img
Fecha: septiembre, 2016
El califato municipal
Ángel M. González 30-09-2016 | 5:34 | 0

Los munícipes con mando en plaza han decidido dar un revolcón a la estructura organizativa del Ayuntamiento y entidades dependientes porque tal como está hoy le cuesta atender las necesidades de una administración moderna, con una buena gestión de los recursos humanos y con capacidad para dar respuesta rápida y eficaz a las demandas de los ciudadanos. Es decir, el organigrama actual ni tiene contento al personal ni satisface plenamente al administrado. El caos se esconde en un orden aparente.
La institución pública, esta casa de todos regentada por políticos y comandada por funcionarios, se ha convertido con el paso del tiempo en la ‘gran empresona’ de Gijón, con su matriz y sus filiales, una empleadora de 2.500 personas, incluidas las que no entraron por oposición, que dedica a nóminas el 40 por ciento mínimo del presupuesto disponible por el Consistorio.
El crecimiento en los últimos treinta años ha sido tremendo. Se fueron abriendo despachos y creando servicios a tutiplén por la presión de la gente y de su propia plantilla, conforme iba asumiendo nuevas competencias e incrementando el papeleo. Después, la obsesión por acercar más lo que ya se tiene cerca, de tal manera que se pasó de estar todo en la plaza Mayor a llevar oficinas hasta la puerta de casa por aquello de una descentralización hasta el extremo. Y luego la incapacidad para dar marcha atrás, que obligó a mantener estructuras pese a haber desaparecido incluso su contenido. Gigantismo, inmovilismo y burocracia, los tres males del asunto que tratamos. A ello se añade un cuarto factor que acrecentó el problema, la nefasta política de personal.
El diagnóstico realizado por la consultora que contrató el Ayuntamiento para que certificara lo que se veía nada más rascar un poco ha sido demoledor con simplemente poner todo el relato junto en un papel. Ni flexibilidad, ni adaptación, ni carrera profesional, ni planes de formación, ni incentivos, ni motivación, ni mejora continua, ni excelencia. Hay jefaturas sin personal, personal sin jefaturas, directivos sin experiencia, ausencia de liderazgo… Existe un enorme individualismo, se trabaja mirando de reojo, sin saber a veces lo que está haciendo el compañero y mucho menos el resto de los servicios, fundaciones, patronatos y empresas municipales. Los técnicos por un lado, los administrativos por otro. La coordinación brilla por su ausencia. Vamos, si el funcionariado funciona lo hace de milagro.
A partir de todo ello, el gobierno en minoría plantea coger el toro por los cuernos y cambiarlo de arriba a abajo. La propuesta esbozada esta semana por la concejala de Hacienda pretende romper la actual estructura para «acabar con los reinos de taifas», en palabras de la señora Ana Braña. O sea, reconstruir el califato municipal poniéndole orden, agrupándolo y aclarando las jerarquías mediante departamentos, una nueva relación de puestos y tres ‘supergerentes’ que reportarán al consejo político. El proyecto, como es lógico, requiere el mayor consenso posible para que no quedar en un intento fallido de reforma y evitar que le cuelguen la etiqueta de herencia envenenada. Y lo más importante, para que cuando el administrado acuda a la ventanilla encuentre al otro lado a alguien que resuelva y, a poder ser, devuelva el saludo con una sonrisa.

