecto porque, según su visión, la multinacional no prevé levantar unas instalaciones nuevas y ecológicas, sino reconstruir sobre las antiguas, paradas hace tres años. Hombre, resulta poco serio pensar que las futuras baterías, sean del paquete o tuneadas, no vayan a respetar los valores máximos de emisión permitidos por ley, salvo que la vayamos cambiando y bajando los límites para contentar a los preservacionistas y al final decirte «te pillé». El oso y la industria son compatibles, cada uno en sitio. La siderurgia y las personas también si no nos volvemos todos tarumbas.

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La esencia del barrio alto
Ángel M. González 23-08-2016 | 1:45 | 0

En Cimadevilla, o Cimavilla según la oficialidad, se ha constituido un curioso lobby ciudadano, sin precedente ahora mismo en ninguna otra zona de Gijón, para impulsar un plan de dinamización que pretende mejorar la calidad de vida del barrio y proteger su identidad. Este grupo formado por colectivos variopintos, personas vinculadas al movimiento vecinal, al arte y a la cultura, hosteleros y comerciantes, presentaron esta semana, sin mesas por el medio y reunidos en círculo, toda una lista de peticiones al Ayuntamiento para adecentar el barrio, darle mayor habitabilidad, hacerlo más atractivo aún y poner en valor la memoria, todavía viva, de este lugar histórico y singular.
El catálogo de actuaciones que ya tienen en sus manos los mandatarios municipales tendría que ser atendido por lo razonable de las reclamaciones y porque supone una continuación, la segunda edición si cabe, del plan especial de reordenación interior que diseñaron Francisco Pol y José Luis Martín hace ya treinta años por encargo del gobierno local de entonces, que cambió radicalmente la fisonomía de Cimadevilla. La rehabilitación integral que acertadamente puso en marcha el Ayuntamiento en los ochenta, que implicó casi la reconstrucción del barrio, mucho más que un simple lavado de cara, a partir de la recuperación de la muralla romana y de la atalaya, permitió que aquel lugar cobrara una vida radicalmente distinta dentro de la ciudad. Cimavilla pasó de ser un barrio marginado y marginal, por el que daba miedo transitar, a recobrar la popularidad.
Haría bien el Consistorio en tener en cuenta el conjunto de ideas que plantea la llamada ‘comisión de dinamización’, desde el arreglo de calles y aceras, nuevo alumbrado, reforma de fachadas, mantenimiento de solares abandonados, recuperación de viviendas públicas para su alquiler o adecuación de las Casamatas del Cerro para uso público, y también de aquellos otros planteamientos que persiguen dar contenido al barrio. Me refiero, por ejemplo, al proyecto para revitalizar el pasado del casco histórico gijonés a través del arte urbano y a las propuestas sobre los usos del edificio de Tabacalera que, a mi juicio, tiene que convertirse en el pulmón de este resurgimiento.
Una de las propuestas que circulan es la apertura de un espacio para la Casa de la Sidra, siguiendo el ejemplo de The Scotch Whisky Experience, en Edimburgo, con todo lo que rodean a nuestra bebida madre. Es una idea interesante, pero yo la completaría con otros aspectos más vinculados directamente a lo que ha representado Cimavilla, a sus gentes y costumbres. Por ello, no estaría de más que la antigua fábrica dedicara dos buenos rincones a recrear la vida marinera que tan bien nos dejó tallada Sebastián Miranda en su Retablo del Mar y la actividad tabaquera durante casi dos siglos. Al fin y al cabo, pescaderas y cigarreras constituyeron la esencia misma del barrio alto y n o pueden caer en el olvido.

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Fiesta de mercadillos
Ángel M. González 16-08-2016 | 1:34 | 0

