El Comercio
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Fecha: octubre, 2016
Cirugía en El Natahoyo
Ángel M. González 27-10-2016 | 1:29 | 0

Hace un par de años, por estas mismas fechas, el Ayuntamiento manejaba unas notas preliminares para el plan urbanístico que consideraban el suelo de Naval Gijón como una gran mancha residencial. Aquel borrador que guardaba como oro en paño la señora Lucía García, entonces concejala de la materia, no llegó a ver la luz porque una persona avezada, con diligencia y sentido común, se apresuró a tildar de error mayúsculo lo que figuraba en aquel papel, es decir, la posibilidad de construir pisos en los terrenos del astillero. Lo que estaba llamado a ser una metedura de pata política fue plenamente corregido en el documento de mayo del año pasado que sirvió para la aprobación inicial del plan general, donde Naval Gijón se convertía en «un espacio de elevada renta de situación para actividades económicas terciarias». Así de textual lo reflejaba el compendio, que añadía, además, que El Tallerón y Armón «pueden ser a largo plazo la continuación de este nuevo centro de servicios».
El PGO en tramitación transforma el suelo que ocupaba el antiguo astillero de industrial a terciario, donde tienen cabida desde espacios verdes, establecimientos de hostelería, empresas de servicios o equipamientos dotacionales. Es decir, nada de viviendas ni hoteles, que podrían dar lugar a pensar de que en la zona que inspiró ‘Los lunes al sol’ se permitiría la especulación. El veto, por lo tanto, se respeta, independientemente de que las fichas que desarrollen el plan se miren con lupa por si se cuela algo.
Ahora bien, el suelo de Naval Gijón tiene en estos momentos dos propietarios, el Puerto y Pymar, la sociedad de reconversión de los astilleros. La Autoridad Portuaria ha decidido sacar a subasta su parte de terreno por 5,4 millones de euros ante la imperiosa necesidad de hacer caja entre críticas políticas y sindicales por la precipitación en la medida. Sostienen que ni están definidos claramente los usos, ni está aprobado el plan urbanístico, ni fueron atendidas las reivindicaciones de los excedentes del cierre de la factoría, ni hay emplazamiento alternativo para la Semana Negra.
Es cierto que el PGO tiene aún por delante un año mínimo de tramitación y que, por lo tanto, la nueva catalogación del suelo carece de la bendición definitiva, pero parece difícil que la utilización del espacio que los rectores de El Musel ponen a la venta pueda ser cuestionada.
Por el contrario, merece un saludo todo lo que sea ganar tiempo en la búsqueda de una oportunidad que permita avanzar en el desarrollo urbanístico de la fachada marítima entre Poniente y El Arbeyal. El comprador tiene marcado de mano el destino de lo que está comprando. Para eso están las cláusulas.
El terreno que el Puerto pone en el mercado es el más próximo al mar; el que está en posesión de Pymar tiene características distintas por su emplazamiento. Aunque el tratamiento en el plan urbanístico es, en principio, el mismo, no sería descabellado reservar una franja para una actuación residencial suave que sirviera de transición hacia el espacio abierto que lleva a la bahía. Pura cirugía para un barrio prometedor.
La actuación tendría que ser concebida como continuación de lo que se hizo en Poniente y enlace con los tres planes de reforma interior que se proponen en El Natahoyo, que prevén la construcción de 440 viviendas. Una operación, además, que tendría que ir vinculada a la atención que demandan los últimos del naval. La nueva ubicación para la Semana Negra tiene solución. La de los excedentes condiciona que todo lo dicho tenga un buen resultado.

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Centralita central
Ángel M. González 18-10-2016 | 1:06 | 0