Ver Post >
Hoja en blanco
Ángel M. González 20-09-2016 | 1:11 | 0

Cuando todavía no ha empezado el partido se aventura, de mano, que vuelva a desembocar en prórroga. El gobierno local prepara el borrador de los presupuestos municipales para el próximo año que tendrá que servir de base para la discusión con el resto de los grupos políticos. En el ánimo del equipo de Carmen Moriyón está alcanzar un acuerdo que permita que Gijón tenga cuentas nuevas y no se vea en la complicada tesitura de tener que funcionar con otro aplazamiento, el segundo en la segunda etapa del mandato forista. Ahora bien, una cosa es el ánimo de quien gobierna en minoría y otra el que tenga la mayoría opositora. De momento, unos y otros son polos que se repelen.
Esta misma semana se puso de manifiesto que en cuestión de números el camino del entendimiento se encuentra aún muy lejos. El rechazo a destinar diez millones del remanente del año pasado a amortizar deuda del ayuntamiento con los bancos demuestra cuán diferentes son los criterios entre quienes tiene que gestionar las arcas y quienes determinan con la suma de sus votos el uso final del dinero. El portavoz municipal no cree que con la decisión se pueda hablar de situación de bloqueo, pero sí parece que la utilización que finalmente se haga del ‘cash’ determinará en buena medida el gasto y la inversión en 2017 teniendo en cuenta que los créditos, por norma, hay que pagarlos. He aquí una de las peleas.
Y otra que también empezó a traslucir puede venir por los ingresos. Los administradores del municipio plantean una congelación de tasas y precios de servicios públicos, que lógicamente viene de perlas para la ciudadanía especialmente cuando el escenario de inflación parece que está cambiando. La medida, además, se añade a la aplicación de un IBI revisado a la baja que es la envidia de Oviedo, cuyo ‘gobierno a tres’ se propone ahora meter el rejón a quienes por allí generan algo de riqueza. Bueno, pues el mayor grupo opositor le da una vuelta a la propuesta y la enreda.
El planteamiento es que se pague en función de los niveles de renta. A priori es difícil oponerse a la idea, pero el problema es cómo se articula con el control debido de todas las situaciones y sin poner en riesgo la salud financiera del Ayuntamiento. La propuesta tiene un coste evidente, que a lo mejor se contrarresta encareciendo las exacciones para otros colectivos, como en la capital de don Wenceslao. La negociación presupuestaria, por lo tanto, se presenta muy complicada, pero Moriyón y sus concejales no cesarán en el empeño de lograr un acuerdo porque de ello depende también que la debilidad en la que se encuentran sea algo más llevadera.
La alcaldesa dijo, en la entrevista que esta semana emitió Canal 10 conducida por Juan Neira, que estaba dispuesta a poner sobre la mesa «una hoja en blanco» en favor del consenso con tal de evitar lo que sucedió hace un año. Lo recordamos. Después de que el Gobierno local aceptara todas las enmiendas de unos y otros cuando llegó la hora de votar dieron la espantada. Un hecho de mundo insólito perjudicial para la ciudad. El deseo, esta vez, es que el papel una vez relleno no acabe en la papelera.

Ver Post >
El efecto de la manchona
Ángel M. González 20-09-2016 | 1:10 | 0

El lunes la alcaldesa respiró tranquila al conocer los primeros resultados de los análisis de la porquería flotante entre Peñarrubia y La Ñora. Ya estaban los monstruos echándose encima cuando el microscopio determinó que aquella amalgama sospechosa era una mezcla putrefacta de ‘Asparagopsis armata’ y ‘Aequorea forskalea’, es decir, algas rojas y medusas en cristiano. No aparecían, por tanto, detritus humanos, desechos de cloacas, grasas y otras pestes, pero las manchas dichosas, con todo lo que tuvieron de alarma, hicieron un gran servicio a la ciudadanía.
Durante el verano el debate sobre el saneamiento de las aguas residuales quedó un tanto aletargado, aunque con la preocupación a flor de piel mientras miles de bañistas ocupaban las playas desde San Lorenzo hacia el Oriente. La manchona surgida como un espectro sirvió para volver a remover la imperiosa necesidad de que las administraciones solventen el desaguisado que originaron con la ubicación de la depuradora de El Pisón, el cierre de la Plantona antes de tiempo y las fisuras del emisario de Peñarrubia por las que se escapan ‘hilillos’ fecales por izquierda y derecha del litoral. La podredumbre dándose un baño fue como una bofetada en el despertar, pero solo para algunos.
Sinceramente da gusto ver, en este caso, como dos instancias van de la mano, al menos de cara a la galería, para exigirle al Ministerio de Medio Ambiente que aborde cuanto antes el asunto. Gijón reclama soluciones. Si el Ayuntamiento y el Principado gritan al unísono que el saneamiento es una cuestión de estado, alquien en Madrid, digo yo, tendrá que ejercer sus funciones, que en eso llevan casi un año, con el fin de que en este ‘affaire’ triunfe el interés general. De momento, la idea de recuperar el pretratamiento que se hacía hasta hace unos meses es lo más razonable.
Mientras la atención estaba puesta en lo que se avistaba en la mar desde la Providencia, en Aboño se arrancaba, a modo de pruebas, la desnitrificadora de la central térmica. La planta de EdP ha pasado de ser uno de los grupos de generación eléctrica más contaminante del país a pionera en España en la adopción de medidas para no adulterar el aire que respiramos. La instalación de la que hablamos permite reducir en un 80 por ciento las emisiones a la atmósfera de los óxidos de nitrógeno que se originan por la combustión del carbón en la caldera.
De la misma forma que tenemos que ser exigentes con las empresas para que reduzcan su impacto ambiental y contribuyan al bienestar, sin bajar la guardia en ningún momento, también debemos aplaudir cuando se hacen las cosas bien, como es en este caso. Por lo tanto, EdP está de enhorabuena.
Y para finalizar, siguiendo con temas relacionados con la mejora del hábitat, no alcanzo a entender bien lo que nuestros mandatarios municipales preparan con la Quinta La Vega, en Jove. Resulta que están dispuestos a pagar 1,3 millones de euros por este activo ahora en manos del puerto con el pretexto de convertir la noble casona de Nava en un vivero de empresas medioambientales.
Es decir, teniendo en cuenta que El Musel es una institución pública que adquirió la finca y rehabilitó los inmuebles con una inversión cuantiosa hace quince años, es como si los ciudadanos pagaramos dos veces por lo mismo. La dedución es una interpretación libre de la operación en ciernes, pero ¿no sería más factible que el propio puerto dedicara el edificio al uso que plantea el Ayuntamiento antes de gastarse todo ese dinero? O lo que es lo mismo, poner la Quinta La Vega a disposición de la ciudad como compensación a las molestias por el carbón volador.

