El Comercio
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En posición de jaque
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Ángel M. González | 14-03-2017 | 12:50

Aquel sábado, 21 de enero, don Íñigo de la Serna, en la visita relámpago a Gijón de la que iba a Cantabria de fin de semana, prometió en resumen dos cosas: el estudio técnico sobre la viabilidad económico-financiera de la estación intermodal a la altura del Museo del Ferrocarril y una reunión muy pronto con el Principado para dar «buenas noticias» sobre la variante y la llegada de la alta velocidad a Asturias.
Sin embargo, la buena nueva llegó esta semana de su compañero de gabinete, el señor Álvaro Nadal, con el inicio de la tramitación para legalizar de una vez por todas la regasificadora, pero aquella última promesa del ministro de Fomento se ha quedado, de momento, en lo que se ha ido conociendo desde entonces: que el AVE solo irá hasta León porque el resto del trazado a La Robla será convencional con algunos arreglos; la apertura de la variante, estamos hablando de un túnel, amenaza con retrasarse hasta el próximo año y los estudios para los dos tramos de alta velocidad de Lena a Gijón han sido guardados en el cajón. De todas formas, continuamos a la espera de la cumbre con el presidente del Principado anunciada por De la Serna, ahora más ocupado en solucionar el asunto de los estibadores, con la impaciencia del sufrido paciente.
Y en el plan de vías, ¿cuál es el estado de la cuestión? Pues que se mantiene su letargo. No quisiera ser tan agorero como don Aurelio Martín, que ha dado por muerta la idea de construir la estación central para trenes y autobuses junto a la antigua terminal de Renfe, pero algo de razón tiene el concejal de IU cuando advierte de que podemos correr el riesgo de que se produzca, de nuevo, «una legislatura en blanco» si no se logra la conciliación entre las partes implicadas en el proyecto.
Ya avisó Javier Fernández, que sobre el asunto ferroviario gijonés siempre se ha mostrado muy parco. «Apoyamos el plan de vías pero sin imposiciones», dijo hace unos días el líder dual. Suficientes palabras para darse cuenta de que el acuerdo adoptado por la exministra Ana Pastor y la alcaldesa Carmen Moriyón para acercar la intermodalidad al centro, ya dijimos en su día que de manera sensata, tiene ahora escasas posibilidades de prosperar. Parece claro que si de tres que tienen que poner la pasta a una no le gusta el proyecto será difícil llevarlo a cabo. Me consta que para el ministro cántabro, como buen hombre de consenso, supone un inconveniente seguir adelante con una operación con la Administración regional de uñas. Muerta no está, pero sí en posición de jaque.
Las conclusiones del estudio sobre los números del boceto determinarán la viabilidad o no del plan, aunque a priori ya salía más caro que las ideas anteriores, con la ventaja eso sí de que la estación principal ganaba en centralidad. Recordemos el avance que se dio de las cifras cuando fue presentada la propuesta en noviembre de hace dos años: 422 millones de euros de coste total estimado y otros 20 millones mínimo que tendría que destinar el Ayuntamiento para desviar los colectores que atraviesan la zona del soterramiento. La venta de parcelas, fragmentadas o no, apenas cubriría la mitad del gasto. El resto se costearía mediante endeudamiento de las tres administraciones. Desde luego, un plan ambicioso para tiempos todavía difíciles.
Como las agujas del reloj siguen corriendo, una vez echadas bien las cuentas, lo más aconsejable sería que el informe correspondiente incluyera distintas opciones, más allá, más acá, aprovechando el agujero, con estación en plaza Europa, prolongando el metrotrén hasta Cabueñes o lo que se estime conveniente, de tal manera que abriendo el abanico se facilite el consenso, sin más enroques, para desarrollar el proyecto común que todos deseamos.