Don Gabino el laico siempre consideró que Gijón era un pueblo. Lo demostró en varias ocasiones, una de ellas cuando vino a hacer campaña de su salto al Congreso con la boina calada hasta los hombros y enfundado en una gabardinona para posar en el Muro. Ahora, el señor delegado del Gobierno, en el ejercicio de sus funciones, decide llevar a cabo lo que la Dirección General de la Policía ya emprendió en otros lugares, el cierre de la sala del 091 para centralizarla en Oviedo bajo el control de la gran Jefatura Superior. El argumento es la economía que supone para el Ministerio del Interior la concentración de operadores aquí y en todas las poblaciones donde se está planteando, es decir, política nacional, sin atender a otros criterios como tiempos de respuesta, eficacia policial, flujo de avisos y otros indicadores que llevan a concluir el nivel de protección en el que nos encontramos.
En Asturias presumimos de que disfrutamos de los mayores índices de seguridad del país y de Europa si me apuran. Lo hemos escuchado en los últimos días durante las intervenciones del propio representante gubernamental y de los mandos por las conmemoraciones patronales de la Policía y de la Guardia Civil. Gijón está a la cabeza en los buenos datos y estamos orgullosos de ello. Sin embargo, una decisión como la que se emprenderá dentro de quince días puede darle la vuelta a la estadística, no porque aumenten los cacos y maleantes, sino porque se corre el riesgo de perder eficacia en las actuaciones de las patrullas.
Imagínense ustedes la ingente tarea que van a tener los dos o tres operadores de la ‘centralita central’ cuando reciban llamadas de Gijón, más de 5.000 al mes, junto a las de Oviedo, Avilés, Luarca, Mieres, Siero, Noreña, Grado, la Villa o Cabañaquinta. Pasan de atender una población de poco más de 200.000 habitantes al triple, que en el caso de esta ciudad se dispara durante los meses de verano.
En este asunto, Gijón está siendo tratada como el pueblo que, como decíamos, consideraba don Gabino. En este caso, lo que los gerifaltes de la Dirección General pintan como un ahorro no se trata más que un recorte cuyas consecuencias están aún por ver por mucho que intenten explicar que los ensayos ya se han producido en otros lugares.
El señor Dámaso Colunga, que de ello sabe algo, propuso incluso como alternativa la creación de una sala conjunta con el 092 de la Policía Local. Es decir, existen razones para la preocupación. Una centralita común permitiría mejorar la coordinación entre las dos polis, como es lógico, pero no parece que esté en la agenda de prioridades del Ayuntamiento, que sería el que tendría que costear el desarrollo de la idea planteada por el comisario. Por lo tanto, solo veo otras dos opciones, que el puesto de control de Moreda permanezca como está o que la concentración de salas de las siete comisarías de Asturias se hagan en dos, en Oviedo y en Gijón. Como el señor delegado no va a tener en cuenta ninguna de estas posibilidades, solo nos queda desear éxito en el empeño por el bien de todos y que, al menos, en lugar de sobrantes tengamos más custodios.

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Memoria de la Laboral
Ángel M. González 10-10-2016 | 10:33 | 0

La Universidad Laboral, ahora llamada Laboral Ciudad de la Cultura, fue construida con la puerta principal de espaldas a Gijón para que se pudiera contemplar todo su esplendor antes de entrar, y a espaldas convivieron villa y edificio durante casi medio siglo. Así hasta hace quince años, cuando la Laboral, tan apreciada por quienes tuvimos la suerte de formarnos allí y tan injustamente denostada por ajenos con sentimientos sectarios, cambió de manos y el nuevo regente tuvo la idea de rehabilitar el monumento, rescatarlo de los malos pensamientos y darle nuevos contenidos a este inmenso contenedor para disfrute de la ciudadanía en general. Un acierto, independientemente del debate sobre si el plan de usos diseñado entonces era o no mejorable.
Transcurrido el tiempo se puede concluir que el imponente edificio ha cobrado una nueva vida y su conexión con la ciudad se ha estrechado de forma notable. Por sus pasillos transitan a diario cientos de personas que acuden a los centros educativos que tienen allí su sede o a las actividades culturales que allí se programan, seminarios, congresos, eventos y reuniones. Es cierto que se quedaron algunos proyectos por el camino, el fallido hotel de cinco estrellas, o con escasa respuesta, como el aprovechamiento residencial de los minipisos, pero aunque todo puede parecer poco, menos era la nada.
La asociación de antiguos alumnos, que estos días ha iniciado un ciclo de conferencias en el Ateneo Jovellanos para revitalizar la memoria y los valores educativos transmitidos en aquella ‘fabricona’ de profesionales y talento desde mediados de los cincuenta, ha puesto sobre la mesa una idea que creo digna de consideración por parte de quienes llevan las riendas de la gestión. Propone que se habilite un espacio para una exposición permanente que reconstruya sin complejos la historia del edificio y su labor formativa con el fin de que el recuerdo no se quede sólo en la mente de los 60.000 estudiantes que pasaron por sus aulas.
Una buena iniciativa, continuación de la muestra que de forma tan exitosa llevó a cabo hace un año y que se suma a otro hito en el reciente devenir de la Laboral, logrado igualmente gracias al empeño de la misma asociación, la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) el pasado mes de mayo. El reconocimiento no es baladí, protege el complejo de los desaguisados, alguno en su entorno ya se llevó a cabo, y tuvo como primera consecuencia que allí no se celebrara, por ejemplo, un festival de gastronetas. La idea de los antiguos alumnos, ya digo, resulta atractiva para enriquecer los contenidos del singular monumento diseñado por Luis Moya, que Gijón y Asturias tienen la fortuna de conservar, con la puerta abierta mirando al sur y con todos y cada uno de sus sorprendentes elementos.

