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En blanco y negro
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Ángel M. González | 30-01-2017 | 09:49

Repasando con mis compañeros de la redacción la colección gráfica que nos dejó Matilla no dejamos de comentar la enorme transformación urbanística que experimentó esta ciudad a partir de los ochenta, hasta hacerla prácticamente irreconocible en algunas de las instantáneas captadas por el gran fotógrafo gijonés. Aquel Gijón en blanco y negro que recorre sus imágenes durante los primeros años de la transición tiene un componente mágico que despierta la memoria de quienes las contemplan y llevan, prácticamente sin quererlo, de forma espontánea, al ejercicio de la comparación, con una conclusión evidente: lo que éramos y lo que somos. En ese regreso visual al pasado te das rápidamente cuenta de la cirugía de caballo que se aplicó en esta ciudad en apenas veinticinco años, con el aprovechamiento de espacios que se fueron liberando para su uso público en general. Unos por el desgraciado ocaso industrial y otros que lograron ser rescatados para los ciudadanos de las manos de unas instituciones que los mantenían secuestrados sin más. De esta manera nació el barrio de Moreda, se recuperó la playa del Arbeyal, surgió Poniente, se sacó Fomento de la degradación, se abrió el cerro de Santa Catalina, los Pericones se convirtieron en la mayor mancha verde de la urbe y surgió la avenida de El Llano y el barrio de Montevil. Cuántas actuaciones en tan poco tiempo.
Y en poco más de dos décadas las infraestructuras ferroviarias también sufrieron cambios. La antigua estación del Norte se transformó en museo, se modificó la playa de vías al entrar en la ciudad, se construyó una nueva estación en El Humedal, otra para el largo recorrido al final de Carlos Marx y ambas ya fueron derribadas, no tenemos ni una ni otra. En este periodo hemos estado muy ágiles para construir y destruir, quizás porque tampoco se confiaba en las posibilidades del ferrocarril como transporte de futuro. No hubo políticos que lo hicieran, que atendieran a quienes decían que todo aquello era una locura. Tuvimos la mala suerte de carecer de personas con clarividencia que diseñaran ya entonces lo que todavía hoy se sigue pidiendo a voces en la ciudad: la estación término en el centro para el tren y los autobuses.
Han transcurrido catorce años desde que fuera ideado el plan de vías de Gijón. Cinco ministros ocuparon la cartera de Fomento desde que se proyectara el soterramiento con un primer esbozo de estación intermodal en El Humedal. A partir de ahí, cada uno que se sentó en el despacho del número 67 del Paseo de la Castellana tuvo su brillante idea para poner sobre la mesa, mover papeles, alimentar la discusión, entretener y dejar pasar el mandato sin actuar. En la visita del nuevo titular, Iñigo de la Serna, descubrí un rasgo del ministro que hasta ahora no había detectado: la capacidad para darle la vuelta a los compromisos de su antecesora en el cargo. En marzo íbamos a tener el diseño del nuevo plan de vías y a finales de 2019, la intermodal construida. Ahora quedamos emplazados a conocer la viabilidad económico-financiera de la terminal a la altura de la vieja estación, que fue el último acuerdo que adoptó hace un año Gijón al Norte, una sociedad que de vez en cuando se reúne para tomar un café.
Creo que De la Serna puede ser un buen ministro de Fomento, reúne muchas cualidades para serlo, pero entiendo también a quienes consideran que el resultado de su visita fue decepcionante. No solo porque no existan plazos ni financiación adicional por parte de la Administración central más allá de lo que le toca por cuota de participación, sino porque se da otro paso atrás en lo poco que se había avanzado hasta marzo del año pasado. Era evidente que con las plusvalías de los terrenos no se iba a poder pagar toda la actuación urbanística. Incluso si hubieran salido bien las subastas de las parcelas no se obtendrían los recursos suficientes para sufragar todo el plan.
Ahora, con el nuevo paréntesis abierto por Fomento, es muy difícil que este año haya partida presupuestaria para seguir trazando el camino. Y existe otra dificultad añadida, la oposición del Principado al diseño acordado por Ana Pastor y Carmen Moriyón para acercar la estación. La falta de consenso es un tapón. La imposición por mayoría no es del agrado del nuevo ministro de Rajoy.
Por lo tanto, lo mejor que se ha hecho hasta ahora es la pradera del ‘solarón’. Disfrutemos de ella con el deseo de que dentro de treinta años, repasando las imágenes de lo que es hoy la zona, comentemos aquello de que esto fue durante largo tiempo nuestro ‘Central Park’.