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El ‘informe Domingo’
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Ángel M. González | 20-02-2017 | 10:44

La tramitación del plan urbanístico está siendo una caja de sorpresas. La cocina del PGO requiere fuego lento y una vigilancia estrecha para ir removiendo los ingredientes con el fin de favorecer la cocción evitando que cualquier error lleve todo el trabajo al garete. El plan se ha pegado en el fondo de la olla y necesita remango para salvar el proceso que ahora le atenaza.
La destitución del jefe del servicio de Urbanismo ha caído como una bomba. Se produce después de que el funcionario desplazado, un profesional de prestigio y con experiencia contrastada, hiciera llegar a los políticos un borrador inacabado con marca de agua enumerando un cúmulo de deficiencias técnicas y conceptuales en el documento aprobado por el pleno, sometido luego a exposición pública y una vez recibidas las alegaciones. Visto así, de esta manera, el jefe de los arquitectos municipales advierte sobre una chapuza monumental, pero también pone de manifiesto que en el área con competencias en el diseño del plan se ha producido una grave disfunción.
La reacción del técnico tiene lugar tarde, al hilo de una comisión que iba a debatir las aportaciones ciudadanas al proyecto y poniendo en cuestión el trabajo realizado hasta entonces. Sus apuntes amenazan con destrozar un año entero de procedimiento. De momento, el famoso borrador ha puesto en jaque al PGO bajo la amenaza de enviarlo al punto de salida. ¿Hubo hasta entonces dejación de funciones? ¿Existe ahora un repentino exceso de celo profesional? ¿Estamos ante un acto de deslealtad? ¿Se apresuraron los políticos en la aprobación inicial? Son numerosas las preguntas que surgen con el cese de Javier Domingo Ahijado, pero por encima de las razones que llevaron a su apartamiento existen otras cuestiones más preocupantes que urge atender para encarrilar de manera diligente la definición del nuevo plan.
La primera, cubrir el vacío que deja la destitución. El susodicho arquitecto, aunque con dos planes tumbados a sus espaldas, era el muñidor del urbanismo gijonés desde la caída en desgracia de su antecesor Ovidio Blanco hace más de doce años. El hombre, en definitiva, que tenía todo el planeamiento en la cabeza. La idea del gobierno local es crear una oficina técnica que ejerza esas funciones, mejorar el trabajo en grupo y dar un vuelco al área con más comunicación interna y mayor coordinación con el equipo redactor. Si estos son los objetivos parece claro que no era del agrado el personalismo con el que se regentaba el departamento.
Ya hemos comentado en otra ocasión, con motivo de la defenestración en junio del año pasado de la mitad del equipo de redactores que dirige Emilio Ariznavarreta, que la expresión del ego, ya sea técnico o político, es uno de los mayores enemigos para el PGO. Sin embargo, los responsables de velar por el procedimiento han sido incapaces de prevenir tal fuente de contaminación.
Y la segunda cuestión que requiere una solución inmediata es determinar la manera de avanzar en el proceso teniendo en cuenta la cantidad de agujeros detectados por quien tenía que haber realizado todas esas observaciones antes. Es decir, si desde el primer momento se ha dicho que era prioritario dotar el documento del mayor blindaje jurídico posible para evitar una nueva judicializacion, el ‘informe Domingo’ es un disparo al corazón. El proyecto del PGO ha entrado en la unidad de cuidados intensivos y el riesgo que se corre ahora es tener que volver a empezar.