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Apuntes de un debate
Ángel M. González 04-10-2016 | 1:04 | 0

Frente a la opinión de quienes consideran que los debates sobre el estado del municipio, de la región o del país son esos días en que los políticos de uno y otro signo se tiran los trastos a la cabeza sin tomar decisión alguna y de escasa utilidad para la ciudadanía, sí creo que ayudan a tomar el pulso a quienes nos representan para establecer un diagnóstico tanto sobre su tarea de gobierno como sobre su labor de oposición. En la sesión que hubo esta semana para radiografiar la situación municipal se pueden extraer numerosas conclusiones y aunque la más evidente es que nunca llueve a gusto de todos, me referiré a cuatro aspectos que marcaron la discusión y condicionan, a mi entender, la ejecutoria consistorial.
El estado asistencial. Puede que Gijón sea una de las ciudades medianas de este país con mayor red de asistencia social. El gasto en esta materia se ha multiplicado de manera considerable con la depresión para atender las necesidades vitales de familias enteras en situación precaria, de pobreza y exclusión. Los planes de empleo también han formado parte de ese conjunto de medidas, como las becas de comedor, las de libros, la teleasistencia, las ayudas al pago de la luz, las ayudas al alquiler de una vivienda, etcétera. Mantener esa red requiere ingentes recursos y una capacidad de administración a prueba de bomba. La alcaldesa, en el debate, expuso todas las cifras que demuestran la realidad de la que estamos hablando, pero también se aprecia la necesidad advertida por la oposición de mejorar la gestión de todo el entramado de acciones, ordenar lo que existe, adaptarlo a la demanda real por arriba o por abajo y agilizar el nivel de ejecución.
La parálisis municipal. Es de lo que más se quejan los grupos políticos, de izquierdas y de derechas, a la hora de enjuiciar al equipo de gobierno. En el paquete incluyen la falta de desarrollo de los programas sociales pero también un listado amplio de acuerdos adoptados en el pleno, de lo más variopinto, cuya desatención eleva el porcentaje de desagrado. Más que parálisis, tenemos un ayuntamiento encorsetado, con andar de tortuga en algunas materias, víctima de su propia debilidad, pero también de los filtros por los que tiene que pasar cualquier papel o decisión en todas las administraciones. Para lo bueno y para lo malo, los ayuntamientos están ahora más intervenidos que nunca. Quitando algún tema puntual, en la supuesta parálisis hay cierta corresponsabilidad.
El modelo de ciudad. Es un concepto difuso o poco aclarado. En la pluralidad municipal hay grupos que critican tal ausencia como una falta de rumbo. Antes podría estar definido por las grandes actuaciones. Ahora no existen proyectos estrella, pero sí proyectos estrellados. Véanse el plan de vías, la depuradora o la regasificadora, asuntos domésticos que se dilucidan fuera de casa. El gobierno local está más ocupado en gestionar lo que hay y dar utilidad al patrimonio que en desarrollar grandes emprendedurías. Además, la mayor parte del tiempo, tiene que atender imprevistos, nubes, manchas y toda clase de tormentas. Actúa a salto de mata. Ahora bien, en tramitación hay planes donde se establece, sin ninguna duda, un modelo, hoja de ruta o como queramos llamarlo. Uno de ellos, de suma importancia, el PGO.
El cambio de gobierno. La falta de entendimiento en la izquierda no ha sido superada. Los argumentos que impidieron el acuerdo en junio del año pasado entre las tres formaciones continúan vigentes. Por lo tanto, a priori, resulta difícil que sea atendida la llamada de Izquierda Unida para buscar puntos en común que permitan el desalojo de Foro. Pero como todo cabe en esta villa puede ocurrir que, al sentarse en la mesa para volver a discutir lo ya discutido, decidan que el ‘hombre bueno’ de la historia lidere la confluencia.

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