Ver Post >
Con permiso del jardinero
Ángel M. González 05-09-2016 | 1:34 | 0

En esta semana de transición hacia la ‘rentrée’, después de tanto ajetreo agosteño y tanta fiesta ocupando la agenda de los políticos, se produjeron varios hechos en esta ciudad, unos de mayor trascendencia y significado que otros, dignos de repaso a modo de miscelánea sin ninguna otra pretensión. El primero que me gustaría destacar es la apertura de la residencia de la Asociación Gijonesa de Caridad en Somió. Un centro para personas mayores sin recursos que constituye toda una expresión de solidaridad en una sociedad a veces terriblemente insolidaria con quienes sufren, aquí mismo, las penurias de una crisis injusta y desgarradora. La buena gente de la Cocina Económica, cuyo altruismo merece el mayor de los altares, cumple con la residencia la voluntad de aquel hombre, solitario y huraño, al que le gustaban las golondrinas quizás por ser aves de paso como cualquiera de nosotros, y que quiso que su fortuna tuviera un destino benéfico. «La caridad es un deber, la forma de hacerla un derecho», dejó escrito Concepción Arenal. Desconozco si la ausencia de autoridades, salvo la de la concejala Eva Illán, tiene que ver con lo que voy a decir, pero mas allá del debate caridad-solidaridad, de que la igualdad tiene que estar por encima de todo, de que la discriminación no tiene defensa alguna, don Evaristo Luis Bango quiso ejercer su generosidad con unas condiciones que quienes recibieron su herencia tienen ahora que respetar. En una columna de la residencia se ha colocado una placa de metacrilato que, de forma discreta, recuerda al benefactor. En Gijón se han dado calles a personas con bastantes menos méritos que el multimillonario de Jove.
Segundo tema, la autopista del mar. Más de dos años tardó Riva en tener todo el papeleo y ahora tiene que cubrir otra etapa tan complicada como la anterior, pero que depende ya más de su pericia empresarial: comprar el barco adecuado y desplegar la acción comercial para reanudar una línea que no tenía que haber desaparecido. Tiene otro año por delante para que el ‘Villa de Gijón’ ponga rumbo a Saint Nazaire si no se producen más cacicadas en favor de intereses ajenos a los nuestros.
Tercer asunto, las ayudas a los vecinos de Francisco Eiriz, en Jove, para pagar la sobrefiscalidad de las subvenciones que recibieron por el arreglo de las fachadas. Es decir, ayudas sobre ayudas con escaso acierto, que podrían resultar ilegales a tenor del dictamen jurídico. Por lo tanto, la alternativa es que los vecinos reclamen al Ayuntamiento si quieren cobrar una indemnización. Conclusión: Estamos ante un desatino monumental. Lo peor que le puede pasar a un munícipe es ofrecer soluciones sin asesorarse antes de que las puede llevar a cabo.
Y cuarto. Es una pena la invasión que la próxima semana sufrirá el parque de Isabel la Católica, la segunda en poco tiempo. Si las nutrias se comían a los patos, las casetas devoran el espacio. Ahora bien, más lástima me produce la amenaza del edil de turno con una sobrexplotación del parque a partir de ahora como multinacional en el Amazonas. Aunque sea con permiso del jardinero.

Ver Post >