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La deriva cultural
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Ángel M. González | 30-03-2017 | 12:02

La política cultural en esta ciudad está languideciendo. Hay inquietudes, movimientos, entidades que emprenden grandes esfuerzos por mantener sus actividades y llenar vacíos, pero la política con mayúsculas, la que emana de las administraciones para la promoción y el desarrollo cultural, se está apagando. Qué duda cabe que la situación económica en la que se encuentra ahora la Semana Negra viene derivada de los recortes que las instituciones que la respaldaban han venido aplicando en los últimos cinco años. El Ayuntamiento y el Principado han dejado de aportar más de 100.000 euros anuales al encuentro festivo-cultural que mayor proyección ha conseguido de cuantos se han venido organizando en Gijón. Sin embargo, pese a disponer de menos recursos, la asociación encargada de gestionar el tinglado siguió celebrando el evento como en sus mejores momentos incrementando su deuda como una bola de nieve. ¿Osadía o descontrol? Tal vez las dos cosas. Llegados a este punto sabemos las causas de las dificultades que atraviesa la criatura de Paco Ignacio Taibo II. Quedan pendientes de resolver los efectos y el pronóstico es malo, entre otras cosas, porque el mecenazgo político no acompaña como antes. Quizás en otros lares se estén frotando las manos.
No solo el gran festival lúdico y literario atraviesa una compleja tesitura. Estoy convencido de que existe cierto desinterés por parte de determinados gestores de que Gijón mantenga la vitalidad que siempre ha tenido en el campo cultural. Quisiera equivocarme, pero no se puede entender de otra manera la animadversión que algunos prebostes de lo público parecen demostrar cada vez que se refieren, de una u toda forma, a lo que acontece aquí y sobre lo que tienen responsabilidad. Ausente muchas veces, pero responsabilidad al fin y al cabo.
El último ejemplo se dio esta misma semana en el Parlamento con la intervención de don Vicente Domínguez, viceconsejero de Cultura para más señas, a la hora de valorar la situación en la que se encuentra Laboral Centro de Arte y Creación Industrial. Advirtió que el centro necesita un redimensionamiento, sin explicar a qué se refería con tal prescripción cuando en estos momentos se aplica un plan de viabilidad, bonita palabra, que consiste en el cierre de las instalaciones, se supone durante meses de escasa afluencia, reducción de personal y refinanciación de deuda. Es decir, el equipamiento cultural de referencia dependiente del Principado en Gijón, aquel que iba a estar ligado a la Milla del Conocimiento, dedicado a las nuevas tecnologías, a la innovación artística, a los avances de la industria visual, con una mirada siempre al futuro, en lugar de ir creciendo como lo está haciendo el entorno donde surgió, camina hacia atrás y sin rumbo. Más que un redimensionamiento, como apunta el ‘vice’, es necesario un mayor convencimiento por parte de la Administración de las posibilidades de un centro singular, que tendría que estar más entroncado con el talento que le rodea y con una programación más ambiciosa. Si el proyecto deja de ser atractivo, si hasta el padre rehuye del rapaz, será muy difícil convencer al resto de patronos que mantengan su confianza.
Luego están los fenómenos paranormales a los que aludió el señor Domínguez, cuestiones inexplicables de verdad, como la dolorosa factura de la calefacción durante el tiempo que estuvo cerrado, más del doble de cuando estaba abierto. Pero bueno, otros misterios surgieron en estos años de mandato cultural. Véase, por ejemplo, el intento de asfixia del Festival de Cine y la puesta en marcha, al mismo tiempo, de ciclos de películas que se proyectan para las butacas. Son asuntos de otra dimensión. De la misma manera que siga cerrado el Palacio de Revillagigedo, el Centro Internacional de Arte propiedad de la Fundación Bancaria Cajastur, en cuyo patronato Gijón continúa sin tener pito que tocar pese a su condición de institución fundadora por un veto inaudito. O que el pasado martes no se hubieran programado en esta ciudad acto alguno con motivo del Día de la Poesía, mientras en Oviedo o en Avilés andaban recitando por las calles.