Confieso que siempre me gustaron los mercadillos. Animan las calles, ponen una nota de color, de originalidad, de imaginación. Me gustan aquellos que ofrecen artilugios, artesanía, prendas, productos gastronómicos o cachivaches fuera de lo convencional, los recorres en un instante y tomas decisiones impulsivas, sin planearlas, auxiliado por la amabilidad de quien está al otro lado del mostrador. El mercadillo, el buen mercadillo, por supuesto que dinamiza el comercio de la ciudad y da vida al sector, pero como todo en este mundo el exceso es malo y eso es en lo que hemos caído en Gijón, en la proliferación de zocos y ferias como setas.
Coincido, por lo tanto, con la apreciación del consejero Francisco Blanco, una persona a la que hay que agradecer su sinceridad en los análisis. La misma sinceridad que cuando dijo en sesión parlamentaria aquello de que la pérdida de control de Liberbank por el Principado había sido un expolio. Entidad, por cierto, a partir de cuya decisión sobre el Mercazoco se generó este debate. No abundan entre los políticos personas tan claras como el señor Blanco y cierto es que en esta ciudad y en toda la región «hay demasiados mercadillos y no todos tienen razón de ser», apropiándome de la textualidad de sus declaraciones. Claras como el apellido.
Hasta ahí estoy de acuerdo con él. Pero no comparto esa idea de que, de momento, no sea un problema objeto de regulación. Si hay multiplicación excesiva de la venta ambulante existen razones para que la Administración ponga orden con las tablas de la ley. A veces, cuando existen intereses contrapuestos, la buena voluntad y el diálogo no resultan suficientes si el resultado no se eleva a norma. A los ayuntamientos hay que decirles, de vez en cuando, señores se acabó.
En Gijón, la presencia de tenderetes se ha incrementado de manera exponencial. En el paseo de Begoña, en la plaza Mayor, a lo largo de Fomento, en palacios y museos, en el Muro, junto al Parchís, en la plaza del Seis de Agosto, en la Laboral, en el recinto ferial, en la plaza de toros, en el Jardín Botánico… Entre las razones del aumento experimentado por esta fórmula comercial de toda la vida, además de ser nicho de empleo, alternativa ocupacional a las escasas oportunidades que ofrece la crisis, la manera de iniciarse en un negocio, figuran también la voracidad recaudatoria de las instituciones públicas y la obsesión por trasladar a la ciudadanía esa sensación de actividad, de programación continua, de fiesta permanente. Es decir, existe un interés mutuo por parte y parte.
Ahora bien, resulta comprensible que el comerciante tradicional, por mucho que le hablen de ambiente y dinamización, vea en los mercadillos una amenaza para su negocio, un enemigo que se suma al que los gigantes de la distribución han venido representando. Y más aún cuando surgen como champiñones con cierta complicidad municipal en momentos de mayor afluencia y consumo, de tal manera que el monstruo cada vez es más grande en navidades, Semana Santa, verano y demás puentes festivos. Por lo tanto parece lógico que se ponga orden al calendario por escrito y se definan con claridad cuáles merecen la pena y cuáles no, con unos mínimos de calidad y diferenciación.

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El palacio del arte
Ángel M. González 08-08-2016 | 2:35 | 0

Bastó que el conde diera la voz para que las huestes se movilizaran en defensa del Palacio de Revillagigedo. El toque de atención de don Álvaro Armada y Barcáiztegui sobre el uso innoble que estaba haciendo la Fundación Bancaria Cajastur del noble edificio no pudo ser más eficaz y oportuno. La unanimidad en torno a la denuncia del aristócrata ha permitido abrir una senda para recuperar el espíritu para que el había sido concebido el emblemático conjunto de la plaza del Marqués cuando se produjo el traspaso de propiedad con el fin de pasar a formar parte del patrimonio público de Gijón.
Por las vueltas que da la vida es curioso que sea el conde quien activara la alarma sobre el excelso contenido comprometido para el hermoso inmueble cuando su antecesor familiar había planteado en los años setenta convertir el palacio en un hotel de alto standing con 35 habitaciones mediante un proyecto firmado por el inolvidable arquitecto Juan Bautista Martínez Gemar antes de que fuera rescatado por la administración y la Caja. Pero bueno, eso son anécdotas de la historia local.
Entiendo, aunque ello no quiere decir que en este caso tenga justificación, que la fundación buscara fórmulas para rentabilizar de alguna manera el palacio, que permitieran mantenerlo abierto aunque fuera con ferias y mercadillos, con el ánimo de contribuir a su mantenimiento mientras el negocio bancario no fuera fuente de recursos por su participación en Liberbank. La política era tan sencilla como salvémonos nosotros para poder salvar lo que tenemos. Estas mismas fórmulas son aplicadas también en otros equipamientos culturales de la ciudad por el Principado y el Ayuntamiento ante la estrechez presupuestaria y hasta ahora nadie ha protestado por ello.
Ahora bien, el compromiso de la Caja con Gijón, antes a través de la Obra Social y Cultural y luego mediante su heredera, la fundación, era que el palacio fuera un centro internacional de arte, así se llama, que no era simplemente colgar cuadros, como alguien llegó a expresar para ridiculizar la utilización original. Un lugar para el encuentro de las expresiones artísticas actuales con el público, para disfrutar de las nuevas tendencias y de la confrontación de ideas entre autores y estudiosos, además de ofrecer representaciones escénicas, musicales y de danza.
La fundación reaccionó con rapidez pidiendo disculpas, cancelando la celebración del zoco que se iba a tener lugar la próxima semana y prometiendo llenar el monumento de actividad en colaboración con instituciones y entidades públicas y privadas pero respetando, cómo no, los fines establecidos en sus estatutos. Y en los estatutos el término cultura, así de subrayado, brilla por su ausencia.
La nueva Cajastur está orientada a la acción social, a la promoción de la investigación científica y técnica y a la participación de proyectos institucionales que supongan un beneficio general para la sociedad. Solo teniendo encaje en este último objetivo, el Revillagigedo podría volver a entrar en los circuitos internacionales del arte y programar exposiciones tan relevantes como aquella antología de Eduardo Chillida que sirvió de apertura después de su cuantiosa rehabilitación hace veinticinco años este mismo mes. Con voluntad e imaginación se está todavía a tiempo de que la oferta del palacio recobre brillo para satisfacción de todos, incluida la del conde.

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Pokémon en El Infanzón
Ángel M. González 08-08-2016 | 2:35 | 0

Con el furor que se ha desatado con Pokémon Go hay responsables institucionales con cartera, en Madrid y en Asturias, que si se transformaran en personajes del juego de Nintendo pululando por Gijón, tipo Ivysaur, Charmeleon o Watortle, por mencionar alguno de esos bichitos de ataque, no habría lugar a dudas de que marcarían récord de cacerías. Pienso sobre todo en quienes llevan y han llevado hasta esta semana las riendas de las infraestructuras, aquí y en toda España, y que más por omisión que por acción se podrían perfectamente convertir en candidatos-candidatas objetivo de las capturas de muñequitos en un mundo virtual superpuesto a la aumentada realidad gijonesa.
Porque de la gestión que nos deja Ana Pastor y sus subordinados poco más se puede decir, si no es desearle suerte a la exministra en su cargo como tercera persona más relevante del Estado después del Rey y del presidente del Gobierno y que su sucesor en el Ministerio de Fomento no sea gallego ni catalán, por aquello de que barren para casa que da gusto.
Y luego tenemos a doña Belén Fernandez, la consejera autonómica que más tiempo lleva en el Gobierno regional de cuantos mandatarios acompañan a Javier Fernández, es decir, una veterana en toda regla, cuyo comportamiento con esta ciudad en materias de sus dominios ha sido como el de la Señorita Rottenmeier. No vamos a recordar aquí todos los temas en los que ha tenido y tiene protagonismo la consejera, solo un último hecho que relataba esta misma semana Marcos Moro a propósito del deterioro de la carretera Piles-Infanzón. El Ayuntamiento se hizo cargo de una serie de obras urgentes en la AS-247 ante la peligrosidad de los daños que va acumulando con el paso del tiempo, después de que viniera reclamando constantemente a la Consejería desde hace tres años el arreglo de la carretera ante el riesgo de convertirse en una caleya.
La administración local desembolsó un dinero para atender las reclamaciones de vecinos y usuarios que no le correspondía, es decir, a las competencias impropias en educación, sanidad y servicios sociales incorpora ahora las infraestructuras, un mal precedente a mi juicio, aunque prácticamente inevitable si hablamos de desidia regional. Es curioso que el mismo día que se publica la noticia en este periódico, nuestra consejera anuncia dos licitaciones para renovar los pavimentos de la carretera de Miravalles, en Villaviciosa, y de Percelles, en Cangas de Onís, obras seguramente tan necesarias como la de Gijón, pero por un importe diez veces superior a lo que el Consistorio destinó a reparaciones para ir tirando.
Por cierto, un tramo de esta vía es totalmente urbano, el que va desde el puente del Piles hasta el cruce de la avenida de Dionisio Cifuentes, incluso se puede extender hasta la intersección con el camino de los Nogales que conduce al Jardín, y los peatones se encuentran con zonas de acera donde los flacos solo pasan en fila india. Pero bueno, eso queda para otro día. Ahora lo que toca es, al menos, incluir en el programa de conservación viaria de doña Belén esta transitada comunicación. De lo contrario, temo que se plague de monstruos y no tengamos suficientes ‘pokeballs’ para encerrarlos.

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